Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 12

—Gracias a Dios que ya estamos en casa. —Empujé a Chica Reed contra la puerta luego de cerrarla—. ¿Tienes idea de lo mucho que te deseaba?

Deslizó las manos debajo de mi camisa, apretando mis pectorales.

—Siempre me deseas, especialmente luego de algún juego.

Eso era definitivamente cierto. Me gustaba gastar toda mi adrenalina extra follándola. La mejor celebración post-juego por mucho.

—Con o sin juego —le dije, presionando mis labios en su garganta. Ella soltó un sexy gemido y quise tomarla ahí justo contra la puerta. Llegué al botón de sus jeans justo cuando Rainbow rozó mis piernas.

—Maldita sea.

Chica Reed se rio.

—Tenemos toda la noche —me recordó. Eso me hubiera hecho feliz si no fuera por el hecho de que ella se iba a ir en la mañana.

Se agachó para cargar a Rainbow, que ronroneó y le dio unos cabezazos antes de girarse hacia mí. Rodé los ojos, pero la cargué y la dejé frotarse en mí.

—Sólo te permito hacer esto porque tu apestosa arena para gatos se está cociendo en el carro de Colin mientras hablamos, y eso es jodidamente increíble. —Rainbow logró vengarse más incluso sin estar cerca del bastardo. Así de buena era.

Chica Reed se rio, agarró mi mano y nos llevó a la sala. Me empujó hacia el sofá.

—Quítate la camisa.

Alcé una ceja.

—¿Aquí? —pregunté, dejando de lado a Rainbow. Agarré sus dulces para distraerla.

Chica Reed asintió.

—Quítatela.

¿Quién era yo para contradecirla? Me la quité y la lancé al otro lado de la sala. Mi chica se me quedó viendo por un minuto.

—¿Te gusta lo que ves, nena? Es todo tuyo. Puedes hacer lo que quieras con esto.

Al parecer salió de su aturdimiento.

—Eso pretendo. Inclínate hacia enfrente.

¿Lo iba a hacer? Demonios sí. Me incliné. Se subió detrás de mí y luego sus manos comenzaron a hacer su magia en mi cuello y mis hombros. Solté un gemido largo y ruidoso que la hizo reír.

—De verdad me estás consintiendo.

—Ese es mi trabajo. —Sus labios se presionaron en mi nuca. Joder, eso se sintió bien, especialmente combinado con sus manos en mí—. Me sentí increíblemente orgullosa de ti hoy.

La miré por la comisura de mi ojo.

—Me has visto jugar antes. Y mejor que esto, por cierto.

Rozó mi cuello con sus labios.

—Sí, pero esto es la NFL. Hay montones de chicos que juegan futbol universitario y no llegan a ser profesionales. Y aquellos que sí llegan a serlo, rara vez empiezan a jugar desde el primer día, especialmente de mariscales. Pero ahí estabas tú, tranquilo y lleno de confianza como siempre, liderando jugada tras jugada. No dejaste que la defensa te alterara, incluso después de que te taclearon un par de veces.

Sus palabras me hacían sentir cálido por dentro.

—Creí que era engreído. —Todos lo decían, aunque me gustaba más cómo lo decía ella.

Se rio.

—También eres eso, pero no en el campo. Chicos engreídos intentan hacer demasiado y creen que pueden. Tú conoces tus limitaciones.

Tuve que reírme de eso con ella.

—¿Puedes decirle eso al Entrenador? Porque de verdad quería lanzar esa bomba en la primera jugada, pero jugué a su manera.

—Lo cual es no ser engreído. La confianza es increíblemente sexy, sobre todo cuando estás jugando. Guarda lo engreído para mí.

Gemí cuando sus manos se deslizaron alrededor de mi espalda y encontraron mi polla lista y deseosa por ella.

—Es toda tuya.

—Mmm, lo sé. —Me frotó un par de veces sobre mis pantalones antes de subir sus manos por mis brazos, masajeando músculos de los que yo no había estado consciente que me dolieran.

—Joder, eso se siente bien.

Se puso a trabajar en mis omóplatos. Si no fuera porque ya le había pedido matrimonio, estaba seguro que lo habría hecho en este preciso momento porque me estaba haciendo sentir jodidamente increíble.

—Extrañaba poner mis manos en ti.

En eso ambos estábamos en perfecto acuerdo.

—Podría decirte lo mismo a ti. Carajo, no puedo esperar hasta diciembre.

—Yo tampoco. —Trabajó en mis costados antes de estirar los brazos y apretarlos a mi alrededor—. Te amo.

Mis manos se unieron a las suyas.

—También te amo, nena.

Nos quedamos así sentados por unos minutos, sus labios presionándose contra mi piel, su cabello haciéndome cosquillas en la espalda. Amaba tenerla envuelta a mi alrededor, pero no era suficiente. Me giré para poder verla. No quería perderme ni un momento de verla. Sí, la veía todos los días por FaceTime o Skype, pero no era lo mismo que ver su hermosa cara en persona, que tocar su suave y perfecta piel.

Sonrió cuando la puse en mi regazo, ambos estábamos sentados de lado, ella estaba sentada a horcajadas en mí. Tracé mi número siete en su jersey.

—No puedes decidir si es que quieres que me quede con esto puesto o si es que quieres que me lo quite, ¿no? —preguntó, me conocía muy bien.

—No puedo evitarlo. Te ves jodidamente caliente con mi número y mi apellido en ti.

—Pronto será mi apellido —dijo, su cara estaba casi brillando.

—Haría que fuera tu apellido en este mismo momento si pudiera. —Decía en serio esa mierda. Me casaría con ella justo ahora si mi madre no me matara. Y si ella no se fuera a ir mañana. Íbamos a tener una luna de miel larguísima luego de toda la mierda de la boda.

—Lo sé. —Me besó suavemente—. Es suficiente con que estés usando esto. —Pasó un dedo sobre mi anillo—. Sé que yo te hice sentir culpable para que lo usaras, así que…

Al carajo con eso.

—Nena, ¿cuándo he hecho algo que no quiero hacer?

Me miró.

—Cuando conociste a mi padre. Y a mi madre. Y cuando soportarse esa cena de cumpleaños que me organizó mamá el año pasado. Y Halloween, cuando Alice y yo te obligamos a usar ese disfraz de pirata sexy.

Me reí de esos recuerdos.

—Bien, algunas de esas mierdas apestaron, pero lo hice porque quería hacerlo por ti. Y sí, estoy usando esto porque tú querías que lo usara, pero también porque yo quiero usarlo. —Alcé mi mano, estudiando la banda que reposaba ahí—. Sabes, solía pensar que uno de estos era como una sentencia de muerte.

Se rio.

—E incluso cuando me di cuenta de que no lo era y de que quería usarlo contigo, aun así pensaba que me sentiría raro al tener un anillo en mi dedo.

—¿Pero no te sientes así? —preguntó, sonaba esperanzada.

—En absoluto. Debería sentirme raro, ¿no? Quiero decir, apenas tengo unas horas usándolo. Pero no me molesta. Es como si perteneciera ahí. —Sacudí la cabeza. Era un idiota—. Carajo, soné como una chica.

Chica Reed me envolvió en sus brazos.

—No, no fue así. Puede que esa haya sido una de las cosas más dulces que me has dicho jamás.

Eso era probablemente cierto.

—El romance no es una de mis más fuertes habilidades.

Sonrió.

—No estoy de acuerdo. Me das más de lo que alguna vez creí posible.

Tuve que sonreír por eso.

—Eso es porque pensabas que era un cabrón egocéntrico.

—Un cabrón egocéntrico guapísimo —corrigió con una carcajada—. Y recibí mucho más de lo que esperaba.

—Porque tú sacaste eso de mí. Y me veía jodidamente caliente de pirata.

Se rio.

—Así eso. Y yo disfruté ser saqueada por ti.

Carajo, sólo unas pocas palabras y ya estaba adolorido por estar dentro de ella.

—Bueno, pues prepárate para ser saqueada, moza.

Se rio cuando me paré del sofá, cargándola conmigo. Rainbow, sintiendo que un juego se avecinaba, corrió entre mis pies.

—Carajo, no. —Me desvié hacia su habitación, donde se subió a su castillo, viéndose emocionada. Rápidamente salí y la encerré, ignorando su indignado "meow" que sonó inmediatamente.

—Eres malo —dijo Chica Reed, aunque seguía riéndose.

—Por supuesto que sí. Los piratas no se toman descansos de saquear para estar con gatos.

Me alzó una ceja.

—Estaba esperando una broma sobre coños.

Me encogí de hombros. Luego de los comentarios de Colin, no quería volver ahí. Hoy no.

—Preferiría lamerlo en lugar de bromear sobre ello.

Se le atoró la respiración cuando la lancé a la cama.

—Pues, adelante.

No tardé nada en tenerla desnuda y removiéndose debajo de mí mientras trabajaba en ella con mi lengua y manos. Carajo, amaba cómo sonaba cuando estaba a mi merced; sus gemidos eran endemoniadamente sexys. Sus manos estaban hechas puño en las sábanas y su cuello echado hacia atrás en señal de rendición. Jodidamente caliente.

En cuanto se corrió, me levanté y me quité el resto de mi ropa, metiéndome en ella incluso antes de que terminara de convulsionar. Caliente, mojada, perfecta. Era así cómo se sentía cuando estaba dentro de ella. Y cuando sus deslumbrados ojos se encontraron con los míos y vi todo lo que ella sentía por mí en su cara, fue, joder, fue todo. Envolvió sus largas piernas a mi alrededor y encontramos nuestro ritmo. Como siempre, estuvo bien. Todo sobre nosotros estaba bien.

Xoxoxoxoxox

La única cosa mala de que Chica Reed viniera a mi juego era que tenía que irse de nuevo. Esta vez mi hermano y Rubia la iban a llevar al aeropuerto, así nosotros no tendríamos que despedirnos en público. Pero de esta manera yo terminaba pasando menos tiempo con ella, lo que apestaba.

—¿Estás haciendo puchero? —preguntó mientras se ponía el sostén. Admiré la forma en que sus tetas se derramaban sobre el satín azul brillante.

—No. —Pero sí lo estaba haciendo.

Se acercó y pasó sus brazos alrededor de mi cuello, poniéndose de puntillas para alcanzar mis labios.

—Tres meses más. Logramos pasar bien por el primero.

Alcé una ceja y se rio.

—Tal vez bien no es la palabra adecuada, pero sobrevivimos. Y me verás dentro de unas semanas en Jacksonville.

Gracias a Dios jugábamos contra los Jags en Jacksonville este año. Ella se iría con nuestros amigos para verme jugar. Ya les había conseguido entradas a todos.

—¿En serio Jasper va a ir? —pregunté, intentando mantener la queja fuera de mi voz.

Se rio.

—Sabes que sí. Es la semana de descanso de los Noles y no puede esperar para verte de nuevo.

—Eso es lo que temo —le dije.

—No dejaré que te acose —prometió, dándome otro beso.

—Más te vale. —Le enseñé mi anillo—. Esto te obliga a mantener alejadas a las locas de mí, y no sólo a las mujeres.

—Me tomo esa obligación muy en serio. —Besó mi dedo anular con una sonrisa de felicidad en el rostro. ¿Quién sabría que mi chica se excitaría tanto por poner un anillo en mi dedo? Debí pedirle que hiciera esta mierda hace un año. Tampoco es como si no pudiera excitarla sin esto, claro.

—Tal vez deberías enseñarme cómo vas a protegerme —sugerí, intentando llevarla de regreso a la cama.

Se rio y se apartó de mí, sacó una blusa de su maleta antes de correr al baño.

—Tu hermano llegará en cualquier minuto.

Maldito sea. ¿Por qué por primera vez en su vida tenía que llegar a tiempo? Culpaba a Rubia. Ella estaba sobre su culo por cada maldita cosa.

Ella salió del baño completamente vestida justo cuando sonó el teléfono alertándome de que ellos ya estaban aquí. No dijo nada; sólo se acercó y me envolvió en sus brazos. La abracé hasta que escuché el golpe en la puerta de enfrente. Rainbow saltó de su lugar en mi almohada para ir a ver quién era, claro. Chica Reed se rio al verla irse.

—Al menos sé que Rainbow te estará cuidando.

—Sí, lo hará. Aunque no es lo mismo.

—Lo sé. Pero no es un adiós, ¿verdad?

Ambos acordamos que odiábamos esa palabra y que no encajaba con nuestra situación.

—Es un hasta luego.

—Exacto.

Nos besamos hasta que el cabrón de mi hermano comenzó a tocar de nuevo. Imbécil. Iba a despertar a todo el edificio.

Tomé su maleta y sostuve su mano mientras caminábamos hacia la puerta. La abrí y lo fulminé con la mirada, pegándole en el estómago con la bolsa.

Gruñó.

—Lo siento, hermano. Pero tenemos que irnos. El tráfico es un dolor de culo y las chicas deben regresar a sus clases.

Lógicamente sabía eso, pero aún así lo detestaba.

—Baja su maleta y bajaremos después de ustedes.

Emmett se rio.

—¿Cómo si fuera a creerme esa mierda? La tendrás desnuda dos segundos después de que me vaya. Lo siento, pero necesitan un chaperón.

Maldita mi familia que me censuran.

—Te odio.

—No, no lo odias —Chica Reed me regañó gentilmente—. Son sólo tres semanas.

Tres semanas larguísimas. Suspiré y me giré para encararla.

—Debería vestirme para bajar contigo.

—No, me gustaría recordarte justo así. —Miró mi pecho desnudo con hambre mientras mi hermano hacía sonidos de asco.

Le tiré dedo y dejé que ella mirara hasta saciarse.

—Bien. Qué tengas un buen vuelo, y no dejes que este imbécil te moleste.

Se rio mientras mi hermano se ahogada con una protesta.

—Soy un perfecto compañero de vuelo. Me comeré los bocadillos que ella no quiera y le ofreceré mi bolsa para vómito en caso de que la necesite.

Rodé los ojos y Chica Reed se rio.

—Sí, es muy útil. Lo usamos como mula de carga.

—¡Oye! Soy más que sólo unos músculos enormes.

—No, no lo eres —dijimos ambos al mismo tiempo.

Emmett nos fulminó con la mirada.

—Sólo por eso voy a presionar ya el botón del elevador. Despídanse, enamorados.

Quería patearle el culo, pero tenía razón. Era hora. Le aparté el cabello de los ojos y la besé de nuevo.

—Te veré pronto, bebé.

—Muy pronto —prometió, abrazándome con fuerza—. Cuida a tu papi, Rainbow.

Rainbow maulló y se frotó en mis tobillos.

—¿Ves? Te cuidará.

—Sí, sí. Llámame cuando aterrices.

—Lo haré. Te amo.

Forcé una sonrisa para ella porque parecía que quería llorar.

—También te amo, nena. —La besé de nuevo justo cuando llegó el elevador.

Me sonrió tristemente y me soltó.

Verla irse fue jodidamente difícil. Cargué a Rainbow y me despedí con su pata cuando Chica Reed se giró. Eso la hizo reír, aunque sonaba un poco forzado. Se metió al elevador con mi hermano, quien me asintió para hacerme saber que él la cuidaría. Puede que fuera un idiota, pero era un buen protector, y le confiaba a mi chica. Ella me sopló un beso justo cuando la puerta del elevador se cerró.

Suspiré al volver a entrar y cerrar la puerta principal. Rainbow maulló y la dejé frotarse en mi cara.

—Detesto cuando ella se va. —La llevé al sofá y me senté, sosteniéndola cerca, deseando que Chica Reed siguiera con nosotros.

—Pronto. —Aunque no lo suficientemente pronto. Nunca lo suficientemente pronto.

Xoxoxoxoxox

—¿Estás seguro de que tu nombre no es en realidad Colon? Porque escuché que tienes un gusto por los culos.

Reprimí una carcajada cuando Jennings pasó. Había sido una semana de infierno para Colin. Las bromas sobre Brandon/Brandy habían estado volando y Sammy había cumplido su promesa de una botella de brandy, entre otras cosas, como tapones anales y esas mierdas. Me sirvió como recordatorio de nunca estar en el lado malvado de mi chica. Era completamente diabólica.

—Jódanse, o voy a patearte el culo —amenazó Colin.

—¡Promesas, promesas! Aunque no querría que Brandy se pusiera celoso. —Jennings se rio al esquivar el golpe de Colin—. Oye, no puedo culparte. Ese era un chico hermoso. Si bateara de ese lado, le llegaría por completo.

—¡No soy así! ¿Por qué carajos nadie me cree? ¡Nunca antes la/lo había visto!

—Claro. ¿Todavía te queda un poco de ese brandy? ¡Hasta el fondo! ¿Fue eso lo que te dijo cuando hizo contigo lo que quiso?

Colin parecía estar a punto de estallar en cualquier momento, así que intervine.

—Es suficiente, hombre. Tenemos un juego que jugar.

Jennings se veía como si quisiera decir algo más, pero se encogió de hombros.

—Lo que digas, hombre.

—Gracias —dijo Colin mientras me ponía el jersey sobre las almohadillas.

—No fue nada.

—No, en serio. Eres el único que no ha dicho mierdas en toda la semana. ¿Me crees?

Pues carajo. Algún día descubriría quien era realmente Brandy y probablemente me patearía el trasero.

—Sí. —Me senté para ponerme mis tacos—. No es tan divertido cuando la broma eres tú, ¿eh?

Suspiró.

—Eso es cierto. Sé que fui un imbécil. Gracias por respaldarme de todas formas. Esta semana ha sido un asco. Primero ese desastre de Brandy y ahora hay algo mal con mi carro. Huele como si hubiera algo muerto ahí.

No iba a tocar ese carro ni con una polea de diez pies, pero fue difícil tragarme la carcajada ante la mirada en su rostro. Bien Rainbow. Pero sí me sentía mal por toda la cosa de Brandy.

—Tú me respaldas en el campo. Yo fuera de él. Siempre y cuando no le faltes el respeto a mi chica.

—Es genial. —Cuando lo vi, sonrió—. Tiene que serlo, ¿no? No le importó que coquetearas con Bra-lo-que-sea-que-fuese en el bar. La mayoría de las chicas no serían así.

—La mía es única en su especie. —Eso era jodidamente cierto—. Y sabe que nunca haría nada para lastimarla.

Comencé a levantarme para dirigirme al campo cuando su voz me detuvo.

—Una vez tuve una chica.

¿Qué? ¿Una chica? ¿Eso era todo?

—Uhh… te das cuenta de que eres un jugador de fútbol, ¿verdad? Probablemente podrías conseguir otra.

Soltó una carcajada.

—No una chica; la chica. En la universidad. Iba a casarme con ella.

Claramente eso no había funcionado ya que él seguía soltero y caliente.

—¿Qué pasó?

Sus ojos oscuros se encontraron con los míos.

—Me cambió.

Carajo.

—Eso apesta. Pero ahora se debe odiar a sí misma. Estás en la NFL y quien sea con quien se haya metido… —me callé ante la mirada en su rostro. Pues demonios—. ¿En serio?

—Mark Millner.

Mariscal de los Halcones de Atlanta. Estaban programados con nosotros más adelante en el año.

—Eso apesta. —¿Qué podría decir?—. ¿Sigue con él?

Negó con la cabeza.

—Fuimos compañeros en Oklahoma. Sólo estuvieron juntos unos meses, pero fueron unos meses más de los que me sentía cómodo.

No pude evitar sentirme mal por él. Si Chica Reed se hubiera metido con alguno de mis compañeros, me habría vuelto loco. Por supuesto, no es como si ella hubiera encontrado algo mejor que yo, pero aun así.

—Pues te jodió por nada entonces. Busca algo de satisfacción en eso. Además Millner no ha brillado mucho desde que entró a la liga.

—Sí, él no es tú.

Alcé una ceja.

—¿Qué? Sabes que eres bueno. No tengo que decírtelo y agregarle más a ese gigante ego.

—Entonces, ¿es por eso que has sido tan cabrón conmigo? ¿Te recuerdo al imbécil que te robó a tu novia? —Eso era más que insultante. Millner no se acercaba ni tantito a mi talento, y era un cabrón feísimo. No había nada similar en nosotros además de nuestra posición.

Se encogió de hombros.

—Tal vez un poco. Eres un novato, pero ya lo tienes todo.

Sí lo tenía todo. No podía negarlo.

—Entonces deja de ser un imbécil y consíguelo para ti, hombre. Acostarte con cualquiera que te vea no es la manera de hacerlo. —Casi me reí de mí mismo por ese comentario—. Ya he estado ahí. No fue hasta que Chica Reed llegó y me golpeó un par de veces en la cabeza que finalmente lo entendí.

Miré sobre mi hombro.

—Las Heidis del mundo valen un centavo la docena. ¿Las Bellas? No tienen precio.

Hablando de, me quité el anillo y lo guardé con el resto de mis mierdas. No podía usar anillos en el campo, pero lo usaba en todas las demás partes. Había recibido un poco de mierda por eso, pero no me molestaba. Era un mandilón. Lo admitía libremente.

—¿Tienes hermanas? —preguntó, haciéndome reír.

—Gracias a Dios que no. —Un golpe de culpa me llegó. Al carajo—. Aunque tengo una cuñada. —Cerré mi casillero y me giré para encararlo—. Ya la conociste.

—¿Sí? —preguntó, se veía confundido.

Me preparé.

—Brandy.

Hizo una mueca ante el nombre.

—Era mi cuñada, Rose. Y antes de que te enojes conmigo, no tenía idea de lo que estaban haciendo. Ni siquiera Bella sabía lo de Brandon hasta que Rose lo hizo.

Entrecerró los ojos y flexionó la mandíbula un par de veces. Estaba listo para escapar al campo cuando soltó una ruidosa carcajada. Tal vez había tenido un colapso mental.

—Eso fue jodidamente bueno. Tengo que darte crédito. No creí que fueras capaz de eso. —En realidad se veía y sonaba impresionado.

—Bueno, yo no hice nada exactamente…

Alzó una mano.

—Nah, está bien. Tal vez me lo merecía.

No había nada de tal vez en eso.

—Los chicos saben que no fue real. Les contamos justo después de que te fuiste. Sólo se están divirtiendo.

—De eso se trata, ¿verdad? —Alzó su considerable figura de la banca. Retrocedí un paso en caso de que me estuviera jodiendo—. Sólo recuerda que la venganza es dulce.

—Estamos a mano —le dije—. Y mi chica…

—Está fuera de límites. Estoy de acuerdo —terminó por mí—. No me meteré con ella ni te meteré en problemas con ella. —Hizo una mueca—. Lamento si la molesté con esa mierda de Heidi.

—Con ella todo está bien.

—Sí, eso parece. ¿Tiene hermanas? —preguntó, lanzándome una sonrisa.

—No. Es única.

—¿Amigas?

—Muchas.

—Dile que me consiga a una y entonces estaremos a mano. —Me palmeó el hombro con una mano, lo sentí incluso a través de las almohadillas—. Ahora, vayamos a patear el trasero de los Vaqueros.

Xoxoxoxoxox

La presión de pases era una locura. ¿De dónde había salido esta defensa? Miramos todas las cintas del año pasado y también de su primera temporada, y no había visto nada que me preparara para esto. Estaban bombardeando cada pocas jugadas. Yo había comido pasto más en el primer cuarto que lo que lo había hecho durante todo el juego pasado. Los expertos decían que la defensa de Dallas iba a seguir siendo horrible, especialmente luego de perder a Ware por Denver durante el verano. Los expertos podían ir a joderse solos.

Logré soltar el balón justo cuando North me golpeaba de nuevo. El balón voló de mis manos e incluso aunque no podía verlo, los gritos que sonaron me hicieron saber que había lanzado un pick. El segundo de este juego. Y el que lo determinaba todo. Joder.

Brady me puso de pie.

—Los venceremos en la próxima —prometió.

—Sí. —¿Qué podía decir? ¿Qué podía hacer? Perdimos, veinticuatro contra veintidós. Yo no había perdido en… carajo. Ni siquiera podía recordar la última vez que había perdido.

Saludé sin ánimos a los Cowboys antes de correr al túnel. El Entrenador se reunió conmigo ahí.

—Lo siento. Ese último pase…

—Hubiera sido completado si hubieras tenido medio segundo más. No era nuestro día. Tú nos regresaste al juego luego de que saltaron a una delantera de catorce puntos. Sigue jugando así y estaremos bien.

Me sorprendió que no me estuviera gritando. Lo había hecho en la pretemporada.

—Te espero a primera hora mañana. Tenemos muchas cintas que ver.

Y ahí estaba. Sería forzado a revivir cada tacleada y error en mi día libre. Aunque estaba bien. Me aseguraría de estar listo para cuando volviéramos a jugar contra ellos.

—Estaré ahí.

Me miró de cerca antes de asentir.

—El cómo manejas las pérdidas es mucho más importante que el cómo manejas una victoria, Cullen. La prensa estará sobre tu culo. Mantente tranquilo. No dejes te que alteren.

Xoxoxoxoxox

Había tenido razón. Las preguntas habían sido diseñadas para hacerme estallar.

Lanzaste tantas intercepciones como touchdowns. ¿Es la NFL demasiado difícil para ti?

Estuviste bajo presión durante todo el juego. ¿Tu línea ofensiva es un problema?

¿Por qué lanzaste ese pase a Call en lugar de hacer una pantalla a Jennings? ¿No viste la seguridad?

Y así había seguido, nunca antes me había sentido tan feliz de alejarme de las cámaras. Manejé toda la mierda que me lanzaron, pero quise irme sobre más de uno de esos cabrones. ¿Pensaban que sabían mucho del juego porque lo cubrían? Me encantaría ver a alguno de ellos en el campo. Entonces lo sabrían todo, ¿verdad?

Saqué mi celular de mi bolsillo cuando me dejé caer en el asiento del autobús del equipo. Tenía varias llamadas perdidas y mensajes, claro. Abrí uno que era de Chica Reed.

Sigues siendo mi Campeón. Siempre. Te amo. Y voy a patear los traseros de Brady y Colin por no hacer bien su trabajo de protegerte.

Sólo ella podía hacerme sonreír luego de perder.

¿Quién los necesita a ellos cuanto te tengo a ti para protegerme? También te amo. Te llamaré cuando llegue a casa.

Me recargué en el asiento y cerré los ojos. El siguiente juego sería mejor. Después de todo, era el Campeón de Chica Reed. Eso me hacía un vencedor.