Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 14

Sentía que el tiempo se había detenido. Sabía que Chica Reed estaba cerca. Era casi como si pudiera sentirla. Pero tenía que soportar el ensayo en el estadio de los Jags, a pesar de que había jugado aquí varias veces y ya conocía el jodido protocolo. Para cuando terminamos me sentía desesperado.

Antes de llegar al estacionamiento, el Entrenador gritó mi nombre. Jodido infierno.

—¿Sí? —pregunté, intentando con todas mis fuerzas no contestarle mal. Se podría decir que no lo logré.

Me sonrió.

—Sé que no te quedarás esta noche en el hotel. Sólo quería asegurarme que supieras que debías estar ahí a las ocho en punto. Me encargaré de que puedas pasar tiempo con tu familia, pero si llegas tarde, tu culo compartirá habitación conmigo mañana en la noche.

Me estremecí ante ese pensamiento.

—Llegaré a tiempo.

Me palmeó la espalda.

—Bien. Saluda a Bella de mi parte.

—Lo haré. —Luego de besarla con todas mis fuerzas y darle al menos tres orgasmos. Tenía bien ordenadas mis prioridades.

Me metí al carro rentado que había conseguido y estuve en casa en poco tiempo. Suspiré aliviado cuando vi que la Range Rover de Emmett estaba en la entrada. Ya estaban aquí.

Agarré mis mierdas y me dirigí a la entrada, pero antes de llegar a la puerta principal, ésta se abrió.

—¡Edward!

Jodido infierno. Antes de poder defenderme, Jasper estuvo sobre mí. Me abrazó con todas sus fuerzas, y ya que mis manos estaban llenas con mis cosas, no había nada que pudiera hacer más que aguantarlo.

—¡Qué bueno es verte! ¡Te extrañé! He visto tus juegos, desearía haber estado ahí. ¿Recibiste mis mensajes? Sabías que te estaba viendo, ¿verdad?

No estaba seguro de si él me iba a soltar, así que tiré mis bolsas y rompí su abrazo.

—Siempre me estás viendo, Jasper. —No lo decía de la misma forma en que él lo decía, pero de todas formas me sonrió tontamente.

—¡Así es! ¡Igual que tú me ves! No puedo agradecerte lo suficiente por los consejos. He estado muchísimo más tranquilo en los últimos juegos. ¡Y ganamos! Estás orgulloso, ¿verdad? No he jodido tu equipo.

Dios, estaba tan hiperactivo como siempre. Esto era la culpa de Pequeña. Claramente le había pegado sus mañas. Eso o la droga le había provocado Déficit de atención. O tal vez había estado oculto todos estos años por su drogadicción.

—Ahora son tu equipo, y estás jugando bien.

No debí haber dicho esa mierda, porque volvió a envolverse en mí.

—Me lo pusiste fácil. Eres mejor entrenador que el Entrenador.

Sacudí la cabeza.

—Sólo necesitas dejar de dudar de ti mismo. Y ahora tienes que apartarte de mí para poder entrar en la casa a ver a mi chica.

Jasper me soltó y sonrió tímidamente.

—Lo siento. Estoy emocionado. ¿Crees que pueda ir a la práctica contigo mañana? Me encantaría ir a una práctica de la NFL.

Me encogí de hombros antes de agarrar mis maletas. Jasper agarró una y caminó a mi lado.

—Claro, si quieres. ¿No has tenido suficientes prácticas aún?

—No de las tuyas.

Rodé los ojos ante sus raras tendencias de acosador. Pero justo cuando estaba a punto de decirle que se jodiera, Chica Reed apareció en el pasillo y ante mis ojos, él dejó de existir.

Una hermosa sonrisa iluminó su rostro y esta vez sí estaba preparado para cuando un cuerpo cayó en mis brazos. El cuerpo correcto. Solté mi maleta y la abracé con fuerza, mis labios se encontraron con los suyos. Finalmente. No importaba dónde estábamos; con ella, yo estaba en casa.

Sus manos estaban enterradas en mi cabello y las mías estaban en su lugar sobre su trasero mientras la aplastaba contra mí.

—Te extrañé —murmuró una y otra vez entre besos.

—Joder. Yo también.

Mi polla estaba dura como roca. Necesitaba estar dentro de ella de inmediato. Levanté la cabeza para encontrar el lugar más cercano donde tomarla, y mis ojos cayeron en las miradas divertidas de cada miembro de mi familia. Jodido infierno.

—Pues hola, hijo. —Mi papá me dedicó un pequeño saludo.

—Hola. —Sí, eso no sonó muy entusiasmado, pero, ¿qué carajos? Miré a Chica Reed, que seguía envuelta en mí, su cara un poco sonrojada. No estaba seguro de si estaba avergonzada o intentaba no reír.

—Olvidé algo en el hotel, así que creo que iremos a recogerlo. Regresaremos en una o dos horas.

Retrocedí un paso, pero antes de poder escapar con Chica Reed, mi madre se aclaró la garganta.

—Edward Anthony Cullen, si piensas salir de esta casa sin dirigirle más de una palabra a tu familia, te haré pagar un infierno.

Joder.

—Dije una palabra. Más de una.

Chica Reed soltó la carcajada entonces y soltó sus piernas de alrededor de mi cintura. Maldición.

—Tu familia te extrañó tanto como yo.

—Yo no —intervino Emmett, recibiendo una mirada del mal de mi madre—. ¿Qué? Lo vimos hace unas semanas. Eso no es tiempo suficiente para extrañar a alguien.

—Eso dices tú —dijo mi madre, golpeándolo en la cabeza—. Siempre extraño a mis niños cuando no están cerca.

—Por favor. Hiciste una fiesta el día en que finalmente se fue. —Agarré mis maletas de nuevo; era claro que no iba a escapar pronto. Tal vez debería pedirle a Chica Reed que me ayudara a desempacar en mi habitación.

—No fue una fiesta. Fue una reunión para tomar té —me informó mi mamá de manera ligera antes de avanzar y jalarme a un abrazo—. Es bueno tenerte en casa.

—Es bueno estar aquí. —Y lo era. No tenía problema alguno con estar solo en nuestro departamento en New Jersey; quiero decir, estaba acostumbrado y al menos Rainbow estaba ahí. Pero estar aquí con todos ellos una vez más era bastante genial, incluso si me estaban impidiendo tener relaciones como siempre.

Pequeña se acercó después, lanzando sus brazos a mí alrededor con entusiasmo suficiente para tirarme de culo si no pesara como noventa libras.

—¡Qué bueno es verte!

—Igualmente, Pequeña. ¿Lo estás manteniendo en línea?

Rodó los ojos.

—Siempre. Es un trabajo de tiempo completo.

—Te encanta, Esposa.

—Sí. —Le lanzó besos, así que la envíe en su dirección. Podían acaramelarse el uno al otro todo lo que quisieran lejos de mí, muchas gracias.

Le asentí a Rubia, que me lanzó una sonrisa. Definitivamente nos agradábamos más desde que se vengó de Colin por mí.

Papá tomó mi maleta y me dio un abrazo de un solo brazo. Mamá nos movió a todos a la sala, donde me esperaba un enorme plato a medio comer de galletas de chocolate. Le lancé una mirada a mi hermano antes de agarrar un montón.

—¿Qué? Te tardaste mucho. —Ni siquiera se molestó en disculparse; sólo agarró más de mis galletas y se las metió en la boca.

—Cabrón. —Eso me hizo ganarme un golpe en la cabeza—. Perdón, mamá.

—Niños. Nunca crecerán. —Aunque sonaba bastante complacida con esa idea; sonrió al sentarse—. Cuéntanos sobre la sesión de fotos de ayer para el calendario.

Carajo, ¿apenas había sido ayer? Sentía que había sido hace millones. Chica Reed se rio mientras se acurrucaba en mi costado, agarrando varias de mis galletas. Pensé en quejarme, pero ya que quería tener sexo más tarde, me guardé esa mierda. Tenía bien ordenadas mis prioridades.

—Mi chica se encargó de todo —anunció Chica Reed, lamiéndose los labios con una mirada de satisfacción en la cara—. No sólo rasguñó a Heidi, sino que también arruinó su bolsa, sin duda de diseñador, al arañarla y hacer pipí en ella.

—¡Increíble! ¡Rainbow es la mejor! —Mi hermano echó atrás la cabeza y se rio—. Maldición, Rosie, ¿por qué no nos quedamos con ella? Emmett Junior nunca hace nada divertido.

Ella alzó una ceja.

—Tú eres el que le puso Emmett Junior. Eso nos obligó a quedarnos con él. Además Rainbow eligió a Edward. Nosotros no tuvimos nada que ver con eso.

—Es cierto. Aun así necesitamos un gato de ataque. Llamemos al tipo de Animal Planet y pidámosle que lo entrene.

—Idiota. Ese tipo convierte gatos malos en gatos buenos. Probablemente le gustaría poner las manos en Rainbow —dijo Rose, riéndose cuando le tiré dedo. Al carajo con eso. Rainbow seguiría siendo maravillosa.

—J… de ninguna manera. Rainbow no necesita a ese tipo.

Mamá negó con la cabeza.

—No, no lo necesita. ¿Cómo te fue con las fotos, en serio?

Chica Reed se rio de nuevo y besé su cabeza.

—Rainbow y yo estaremos en la portada.

—Por supuesto que sí. —Mamá sonrió alegremente por eso—. Mi apuesto niño. Y no puedo decirte lo emocionada que me sentí cuando te vi en el comercial de Subway el otro día.

Sí, había salido mi primer comercial nacional. Fue algo insulso ya que tuve que compartirlo con RG3 y Kaepernick, pero yo fui el único novato. Y el mejor mariscal del grupo, por supuesto.

—¡Come sano! —me citó Jasper alzando una galleta—. Hablando de comer, ¿cuándo cenamos?

Mamá se rio.

—La lasaña estará lista en media hora.

Bueno, demonios, si teníamos un poco de tiempo…

—Llevaré mis cosas arriba. —Apreté el costado de Chica Reed antes de ponerme de pie—. También necesito una ducha.

Se paró y entrelazó sus dedos con los míos.

—Te acompaño.

—¿Puedo… —Jasper se calló cuando Pequeña le dio un codazo—. ¿Qué? Sólo quería pasar tiempo con ellos.

—¿Mientras él se baña? ¿No ves que quieren pasar tiempo a solas? —ella le siseó en voz no muy baja.

—Oh, bueno. Sí. Lo siento. —De verdad se veía como si lo sintiera.

—No hay problema. Nos veremos en un rato. —Lo que sea necesario para tenerla a solas ahora.

Subimos las escaleras mientras todos se reían detrás de nosotros.

—Tómate tu tiempo, hijo. La lasaña puede esperar.

—Yo no —se quejó Emmett, a pesar de que se había comido un montón de mis galletas.

No nos molestamos en quedarnos para escuchar lo que los demás tenían que decir. En el instante en que cerré la puerta, solté mi maleta y Chica Reed se lanzó a mí de nuevo. La empujé contra la puerta de mi habitación y la levanté para poder frotar mi polla justo donde más la quería.

—Gracias a Dios que estamos solos —murmuré mientras me frotaba en ella.

—Sí. Los quiero, pero necesitan irse —estuvo de acuerdo, haciéndome reír.

Estaba usando uno de esos sexis vestidos que mostraban cada curva. Estiré la mano a su espalda, buscando el cierre, pero ella negó con la cabeza.

—Sólo se saca.

Jodidamente fantástico. Subió los brazos sobre su cabeza en esa sexy posición de rendición. Me gustaba mucho eso. Dejé que su cuerpo resbalara contra el mío antes de agarrar la parte baja del vestido y subirlo lentamente, revelando cada pulgada de su sexy cuerpo. Sus bragas eran de un sexy encaje negro transparente, y el sostén que le hacía juego era de media copa, hacía que sus hermosos pechos se salieran de él.

—Me encanta la ropa interior que casi estás usando —le dije al lanzar el vestido detrás de mí.

—Eso creí.

Comenzó a bajar las manos, pero la detuve.

—No. Quédate así.

Alzó una ceja pero hizo lo que le pedí. Le mordí el cuello, besando y chupando mientras ella gemía mi nombre. Bajé hacia sus pechos, lamiendo justo sobre el encaje.

—Tan jodidamente caliente, nena.

—Lo compré para ti —gimió, terminando con un gemido bajo cuando mordí su pezón por sobre la tela—. ¡Mierda!

Me reí y abrí el broche frontal, liberando sus pechos. Los froté y los besé, notando que el sostén había dejado un par de líneas rojas en ella.

—¿Un poco apretado, nena?

Se encogió de hombros y gimió mientras se los besaba.

—Es el estilo, creo. —Su cabeza cayó contra la puerta cuando chupé un pezón con mi boca—. Oh sí, justo así.

—Sueño cada noche con tocarte así —le dije, dejando que mis manos bajaran por su cuerpo. Era tan jodidamente suave. Tan perfecta.

—Yo también sueño con ello.

Mis dedos se metieron en su ropa interior, encontrándola caliente y mojada, igual que siempre para mí.

—¿Sí? ¿Qué sueñas, nena?

—Sueño con-¡Oh Dios! —pellizqué ligeramente su clítoris, y sus manos se separaron de la puerta, aferrándose a mis hombros.

—Dime, Bella. —La acaricié suavemente. Empujó sus caderas hacia mí.

—Contigo. Con nosotros. Tú dentro de mí. Probándome. Yo probándote. Con todo eso.

Me reí de su incapacidad para formar oraciones completas. Aunque no podía culparla. Era difícil pensar cuando tenía mis manos en ella.

—¿Alguna vez soñaste con esto? —Le quité la ropa interior y me puse de rodillas frente a ella.

Asintió cuando separé sus piernas, y luego gimió cuando le di la primera probada a su dulce coño.

Sus manos volaron a mi cabello, y me sostuvo contra ella mientras movía mi lengua.

—¡Dios, sí! —susurró cuando mordí ligeramente su clítoris.

—Dime, ¿qué te hago en esos sueños? —pregunté antes de deslizar mi lengua dentro de ella.

—Dios, Edward. No puedo. —Estaba casi jadeando mientras la trabajaba con mi lengua.

—Por favor —murmuré, lamiendo su coño.

—Metes dos dedos en mí mientras chupas mi clítoris —finalmente lo dijo. Era tan jodidamente caliente escuchar lo que mi chica pensaba. Me apuré en complacerla, fallándola con mis dedos mientras mi lengua se movía de arriba abajo en ella.

—Sí. Justo así. Tú, ya sabes, me acaricias como siempre.

Froté mi nariz contra su clítoris, haciéndola jadear.

—Sí. Luego curvas…

No tenía que terminar. Curvé mis dedos dentro de ella y la hice correrse. Se corrió con fuerza, gritando mi nombre, mientras yo lamía, chupaba y me dejaba llevar por ella.

—Santa mierda —murmuró cuando finalmente terminó de convulsionar.

Me paré y le sonreí. Estaba sonrojada y desnuda y endemoniadamente sexy, se veía como si acabara de tener la madre de todos los orgasmos. Lo cual era totalmente cierto gracias a mí.

—¿Luego qué sigue?

Sus aturdidos ojos cafés se encuentran con los míos.

—Luego me follas hasta que ya no puedo ver más.

Joder, amaba cuando decía follar.

—Ya estás en ese punto, pero estaré feliz de repetir la experiencia para ti.

La cargué y la deposité en mi cama. Se recostó, mirándome quitarme la camiseta, los jeans y los bóxers en tiempo record. El tan sólo mirarla, tan sexy y saciada sobre mi cama, me puso tan duro como una roca. Luego bajó su mano sobre su cuerpo y comenzó a masturbarse justo frente a mí. Casi me corro con tan sólo ver eso.

—Te ves endemoniadamente caliente cuando te tocas, nena.

Sonrió y no detuvo sus movimientos. Gracias a Dios.

—Pues desafortunadamente me estoy acostumbrando a hacerlo.

Carajo. Eso era tanto caliente como triste al mismo tiempo.

—Lo siento, Chica Reed. Sabes que yo…

Negó con la cabeza.

—No lo hagas. Es así como será por los siguientes dos meses. Sólo tócame tú ahora.

No necesitaba que me lo dijera dos veces. Me tiré en la cama junto a ella, haciéndola saltar y reír. Mis dedos se unieron a los suyos en su coño mojado y caliente. Se empujó contra los dedos de ambos. Tan jodidamente caliente.

—No creo que debas correrte sin mí. Llámame, o mejor aún, háblame por Skype cuando lo hagas. —Habíamos tenido algunas sesiones de sexo por Skype, pero no eran ni de cerca las suficientes para mi gusto.

Se le aceleró la respiración cuando metió dos dedos dentro de sí.

—Lo hago.

—¿Siempre? —pregunté, disfrutando de la manera en que se mordía el labio, se veía casi avergonzada, a pesar de que estaba desnuda y masturbándose.

—Bueno, no. Quiero decir, a veces sales o estás dormido así que…

—Interrúmpeme o despiértame, bebé. Nada es más importante que verte, escucharte, tan sólo hablar contigo. —Ella lo sabía, ¿verdad? Era todo mi mundo.

Tocó mi cara con su mano libre.

—Bien. Lo mismo va para ti.

No tenía que decírmelo dos veces.

—De acuerdo.

Su mano cayó de mi cara y rozó mi polla.

—Bien. Todos tus orgasmos son míos.

—Fóllame —murmuré, asombrado por lo sexy que era.

—Pensé que nunca me lo pedirías.

Rodó sobre mí, deslizándose sobre mi cuerpo hasta que quedó exactamente donde la quería. Sus ojos se mantuvieron pegados a los míos cuando se alzó y me tomó dentro de su cuerpo. Gemí al sentirla rodeándome. Cada vez que lo hacíamos era una total perfección.

Se inclinó hacia enfrente para besarme mientras movía las caderas. Podía saber, por el ritmo que estaba tomando, que no quería hacerlo lento. Embestí mi polla hacia ella con fuerza y gimió en mi boca.

—Dios, sí.

Se sentó y me montó, su precioso cuerpo rogaba por mis manos. Rodé sus pezones entre mis dedos y básicamente tuve que tragarme la baba cuando comenzó a tocarse de nuevo el clítoris.

—Tan bueno. Necesitaba esto. Te había estado deseando.

—Toma todo lo que quieras, nena.

Se rio.

—Lo haré. —Aceleró sus movimientos y supe que estaba cerca. Gracias a Dios, porque yo había estado listo para correrme desde antes de que ella me metiera en sí.

Agarré su cintura con una mano y usé la otra para unirme a ella en su coño. No costó mucho, unos cuantos círculos seguidos de un pequeño pellizco, antes de que ella echara la cabeza atrás y se corriera con fuerza. En cuanto lo sentí, me dejé ir, corriéndome justo después de ella, amando jodidamente mucho la forma en que apretaba mi polla y los pequeños estremecimientos que pasaban por su cuerpo.

Colapsó sobre mí, su cabeza en mi hombro. Subí y bajé mis dedos por su espalda, haciéndola estremecer.

—Creo que vamos tarde para la cena —murmuró eventualmente, mordiéndome el cuello.

—De todas formas preferiría comerte a ti. —Al carajo con la comida. Tenía a Chica Reed desnuda en mi cama por primera vez en tres semanas. No necesitaba comer.

Se rio ligeramente.

—Tenemos que ir con ellos, Edward. Sé que tu mamá quiere hablar sobre la boda y ellos también necesitan pasar tiempo contigo.

—Jodido infierno. Puedo verlos luego del juego.

Se sentó y sacudió la cabeza. Era tan jodidamente hermosa, tan sexy. Nunca antes se había visto más preciosa para mí.

—Eres todo mío después del juego. Les daremos un par de horas, cenaremos y platicaremos, luego subiremos aquí y me puedes tomar como tu postre. ¿Qué te parece?

Eso me sonaba a absoluta perfección.

—Bien, pero ahora de verdad necesitamos bañarnos.

Se rio.

—Así es. Supongo que es mejor que lo hagamos juntos, con el propósito de ahorrar tiempo.

—Estoy a favor de ahorrar tiempo. —La nalgueé ligeramente, haciéndola gritar—. Vamos. Entre más pronto terminemos, más pronto puedo tenerte de regreso donde te quiero.

—Si lo hiciéramos a tu manera, yo nunca saldría de la cama.

Me reí.

—No es cierto. A veces te quiero empinada sobre el sofá, o en la ducha, o en la tina, o en el mostrador de la cocina.

—Hmm, ¿algún otro lugar? —preguntó con una sexy sonrisa.

—Muchísimos. Aunque los mantendré como sorpresa. Te los haré saber cuando y donde menos te lo esperes. —La follaría en cualquier lugar.

La sonrisa desapareció de su rostro por un segundo antes de volver a aparecer.

—Me gustan las sorpresas. ¿A ti?

—Claro, nena. ¿Tienes alguna sorpresa para mí? ¿Tal vez algún sexy conjunto como ese de ropa interior?

Se rio.

—Tal vez. Tendrás que averiguarlo más tarde, ¿no?

Joder, sí.

—Vayamos a terminar con esta cena.

—¿Estás seguro que estás listo para cualquier sorpresa que te ponga enfrente? —preguntó, mordiéndose el labio de nuevo.

¿Por qué se veía tan malditamente nerviosa? No me gustaba. Quería que volviera a sonreír.

—Haz tu mejor esfuerzo, Chica Reed.

—Recuerda que dijiste eso. —Se apartó de mí y suspiré cuando mi polla perdió su cálido hogar. Se rio por la expresión de mi cara—. Vamos, Campeón. Primero la cena y luego el postre.

—Voy a necesitar mucho postre. Repetiré dos o tres veces por seguro.

Sacudió la cabeza y vi su sexy culo caminar a través de la habitación.

—¿Te vas a quedar mirando o vas a venir conmigo, goloso?

Como si eso fuera una pregunta. Me levanté y me dirigí hacia ella.

—Vas a batallar mucho intentando mantenerme lejos de ti.

Murmuró algo que sonaba como "eso espero".

—¿Qué?

—No te quiero lejos de mí.

Toqué su hermosa cara, sabiendo que la tristeza que veía ahí era por nuestro tiempo separados.

—Nunca jamás luego de que te gradúes, nena. Lo prometo.

—Siempre mantienes tus promesas, ¿no? —preguntó antes de besarme suavemente.

—Sabes que sí.

—Me alegra. Vayamos a terminar con esto.

No sonaba como si realmente quisiera ir.

—Oye, cielo, si no quieres bajar a cenar…

—Sí quiero. Sólo que quiero estar contigo.

—Dos horas. Eso es todo lo que pueden tener. Luego soy todo tuyo. Lo prometo.

Sonrió.

—Sigue con esas promesas y estaré muy feliz.

—Hacerte feliz es todo lo que quiero hacer, Bella.

—Lo haces. Siempre.

Y siempre lo haría. Mi chica era mi prioridad número uno e iba a seguir demostrándoselo.