Capítulo III

Las hermanas, aquellas doncellas de fantasía, tomaron distintos caminos. Habrán estado juntas desde la infancia, pero aspiraban a objetivos completamente diferentes. El regalo del anciano les permitiría alcanzarlos. Nada estaba lejos de su alcance ahora, y tan sólo podían continuar hacia adelante.


Capítulo IV

Sus vidas estuvieron llenas de bendiciones y lograron reciprocárselas a las demás personas que las desconocían. No eran diosas ni pretendían serlo, puesto que no querían probar cuán lejos llegaban las dádivas y si la inmortalidad era una de ellas.


Capítulo V

Cuando murió la primera de ellas, les fue dado un recordatorio: la mortalidad y volvieron a verse de nuevo. Eran capaces de hacer lo sobrehumano, pero no dejaron de lado sus raíces. Esto las hizo más atentas sobre los peligros del mundo y sobre darle sentido a las reglas no escritas que poseían sus dones.


Capítulo VI

Por obra del destino, o un poder superior, encontraron a una niña que fue capaz de utilizar los poderes de su hermana caída. Hizo brotar una rosa de una semilla ante sus ojos. No fueron las primeras en ver el truco del que la infanta estaba muy orgullosa, así que, optaron por mantener el secreto y le ofrecieron venir con ellas.

No deseaban usar la fuerza para protegerla, y sólo fue suerte que su madre accediera.


Capítulo VII

El mundo permaneció como el mismo. Un factor más que continuó un ciclo aparentemente interminable.

Hasta que el riesgo de que todo se volviera ceniza sacó todo de balance.


Capítulo VIII

Cada nube tiene una funda de plata, pero ésta en particular parece demasiado oscura e interminable.