La reunión entre tres cuartas partes del equipo nos dejó agotados a todos. Las preguntas no pararon en ser bombardeadas desde ambos frentes y a pesar de estar agotadas, Yang y yo aún tuvimos fuerzas para disfrutar una cena. Sé que no era de la misma etiqueta a la que estaba acostumbrada, pero gustosa habría dado cada cubierto de plata en la mansión, así como cada parte del comedor para seguir cenando de esta manera: rodeada de las personas que más me importan, recordando viejas experiencias, divirtiéndonos, e incluso parchar un poco las grietas de antiguas decepciones.
No había sentido tanta calma en mucho tiempo. Jamás debí permitir que mi padre me llevara lejos de mi equipo, a una mansión que bien pudo haber sido hecha por completo de hielo y no habría cambiado una pisca la atmósfera que emitía.
Este es mi hogar. Junto a mis amigos.
Explicamos lo ocurrido en nuestros respectivos viajes y compartimos cualquier información importante.
Quién diría que Ozpin ahora es más joven que Ruby…
Nos permiten disfrutar un poco más de tiempo juntos, como amigos, antes de que el día de mañana volvamos a tratar de salvar el mundo.
Gajes del oficio.
Seguimos conversando, incluso nos divertimos un poco con algunos juegos que llevan a nuestro hogar temporal al borde del colapso. (Por cierto, la culpable habría sido Nora).
Antes de despedirnos para ir a dormir nos explican que no hay suficientes habitaciones como para que ocho personas tengan completa privacidad. Nos tratan de tomar consideración a las recién llegadas a Haven. Nora decide, bastante rápido, en ceder su habitación y en su lugar dormir en la de Ren. Nadie se atreve a cuestionar la decisión. Decide dárnosla a Yang y a mí, aunque no tardo en juguetear con una negativa, argumentando que sus ronquidos no dejarán que me duerma y así desató una discusión que no llega a territorio hostil.
Entonces una voz decide mediar:
— Weiss puede dormir en mi habitación, si es que quiere.
— No me molestará nada tener todo un cuarto para mí. Gracias, hermana — agrega Yang, terminando la discusión.
Nos indican dónde están nuestras habitaciones, nos desean buenas noches y hacemos lo mismo. Fui la última en entrar, pero antes de hacerlo pude ver cómo Yang me guiñaba de una forma particular, casi con complicidad. Decidí ignorarla y cerré la puerta detrás de mí.
Me vendría bien una ducha después de un día como este, pero antes debía conversar con Ruby. Sobre lo ocurrido en Beacon y después. Justificar que fui llevada a una zona segura sin saber por completo si ella despertaría después de lo sucedido en la cima de aquella torre.
Apenas logro dar la vuelta cuando un par de manos ajustan mi rostro suavemente desde mi quijada y un cuerpo hace presión contra el mío apresándome contra la puerta, pronto siento un par de labios postrándose sobre los míos. Hay nervios en este acto, quizá un poco de ansiedad, pero la muestra de afecto es sincera.
Diablos. Cómo extrañé esto…
Mis brazos completan el abrazo y profundizo el contacto acercando aún más su cuerpo. Ruby se ríe ligeramente cuando rozo sus costillas mientras busco una posición más cómoda. No era intencional, pero me hizo recordar algunas consideraciones que le tenía cada vez que empezábamos con esta clase de cosas. Espero que ella no recuerde lo sensibles que son mis orejas…
¿A quién engaño? No lo olvidará.
No pasa mucho antes de que el beso involucre a nuestras lenguas y esto hace que la temperatura del cuarto aumente. Recuperamos aliento entre cada pausa, pero pronto volvemos a unir nuestras bocas.
Aunque ella comenzara con esto yo no dudo en tratar de llevarlo a un poco más allá y comienzo a alejarme de sus labios para dirigirme a su cuello, sólo para darme cuenta de algo…
— ¿Qué pasa, Weiss? — ella pregunta luego de que pasaran varios segundos desde que me detuve por completo.
— Tú… Tú… Estás más alta — contesto alejando la mirada.
¿Por qué me molesta tanto…?
Creo que es porque estoy usando plataformas y aun así todo este tiempo he estado de puntitas.
Ella naturalmente se ríe por tal revelación. Yo me ofusco y me abochorno a pesar de saber que no hay malicia detrás de su reacción.
— No-no te rías — le pido mientras cobró venganza cosquilleando sus costados.
— Eso… ja, ja, ja, ja… Eso no-no ayuda… ja, ja, ja… — racionaliza de manera entrecortada y aunque sé que es el caso, al final preferí que se riera de esta manera que de mi inseguridad al ver que ella creció algunos centímetros más que yo.
En un momento terminamos en la cama y mis dedos aún la torturaban de manera indolora — si no contamos su estómago. Tras decidir que ya había tenido suficiente la dejé descansar y mientras recobraba el aliento no pude evitar observarla. Cambió bastante, no sólo en la altura. Dejó crecer su cabello; su ropa aún tenía su sello, pero creo no haber visto tal combinación antes, aunque, de nuevo, puede que su escote me distrae de lograr recordar; lo que más me sorprende es su capa — diablos, incluso en mi mente le digo así a su caperuza luego de que ella me repitiera tantas veces cómo debía llamarle —, esta está desgastada de los bordes, no parece que haya sido descuidada sino que implica que no tenía caso seguir zurciéndola luego de tantas batallas.
Ella habrá pasado por tanto, puesto su vida en riesgo demasiadas veces. Lo sé. La conozco. Mientras tanto, ¿yo? ¿Qué estaba haciendo? Peleándome con otros ricachones y lidiando con la rama viperina de mi árbol familiar.
No debería pensar tan poco de mí. Es lo que diría ella.
Le he repetido que suele ser muy suave, que no siempre se puede ser así en nuestra línea de trabajo o en nuestras vidas, pero ella me ha llevado a pensar y me ha demostrado que un poco de ánimo y apoyo son lo que más se necesita.
En medio de mi monólogo interno creo escucharla llamándome.
— ¿Sí? — le preguntó, aún un poco avergonzada.
— Te pregunté si quieres que sigamos o si antes quieres tomar una ducha.
— Guau… Ruby Rose, ¿en serio estás sugiriendo que tomemos una ducha juntas?
— Oh-oh-oh Eh…. Oye, yo… — ahora era su turno de sonrojarse.
No pude evitar sonreír ante esta pequeña victoria.
— De verdad te extrañé… — le confesé mirándola a los ojos y mientras tomaba su mano.
— Oh… yo también te extrañé — me respondió y agregó aquella cálida sonrisa que tanto añoré durante mi encierro en la mansión Schnee.
Si mi corazón no estaba golpeteando mi garganta y mi estómago no estaba abrumado por la ansiedad del momento, entonces debieron comenzar justo ahora.
— Muy bien, vamos — le dije sin soltar su mano al levantarme. Ella pronto me siguió.
— Espera, espera, ¿qué? — preguntó confundida.
— Creo que a ti también te hace falta una ducha y no queremos que el director de Haven sospeche que hay más personas aquí de las que debería, ¿o sí?
No soy buena coqueteando, pero creo que el trabajo fue bien hecho ya que vuelvo a ver el rubor en las mejillas de Ruby, así como deseo en sus ojos. No me responde con palabras, en su lugar abre torpemente la puerta del baño mientras nuevamente une sus labios con los míos. Dado que al colocar mis brazos alrededor de su cuello ella debe encorvarse un poco decido tragarme mi orgullo y le permito que me levante usando mis piernas como apoyo, todo sin dejar que nuestras bocas se separen.
Creo que podría acostumbrarme a esto.
Ahora, hay que encontrar la manera en que nuestras vidas no peligren mientras nos duchamos y lo hacemos.
Pensándolo bien, creo que es más seguro si en su lugar llenamos la bañera y nos relajamos en ella…
