Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 9
¿Por qué pasaba que el jodido día en que me quería ir a casa temprano, el día transcurría lentísimo? Estaba en otra interminable reunión, mirando el reloj y pretendiendo escuchar al Entrenador repetir la misma mierda de la que ya habíamos hablado como tres mil veces. Estaba listo. Él lo sabía. Y justo ahora, la única cosa en la que podía concentrarme era que debí haber salido por esa puerta hace una hora.
—¿Tienes algún lugar más importante donde estar, Cullen? —preguntó, fulminándome con la mirada.
Carajo. Supongo que notó que mi mente estaba en otra parte.
—No. Por supuesto que no.
Se rio. Cabrón.
—Tu chica te está esperando, ¿no?
—Se supone. —No sabía a ciencia cierta ya que la única vez que saqué mi celular para ver si me había mandado mensaje, él me miró con odio y amenazó con poner a Montoya en mi lugar.
—Y estás ansioso por llegar a casa con ella.
No mierda, Sherlock. Sabiamente mantuve la boca cerrada y asentí. No iba a hacer que me mandara a la banca durante el primer juego del año. Mi debut. Edward Cullen, Gigante de Nueva York. Jodidamente increíble.
—¿Qué harás si muestran un blitz de seguridad en la tercera y corta?
Parpadeé por su abrupto cambio de tema.
—Marcar a Jennings.
Asintió y me lanzó diez preguntas más. Respondí cada una para su satisfacción.
—Lo harás bien. No dejes que tu chica te mantenga despierto hasta tarde hoy. Te espero a las ocho para mirar más cintas.
¿Ocho? Era mejor que las seis que estaba esperando.
—Estaré aquí.
—Bien. Sal de aquí. Te diría que pasaras buena noche, pero no creo que eso vaya a ser un problema.
No, ciertamente no lo sería. Estuve fuera de la puerta en un segundo y casi junto a mi carro cuando escuché que gritaban mi nombre. Carajo, otra vez. Demonios no. Volteé y vi que Heidi agitaba la mano furiosamente hacia mí, su carro estaba una fila más allá del mío.
Le dediqué un saludo a medias y abrí mi carro. Antes de poder meterme, su mano cayó en mi espalda y rápidamente me la quité antes de girarme para encararla.
—¿Qué quieres? —pregunté, no estaba de jodido humor para ser amable con su persistente culo. ¿No había dejado perfectamente claro que estaba comprometido la última vez que hablamos? ¿Cuánto me costaría metérselo en la cabeza?
Retrocedió un paso, sin duda sorprendida por mi respuesta, pero en realidad no podía molestarme en importarme una mierda.
—Mi carro no enciende y esperaba que tú pudiera revisarlo…
¿Hablaba en serio, carajo?
—¿Qué demonios te haría pensar que yo sé mierda alguna sobre carros? Sé cómo llamar a un remolque e imagino que tú también.
—Vaya. —Parpadeó y retrocedió un paso—. No tienes que ser tan grosero. Pensé en preguntarte porque te vi.
Carajo.
—Perdón. Ha sido un día muy largo y necesito llegar a casa.
—¿Estás preocupado por mañana? Vas a estar genial, lo sabes.
Sonreí por eso.
—Nunca me preocupa lo que pasa en el campo. —Sólo lo que pasa fuera del campo.
—Todos estamos muy emocionados por tenerte aquí. Eres talentoso, guapo, inteligente y extremadamente negociable. Hacerte la cara de los Gigantes por la siguiente década o más va a ser puro placer.
¿Estaba imaginando mierdas o ella había ronroneado esas últimas palabras?
—Sí. Bueno, como sea. Tengo que irme. Suerte con tu carro.
—¿Podrías darme un aventón?
Nop, claramente no lo había imaginado. Estaba inclinándose hacia mí con esa mirada hambrienta de nuevo. Al carajo con esto.
—Perdón. Voy a casa para darle uno a mi prometida.
Su boca se abrió con un "oh" de sorpresa. Me metí al carro y me fui, dejándola ahí parada. Tal vez fue un acto de patán, y tal vez realmente sólo quería un aventón, pero no tenía el tiempo ni la energía para lidiar con ella. Mi chica me estaba esperando y nada ni nadie me iba a separar de ella por un momento más.
Xoxoxoxoxo
Abrí la puerta de golpe y prácticamente corrí a la sala, gritando su nombre.
—¿Chica Reed? ¿Nena? ¿Estás aquí?
—¡En la sala, nene! —respondió una profunda voz masculina. Jodido infierno. ¿Qué estaba haciendo él aquí?
Giré en la esquina y me detuve de golpe cuando vi a toda mi familia sentada en la sala junto con mi Chica Reed. Le lancé una mirada, ella se encogió de hombros y musitó un perdón para mí. Jodido infierno, ¿qué era esto?
—¿Por qué están aquí? —pregunté antes de poder detenerme.
—Qué amable, hijo. —Papá se acercó y me dio un abrazo antes de soltar a mamá en mí. Ella llenó mi cara de besos y musitó lo mucho que me había extrañado y que no la llamaba lo suficiente. Jodido infierno. Se suponía que ya debía estar desnudo y enterrado en Chica Reed, no rodeado por familia.
Finalmente escapé las garras de mamá y luego mis brazos estuvieron alrededor de la persona adecuada. Enterré la cara en su cabello e inhalé su aroma. Su almohada había dejado de oler como ella y lo extrañaba.
—No fue mi idea —susurró en mi oído—. Tu madre llamó y… ya sabes cómo es.
Sí, lo sabía. Mi madre era una fuerza de la naturaleza. Me había sorprendido cuando ninguno de ellos indicó que estarían aquí para mi primer juego, pero ya que Chica Reed iba a estar aquí, eso era todo lo que me importaba.
—Sí, lo sé. —Y luego rocé mis labios sobre los suyos, ella suspiró y se derritió sobre mí y eso fue todo lo necesario. La aplasté contra mí y la besé como si mi vida dependiera de ello. Y tal vez así era. Cuatro semanas había sido demasiado tiempo desde la última vez que la tuve en mis brazos.
—¿No puedes esperar hasta que nos vayamos al hotel antes de que inhales su cara?
Le tiré dedo a Rubia en lugar de responderle.
—¡Edward Anthony Cullen!
Mierda, mamá estaba en modo de regaño. Me aparté con reticencia de Chica Reed y me giré hacia ella.
—¿Qué?
—No debes tratar así a tu familia. Vinimos a ver tu juego.
—No me mires a mí. ¡Yo vine a ver a tu nueva ama de llaves! ¿Está aquí? —Emmett se frotó las manos con alegría y Rubia le golpeó la cabeza—. ¡Ow! ¡Sólo quería ver su técnica, Rosie! Tal vez tú puedas aprender algunos trucos.
—Si crees que voy a limpiar la casa para ti, más si es topless, eres más idiota de lo que creía. ¿Le han escaneado el cerebro en busca de daños permanentes? —Rubia le preguntó a papá, que se rio y negó con la cabeza.
—Me temo que él era así desde antes del fútbol.
—Sí, Emmett pocas veces piensa las cosas —agregó mamá amargamente, fulminando con la mirada a mi hermano. Era claro que todavía no lo había perdonado por casarse sin avisar.
Él hizo un mohín y miró el piso. Jodidamente gracioso.
Me senté en mi silla y jalé a Chica Reed a mi regazo. Me importaba un comino que mi familia hubiera volado hasta aquí para verme; no iba a dejar de tocarla. Y olerla. Joder, era maravillosa. Por supuesto, Rainbow saltó y se sentó en el brazo junto a mí. Todo como debería ser, menos los infiltrados en la sala.
—Entonces, todos vinieron a verme jugar, ¿eh? Es una agradable sorpresa. —Y sí lo era, es sólo que no quería verlos justo ahora. Mañana hubiera sido muy pronto.
Emmett bufó.
—Eres un mentiroso. No puedes esperar a que nos vayamos para que puedas fo… —Hizo una mueca cuando mamá le pegó—. ¡Ow! ¡Iba a decir fornicar!
—Eso no es mejor, tonto.
—Estoy seguro de que tu hermano está muy feliz de que todos hayamos venido a verlo. —Mamá me lanzó una mirada que me hizo saber que más me valía estar feliz.
—Por supuesto que sí. Siempre van a mis juegos. No se sentiría bien sin ustedes. —Esa era la verdad. Mis padres nunca se habían perdido de ninguno de mis juegos. Bueno, papá una o dos veces por emergencias, pero mamá siempre estaba ahí.
—¡Estoy muy emocionada! ¡Mi hijo, un mariscal de la NFL! Todas esas prácticas y juegos durante todos estos años han rendido frutos. —Mamá estaba casi vibrando con alegría. Me recordó a Pequeña.
—Gracias, mamá. —En realidad no me quería poner todo emocional y esas mierdas, pero sí apreciaba todo lo que ella había hecho por mí.
—No tienes que agradecer, cariño. Estamos muy orgullosos de ti; ¿verdad, Carlisle?
Papá estaba viendo por la ventana, observando la vista.
—Así es. Este es un lugar increíble, Edward. Lo hiciste bien.
Apreté a Chica Reed.
—Gracias. Aunque Bella tuvo la última decisión. Ella lo hizo bien.
Se rio.
—Lo encontramos juntos. Nuestra primera casa de verdad.
Sus ojos se humedecieron un poco y me apuré a besarla. No la quería sensible. La quería caliente y deseosa. Por eso metí una de mis manos entre su muslo y el cojín, y comencé a acariciarla. Soltó un suave gemido y se removió en mi regazo.
—Y ahora que tienen una casa y trabajos de verdad…
Alcé una mano antes de que mi mamá pudiera continuar. Sabía a dónde se dirigía la conversación.
—Espera. ¿Ya te respondieron? —exigí saber, girando a Chica Reed para encararme.
Se mordió el labio y luego una enorme sonrisa rompió su cara.
—Ayer. Quería decírtelo en persona.
—Nena, ¡qué maravilloso! Sabía que te querrían. Serían estúpidos si no lo hicieran. —La besé con fuerza—. Deberíamos ir a celebrar o algo, ¿no?
Chica Reed negó con la cabeza.
—No vamos a ir a ninguna parte. El juego empieza en una hora.
Santa mierda, lo había olvidado. El debut de Jasper como mariscal estelar.
—¿Está listo? —Su culo paranoico me había hablado prácticamente cada día de la semana. Me la mantuve asegurándole que estaría bien, pero yo no estaba ahí para verlo.
Emmett asintió.
—Sí, se ve bastante bien. Tiende a lanzar el balón con demasiada rapidez si ve que hay presión, pero al menos no está haciendo nada estúpido como tirar el balón sin pensar mientras lo taclean. —Me agitó las cejas y le tiré dedo.
—Ese era mi primer juego de pretemporada. No he cometido el mismo error de nuevo. —Ni lo haría. El Entrenador me patearía el jodido culo.
—Sí, pensamos en ordenar comida y mirar el juego un rato. Luego nos iremos por Charlie y al hotel.
—¿Tu papá va a venir? —le pregunté a Chica Reed.
Se rio.
—¿Crees que se lo perdería? No pudo encontrar un vuelo más temprano, pero estará aquí mañana, apoyándote con todos nosotros.
Eso era realmente amable.
—Genial.
—Y, claro, Jasper y Alice desearían poder estar aquí. Estarán en el juego de Jacksonville en unas semanas —me dijo Rubia.
Eso iba a ser increíble. Edward Cullen regresando a casa como el héroe conquistador. No podía esperar. Además los Jags apestaban. Esa iba a ser una victoria fácil.
—Genial.
—Ahora, como estaba diciendo, ya que ambos tienen una casa y trabajos, es hora de que discutamos el tema de la boda. —Mamá bajó la mano y sacó una enorme carpeta de su gigante bolsa—. He hecho un poco de investigación preliminar…
—¿Un poco? Parece que asaltaste a una planeadora de bodas. —Mamá me lanzó una mirada, así que cerré la boca. Pero en serio, esa mierda era una locura.
—Bueno, viendo que mis dos hijos se comprometieron recientemente, pensé que tendría dos bodas que ayudar a planear.
Si Emmett pudiera desaparecer en mi sofá, lo hubiera hecho ahora. Estaba hecho bolita bajo la caliente mirada de mamá.
—Ya, Esme. —Papá le palmeó la espalda—. Lo hecho, hecho está. Los chicos son felices. Deberías estar feliz por ellos.
—Lo siento, Esme. —Rubia se veía como si quisiera llorar—. La oportunidad se presentó y no pensamos en lo molesta que estarías.
—Oh, Rose, no estoy enojada contigo. Ambas sabemos que fue la idea de Emmett. No tienes que cubrirlo. Me emociona que seas parte de la familia. —Mamá la abrazó.
Rose se apartó sonriendo.
—Me alegra mucho que no estés molesta conmigo.
—Por supuesto que no. Tú no eres mi tonto hijo. Él sabía lo mucho que quería verlos casarse. Lo discutimos bastante durante el último año.
—¿No estábamos hablando sobre la boda de Edward? —preguntó Emmett, sonaba desesperado.
Maldición, había sido divertido verlo inquietarse. Pero ahora todos los ojos se giraron a nosotros.
—Bueno, es claro que no nos vamos a casar hasta que termine la temporada. —Teníamos tiempo, ¿verdad?
Mamá rodó los ojos.
—Obviamente, Edward, pero toma tiempo planear una boda apropiada. Si quieren casarse antes de la siguiente temporada, necesitamos apartar el lugar ahora. Incluso eso podría ser difícil, pero encontraremos una manera de hacerlo. —Esa era la manera de mamá para decir que sobornaríamos a alguien si era necesario.
—Ahora, Bella y yo hemos hablado un poco de eso, pero no hemos decidido nada. —Se acercó y puso el libro de cien libras en las manos de Chica Reed. Juro que ella apenas podía sostenerlo—. Para empezar, subdividí el folder en locaciones. Está Nueva York, por supuesto, y Tallahassee, ya que es ahí donde se conocieron, Washington y en casa. Debajo de cada locación, hay subtítulos para iglesias, locaciones importantes, sitios conocidos y parques.
Jodido Jesucristo. Mi cabeza daba vueltas. Miré a Chica Reed, que sostenía el libro lejos de su cuerpo como si fuera una bomba. Tenía que cortar esta mierda de raíz.
—Mamá, es genial que te hayas esforzado tanto. Y juro que intentaremos definir una fecha durante las siguientes semanas, pero tengo muchas mie… cosas en la mente ahora. He visto como mil horas de juegos durante la última semana. Necesito tener la mente despejada para mañana, ¿sabes?
—Gracias —susurró mi chica por lo bajo.
—Bien, pero no tienen mucho tiempo —nos dijo mi madre, llevándose la biblia de las bodas, afortunadamente. No era que estuviera en contra de decidir las mierdas de la boda. ¿Pero tener locaciones y subtítulos y no sé qué más? No podía empezar a concentrarme en esa basura.
Miré a Chica Reed.
—¿Quieres casarte en Tally, donde nos conocimos, o aquí, donde estaremos viviendo? ¿O quieres volar a una isla y casarnos en la playa al atardecer? —No sabía de dónde demonios había salido esa idea, pero cada una de las mujeres en la sala soltó un jadeo de placer. Aunque a mí sólo me importaba una mujer—. ¿Te parece bien, nena?
Me besó sonoramente.
—Dios, sí. Podemos invitar sólo a nuestro pequeño grupo de amigos y nuestros padres y sería perfecto.
—Hecho. Mamá puede comenzar una nueva carpeta gorda para locaciones de bodas.
—Se llama destinos para bodas —me informó remilgadamente, como si me importara una mierda. Comenzó a teclear cosas en su celular.
Chica Reed se veía un poco abrumada ante la idea de otra carpeta.
—Luego Bella y yo arrancaremos una página y ese será nuestro lugar.
Ella se rio mientras que mi mamá se horrorizó por la idea.
—Pero… hay tantas cosas que considerar. Acomodaciones, lugares, disponibilidad…
—Entonces es mejor que te ocupes de investigar y de tenerlo en buena forma porque eso es lo que vamos a hacer.
Chica Reed negó con la cabeza.
—Lo revisaremos, lo prometo.
Mi culo, pero mi mamá se veía ligeramente menos loca, así que lo dejé pasar. Sacó una pluma de su bolso y comenzó a hacer notas sobre una u otra cosa, murmurando para sí misma mientras el resto de nosotros nos acomodábamos para ver a los Noles.
Era jodidamente difícil ver a alguien más, incluso si era Jasper, liderar mi equipo. Literalmente sentía mis dedos cosquillear por poner mis manos en el balón, especialmente luego de que su primer par de pases fueron presionados y él se veía tembloroso. No pude detenerme de mandarle uno o dos mensajes, sabiendo que él probablemente vería su celular durante el medio tiempo.
Llama tu jugada, haz tu drop, planta tus pies, respira y luego lanza. Puedes con esto.
Cuida tu check down. Stevens ha estado abierto cada vez. Dale el balón y déjalo hacer unas jugadas. Hará que los DB se cuestionen a dónde irá el balón y perderán un paso en Gibbs y Denard.
Sé inteligente. Tienes suerte de que es no haya sido agarrado. Gibbs estaba cubierto por el DB y la seguridad estaba jodidamente ahí.
Chica Reed se quedó en mi regazo durante todo el juego, acariciando mi cabello con sus manos, sonriendo cada vez que maldecía y le mandaba un mensaje a Jasper.
—¿Qué? —pregunté cuando se rio del último que envíe.
—Eres muy lindo. Me encanta que estés aconsejando a Jasper. Le harás el día cuando vea esos mensajes.
Ugh. Tenía razón.
—Bueno, él se la mantiene mandándome mensajes durante mis juegos. Claro que los suyos son de mierda y acosadores. "Te estoy mirando." Debería estar en una película de horror.
Todos se rieron por eso.
—En serio, hermano, te idealiza. Le hiciste el día cuando viste la cinta de los juegos con él. —Emmett sonrió—. Si él no tuviera su prometida, te diría que te cuidaras.
—Sí. Sí. —Íbamos ganando 17-10 a la mitad, lo cual no era ni de cerca lo suficientemente bien para mí. Era raro ver un juego de universidad. La universidad había sido tan jodidamente fácil. Nunca perdí un juego. Y aunque sabía que ir a la NFL iba a ser un reto de verdad, era alarmante lo diferente que era. Cuando estás jugando contra el mejor de los mejores, semana sí y semana no, descubres lo mucho que tienes que aprender. Aunque no iba a admitir eso en voz alta a nadie más que a Chica Reed.
Nuestra comida llegó y estábamos comiendo cuando mi celular sonó con un mensaje. Chica Reed me lo dio, riéndose de lo que vio.
¡Me estás mirando! ¿Me veo bien?
¿Qué carajos estaba mal con ese idiota?
Estoy mirando el juego, no a ti. Y si estás preguntando por tu figura, estás bailando mucho en el campo. Planta tus pies y lanza. Igual que en la práctica.
—Y yo pensando que tendría que preocuparme por mujeres de relaciones públicas y chicas de la costa de Jersey —dijo Chica Reed, riéndose de mí.
—Tú no tienes que preocuparte de nada. —Lancé mi plato a la mesa y la besé—. Tú eres todo para mí.
—Lo sé, pero no me agrada esa molesta Heidi. —Hice una mueca por su nombre y entrecerró los ojos—. ¿Qué? ¿Qué hizo ahora?
Me encogí de hombros porque, la verdad, no sabía si estaba examinando demasiado lo que me había dicho.
—En realidad nada. —Agarré un pan de ajo y me lo metí a la boca, mientras Chica Reed seguía lanzándome una mirada conocedora—. Mepidióunaventón —murmuré con el pan en la boca.
Chica Reed me quitó el pan y me señaló con lo que quedaba de él.
—¿Qué fue eso? No pude entenderte.
Carajo. Terminé de masticar.
—Cuando iba de salida, ella dijo que su carro no arrancaba y me pidió un aventón.
—¿Qué tipo de aventón?
¿Cuánto amaba que mi chica estuviera siempre en la misma onda que yo? Emmett silbó por la pregunta mientras que Rubia tenía una mirada del mal, mamá hacía un sonido de reprobación y mi padre sólo sonreía.
—No me molesté en averiguarlo. Sólo le dije que mi prometida me esperaba en casa para darle un aventón y que debería llamar a un remolque.
La irritación de Chica Reed se desvaneció de su cara al reír y me besó de nuevo. Joder sí. Lo hice bien. Siempre lo hacía bien con ella.
—¡Edward! ¿De verdad? ¿Qué tipo de cosas son esas? —Mi madre intentó mantener su mirada de enojo, pero noté sus labios temblar antes de sacudirse con risa—. Carlisle, nuestro hijo es demasiado parecido a ti para su propio bien.
—Creo que ser como yo lo ha llevado al lugar perfecto —dijo papá con presunción.
No podía negar esa mierda, no cuando mis ojos cayeron en la chica riéndose que tenía en mis brazos.
—Sólo le dije la verdad. Pero luego aquí estaban todos ustedes bloqueándonos —gruñí, haciéndolos reír de nuevo.
Papá dijo "lo siento" mientras que mamá me golpeó en la cabeza.
—Hay cosas que una madre no necesita escuchar.
Maldición.
—Lo siento, mamá. —Pero no lo sentía. Especialmente cuando Jasper reunió sus mierdas y los Noles subieron por tres touchdowns llegando ya al cuarto tiempo.
Mi familia decidió que necesitaban llegar al hotel y, después de otra ronda de abrazos, finalmente tuve a mi chica a solas.
—Gracias a Dios —le dije cuando cerramos la puerta, antes de presionar a Chica Reed contra la pared y poner mis manos en sus perfectas tetas.
Me regresó el beso antes de apartarme gentilmente.
—¿Qué? —pregunté, siguiéndola a la sala.
—Nada. Tenemos toda la noche, ¿no?
Joder sí, la teníamos.
—Y por eso deberíamos empezar —sugerí con esperanza.
Sacudió la cabeza y se sentó en el sofá, cargó a Rainbow y la acurrucó en su pecho. Carajo. Algo andaba mal.
—¿Qué pasa? —Me senté junto a ella y la rodeé con mi brazo.
—En realidad nada. Es que es difícil, ¿sabes? Yo estoy allá y tú aquí, y mujeres hermosas se te lanzan encima. Casi siempre lidio con ello, pero detesto que ella trabaje contigo y pueda verte todos los días.
La jalé de nuevo a mi regazo, girándola para que quedara de frente a mí. A Rainbow pareció gustarle eso, se frotó contra nosotros dos.
—Primero, no la veo todos los días. La evado todo lo que puedo. Y sabes que no tienes nada de qué preocuparte, ¿verdad?
Asintió, pero sus grandes ojos cafés se veían tristes.
—Lo sé. Es que te extraño. Y odio que ella no te deje en paz.
—¿Quieres que haga que la despidan? —Lo haría. Ellos tenían que valorarme más que a ella, ¿no?
Se rio y negó con la cabeza.
—No. Sólo desearía… —se cayó y jugueteó con su anillo de compromiso.
—¿Qué desearías? —pregunté, apartándole el cabello de la cara. Haría cualquier cosa que ella me pidiera. Odiaba verla triste. Y, admitámoslo, ella lidiaba con más que su cuota justa de mierdas cuando se trataba de mujeres coqueteándome, desde la primera vez que nos conocimos hasta la perra de relaciones públicas.
Alzó su mano, moviendo el dedo donde tenía su anillo de compromiso.
—Esto actúa como un freno, ¿sabes? Los chicos me miran… —¿Quién carajos la veía?—… y me hablan… —Repito, ¿quién carajos eran estos chicos?—… pero ven esto y suelen retractarse sin que yo les diga que estoy comprometida.
Me resultaba difícil concentrarme en algo además del hecho de que había chicos coqueteándole.
—¿Quiénes son estos chicos? —Tendría que contratarle un guardaespaldas o algo así, alguien que asustara a quien quiera que pensara en mirarla.
Chica Reed alzó una ceja.
—¿Qué? ¿Crees que no soy atractiva para otros hombres? ¿Soy fea?
Ella sabía que no me refería a esa mierda en absoluto.
—Sabes que no, pero eres mía.
—Y tú eres mío. Quiero que la gente sepa eso.
—Se lo digo a todos —le aseguré, porque, carajo, sí lo hacía. Hablaba sobre ella todo el tiempo como el cabrón mandilón que era.
—Lo sé. —Giró de nuevo su anillo y se encogió de hombros—. Sólo odio estar lejos de ti, es todo. Lamento haberme puesto rara por eso.
Tomé a Rainbow y la dejé a un lado antes de acunar la cara de mi chica en mis manos.
—Yo también odio estar lejos de ti. Jodidamente mucho. Pero nunca, jamás tienes que preocuparte por la tipa de relaciones públicas o por alguien más. Tú eres la única para mí.
—Tú también eres el único para mí —murmuró antes de inclinarse para besarme.
Sentí su anillo rozar mi nuca cuando enredó sus dedos en mi cabello y me llegó la inspiración. Me aparté y le sonreí.
—¿Por qué no uso un anillo yo?
Parpadeó antes de que una brillante sonrisa ocupara su hermoso rostro.
—¿Lo harías? ¿A pesar de que todavía no estamos casados?
Me importaba un carajo. Si eso la hacía feliz y tal vez detenía a una o dos perras insistentes, entonces estaba de acuerdo.
—Por supuesto.
—¡Me encanta! Te compraré uno mañana antes del juego.
—Una cosa menos que planear para la boda —le dije, me puse de pie y comencé a cargarla a la habitación. Tuve que detenerme cuando me subió la camiseta por la cabeza y extendió sus manos en mi pecho.
—Creo que te pusiste más sexy —murmuró antes de aferrarse a mi cuello con sus labios—. Gracias por aguantar mi locura.
Era verdad. Mis músculos estaban más definidos ahora con todas las pesas y entrenamiento de fuerza.
—Me trabajan duro. —Apreté su culo—. Y tu locura es del tipo perfecto para mí.
Se rio y apretó sus muslos en mi cintura.
—¿Por qué no me trabajas duro a mí ahora?
No necesitaba que me lo dijera dos veces. Esa noche nos di a los dos el ejercicio de toda una vida.
