"Tú puedes, Velvet. Sólo sé directa." La fauno continuó alentándose. Repitiendo una y otra vez lo que planeaba decirle a su líder de equipo. Cada palabra escogida sonaba tan elocuente e irrefutable, ni siquiera parecía algo que ella diría en cualquier otro momento; generalmente, sólo hablaba de lo primero que estaba en su mente, para lamentarse de lo dicho poco después. Aunque no era la primera vez que ella imaginaba un escenario en su mente en el que su argumento era el ganador sólo para que la fría realidad de su nerviosismo y tibieza al hablar terminaran creando una amnesia temporal acerca de lo que ya había practicado cientos de veces.
Fue una mañana callada, como todas las que siguieron aquel fatídico día en Vale. Los cuerpos de rescate trabajaban a sobre hora y los Cazadores — eso incluía a cualquier alumno de Beacon que aún respiraba — tenían turnos dobles.
El equipo CFVY sólo tuvo cinco horas de sueño antes de tener que volver a otra aldea y seguir con las evacuaciones. Fox comentó que fue la mejor siesta que tuvo en semanas.
Eso fue lo único que cortó el silencio de lo que sea a lo que le llamaban desayuno. Todos se concentraban en lo que metían a su boca y de vez en cuando discutían alguna estrategia o revisaban sus equipos mientras mascaban.
Velvet no podía evitar recordar las mañanas en Beacon cada vez que veía a sus alrededores.
Se esperaba que Fox, el silencioso peleador que aparentemente siempre estaba en la arena practicando, fuese el primero en madrugar, pero este siempre era vencido por la dueña de la primera letra del acrónimo que lucía su equipo.
Coco había logrado meter una máquina para hacer expresos como contrabando, así que lo primero que se olía en la habitación era el olor de café cargado. No había razón para quejarse ya que tomaron el hábito de su líder y siempre había suficiente para todos. Aunque el de su taza era tan potente que en una ocasión logró darle un mini-ataque de ansiedad a Yatsuhashi.
Velvet hizo una mueca para sí misma ante tal recuerdo. Luego levantó la vista de su comida para ver que el café que bebían era genérico y ni se acercaba en sabor a las mezclas que los habían malcriado un poco luego de un año en la escuela.
No era lo mismo, pero por lo menos podían beberlo juntos.
Al escuchar las aspas de la aeronave supieron que sus estómagos se verían obligados a resistir el resto del día con lo que tenían dentro de ellos. Tal vez podrían tomar alguna barra energética de los paquetes que llevaban, pero estas eran para los refugiados y ninguno de ellos se atrevió en siquiera pensar en hacer tal cosa.
Port les dio las instrucciones: buscar y extraer.
No le pareció necesario incluir la orden de abrir fuego a voluntad.
Cualquier normativa como esta fue puesta al criterio de los Cazadores, y siempre terminaban con o sin ninguna munición.
— Ummm… ¿Coco? — preguntó Velvet con timidez, dirigiéndose a su líder.
— ¿Sí, Velvet?
Eran las últimas en subir y tal vez la fauno quiso aprovechar el apuro de la misión para resolver el asunto con rapidez, pero en el momento en el que trató de formular la primera pregunta de su discurso sus labios se sellaron.
Con la sola presencia de la mujer en la que Velvet depositó su confianza en el último par de años y con la que se volvió tan cercana, la fauno no pudo encontrar las palabras que tanto había acomodado en los últimos días. Se sintió abrumada e inadecuada. Sonaba un tanto ridículo, pero incluso los anteojos le impedían verla a los ojos de forma directa, sentía cómo la sola mirada de la líder del equipo CFVY le atravesaba y drenaba cualquier onza de confianza que tuvo entre su decisión y el desayuno.
Le tomó toda su fuerza de voluntad para evitar que sus orejas de conejo reaccionaran de forma inconsciente ante sus emociones, y tan sólo podía imaginar con qué otra clase de lenguaje corporal se había traicionado en esos pocos segundos.
— Oh… Oh… Nada. No es nada. Descuida, es sólo que… que…
— ¿Podemos tener esta conversación cuando acabe la misión? La nave despegará pronto — ofreció Coco de forma seca.
— Eh-Eh sí…
Velvet no paró de golpearse mentalmente ante tremendo fracaso durante todo el camino. De verdad no podía hacer esto por su cuenta y quizá terminaría pidiéndole ayuda a Yatsuhashi.
Por ahora, tenía una misión que cumplir. No sería suficiente para acallar la reprimenda que se estaba dando en su mente, pero era un comienzo.
