Capítulo 10:
Las piezas puestas
En el despacho de la señorita cackle. La maestra Hardbroom discutía acerca del hecho de que Albert estuviera acechando a las alumnas, especialmente a Ethel. Después de la visión que había visto, tenía claro que Griselda era la heredera, de uno de los antiguos miembros del Aquelarre oscuro. La maestra Hardbroom, tenía la intuición de que el peligro estaba a la vuelta de la esquina, podía sentirlo…
"Ada tenemos que hacer algo, a este paso, las alumnas corren un gran peligro"- dijo la maestra Hardbroom, quien estaba detrás de la señorita cackle. Convenciéndola, haciéndole entrar en razón, de la que decisión que estaba tomando ponía en riesgo a todos.
Amelia miraba fijamente la pintura que estaba sobre la pared de su oficina. En el retrato, ella se encontraba sentada sobre una silla, mientras que Agatha, su hermana, estaba parada junto a ella, tomándole del hombro. En ese tiempo, eran un poco más jóvenes y menos distanciadas de lo que eran ahora.
" …la señorita Bocanegra es una miembro del antiguo Aquelarre, se que no te agrada la idea, pero tienes que considerar que… es hora de que consultemos al consejo."
"No, no lo haremos"- dijo Amelia mientras caminaba rumbo a su escritorio-" creo que a un podemos encontrar otra solución para salvarla, Hécate, llamarlos, seria como destruir su futuro" - volteándola a ver a los ojos- "…no solo la de Ethel, si no también la de Griselda y la de la otra niña."
"¡Aun no te convences! ¿¡Después de todos estos años!? Ethel ha demostrado ser malvada...Ada, por favor, tenemos que pensar en lo que es mejor para la escuela, ¡para las demás alumnas!"
"Lo siento, ya he tomado mi decisión. Esta escuela se fundó en base a que cualquier alumna pueda entrar, sin importar su estatus, así como ofrecerles un futuro digno. ¡Are todo en mi alcance para brindárselos!… he mandado a llamar a Mildred y a Ethel, ya les he asignado sus castigos"- dijo Amelia decidida, sin dejar de mirar a los ojos a Hecate
"¿A qué se refiere?"
La señorita Cackle, se sentó atrás de su escritorio, y con mirada serena miro a la maestra Hardbroom. Tocaron la puerta, eran Ethel y Mildred, el ambiente se sentía tenso y ambas niñas estaban a la expectativa de lo que iba a pasarles.
"Pasen"- dijo la señorita Cackle-" ya he decidido su castigo, Ethel…Mildred ambas estarán asignadas, por estas últimas semanas del semestre, a recoger ingredientes que falten en la clase de poción. Trabajarán juntas y si después de esto, veo cualquier problema entre ustedes"- señalándolas a ambas- "no tendré más remedio que expulsarlas ¿Queda entendido?"
"Si señorita Cackle"- asintieron ambas
"Pueden irse"
Cuando se fueron. La maestra Hardbroom no creía lo que acababa de escuchar.
"Se lo que esta pensando" - dijo la señorita Cackle, viendo la expresión que había puesto la Maestra Hardbroom- "¿Por qué Mildred? Que, esto solo fomentaría mas el caos entre ellas, pero… también puede unirlas. Mildred ha demostrado ser una bruja capaz, en infinidad de veces…"
"Si, pero …¿con esto?…Ethel…las Hallow son herederas de Albert, si no…"
"Y …"- dijo en voz alta, reafirmando su decisión- "pueda guiar a Ethel, no solo convirtiéndose en su amiga, si no en alguien en quien ella pueda confiar."
"Ada, esta arriesgando la esa niña...¡la profecía!, ellos no tardaran en darse cuenta y no solo estará arriesgando la vida de Mildred, sino también de toda la escuela. Espero que, por nuestro bien, sepa lo que está haciendo"- desapareciendo del despacho.
Amelia se quedó sola, pensando, convenciéndose a si misma que había hecho lo correcto. Volvió a posar sus ojos en el retrato y diciendo para si misma "Con ellas será diferente Agatha"
Mientras tanto Albert caminaba por los pasillos de la escuela, quería llegar a la habitación de Felicity. Podía sentirlo, la debilidad, el cansancio en aquel cuerpo que habitaba. Había llegado justo a tiempo a su habitación, ya era de noche y podía sentir como el aire frio se colaba por la ventana. En otros tiempos, le hubiera desagradado, el hecho de que algo tan pequeño lo hiciera sentir débil; pero ahora, simplemente lo disfrutaba. Lo hacía sentir vivo. Pero con ese cuerpo llegando a su límite, necesitaba encontrar uno nuevo donde pudiera habitar y absorber su fuerza vital, pronto ese dejaría de servirle.
Antes de que eso sucediera, antes de que el cuerpo de Felicity Foxglove muriera y pudiera salir de ese cuerpo, tendría que haber concluido sus planes con su heredera. Albert se acostó en la cama, mirando hacia el techo y después poso su mirada en ese tonto gato negro, quien tenía la postura tensa. Él era el único quien sabía quién era en realidad: un intruso. Alguien que había ocupado el cuerpo de su ama. Desde ese día se mantenía alejado, pero no lo suficiente, como para moverse con libertad.
Los gatos protegen a sus amas de las energías negativas, hacen todo lo posible para expulsarlo atreves del desplazamiento de su campo de energía. Si eso no funciona, el gato atrapa a la entidad en su campo y lo lleva afuera. Es por eso que no se ven muchos fantasmas en lugares donde residen las brujas, terminan por expulsarlos. A menos claro, que estos hayan sido convocados y sean protegidos por una barrera mágica o…como yo… tomando su fuerza vital.
La fuerza vital de las brujas reside en su magia, entre mas uses, más le quitas, hasta dejarla seca, sin vida. Y él lo sabe, sabe que no puede hacer nada, para salvar la vida de su querida ama.
"Tranquilo gatito"- dijo con una sonrisa en su rostro- "tu ama estará a salvo por un tiempo mas, la necesito aun…"
El gato maulló violentamente, erizando todo el pelo de su cuerpo. Empino sus extremidades traseras, mas que las delanteras, arqueando su espalda en forma de U.
"No estaré lejos, descansare en lo profundo de su mente, tomando lo mínimo. El tiempo suficiente para despedirte ja ja ja . "
