Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 17
Quien quiera que estuviera tocando en la puerta de mi habitación de hotel lo iba a pagar caro. Chica Reed murmuró algo antes de enterrar la cabeza debajo de la almohada, claro, dejándome así a mí el trabajo de lidiar con quien quiera que tuviera la jodida indecencia de tocar a las… santa mierda, seis y media de la mañana en mi jodido día libre. Alguien iba a morir.
Me levanté de la cama y agarré los bóxers tirados que de alguna manera habían caído sobre la lámpara de la mesita de noche. Bueno, claro que sabía cómo había pasado. Y esa mierda me hizo sonreír. A pesar de que había estado temeroso de practicar algo sexual luego de que Chica Reed soltó la bomba del bebé, ella me había convencido de manera bastante satisfactoria de que, por ahora, el bebé no tenía que cambiar ninguna mierda. Y al parecer me convenía aprovechar eso durante los siguientes siete meses antes de que llegara el bebé. Los niños eran lo más novedosos en interrumpir polvos. Con todos los gritos y cagadas y… carajo. No quería pensar en eso.
Los golpes todavía no cesaban, así que me apuré a la puerta y la abrí de un jalón.
—¿Qué cara…? —me callé cuando dos torbellinos pasaron junto a mí.
—¡Bella! ¡Oh Dios mío, Bella!
Jodido infierno. Pequeña era ruidosa como la mierda a tan temprana hora.
—Está dormida. ¿Podrías callarte antes de que despiertes a quien quiera que todavía no hayas molestado en todo el maldito hotel? De los tres.
Pequeña se puso las manos en las caderas y me fulminó con la mirada.
—¡Tú escucha! Tenemos un billón de cosas por hacer si es que te quieres casar en unas pocas semanas. ¡Semanas! ¿Sabes todo lo que tenemos que hacer?
No. Afortunadamente. No lo sabía. Y no quería saberlo. Agarré mi cartera del escritorio y saqué mi tarjeta negra.
—Aquí tienes. Diviértete.
Rubia bufó mientras Pequeña me arrancaba la tarjeta de las manos prácticamente antes de que terminara de hablar.
—Sí que sabes cómo volver locas a las mujeres, Cullen. Tu madre no ha dormido en toda la noche y estoy bastante segura de que tampoco Alice lo ha hecho.
—¡No hay tiempo, Rose! Hemos reunido una lista de lugares locales para llamar en cuanto abran hoy. Luego tenemos que considerar la comida, música, flores, fotos, decoración…
Pequeña había agarrado vuelo. Tenía que detenerla.
—Mira, todo lo que tienen que hacer es encontrar un lugar que cuente con hotel. Nos quedaremos ahí. Nos comeremos su comida. No tenemos que contratar un servicio de comida y esas mierdas.
Pequeña abría y cerraba la boca, pero no salía ninguna palabra. Se parecía mucho al ridículo pescado que cantaba que Emmett se aferró en comprar hace unos años.
—Eso no es… ¡ugh! ¡Hombres! No tienes ni idea, ¿verdad?
Obviamente no. Y no me sentía para nada culpable por eso.
—Escucha, queremos algo agradable pero simple. Chica Reed no es como tú, ¿sabes? Sólo encuentra un lugar y cómprale el vestido que quiere. Encuentra un fotógrafo. Todo lo demás es innecesario.
—¿Quieres o no que ella tenga la boda perfecta? El que estén apurando las cosas por el bebé…
Carajo.
—¿Mi mamá te lo dijo?
Rubia suspiró.
—Para ser honestos, no pretendía decírnoslo. Es que entramos cuando ella le estaba diciendo a tu padre que abriera una cuenta de banco para el bebé Cullen.
Por supuesto que sí. El niño apenas era un saco pero probablemente ya era millonario.
—Sabía que yo no estaba embarazada, y ellos estaban muy tranquilos para tratarse de su bebé, así que lo descubrimos mediante un proceso de eliminación.
—Sí, sabíamos que Bella había estado teniendo cambios de humor últimamente. Yo ya me preguntaba si no estaría embarazada antes de que saliera a la luz todo esto de la boda.
—¿Cambios de humor? —le pregunté a Pequeña. ¿De qué estaba hablando?
Rubia y Pequeña intercambiaron una mirada.
—Es sólo que ha estado más nostálgica, ¿sabes? Un poco deprimida de vez en cuando. Pensamos que te extrañaba.
Por supuesto que sí. Mi chica estaba sola en Tally con un bebé creciendo dentro de ella mientras yo estaba a miles de millas de distancia. Jodido infierno. La puntualidad de este bebé era de mierda. Esto no funcionaría en absoluto.
—Escuchen. No puedo estar ahí, sin importar qué tanto desearía poder estar. ¿Puede alguna de ustedes, o las dos, mudarse con ella? Les pagaré la renta, la gasolina y cualquier otra cosa que necesiten.
—Eso es muy dulce, pero no necesito niñera. —Todos miramos a la puerta donde estaba parada Chica Reed, se veía endemoniadamente sexy en mi camisa de botones negra—. Rose está casada con tu hermano y Alice comprometida con Jasper. No puedes pedirles que se muden por dos meses. Sería muy tonto.
—¡Yo lo haría! —Pequeña corrió hacia ella y lanzó los brazos alrededor de Chica Reed—. ¡Oh, Bella! ¡Estoy tan emocionada por ti! ¡Un bebé! Voy a consentirla hasta morir.
¿Consentirla? ¿A qué se refería con esa mierda de ella? Al carajo con eso.
—Vamos a tener un niño.
Las tres me miraron.
—¿Y cómo sabes eso? —preguntó Rubia, cruzando los brazos sobre su pecho.
Sólo lo sabía. No podía tener una niña. En realidad una niña era algo inimaginable.
—Todos los Cullen son hombres. Es una tradición. —Eso era cierto. Había una larga línea de hombres Cullen. Las mujeres eran muy escasas.
Chica Reed se rio entre dientes.
—Bueno, niña o niño, no necesito niñeras. Gracias, Alice, pero todos sabemos que necesitas mantener vigilado a Jasper.
Pequeña se rio.
—Jaspy está bajo control. No ha fumado en meses y justo ahora está muy concentrado en el fútbol. Probablemente no notará si no estoy. Sólo molestará a Edward si se aburre.
Y al carajo con eso también.
—No. Está bien. Contrataré a alguien. Mamá mencionó que conocía una nutrióloga. —Eso sería algo bueno para una mujer embarazada, ¿no? Tener a alguien diciéndole lo mejor para comer. Necesitaba encargarle eso a mamá.
Chica Reed se acercó y envolvió sus brazos a mi alrededor.
—Edward, te amo.
Maldición, claro que sí.
—También te amo.
—Lo sé. Y sé que te sientes culpable de que yo esté sola y tú estés tan lejos de mí, pero tampoco necesito que una nutrióloga me cuide. Como bien. Y compré unos libros sobre bebés, así que leeré sobre lo que debo y no debo hacer. El internet está lleno de consejos. No tienes que preocuparte por mí.
Como si eso fuera posible.
—Pero Pequeña dijo que has estado deprimida últimamente. —Deprimida significaba llorando, y carajo, odiaba cuando lloraba. Especialmente si lloraba por mí.
—Pues por supuesto que he llorado. Estoy embarazada. Las mujeres embarazadas tienen todas esas hormonas raras en sus cuerpos y a veces tienen que llorar. O reír. O gritar. Es parte del paquete. Pero no estoy molesta. No ahora que sé que estás por completo conmigo.
Ahí estaba. Había estado tan preocupada de que yo me alterara con este asunto del bebé que había llorado sólo Dios sabe cuántas veces.
—Pues puedes dejar de preocuparte sobre eso y sólo cuidarte.
Se paró de puntitas y me besó.
—Lo haré. Y tú deja de preocuparte por mí y cuídate a ti mismo. Te esperan muchos juegos importantes y necesitas centrarte. Yo estaré bien. Estas dos y los chicos no me darán ni un momento de paz, y lo sabes.
—¡No lo haremos! ¡De todas formas tenemos mucho que hacer! Yo iré con ella todo el tiempo. Querrá tiempo a solas, créeme —juró Pequeña.
—Hablando de tiempo a solas, ¿por qué están aquí tan temprano? —preguntó Chica Reed, mirando el reloj y haciendo una mueca.
Había sido una noche larga para ambos, primero con la charla y luego con el sexo. Ambos estábamos exhaustos, con buena razón.
—¡Porque tenemos que irnos! ¡Vístete! —Pequeña intentó mover a Chica Reed a la habitación, pero nos agarramos el uno al otro.
—¿A dónde tenemos que ir a las siete de la mañana? —preguntó Chica Reed. Una pregunta jodidamente buena.
—Esme averiguó quién es la dueña de la tienda de vestidos anoche. Aceptó abrir temprano para que pudieras probarte el vestido y tomarte las medidas para empezar inmediatamente. Y nos va a contactar con alguien que tiene una boutique con montones de vestidos de damas de honor. Rose y yo también necesitamos nuestros vestidos. Además Esme también puede comprar el suyo. Igual que Renee.
—¿Renee? —Mi chica palideció y apreté mi agarre en ella en caso de que fuera a desmayarse. ¿Iba a vomitar? Jodido infierno. Había un bote de basura junto al escritorio. Podía traérselo en dos segundos—. ¿Lo sabe? —la voz de mi chica sonó tensa. No me gustó.
—¡Dios, no! —Rubia negó con la cabeza—. No sabíamos qué querrías decirles a tus padres. Esme sólo la llamó para decirle que íbamos a buscar los vestidos hoy y le preguntó que si quería venir. Dijo que sí, pero no le dijimos sobre la fecha ni nada.
—¿Qué pasa, nena? ¿No quieres que sepa?
Chica Reed suspiró y recargó la cabeza en mi pecho.
—Se lo diré. Es que… la conoces. O se alterará por ser muy joven para ser abuela, o lo gritará de los techos. Mi madre se va a los extremos.
Eso era cierto. Renee era algo más
—Me gustaría tener la boda sin que ella hiciera alguna escena. Y si sabe que estoy embarazada, lo hará.
—Es más probable que me coquetee a mí o a mi hermano.
Chica Reed bufó por eso.
—O a tu padre.
—Me encargaré de esa perra —dijo Rubia, haciéndonos reír a todos—. No te preocupes, Bella. Le diremos la verdad. Ustedes no pueden esperar para casarse, así que lo haremos en la semana de descanso de Edward. Luego, cuando te gradúes, podrán comenzar su vida juntos sin preocuparse por todos esos tediosos detalles.
Chica Reed exhaló.
—Bien. Eso funciona.
—Está decidido. Ahora apúrate y vístete. Los chicos llegarán en cualquier momento. —Pequeña finalmente logró que Chica Reed me soltara y se fuera a la habitación para vestirse.
—¿Por qué van a venir? —pregunté. Seguramente no era para ir a comprar vestidos. Bueno, honestamente podía ver a Jasper haciendo esa mierda. Pero a mi hermano no. No era su estilo.
—Para quedarse contigo mientras nosotros damos comienzo a este torbellino de boda. —Rubia miró hacia la puerta por donde habían desaparecido Chica Reed y Pequeña—. La cuidaremos, Edward, lo prometo.
Intenté con todas mis fuerzas formar una sonrisa para ella.
—Lo aprecio de verdad. Gracias.
—¿Cómo estás lidiando con todo esto?
No necesitaba preguntar a qué se refería con esto.
—No sé. Me da la impresión de que le está pasando a alguien más, no a mí. Por ahora sólo me estoy concentrando en ella.
Rubia asintió.
—Sabes, cuando lo escuché, una parte de mí se preguntó si huirías por las colinas cuando se te aclararan las ideas. —Por supuesto que se lo preguntó—. Pero luego me recordé que resultaste ser un mejor novio del que pensé que serías.
La miré boquiabierto. ¿Un cumplido de parte de Rubia?
—No me mires así. Eres un buen chico, Edward. Y serás un buen padre.
Santa mierda. Eso no me lo esperaba.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque eres excelente en todo lo que te propones. Y ella no te dejará fallar. Ninguno de nosotros lo permitirá.
Solté un tembloroso suspiro.
—Eso… gracias.
—No me agradezcas. Sólo sigue haciendo lo que estás haciendo. Sigue estando ahí para ella. Muéstrale que la amas, incluso si no estás aquí. Tal vez sigue amenazando con contratar gente para que la cuide para que sepa que estás pensando en ella. —Ambos nos reímos—. Pero, en serio, estaremos ahí para ella día y noche si necesita algo que tú no puedas darle debido a la distancia. Puedes contar con todos nosotros.
Lo sabía, pero también era bueno escucharlo.
—Lo sé. Es más fácil sabiendo que están ahí.
—Tendrá más visitas de las que puede manejar. —En cuanto lo dijo, se escuchó un golpe en la puerta—. Como puedes notarlo.
Fui a responder e inmediatamente fui golpeado en la cara por un montón de jodidos globos brillantes.
—¡Felicidades! —Unos brazos me rodearon y los globos se enredaron entre nosotros.
—¡Jasper! Prometiste olvidar esta mierda de abrazarme.
—¡No estamos con tu equipo y es una ocasión especial, papi!
Logré romper su agarre y quitar los globos de mi camino.
—No me digas así. Eso está mal.
—Pero vas a serlo.
No necesitaba el jodido recordatorio, gracias. O una docena de globos.
—Lo sé. ¿Qué es esta mierda?
—Jasper insistió en que necesitábamos celebrar. —Emmett me palmeó el hombro—. Siempre tienes que superarme, ¿eh, hermano? Menciono la idea de embarazar a Rosie, y tú y Bella lo hacen. Nunca jamás volveré a ser el favorito de mamá.
—Desde que yo llegué, nunca lo has sido. —Se rio y me dio un empujón, pero me sostuve—. Y no es mi culpa ser mejor que tú en todo.
—No en todo, hermano. Al menos yo sé cómo usar un condón.
—Sí usé… olvídalo. ¿Por qué están aquí?
—Para hacerte compañía mientras las chicas van de compras. No te vas hasta más tarde, ¿cierto?
Mierda.
—Cierto.
Chica Reed y Pequeña salieron de la habitación entonces. Emmett cargó a Chica Reed y yo inmediatamente estiré los brazos hacia ella.
—¡Hombre! ¡Está embarazada!
—No soy una muñeca de papel, Edward. —Chica Reed abrazó al zoquete estúpido que tenía como hermano—. Es bueno verte.
—¡También a ti, mamacita! ¿Cómo está mi sobrino ahí adentro?
Chica Reed se rio.
—¡Tú también, no! ¿Cómo saben que es niño?
—Los Cullen son niños. Es la forma en que es —le dijo Emmett, igual que yo antes.
—Mmm hmm. Bueno, me llevaré a este posible niño y haré unas compras mientras el resto de los chicos hacen lo que sea que hagan. Gracias por los globos, Jasper. —Se acercó y me besó—. Regresaré antes de que tengas que irte al aeropuerto.
—Bueno, puede que no…
Chica Reed interrumpió a Pequeña.
—Regresaré. Lo prometo.
La besé de nuevo.
—Bien. Diviértete, nena.
—Lo haré.
—¡Sí, lo hará! —Pequeña agitó mi tarjeta—. Vayamos a dañar la cuenta bancaria de Edward, chicas.
Chica Reed sacudió la cabeza.
—Te amo.
—También te amo.
Se fueron tan rápido como llegaron, dejándome a mí y a los dos idiotas de pie mirándonos unos a otros.
—En serio no tienen que hacerme compañía. Podría usar el tiempo a solas para dormir.
—¿En serio, hermano? ¿Puedes dormir mientras tu chica está ahí afuera creando un bebé y comprando vestidos de novia? Yo moriría de miedo si fuera tú.
Sí, bueno, ¿quién tenía tiempo para eso? Suspiré y me senté en el sofá.
—Estoy intentando no pensar en ello.
—¿Cómo puedes hacerlo? ¡Viene un bebé! ¡Tu bebé! Mientras que la mayoría de los chicos estaban preocupados por monstruos en el closet o debajo de las camas, ¡nosotros nos preocupábamos por chicas con signos positivos en pruebas de embarazo! —mi hermano alzó las manos—. No digo que Bella sea una de esas chicas, pero tienes que estar endemoniadamente asustado ahora.
—Los bebés son una bendición. Y el bebé de Edward va a ser increíble, igual que él —dijo Jasper. Noté que seguía aferrado a esos jodidos globos. Claramente no había dejado su afinidad por las mierdas brillantes luego de que dejó la marihuana.
—No me estoy alterando porque estoy concentrándome en el ahora, en lugar del después. Lo que importa ahora es casarme con Chica Reed en el corto espacio de tiempo que tenemos antes de que a ella empiece a notársele el embarazo y el bebé llegue y la temporada comience y todas esas mierdas. Ella quiere estar delgada cuando nos casemos, así que es ahora o sabrá Dios cuándo.
—Puede que nunca jamás vuelva a estar delgada —anunció mi hermano.
Lo golpeé en el brazo.
—Cállate, imbécil. Si sugieres eso cerca de ella, te partiré el culo. —Como si Chica Reed necesitara más mierdas de qué preocuparse.
—Sólo digo que algunas nunca vuelven a estarlo. Los bebés les extienden los estómagos y, por supuesto, los co…
—Emmett, juro por Dios, llamaré a mamá y le diré que fuiste tú quien rompió el jarrón que papá le compró en Italia y que amaba tanto. —No necesitaba preocuparme por esas mierdas. Tenía más que suficiente en qué pensar sin añadir eso al montón.
—¡No te atreverías! —Una mirada a mi cara le dio la respuesta que necesitaba—. Bien. Sólo intentaba darte un lugar seguro donde hablar de tus preocupaciones. Obviamente no puedes decirle a ella que te preocupa que su cuerpo nunca jamás vuelva a ser el mismo.
—¡No me preocupaba eso hasta que tú llegaste! ¿Cómo puede ser de ayuda que me lances mierdas nuevas cuando ni siquiera he procesado las mierdas anteriores?
—La maternidad es hermosa. Las estrías y todo lo demás son sólo símbolos que muestran lo que una mujer tiene que soportar para traer una nueva vida al mundo. Ella debería sentirse orgullosa por ello.
Mi hermano y yo nos giramos para ver a Jasper, quien seguía viendo los globos.
—¿De dónde vino eso? —pregunté, porque sonaba como una maldita tarjeta Hallmark o algo así.
—De aquí. —Señaló su cabeza—. Cuando Esposa me bendiga con un bebé, voy a amar cada pulgada que crezca su estómago. Igual que Edward lo hará con Bella y tú con Rose. No las amamos porque son hermosas. Las amamos por quiénes son. Y eso sólo va a aumentar cuando se conviertan en madres, cuando les salgan arrugas y canas. Ninguna de nuestras chicas se va a ver como se ve ahora eternamente. ¿Planeas en dejar a Rose cuando sus pechos comiencen a caerse y cuando le empiece a salir vello en lugares donde nunca pensaste que le saldría vello?
Mi hermano no parecía capaz de formar palabras. Sólo negó con la cabeza. Era raro que Jasper tuviera tanto sentido, o que al menos lo articulara con tanta claridad.
—Pues, mierda, Jasper, supongo que tienes razón. Aunque aun así me asustaría.
Jasper se encogió de hombros.
—Es normal. Pero Edward y Bella no son como la mayoría de los padres veinteañeros. Para empezar, no tienen que preocuparse por el dinero. O lidiar con cosas como poder pagar la guardería y el servicio de salud. Tienen trabajos estables y pueden contratar a alguien que los ayude cuando Bella regrese a trabajar. Si es que regresa.
Carajo. Bella y su trabajo. Ni siquiera se me había ocurrido que su trabajo también podría joderse. Nuestro niño tenía una puntualidad de mierda.
—Ni siquiera hemos hablado de su trabajo.
—Tienen tiempo. Lo resolverán —me aseguró Jasper—. Te ordené algunos libros sobre bebés, por cierto.
¿Qué hizo qué?
—¿Eh?
—Qué esperar cuando estás esperando, para que sepas lo que pasa dentro de Bella, incluso si no estás ahí para experimentarlo. Risas de panza, la Verdad Desnuda Sobre el Embarazo y el Nacimiento, el cual se supone que es divertido. Supuse que te vendría bien reírte mientras lees mierdas sobre hemorroides.
Santa mierda. No tenía palabras.
—Más allá de Jennifer y Jason, Madison y Montana: Cómo Nombrar a tu Bebé, asumiendo, por supuesto, que no quieras ponerle Jasper o Jasmine.
—¡Emmett o Emily! —anunció mi hermano.
—Carajo, no —les dije a ambos. Jesucristo… ¿Nombres? No estaba listo para eso.
—Y finalmente te compré El Libro sobre el Bebé, Las Preguntas Y Respuestas, el cual les enseña a los padres primerizos cómo hacer todas las cosas que no tienen idea de cómo hacer, como cambiar pañales, sacarles el aire y esas cosas. De hecho nos compré copias de ese libro a todos, para poder ayudar cuando llegue el bebé.
Santa mierda. No podía sentir las piernas. Me hundí en la silla más cercana e intenté hacerme a la idea de todo esto. No podía. Nop. No todavía. No estaba listo.
—¡Aquí viene el ataque nervioso! —anunció animadamente mi hermano.
No. No iba a alterarme. Chica Reed me necesitaba tranquilo y fuerte. Ella era así, así que yo no podía ir perdiendo la cabeza mientras que ella conservaba la suya. Me vería ridículo. Sólo necesitaba respirar profundamente y centrarme. Ella era mi centro. Mi Bella. Podía hacer esta mierda porque ella lo haría conmigo. Podía enfrentarme a cualquier cosa con ella. Incluso a la paternidad.
—No, no es así. —Jasper me asintió cuando alcé la vista—. Vas a ser un buen padre, Edward.
Tragué, aunque mi garganta se sentía tan seca como una lija.
—Lo intentaré con todas mis fuerzas.
Me sonrió.
—Entonces lo lograrás. Es lo que haces.
Maldición, así era. Edward Cullen era un ganador. Podía ganar en la paternidad igual que en el fútbol. Leería los libros de Jasper y memorizaría esa mierda igual que mi libro de jugadas. Podía hacer esto. De todas formas no tenía opción. Bebé Cullen llegaría en siete meses. Que Dios nos ayude.
