Al fin a salvos. Al fin un poco de tranquilidad.

No era fácil para ninguno recordar el último día que pudieron tomarse unos minutos para descansar; al menos que no fuera sólo para dormir. El trayecto fue hecho a pie ya que los demás medios de transporte estaban indispuestos, y si no lo estaban lo más probable es que se centraran en labores de rescate o en patrullar las fronteras. Bueno, ahora fueron ellos quienes necesitaron ayuda.

El reposo de los cansados músculos junto con la maravillosa vista desde la aeronave fueron la recompensa perfecta, aunque poder sentir la presencia de otra alma, una muy cercana, a tan solo unos respiros de distancia y disminuirla con el roce de una palma agregaron un sentir de resolución a tan placentero viaje.

¿Los momentos siempre fueron así de callados? ¿El tiempo se detenía de esta manera cuando cruzaban sus miradas? El calor no debería existir desde un sitió tan elevado y en el que se desplazaban a tal velocidad. Al final, uno de ellos no pudo soportar el rubor en sus mejillas y rompió primero el contacto visual, aunque jamás soltó su agarre de la mano ajena, más bien aumentó la presión para compensar, pero no lo suficiente como para romper algún hueso por accidente.

Aunque no lo había expresado antes, esos despliegues le parecían adorables.

Para este par el trayecto estuvo lleno de un agradable silencio. Aquel que sólo puede compartirse entre personas que se habían contado todo desde hacía tanto que ya no había necesidad de hablar.

Una vez que llegaron a su destino se les permitió descansar un poco antes de seguir con su misión. De cualquier forma, nadie se movería de allí hasta que el más herido de ellos los acompañara en el camino. Esto les dio a todos un bien merecido y muy necesitado momento de introspección. Pensar en lo que perdieron y en lo que sacrificaron para llegar hasta ahí. Tratar de encontrar un sentido o razones para seguir adelante.

Era más fácil para algunos. En especial para ellos.

Una vez que la puerta se cerró detrás de ellos el silenció volvió junto con un factor que antes no había estado allí: tensión. De la clase que te hace sentir presión en el vientre y en la nuca, tanto como para querer que desaparezca, se transfiere a tus pulmones causando que la respiración sea forzada y que el corazón lata a un ritmo peligroso, todo mientras un extraño calor se distribuía por todo el cuerpo y trataba de salir de las yemas de sus dedos.

Este sentir lo compartieron en mayor y menor medida. No lo expresaron, incluso estando frente a frente, cruzando la mirada una vez más. Casi esperando a que el otro hablara… o algo más.

Las palabras deberían anestesiar lo placenteramente incómodo de la situación, más nada salió. Aunque ahora se enfocaban en los labios ajenos, que aún parecían incapaces de emitir sonido alguno y cobraron un interés particular en sus mentes.

Sólo debían acercarse lo suficiente para descubrir el porqué.

Hubo un pequeño y nervioso trago de saliva antes de que uno de ellos se aventurara a acallar lo que pasaba dentro de sus cuerpos. La otra persona se le uniría gustosa, pero desafortunadamente se volvió consiente de lo que ocurría, así que bajó la mirada a sólo unos centímetros de seguir guardando silencio.

— Creo… Creo que deberíamos ver si Jaune está bien — dijo avergonzada tras abrir los ojos.

Se escuchó un suspiro de la otra parte. Sonrió y accedió a la sugerencia, ansiando poder volver a repetir un momento como ese.