Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 10

Ya había llegado. Al fin. Mi primer juego oficial como un mariscal de campo de la NFL. Todos esos años de lanzar, levantar y partirme el culo me habían guiado a esto. Era el juego más importante de mi vida hasta ahora y lo sería hasta que jugara mi primer Súper Tazón. Esto era el inicio de todo eso.

Unas manos se envolvieron en mí desde atrás y sonreí cuando un cálido cuerpo desnudo se presionó contra el mío.

—¿Esto es lo que haces cuando no estoy aquí? ¿Te ves todo el día en el espejo?

Me reí entre dientes y alcé sus manos a mis labios, besando cada una.

—Bueno, tienes que admitir que no puedes encontrar nada mejor que esto.

Chica Reed se rio y mordió mi hombro derecho.

—No admitiré nada.

Me giré, jalando su risueño cuerpo a mis brazos.

—Oh, lo admitirás. Te haré admitirlo.

—Me gustaría verte intentándolo —me retó y antes de terminar las palabras, comencé a hacerle cosquillas. Se movió y agitó, sus pechos se movían con ella, torciéndose y rebotando. Era endemoniadamente caliente.

La empujé contra la pared y ella vio la mirada en mis ojos. Se lamió los labios.

—¿En serio? ¿Otra vez? ¿No tienes un enorme juego en unas horas?

—¿Qué mejor manera de aclararme la mente que follarte hasta que ninguno de los dos pueda pensar claro? —le pregunté, ya me estaba alineando con su perfecto coño.

—Bueno, ¿quién soy yo para arruinar tu preparación previa a un juego? —preguntó con una sexy sonrisa.

Incluso aunque estaba muriendo por estar dentro de ella, ella necesitaba decirlo primero.

—Admítelo.

Negó con la cabeza.

Mujer hermosa y terca.

—Sabes que es verdad, bebé. No hay nadie mejor que yo.

Chica Reed ladeó la cabeza.

—No estoy segura. Vas a tener que demostrármelo primero. Luego lo admitiré.

Tenía que concederle que tenía un buen punto. Además, de verdad necesitaba empezar pronto. ¿Por qué atorarnos en semánticas cuando ambos queríamos que yo estuviera dentro de ella?

Así que la apoyé en la pared y entré en casa. Gimió y la sentí apretarse a mí alrededor casi al instante. Nunca me cansaría de la forma en que su cuerpo respondía al mío. Ni de la forma en que se veía mientras yo entraba y salía de ella. Sus preciosos ojos se mantuvieron en los míos mientras sus caderas se movían hacia enfrente para encontrarse con las mías en cada embestida.

—Dilo —murmuré, acelerando mi velocidad. Ella estaba tan cerca, podía sentirlo.

—Todavía no —respondió, se mordió el labio cuando la moví un poco, golpeando ese lugar que la hacía gemir.

—Dilo —le exigí de nuevo, tirando gentilmente de su pezón izquierdo. Carajo, sus tetas eran magnificas. Amaba la forma en que se movían cuando nuestras caderas se encontraban.

—No puedo. —Ya estaba sin aliento, estaba tan cerca.

Fue endemoniadamente difícil hacerlo, pero dejé de moverme, sosteniéndola contra la pared.

Entrecerró los ojos y amé la mirada fulminante que me lanzó.

—No pares.

—Necesitas decirlo. —Decirlo jodidamente rápido, o yo me descargaría y ella me patearía el culo por dejarla a medias. Difícilmente quería empezar así mi día.

—Eres un idiota.

Le sonreí.

—Sí, pero soy tu idiota y me amas.

—No sé por qué —murmuró, moviendo sus caderas hacia mí, buscando la fricción que yo le había quitado.

—Sabes por qué. Sólo dilo.

Bufó.

—Sabes, sólo tenemos hoy. En realidad sólo te estás privando a ti mismo de esto si te detienes ahora.

Era verdad. Mi polla estaba adolorida. Pero quería que lo dijera.

—Todo lo que tienes que hacer es decirlo, nena. Luego te haré ver las estrellas.

Alzó las manos frustrada, afortunadamente yo la tenía bien agarrada.

—¡Bien! No te ves tan mal.

Me burlé.

—No era así. ¿Por qué no lo intentamos de nuevo? —Rodé las caderas y suspiró, echando su cabeza hacia atrás. Comencé a chupar su largo y hermoso cuello.

Sus dedos subieron para enredarse en mi cabello.

—¡De acuerdo! ¡Tú ganas! Me encanta verte. No hay nadie mejor que tú.

Levanté la cabeza y le sonreí triunfante.

—Eso no fue tan difícil, ¿verdad?

—Humpf. Cállate y fóllame.

—Tus deseos son órdenes para mí. —Salí de ella antes de volver a meterme de golpe. Gimió de nuevo y la follé con fuerza contra la pared hasta que estuvo gritando mi nombre al correrse a mi alrededor. La seguí rápidamente, agradeciendo haber sido capaz de aguantar. Sólo el hecho de que me había corrido varias veces durante la noche había evitado que me viniera muy pronto.

Me pegó cuando la bajé, yo sólo me reí y la jalé a un abrazo.

—Te equivocas, sabes.

—Yo nunca me equivoco —murmuró contra mi pecho.

—Esta vez sí. —Retrocedí un paso y alzó la mirada para verme—. Verte a ti es mucho mejor que verme a mí. Especialmente cuando estás desnuda y gimiendo con mi polla dentro de ti.

Se le oscureció la mirada.

—Incluso cuando estás siendo un pervertido logras, de alguna manera, ser dulce. Amo eso de ti.

—Ser pervertido es dulce —le dije, golpeando ligeramente su culo.

Sacudió la cabeza y avanzó junto a mí hacia la ducha.

—Es mejor que te muevas, Campeón. No puedes llegar tarde a tu primer juego. Odiaría haber viajado tanto para verte sentado en la banca.

Me reí y me metí bajo la ducha con ella.

—Voy a hacer un espectáculo para ti y te haré sentir orgullosa.

Sacudió la cabeza y alzó una mano a mi cara.

—Ya estoy orgullosa de ti. Trabajaste muy duro para llegar aquí. No podría estar más orgullosa, ganes o pierdas.

Mi Chica Reed siempre lograba hacerme sentir bien.

—Me estaba dando ánimos en el espejo.

Se rio.

—Lo sé. Estás nervioso.

Me burlé ante la mera idea.

—Yo no me pongo nervioso.

—No en la universidad. Esto es la NFL. Es más difícil. No vas a ganar todos los juegos.

Quería contradecir esa declaración, pero sabía que era verdad. Todos perdían algún juego, excepto el '72 de los Delfines. Y ni siquiera yo era tan iluso como para creer que estábamos ni de cerca en el mismo nivel.

—Lo sé. Pero voy a dar lo mejor de mí. —Y tal vez ganaríamos hoy. Odiaba la idea de perder al comienzo de la temporada. Me echarían a las brasas.

Me besó suavemente.

—Vas a estar maravilloso. Y yo voy a estar ahí apoyándote. Y después, vamos a salir a celebrar el hecho de que estás viviendo tu sueño. —Sonrió—. Nuestro sueño.

Nuestro sueño. Me gustaba eso.

—Voy a encontrar una manera de ganar para ti.

Negó con la cabeza.

—Hazlo por ti. Y por tu equipo. No tienes que ganar para mí. Ya eres mi Campeón.

Joder, amaba cuando me decía así.

—Te amo, Bella.

Sus brazos rodearon mi cuello al presionarse contra mí.

—Te amo, Edward. Y no puedo esperar para verte jugar.

Yo tampoco podía. Y aunque sabía que ella me amaría ganara o perdiera, iba a ganar para ella hoy. Con Chica Reed de mi lado, ¿cómo podría perder?

Xoxoxoxoxoxo

Maldición. Y creí que los juegos de pretemporada eran ruidosos. Eso no se comparaba con el rugido que nos recibió cuando entramos al campo. Se sintió tan maravillosamente familiar. Era casi como si nunca me hubiera ido de la universidad. Díganme apático, pero siempre había asumido que los fans de la NFL eran menos apasionados que los de la universidad. Ciertamente no se sentía así hoy. La multitud me daba energía. El saber que mi chica y mi familia estaban en algún lugar del estadio me emocionaba. Esta era mi casa. No podía esperar para bautizarla con mi primera victoria.

—Es algo más, ¿no? —preguntó Sammy, notando mi expresión mientras corríamos por la línea de banda.

—Se siente como en casa —le dije, haciéndolo reír.

—Sí, bueno, no todos nosotros fuimos a escuelas de campeonato, hombre. A mí no me aplaudían así en aquel entonces.

—Derrota un par de veces a Joseph y te prometo que los aplausos seguirán llegando.

Sus ojos brillaron y sonrió por el reto que le propuse.

—Lanza el balón cerca de mí y lo atraparé.

—Ni siquiera tendrás que extender los brazos para atrapar mis pases —le aseguré.

Se burló y me golpeó la espalda.

—Bien. Necesito guardar mis brazos para la cerveza celebratoria de más tarde. ¿Vas a venir con nosotros?

Negué con la cabeza.

—Bella y mi familia están en la ciudad. —Celebraríamos su nuevo trabajo y mi victoria de esta noche, si es que de mí dependía. Y sí dependía.

—Pues tráelos. Bella es increíble, además ya conocimos a Charlie y a tu hermano.

Bufé por eso, pero luego recordé lo molesto que Charlie había estado con Colin. ¿Había traído su pistola consigo? Esto podría ser divertido.

—Ya veremos.

Asintió y corrió a hablar con el entrenador de los receivers. Me tomé un minuto para mí antes de dirigirme a mi entrenador de mariscales.

—Recuerda, tenemos estructurada toda la primera serie. No me importa qué veas allá afuera. No te desvíes. Si la jugada que planeamos no está ahí, lánzalo.

Carajo. Odiaba esa mierda, pero lo haría porque no iba a permitir que me sacaran de mi primer juego de verdad. Esta no era la pretemporada. Esto importaba. Y, ganara o perdiera, sería yo el que finalizaría el juego.

El Entrenador Coughlin se reunió conmigo en la línea de banda mientras mirábamos a nuestros capitanes dirigirse para el lance de la moneda.

—¿Estás listo?

Asentí, mirando a todos darse la mano. Un día no muy lejano, yo estaría ahí afuera para hacer eso. La enorme figura de JJ Watts se cernía sobre la moneda. Iba a tenerlo en mi trasero todo el día. Uno de los mejores alas defensivas de toda la liga y ya me habían emparejado con él. Aunque eso estaba bien. Él era genial. Yo iba a serlo. Ya veríamos quién saldría vencedor al final.

Ellos ganaron el volado y eligieron esperar hasta la segunda mitad. Sentí un aleteo de algo en mi estómago al ver a los jugadores especiales del equipo alinearse para la patada. ¿Nervios? Al carajo con eso. Edward Cullen no se ponía nervioso. Estaba emocionado. Finalmente era la hora.

Embry estaba en la zona de anotación y el balón navegó hasta sus manos. Él la sacó, zigzagueando y cortando hasta que fue derribado en la veinticuatro. Setenta y seis yardas hasta el touchdown. Respiré profundo y me puse el casco. El Entrenador me miró a los ojos, asintió ante lo que vio y me palmeó el hombro. Corrí al campo y llegué a la formación. Diez pares de expectantes ojos estaban en mí.

—I-derecha, Jennings en tres —les dije, repitiendo lo que la voz decía en la bocina junto a mi oído. Conocía todas y cada una de las llamadas de esta serie.

Nos alineamos y le señalé una cobertura abierta a Paul; la seguridad disminuía en el lado izquierdo. Se movió y deseé endemoniadamente mucho poder cambiar la jugada. Pero no lo hice. Llamé por el balón y lo puse en las manos de Jennings. Embistió justo hacia la línea y logró ganar tres yardas antes de ser tacleado por Cushing.

La siguiente jugada también era de correr todo el camino, lo cual odiaba, pero Jennings consiguió dos yardas más. Tercera y cinco, y finalmente pude lanzar. Sammy recibió la jugada, corriendo una corta distancia. Le llegó justo a las manos, como prometí, y logró meterse entre el linebacker y el safety, avanzando dieciséis yardas. Estábamos más allá de medio campo, me sentía entusiasmado.

Jennings fue detenido en la línea y no hubo palabras para expresar mi emoción cuando el OC cambió la jugada en mi casco. Mandé a Paul a un patrón fijo, ejecuté uno falso hacia Sammy que engañó lo suficiente al esquinero, y Paul pasó justo junto a él. Mi pase llegó a él a medio camino y él avanzó hasta la zona de anotación. La multitud rugió y yo intenté salir de debajo de un enojado JJ Watt. Ni siquiera lo sentí cuando dejé volar el balón.

Colin me jaló de pie.

—Buen pase, niño.

—No soy un niño. —El que fuera un novato no me hacía menos hombre que él.

—Oye, te estoy adulando. Fue una gran jugada.

—Gracias.

Me sacudí la irritación que sentía hacia él y acepté la felicitación de mis compañeros. Aunque no tuve mucho tiempo para celebrar ya que tenía que estudiar la defensa con el Entrenador Morris. Él tenía fotos en su iPad, criticó mis pies y mi brazo, me preguntó qué vi en la cobertura y pareció satisfecho con mis respuestas.

La defensa se sostuvo y estuve de regreso en el campo con el balón en la treinta. Esta vez nos hundimos en medio campo cuando JJ me presionó y tuve que lanzar el balón. El Entrenador me estaba esperando cuando salí del campo.

—Buen lanzamiento.

—¿El pase a Embry? Pude haberlo hecho mejor, pero lo atrapó.

Se rio.

—El que lanzaste a las gradas. Tomaste la decisión correcta. —Me palmeó el hombro y le mandó con el Entrenador Morris. Tuve que admitir que el cumplido se sintió algo bien.

Los texanos lograron un gol de campo en su siguiente jugada. Embry logró un gran regreso en la cuarenta y cuatro y yo seguí con buenas jugadas, mezclando pases cortos y corridas de Jennings por el campo. En la segunda y la meta de la cuarta, me moví a la derecha. Sammy hizo su movida en la zona de anotación y lancé un pase a donde sólo él podía atraparlo. Y lo atrapó. Íbamos 14-3 a mitad de tiempo, y la multitud estaba gritando mi nombre. Vi mi número en más de unos pocos jerséis mientras corría por el túnel para dirigirme a los vestidores. Fue increíble.

La segunda mitad fue más de lo mismo. Evadí y me sumergí en el campo, y anotamos otros dos goles de campo y un touchdown donde Jennings pasó por la primera. Houston logró un gol más y otro touchdown, pero cuando el reloj llegó a cero, el marcador final era: nosotros 27, Houston 13. Todos nos dimos las manos y nos felicitamos antes de irnos a asear.

Me di una ducha y seguí al Entrenador a la sala de prensa. Santa mierda, había mucha gente aquí. Casi tantos como en mis juegos de campeonato. Ocupé mi asiento y esperé a que llegaran las preguntas.

—Edward, estuviste a diecisiete de veinticinco pases para doscientas veinte siete yardas y sin picks. ¿Cómo es que lograste tener un día tan eficiente?

Quería rodar los ojos por esa pregunta, pero me resistí. A duras penas.

—Teníamos un buen plan de juego armado y lo seguí al pie de la letra.

El mismo reportero sonrió.

—No eres conocido por apegarte al plan de juego.

Alcé una ceja.

—¿Fue eso una pregunta?

—Me corrijo. ¿Fue difícil para ti apegarte al plan de juego? Hubo varias ocasiones en que los receivers estaban abiertos, pero marcaste a Jennings por una ganancia mínima. ¿Te están atando las manos?

Cabrón. No iba a tomar esa carnada.

—No es difícil apegarse a un buen plan de juego. Y no diría que jugar inteligente es atarme de manos. —Lo era, pero no iba a decirlo.

—Entrenador Coughlin, ¿diría que la llamada de jugadas fue más simple ya que tiene un mariscal novato?

¿Ese imbécil me estaba diciendo idiota? Porque ciertamente así sonaba.

—Por supuesto que no —respondió el Entrenador, negando con la cabeza—. Estábamos jugando contra una de las mejores defensas de la liga, así que usamos un plan conservador que, como podrán haber notado, funcionó. Todos saben lo talentoso que es Edward, y pudieron ver un poco de eso en este juego. Irán viendo más conforme avancemos en la temporada. Él jugó de manera inteligente hoy, justo como se lo pedí.

Toma eso, cabrón imbécil.

—Te taclearon tres veces hoy, Edward. No estás acostumbrado a ser tocado. ¿Estás bien de salud?

—Perfectamente saludable. Tengo una buena línea y me mantuvieron en pie la mayor parte del juego. —Sí, les estaba besando el culo. Sabía cómo se jugaba este juego—. Sostuve el balón por demasiado tiempo un par de veces y llegaron a mí. —Lancé una sonrisa—. La mayor diferencia entre los profesionales y la universidad es que pegan más fuerte.

Todos se rieron ante eso y me relajé. Podía hacer esta mierda. Sabía cómo.

Cuando terminó la entrevista, me apresuré hacia donde me estaba esperando mi familia. Cargué a Chica Reed en mis brazos y le di un resonante beso.

—¡Estuviste genial! —me dijo cuando liberé sus labios. Aunque la mantuve en mis brazos y ella envolvió los suyos alrededor de mi cintura—. Estoy muy feliz por ti.

—Gracias, bebé. Me alegra que estuvieras aquí.

Me besó de nuevo.

—Sabes que estaría en todos tus juegos si pudiera.

Sí, lo sabía. Y no le reprocharía los juegos en los que no pudiera estar. Sabía que ella estaría ahí si pudiera.

—¡Estuviste fantástico, Edward! —Me preparé para el entusiasmado abrazo de Charlie—. ¡Muchas gracias por dejarme verte jugar! —El mostacho estaba prácticamente temblando con emoción.

—Me alegra que pudieras venir, Charlie.

—¡No estaría en ninguna otra parte, hijo! —Me palmeó la espalda antes de soltarme.

Acepté también las felicitaciones del resto de mi familia. Mamá estaba prácticamente en lágrimas a causa de la felicidad. Incluso Rubia estaba feliz y usando un jersey Cullen 7. Por supuesto, Chica Reed se veía mejor que todos.

—Carajo, amo ver mi apellido en tu espalda —murmuré en el oído de mi chica. Sus mejillas se sonrojaron un poco ante mis palabras.

—Pronto va a ser mi apellido también —me recordó, como si necesitara recordármelo.

—No puedo esperar, nena. —De verdad que no podía.

Sus ojos brillaron.

—Hablando de eso… decías en serio lo de anoche, ¿verdad?

Tuve que sonreír por su emoción.

—Por supuesto que sí. Supongo que fuiste de compras.

Chica Reed asintió y sacó una caja azul de su bolso. Reconocí el color. Por supuesto que fue a nuestra tienda. Abrió la tapa y vi una banda simple de platino. Era perfecta.

—¿Te gusta? —preguntó, viéndose nerviosa. Tenía que jugar un poco con ella.

—Se ve bien —le dije, esperando.

—Bien. —Me miró, luego al anillo, luego a mí de nuevo—. ¿Te lo vas a poner?

Me rasqué la barbilla, intentando verme confundido.

—¿No me vas a hacer una pregunta primero?

La mirada de confusión en su cara fue jodidamente invaluable.

—¿Qué pregunta? Dijiste que lo usarías.

—Claro, pero sería agradable que me lo pidieras.

—¿Qué te pidiera qué?

Emmett aulló a mis espaldas.

—Quiere que le pidas matrimonio.

Chica Reed me miró a los ojos y le sonreí.

—¿Vas a hacer de mi un hombre honesto? —pregunté.

Se rio.

—Como si eso fuera posible. Pero bien. Me pondré a la altura del reto. Edward Cullen, ¿me harías el honor de casarte conmigo? —Sacó el anillo de la caja y buscó mi mano.

—¿No se supone que debes estar de rodillas al pedírmelo?

Eso hizo que mi hermano se ahogara detrás de mí. Y alguien me pegó. No estaba seguro de si fue mi madre o Rubia. Los ojos cafés de Chica Reed estaban chispeando con enojo y la jalé hacia mí.

—Sólo bromeaba. Sabes que soy tuyo. —Me incliné para susurrarle al oído—. Sabes que sólo te quiero de rodillas para una única cosa. —Eso hizo que me diera un codazo en el estómago, pero se rio de mi culo calenturiento—. Sí, me casaré contigo, Bella.

—Más te vale —dijo, deslizando el anillo en mi dedo.

La besé de nuevo, sorprendido de lo mucho que me gustaba sentir el anillo en mi mano izquierda. Hubo un tiempo en el que la mera idea del anillo me hubiera hecho huir despavorido. Aunque ya no más.

—Te amo —le dije.

—También te amo. —Me besó con todas sus fuerzas y toda nuestra familia aplaudió.

Mamá estaba llorando, por supuesto, y parecía que Charlie podría estarse limpiando una o dos lágrimas de los ojos. Mi hermano me sonreía como idiota, igual que papá. Rubia sonreía tranquila.

—Vamos a celebrar. —Le sonreí a mi chica—. Tenemos que brindar por el nuevo trabajo de Bella.

—Y por tu victoria —agregó.

—Y porque ella hizo de ti un hombre honesto —añadió Emmett.

Me reí de eso.

—Estoy bastante seguro de que ella hizo eso hace dos años. —Los ojos de Chica Reed se llenaron de lágrimas por ello—. Me hiciste un mejor hombre.

—Dios, lo que me haces cuando hablas así. —Sacudió la cabeza, las lágrimas se derramaron—. Eres todo lo que alguna vez quise y nunca pensé que podría tener.

—Tienes un buen agarre, nena. —Se rio junto conmigo—. Igual que yo. Hace que sea imposible que algo se meta entre nosotros.

Llevó mi mano a sus labios, besando mi dedo anular.

—Jamás nadie se meterá entre nosotros. —Se paró de puntillas para susurrar en mi oído—. Vamos a celebrar por un rato, y luego nos aseguraremos de que no haya absolutamente nada entre nosotros por el resto de la noche.

Joder, sí. Había sido un día completamente perfecto, y también iba a ser una noche perfecta. Yo me encargaría de eso.