Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 2
Esto apestaba. Normalmente no me importaba vestirme con esmoquin y cenar comida elegante mientras escuchaba aburridos discursos. Había experimentado suficiente de esas mierdas a lo largo de los años gracias a mis abuelos, mis padres y, por supuesto, el fútbol. Pero en los últimos años, tenía a Chica Reed a mi lado para hacer que los aburridos discursos fueran jodidamente mejores al dejarme manosearla debajo de la mesa, o viceversa. La necesitaba y pronto. Esta mierda de estar solo apestaba.
Los Gigantes habían organizado un banquete para poder celebrar la llegada de la temporada y conocer algunos de los ejecutivos que se encargaban de la parte de los negocios del equipo. Síp, era tan jodidamente aburrido como sonaba. Podía imaginar cerca de siete billones de cosas que preferiría estar haciendo en lugar de juguetear con mi corbata mientras el vicepresidente de finanzas nos daba un curso intensivo sobre el tope salarial. ¿Y por qué carajos importaba eso? Yo obtenía un buen pedazo del cambio, al menos para ser un novato. Cuando mi contrato fuera negociado dentro de otros cuatro años, estaría más interesado en el tope. Por ahora, me importaba una mierda.
—¿Crees que conquista chicas diciéndoles dónde estarían en la escala de salario de novatos? —murmuró Sammy, haciéndome reír. Al menos todos los demás estaban tan jodidamente aburridos como yo.
—Me encantaría verlo intentar. ¿Crees que tardaría más de cinco segundos en ser cacheteado? —pregunté.
—Diez a lo mucho —aportó Colin Davis, uno de mis lineman.
—Por favor, todo lo que ese hijo de perra tiene que hacer es llegar en su Rolls, usando ese carísimo traje, y las chicas harían una línea. —Brady Turner, otro lineman, sacudió la cabeza con amargura.
Le alcé una ceja y Sammy se rio.
—Anoche rechazaron a mi amigo en el club. Está un poco amargado.
—No me rechazaron. Tenía novio. —Nos fulminó a todos con la mirada, retándonos a contradecirlo.
—Si su novio era Paul, claro, porque la vi irse con él anoche. —Colin era tan grande como Brady, y no tenía miedo de hacerlo enojar.
—Como sea. De todas formas no valía la pena. ¿Dónde estabas, Cullen? ¿Temes salir con nosotros? ¿No puedes tirarte un buen coño?
Sonreí ante eso. ¿Estaba jodiéndome? Mírenme. Tenía al más bueno de todos. Y Chica Reed me mataría si alguna vez tenía las bolas para decir eso en voz alta.
—Tengo todo lo que quiero, hombre.
—Cierto; ya tienes una chica, ¿eh? ¿Cómo pudiste hacerte eso? ¿Sabes cuántas chicas darían su teta derecha por follarse al mariscal de los Gigantes de Nueva York? —Sammy sacudió tristemente la cabeza—. Creí que tenías mucho potencial, hombre.
Ignoré la risa a mi alrededor y le di un trago a mi cerveza.
—Mi chica deja en vergüenza a cualquier mujer que alguna vez puedas esperar tirarte, Maddux. Me creas o no, no extraño la soltería para nada. —Extrañaba endemoniadamente a Chica Reed, pero no tenía la necesidad de ir a un club y lidiar con desagradables y sudorosas chicas que me querían por mi dinero. Y mi apariencia, por supuesto. Aunque eso iba sin decirlo.
Las burlas y bufidos incrédulos de mis compañeros no me molestaron en absoluto.
—Vamos. No puedes decirme que no te tirarías a esa caliente chica de mercadotecnia que habló hace poco. A mí me gustaría darle un poco de caridad. —Brady chocó los cinco con Colin por ese genial comentario.
Rodé los ojos.
—Sigue soñando, Turner.
—Sí que sueño, Cullen. Tengo todo tipo de sueños calientes.
Me burlé.
—No quiero saber sobre ellos. —Y era verdad. Despertar con una erección cada mañana que no era satisfecha porque el único coño en mi cama era Rainbow, apestaba. Diciembre no podría llegar lo suficientemente rápido.
—Nadie quiere escuchar sobre tus sueños húmedos, Brady. Tal vez si te consiguieras una novia, no tendrías que cambiar tus sábanas cada mañana.
La mirada de su rostro no tuvo precio. Primera anotación para Cullen.
—Amigo, ni siquiera bromees sobre eso. Compartí habitación con ese tipo durante el campamento —dijo Colin con una carcajada—. No quiero saber qué pasaba en esa cama.
—No tenía idea de que el presupuesto podía ser tan divertido. —Todos se congelaron ante la seductora voz femenina que se escuchó detrás de mí. Idiotas.
—Pues ya sabes, el campo de los impuestos y ganancias es toda una locura —dije, girando la cabeza para ver que la jefa de mercadotecnia por la que todos estaban salivando había sido la que había hablado. Era rubia, de ojos azules y con pechos grandes, usaba un traje negro que lograba verse bien en ella en lugar de hacerla parecer un hombre, como en algunas otras.
Me lanzó la sonrisa del millón de dólares y puso una mano en mi hombro.
—Sin duda alguna. Cada vez que me reúno con los contadores, me duele el estómago por reír tanto. —Me dio un apretón antes de soltarme—. Sólo quería presentarme. Soy Heidi Lowell, Relaciones Púbicas.
Tomé la mano que me ofrecía, le di un apretón y la solté rápidamente. No se me escapó notar que aunque le ofreció sonrisa al resto de los chicos en mi mesa, no les ofreció su mano.
—Edward Cullen. —Pero ya sabías eso, por supuesto.
—Sí, he ansiado conocerte. ¿Puedo unirme?
Antes de poder rechazarla e inventar una excusa para poder salir de ahí, Sammy la dejó ocupar su asiento y se movió al otro lado de la mesa. Lo fulminé con la mirada, pero musitó un "está buena" y me abandonó con ella.
Carajo, odiaba a la gente de mercadotecnia y relaciones públicas. Querían discutir mi imagen, la cual no necesitaba mejorar, obviamente. O querían que le vendiera alguna mierda al público desprevenido. Ya había firmado contratos con Nike, Rolex y Mercedes, y Subway estaba insistiendo mucho en que hiciera algunos comerciales para ellos. En este punto estaba ganando más por publicidad que con mi salario de la NFL.
—¿De qué querías hablar con nosotros? —pregunté, incluyendo a los chicos conmigo. Si iba a tener que vender cosas, entonces ellos también.
Sonrió.
—Como sabes, estoy a cargo de las relaciones públicas de los Gigantes. Es mi trabajo hacer que la comunidad te conozca, promover causas de caridad y mostrar que a esta organización le importa su comunidad.
Mierda. No era que me molestara la caridad en sí, pero odiaba hacerlo con cámaras grabando. Esa mierda se sentía falsa y forzada para mí.
—Sí nos importa la comunidad, mucho —le aseguró Brady a Heidi con una enorme sonrisa.
Sonreí ante su desesperado culo. La chica de relaciones públicas no iba a liarse con él, apostaría mi salario en eso.
—¡Eso es lo que queremos escuchar, señor Turner!
Ja, le dijo señor. De ninguna manera iba a conseguir algo.
—Ahora, cada año nos gusta intentar diferentes fundaciones para el Hospital Infantil. Hemos hecho subastas, encuentros, campamentos de fútbol, cosas como esas en el pasado.
Eso no sonaba tan mal. En Tally manejábamos algunos campamentos para jóvenes, y esos niños eran jodidamente geniales.
—Tendría que ser después de la temporada, ¿verdad? Estaré feliz de ayudar con el campamento de fútbol. —Yo había aprendido mucho en la Academia Manning a lo largo de los años. Definitivamente podría abrir la mía aquí.
—Eso sería encantador, Edward. Nos juntaremos después para discutir los detalles sobre eso. Aunque tienes razón, tendría que ser después de que terminara la temporada. Mientras tanto, estoy pensando en un plan de tres partes para ayudar durante la temporada.
Se movió y su pierna rozó la mía. ¿Fue a propósito? Me tensé y me alejé de ella.
—Me gustaría arreglar unas visitas al hospital, particularmente al área de cáncer.
Mierda. Niños enfermos. Odiaba ver niños enfermos. Había hecho eso algunas veces, y siempre me hacía sentir mierda por estar fuerte y saludable. Pero sabía que eso los hacía felices y en realidad de eso se trataba esto. Asentí en silencio, al igual que los otros chicos en la mesa.
—Luego, esperaba hacer un calendario. Estoy segura de que has escuchado lo popular que es el calendario de los bomberos de Nueva York cada año. Nos gustaría hacer el nuestro, y las ganancias se irían al hospital.
Esperen un jodido minuto.
—¿De qué tipo de fotos estamos hablando aquí? —No era idiota. Esos calendarios de bomberos generalmente eran de chicos sin camisa posando con overoles y enormes sonrisas.
Se rio y puso su mano en mi antebrazo.
—¡Nada inapropiado, lo prometo!
—Maldición, me gusta lo inapropiado —le dijo Brady, llegándole con fuerza.
¿Cómo si alguien fuera a desembolsar diez dólares para ver su culo desnudo? Carajo, no lo creo.
Ella negó con la cabeza, y yo me quité su mano del brazo. Estaba recibiendo una vibra extraña de esta chica y no me gustaba. No podía ser un cabrón con ella y mandarla a la fregada ya que técnicamente ambos trabajábamos para la misma compañía.
—Estaba pensando en fotos de ustedes haciendo ejercicio, fotos de las prácticas, tal vez una o dos fotos sin camisas. —Jodido infierno, la forma en que sus ojos se movieron sobre mí cuando dijo esas palabras dejó bien claro a quién quería ella sin camisa y sonriendo en la portada.
—No creo que eso sea apropiado para una caridad infantil —le dije, apretando los dientes. No era un pedazo de carne, maldita sea. Y Chica Reed odiaría que yo posara sin camisa para un calendario. No tenía problemas con mi cuerpo, pero no iba a posar con una tonta sonrisa. Ese no era yo.
—Descubrirás que a muy pocas caridades les importa de dónde viene el dinero siempre y cuando éste llegue. Y no vamos a hacer nada desagradable, créeme.
—Estoy seguro de que puedes encontrar doce chicos listos y dispuestos a posar para ti —dije, dejando en claro que yo no me iba a ofrecer.
—¡Yo le entro! —le dijo Sammy, obteniendo una brillante sonrisa en respuesta.
Los otros chicos asintieron su consentimiento también, mientras yo me quedé callado esperando la fase tres de su estúpido plan. No creía que fuera a gustarme más que la fase dos.
—El año pasado subastamos cosas autografiadas: fotos, cascos, jerséis usados, y así. Eso trae mucho dinero.
Eso sí podía hacerlo. Firmaría mierdas hasta que se me cayera el brazo. No había problema.
—Suena bien —dije, esperando que siguiera adelante y llevara sus ideas a otras mesas.
—Este año me gustaría hacer eso junto con una subasta de solteros. Los Cardinales fueron parte de algo así hace un par de años y fue muy exitoso.
Los ojos de mis compañeros se abrieron cómicamente ante esa sugerencia. Esos cabrones calientes ya estaban imaginándose cientos de mujeres calientes ofreciendo dinero por salir con ellos. Ellos podrían quedárselas.
Sammy formó las palabras "jodidamente caliente" con la boca, y Brady se limpió un poco de baba de la boca. Colin sólo se enderezó y sonrió torpemente. ¿Qué les pasaba a esos cabrones? ¿Estaban tan ansiosos por que solitarias ancianas los compraran por una noche?
—Estoy seguro de que eso generara mucho dinero para ti.
—Como nuestro nuevo mariscal de campo, Edward, me gustaría que tú fueras el último en ser subastado. Estoy segura de que habrá muchas damas que estarían dispuestas a dar dinero a la caridad con tal de pasar una tarde contigo. —Y sí, su pierna rozó la mía de nuevo. Al carajo con esto.
Había empezado a empujar mi silla hacia atrás cuando la voz más dulce que había escuchado en mi vida habló.
—Me temo que él no está soltero y que su prometida no estaría muy feliz con la idea de mujeres comprándolo, pero nos aseguraremos de hacer una generosa donación a la caridad elegida.
Carajo, gracias. Todos en la mesa desaparecieron cuando giré la cabeza y mis ojos se encontraron con los ojos cafés más hermosos que había visto jamás. Casi tiré al piso a la chica de relaciones públicas cuando me paré y estiré los brazos hacia ella, temiendo que fuera una ilusión. Debía serlo, porque se suponía que ella estaría en Tallahassee estudiando para un examen de economía. Pero no, estaba frente a mí, y estaba metida en un vestido azul media noche de seda que acentuaba sus hermosas curvas y con cuello bajo para revelar la parte superior del par de pechos más fantásticos que Dios había creado.
—¿Chica Reed? —pregunté suavemente, temiendo que la hubiera conjurado en mi desesperación por estar lejos de esta conversación.
—Hola Campeón. —Su sonrisa era brillante, y su aroma golpeó mi nariz asegurándome que ella estaba aquí. Realmente estaba aquí, y en lugar de verla, necesitaba tocarla de inmediato. La jalé a mis brazos, y mis labios se encontraron con los de ella y, finalmente, el mundo se sintió bien de nuevo. Bajé mis manos por su sexy espalda y me aferré a su culo mientras devoraba sus suaves labios.
No podría saber por cuánto tiempo nos besamos antes de que las gargantas tosiendo y la risa detrás de mí penetrara mi cráneo. Retrocedí pero no me aparté de mi chica.
—¿Qué carajos quieren? —pregunté, haciéndola reír.
—Um, sólo temía que pudieran empezar a desvestirse en medio de la habitación y, mientras que la mayoría probablemente apreciaríamos el show, el Entrenador podría enojarse y hacerte correr de nuevo.
Sammy tenía razón. Suspiré y me giré, envolviendo mi brazo alrededor de Chica Reed y volteando para encarar a mis compañeros. La chica de relaciones públicas se veía como si hubiera chupado un limón, lo cual era jodidamente gracioso. Sólo mi chica podría llegar en el momento perfecto para decirle a esa perra que nadie iba a poner las manos en su hombre, especialmente no ella.
—Bella, este es Sammy Maddux, Colin Davis y Brady Turner. Chicos, ella es mi prometida, Bella Swan. —Jugué con la idea de no presentar a la chica de relaciones públicas, pero supuse que sería grosero no hacerlo. Aunque no iba a hacerlo bien—. Y ella es la jefa de relaciones públicas, Heather.
—Es Heidi —me corrigió con una apretada sonrisa—. Un gusto en conocerte.
Chica Reed estiró la mano, obligando a Heidi a tomarla.
—Igualmente. Lamento interrumpir su reunión. Me encantaría escuchar más sobre tus planes de caridad. Edward y yo siempre estamos más que felices de poder involucrarnos con la comunidad.
—Sí, bueno, como le decía a los chicos, hacemos visitas al hospital y subastamos cosas firmadas.
—Eso suena maravilloso. El papá de Edward es doctor, y hemos ido al hospital en numerosas ocasiones para visitar a los niños. Es una de las cosas más provechosas que hemos hecho, ¿no, Edward?
Me encantaba que mi chica dejara en claro que ella y yo éramos un equipo. De todas formas la necesitaba cuando visitaba el hospital; ella evitaba que dijera mierdas estúpidas.
—Sí, le dije que no tenía problemas con eso. —Sonreí internamente antes de añadir—: Aunque no estoy seguro sobre el calendario.
Chica Reed se rio suavemente.
—Bueno, eres muy fotogénico, cariño. Siempre me gusta cuando estás sudado después de una práctica y te echas agua en la cabeza. Eso sería una foto sexy y divertida.
Y no estaría semidesnudo. No es que tuviera problemas con mi cuerpo, gracias. Pero la perra de mercadotecnia no iba a verlo.
—Es una muy buena idea, nena. ¿Qué te parece, Hilda?
—Heidi —me corrigió de nuevo, se veía cada vez más irritada.
Ja, hacía mucho tiempo que no jodía a nadie cambiándole el nombre. Eso era divertidísimo.
—Y es una posibilidad. Todavía no organizo nada oficial.
—Bueno, asegúrate de hacernos saber cuando lo hagas —le dijo Chica Reed con dulzura—. Sabes, de hecho estoy bastante cerca de terminar mi licenciatura en mercadotecnia, y me encantaría compartir ideas contigo en alguna ocasión.
—Estoy segura de que eso será encantador. —Heidi se puso de pie—. Tengo que ir a hacer rondas. Gracias por ofrecerse, caballeros. Estaré en contacto pronto. —Sus ojos se detuvieron en mí por un momento antes de dirigirse a otra mesa. Hasta nunca.
—No puedo dejarte solo ni un minuto, ¿verdad? —preguntó Chica Reed, riéndose cuando me senté y la jalé a mi regazo. Sí, había una silla libre ahora que la chica de relaciones públicas ya no estaba, pero la quería lo más cerca posible. Estaba listo para cargarla y sacarla de la habitación justo en este momento, en realidad.
—Sabes que no hice nada para alentarla —comencé, deteniéndome cuando Chica Reed puso un dedo en mis labios.
—Sé que no lo hiciste. Confío en ti. Pero que me maldigan si alguien te subasta al mejor postor, a menos de que sea yo.
—Tú ganas todas las subastas, nena. —La besé de nuevo, y sólo me aparté en busca de aire cuando mis compañeros empezaron a aullar—. Jódanse todos.
—Bueno, es fácil ver por qué nunca va a los clubes con nosotros. Hola, señorita Bella. Soy Sammy. Sé que ya nos presentaron, pero supuse que mi chico ahí pudo haberle revuelto un poco el cerebro con ese beso.
Chica Reed se rio entre dientes y le sonrió.
—Es un gusto conocerte. Edward me ha dicho todo sobre ustedes chicos.
—No creas ni una palabra de lo que te ha dicho. He estado buscando en todas partes para el señor Correcto, y resulta que te tenía escondida en Florida. Bastardo. —Sammy se rio cuando le tiré dedo.
—Deja de coquetear con mi chica. No está interesada.
—Bueno, no sé… ¿por casualidad no ganaste el Heisman? —Chica Reed se disolvió en risas cuando le hice cosquillas—. Olvídalo. Incluso si lo hubieras hecho, Edward ganó dos veces. Él gana, a menos de que Archie Griffin venga a buscarme.
—Qué divertido, nena. Muy divertido. Como sea, ¿qué estás haciendo aquí? —No es que me molestara. Ella era mi sueño hecho realidad.
—Parecía que esto no era algo que quisieras hacer solo, así que compré un boleto y vine por unos días. —Sonrió tímidamente—. También obtuve una entrevista con la Orquesta Sinfónica de New Jersey. Es algo muy difícil pero… —sus palabras se perdieron cuando mis labios se encontraron con los suyos. Estaba jodidamente emocionado por ella.
—¡Nena, eso es genial! ¡Vas a dejarlos impactados! —Su sueño era ser contratada por una de las sinfonías del área cuando se mudara aquí en diciembre. No estaba segura de qué más quería hacer en realidad con su vida, la música era su pasión y talento. Se lo merecía.
Tocó mi mejilla.
—Eso espero. Lo quiero, muchísimo. Me llamaron ayer, y solidificó mi plan de venir y sorprenderte, así que eché todas mis cosas a la maleta y aquí estoy.
—Me alegra mucho que lograras llegar —le dije, sin importarme si sonaba como un mandilón frente a mis compañeros. Mi chica estaba conmigo, donde pertenecía, y eso era todo lo que importaba.
—A mí también.
—Claramente no te pongo a trabajar lo suficientes si todavía tienes fuerza para sostener así a tu chica, Cullen.
Me reí del entrenador.
—Entrenador, esta es mi prometida, Bella. Bella, él es el Entrenador Coughlin.
Ella se puso de pie y tomó su mano.
—Gusto en conocerlo. Edward me ha dicho mucho sobre usted.
—Nada que debería repetir, estoy seguro. —Sonrió al tomar su mano—. Él también me ha contado mucho sobre usted.
—Espero que cosas respetables —dijo, despeinando mi cabello.
Él se rio.
—Sí. Su entrenador de universidad me dijo que usted lo hizo un jugador todavía mejor. Tengo que agradecerle eso.
Chica Reed se sonrojó.
—Estoy increíblemente halagada, pero en realidad no hice nada. Él es extraordinariamente talentoso.
—Sabes que eso no es verdad. Bueno, la parte de talentoso sí —concedí, haciéndolos reír a todos—. Pero sí me haces que sea mejor, nena.
—¿Cómo frena ese ego? —le preguntó el Entrenador a Chica Reed, haciendo que su bonita risa llenara el aire.
—Créalo o no, era peor cuando nos conocimos. No estoy segura de cómo su cabeza cabía en la puerta.
—Mi cabeza cabe perfectamente en… —Ella me calló poniendo la mano sobre mi boca. Lamí su palma mientras todos se reían.
—Y esa es mi señal para irme. Disfruten de su día libre mañana, y prepárense para regresar a primera hora del lunes. Fue maravilloso conocerla, señorita Swan.
—Igualmente —murmuró Chica Reed.
Me paré antes de que ella pudiera sentarse de nuevo después de que se fue el Entrenador. Había tenido suficiente de este jodido lugar. Mi chica estaba aquí, pecaminosamente sexy, y tenía semanas sin tocarla. Era hora de remediar eso. Estaba ardiendo por ella.
—¿Lista para irnos a casa, nena?
Sonrió y se lamió los labios.
—Sí. Fue agradable… —No la dejé terminar antes de jalarla hacia el otro lado de la habitación—… ¡conocerlos! —dijo, despidiéndose de mis sorprendidos compañeros de equipo—. Qué sutil, Edward.
—Si no te llevo a casa y te follo de inmediato, te tomaré en medio de la habitación, amor. Tú decide.
Estaba seguro de que ella podía escuchar la desesperación en mi voz.
—Llévame a casa y fóllame en todas nuestras habitaciones —susurró, mordiéndome la oreja.
Carajo, sí.
