— ¡Auch!
— Ya entendí, Yang: "esto duele", pero no hay de otra.
— ¿No podrías ser un poco más gentil?
— ¿Disculpa? No soy yo quien le dijo a los paramédicos, hombres y mujeres más que calificados para dar primeros auxilios, que tus heridas "no son nada" y que "mi compañera se encargará" — la tensión en el vendaje que Blake aplicó sobre el tobillo izquierdo de Yang fue suficiente para que ésta diera otro gemido de insatisfacción — Listo.
— No les tengo mucha confianza, pero de haber sabido lo sádica que eras les habría dicho que se encargaran.
— Sí, sí. Ahora, levanta el otro pie.
Las últimas dos letras del equipo RWBY estaban en los vestidores lidiando con las heridas de combate de la semifinalista, y ganadora del cuarto lugar, del torneo del Festival de Vytal: Yang Xiao Long.
La condición para la victoria era lograr un knockout decisivo, incluso si los niveles de Aura de los participantes se desplomaban a cero, los peleadores debían continuar hasta que uno de ellos ya no pudiera contratacar. Está de más decir que a pesar de los esfuerzos de la mujer originaria de la isla Patch estos no fueron suficientes para consolidar el tercer lugar contra su oponente originario de Atlas, y de quien ni siquiera quería escuchar su nombre.
Por lo menos él terminó en una condición similar a la suya y sólo ganó porque sus prótesis de piernas de alguna manera lograron mantenerlo en pie luego de que los ataques definitivos de ambos chocaran en el centro de la arena.
Ruby fue a apelar la decisión final de los jueces y por eso no estaba allí con su hermana, mientras que Weiss trataba de hacerla entrar en razón debido a que el fallo era definitivo.
— ¡Auch! ¡Blake eso-!
— ¿Dolió? ¿Qué esperabas? Es alcohol, tengo que desinfectar la herida primero. Es bastante grande.
— ¿No puedes tener más cuidado? Estoy un poco lastimadita.
— Eso no es culpa mía — la presión del algodón sobre la cortada aumentó.
— ¡Auch! ¡Lo será si sigues haciendo eso! — exclamó Yang, cambiando a la vez el color de sus ojos. Sin embargo, Blake no se inmutó y en su lugar siguió con la tarea en mano.
Tras un momento de calma, Yang inquirió en las razones de la actitud de su compañera, puesto que no era normal de ella actuar así.
«¿Pasa algo, Blake?
— No — ella respondió tajante.
— Vamos, sé que algo te pasa. Tal vez no pude ganar el torneo, pero te juro que lo inten-
— ¡¿Crees que es por eso por lo que estoy molesta contigo?! — de vuelta, la presión de la mujer sobre la herida aumentó, no lo suficiente como para causar más daño, pero sí lo necesario para que la paciente notase el que ya estaba allí.
— ¡Diablos!
— Pusiste tu vida en riesgo cuando decidiste continuar tras perder toda tu Aura.
— Pero las reglas-
— Ningún "pero". ¡Demonios, Yang! Es sólo un torneo. Pudiste de verdad salir lastimada. Debiste haber renunciado. Nos tenías preocupadas a todas.
Hubo un momento de silencio mientras la fauno retomaba la tarea de limpiar y vendar la herida de la otra pierna de Yang, quien a su vez pensó en lo ocurrido y que nunca le cruzó por la cabeza la manera en la que su equipo reaccionaría tras su combate con el futuro soldado de Atlas. Sólo se concentró en quitarle aquella arrogante sonrisa del rostro, sin importarle nada más.
— Lo lamento… — suspiró Yang con total sinceridad.
— Descuida. Sabía desde un principio que estas cosas pasarían cuando accedí a ser tu compañera.
— Je, je… Pero ni siquiera sabías mi nombre — dijo Yang un tanto divertida.
— Cuando te conocí mataste a un oso gigante con un golpe sólo porque este arrancó uno de tus cabellos. ¿Qué más se puede esperar de alguien así?
— Qué curioso. Creí que te había atraído con mi encanto natural.
— No eres tan carismática, Yang.
— Sí lo soy.
— …Ok, tal vez lo eres — admitió Blake, pero para nivelar la situación ella tensó el vendaje del muslo de Yang un poco más de lo necesario.
— Bueno, ahora que estamos en buenos términos. ¿Podrías dejar de tratarme con brusquedad? — gruñó tras sentir el dolor sordo correr por su cuerpo.
— Yo no estoy haciendo tal cosa. Sólo estoy tratando de hacer que te mejores — el complemento de una sonrisa demostró cuan insincera era la aclaración.
— ¡Eres un demonio!
