Ethel reaccionó antes de caer al suelo precipitadamente, junto con Sophie. El dolor producido por las ramas incrustándose en el cuerpo hizo que reaccionara a tiempo antes de que se golpearan en el suelo. Usando un hechizo de levitación. Tomo rápidamente a Sophie, abrazándola tan fuerte por temor a que se lastimara. Pero a esa corta distancia y a esa velocidad. El hechizo no fue suficientemente para evitar que se estrellaran contra el suelo.

Una serie de emociones pasaron por el corazón de Esmeralda cuando vio caer a Ethel desde esa distancia. Una sensación conocida, desagradable. Provocada por el inminente peligro que tenía ante ella. Era miedo. Esa inquietud, volvió hacia ella. Era como si jamás se hubiera ido. Siempre escondida en lo profundo de su corazón. Asechándola. Aun recordaba ese día… el olor a humo…los gritos de su pequeña hermana llamándola…llorando.

«¡Ethel!» pensó mientras ponía su mano en el espejo «¡Noo!»

—¡Vamos! no hay tiempo que perder Esmeralda— dijo Griselda rompiendo la concentración de su compañera.— tenemos que ayudarlas— rompió el vidrio con sus poderes telequineticos mirando decidida hacia donde estaban aquellos hombres. Subió por la ventana y se dejó caer al vacío, con una sonrisa sobre su rostro. No sería vencida por ellos. Después de todo, era una Bocanegra.

Caía precipitadamente hacia el suelo de una de las torres más altas. El viento no la dejaba ver con claridad, pero eso no le impido convocar a su escoba. Levanto su mano derecha y grito «¡Aparece Saeta llameante, ante tu dueña!» La escoba no tardó en aparecer y se subió a ella lo más rápido que pudo, para montarla. Dirigiéndose rápidamente hacia donde habían caído Ethel y Sophie.

Esmeralda salió después que Griselda. No permitiría que esos hombres las tocaran.

Griselda acelero su vuelo. Pero justo antes de llegar hacia donde estaban ellas, sintió un dolor punzante sobre todo su cuerpo, que casi la derriba de su escoba. Una maldición que fue lanzada por Valid. Uno de los hombres de Astor. Griselda pudo bloquear parte de la maldición a tiempo, sin embargo, había caído en la trampa de aquel cazador. Se había distraído lo suficiente, como para no ver que él rápidamente se dirigía hacia donde estaba ella, tomándola por el cuello tan fuerte que no pudo recitar algún hechizo.

«¡Rayos!» pensó Griselda, mientras veía a Esmeralda. Decidida, pidiéndole con la mirada que fuera a rescatar a las demás. Mientras Esmeralda veía impotente como desaparecía en el bosque.

¡Griselda! — grito esmeralda.

Aquel cazador era fuerte y mucho más veloz que ella. Su poder de levitación era superior en todo sentido. No dejo de apretar su cuello hasta que la estampo contra un árbol. Griselda no pudo evitar soltar un gemido de dolor. Sintiendo como si una de sus costillas se hubiera roto. Intento soltarse desesperadamente, pero todos sus intentos eran en vano. Estaba perdiendo poco a poco el conocimiento y casi no podía respirar. Sabia que tenia poco tiempo para hacer algo….si no …ese hombre…la terminaría matando.

Así que reunió todo la magia que pudo. Poniendo deprisa su mano sobre el pecho de aquel cazador y susurrando dijo «aeris avente » Expulsándolo por los aires. Griselda cayo al suelo jadeando aire. Pero no teniendo el suficiente tiempo para reponerse, ya que aquel hombre no tardo en ir hacia ella, levitando.

¿Dime niña de que familia provienes? ¿Quién te enseño a atacar así?— dijo Valid hablándole al oído.

Griselda no se había dado cuenta, de que momento había llegado hasta ella «¡No lo vi venir!...es muy rapido» pensó.

¡Mi madre!— mirándolo con odio, lo ataco— ¡Apnis Asaltum! …..¡petrificus corpus!

Apnis Asaltum. Era un hechizo que dejaba sin oxigeno al oponente, haciendo que se desmayara. Y junto con el hechizo de petrificus corpus, lo paralizaba lo suficiente, como para que el anterior hechizo actuara. Griselda sabia eso, pero no funciono. Valid bloqueo cada maldición que Griselda le lanzaba. La miro detenidamente y no tardó mucho en averiguar quién era aquella joven bruja. De largo cabello castaño, una penetrante mirada rebelde… Y podía hacer maldiciones sin efectos negativos…Era una bocanegra.

¡No poder ser! — dijo Griselda sintiéndose impotente. — Ya se dio cuenta— empezando a sudar, sabía que estaba en problemas. Los había subestimado «¡maldición!» pensó

Aquel hombre no pudo evitar sonreír con malicia, burla. Ante los patéticos intentos de aquella bruja por atacarlo.

Tu madre dio más pelea antes de morir…alégrate saber que fue una digna oponente— carcajeándose. Y sobre su mano conjuro un hechizo— Aperer relicario — e hizo aparecer el relicario, empezando a brillar con gran intensidad cerca de Griselda— pero mira nada mas lo que tenemos aquí— mirándola— creo que matamos a la bruja equivocada jajajaja

¡Maldito!— dijo Griselda, volviendo atacarlo.

Mientras tanto en la Academia, la señorita Cackle, se alegraba de que había sido una noche perfecta, con los padres de familia. Pero no tardo en caer en su error. Estaba en el gran salón junto con la maestra Hardbroom, cuando sintieron el temblor sobre el castillo. Se helo su sangre cuando paso por su mente, lo que significaba. Un ataque a una de sus alumnas.

Miro los muros de aquel castillo y vio como el polvo se filtraba por las gritas de los ladrillos. Alzo su brazo y deslizo aquella arena sobre sus dedos. «¡Imposible!» pensó la señorita cackle y rápidamente desapareció para ir directamente a su oficina. El retrato de su hermana había desaparecido y junto con el, el pergamino que Isabella Cackle le había heredado. Se volteo y miro a la señorita Hardbroom, angustiada. Apareciendo detrás de ella.

¡Hay cazadores en la escuela!

Los años de experiencia como directora, habían hecho que Ada se enfocara en lo importante en ese momento. Sus alumnas. Pero no podía evitar pensar que algún posible miembro del aquelarre de su hermana, Agatha. Se hubiera aliado con los cazadores para rescatar a su líder. Pero sabia que ese no era el momento para pensar en eso. Después se encargaría de ese asunto. Ahora no podía correr el riesgo de dejar a un intruso corriendo por los corredores del castillo.

Que pongan un muro de protección alrededor del castillo— dijo mientras tomaba un medallón de oro de su cajón, que tenia grabado sobre el un enorme árbol.

¿Qué va ser?¿Piensa ir sola?— anonadada

Me encargare de ellos... protegeré a mis niñas Hécate… no dejare que las lastimen.

¡Ire con usted Ada!

Ada la miro y asintió.

Pida a la maestra Vamp que haga un recuento de las alumnas

¡Tenemos que pedir ayuda al consejo magico!— dijo la maestra Hardbroom

Ada sabia que no tenia opción. Si no le decía, sabria por otra parte. Y las consecuencias serian peores para las niñas. Estaba entre la espada y la pared.

¡Ada!— dijo mientras caminaba mas cerca de ella— ¡es por la seguridad de las niñas!

¡bien!— dijo apoyando las manos sobre el escritorio, agachando la cabeza, en forma de derrota— encárgate Hécate…

Esmeralda no perdió más el tiempo. Dirigiéndose rápidamente hacia donde estaba Ethel. Pero cuando llego, no pudo ver nada. Las enormes y bastas hojas impidieron que pudiera encontrarla. Voló alrededor del lugar, inquieta, pero no le quedo más opción que descender.

Camino con cautela, escondiéndose entre los arbustos. Asustada, ansiosa. Miraba por todos lados, deseando encontrarlas. Pero nada, siguió caminando entre la negrura de aquel bosque, empezando a desesperarse «¿Dónde estaba?» pensó mientras la temperatura empezó a descender rápidamente. Fue entonces, que a lo lejos pudo visualizar una forma extraña, que estaba sobre los arbustos. Cuidadosamente empezó a cercarse más y más. Hasta que fue adquiriendo forma …era Ethel. Estaba inconsciente sobre el suelo y sobre ella, estaba una niña pequeña, de la edad de Sibyl.

«¡Noo!» pensó mientras veía como la sangre brotaba de su frente «¡Etheel!»

Esmeralda no pudo contenerse más. Y corrió hacia donde estaban ellas, pero justo antes de que pudiera llegar. Antes de que incluso pudiera tocarlas. Un cazador había llegado antes que todos los demás. Lazándose en contra de Ethel. Pero Esmeralda sin pensarlo dos veces, apareció enfrente de ellas. Frustrando el ataque del cazador, debido al campo de energía que había levantado.

—¡No las tocaras! — dijo mientras levantaba ambas manos enfrente de ella, estabilizando el campo de energía— ¡Etheell! ¡Etheel! Vamos levántate— volteándose a ver a su hermana

Pero ella no respondía. Yacía en el suelo sin movimiento alguno, junto con Sophie. Esmeralda empezó a creer lo peor «¡Noo!» pensó.

—¿Et..hel?— dijo asustada.