— ¡Hey, Yatsuhashi! — gritaba una fauno luego de entregar su reporte al Profesor Port, quien a su vez le recordaba, con un deje de tristeza, que ya no era necesario que se refiriera a él como tal.
— ¿Qué sucede, Velvet? — preguntó su compañero, un poco apenado por apenas haberse dado cuenta de que le llamaban.
— ¿Tienes un minuto?
— Siempre. ¿Qué sucede?
— Dime, ¿has notado algo extraño en Coco últimamente?
— No mucho, aunque, no hemos tenido mucho tiempo para nosotros desde… bueno, ya sabes.
— Entiendo, entiendo. Es sólo que… no siento como si ella estuviera allí del todo. La siento distante. No sé si me explico.
— No puedo decir que entiendo a qué te refieres, pero debes entender que la Caída de Beacon nos afectó a todos de diferentes maneras. Incluso Fox está más callado de lo usual.
— Supongo que tienes razón…
— Además, creo que si tienes alguna duda deberías ir directo a la fuente.
— Lo sé, es sólo que no sé cómo hacerlo. No soy muy directa y no quiero sonar irrespetuosa.
— Si quieres puedo ayudarte con eso.
— No, no. No quiero molestarte con esto. Veré si puedo solucionarlo sola.
— ¿Estás segura?
— No, pero seguro estarás allí para unir las piezas si es que esto no sale bien.
— ¿Hablas de la situación o de lo que Coco puede hacerte si la haces enojar? — él bromeó.
— Espero que sólo lo primero.
Una risa corta y un saludo de despedida terminaron la conversación. En un clima tan sombrío como el del último mes estos momentos eran fáciles de apreciar.
Ahora era el turno de Velvet para tratar de idear una manera de hacerle ver a su líder sus preocupaciones. A su líder que puede cargar con varios cientos de kilos de armamento con una sola mano, manejar el retroceso de dicha arma capaz de cortar a un Nevermore en dos, y que ha matado de una forma un tanto grotesca a una bestia sin cerebro que sólo destruyó la fachada de su tienda de ropa preferida.
La idea de Yatsuhashi parecía calmarla. Le impedía pensar en el peor escenario emocional para su relación como equipo si es que ella por error terminaba cercenando algún lazo de confianza que aparentemente no debía tocar.
Los únicos monstruos de los que debía preocuparse eran los que atacaban diariamente una ciudad fantasma de la que tenían que rescatar sobrevivientes a diario. No podía darse el lujo de crear mala sangre con su línea de mando directa y con quien combatía en las trincheras, pero no podía ignorar si algo malo le pasaba a una de las tres personas con quien formó un importante lazo de amistad en los últimos años.
Por ahora, descansar sonaba como la mejor idea posible.
