Capítulo 5:

El Aquelarre del caldero

Ethel estaba sentada sobre su cama leyendo un libro sobre pociones básicas, que otra cosa sino. Después de todo estaba confinada en su habitación, sin otra interesante que hacer. Miraba por la ventana y veía que era una tarde magnifica para volar sobre su escoba. El sol había iniciado su perezoso descenso, las sombras de los árboles se alargaban y la luz había comenzado a teñir de dorado sus hojas. Pero todo deseo de volar tenía que ser suprimido ¿Porque? Por el castigo, eso era lo que últimamente escuchaba: sino era confinamiento en su cuarto, era un ensayo de 1000 palabras reflexionando sobre sus acciones. No se explicaba la razón del porque a un no la habían expulsado desde hace mucho. Qué razón podía tener la señorita Cackle para seguir manteniéndola en la escuela, era talvez por ¿la influencia de su familia sobre la academia? O porque ¿la señorita Cackle sabia acerca de su herencia? ...¿¡sobre mí!?.

"¡Imposible!"- levantándose de la silla de su escritorio- "la maestra Hardbroom no quitaría el ojo sobre mi, me trataría peor que con Mildred Hubble"

Un pequeño papel forma de una pequeña ave, atravesó la ventana y poso sobre sus manos. Se desdoblo delicadamente y las letras empezaron a aparecer lentamente en aquella hoja en blanco:

Conserva la hoja, te guiara hacia la

habitación donde se celebrará el Festín, a Medianoche.

Felicity

Pasaron las horas, la tarde se hizo noche y Ethel mientras tanto bajo las sabanas de su cama fingía estar dormida, esperando a que los pasillos estuvieran vacíos. A que la maestra Hardbroom terminara de ser la ronda que siempre hacia cada noche. A que no hubiera ningún indicio de vida, excepto ella y su gato, estrella nocturna. Tomo la nota que estaba en uno de los cajones de su escritorio y rápidamente este se transformó en una flecha que le indicaba el camino por donde debía seguir.

Tomo su lámpara y salió sigilosamente de su cuarto, mirando por ambos lados del pasillo para verificar que nadie la siguiera. Con la flecha sobre su mano, este le indico seguir por un pasillo largo, lejos de los dormitorios de las chicas y las maestras. Era oscuro, en un lugar abandonado del castillo. Apenas podía ver su mano y si no fuera por la pequeña lámpara, no hubiera podido seguir adelante. La flecha le indico subir por unas enormes y largas escaleras hacia la torre, y cuando llego hasta el final solo encontró una habitación vacía y llena de libros polvorientos. La flecha no dejaba de apuntar al muro, una y otra vez.

"Pero…no hay nada"-pensó, mientras la tocaba para ver si había un pasadizo oculto, pero no hayo nada- "¿Qué más hago?"- le pregunto a la flecha y sobre ella aparecieron unas letras diciendo "dibuja una puerta y toca tres veces". Acto seguido la flecha de papel se trasformó en un gis mágico. Ethel lo tomo sobre su mano e hizo lo que la flecha le había indicado. Sorprendida vio como la puerta se abría, cegándola momentáneamente una luz que se encontraba dentro de aquella habitación.

"¿Hola?"- dijo Ethel mientras sus ojos se adaptaban a la iluminación. Las figuras borrosas que veía adelante de ella, lentamente fueron transformándose en rostros conocidos- ¿Felicity?

-"Ethel, me alegro que hayas venido, las demás ya llegaron"- señalando a otras 2 chicas que estaban sentadas alrededor de lo que parecía ser un caldero- "eres la última en llegar"

"¿Que es este lugar?"- dijo sorprendida mirando los alrededores

"Bienvenida al club del caldero"- dijo una chica de cabello largo y negro, tez blanca y con una enorme sonrisa- "Un gusto hermana"- llevándose la mano al frente, en forma de saludo.- Mi nombre es Sophia White- una pequeña bruja que parecía tener la edad de sibyl

"Un gusto"- asintió Ethel de la misma forma- Ethel Hallow

-"Ahh una Hallow, tu eres la famosa hermana de Esmeralda, vaya sabes.."-dijo una chica de cabello café oscuro y unos hermosos ojos verde, mientras se acercaba a ella, mirándola detenidamente-"eres muy famosa en nuestro salón, pero te imaginaba diferente, para ser alguien quien robo la piedra fundadora de nuestra escuela"

-"¿Y tu eres?"- dijo Ethel con tono de desagrado

-"Disculpa no me presente, soy Griselda Bocanegra, compañera de tu hermana, un gusto"

Ahora estaban todas. Albert no solo había cumplido con su primera fase del plan… de reunir a las descendientes de su antiguo Aquelarre, sino que como podía ver, por sus venas corría magia poderosa y sobretodo, había maldad en cada una de ellas. Podía verlo en sus ojos, esperando salir: rebeldes, competitivas y con mucha ira acumulada, que con la guía correcta causarían terror en el mundo mágico. Solo faltaba que la luna estuviera en el punto más alto, para poder llamar a sus hermanas del más allá y vivieran de nuevo en este mundo, en el cuerpo de sus herederas.

Felicity estaba en un rincón de la habitación, mirándolas, imaginando el futuro que les esperaba a esas pobres chicas. El miedo, la soledad y el enojo serían su as bajo la manga. Termino de preparar los bocadillos dejándolos en la mesa junto a la ventana y fue hacia donde estaban ellas.

"Ahora que estamos todas, juremos"- dijo Felicity poniendo su mano derecha encima del caldero-

"¿Jurar?"- dijo sophia extrañada- ¿Qué exactamente?

Que jamás revelaremos la ubicación de este lugar, que estaremos ahí para la persona de este club que necesite ayuda- mirándolas a cada una a los ojos- "para desafiar juntas a todas aquellas personas que nos han lastimado y que tienen pensamientos retrogradas, limitándonos en nuestro verdadero potencial"

¿Qué te hace pensar, que me interesa participar? - dijo Griselda cruzando los brazos

¿Por qué otra razón sino, te animaste a venir?-

¡Hagámoslo! – Ethel dando un paso en frente, puso su mano sobre el caldero- juntas podremos hacer cualquier cosa, lo que una de nosotras no seria capaz de hacer

¿¡Cómo un Aquelarre!?- dijo sophia saltando de emoción

¡Si!, Vamos Griselda o…. ¿acaso tienes miedo?- Felicity la desafío con la mirada, retándola a que pusiera su mano sobre el caldero

-¡No claro que no!

Albert escondiéndose bajo el rostro de Felicity, estaba feliz. No hubiera creído que serían tan frágiles… y tan fáciles de manipular. Todas con un pasado que trataban de ocultar. Sophia White, huérfana… ¡tan necesitada de cariño!- sonriendo malévolamente- su hermana trabaja dentro del consejo, jamás tenia tiempo para ella.

Albert sabía que la tan sola idea de estar siempre solas, sin nadie que te apoye, era algo aterrador. Para todas ellas, así que no le fue difícil traerla a ella o… a las demás, solo basto la sutil promesa de que alguien estaría a su lado, su propio aquelarre, uno donde no les temieran o repudiaran por ser quienes eran.

-Griselda ¿no hay nada con lo que podamos apoyarte? - dijo Felicity con voz comprensiva.

Sabía que incluso alguien como Griselda Bocanegra se seduciría ante tal idea. Hija única y de buena familia: Madre bruja, quien la había abandonado y padre humano, ese era un secreto que quería que nadie se enterara.

Sophia puso la mano sobre el caldero, feliz de poder pertenecer a un aquelarre. Griselda miro a los ojos a Felicity, dudosa, pero al final… Acepto