Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 11

—Oigan, ¿a dónde van? —Sammy nos alcanzó y pasó un brazo a mi alrededor sin importarle que yo tuviera mi brazo envuelto en mi chica.

—A algún lado —le dije. Él no necesitaba saberlo.

—Vamos, sabes que quieres celebrar con tus compañeros. Déjanos conocer a tu chica. —Le movió las cejas a Chica Reed—. A menos de que temas que deje tu culo de novato por una estrella de verdad.

Chica Reed sólo se rio de su estupidez.

—Ya estoy con una estrella.

Tuve que besarla por eso mientras Sammy hacía "awww" junto a nosotros.

—Bien, sé reconocer la derrota. —Alzó las manos—. Pero vamos a… —se calló, se le sobresalieron los ojos—. ¿Quién es ella?

Me giré y seguí su mirada, la cual había caído en nadie más y nadie menos que Rubia.

—Es Rose. Mi cuñada. —La estaba viendo como si esperara que ella estuviera en el menú. A mí me importaba una mierda, pero mi hermano felizmente le patearía el culo si viera la forma en que se la estaba comiendo con la mirada.

—Tráela —murmuró.

Troné los dedos frente a su cara.

—Hola. Tal vez no escuchaste la parte donde dije que está casada con mi hermano. Ya sabes, ¿el chico grande que podría partirte a la mitad si quisiera? Ese tipo. —Señalé a Emmett, que estaba platicando con Charlie.

—¿Por qué todas las buenas están fuera del mercado? —le preguntó Sammy a Chica Reed, saliendo finalmente de su trance.

Se rio.

—Porque los chicos Cullen son maravillosos con los gestos en grande.

Tuve que sonreír por eso. Los míos eran muchísimo mejores que los de él.

—Y en la cama también —agregó en voz baja, asegurándose de que su padre no la escuchara.

Me burlé.

—Olvidaste agregar con buen paquete, lenguas talentosas y… —Puso su mano sobre mi boca, así que usé esa lengua talentosa para lamerle la palma.

—¡Ew! ¡No puedo llevarte a ningún lugar!

—Al contrario. Puedes llevarme a donde quieras. Hay un vestidor al final del pasillo, y oficinas, y la sala de vídeo —dije, deslizando mis brazos alrededor de su cintura.

Se rio y se acercó a mí.

—Bueno, me vendría bien un tour.

—Oh no, no van a profanar nuestro vestidor. —Sammy sacudió la cabeza—. Escuché todo sobre cómo se conocieron y estoy endemoniadamente celoso. Si hacen eso en nuestro vestidor, jamás podré volver a entrar ahí sin ponerme duro, lo cual sería incómodo en un cuarto lleno de hombres desnudos.

Chica Reed se apartó y me alzó una ceja. Me encogí de hombros.

—¿Qué? Salió a tema cuando estaba explicando lo maravillosa que eres.

Se rio y se giró hacia Sammy.

—¿Dijo que yo era una acosadora?

Él sonrió.

—Tal vez. Quiero decir, no si eso le va a causar problemas o algo así. —Me lanzó una mirada y musitó—: Perdón.

—No está en problemas. No me avergüenzo de la forma en que nos conocimos. Lo deseaba y lo hice mío. —Su sonrisa era triunfante, tuve que besarla.

—Sí que lo hiciste, bebé. Lo planeaste y me sedujiste, haciendo que me fuera imposible sacarte de mi cabeza. —Gracias a Dios que no tuve éxito con eso. No podía imaginar la vida sin ella. Semanas sin ella ya apestaban lo suficiente.

—Sólo no se lo digas a mi papá —dijo, haciéndonos reír a ambos.

—No se lo diré a nadie —prometió Sammy, haciendo una cruz sobre su corazón con sus dedos—. Y si vienen a cenar con nosotros, prometo portarme lo mejor posible.

Chica Reed me miró.

—Tú decide. De todas formas necesitamos comer.

—¿Quién va a ir? —pregunté, aunque supuse que ya lo sabía.

—Los de siempre. Paul, Brady, Colin y, por supuesto, yo. Tal vez unos de los chicos defensivos. Están juntando gente mientras hablamos.

—¿Colin? —Chica Reed entrecerró los ojos—. ¿Colin, el que mandó una ama de llaves stripper a mi casa y tapó mi retrete? ¿Ese Colin?

Sammy se veía como un venado frente a las luces de un carro por su tono de enojo.

—Uh, ¿sí? ¡Lo siento! No sabía que iba a hacer esas cosas.

Ella sonrió.

—No te culpo. —Luego se giró hacia mí—. Vamos a ir.

Bueno, ahí quedó el plan de abandonar a la familia y llevarla a casa para follar toda la noche. Pero el brillo en sus ojos me indicaba que la cena con mis compañeros también podría ser divertida.

—Lo que tú desees, nena. Lo sabes.

Se alzó de puntillas y mordió mi oído.

—Te deseo a ti. Siempre. Y te tendré como postre.

Joder, sí. Le apreté el culo.

—El vencedor recibe la recompensa —le recordé, no es que ella necesitara recordatorio.

Se rio.

—Usas esa línea conmigo luego de cada una de tus victorias.

—Y lo seguiré haciendo después de cada victoria. Te esperan muchos años de eso.

—Y no lo cambiaría por nada. —Me besó antes de sonreírle de nuevo a Sammy—. Dime, ¿a Colin le gustan las rubias?

Si él se sorprendió por su pregunta, no lo mostró.

—¿A quién no?

Su sonrisa se amplió.

—Genial. Iré a hablar con mi hermana. Tú y Edward pónganse de acuerdo.

Ella se fue; dejándome pensando qué estaba pasando por su hermosa cabeza.

Sammy la miró irse y soltó un silbido bajo.

—No le silbes a mi chica. —Lo fulminé con la mirada.

—No lo hacía, al menos no de esa manera. —Sacudió la cabeza—. ¿Sabes lo afortunado que eres por tener a una chica como ella?

Bueno, esa era una pregunta muy tonta.

—Por supuesto que sí. ¿Por qué crees que no tengo interés en los clubes, o en la chica de relaciones públicas ni en nadie más? Chica Reed es la mejor.

—Eso parece. También parece que Colin podría estar en problemas. —Miramos a Chica Reed y Rubia hablando muy de cerca. Jodidamente maravilloso. Cualquier cosa que a ellas se les ocurriera, él se lo tenía merecido.

—No debió joderme. Mi chica es muy leal.

Se rio entre dientes.

—Tus dos chicas, al parecer. Todavía sigue enojado porque tu gatita lo tiró de culo.

Me reí.

—Rainbow es un peligro. —Joder, amaba eso de ella.

—Es endemoniadamente genial. ¿Por qué te quedas con todas las buenas?

Sonreí.

—Porque soy Edward Cullen.

Sacudió la cabeza.

—Imbécil. Vamos a ir a Pepe's. ¿Nos vemos allá?

Miré a Chica Reed, que hablaba y sonreía mientras Rubia se reía.

—Sí, ahí estaremos. —No podía esperar para ver qué estaban planeando esas dos.

Xoxoxoxoxox

—¿Estás segura de que quieres hacer esto? —Estábamos parados afuera de Pepe's y ya podía escuchar a mis ruidosos compañeros gritando y riéndose adentro.

—¡Sí! ¡Será divertido! —Chica Reed me besó la mejilla.

Agarré su mano antes de que pudiera entrar.

—¿Me vas a decir qué estás planeando? ¿Por qué Rubia no está con nosotros?

—Tal vez no quiso venir. —Chica Reed se encogió de hombros, intentando verse inocente. Conocía muy bien a mi chica como para creerme esa mierda.

—Bellaaaaaa —me quejé, sabiendo que era su kriptonita.

—Edward, sólo siéntate y disfruta del show. No puedo prometerte que verás pechos en esto, pero será divertido.

—Los únicos pechos que quiero ver son los tuyos.

Besó mi mandíbula.

—Entonces eso verás. Más tarde. Vamos.

¿Por qué demonios no? Abrí la puerta, dejándola entrar.

Mis padres y Charlie venían en camino. Y Emmett y Rubia estaban haciendo lo que fuera que Chica Reed les hubiera pedido. En realidad no podía esperar para ver qué tenía planeado.

—¡Bella! —gritó Sammy, agitando las manos cuando la vio—. Te guardamos un lugar.

Ella se rio y se dirigió hacia él. Era mejor que el cabrón también me hubiera guardado un lugar a mí o le patearía el culo. El grupo estaba ahí, junto con Embry, Jennings, JPP, Markwood, Montoya, Castillo y Adbullah. Una audiencia grande. Esto iba a ser interesante.

Afortunadamente para mí, había bastantes sillas. Saqué una para Chica Reed junto a él, y yo me metí entre ella y Brady. No iba a dejar que ese idiota intentara conquistarla, incluso aunque fuera a fallar espectacularmente.

—Entonces, ¿estuve maravilloso o estuve maravilloso? —preguntó Sammy, haciéndola reír ligeramente.

—Hiciste un par de buenas atrapadas. —Me sonrió—. Por supuesto, mi Edward te lo puso fácil, lanzándote esos pases perfectos. Prácticamente no tuviste que hacer nada.

Todos se rieron de eso mientras yo deslizaba mi brazo a su alrededor.

—Esa es mi chica.

Sammy sacudió la cabeza, poniéndose una mano sobre el corazón.

—¡Me hieres! Debes saber que yo lo hice verse bien. Sus pases estaban agitándose en el viento, pero los atrapé y los convertí en una belleza.

—Si eso es lo que debes decirte a ti mismo... —bromeó Chica Reed.

—Parece que encontramos a tu fan número uno —dijo Brady con una carcajada—. Eres un bastardo con suerte.

Eso era cierto. Mi chica se veía jodidamente fabulosa en mi jersey y unos jeans apretados que presumían su culo a la perfección. No podía esperar para salir de aquí y poner mis manos en ella.

—Más bien su fan número tres. Su amigo raro es el número uno, y el papá de ella el número dos. —Colin le dio un trago a su cerveza—. Debiste haberlos visto pelear sobre quien lo elegiría en la primera ronda de la selección de fantasía que jugamos. ¡Primera ronda! ¡Ja!

—Bueno, anotó veinte puntos hoy. Nada mal. —Charlie apareció detrás de Colin, también llevaba mi jersey y su gorra nueva de los Gigantes—. Y si vamos a burlarnos de las elecciones, buena decisión con McCoy. Él obtuvo un cinco punto dos.

Colin frunció el ceño por ese comentario y sacó su teléfono, probablemente para ver si era verdad. Al parecer sí lo era porque soltó un "hijo de puta" y lo dejó de golpe en la mesa.

Charlie lo había estado fulminando con la mirada, pero luego fijo su vista en la mesa y sus ojos se abrieron de manera cómica.

—¡Oh Dios mío! ¡Eres Rashad Jennings! ¡Y Jason Pierre-Paul! ¿Me dan sus autógrafos? —Y claro, sacó esa libretita que Chica Reed había llevado a la ceremonia de mi Heisman por él y comenzó a pasarla por la mesa.

Yo estaba recibiendo miradas extrañas, así que suspiré y agité una mano.

—Chicos, este es el papá de Bella, Charlie. Charlie, estos son los chicos.

—¡Qué buen juego! Esa tacleada que recibiste, cuando te enfrentaste a dos lineman, fue una belleza. —Y Charlie siguió, fanboying con todos y todo.

Chica Reed se recargó en mí.

—Esto le ha hecho todo el año. Gracias por invitarlo.

Y es por eso que no pude avergonzarme de ello. Mi chica era feliz porque su papá lo era también, y eso era todo lo que importaba.

—No fue nada, nena.

Estiré la mano izquierda y agarré la jarra de cerveza. Brady agarró mi brazo, deteniéndome.

—Um, ¿te casaste después del juego o algo así?

Toda la mesa me miró.

—Algo así. Mi chica me dio un regalo.

—Intentando alejar a las fans, ¿eh? No es mala idea. —JPP nos asintió mientras aceptaba la libretita de autógrafos de Charlie.

Estaba a punto de responder cuando Chica Reed habló:

—No se trata de alejar a otras mujeres de él. Es sólo un símbolo de que estamos comprometidos el uno con el otro. Yo uso su anillo y quería que él usara el mío. Es un recordatorio sólido ya que no podemos vernos todos los días.

—Mierdas, como si eso fuera a detener a alguna de esas perras. La chica súper caliente de relaciones públicas, Heidi, prácticamente empieza a salivar cada vez que ve al niño bonito —añadió Colin.

Eso era todo. Iba a matar a ese hijo de puta por echarle en cara otras mujeres a mi chica. Antes de poder actuar, sentí su mano en mi rodilla.

—¿Quién puede culparla? Él es guapísimo. —Me sonrió—. Pero es mío, y confió en él. Después de todo, su única reacción a una mujer semidesnuda en nuestra casa fue echarla afuera y llamarme inmediatamente para contármelo. De hecho se sintió mal a pesar de que él no hizo nada malo. Me respeta y respeta nuestra relación. No es nuestro problema si otras personas no pueden hacer lo mismo. —Realizó ese pequeño discurso con una sonrisa fría y un brillo en sus ojos que era un poco peligroso. Pero también fue jodidamente caliente.

Colin se encogió bajo su mirada.

—Fue sólo una broma. Y no esperaba que ella le ofreciera algo. Nunca lo hacen para… —se calló, pero fue demasiado tarde. Toda la mesa se estaba riendo de él.

—Amigo, ¿le pagas a chicas para que se desnuden? Yo sólo tengo que sonreír. —Jennings nos lanzó una brillante sonrisa.

—Jódete —murmuró Colin—. Fue una broma.

Chica Reed lo miró por varios segundos.

—Siempre pensé que esto de las novatadas terminaba cuando se convertían en profesionales. Supongo que los chicos tardan más en madurar que las chicas.

—Bueno, es nuestra obligación joder un poco a los novatos —le dijo Sammy, como siempre intentando llegar al rescate—. Por ejemplo, la cena de esta noche será cortesía de nuestro ilustre mariscal de campo. Todos lo convertimos en campeón en su primer juego. Es lo menos que puede hacer.

Le tiré dedo, pero me importaba una mierda. Y el humor en la mesa se aligeró considerablemente con todos reviviendo sus jugadas favoritas del juego, hablando mierdas de los texanos y anticipando la siguiente semana. Todos ordenamos un montón de comida y la cerveza siguió fluyendo.

Estaba comiendo mi delicioso platillo de pasta cuando Brady soltó un repentino silbido.

—¡Santa mierda! ¿Ven eso?

La mesa se quedó en completo silencio y levanté la vista para saber a qué se debía tanto alboroto. ¿Qué carajos? Rubia estaba entrando en la sala como si ella fuera la dueña del lugar, usando un vestido rojo de sirena que se le pegaba a la piel, maquillada y peinada para una noche en la ciudad. Pasó caminando por nuestra mesa, contoneando las caderas, sus piernas se veían larguísimas porque estaba usando unos tacones que tenían que hacerla al menos medio pie más alta.

Casi abro la boca, pero Chica Reed volvió a apretar mi rodilla debajo de la mesa. La miré y sacudió sutilmente la cabeza. Cualquiera que fuera su plan, obviamente comenzaba con Rubia viéndose como una prostituta de clase alta.

Todos mis compañeros se veían un poco sorprendidos. Bueno, al menos los solteros. Los casados apartaron la vista rápidamente, pero era claro que la habían notado.

—Oye, esa no es… —Sammy se cayó de repente con un gruñido. Chica Reed le lanzó una mirada y se compuso de inmediato. ¡Ja! Debió haberlo pateado debajo de la mesa. Carajo, la amaba.

Rubia se dirigió a la barra, se subió a un taburete y cruzó las piernas antes de echarse hacia atrás el cabello. Parecía no habernos visto en absoluto mientras le pedía su orden al barman con una deslumbrante sonrisa.

—Santa mierda… qué cosas no le haría. —Colin se lamió los labios.

—Sigue soñando —le dijo Paul, parándose y poniendo una sonrisa de campeón—. Voy a ir.

Caminó hasta Rubia, puso una mano en su hombro y sacó su cartera para pagar por su bebida. Ella le dedicó una sonrisa tensa y negó a cualquier cosa que él le estuviera diciendo. Paul le dijo algo más y luego ella le dio la espalda. Él se quedó ahí parado como idiota por un minuto antes de regresar a la mesa.

—Maldición, hijo, ¡eso fue letal! —Brady se estaba riendo tanto que comenzó a ahogarse. Le pegué en la espalda mientras Paul se sentaba de mal humor.

—No me digas que Mr. Seductor fue rechazado por una mujer —Sammy sacudió la cabeza—. Es un día muy, muy triste.

—Dijo que no era su tipo. —Paul se veía desconcertado—. Soy el tipo de todas.

Nos reímos de su confusión.

—Probablemente quiere al Niño Bonito —señaló Colin.

Fulminé con la mirada al estúpido.

—Tal vez. ¿Por qué no vas y lo intentas, cariño? Muéstrales cómo se hace.

Miré a Chica Reed. ¿A qué carajos estaba jugando?

—¿Quieres que vaya a coquetearle a otra chica? —¿Rubia? Joder, no gracias. Probablemente me golpearía sólo por diversión.

Se rio.

—No, quiero que les enseñes a estos chicos lo fácil que es seducir a una mujer. Después de todo, me ganaste a mí, ¿no?

—Sí, pero… —Me alzó una ceja, así que detuve de golpe mi argumento. Lo que fuera que tenía planeado, esto era parte de ello—. Bien.

Me paré y caminé lentamente hasta Rubia, asegurándome de mantener las manos cerca de mi polla en caso de que empezara a soltar golpes o patadas.

—Hola —le dije cuando llegué con ella—. No tengo idea de por qué carajos estoy aquí.

Sus labios se torcieron, pero mantuvo la cara neutral ya que toda nuestra mesa la estaba viendo.

—Estás aquí para ser rechazado, así podrás regresar y decirle al cabrón de tu compañero que dije que me gustaban los hombres más grandes y fuertes que tú.

Bueno, eso era jodidamente insultante.

—Oye. Eso no es nada amable.

Rodó los ojos.

—El punto es lograr que venga a coquetearme él.

—¿Y luego? —pregunté, porque estaba jodidamente cansado de estar a ciegas.

Me entrecerró los ojos.

—Ya verás. Voy a soltarte un golpe ahora, así que si no quieres que te pegue, detenme. —Luego alzó la voz—. ¿Estás casado? Jódete. —Justo como me advirtió, su mano vino hacia mi cara. La atrapé antes de que pudiera tocarme.

—¿Dónde está mi hermano? —pregunté, soltando su muñeca.

Rubia siguió fulminándome con la mirada.

—Poniendo la arena para gatos sucia de Rainbow en la cajuela de Colin, donde está la llanta de repuesto. Tardará años en encontrarla.

Eso era… jodidamente maravilloso. Apenas pude contener la sonrisa al regresar a la mesa. Chica Reed se estaba riendo, y el resto de la mesa se estaba carcajeando.

—¿Disfrutaste eso, nena? —pregunté, sacándola de su silla y plantando un enorme beso en ella antes de que pudiera responder. Mientras que le tiraba dedo a Rubia sobre mi hombro.

—Bueno, el anillo funciona —respondió cuando pudo hablar de nuevo. Le pellizqué su sexy culo y la hice gritar.

—Ajem —sonó una voz desde la mesa de al lado.

Le lancé un encogimiento a Charlie. Como sea. Después de todo ella era mi prometida. Su culo era mío para tocarlo y, tristemente, sólo para tocarlo. Había rechazado mis exigencias de sexo anal por el trauma del reclutamiento de fantasía.

—Buen trabajo, Cullen. —Colin se veía muy emocionado porque yo hubiera sido rechazado de mentiras. Esa mierda era muy molesta, a pesar de que Rubia era probablemente la única chica que me habría rechazado antes de que apareciera Chica Reed, gracias al idiota de mi hermano. Tampoco es que quisiera su culo gruñón. Por nada del mundo.

Me senté de nuevo en mi silla y jalé a Chica Reed a mi regazo, sólo como un pequeño recordatorio de que no estaba interesado en Rubia ni en nadie más.

—Le gustan sus hombres grandes y tontos. —Esa mierda era verdad. Mi hermano encajaba perfectamente en esa descripción—. Claramente yo no califico, excepto en la parte de grande. Aunque no iba a enseñárselo. A Bella no le hubiera gustado.

—Claro que no —aceptó Chica Reed. Puso una mano posesiva en mi muslo—. Mío.

—Todo tuyo, nena. —Y estaba listo para dárselo. Necesitábamos poner en marcha este show.

Antes de poder preguntarle cuándo iba a empezar todo, Rubia se bajó de su taburete y se acercó a nuestra mesa, sus caderas se contoneaban en un sexy movimiento que tenía a casi toda la mesa babeando. Caminó directo a Colin, lanzándole una enorme sonrisa.

—He estado esperando toda la tarde a que te acerques a saludarme. ¿Estabas mandando a tus amigos para molestarme? —preguntó con una voz más profunda de lo que le había escuchado antes. ¿Qué carajos?

Colin se enderezó en su asiento, una enorme sonrisa se formó en su cara.

—¿Querías hablar conmigo?

Rubia se lamió los labios y pasó una mano sobre su hombro.

—Quería hacer mucho más que eso, cariño.

Él parecía estar a punto de tener un ataque cardiaco en la mesa. De verdad esperaba que eso no fuera a pasar. Su respaldo apestaba.

—¿En serio? —su voz se quebró en las palabras.

—Por supuesto. Sé que puedes darme lo que quiero.

—¿En serio? —Sus ojos estaban abiertos como platos—. Quiero decir, sí puedo. Por supuesto que puedo.

—Y yo podré darte lo que quieres. —Ella metió un dedo en su cerveza y se lo llevó a la boca, chupando y metiendo las mejillas. Santa mierda, Rubia era buena.

—B-b-bien —logró tartamudear él.

—Aunque tengo algo que advertirte —dijo, usando el mismo dedo que acababa de chupar para trazar la línea de su mandíbula.

—¿Advertirme sobre qué?

Ella le sonrió dulcemente.

—Me hice mi cirugía final luego de la última vez que estuvimos juntos. Así que, ahora la única cosa que puedo meter en ti es esto… —Movió el mismo dedo—… y esto. —Luego agitó la lengua—. Pero ahora tengo dos agujeros para que tú la metas. ¿No será divertido?

Bueno, santa mierda. Eso explicaba la voz profunda que estaba usando. Se escucharon jadeos y exclamaciones de mis compañeros. Chica Reed se sacudía al intentar contener su risa. Colin se veía confundido y horrorizado al mismo tiempo.

—No sé de qué estás hablando. —Sacudió la cabeza—. No te conozco.

—Vamos, Colin. Me conoces mejor que nadie más. —Rubia se veía triste—. Soy yo, Brandon. Bueno, ahora Brandy. —Se mordió el labio—. Pensé que te emocionaría saber que al fin podríamos estar juntos como hombre y mujer.

—¡Estás mintiendo! ¡Ella está mintiendo! Él… quiero decir… ¿qué? —Colin nos señaló a Paul y a mí—. Ellos también te coquetearon. No sólo yo.

Rubia se encogió de hombros.

—Sabes que ellos no son mi tipo, cielo. Tú lo eres. ¿Por qué pretendes que no hemos estado juntos? ¿Tan poco signifiqué para ti?

—¡No! Quiero decir, ¡sí! ¡Nunca hemos estado juntos! ¡Lo juro! —Nos estaba viendo a todos, rogándonos para que le creyéramos.

Rubia lo fulminó con la mirada.

—¡Cómo te atreves! Soy lo suficientemente bueno para un revolcón detrás de una marquesina, ¿pero no para presentarme a tus compañeros? ¡Jódete! —Y le echó la cerveza encima antes de irse, dejándonos a todos viéndola.

Colin seguía tartamudeando.

—Ella está mintiendo. O él. ¡Lo que sea que sea! Nunca en mi vida la había visto.

—Pues sabía mucho de ti —señaló Paul.

—Como sea. Tú le coqueteaste.

—Pero no sabía que no era ella. O supongo que ahora ya es un ella. Tú sí sabías. Hombre… me preguntó quién es su cirujano.

—¡No lo sabía! —gritó, apartándose de la mesa—. Vamos, saben que me gustan las chicas.

—Técnicamente es una chica —le dije, haciéndolo enojar más.

—Que se joda. Está mintiendo. Y que se jodan los que le creen. No me gustan las pollas. —Y se fue del restaurante, dejándonos a todos viéndolo.

—¿Ya salió ella? —pregunté suavemente, porque si él iba tras Rubia, yo iba a tener que salir y salvar su gracioso trasero.

—Sí, Emmett la estaba esperando —dijo Chica Reed con una risita. Luego soltó toda la risa que había estado conteniendo durante todo el show.

—Eres diabólica —dije, besando su cuello mientras ella reía. Era jodidamente maravillosa. Y toda mía. No podría estar más orgulloso.

—Amigo, ¿fue en serio? ¿A Colin le gustan los chicos? —Jennings hizo una mueca—. Quiero decir, no hay nada de malo en eso, pero su casillero está cerca del mío.

—No seas homofóbico —le dije.

Chica Reed negó con la cabeza.

—No, nada de eso fue real. Mi amiga estaba intentando enseñarle a Colin a no meterse con mi hombre y mi relación. Aunque siéntanse libres de molestarlo con eso por un tiempo, ¿de acuerdo?

JPP soltó una estridente carcajada y todos se unieron.

—¡Cuenta con ello! Va a recibir muchas mierdas.

—Le voy a comprar una botella de brandy para ponérsela en el casillero, como recordatorio —decidió Sammy—. Bella, eres un poco malvada.

Ella sonrió.

—Fue divertido. Él avergonzó a Edward, así que yo lo avergoncé a él. Bueno, Rose lo hizo. No puedo aceptar todo el crédito por ella. Se suponía que sólo lo iba a rechazar. Ella hizo eso de ser hombre por su propia cuenta.

Por supuesto que sí. Muy típico de Rubia.

—Ahora sé por qué estabas casi hiperventilando para intentar no reír.

—Es que me sorprendió. Sólo Rose.

—Eso fue genial —dijo Brady, todavía riéndose—. Él ha sido un cabrón últimamente. Tal vez si cree que todos pensamos que le gustan las pollas lo calmará un poco.

—Eso espero —acepté, levantando mi cerveza para brindar por ello. Luego le sonreí a mi chica—. Eres la mejor, ¿lo sabes, nena?

Se rio.

—Sí. —Se inclinó para susurrar en mi oído—. Ahora llévame a casa y te mostraré qué tan buena puedo ser.

Me paré antes de que ella terminara de hablar, cargándola en brazos.

—Ya nos vamos. Nos vemos el martes. Nena, dale mi tarjeta de crédito a Sammy. —Pagaría por su comida y todo lo que quisieran si eso conseguía sacarme de este lugar. Ella sacó mi cartera de mis pantalones y le lanzó mi tarjeta dorada.

Les asentí a mis padres y a Charlie, que se veían un poco sorprendidos cuando pasé junto a ellos cargando a Chica Reed.

Ella se rio entre dientes y me besó la mandíbula.

—Estamos ansiosos, ¿no?

—El vencedor recibe la recompensa, ¿recuerdas? Quiero mi recompensa.

—Yo también quiero la mía. Vencí a un cabrón esta noche.

Sonaba tan orgullosa de sí misma. Me detuve en mi carro y la besé profundamente.

—Te daré tu recompensa durante toda la noche, bebé.

Gimió.

—Me parece bien.

A mí también. Fue un día perfecto. Gané mi primer juego. Mi chica me había dado un anillo para mostrarle al mundo que era suyo. Nos habíamos vengado de Colin por ser tan cabrón. E iba a ir a casa y hacer que mi chica gritara mi nombre durante toda la noche, lo cual era muchísimo mejor que los miles de fans que lo hicieron en la tarde. Ganar era lo mejor.