Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 5
—Sólo pónganlo por ahí —le dije a los masajistas o como jodidos sea que se llamen. Creo que la señora del spa les llamó técnicos del cuerpo o algo así de ridículo. Como sea. Traje a una chica para Chica Reed y hombre para mí, a pesar de que preferiría que fuera una mujer para mí, pero ningún hombre tenía permitido tocar su perfecta piel, así que supuse que ninguna mujer podía tocar la mía. Era una de esas Reglas de Relaciones de las que mi padre siempre me estaba hablando, aunque en primer lugar yo nunca le preguntara.
Los dejé para que prepararan sus mesas, lociones y esas mierdas, y me dirigí a la habitación. ¿Velas puestas y listas para encender? Listo. ¿Rosas junto a la cama? Listo. No iba a tirar pétalos sobre toda la cama como el estúpido de Jasper me había dicho por mensaje porque esa mierda sería un dolor de culo a la hora de limpiar y no quería pétalos pegados a mi trasero cuando Chica Reed me montara. Hablando de jodidos arruinadores de ambiente.
El baño tenía más velas listas para ser encendidas, junto con una jodida botella de espuma de burbujas para baño carísima que había comprado en una tienda de chicas que encontré mientras hacía mis recados. No tenía ni idea de por qué esa mierda costaba cincuenta dólares la botella, pero olía bien y la dependienta me había asegurado que cualquier chica amaría un lujoso baño de burbujas. En algún punto cuando comenzó a parlotear sobre beneficios para la piel, dije que lo llevaría y salí corriendo de la tienda tan rápido como fuera humanamente posible. En este punto estaba a tan sólo un paso de comprar tampones. Al carajo con eso. Nunca pasaría.
Todo parecía estar listo, así que salí del baño y vi a Rainbow pegándole a las rosas que había dejado en el buró de Chica Reed.
—Oye, ¡no destruyas las flores! —Vi unas marcas de mordidas en uno de los pétalos y la cargué antes de que pudiera causar más daños—. ¿Qué pasa contigo y tu incapacidad de dejar en paz cualquier cosa nueva que entra a la casa? —En serio se obsesionaba con cualquier cosa que yo trajera. Podría traer un calcetín y ella estaría sobre él—. Rara.
Ronroneó y me cabeceó cuando la llevé de regreso a la sala. Vio a los masajistas y se removió para que la bajara. La solté, y se subió a una de las mesas, oliéndola y revisándola con su cola agitándose en el aire. La chica comenzó a hacerle cariños y eso complació a Rainbow, así que la dejé y fui a la cocina.
En el refrigerador había fresas cubiertas de chocolate enfriándose, junto con el champagne. Chica Reed había dicho que pizza estaba bien, pero podía hacer algo mejor que eso. Un restaurante que hacía entregas a domicilio traería filetes a las siete. Todo estaba listo, y Chica Reed llegaría a casa en cualquier minuto. Había llamado después de su audición, y no había podido averiguar por su tono cómo le había ido. Esperaba que bien. Yo lo quería para ella tanto como ella lo quería para sí misma.
No tendría que esperar mucho. Escuché su llave en la puerta y me apresuré para recibirla. La sonrisa que cruzó su hermosa cara cuando entró me dijo todo lo que necesitaba saber.
—Lo obtuviste. —La envolví en mis brazos y se rio entre dientes cuando le di vueltas. ¿De dónde carajo había salido eso? Me estaba convirtiendo en una jodida chica.
—No lo sé todavía, pero me fue bien. Muy bien.
La bajé y la besé ruidosamente.
—Lo obtuviste. Puedo sentirlo.
—Bueno, lo sabré en unas semanas. Luego sólo faltarán pocos meses hasta que pueda mudarme aquí permanentemente. —Su cara cayó un poco ante el recordatorio de que ella me dejaría pronto. Demonios, también la mía cayó, pero no iba a dejarla estar triste esta noche. No después de que le fuera tan bien en la audición.
—Nada de eso hoy, nena. Necesitas cambiarte.
Chica Reed me alzó una ceja.
—Creí que el código de vestimenta de esta noche era nada.
Sonreí al jalarla hacia la sala.
—Iremos encaminándonos hacia eso. Y todo lo que necesitas ahora es una bata. —Luego recordé que había otro hombre aparte de mí en la habitación. Carajo—. Una bata y unos shorts. —Podría quitarse la bata después de estar bocabajo en la mesa.
—¿Qué es todo esto? —preguntó, viendo las mesas de masaje. Se rio cuando vio que Rainbow estaba recibiendo su propio masaje en una de las mesas—. Creo que Rainbow se está acostumbrando mucho a la vida cara.
No mierda. ¿Masajes para gatos? Probablemente Rainbow intentaría exigirme esa mierda a partir de ahora. No iba a pasar.
—Sólo te está cuidando el lugar. Vamos a cambiarnos, nena. —La llevé a la habitación, y lanzó sus brazos a mi alrededor cuando vio las rosas y las velas.
—Esto es increíble.
—Te lo mereces. Sabías que te quería en la fiesta, y llegaste justo a tiempo para salvarme de descargarme en esa insistente mujer de relaciones públicas.
Chica Reed se rio de eso.
—Te partiste el culo para poder graduarte antes y así poder estar juntos más rápido. Pateaste unos traseros hoy, y pronto serás la mejor oboísta de la Sinfonía de New Jersey. Te mereces todo esto y más.
—Oh, Edward. —Carajo, había lágrimas en sus ojos. Sabía que eran lágrimas de felicidad, pero aun así esa mierda me asustaba. Me besó y la apreté contra mí—. Te amo —murmuró una y otra vez, besándome a pesar de sus lágrimas.
—También te amo, nena. De eso se trata esta noche.
Me soltó y sonrió, limpiándose las lágrimas.
—Sí que vas a tener sexo más tarde.
Me reí, buscando en el cajón donde había metido otra sorpresa.
—Estaba contando con eso. Esto es para ti.
Tomó la caja de mis manos y la abrió antes de que pudiera parpadear. Hizo "oh" a la bata de seda blanca que encontró dentro.
—Mi uniforme para esta tarde, ¿eh?
—Al menos hasta después de la cena.
Me lanzó una sonrisa pícara y comenzó a desabrocharse la blusa. Estiré la mano para ayudarle con eso, así que se puso a trabajar en su falda. Estuvo desnuda en tiempo record, y se rio cuando agarré unos shorts y se los di.
—Él no va a ver tus cualidades.
—Bien, pero tú también te quedas con los shorts puestos.
—Cuenta con ello, nena. No quiero estar desnudo mientras un tipo tiene sus manos en mí.
Sus burlas se convirtieron en suspiros cuando la ayudé a ponerse la bata.
—Tan suave.
—Igual que tu piel. —Bajé un dedo por su cuello y la miré estremecerse—. Ven, antes de que la gata se gaste todo nuestro tiempo.
Se rio y salimos de la habitación tomados de la mano. La acompañé a su mesa y tuve que reírme con ella al ver a Rainbow recibiendo un masaje en sus hombros. Estaba en el paraíso, ronroneando ruidosamente con los ojos cerrados.
—De acuerdo, Rainbow, hora de levantarse.
Abrió los ojos y juro que me fulminó con la mirada.
—No voy a pagar cientos de dólares para que te den un masaje a ti. —La cargué y la dejé en el piso.
Chica Reed sacudió la cabeza al subirse en la mesa. Me atravesé frente a ella, bloqueándole la imagen que el masajista pudo haber visto mientras ella se quitaba la bata.
—Estoy lista —dijo y soltó un gemido cuando la mujer le puso aceite y empezó a trabajar. Ese era uno de sus gemidos sexuales. Esta era una mala idea.
Me giré y esta vez encontré a Rainbow en mi mesa. Me quité la camisa y luego quité a Rainbow. Maulló para mostrarme su descontento y luego se fue con la cola alzada al aire. Sí, estaba enojada. Oh bueno. Me subí a la mesa e intenté no escuchar a mi chica gimiendo y suspirando junto a mí. No me iba a poner duro con las manos de un tipo en mí. Al carajo con eso.
Mi chica estiró la mano y entrelazó sus dedos con los míos, me permití relajarme mientras el masajista hacia su trabajo. Tenía que admitir que se sentía bastante bien. Para cuando él terminó, mis músculos estaban más relajados de lo que habían estado desde que comenzó el campamento de entrenamiento. Y lo que sea que usaran en nosotros olía jodidamente bien. Los gemiditos de Chica Reed me pusieron ansioso por la noche que nos esperaba, pero al menos logré mantener a raya mi polla al pensar en Jasper viéndome mientras dormía. Todavía tenía pesadillas de él entrando a mi habitación en los dormitorios y viéndome dormir.
Les agradecí y les di una generosa propina a los masajistas cuando terminaron, dándole un extra a la chica por encargarse de Rainbow mientras nos alistábamos. Prácticamente los empujé por la puerta y tacleé a Chica Reed en el sillón, ahogando su risa con besos mientras mis manos se metían debajo de su bata y sentían su suave piel, la cual estaba incluso más suave después de los aceites y lociones que habían usado en ella.
—Hueles lo suficientemente bien para comerte —le dije, oliendo su cuello mientras ella se removía debajo de mí.
—Entonces, ¿por qué no lo haces? —Su voz sonaba sin aliento y endemoniadamente sugestiva.
Le sonreí.
—¿Por qué no? —Tuve su bata abierta y le quité los shorts en tiempo record. Sus gemidos eran jodidamente más ruidosos de lo que habían sido estando en esa mesa cuando abrí sus piernas y me dirigí a mi objetivo con lengua y dedos.
A los pocos minutos ya estaba gritando y estremeciéndose alrededor de mí, pero yo todavía no terminaba. Estaría sin su sabor durante varias semanas, así que iba a llenarme por completo. Lamí, mordí y chupé su clítoris mientras mis dedos la follaban, a veces lento, a veces rápido, sin detenerme hasta que ella se corrió varias veces. Su cuerpo seguía temblando cuando me quité los shorts y me deslicé dentro de ella. Estaba caliente y mojada, y nuestros resbaladizos cuerpos se deslizaban juntos, teníamos los dedos unidos. Lo hicimos lento, besándonos suavemente, mirándonos el uno al otro mientras yo entraba y salía de ella. Se corrió conmigo, apretándose a mi alrededor justo cuando me dejé ir.
—Eso fue increíble —murmuró.
Jodidamente cierto. Siempre lo era con nosotros, pero esta vez ocupaba el puesto entre las mejores de todas.
Antes de poder decir algo demasiado mandilón, mi celular sonó.
—Esa debe ser nuestra comida. —Le di permiso al chico de entregas para que subiera a la puerta y ayude a Chica Reed a levantarse, metiéndola de nuevo en su bata. De ninguna manera él iba a ver a mi chica.
—¿Qué le pasó a la pizza? —preguntó Chica Reed cuando vio el festín que había en el comedor.
—Esta noche es especial. Déjame mimarte antes de que regreses a la escuela, a ensaladas y esas mierdas.
Chica Reed se rio al cortar su filete.
—No es como si estuviera comiendo fideos todas las noches. Pero este es un buen detalle.
—Sabes que podemos permitirnos… —comencé, callándome ante su mirada.
—No empieces. Tú sigues pagando la mitad de la renta, o más de la mitad.
Sonreí por la mirada que me envió. Y qué si mandaba un extra cada mes, no había nada que ella pudiera hacer al respecto.
—No me quejo. Pero no necesito nada más. Estoy viviendo bien.
Una cosa más que amar de mi chica. Definitivamente no me estaba usando por mi dinero. No se ponía histérica cuando lo gastaba en ella, pero tampoco esperaba que lo hiciera.
—No quiero que vivas sólo bien, nena. Te mereces más.
Soltó su tenedor y tomó mi mano.
—Me das todo lo que alguna vez pude soñar, Edward. Y si me consintiera de esta manera todas las noches, entonces no lo apreciaría cuando tú me lo dieras. Prefiero tener una tarde especial como esta que miles de ellas. Significa más.
Carajo, me mataba. Llevé su mano a mis labios y le di ligeros besos.
—Te amo.
—También te amo.
—Es sólo que no me gusta pensar que vives con carencias sólo porque no estoy ahí.
Chica Reed se rio.
—Edward, no soy indigente. ¿Te haría sentir mejor si te asegurara que si necesito algo, te lo diré?
Habíamos tenido esta discusión antes, y sabía que lo decía enserio. No quería que la agregara a mi cuenta de banco hasta que estuviéramos oficialmente casados. Yo creía que eso era ridículo, pero Chica Reed podía ser terca cuando quería.
—Bien —murmuré, mordiendo mi filete. Estaba jodidamente bueno. Igual que las papas e incluso la mezcla de vegetales.
—Si te hace sentir mejor, use la tarjeta de crédito para volar hasta aquí.
De hecho, sí me hacía sentir mejor. No quería que gastara cientos de dólares que no tenía sólo para llegar a mí. Yo pagaría por eso en cualquier momento.
—Qué bueno. —Sabía que se estaba cuidando. Y yo me aseguraba de que mi hermano también la estuviera cuidando—. Ahora cuéntame de tu audición.
Su cara se iluminó, y habló y habló sobre las piezas que tocó y el hecho de que le pidieron que tocara una o dos canciones al azar y ella lo logró. A pesar de que no conocía la mitad de las cosas de las que hablaba, me encantaba escucharla hablar sobre su música. Ella la amaba de la misma forma en que yo amaba el futbol.
—Estuvo increíble —murmuró, poniéndose de pie y estirando la mano hacia mi plato.
—Oh, no. —La detuve. De ninguna manera se iba a encargar de los trastes esta noche—. Sólo quédate aquí.
Corrí al baño y abrí la llave del agua. Luego le eché las burbujas y encendí las velas.
—Perfecto —dije después de revisar la habitación.
—Sí, lo eres.
Me giré de donde estaba agachado junto a la tina y ahí estaba, de pie en la puerta, su cara iluminada por las velas, la bata pegándose a su piel.
—Eres tan jodidamente hermosa. —Me acerqué a ella y la besé ligeramente antes de sacarle la bata de los hombros. Dios, ese cuerpo suyo. Había visto más que mi cuota justa de cuerpos antes de que ella llegara, pero en realidad nadie se comparaba a ella. La llevé a la tina antes de que olvidara todo y la follara ahí justo junto a la puerta como me moría por hacer.
—Gracias —dijo cuando la ayudé a entrar—. ¿Me vas a acompañar?
¿Por qué carajos no? Después de todo, debería ver a qué se debía tanto alboroto con ese carísimo jabón para burbujas. Me quité los shorts de entrenamiento que había usado para el masaje y me metí al agua. Sí olía jodidamente bien.
Se movió entre mis piernas, su espalda quedó presionada contra mi pecho, subí y bajé mis dedos por sus brazos, frotando las burbujas sobre su piel.
—Esto es fantástico —me dijo, descansando la cabeza en mi hombro. Besé la curva de su cuello porque estaba ahí y ella era irresistible.
—Jasper me ayudó a añadirle un poco a la noche —admití a regañadientes. Ella se rio ante mi tono—. También mi hermano, aunque él fue más un estorbo, como siempre.
—Me alegra que hablaras con ellos. ¿Hiciste que Jasper se sintiera mejor por el juego?
Me encogí de hombros.
—Le dije que me mandara algunos videos y le daría algunos consejos.
Ladeó la cabeza y me besó la mandíbula.
—Eres un buen amigo, Edward.
—Todavía no estoy seguro de cómo ese raro se convirtió en mi amigo. —Él era como una pequeña hierba que creció y no se iba, sin importar cuántas veces lo intentara.
—Porque detrás de ese exterior ególatra existe un corazón muy grande.
Maldición, eso era vergonzoso.
—Sí, sí. No le digas a nadie.
Se rio y se removió para encararme.
—No lo haré. Ese corazón tuyo me pertenece a mí.
—Sí, te pertenece.
Y luego nos estábamos besando y ella estaba frotándose sobre mí, y sentía que iba a explotar. Me paré y agarré unas toallas, jalándola y secándola antes de hacerlo conmigo. Luego apagué las velas y la llevé de regreso a la habitación.
La ayudé a subirse a la cama.
—Espera aquí.
—¿Hay más?
Le lancé una sonrisa.
—Siempre.
Se recargó contra la cabecera.
—Tráelo, cariño.
Corrí a la cocina y saqué las fresas, sirviéndonos champagne rápidamente. De ninguna manera iba a dejar a una Chica Reed desnuda en nuestra cama más tiempo del necesario.
Llevé las cosas al cuarto y le sonreí a mi entusiasta y desnuda chica.
—Postre.
—Hmm, pensé que estaba a punto de recibir eso antes de que salieras de la habitación.
Esa era mi chica. Le di una copa de champagne y las fresas antes de subirme a la cama junto a ella y agarrar mi propia copa.
—Oh, también te daré eso, nena. Pero primero, brindo porque consigas un trabajo jodidamente maravilloso en la sinfónica y por nosotros dos viviendo nuestros sueños, juntos. De la forma en que debería ser.
—Me parece bien.
Chocamos las copas y ella le dio el primer sorbo mientras yo agarraba una fresa y se la ofrecía. Sí, fue jodidamente caliente cuando ella puso sus hermosos labios alrededor de la fresa y la mordió. Un poco de chocolate se despegó y cayó en su estómago, haciéndola reír.
Antes de que pudiera agarrarlo, yo dejé mi copa de lado.
—Permíteme. —Me agaché y saqué la lengua, lamiendo su piel alrededor del chocolate antes de chuparlo con mi boca—. Deliciosa —le dije, sonriendo ante la expresión deslumbrada en su rostro.
Negó con la cabeza y me respondió con una apasionada sonrisa.
—¿Hablas de mí o del chocolate?
Como si hubiera punto de comparación.
—De ti. Siempre de ti.
Dejó su champagne en un lado y puso las fresas junto a ella.
—Entonces tómame.
Agarré un condón y lo hice. Una y otra vez durante toda la noche. Ambos sabíamos que nuestro tiempo era limitado, e hicimos lo mejor que pudimos para aprovecharlo al máximo. Nos quedamos en cama hasta el último minuto posible. A pesar de que no quería que se fuera, manejé como si fuera perseguido por el diablo para llevarla a tiempo al aeropuerto.
Estacioné y la acompañé al área de facturación. Apestaba que nuestra despedida tuviera que ser pública, pero tampoco iba a dejarla en la acera para luego irme.
—Llámame en cuanto llegues a casa.
—Lo haré. —Su cara se veía triste—. Odio tener que irme.
—También odio que te vayas. Pero vendrás a mi primer juego, ¿verdad?
—Claro. Cuatro semanas. No es tanto tiempo. —Sonaba como si intentara convencerse a sí misma, así que no me admití a mí mismo que sonaba como si fuera toda una vida.
—No lo es. Y para entonces, ya sabremos lo de tu trabajo así que podremos celebrar tu victoria y la mía.
Se rio.
—Siempre lleno de confianza, ¿verdad?
Maldición, así era.
—Así es.
Estiró los brazos, sus manos acunaron mi cara.
—Amo eso de ti.
Le sonreí.
—Ya lo sé. —Deslicé mis manos alrededor de su cintura y la jalé a mí—. Te amo.
—También te amo.
Nos besamos hasta que ella tuvo que irse. Me quedé con ella mientras facturaba y la acompañé tan lejos como me permitía el aeropuerto. Jodidos terroristas que lograron que yo no pudiera acompañarla todo el camino hasta el avión.
—Debí comprar un boleto a cualquier lugar para poder acompañarte.
Se rio de mi culo patético, como sabía que haría.
—Sería una pérdida de dinero.
—¿Y qué? Lo tengo para perderlo.
—Guárdalo para algo mejor. —Me besó de nuevo, fue demasiado breve—. Tengo que irme.
—Lo sé. Te amo. Te veré pronto. —Tenía lágrimas en los ojos, y yo tenía la jodida sensación de que también quería llorar. Odiaba cuando ella se iba.
—Te amo. Y te llamaré en unas horas.
—Adiós, nena.
Un beso más y ella se fue. Me quedé hasta que ya no pude seguir viendo su delicioso culo. Cuatro semanas más. No me matarían. O eso esperaba.
