Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 13
Joder, odiaba perder. Ya estábamos oficialmente 2-2 luego de cuatro juegos, lo cual hubiera estado bien sino fuera por el hecho de que nuestras derrotas estaban en nuestra división con los Cowboys y los Eagles, sumando también que no me gustaba perder. Ahora estábamos atrasados un juego más en la NFC este. Ver la cinta de los Foles liderando la jugada ganadora contra nuestra defensa me hizo sentir enfermo. Si tan sólo hubiera completado ese pase que lancé a Embry en las series anteriores. No hubieran podido atraparnos. Joder.
—¿Todavía te chillan los oídos? —preguntó Sammy al dejarse caer en la banca junto a mí—. Al Entrenador Hopkins casi le da un aneurisma cuando volvió a poner mi fallo en el tercer cuarto. En serio, pensé que iba a desmayarse justo ahí y entonces yo tendría que darle respiración de boca a boca. Esa mierda no hubiera sido bonita.
Me reí a pesar de todo.
—Nah, aunque el Entrenador se quejó de la tercera y doceava jugada donde me tiraron intencionalmente. —Le alcé una ceja—. A pesar de que alguien corrió la ruta equivocada.
Alzó las manos.
—¡No me culpes, hombre! Tenía a Jenkins tras mi culo. Tenía que acortar para quitármelo de encima. Tú debiste anticipar eso.
Rodé los ojos, pero tenía razón. Básicamente había dicho lo mismo que el Entrenador, menos los treinta y algo "carajos" que lanzaba de vez en cuando para darse a entender.
—Sí, sí. ¿Siguen en pie los planes de ir a cenar?
Últimamente había estado pasando más tiempo con el equipo, salía con ellos luego de algunas prácticas y juegos. No los acompañaba a los clubes, pero sí iba a cenar y por una cerveza antes de regresar solo a casa. A Rainbow no le había agradado mucho el cambio en nuestra rutina, pero luego de destruir un par de zapatos, llegamos a un acuerdo. Ella no destruía más mierdas y yo no la dejaba fuera del cuarto como castigo. Funcionaba para nosotros.
—Sí, iremos a The Oaks esta noche —dijo, sacando sus mierdas del casillero—. ¿Quieres venir conmigo?
Me encogí de hombros.
—Depende. ¿Irás al club después?
Negó con la cabeza.
—Nah, hombre. No puedo lidiar con mujeres esta noche, no luego de que el Entrenador me pateó el trasero durante toda la tarde. Sólo quiero una hamburguesa y una cerveza, y luego quiero ver a los Skins siendo derrotados en la Noche de Lunes de Fútbol.
Eso nos subiría los ánimos a todos. Ellos eran un rival de división que yo había logrado derrotar en la tercera semana. E iban sin ganar ni una vez, así que al menos nosotros no estábamos en último lugar. Ya era algo.
—Me parece bien. Tráeme de regreso a mi carro y puedes ver el juego en mi apartamento si quieres.
Lanzó una sonrisa.
—Me parece bien. De todas formas te tengo que robar a la chica.
Me reí.
—Suerte con eso. Bella tiene tu número. —Ella disfrutaría mucho de Sammy, pero nunca me dejaría.
—No esa chica. Rainbow. Voy a lograr ser su favorito.
Bufé.
—Tendrías más oportunidad con Bella. —En realidad no, mis dos chicas eran jodidamente leales. Sammy era un tipo agradable, pero no tenía ni una sola oportunidad.
Agarré mis llaves y mi teléfono, y nos dirigimos a la puerta.
—Y ambos sabemos que tampoco tienes oportunidad alguna con ella.
Sammy se detuvo de golpe cuando salió al pasillo.
—Eres un tipo con suerte, Cullen. Bella es todo lo que un hombre podría desear.
Lo sabía. ¿Por qué lo estaba gritando? Obtuve mi respuesta cuando vi a Heidi recargada en la pared frente a la salida. Jodido infierno. No la había visto desde que dejé su culo patético parado en el estacionamiento hace unas semanas. Me había mandado un par de e-mail sugiriendo que necesitábamos hablar sobre mis fundaciones, pero le respondí con el número de Chica Reed, diciéndole de nuevo que era con ella con la que tenía que hablar de esas mierdas.
—Edward. Eres un hombre difícil de encontrar. —Su sonrisa era endemoniadamente brillante. Y sus dientes eran jodidamente blancos. Ella brillaría en la oscuridad en uno de los clubes nocturnos de Sammy.
—Soy fácil de encontrar cuando quiero serlo. —Traducción: no tengo interés en hablar contigo. Vete.
—Lo mantenemos ocupado —le dijo Sammy, poniendo una mano a modo de apoyo en mi hombro—. Y el tiempo que no ocupamos nosotros, lo llena su chica. Ya conociste a Bella, ¿no?
Si Sammy no fuera ya mi amigo más cercano del equipo, en este mismo momento hubiera subido de estatus.
Heidi se veía como si hubiera chupado un limón cuando asintió.
—Así es. Parece ser muy agradable. —Dijo "agradable" como si fuera una mala palabra. Perra—. En serio, necesitamos discutir algunas ideas para tu Fundación —lanzó la indirecta, avanzando un paso hacia mí. Automáticamente retrocedí uno yo.
—Creo ya haber mencionado antes que Bella será quien se encargue de lo que quiera que vaya a hacer yo. Ustedes reúnanse y discútanlo. Haré lo que ella quiera que haga. —Sí, estaba consciente de que esa declaración me hacía sonar como un sumiso idiota, pero me importaba una mierda. No tenía tiempo para decidir las mierdas de la caridad, especialmente no con Heidi. Sólo díganme cuándo y dónde, y ahí estaré. ¿Qué era tan jodidamente difícil de entender?
—Sí. Y me reuniré con ella para la caridad musical. Pero quiero hablar contigo sobre el SPCA. —Tenía una estúpida sonrisa falsa en la cara—. Tal vez Sammy pueda darnos algo de privacidad.
Al carajo y no.
Antes de poder decir algo, Sammy negó con la cabeza.
—Lo lamento, pero soy la cita de Edward de esta noche. Nos dirigimos para ir a cenar con los chicos. Te invitaríamos, pero no se permiten chicas.
La sonrisa de ella era ya más una mueca que nada, pero suspiró.
—De hecho, también necesito hablar contigo. Hablé con mis jefes y varias personas del SPCA, y acordamos que nos gustaría no sólo juntar dinero, sino también animar a la gente para que adopte animales. —Bueno, obvio—. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que tener a nuestros Gigantes de Nueva York posando para fotos con sus mascotas adoptadas en un calendario para la caridad?
Jodido infierno. Ni siquiera tenía que ver a Sammy para saber que se estaba riendo. Ya no era mi compañero favorito.
Ella me veía con expectación.
—¿Pero que no se hizo ya lo del calendario?
Sonrió.
—Nosotros no lo hemos hecho. El calendario de los bomberos de Nueva York reúne mucho dinero cada año. Podríamos ayudarles mucho al SPCA y conseguir nuevas casas para muchos animales.
Carajo.
—¿Y si mejor tomamos fotos con animales que de verdad necesiten casas? Eso tendría más sentido, ¿no? —Sí, estaba desesperado. La idea de posar para fotos con Rainbow era jodidamente aterradora.
Heidi me sonrió de oreja a oreja.
—¡También haremos eso! El calendario en sí serán los jugadores con sus propias mascotas, ¡y la página de internet tendrá montones de fotos de ustedes posando con animales que de verdad necesiten una casa! ¡Ya puedo verlo! Un gran lineman defensivo como Jason Pierre-Paul sosteniendo un gatito en sus manos. ¿Quién podría resistirse a eso?
Le lancé una mirada a Sammy, pero él no fue de ayuda. Estaba sonriendo.
—Me encantaría posar con mis perros, Heidi. Ambos son animales rescatados.
Ella le sonrió.
—¡Perfecto! Les mandaré los detalles por correo. ¿Qué dices, Edward? Este proyecto es tu bebé, después de todo.
Estaba jodido. De ninguna manera podría salirme de esta sin ser un gran imbécil con una caridad en la que de verdad creía.
—¿Cómo lo haríamos?
Sonrió brillantemente, sabiendo que había ganado.
—Creo que lo mejor sería apartar un día para tomar las fotos en el campo de prácticas. Combinaría el futbol con los animales. El refugio traerá algunos de sus animales para adoptar, y podríamos hacerlo todo en un solo lugar.
Eso sería una jodida pesadilla.
—No creo que mi mascota quiera estar cerca de todos esos animales. Es un poco temperamental.
Una mirada rara se posó en su cara.
—Bueno, tal vez podríamos arreglar una sesión privada…
Oh, carajos no.
—Olvídalo. Estoy seguro de que estará bien. —Puede que ella termine masacrando a todos en el edifico, pero entonces así no habría calendario, era una situación buena por donde lo vieras.
Levanté la mano para pasarme los dedos por el cabello y Heidi jadeó.
—Dios mío, ¿te casaste?
—Te dije que tenía pareja. —Sammy me sonrió. No era una mentira. Tenía pareja, a pesar de que todavía no fuera oficial en papel.
Heidi no se molestó en esconder el ceño fruncido de su cara.
—Bueno, eso cambia las cosas.
Alcé una ceja.
—Oh, ¿en serio? ¿Y qué cambia exactamente?
—Me refiero a que yo me quería inclinar hacia ofertarte como un chico sexy y soltero.
—¿O sea que la gente no querrá adoptar animales que son retratados con un hombre casado? —Ni siquiera me molesté en esconder la burla ante esa idiotez.
Se removió.
—Bueno, no, pero…
—Bien entonces. Esperaré que me mandes los detalles. Rainbow y yo estaremos ahí.
—¿Rainbow? —preguntó, pero yo ya me iba.
Sammy corrió para alcanzarme, sus hombros se sacudían con risa.
—¿Qué? —pregunté, deteniéndome junto a su carro.
—Te diste cuenta de que tenías una salida ahí, ¿no? Pudiste no haber hecho esta cosa de las fotos.
Jodido infierno. Había estado demasiado irritado para tomar la salida cuando había estado justo en mi cara.
—Como sea. Me hizo enojar.
Abrió el carro con el control remoto.
—No te culpo. Quizá ahora que piensa que estás casado se rinda de una vez por todas.
Me dejé caer en el asiento del copiloto.
—Eso espero. Me estoy cansado de su mierda.
Me lanzó una mirada antes de encender el carro.
—Sabes, podrías reportarla.
Rodé los ojos.
—¿Por qué? ¿Por desearme? Tendría que reportar a la mitad del mundo libre.
Se carcajeó de eso.
—Siempre con ese saludable ego, hombre.
—En realidad no ha hecho nada inapropiado. Insinúa mucha mierda, pero no me ha agarrado la polla ni nada así. Sería difícil probar que está haciendo algo más aparte de hacerme sentir incómodo, lo cual sólo me hace sonar como un marica.
—El acoso sexual también existe para los hombres —comentó Sammy, sonaba endemoniadamente serio antes de soltar la carcajada—. Podrías hacer una conferencia de prensa.
—Jódete. Llévame a cenar, cabrón. Necesito un trago.
Salió del estacionamiento.
—No puedo esperar.
—¿Para qué? —pregunté, viéndolo.
—Para que la señorita Rainbow le lance un tiro a Heidi. No tendrás que presentar cargos de acoso si ella te coquetea. Rainbow se encargará de esa mierda.
Ahogué un gemido. Que Dios nos ayude si Heidi hacía algo para enojar a Rainbow. Aunque tenía que admitir que imaginar eso me hizo sonreír.
Sammy se rio en voz alta.
—¡Va a ser la mejor sesión fotográfica de todas! No puedo esperar para salvar algunos animales.
Algunos de esos animales podrían necesitar ser salvados si se cruzaban con mi Rainbow. ¿En qué me había metido?
Xoxoxoxoxox
—Recuérdame una vez más por qué estoy haciendo esto —le pedí a Chica Reed a través de la aplicación de Skype en mi iPad.
—Porque es para la caridad. Y para los animales. Amamos a los animales.
Miré a Rainbow, que se estaba preparando bajo el sol para su gran momento, estaba junto a mí lamiéndose el pelaje.
—No sé si los amaré hoy. Esto será malo.
Decir que estaba temiendo esta sesión fotográfica era quitarle importancia. Se había organizado todo en tiempo récord, lo cual me dijo que probablemente Heidi ya tenía esta mierda planeada antes de acorralarme. Teníamos organizado irnos a Jacksonville mañana, así que el Entrenador nos puso a trabajar duro en la práctica de la mañana, dándonos la tarde para hacer la sesión y reunir nuestras mierdas para viajar.
—Serás una chica buena con papi, ¿verdad, Rainbow? —Chica Reed le hizo cariños a través de la pantalla—. ¿Y qué harás si la desagradable mujer de relaciones públicas se pone un poco mañosa con tu papá?
Rainbow respondió levantando la pata para lamerse el culo. Chica Reed se rio.
—Bueno, confiaré en que harás más que eso, pero si eso significa que le estás diciendo puta, bien hecho, Rainbow.
—Sabes que se va a volver loca si poso con otros animales —señalé. Rainbow era jodidamente territorial. Una vez me acerqué a uno de los gatos tontos de Jasper y en sus ojos se había posado una mirada letal. Todos decían que yo estaba exagerando, pero yo sabía bien lo que había visto.
—Métela en alguna oficina o algo así —sugirió—. Desearía poder estar ahí para ayudar.
—¿Para ayudar o para alejar a Heidi? —pregunté, conociendo la respuesta.
Se burló.
—No necesito alejarla. Ella piensa que estamos casados. —La sonrisa que iluminó su rostro fue jodidamente preciosa—. Se apartará si es que sabe lo que le conviene.
Carajo, me ponía duro cuando era posesiva.
—¿Vas a pelear por mí, nena? Porque tengo que decirte que eso sería endemoniadamente caliente.
Chica Reed se rio.
—En tus sucios sueños, pervertido.
Le sonreí.
—Soñaré con eso esta noche.
—Suerte con ello. —Sacudió la cabeza—. Yo guardaré mis fantasías para lo real mañana en la noche.
Y eso, justo ahí, estaba la razón por la que iba a soportar esta ridícula sesión. Porque mañana mi chica y yo estaríamos juntos de nuevo. Habían sido tres largas semanas sin ella. No podía esperar para tenerla a solas.
—¿Hay alguna manera en que podamos aban…
Me detuvo con una carcajada.
—Sabes que Jasper está ansioso por verte y platicar contigo. Ha estado hablando sobre verte más que yo. —Eso estaba muy jodido—. Pero tendremos toda la noche.
Ya qué. La cena con los amigos no sería tan mala, siempre y cuando Jasper no intentara acosarme ni nada.
—No puedo esperar, nena.
—Yo tampoco. —Miró su reloj e hizo una mueca—. Tengo que irme. Mi clase me espera.
Carajo.
—Yo también.
Se rio de mi expresión adolorida.
—Todo saldrá bien. Rainbow nació para estar en el centro de atención, y ambos sabemos que tú ya vives ahí.
Tal vez.
—Pero es una gata.
Se rio.
—Es la gata más genial de todas, lo cual tú mismo has admitido. Déjala presumir. Nadie se burlará de ti.
Claro, era fácil para ella decirlo.
—¿Por qué no pudo ser mejor un perro?
—Porque es Rainbow. Y tú no quieres que sea algo más aparte de lo que es.
—No la mayoría de los días.
Sacudió la cabeza.
—Nunca. Ve. Patea unos traseros. Asegúrate de que Rainbow se acerque lo suficiente a Heidi para soltar un golpe. Y llámame cuando termines.
Como si tuviera que pedírmelo. Definitivamente la necesitaría después de esto. Probablemente también necesitaría unos cuantos años de terapia.
—Lo haré.
—Bien. Te amo. —Nos lanzó besos.
—También te amo.
Cortamos la llamada y encaré a Rainbow, que dejó de lamerse y estirarse, arqueando la espalda, viéndose para todos como si estuviera lista para lo que le esperaba.
La señalé con un dedo.
—No me vas a avergonzar. No atacarás a ningún otro animal, particularmente a alguno que no tenga una casa maravillosa como tú. Tampoco atacarás a ninguno de mis compañeros, ni siquiera a Colin, quien todavía se lo merece un poco. No cagarás, mearás o vomitarás en las cosas personales de nadie. No te alterarás. ¿Estamos de acuerdo?
Respondió mordiendo la punta de mi dedo. Jodido infierno.
—Supongo que no vas a querer entrar en la transportadora —pregunté, como si tuviera que hacerlo.
Rainbow respondió bajándose de la cama y pasando junto a dicha transportadora con la cola agitándose en el aire. Al carajo con esto. Ni siquiera tenía ganas de pelear con ella por la siguiente media hora, lo cual era aproximadamente la cantidad de tiempo que costaba convencerla de meterse a esa cosa. La mayoría de las veces ni me molestaba en intentarlo.
La seguí fuera de la habitación y la cargué. Me miró con suspicacia.
—No te meteré a la maldita transportadora. Pero juro por Dios, si haces algo, te voy a dejar con la gente del refugio y traeré a casa un lindo y enorme Shepherd Alemán para reemplazarte.
Me cabeceó, ronroneando mientras la llevaba a la puerta.
—Al menos podrías pretender que tienes miedo de que lo diga en serio.
Claro que Rainbow sabía cómo detectar mis mierdas, igual que Chica Reed. Se acurrucó en mi cuello, ronroneando.
—Bien. No traeré un Shepherd alemán. Probablemente tú eres más protectora de lo que él podría llegar a ser.
Más ronroneos y cabezazos acompañaron eso. Rainbow sabía que había ganado. Siempre ganaba.
—Terminemos con esta mierda.
Xoxoxoxoxoxox
Me metí al estacionamiento, gimiendo ante el número de carros que quedaban. No había manera de salir de esto sin que el edificio entero se enterara de Rainbow.
—Recuerda —le advertí, saliendo con Rainbow sobre mi pecho.
Ni siquiera llegamos a la puerta antes de que Jennings gritara mi nombre, acercándose con un perro gigante, el cual se veía como una mezcla entre Golden y labrador.
—Entonces, esta es la famosa Rainbow. He escuchado todo sobre ti, gatita.
Rainbow estaba demasiado ocupada viendo a su perro para responder. No podría asegurarlo, pero parecía que lo estaba viendo con desdén. ¿Los gatos podían ver con desdén? Porque eso era lo que ella parecía estar haciendo.
Apreté mi agarre en ella, a pesar de que el perro parecía completamente desinteresado. Estaba ocupado enredando su cuerda en los pies de su dueño. Ahora veía por qué Rainbow lo miraba así. Ella sólo hacía eso si quería tirar a alguien. Y nunca me lo haría a mí.
Él maldijo y se desenredó.
—Maldición, Duque. —Sacudió la cabeza—. Hemos tenido problemas para entrenarlo con la cuerda.
—Puedo verlo. —Me reí mientras se liberaba—. Mi chica intentó ponerle una cuerda a Rainbow una vez. Ella se quedó tirada como un espagueti y no se movió hasta que estuvo libre. —Rainbow no creía en ser liderada; ella era la que lideraba.
Se rio entre dientes.
—Sí, no creo que a muchos gatos les guste la cuerda. Ciertamente se ve contenta en tus brazos.
—Espero que se mantenga así —murmuro.
Me lanzó una mirada pero se encogió de hombros.
—Hagámoslo.
Lo seguí a través de la puerta que nos llevaba más allá de las oficinas y las salas de media. Antes de saberlo, ya estábamos en la entrada del campo.
—Compórtate —dije, antes de respirar profundo y seguir a mi running back al campo. Un montón de mis compañeros de equipo estaban alineados, todos con perros, por supuesto; aunque JPP estaba sosteniendo una iguana enorme, o algo así.
Rainbow levantó la cabeza y sentí sus garras flexionarse en mi camiseta. Definitivamente tendría agujeros en la camiseta antes del final del día. Aunque eso estaba bien. Lo había anticipado.
Antes de poder dirigirme a mis compañeros, Heidi se acercó corriendo.
—Oh Dios mío. ¡Tienes un gato! Eso es tan… —se interrumpió ante la mirada en mi cara—… diferente. —Al menos no dijo la tontería que estaba a punto de decir.
—Es de Bella. —Rainbow aprovechó ese momento para cabecearme. Joder, por supuesto que lo hizo—. Nuestra —corregí, sabiendo que probablemente Rainbow me haría pagar si la negaba.
—¡Es absolutamente adorable! ¿Verdad que sí? ¿Verdad que eres una bebé bonita? —Heidi le estaba haciendo cariños con una voz ridícula que causó que las garras se apretaran en mi camiseta de nuevo. Un poco más de eso y sabía que Rainbow iba a atacar. Le gustaba la atención, pero no que la trataran como bebé, a menos de que fuera Chica Reed la que lo hacía.
—Sí, es genial. ¿Cómo haremos esto? Voy a tener que apartar a Rainbow cuando me tome fotos con otros animales.
—¿De verdad? ¿Te molestaría ver a tu papi con otros animales? ¿Una cosita dulce como tú? —Heidi me sonrió—. Estoy segura de que hay lo suficiente de él para todos. Una chica buena compartiría.
Jodido infierno, ¿hablaba en serio? Estaba jugando con fuego. Si Rainbow no la atacaba, Chica Reed lo haría.
—Soy un hombre de una sola gatita —dije, pasando mi mano sobre Rainbow que comenzaba a gruñir, un zumbido bajo salía de su garganta.
—Bueno, puedes encerrarla. Lo que ella no vea, no tiene por qué lastimarla. Puedo ser discreta. —Me lanzó un guiño y se lamió los labios.
Ambos sabíamos que no estaba hablando de Rainbow. Al carajo con esto.
—Mira. No sé qué tengo que decir o hacer para metértelo en tu dura cabeza. No estoy jodidamente interesado. No ahora. No nunca. Necesitas apartarte a la jodida, o te reportaré por acoso. —No, no lo haría, pero ella no necesitaba saberlo.
Abrió como platos sus ojos azules.
—Edward, no sé qué piensas que decía, pero…
—¿Crees que soy estúpido? Sé cuando me coquetean. Pasa todo el tiempo. —Le sonreí a la estúpida—. Y todo el tiempo, las rechazo porque amo a mi chica. Eso no va a cambiar. Y nunca voy a faltarle el respeto engañándola. Así que deja las insinuaciones, deja de echárteme encima y deja de jugar tus estúpidos juegos conmigo. No va a pasar.
No me di cuenta de que teníamos audiencia hasta que escuché las risas ahogadas provenientes de la izquierda. Me giré y vi a la mayoría de mis compañeros que se habían acercado para escuchar junto con el Entrenador.
Heidi se giró al mismo tiempo que yo y se puso roja como tomate.
—No sé de qué pensabas que estaba hablando, pero me refería a tu gata. Me la llevaré mientras te tomas las fotos.
Y entonces, porque era una idiota que claramente no entendía las señales, estiró las manos hacia Rainbow. Eso fue todo lo necesario. Ella ya había estado al borde por mi tono de voz y los otros animales cercanos, así que cuando una extraña intentó tocarla, atacó.
Rainbow soltó un temible gruñido y dejó que sus garras volaran, causando que cinco rayas de sangre aparecieran en la mejilla de Heidi. Heidi gritó mientras Rainbow escupía y siseaba, y juro por Dios que estaba intentando acercarse a ella para darle otro rasguño.
—¡Me atacó! —gritó, lanzando las manos sobre su cara antes de girarse y correr a través del campo.
Rainbow siguió gritando, todo su pelaje se había erizado, sus orejas estaban pegadas a su cabeza.
—Cálmate. Ya se fue. Ganaste. Santa mierda.
Acaricié su pelaje y murmuré en su oreja mientras se comenzaba a calmar.
—Nadie te va a apartar de mí. Estás bien. Hiciste lo que Chica Reed te pidió, ¿verdad? Protegiste mi honor. Eres una chica buena. Buena Rainbow.
Se calmó, eventualmente volvió a enterrar la cara en mi cuello.
—¿Estás bien, hombre?
Miré a Sammy, que se acercaba cautelosamente.
—Estoy bien. —Tenía mis propios rasguños por las patas traseras de Rainbow, pero ella no había pretendido lastimarme.
—¿Qué hay de ti, matona? Creo que asustaste a todos los perros de este lugar. —Claro, el suyo tenía la cola metida entre sus piernas.
Rainbow levantó la cabeza y miró a la multitud a su alrededor, parecía no estar afectada por lo que acababa de pasar. Sammy estiró una mano hacia ella y ella lo olió antes de cabecearlo a modo de saludo.
—Bueno, al menos todavía le agrado. —Le dio su perro a Brady—. Creo que están listos para ti allá. La cuidaré por ti, si me deja.
Miré a Rainbow, que parecía haber superado su ataque.
—Podemos intentarlo. —Aparté sus garras de mi camiseta y se la pasé a Sammy. Para mi gran alivio, se fue con él.
—Eres un hombre valiente.
Se rio.
—No les muestres tu miedo, hombre. Ve a hacer lo tuyo.
Así que fui y posé con un perro que parecía amar el olor de Rainbow. Me olió por todas partes. Y también sostuve una gata que temblaba de miedo. No estaba seguro de si era su personalidad o si el aroma de Rainbow la hacía huir asustada.
Cuando terminé me dirigí a la banca, donde Sammy tenía a Rainbow. No la estaba sosteniendo. Él y varios de mis compañeros estaban reunidos en un círculo, riéndose. No estaba seguro de qué se estaban riendo, pero sabía que no podía ser bueno.
—Oye, qué… —me detuve cuando vi que Rainbow estaba bien, caminaba alrededor de la banca y se veía muy orgullosa de sí misma—. ¿Qué le están haciendo a mi gata? —exigí saber.
Ella corrió inmediatamente a mí cuando escuchó mi voz, hizo su cosa donde se estiraba para que la cargara.
—No hicimos nada, hombre. Ella lo hizo sola. —Brady sacudió la cabeza—. Sé que me contaste sobre lo que hizo antes, pero pensé que estabas inventando esa mierda hasta que la vi con mis propios ojos.
Oh, jodido infierno.
—¿Qué hizo?
Rainbow ronroneó y comenzó a frotarse en mí, tal vez porque estaba orgullosa de sí o porque estaba intentando quitarme el olor de los otros animales. Probablemente por ambas cosas.
—¿Qué no hizo? ¿Ves esa bolsa ahí? —Sammy señaló una bolsa rosa en el piso, puesta debajo de algunos archivos y mierdas en la banca. Tenía la sensación de que no quería saber la respuesta.
—¡La rompió a arañazos! —agregó Colin, sonaba muy alegre—. Luego se metió y orinó sobre la bolsa. Carajo, hombre, sé que estaba enojado con ella por cómo actuó en tu casa, pero esa mierda fue divertida. Es increíble.
—Nunca había visto algo así —dijo Sammy, se veía sorprendido—. Quería bajarse y ya que los perros no estaban cerca, la dejé caminar. —Me sonrió—. Juro que no estaba a más de unos pies de distancia. La hubiera agarrado si hubiera habido problemas. Comenzó a oler por todos lados, sólo siguió hasta que encontró la bolsa y se puso a hacer sus cosas. Iba a detenerla pero, bueno, Heidi se lo merecía.
—Aunque sí la agarró cuando comenzó a morder los papeles. Supusimos que podrían ser importantes —dijo Paul—. Lo mejor que he visto en la vida. De verdad necesita enseñarles esa mierda a mis perros. Tengo un vecino que se merece una lección.
Levanté a Rainbow frente a mi cara, mirando su expresión. Se veía muy satisfecha consigo misma. Podría enojarme con ella, pero la verdad, no me había avergonzado. Ambos dejamos en ridículo a Heidi y nadie se burlaba de mí porque Rainbow se había vuelto loca con esa puta. Después de todo, había sido un día muy bueno.
—Está disponible para renta —bromeé, sacudiendo la cabeza. Rainbow maulló y se estiró hacia mí. La puse de nuevo en su lugar—. Aunque por ahora tenemos fotos que tomar.
La llevé al otro lado del campo al área de las fotos, donde el camarógrafo estaba listo para nosotros. Nos dio las instrucciones y juro por Dios, Rainbow posó, se acomodó y actuó como si fuera un gato de Hollywood, entrenada justo para esto.
—Creo que tenemos nuestra portada —me dijo luego de una foto donde Rainbow se había recargado en mi cara, poniéndonos mejilla contra mejilla.
—Quién diría —murmuré, feliz de haber terminado.
El Entrenador estaba parado a un lado, mirando todo con una sonrisa divertida en la cara.
—¿No está feliz de habernos dado el día libre para esto? —pregunté.
—Sí, la verdad sí lo estoy. —Puso una mano en mi hombre—. ¿Ella te resulta un problema?
—¿Quién? ¿Rainbow? No, estoy acostumbrado a su locura.
Se rio.
—No. Heidi. ¿Hay algún problema del que deba estar consciente? No aceptaré que te acose a ti ni a nadie más.
Suspiré.
—Ha dado a conocer su interés por mí, pero creo que después de hoy va a alejarse. Si hace algo más, se lo haré saber.
—Bien. Es todo lo que pido. Aunque supongo que no necesitas que te proteja. —Sonrió y le acercó una mano a Rainbow. Ella lo cabeceó—. Me alegro de no estar en tu lista negra.
Le sonreí.
—Sólo recuerde que la puedo poner contra usted si piensa en mandarme a la banca.
Se rio.
—De ninguna jodida manera, Cullen.
Maldición, así era. Esta mierda no había resultado tan mala. Rainbow se había comportado con los otros animales, había logrado que Heidi se alejara y logramos ser la portada del calendario. Edward Cullen había resultado ganador, como siempre. Al igual que Rainbow, claro. Eso no había ni que decirlo.
