Te dejé encerrado,
dudando aún más que nunca de ti mismo.
Obtuviste la protección que me ofrecías.
Me rogaste
una sola vez,
pero sintió como más de cien.
Me dijiste que no lo hiciera.
Lo siento.
De haberte escuchado
habría significado
que de verdad no podía elegir por mi cuenta.
Que de verdad jamás tuve opción en nada.
Mi presencia y mis acciones serían todas manipuladas.
Jamás habría dicho nada.
Objetado siquiera.
Qué curioso…
Fuiste el primero en tratarme como persona,
y también serás el primero al que de verdad alejé.
¿Eso no es triste?
Me dije que lo hacía por salvar a los demás,
y aunque en parte lo fue,
no era del todo mi motivación.
Actué porque así lo quise.
¿Los elogios y los logros me nublaron la mente
como para cometer un suicidio?
Me dijeron que los héroes deben ser aquellos que se sacrifiquen,
¿acaso no existía quien lo hiciera por un ferviente deseo de ayudar?
Estaba dispuesta a gritar,
tan fuerte que en los cuatro reinos se iba a escuchar:
"¡Yo soy Pyrrha Nikos y te voy a derrotar!"
Pero no…
El metal de la flecha que me inmovilizó me otorgó las famosas últimas palabras.
El de la segunda,
la que atravesó mi corazón,
sólo me dejó suspirar.
