— No lo sé…

— ¡Vamos! ¡Será divertido!

— No creo… No creo que les agrade.

— Vamos… ¿Lo dices en serio? ¡Te adorarán!

— He tenido muy mala suerte cuando se trata de conocer familias ajenas.

— Sólo debes de ser tú. Todo lo demás irá bien. Ya les conté sobre ti y todos están emocionados de poder conocerte.

— ¿Dónde he oído eso antes…?

— Hey… No insistiría tanto si no estuviera completamente, ciento por ciento, infinitamente seguro de que mi familia te adorará — el beso en la frente era un detalle que sellaba sus argumentos a favor de él. En ocasiones Pyrrha desearía tener más experiencia romántica para resistir esa clase de cosas.

— Pero… — parecía que ella no estaba dispuesta a soltar el tema.

— ¿Pero? — aún así Jaune estaba dispuesto a escuchar.

— ¡Son siete hermanas!

— ¿Es eso lo que te preocupaba…?

— Digo… Es decir… No sé si pueda con tanto.

— Tranquila, una vez que lleguemos a casa verás que no hay nada que temer.

— Pero… ¿Qué tal si piensan que les "arrebataré" a su hermano mayor y querrán pelear por él, y yo tendré que defenderme? ¡No podría hacerle daño a una de tus hermanitas, Jaune!

— Y yo creía que Nora era quien dejaba volar su imaginación… — él mencionó mientras cerraba la última maleta que descansaba sobre su cama — Además, no somos así de unidos.

— ¿Ah no? — preguntó Pyrrha con auténtica extrañeza.

— Sí, somos más o menos una versión más disfuncional que aquella familia de un hermano y diez hermanas. Ya sabes, la que aparecía en la televisión…

El vuelo hacia su hogar tardaría algunas horas en salir, por lo que ese precioso tiempo lo utilizarían en preparar a Pyrrha para poder encarar a la familia Arc o al menos hacerla consiente de las "peculiaridades" de sus hermanas.