Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 3

—Creo que los elevadores tienen cámaras —susurró Chica Reed en mis labios.

De acuerdo, tal vez la había acorralado contra la pared en cuanto las puertas del elevador se cerraron, pero no podían culparme por eso. Todo el camino a casa desde el banquete había sido un juego previo verbal que incluyó roces juguetones de su mano sobre mi dolorida polla. Estaba a segundos de rogarle que me diera una mamada cuando un policía se paró junto a nosotros en un semáforo. Eso había matado efectivamente mi idea, pero mi polla no se había desinflado en absoluto. Había pasado un mes muy largo desde la última vez que estuve con ella.

—¿Y qué? No podemos ser la primera pareja que folla contra la pared de un elevador. —Defendí mi caso mientras metía la mano bajo su vestido.

Se rio y apartó mis manos justo cuando el elevador anunció nuestra llegada al último piso.

—Sólo treinta segundos más y seré toda tuya. —Puse mis llaves en sus manos y la cargué, corriendo hacia nuestra puerta mientras ella se carcajeaba—. Creo que se supone que todavía no debes cargarme por el umbral —me recordó al meter la llave en la cerradura.

—Ahora, después, ¿a quién le importa? Seguiríamos al principio del pasillo si te dejara caminar y tengo prisa. —Abrí la puerta y nuestros labios se encontraron de nuevo cuando la cargué dentro de nuestro apartamento. Dios, la extrañaba. Quiero decir, lo sabía a cada minuto del día, pero ahora que la tenía de nuevo en mis brazos, me di cuenta de que nada estaba bien sin ella. Podía ir a las prácticas, jugar, pasar tiempo con mis compañeros y demás, pero estar con ella era muchísimo mejor que todo lo demás.

—Mmm, la primera vez rápida, el resto lentas —murmuró seductoramente cuando mis labios encontraron su cuello.

Juro que mi polla estaba lista para romper mis pantalones luego de esas palabras. Toda la noche. La tendría toda la noche, y no íbamos a dormir si de mí dependía. Teníamos mucho tiempo perdido que recuperar.

—No puedo esperar para estar dentro de ti. —Me tropecé contra la pared al quitarme los zapatos, y Chica Reed se rio ante mi rara muestra de torpeza. Aunque me importaba una mierda. Me caería por todo el lugar con tal de llegar a ella.

—Pues apúrate y llévame… —Chica Reed se interrumpió ante el ruidoso maullido enojado que sonó a mis pies—. ¡Rainbow! —Y antes de poder detenerla, se escapó de mis brazos y se agachó para saludar a la bola de pelos que juro nos estaba fulminando a ambos con la mirada.

—No te enojes conmigo. Sabías que tenía una cena esta noche. Te di tus mierdas antes de irme.

Chica Reed se rio entre dientes al recibir unos cabezazos de Rainbow, que aparentemente no estaba enojada con ella por alguna razón.

—También le di dulces cuando llegué aquí para alistarme, ¿verdad, bonita? ¿Has estado cuidando bien a papi? —la arrulló.

Automáticamente hice una mueca por sus palabras. Sí, me parecía bien cuidar a Rainbow mientras Chica Reed terminaba la escuela y todo eso, pero yo no era un papá de ningún tipo. Odiaba esa mierda y Chica Reed lo sabía, lo cual por supuesto era la razón por la que lo decía. Yo era sólo su… cuidador, es todo. Si Rainbow tuviera que quedarse en Tallahassee sin mí, terminaría con toda la ciudad. Todos sabían eso.

Rainbow, por supuesto, ronroneó, se pavoneó y se agasajó al recibir el amor de mi chica. El amor que se suponía yo debería estar recibiendo justo ahora. Ya deberíamos estar desnudos y yo debería estar enterrado dentro de Chica Reed mientras ella gritaba mi nombre.

—Bellaaaaa —comencé, haciéndola sonreír. Carajo, era hermosa. No me sorprendía que mis compañeros se hubieran quedado asombrados al verla. Hacía que la mujer de relaciones públicas pareciera la anciana de la cafetería en la preparatoria que tenía esas asquerosas verrugas peludas en la cara. Nadie se le comparaba.

Se paró y comenzó a tirar de mi corbata.

—Soy toda tuya, Campeón. Durante todo el fin de semana, menos durante mi entrevista. —Se mordió un poco el labio ante ese pensamiento, y la jalé hacia mí.

—No tienes nada de qué preocuparte. Eres una increíble artista, y los vas a dejar asombrados. —Le aparté el cabello de su preciosa cara. Tal vez era por el tiempo que había pasado lejos de ella, pero ahora era incluso más maravillosa que cuando la conocí—. A mí me asombras todos los días. Te amo.

Sus preciosos ojos cafés se abrieron de golpe antes de lanzarse a mí de nuevo. Me reí en sus labios cuando comencé a llevarla hacia la habitación.

—Edward. —Apartó sus labios de los míos y dejó un beso en mi mandíbula—. Te amo. Me haces sentir como si pudiera hacer cualquier cosa que se me ocurra.

—Puedes. Podemos, nena. El mundo es nuestro.

La acosté en la cama, pero antes de poder ponerme sobre ella, Rainbow se subió a la cama y comenzó a frotarse en mi mano. Oh, carajo no. Rainbow era mi chica y todo eso, pero iba a tener que largarse de aquí. Lo que yo tenía planeado era sólo para ojos humanos.

—Afuera, Rainbow. —Por supuesto, sólo se quedó viéndome. Chica Reed se rio cuando cargué a Rainbow y sostuve su cara frente a la mía—. He sido bueno contigo, ¿no? Te he cuidado, te he alimentado, te he abrazado y todas esas mierdas. Tienes que darme esto. No seas un estorbo, Rainbow.

—Me encanta que todavía sigues hablando con ella.

Rodé los ojos ante su diversión y saqué a Rainbow de la habitación.

—Tienes que darme esto, Rainbow. Lo juro por Dios; compartiré mi almohada contigo cada noche si dejas que Chica Reed y yo compartamos este fin de semana. Te compraré más de esas molestas cañas de pescar que siempre rompes, y te compraré otra torre para ese jodido condominio para gatos que tuvimos que comprarte.

La llevé a la habitación de invitados y la puse en dicho condominio. Era ridículo. Rainbow tenía su propia jodida habitación con ese castillo en el que ella amaba sentarse y mirar por las ventanas durante infinitas horas.

—Sólo quédate ahí. —Le di un montón de sus dulces, y ella comenzó a comer así que corrí de regreso a la habitación. Cerré la puerta y le puse el seguro.

—Listo, creo que… —Me giré y fui recibido por la visión de una Chica Reed desnuda y acostada en la cama, sonriéndome.

—No creo que pueda entrar. —Palmeó la cama junto a ella, pero yo estaba algo congelado en mi sitio. Estaba hechizado por la imagen que ella creaba, acostada de lado, una pierna bronceada que doblaba la rodilla en el aire, la otra acostada en la cama, de forma que ella quedaba abierta y lista para mí.

—No se sabe. Rainbow es inteligente. Podría descubrir cómo abrir el seguro. No me sorprendería de ella. —Pero esa gata era la última cosa en mi mente porque mi chica bajó la mano y comenzó a acariciarse su coño mientras yo hablaba. Me quedé pasmado ante esa hermosa imagen.

—¿Vas a quedarte ahí parado toda la noche, o vas a venir a tomar lo que has estado deseando durante el último mes?

Sus palabras me pusieron en acción, y avancé hacia ella, desabrochando mis pantalones al caminar. Se puso de rodillas y comenzó a soltar mi camisa. Estaba tan duro como una roca y quería tocarla, pero tenía que quitarme los pantalones y estaba tardando demasiado. Me los bajé junto con mis boxers y caí sobre ella.

Ambos nos reíamos al intentar quitarme la ropa sin separarnos. Nuestros cuerpos estaban presionados juntos, y no quería soltarla el tiempo suficiente para terminar de quitarme los pantalones. Mi camisa estaba abierta pero todavía la tenía puesta, y Chica Reed mordió mi cuello, haciéndome cruzar los ojos mientras maldecía e intentaba liberarme.

—Sólo entra en mí —exigió, y estuve más que listo para cumplir lo que me pedía. Embestí mi entrada a casa, y ambos gemimos cuando la llené—. Sí —siseó, envolviendo sus piernas alrededor de mí.

Mis embestidas eran endemoniadamente erráticas, pero a ninguno nos importó porque ella se sentía perfecta. Chica Reed era mi hogar. Estar dentro de ella era el lugar más feliz de todos para mí. Estaba cálido y apretado, y no había nada mejor.

Ella se quedó sin aliento y comenzó a jadear cuando aumenté la velocidad. No había manera en que pudiera durar mucho esta primera vez. Afortunadamente, como siempre, Chica Reed estaba ahí junto conmigo. Gimió mi nombre, apretándose alrededor de mí cuando ambos nos corrimos al mismo tiempo.

—Joder, gracias —murmuré cuando nos di la vuelta para que ella quedara tirada sobre mí. Se movió así que me salí de ella, e inmediatamente extrañé estar ahí dentro.

—Te extrañe. Extrañé lo nuestro. Extrañé esto. —Su mano rozó mi polla, y juro que comenzó a regresar a la vida de nuevo. Eso es lo que pasa cuando me privaba un mes del sexo.

—Yo también, nena. Más de lo que las palabras podrían decir.

Se rio entre dientes antes de besarme con suavidad. Bajé mi mano por su espalda mientras ella se acurrucaba en mí. También había extrañado esto tanto como lo otro, pero me sentía como un marica diciéndolo. De todas formas ella lo sabía.

—No soy la única que te extraña, sabes.

Gemí ante la sonrisa que se movió sobre su rostro.

—No me digas esas mierdas. He hablado con él por teléfono un par de veces.

—No lo suficiente para satisfacer a Jasper. Dice que necesita que le expliques unas cosas para el juego contra el Estado de Oklahoma.

¿En serio?

—Nunca he jugado contra el Estado de Oklahoma.

—Lo sé, pero está nervioso y necesita a su mejor amigo para que lo tranquilice.

—Jodido infierno. ¿Ese no es el trabajo de Pequeña?

Chica Reed se rio entre dientes.

—No, su trabajo es excitarlo. Su marihuana era lo que lo tranquilizaba.

—Pequeña nunca debió quitarle ese vicio. —Por supuesto, su culo hubiera fallado el examen de drogas rápidamente si ella no lo hubiera hecho. A mí me hacían más exámenes de los que deberían ya que era el mariscal novato.

Chica Reed me estaba viendo, sus hermosos ojos cafés me rogaban. Carajo. Ambos sabíamos que no podía decirle que no a ella.

—Bien, le llamaré la siguiente semana y le daré unas mierdas en qué trabajar.

—Gracias, cariño.

—Oh, me agradecerás dentro de poco tiempo. —Le hice cosquillas a Chica Reed y disfruté la forma en que sus gritos nos sacudían a ambos.

—Es a mí a quien le estarás agradeciendo, señor. —Se sentó y me montó. Mis manos inmediatamente se fueron a sus pechos, porque eran maravillosos y estaban justo ahí y no había podido jugar con ellos en un largo tiempo.

Chica Reed me sonrió cuando empezó a embestir su caliente y mojado coño contra mi polla. Oh sí, estaba listo para la segunda ronda.

—No puedo creer que estoy aquí contigo. Parece que ha pasado más tiempo que sólo un mes.

Me senté y besé su sexy boca.

—Lo sé. Cada día parece un año sin ti. —Rocé mis dedos sobre su suave mejilla—. ¿Mi hermano te está cuidando? Le dije que estuviera al pendiente y…

Me interrumpió con un beso.

—Sí, cariño. Él y Rose me llaman a diario y me visitan un par de veces a la semana. Alice y Jasper van los otros días. Diría que apenas tengo tiempo a solas para extrañarte, pero no es verdad. Te extraño incluso cuando ellos están ahí. Tal vez más.

—Eso no debería tener sentido, pero sí lo tiene. Cuando fui a cenar a casa de Eli hace un par de semanas, y su esposa y niños estaban ahí, te extrañaba jodidamente mucho.

—Es muy amable de su parte invitarte a cenar.

Asentí.

—Eli es agradable. Me da consejos para la ofensiva y esas mierdas. Es una pena que su hombro esté lastimado, pero me está ayudando.

—Lo que todos los compañeros deberían hacer. Como tú ayudando a Jasper a pesar de que no estás allá.

Como si no supiera lo que estaba haciendo.

—Ya dije que le llamaría.

—Lo sé, y me alegra. Todos te extrañamos. A Emmett le encanta ser entrenador, pero creo que le gustaba más cuando tú estabas ahí para ordenarte.

Bajé mis manos por sus costados y la miré temblar ante mi toque.

—A mí no. Tú eres la única a la que quiero dándome órdenes.

Un lastimoso llanto vino del otro lado de la puerta, y Chica Reed se rio.

—Parece que la Señora Rainbow no está de acuerdo.

Al carajo con eso. Estiré la mano hacia el buro y agarré el control remoto del estéreo, lo encendí para ahogar el llanto de Rainbow.

—¡No estorbes! —grité.

Chica Reed se rio.

—¿Qué vas a hacer el día que tengamos hijos?

—Sacarlos y decirles que no estorben.

—Sí que lo harías.

—Claro que sí, nena. —La alcé y alineé mi polla con su perfecto coño, deslizándome dentro—. Nada ni nadie me alejará de esto.

Se echó hacia atrás y comenzó a montarme. Miré fascinado como mi polla aparecía y desaparecía con cada embestida que ella tomaba. Tan jodidamente caliente. Sus pechos estaban saltando y su boca estaba medio abierta mientras me montaba acercándose a otro orgasmo.

Metí la mano entre nosotros y jugué con su clítoris, haciéndola gemir y moverse más rápido. No había nada en esta tierra mejor que tener a mi chica montándome. En serio quería grabar esta mierda para poder verla cuando tuviera que estar sin ella por semanas sin fin, pero ya había sugerido eso antes y no estaba dispuesto a quedarme sin nada cuando sólo la tendría por cuarenta y ocho horas. Lo sugeriría una hora antes de que ella se fuera o así.

—Te sientes tan bien —me dijo Chica Reed. Movió las caderas y gimió cuando golpeé en el punto. Sostuve sus caderas y embestí para encontrarme con ella, golpeándola de nuevo ahí cuando ella se desmoronaba. Unas embestidas más, y estaba justo ahí con ella.

—Mmmm. —Colapsó en mi pecho, y apreté mis brazos a su alrededor. Esto, justo aquí, era donde quería estar, siempre. Acaricié su espalda mientras ella rozaba mi pecho con sus labios—. No puedo esperar hasta diciembre.

—Yo tampoco, nena. Después de esto, jamás volveremos a estar separados.

—Me parece bien. —Bostezó, y se me ocurrió que ella había tenido un día bastante largo con la escuela, el vuelo, la fiesta y, por supuesto, dos rondas de maravilloso sexo.

—¿Necesitas dormir, nena?

Suspiró, alzándose para poder verme a los ojos.

—No quiero, pero la entrevista es a las diez y…

La callé con un beso.

—No digas más, nena. Dormiremos un poco y después de tu entrevista…

—Será todo el tiempo para estar desnudos —terminó con una sonrisa. Se bajó de mí y se dirigió al baño—. ¿Puedes dejar entrar a Rainbow? Extraño dormir con ustedes dos.

Probablemente era lo mejor. Si mantenía a Rainbow fuera de la habitación todo el fin de semana, ella encontraría una manera de vengarse de mí. Popo en la almohada, pipi en mi ropa de ejercicio, ¿quién sabría? Eso sí, no sería bonito. Me puse unos boxers y fui a la puerta. Rainbow me fulminó con la mirada, asegurándose de golpearme con su cola al pasar junto a mí.

—No me salgas con tus mierdas. Lo entenderías si no estuvieras loca. —Rainbow enojada. Ahora esa era una idea espeluznante. Cosa de pesadillas. Era mejor no pensar en ello.

Me uní a Chica Reed en el baño y me preparé para la cama. Sonrió cuando vio a Rainbow posicionada en su lugar justo en medio de nuestras dos almohadas.

—No ha olvidado cómo dormimos.

—Por supuesto que no, nena. Rainbow es inteligente, y te extraña tanto como yo.

Chica Reed se rio al meterse en la cama.

—Aunque no de la misma forma.

Eso era cierto.

—Buen punto. —Rainbow me dio un cabezazo, y supe que estaba perdonado por sacarla. Se movió para que su cabeza quedara en mi cuello. Chica Reed se acercó lo más posible y envolvió su brazo a mí alrededor. Ahora todo estaba justo como debería ser. Chica Reed tenía razón. Diciembre no podía llegar lo suficientemente rápido.