Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 15
—Ya era hora. —Mi hermano básicamente corrió hacia el comedor mientras bajábamos las escaleras—. Quiero decir, en serio, toda tu familia está aquí muriéndose de hambre. ¿No puedes mantenerlo en tus pantalones hasta después como una persona civilizada?
—Mira quién habla, idiota. ¿Quién nos mantuvo a todos esperando el día de mi graduación de preparatoria porque estabas…?
—La la la, ¡no puedo escucharte! Vamos, Rosie, es hora de cenar. Al fin.
Rubia apareció en la puerta.
—Creo que me gustaría escuchar esa historia.
—Puede que a ti sí, pero yo no estoy segura de querer escucharla —dijo mi madre, sacudiendo la cabeza.
—Yo si quiero —intervino papá, viéndose esperanzado.
Mamá suspiró mientras Emmett me lanzaba una mirada letal.
—Todos tomen sus asientos.
—¡Te puedes sentar junto a mí, Edward! —Jasper palmeó la silla junto a él, como si fuera un jodido perro listo para obedecer.
Comencé a caminar hacia el otro lado, pero Pequeña ocupó el asiento al que me dirigía, y el único lugar con dos asientos libres era el de Jasper. Joder, por supuesto.
Sabía que era mejor no sugerir que Chica Reed ocupara ese lugar. Además, mi madre le estaba haciendo señas, se veía endemoniadamente entusiasmada. La charla sobre la boda estaba a punto de comenzar, ya podía sentir esa jodida mierda. Y prefería que mi chica lidiara con eso en mi lugar.
Dos horas. Me repetí eso mientras me sentaba. Jasper estaba jodidamente entusiasmado, se veía casi tan feliz como Chica Reed cuando la follé hasta dejarla sin sentido.
Mamá les sirvió a todos, y justo cuando le di el primer bocado a la maravillosa lasaña, se giró hacia nosotros.
—Entonces, ¿estamos listos para poner una fecha?
Maldición, ¿no podía ni siquiera poner un poco de comida en mi estómago antes de que ella empezara con las mierdas de la boda?
—Uh… —Miré a Chica Reed, que se veía un poco pálida. Tomó su vaso de agua y le dio un gran trago. Supongo que me lo estaba dejando a mí—. En realidad no hemos tenido tiempo…
—Sólo tendrán tiempo si se dan un espacio ustedes —nos regañó—. Ahora, como me habían pedido, agregué una nueva división en el libro para destinos de bodas. —Y que me maldigan si no sacó ese jodido libro suyo de debajo de su silla. ¿Qué carajos? ¿Dónde había estado escondido?
—¡Yo voy a ser el padrino! ¿Verdad, Edward? —De lo emocionado que estaba, Jasper estaba casi tirando de mi manga.
—Joder, no sé. No lo he pensado.
Mamá me fulminó con la mirada.
—¡Cuida como hablas!
—Yo soy su padrino. Estoy a cargo de la despedida de soltero —mi hermano nos informó con un bocado de pan de ajo en la boca.
—Tú no tienes derecho a hablar sobre la planeación de la boca ya que planeaste la tuya en la parte trasera de una servilleta en las Vegas —le dijo mamá con una ceja alzada. Luego se giró hacia nosotros y sonrió—. Podemos afinar esos detalles luego. Justo ahora, en serio debemos elegir un lugar y fecha.
—Tú vas a ser mío —dijo Jasper tristemente.
¿Qué carajos?
—No voy a ser tuyo. Soy de Chica Reed.
Frunció la frente.
—No puedes ser el padrino de Chica Reed. Te vas a casar con ella.
Oh, jodido infierno.
—Pensé que decías… olvida lo que pensé que decías.
Chica Reed se rio junto a mí.
Le piqué las costillas.
—Podrías ayudarme con esto.
Se encogió de hombros.
—No sé cuál será tu calendario el siguiente año, o el mío siquiera. Creo que deberíamos elegir la fecha luego de saber esas cosas.
—¡Pero eso es hasta enero! —Mamá sonaba escandalizada—. ¿Cómo es posible que vayamos a poder planear una boda con tan sólo unos meses de tiempo?
—¿Qué tan difícil puede ser? Hacemos reservaciones, volamos a donde quiera que sea, Bella compra el vestido, comemos. A mí me parece bastante fácil —dije. Todas las mujeres en la mesa me lanzaron miradas de incredulidad—. ¿Qué?
—Hablas como todo un hombre —nos dijo Pequeña con un movimiento de cabeza—. Jasper y yo no nos vamos a casar hasta el dos de mayo del 2016, pero yo ya tengo el lugar decidido, mi vestido elegido, y también los vestidos de ellas. —Señaló a Chica Reed y Rubia—. Tengo un montón de sitios web guardados con ramos y pasteles de bodas, y les he mandado correo a cerca de treinta fotógrafos en busca de información.
Eso era una jodida locura.
—Te faltan dos años, ¿y ya hiciste toda esa mierda?
—Esposa es muy organizada —nos informó Jasper.
—Bien, ¿y qué has contribuido tú a todo este plan? —Claramente no había hecho ni mierda. Probablemente Pequeña no lo dejaría. Las mujeres planeaban las bodas. Los hombres asistían. Todos sabían eso.
—Estoy a cargo de la música para la recepción. Estoy buscando canciones con gran significado. Además estoy escribiendo un poema. —Por supuesto que sí.
—¿Lo vas a dejar que lea uno de sus ridículos poemas en tu boda?
—Bueno, en realidad son sus votos, pero si quiere hacerlo de forma poética, me parece bien. —Pequeña le lanzó un beso a Jasper, el cual él regresó con una enorme sonrisa—. Y está ayudando con las flores. Jaspy tiene un alma muy artística.
Alma artística mi culo. Había escuchado sus poemas.
—Las rosas son rojas, las violetas azules. Hoy nos casamos y digo acepto —soltó Jasper—. Eso es lo que tengo hasta ahora. —Increíble.
Pequeña aplaudió.
—¡Jaspy! ¡Me encanta!
Me giré hacia Chica Reed.
—No quieres votos en forma de poema, ¿verdad?
Negó con la cabeza.
—No, creo que deberíamos apegarnos a lo tradicional. De otra forma, no puedo confiar en que no soltarás una bomba con F en tus votos.
Eso era probablemente cierto.
—Aunque debería ser parte de nuestros votos. —Le moví las cejas a Chica Reed, haciéndola reír.
—Absolutamente no. —Mamá me señaló con un dedo acusador.
—Apuesto a que yo podría meterlo en los míos. Hay muchas palabras que riman con eso —sugirió Jasper, haciendo reír a todos menos a mi madre y a Pequeña.
—¡Jaspy! ¡Mis padres van a estar ahí!
—Ellos me aman —señaló, lo cual era sorprendentemente cierto. No estaba seguro de por qué, pero los papás de Pequeña estaban emocionados de que ella y Jasper fueran a casarse.
—Bueno, no les agradarás si usas eso en nuestros votos, ¡créeme!
—De acuerdo.
—¿Cómo es que esto cambió de ser tu boda a la de ellos? —exigió mamá, golpeando la mesa.
No tenía respuesta para eso, pero me agradaba.
—Porque ellos tienen sus mierdas organizadas y nosotros no. Aunque Pequeña ha estado planeando su boda desde que nació.
—Es cierto —añadió Jasper—. Tiene recortes de revistas que ya ni siquiera están de moda.
—Lo que es viejo vuelve a ser nuevo, Jasper —le dijo Pequeña con una mirada fulminante.
—No te estaba criticando, Esposa. Me encanta. Necesito que me guíes.
Ella se derritió con eso.
—Y yo te necesito a ti, Jaspy.
Dios. Aparté mi plato. Chica Reed hizo lo mismo.
—La cena estuvo genial, mamá. Subiremos y miraremos tu libro especial e intentaremos decidir algunos detalles nosotros solos, ¿de acuerdo?
Emmett bufó.
—Claro que sí.
—No creo que puedas encontrar una locación en la ropa tirada de Bella, pero claro que puedes intentarlo —sugirió Rubia.
Les tiré dedo antes de agarrar la biblia de bodas que ahora pesaba otras cinco libras.
—Lo haremos, lo prometo.
—Gracias por la cena, Esme —le dijo Chica Reed con una sonrisa—. Estuvo deliciosa.
—¿Estás segura de que llenaste, querida? Apenas comiste.
Chica Reed se rio entre dientes.
—Me pasé con las galletas. —Deslizó su mano en la mía—. Podemos hablar más de esto mañana. Edward tiene que levantarse a primera hora de la mañana.
—¿A qué hora nos vamos? —preguntó Jasper, casi saltaba en su asiento por la emoción.
—A las siete —le dije, esperaba una queja, pero no recibí ninguna.
Nos despedimos y subimos las escaleras. Lancé el libro de bodas en mi cama, me sorprendió que los resortes no se rompieran bajo su peso.
—¿En serio tenemos que ver eso ahora? —preguntó mi chica, mirándolo como si fuera una bomba.
—Carajo, no. ¿Qué nos puede hacer si no tenemos una respuesta mañana? —Tiré la cosa esa de la cama, e hizo un ruidoso sonido cuando golpeó el piso.
—Claro, tú puedes huir a la práctica y dejarme a mí la inquisición.
Acuné su cara en mis manos.
—¿Necesitas que le diga que te dé espacio, nena? Está emocionada y no tiene hijas, además Emmett ya se casó, así que se está pasando con nosotros. Puedo decirle que se calme un poco.
Suspiró.
—No es como si mi madre estuviera metida en la planeación de la boda. Es sólo que hay muchas cosas que todavía no sabemos. Es difícil planear justo ahora.
—¿Quieres casarte conmigo?
—¡Por supuesto!
—Entonces eso es todo lo que importa. Elegiremos un lugar y momento, y nos dejará en paz. Llévala a comprar un vestido o algo mañana. Eso la hará endemoniadamente feliz.
—Tal vez. —Envolvió sus brazos a mi alrededor—. Hablar sobre la boda es estresante.
—Entonces es algo bueno que sepa como desestresarte. —La cargué y la deposité en la cama—. ¿Qué te parece si me pongo a trabajar en ello?
Me sonrió.
—¿Qué tal si lo haces ya?
—Será un placer para mí, nena. Y para ti, por supuesto.
No tardé mucho tiempo en sacarle el asunto de la boda de la mente. Era así de bueno.
Xoxoxoxox
La última cosa que quería hacer a las seis de la mañana era levantarme, pero cuando mi alarma sonó, me obligué a sentarme. Volteé para ver si había despertado a Chica Reed, pero ella no estaba en la cama conmigo. ¿Qué carajos?
—¿Bella?
—¿Sí? —Salió del baño, vestida en ese sexy camisón morado que se había puesto para mí la noche anterior.
—¿Qué haces levantada tan temprano? —pregunté cuando se volvió a meter a la cama.
—Tenía que ir al baño —murmuró.
—¿Y a lavarte los dientes? —pregunté cuando me golpeó el aroma mentolado.
—Uh-huh. —Enterró la cara debajo de la almohada, así que no me molesté en hacerle más preguntas. A mi chica le gustaba dormir.
Me levanté y me preparé. Bajé para encontrar a Jasper saltando por las paredes.
—¿Es diferente a las prácticas universitarias? —preguntó cuando manejé hacia el hotel.
—En realidad no. Pasamos más tiempo estudiando las cintas, pero la práctica es mayoritariamente igual. Supongo que un poco más pesada.
—Genial. Gracias por traerme contigo.
—¿Quieres saber lo que te espera si te reclutan?
Se encogió de hombros.
—No sé si lo vayan a hacer. Dicen que podría ser un candidato tardío. Tal vez si regreso para otro año. Pero Esposa quiere que nos graduemos y salgamos de la escuela juntos.
Lo miré, sorprendido.
—Eres lo suficientemente bueno para entrar en algún equipo.
Sonrió.
—Puede que eso sea lo más amable que me hayas dicho jamás.
Probablemente sí lo era.
—No dejes que se te suba a la cabeza.
—Demasiado tarde. —Mandó un mensaje desde su teléfono—. Twiteé eso.
Rodé los ojos.
—Bien por ti.
—Como sea, puedo entrar a un equipo, ¿pero puedo empezar? Probablemente no. No en mi primer año, eso es seguro. No soy tan bueno como tú.
Bueno, eso ni se decía.
—Podrías acercarte, con un poco de trabajo. Además, podrías terminar siendo el respaldo de alguien, pero sólo estarías a una herida o a alguien mandado a la banca de ser el estelar.
—Tal vez. No es mi pasión, a diferencia de ti.
Esas eran nuevas para mí.
—¿Cuál es tu pasión?
—¿Además de Ali? —Me burlé—. Tener mi licenciatura en psicología. Me gustaría seguir y conseguir la maestría.
Muchas veces olvidaba que Jasper tenía un cerebro decente en la cabeza, cuando no estaba frito.
—¿Una maestría en psicología? ¿Quieres ser un doctor?
—Tal vez. No necesitas un título médico para ser psicólogo. O quizá me vaya hacia la terapia.
Jasper ayudando gente. Me resultaba difícil imaginármelo.
—¿Por qué?
—Porque me gusta la gente. Me gusta saber qué los endurece. Y entiendo a la gente. Te entiendo a ti.
—Nunca me entenderás.
Se rio de eso.
—¿Quién te ayudó cuando te estabas enamorando de Chica Reed?
—Apenas estabas coherente en ese entonces.
—Pero aun así ayudé. Y ahora estoy coherente. Imagina qué tan bueno puedo ser.
No iba a discutir sus incoherencias. Llegamos al hotel a tiempo y nos fuimos en el camión del equipo hacia el campo de práctica.
Sammy se acercó corriendo a nosotros.
—¡Cullen! Y, hola, tú eres Jasper. ¿Qué tal, hombre?
Jasper le lanzó una sonrisa tensa, pero le dio un apretón de manos.
—Estoy bien. ¿Y tú?
—Genial, gracias. Así que Edward te trajo para enseñarte cómo lo hacen los profesionales, ¿eh?
—Algo así —murmuró.
—Bueno, cuando terminen con esas aburridas reuniones de mariscales, ven a buscarme. Te mostraré cómo se entrenan los jugadores más excitantes.
—Edward es el más excitante —anunció Jasper en voz alta.
Jodido infierno. Hice una mueca cuando varios de mis compañeros se burlaron.
—Eso ni hay que decirlo. Te encontraremos —le aseguré, arrastrando a Jasper hacia donde me esperaba mi entrenador de mariscales.
Jasper se comportó durante el análisis de cinta. Aprendió lo que debía buscar e hizo algunas sugerencias que pudimos implementar en nuestro plan de juegos.
—¡Eso fue muy divertido! —exclamó cuando salimos de la sala de juntas.
Tuve que reírme de su culo.
—Si lo disfrutas tanto, ¿por qué siempre me pides consejos antes de tus juegos?
—Porque me gusta ver tus cintas. —Carajo, claro que sí—. Eres el mejor.
Pues, carajo, eso era halagador.
—Gracias.
—No necesitas agradecerme. Para eso estamos los mejores amigos.
No estaba seguro de qué decir a eso, pero afortunadamente me salvé cuando Sammy y Paul llegaron corriendo a mí.
—¿Qué tal estuvo? —preguntó Sammy, lanzando un balón a mis manos.
—Nada mal. —Miré a Jasper—. Él encontró una falla en su derivado que creo que podemos explotar por completo. Hendricks mantiene sus pies avanzando un segundo de más cuando retrocede. Si lo engañas, deberías ser capaz de pasar justo junto a él.
—Qué bien —dijo Paul, chocándolas con Jasper.
—Sí, gracias, hombre. —Sammy alzó la mano, pero Jasper sólo le asintió y le dedico la misma maldita sonrisa de antes.
Sammy me alzó una ceja, y me encogí de hombros. ¿Quién sabía cuál era su jodido problema? Yo nunca desperdiciaba tiempo intentando entender a Jasper. Él era demasiado raro.
—Entonces, ¿nos vas a invitar a pasar tiempo con la familia esta noche? —me preguntó Sammy—. ¡Me vendría bien algo de la comida de mamá!
—Ella no es tu madre —siseó Jasper antes de que yo pudiera responder.
Paul sacudió la cabeza e inmediatamente corrió lejos de cualquiera que fuera el drama que estaba a punto de desatarse.
—Un hecho del que estoy bien consciente, créeme —dijo Sammy, alzando las manos en señal de rendición—. Sólo le digo mamá porque nos manda galletas a todos a través de Edward. La queremos.
—A mí no me manda paquetes de esos —murmuró Jasper, viéndose más que triste.
—Um, ¿por qué debería hacerlo? —pregunté sin pensarlo.
—No sé. Sería lindo.
Sammy se removió.
—Claro. Bueno, Jasper, ¿te contó Edward sobre las últimas travesuras de Rainbow? Se encargó por completo de Heidi. Fue tan…
—Nadie tiene que decirme lo que hace Rainbow. Conozco a Rainbow —interrumpió Jasper, fulminando con la mirada a Sammy.
—Hombre, ¿cuál es tu maldito problema? —pregunté, porque maldición. Por alguna extraña razón estaba actuando como una perra enojada.
—No tengo ningún problema. Él tiene el problema. —Jasper señaló a Sammy, que parpadeó sorprendido.
—¿Yo? ¿Qué hice? No tengo ningún problema.
—Sí. Estás intentando robarme a mi mejor amigo, y no me gusta. Ese es el problema.
Jodido infierno. Jasper estaba nariz con nariz con Sammy, que me veía en busca de algún consejo sobre cómo manejar esta situación.
—Jasper, déjalo en paz. Nadie está intentando robarme.
—Sí, él lo hace. Estás con él todos los días.
—Es mi compañero de equipo. Por supuesto que lo veo a diario.
—¡Pero pasan todo el tiempo juntos! Y está intentando contarme todo sobre ti y Rainbow. ¡Te he conocido desde el principio! Incluso desde antes que Chica Reed. Él no puede reemplazarme.
—Creo que me iré —nos dijo Sammy, alejándose de las locuras que decía el idiota junto a mí.
Cristo. ¿Qué carajos se suponía que debía hacer con esas idioteces?
—¿A qué se debe esto? —pregunté, sabiendo que sólo tenía unos minutos para lidiar con lo que sea que fuera esta mierda antes de tener que regresar a la práctica.
—Él se la vive echándome en cara su amistad.
—Um, no, no lo hace. Sammy sólo intenta ser amable e incluirte.
Unos brillantes ojos azules se encontraron con los míos.
—¿Porque ya no soy parte de tu vida?
—Por supuesto que lo eres. —Mátenme ya—. Sólo porque ya no te veo tan seguido no significa que estés siendo reemplazado. Todavía puedo llamar y mandarte mensajes, ¿no?
Se encogió de hombros.
—Supongo. Pero no es lo mismo. Ustedes pueden pasar tiempo juntos y divertirse siempre. Apesta.
—¿Qué, se supone que no debo tener amigos en mi equipo? ¿Qué tan jodido es eso?
Rodó los ojos.
—Por supuesto que puedes tener amigos.
¿Entonces?
—Pero no mejores amigos.
Cristo. A veces era una jodida niña.
—Sammy no es mi mejor amigo. —Era mi mejor amigo del equipo, pero no iba a decir eso y hacerlo lanzar un berrinche—. Supongo que tú lo eres.
—¿Lo soy? —Comenzó a sonreír y antes de poder evadirlo, lanzó sus brazos a mi alrededor—. ¿De verdad?
Al carajo con esto. Rápidamente rompí su abrazo y retrocedí un paso.
—Lo eres si nunca jamás me vuelves a abrazar en público.
Frunció el ceño.
—No sé si puedo aceptar eso. Soy muy afectuoso. Esposa puede decirte…
—Esposa no me puede decir nada al respecto. No abrazos frente al equipo. Sin excepciones.
—¿Y cuando ganes el Súper Tazón? ¿Puedo abrazarte frente a ellos entonces? —preguntó, viéndose perfectamente serio a excepción de un movimiento de labios.
No tenía tiempo para esta mierda.
—De acuerdo.
—Bien. Trato. —Estiró la mano y se la tomé, manteniéndome listo para correr si intentaba lo del abrazo de nuevo.
—Ahora, ¿vas a dejar de actuar como puta frente a mis compañeros? Van a pensar que eres mi jodida novia o algo así.
—Me portaré bien.
Le lacé una mirada incrédula.
—¿Qué? Puedo hacerlo. Incluso le lanzaré unos pases a Sammy para ayudarlo a calentar para ti. Eso está bien, ¿verdad?
—De acuerdo. Como quieras.
Jasper me quitó el balón y lo dejó volar, justo junto a la cabeza de Sammy, quien por supuesto no lo estaba esperando.
—¡Perdón! —gritó Jasper—. ¡Mi culpa!
—Amigo, nada bien. Lo necesito sano mañana. Apenas lo esquivaste por una pulgada.
—Y ambos sabemos que si le hubiera tirado a la cabeza, lo hubiera golpeado. Todo está bien. Me portaré bien con tus amigos menores.
—¿Dijiste perdedores? —exigí saber. Nadie iba a meterse con mis compañeros en mi presencia. Nadie.
—Dije menores. O sea, menos que yo en la jerarquía de amistad. Estoy yo, y luego están todos los demás.
Raro.
—Chica Reed siempre es la número uno.
Ladeó la cabeza y pensó en ello por unos segundos.
—Bien, es aceptable.
—Qué bien. Ahora, ¿puedo prepararme para mi juego?
Me sonrió.
—¡Claro! ¡No puedo esperar para verte ganar!
—Sólo recuerda. Nada de abrazos. —Le reiteraría esa mierda en cada oportunidad.
—Nada de abrazos. Los guardaré para cuando ganes el importante.
Ni siquiera quería pensar en esa mierda.
—Vayamos a trabajar. No puedo ganar el importante sin ganar mañana.
—¡Bien! ¡Hagámoslo!
Corrió y le dijo algo a Sammy, que asintió y le dedicó una media sonrisa.
Crisis evadida, al menos por ahora. ¿Quién sabría que mi vida en el futbol sería tan de telenovela? Gracias a Dios que mi vida real era menos dramática, al menos con Chica Reed. ¿Quién necesitaba todo ese caos? Yo no, eso era jodidamente seguro.
Xoxoxoxoxox
Este era el momento. Estaba de regreso en mi casa, el estadio estaba ruidoso, mi familia estaba aquí y todo recayó en mí. Dominé todo el juego, completando veintidós de veintiocho pases por tres touchdowns y ningún pick. Todo salió justo como lo planeé, excepto por el hecho de que Bortles me iba emparejando touchdown por touchdown. Sí, él lanzó un pick, pero íbamos veintisiete a veinticuatro con tres minutos para terminar porque la defensa no había fallado en todo el día.
Recibimos la pelota en la treinta y tres y me apoderé del campo. No podía ver a mi chica, pero sabía dónde estaba sentada, así que miré hacia allá y le lancé una sonrisa y un asentimiento. No podría decir si lo vio o no, pero me sentía mejor por haberlo hecho.
Recuperé el balón y retrocedí, lanzándole un slant rápido a Jennings por siete yardas. El siguiente se lo di y agarré el first down con una ganancia de cuatro en la marcha. Otra jugada nos tenía ya a medio campo durante la advertencia de dos minutos.
Sammy corrió a la línea de banda.
—¿Voy con todo o voy con todo? Jazz tenía razón sobre Hendricks. ¡Sigue así!
¿Jazz? Ni siquiera iba a preguntar. Miré al Entrenador.
—Lo van a estar esperando, pero si puedes hacer el pase, hazlo. Sino, marca a Call.
Maravilloso. Tomamos el campo de nuevo, y lancé a Sammy y Paul a las jugadas largas. Ninguno estaba abierto, así que le lancé el balón a Embry para una ganancia rápida de trece.
La siguiente jugada fue el momento. Sammy burló a Hendricks justo en sus zapatos y dejé que el balón volara justo cuando el blitzing corner vino hacia mí. Se paró antes de chocar conmigo y ser penalizado, pero fue demasiado tarde para que detuviera el balón volando hacia las manos de Sammy. Él voló a la zona de anotación, y luego de la patada, llevábamos ya una delantera de cuatro puntos con un minuto restante.
Odiaba estar en la línea de banda en ese último minuto, mirando la defensa jugar suave, dejándolos avanzar las yardas con el reloj avanzando. Su intento a lo Hair Mary fue detenido en la zona de anotación, haciéndonos ganadores a nosotros.
Xoxoxoxoxox
Me apresuré en las duchas y en la basura de después del juego. El equipo se iba a ir a casa hoy, pero yo había recibido una autorización para volar por mi cuenta el lunes. Había arreglado reunirme con mi familia en un restaurante local para poder quedarme con Chica Reed.
—¡Estuviste genial! —Chica Reed lanzó sus brazos a mi alrededor.
La besé con fuerza.
—Sólo espera hasta que estemos solos y te mostraré qué tan genial puedo ser.
Un resoplido fue la respuesta a mi declaración, y volteé.
—Abuela. —¿Qué estaba haciendo aquí?
—Edward. —Me ofreció su mejilla para que la besara. Asqueroso. Apenas y puse mis labios sobre la arrugada piel vieja.
—Abuelo. —Le di un apretón de manos antes de ser encerrado en el abrazo de mi madre. Mi papá siguió raudamente.
Retrocedí y miré a Jasper, que estaba cerca. Me sonrió y me felicitó, pero no me abrazó. Gracias a Dios.
La cena fue un evento muy pomposo, más que nada por la presencia de la Abuela Monstruo. Me resultó raro que Jasper se sentara junto a ella, ambos parecían tener mucho de qué hablar durante todo el tiempo.
—¿A qué se debe eso? —le pregunté a Pequeña, que estaba a mi derecha.
Sonrió.
—Todos quieren a Jaspy.
Oh claro. Como sea. Eso la mantuvo lejos de mí. Me felicitó por mi victoria y parecía prestar mucha atención cuando el tema de la boda salía a flote, pero afortunadamente mantuvo la boca cerrada.
Chica Reed me dio la señal, así que nos despedimos y manejé hacia el hotel que ella había reservado como una sorpresa para mí. Carajo, no podía esperar hasta que estuviéramos solos de nuevo. Nos registramos sin problemas, y en cuanto la puerta estuvo cerrada, la jalé hacia mí.
—El vencedor —comencé, haciéndola reír ligeramente, pero ella me empujó a un lado y se dirigió hacia la cama—. La mujer de mis sueños. —Sin preliminares, directo al grano.
—No todavía. —Se removió con nervios antes de palmear la cama. No estaba seguro de qué pasaba, pero sí sabía que mi estómago comenzó a revolverse como lo hacía antes de algún juego particularmente importante.
—¿Es esto por la boda? —pregunté. ¿Estaba ansiosa por evadir el tema por alguna razón? Cada vez que salía a flote, ella cambiaba el tema o me lo dejaba a mí. Decía que todavía quería casarse conmigo, pero estaba actuando raro.
—No exactamente.
Al carajo con sentarse. Caminé frente a ella.
—¿No exactamente qué? ¿No quieres casarte? ¿Ya no me quieres? —Me sentía jodidamente enfermo. Iba a vomitar y ella iba a dejarme. Jodidamente fantástico.
—¡Por supuesto que no es eso! —Estiró el brazo y me agarró la mano—. Sabes que te amo. Quiero casarme contigo más que nada en este mundo. Sólo que no podemos fijar una fecha justo ahora.
—¿Por qué carajos no? ¿Por nuestras agendas? Al carajo con eso. Haremos que el tiempo nos quede libre. Tendré mucho tiempo fuera de temporada, y tu trabajo se acomodará a nosotros o les diremos que se vayan al carajo y te encontraremos uno mejor. —Cualquier persona con oídos la querría. Ella era endemoniadamente talentosa.
—Edward, ¿puedes sentarte? No puedo hablar contigo si estás sobre mí.
Cierto, se suponía que debía sentarme. Estaba demasiado ocupado intentando descubrir qué carajos estaba mal. Me senté junto a ella y me envolvió con sus brazos. Quería hacer lo mismo, pero en realidad no podía moverme con ella aplastando mis brazos a mis costados.
—Bien, ¿recuerdas que la otra noche dijimos que a veces las sorpresas eran algo bueno?
Por supuesto que lo recordaba. Ella me sorprendió con su sexy camisón morado. Eso fue perfecto.
—Sí.
—Pues tengo que decirte algo, y aunque no es planeado, creo que es algo bueno.
De acuerdo. Bueno, ella no pensaría que terminar lo nuestro era algo bueno, así que al menos ya era un avance.
—Chica Reed, si no estás terminando conmigo, entonces puedo lidiar con cualquier cosa que me digas.
—¿Cualquier cosa? —preguntó.
—Cualquier cosa.
Respiró profundamente y soltó su agarre antes de pararse frente a mí. Puso sus manos en mis hombros y me miró a los ojos.
—Recuerda que dijiste eso.
Suspiré.
—Chica Reed, sólo sácame de mi miseria y dímelo.
Me sonrió tentativamente y sus ojos se vieron sospechosamente brillosos.
—Estoy embarazada.
Santa mierda.
