Cada bala era de vital importancia, pero Coco continuó disparando como si tuviese de sobra. No hubo un solo momento durante los críticos minutos en los que estuvieron varados donde ella no dejara de disparar contra los Grimm que osaron a colocarse en frente de su torreta. Velvet quiso ayudar, pero la líder le enfatizó, de un volumen de voz muy particular, que ella se quedara atrás cubriendo a los heridos mientras Yatsuhashi y a Fox se encargaban de los monstruos que lograsen pasar el perímetro.
La ayuda estaba cerca, sólo debían aguantar algunos minutos.
La fauno del equipo CFVY se aseguró de que los soldados que sobrevivieron al impacto se encontraran bien y le pidió a aquellos que podían ponerse de pie y que podían tomar un arma que montaran guardia con ella. De verdad que creía en su equipo, pero el aumento de ataques de Grimm y la enorme cantidad de apariciones de estos durante misiones anteriores le hicieron contrastar los números contra la capacidad de su equipo. Sobre todo, ahora que su líder estaba tan dispersa.
Mientras Velvet estaba pidiendo el tiempo de llegada de la caballería por la radio apenas funcional, una fuerte mano la tomó por sorpresa. No logró ver un par de ojos a través de las gruesas gafas de diseñador, sólo su reflejo, y escuchó una orden ser expedida por una voz que apenas pudo identificar.
— Necesito más balas. Ven.
La mano no la forzó, pero la marca de aquellos desconsiderados dedos estaría en su mente por algún tiempo. Velvet siguió a su líder hasta el punto donde se encontraba repeliendo a los Grimm, los cuales tardaron un tiempo en seguir con su ataque al verse impedidos por los cuerpos de sus congéneres fallecidos que aún no terminaban de evaporarse. La última caja de munición de la desproporcionada torreta se había terminado y ahora corría por una versión que sólo mostraba las líneas azules que la delimitaban. Sólo habían intentado esto una vez, por diversión, y ese día fue una sorpresa que tan alocada idea funcionara. Ahora la ocasión no era tan jovial.
Mientras su arma estuviera activa Velvet podía generar tantas balas como su líder pidiera. Así que estaría allí mientras ella dijera lo contrario. A la fauno no le molestaba que sus habilidades fueran usadas de este modo ni mucho menos que las usara contra las criaturas que llevaba años aprendiendo a cómo destruir, sino la actitud de Coco, su amiga, quien continuaba inmutada mientras descargaba su arma y quien últimamente se había alejado de ellos como parte del equipo. Que ahora la usara como un dispensario de balas sólo reforzaba la idea que ella tenía de que ya sólo los veía como asociados y no como miembros del equipo o siquiera como amigos.
Mientras estaba produciendo más munición para la torreta, Velvet escuchó gracias a sus particulares orejas gritos en la distancia que se distinguían por encima de los gruñidos de los Grimm. Al tratar de localizar su origen pudo ver un grupo de personas que se habían refugiado en una casa a varias yardas de distancia. Les hacían señas mientras al mismo tiempo repelían a los Grimm que lograron descubrirlos usando un solo rifle de Dust que seguramente estaba en sus últimos cartuchos de uso.
— ¡Coco, veo a algunas personas hay que-
— No. Nos quedaremos aquí y esperaremos refuerzos.
Esa fue la gota que colmó el vaso.
— ¡¿Qué pasa contigo?! — preguntó tras hacer desaparecer la caja de munición que había creado — ¡Esa gente depende de nosotros! ¡Vinimos a ayudarlos!
— ¡¿Y qué bien podemos hacerles muertos?! ¡Es muy peligroso ir! ¡Esperaremos los refuerzos, así que vuelve hacer que aparezcan más-
— ¡Estarán muertos para cuando lleguen!
— ¡Y nosotros también si no haces tu trabajo y recargas mi arma! — era la primera vez que Coco tomaba a Velvet del cuello de su traje. Ella podía esperar una amistosa y entusiasta palmada en el trasero, pero nunca algo como esto.
— Está bien — respondió Velvet haciendo aparecer una caja al lado de su líder, quien de inmediato la soltó.
— Qué bueno que hayas recapa-
— Necesito que me cubras — advirtió Velvet tras materializar en sus manos una réplica de Magnhild y saltar la trinchera de un solo salto para abrirse paso adonde estaban esas personas.
— ¡Velvet, no!
