El cielo se iba mesclando con tonos naranja y amarillo que el sol iba dejando mientras descendía lentamente tras las montañas, remarcando más las siluetas de los árboles. Envolviendo en tinieblas el bosque, ocultando el camino a casa.
Imelda podía sentir su corazón latir fuertemente, mientras corría a toda velocidad y veía la luz gradualmente desaparecer, dando paso a una oscuridad que palpaba más fría y penetrante que las demás. Volteo una vez más hacia atrás y aun podía escuchar las risas de aquellos buitres persiguiéndola. Estaba asustada y en lo único que podía pensar en ese momento era en su hermano Albert.
Se maldijo a si misma varias veces, una, por no haber aprendido magia cuando había tenido la oportunidad, otra, por haber tentado a su suerte al creer que ella se libraría de ser quemada en la hoguera. El tan solo pensarlo hacia que un sudor frio recorriera todo su cuerpo.
¡Eso es! — dijo el buitre embozando una sonrisa— llévanos hasta tu villa preciosa — dijo aquel hombre que tenía una cicatriz que le atravesaba la boca y parte de su rostro.
Veía los ojos de aquella joven y casi podía saborear el miedo que impregnaba la pequeña hermana de Albert. Era tan fácil, que casi odio tener que haber aceptado el trato hecho con Tobías. El funcionario que le había pagado mucho dinero por entregarle a brujas y hechiceros. Y con el "puño de hierro" que el mismo había creado, había resultado más sencillo hacerlo.
Saco su ballesta apuntando intencionalmente a uno de sus brazos, y mientras se detenía para disparar, veía como satisfactoriamente daba en el blanco. Imelda grito de dolor soltando la canasta que tenía en la mano, pero no se detuvo. En hacerlo, le garantizaba una muerte segura.
. . .
Mientras tanto en otra parte, Albert estaba sentado en una roca junto Amelia viendo el atardecer, mientras esta le acariciaba su rostro.
Albert mira cómo te dejaron— mirándolo a los ojos— ¿Por qué tienes que arriesgarte de esa manera?
El la tomo delicadamente de su mejilla, sintiendo el calor de su piel.
Lo hice por mi hermana…— desviándole la mirada— si fuera por mi …yo — apretando su puño— ¡ODIO ESTO! ¿Por qué el consejo no hace nada? ¡Hace meses que se formó y un sigue toda esta masacre!
¡Escúchame! — tomando sus hombros, obligándolo a verla— Jeremías esta ahí, lo conoces, el hará hasta lo imposible para encontrar una solución.
Lo se — aceptando su derrota en contra de ella — Amelia hay algo que te quiero proponer — metiendo la mano en su bolsillo, agarrando fuertemente el anillo de su madre mientras se armaba de valor para decirle las palabras adecuadas— e querido decírtelo antes…pero siempre pensaba que nunca era el momento adecuado… al menos no, con lo que esta pasando
¿Albert? — dijo Amelia
¿Te quieres casar conmigo? — sacando el anillo mientras se hincaba mostrándole una feliz sonrisa— ¿Amelia?... ¿Qué respondes? ¿Aceptarías a este humilde granjero?
Ella no supo que contestar.
Albert la miraba y simplemente no podía dejar de sonreír. Pero Ethel sabia que todo estaba apunto de terminar. Su instinto se lo decía, que había peligro alrededor. Se sentía atrapada, asustada de estar en aquel lugar. Pero ¿Por qué Albert no lo sentía?
El atardecer se estaba desvaneciendo, dando paso a la noche. El humo se podía oler a lo lejos y las llamas estaban devorando todo a su paso. Cuando fijo su atención en la dirección de donde provenía, este soltó el anillo inconscientemente. Se puso pálido al ver que su villa estaba siendo consumida por el fuego. Los gritos desgarradores de los aldeanos se podían escuchar a lo lejos.
¡No! — levantándose de golpe
Intento transportarse varias veces, pero no pudo. Los buitres habían sido inteligentes, habían puesto sangre perteneciente a las brujas del linaje maldito alrededor de la aldea. Cualquier intento de magia que intentaran hacer, seria bloqueado por ella.
Amelia sin pensarlo lo tomo de la mano y juntos corrieron cuesta abajo para poder llegar a tiempo. Cruzaron el rio y después subieron por la ladera de la montaña, pero no tan rápido como a el le hubiera gustado. Escapándose su aliento a cada paso que daba, temiendo que por mucho que corriera, no alcanzaría a salvar a las personas que más quería.
Cuando los gritos cesaron por fin, ambos se miraron uno al otro, asustados. Dando paso a un gemido agónico que cada vez subía mas de tono y fuerza. Ethel sintió como su sangre se helo cuando reconoció aquella voz. Sus pasos se hicieron mas rápidos, tropezando y cayendo cada poco, arañándose las manos por tratar de subir más aprisa.
Cuando finalmente llego arriba se quedo completamente inmóvil, sus ojos se encontraron con los de su hermana, quien estaba atada a una pila y completamente en llamas. La mujer encima de aquellos troncos y ramas de árboles, miro por última vez a su hermano antes de que el fuego la consumiera por completo.
¡Nooooo! Imelda— grito Albert quien corrió hasta donde estaba ella para tratar de quitar uno a uno la pila de troncos y poder salvar a su hermana.
Al poco rato unos hombres lo agarraron de ambos brazos y lo jalaron hacia atrás, tirándolo bruscamente al suelo. Ethel poso su mirada en ellos y cual fue su sorpresa al ver que no eran solo buitres los que habían quemado y destruido la aldea, sino también había humanos.
¿por qué?... ¿¡POR QUE!?— grito desconsolado.
Amelia se acercó, saliendo de entre las sombras sin expresión alguna.
Realmente esperaba atraparte de otra manera Albert— dijo sin dejar de verlo— pagaras por lo que has hecho
Albert no podía creerlo.
¿Amelia? …no es verdad…— moviendo su cabeza de un lado a otro— ¿¡QUIEN ERES!?
Llévenselo.
Los hombres lo tomaron por los hombros, arrastrándolo.
¿PORQUE HICISTE ESTO?— tratando de soltarse, quería que ella le diera una explicación — ¡DIMEEE!
