Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 19
Era raro. Aunque técnicamente nada había cambiado, en especial aquí en Jersey, todo se sentía diferente. Regresé a trabajar el martes en la mañana como si todo mi mundo no hubiera cambiado. Me ejercité con los chicos, soportando sus burlas sobre que no regresé con el equipo y que qué había estado haciendo. ¿Qué había estado haciendo? Todo mi mundo había sido sacudido hasta la médula, y no en el buen sentido. Bueno, también en ese sentido, pero era fácil olvidarlo con todo este asunto del bebé colgando sobre mi cabeza.
¿Debería decirles a todos? Carajo, no sabía. Chica Reed dijo que usualmente esperabas un trimestre, pero viendo que la mitad del mundo ya sabía y que probablemente mi madre ya se lo estaba diciendo a la otra mitad, ¿no debería decir algo yo también?
¿Estaba mal decirle a mis compañeros antes de que le dijéramos a Charlie? Chica Reed no había tenido ganas de revelárselo a otro padre luego de haber aguantado a su madre y a la mía durante horas, así que le diríamos a él esta noche por Skype. Por alguna jodida razón, Chica Reed quería ver su cara cuando se lo dijéramos. Yo sólo estaba feliz porque él y su pistola estuvieran al otro lado del país, para ser honestos. No es que él fuera a lastimar a su jugador favorito de toda la vida, pero aun así. Siempre era mejor que el padre y la pistola estuvieran muy lejos cuando uno le decía a un hombre que su hija estaba embarazada. Esa mierda era sentido común.
—Pareces estar a un millón de millas de distancia. —Sammy llegó a mi lado cuando salimos del campo de entrenamiento. Íbamos a tener un descanso para comer, y luego era hora de ver cintas del juego—. ¿O más bien miles de millones? ¿Extrañas a tu chica? —preguntó, lanzándole un saludo a JPP cuando pasó corriendo.
Sí, definitivamente la estaba extrañando. Era algo muy jodido tener a mi prometida embarazada tan lejos. Me sentía endemoniadamente culpable por estar yendo a comer mi comida aprobada por nutriólogos mientras ella era la que llevaba al bebé dentro. Necesitaba en serio mandar a alguien que monitoreara lo que comía. Probablemente el bebé le estaba chupando todos los nutrientes y esas mierdas. ¿No necesitaría ella más vitaminas y esas cosas? ¿Dónde estaban esos jodidos libros de bebés que Jasper había ordenado? Necesitaba algunas respuestas.
—¡Hola, Tierra a Edward! ¿Estás ahí? —Sammy agitó la mano frente a mi cara.
—¿Qué? Mierda. Lo siento.
—¿Está todo bien? —Me miró preocupado—. Tú y Bella no han terminado o algo así, ¿verdad?
—No. ¿Por qué preguntarías eso? —No pude evitar que el pánico que esa pregunta me causó saliera por mi boca.
—No sé. Estás distante, y parece como si hubieras perdido a tu mejor amigo. Sólo me pregunto qué te pasa.
—No es… es que… —Carajo. Necesitaba hablar con alguien, y aquí estaba Sammy. Agarré su brazo y lo metí en la sala de juntas más cercana, cerrando la puerta detrás de mí.
—Vaya, hombre. Si me querías a solas, sólo tenías que decirlo. —Se rio y alzó las manos—. Lamento no haber atrapado esa bomba de cincuenta yardas que lanzaste. No me patees el culo.
La risa se me atoró en la garganta y negué con la cabeza.
—Oye, hombre. Lo que sea, te escucharé.
—Bella está embaraza. —Ahí. Lo dije. Sí, solté esa mierda como había hecho con mis padres, pero sentía como si las palabras simplemente escaparan de mi boca.
Sammy me miró por unos segundos.
—¿Felicidades?
Escuché la pregunta en su voz. Ven, él también sabía que yo iba a ser un padre de mierda. Sus felicitaciones ni siquiera eran sinceras.
—¿Por qué lo dices así? —exigí saber, señalándolo—. ¿Crees que lo voy a joder todo? Mi hijo me va a odiar, ¿verdad?
—¡Calma! No quise sonar así, hombre. Es que tú no parecías muy emocionado por eso. No quería sacar los cigarros y el champagne si no estabas de humor para eso.
Suspiré y me dejé caer en la silla más cercana. Sammy se sentó junto a mí.
—¿Cómo te sientes?
—¿Qué no siento? —exigí, odiando todas las jodidas sensaciones que pasaban a través de mí. La vida era jodidamente más fácil cuando las únicas mierdas que importaban era el fútbol y tener sexo. Y tan sólo pensar eso me hizo sentir de mierda porque no lamentaba que Chica Reed llegara y cambiara todo. Carajo, la amaba. Sólo odiaba toda la mierda que venía con saber que íbamos a tener un bebé antes de lo planeado—. Culpable. Me siento jodidamente culpable de estar aquí mientras Bella está sola en Tallahassee. Me siento como mierda por no poder emocionarme con lo del niño. Todo lo que puedo hacer es preocuparme por lo que puede salir mal, como que el niño me odiará, yo lo odiaré a él y luego Bella me va a odiar por no amar a nuestro hijo. Además está Rainbow, quien bien podría intentar matarlo.
Sammy bufó por eso.
—Por favor. Rainbow amará todo lo que venga de ti y Bella, igual que tú.
Pero no lo amaba. ¿Qué no veía?
Sammy exhaló.
—Mira, hombre. No puedo decir que sé por lo que estás pasando porque no he estado en esa posición. Gracias a Dios. —Se rio de la mirada fulminante que le mandé—. Pero si fuera yo, imagino que me sentiría de la misma manera que tú; sólo que no sería lo suficientemente afortunado para que la mamá de mi bebé resultara ser también el amor de mi vida. Iban a tener niños algún día, ¿verdad?
—Por supuesto. En un muy largo tiempo.
—Pues sólo te adelantaste. ¿Qué más es nuevo? Eres un de los ganadores del Heisman más jóvenes de la historia, junto con campeón nacional, y fuiste mariscal en el instante en que te eligieron. Acéptalo, Cullen. Eres muy sobresaliente.
—Ese soy yo. Ganándole a todos para subirme al tren de los niños.
Sammy sacudió la cabeza.
—¿Crees que eres el único de nosotros que ha tenido un bebé sorpresa? Paul tiene dos hijos, uno en California y el otro en algún lugar en el centro del país.
¿En serio?
—No lo sabía.
Sammy asintió.
—Los ve cuando termina la temporada y paga un chingo de manutención. Así que podría ser peor. Al menos amas a Bella y planeas casarte con ella. Tal vez el pequeño va a llegar mucho antes de lo que tenías planeado, pero él o ella estará con ustedes dos. Eso es un gran avance a lo que muchos de nosotros tenemos.
Ante mi mirada de confusión, continuó:
—Fui criado por una madre soltera. Ni siquiera sé quién es mi papá, aunque me dijeron que era un gran jugador de fútbol. Al menos me dio algo, ¿verdad?
Eso estaba muy jodido.
—Lo siento, amigo.
Se encogió de hombros.
—Esa mierda dejó de molestarme hace mucho tiempo. Mi punto es que, listos o no, tu niño va a llegar, y vas a estar ahí para él. Serías un idiota si no te asustaras, pero no vas a abandonarlo o ser un padre ausente. Ya nos lleva ventaja a muchos de nosotros.
Eso era cierto.
—¿Entonces es normal preocuparse por cada pequeño detalle?
Se rio.
—Bienvenido a la paternidad, hijo. Ahora dime, ¿qué tal está manejando las cosas la encantadora Bella?
Bufé.
—Muchísimo mejor que yo, como siempre. Está asustada, por supuesto, pero está lidiando con ello.
—Pues asegúrate de decirle que si tú no estás dispuesto a hacer de ella una mujer… ¡ouch, cabrón! —Se frotó el lugar en el brazo donde lo había golpeado—. Sólo intentaba estar ahí para ella en sus momentos de más necesidad.
—Te enseñaré lo que son momentos de más necesidad. Y, para tu información, nos vamos a casar durante nuestra semana de descanso.
—¿Es en serio? Pues, ¡felicidades de nuevo! ¿Estoy invitado o qué?
Le alcé una ceja.
—Pensé que ibas a pasar tu semana de descanso en una playa en Miami, acostándote con todas y cada una de las chicas calientes que te miraran. —Había estado hablando de esa mierda durante las últimas semanas.
—Bueno, esto será mejor, ¿no? ¿O sólo vas a invitar a la familia?
Ni puta idea. No había revisado mi correo hoy. Probablemente tenía un billón de mensajes a la espera.
—Todavía estamos organizando todo, pero eres más que bienvenido a asistir. Te daré los detalles cuando los tenga.
Sammy sonrió.
—¡Genial! Y estoy muy feliz por ti, hombre. Sé que es mucho, pero eres un cabrón con suerte.
Tal vez sí.
—Gracias. Oye, escucha, en realidad todavía no vamos a decirle nada a nadie sobre el bebé. Quiero decir, mis padres saben y los suyos pronto sabrán, además de nuestros amigos más cercanos, pero…
—Lo entiendo. Mis labios están sellados. ¿Vas a invitar a alguien más del equipo?
Me encogí de hombros.
—En realidad no lo había pensado. Han sido unos días de locos, hombre.
Se rio.
—Apuesto que sí. Eso ya es decisión tuya. Seguiré hablando de mi visita a Miami para despistarlos.
Tuve que sonreír.
—Pues estarás en Florida. Tal vez puedas pasar a Miami a conseguir una cita.
Sonrió.
—Ahora, ¡esa es una gran idea! Estoy hambriento, y tenemos como quince minutos antes de que empiecen las reuniones. ¿Vamos?
Sí, ahora que ya le había contado a alguien, me sentía muchísimo mejor. Y tenía hambre.
—Vamos.
De camino a la cafetería, le mandé un mensaje a Chica Reed.
Le conté a Sammy las noticias. Quiere ir a la boda. ¿Está bien?
Me llegó su respuesta cuando apenas me había sentado a comer.
Por mí está bien, pero tu mamá es la que está a cargo de la lista de invitados y todo lo demás. Es mejor que le digas.
Carajo. ¿Cómo si quisiera lidiar con la demencia de mi madre?
¿No puedes hacerlo tú? Estás embarazada. No te lastimará.
Sammy me picoteó el costado.
—¿Qué te tiene sonriendo?
¿Estaba sonriendo? Huh. Sobre eso…
—Estoy hablando con Chica Reed.
—No me digas. Dile hola de mi parte. Y pásale mi oferta. Ella debería saber que tiene otras opciones.
Le tiré dedo justo cuando mi celular volvió a sonar.
No estés tan seguro. La última vez que hablamos, estaba murmurando sobre proveedores dientones. Ni siquiera quiero saber.
Mierda. Ni yo.
Bien, pero si me mata, toda esta planeación será para nada.
Me metí un poco de pollo a la boca.
Dile eso. Puede que eso te salve.
No pude evitar reírme.
—¿Qué? ¿Dijo que sí?
—Carajo, no. Ella me está haciendo lidiar con mi madre.
Sammy se rio.
—¡Buena suerte! Oye, ¿mamá va a preparar la comida? Porque si es así, entonces ya estoy más invitado de lo que estaba antes.
Mierda. Ya podía ver a mi madre cocinando para la ocasión. Nos habría asesinado a todos para cuando se llegara la fecha de la boda.
—Demonios, no. Aunque al parecer está enojada con los del catering. Ni siquiera quiero saber.
—Maldición. Agradece que no estás cerca.
—Lo agradezco. —Me preparé—. Aquí vamos.
Hola, mamá. Sammy preguntó si podía asistir a la boda. ¿Está bien si añado una o dos personas más?
Ahí. Lo puse sobre sus hombros.
—¡Oye! —Alcé la vista para ver que Sammy estaba leyendo sobre mi hombro—. ¿Por qué me culpas a mí?
—Porque es mejor culparte a ti que a mí. —Esa era mi historia y me iba a apegar a ella.
Mi teléfono vibró en mi mano. Oh, demonios no, no iba a responder su llamada. Dejaría que esa mierda se fuera al buzón. Por su puesto, inmediatamente sonó de nuevo. Y lo ignoré.
Edward Anthony Cullen, no te atrevas a ignorar mis llamadas. Sé muy bien que estás disponible ya que me acabas de mandar un mensaje.
Demonios no.
En realidad me dirijo a las reuniones mientras te mando esto. Sólo quería avisarte que Sammy quiere ir y quería ver si tal vez podría invitar a alguien más. Si no es posible, está bien.
Su respuesta fue inmediata.
¿Por qué no invitas a todo el equipo? Estoy segura de que no será difícil acomodar a más de cincuenta personas con todo el tiempo extra que me has dado.
Maldición. Mamá no se ponía sarcástica muy seguido.
Entonces es un no, ¿creo? Puedo decirle a Sammy que se apegue a sus planes originales.
—¿Por qué esa cara?
Lo miré.
—No creo… —Mi teléfono vibró de nuevo.
Por supuesto que Sammy puede venir. No retiras la invitación luego de que ya has invitado a la gente, Edward. ¿Qué clase de personas crees que somos?
Jodido infierno.
Personas locas, claramente.
Dejé mi comida a un lado. En realidad ya era hora de ir a las reuniones, así que no estaba mintiendo.
Qué divertido. Casi tengo asegurado el lugar. No invites a nadie más hasta que yo te dé la indicación. Tengo que ver cuántas habitaciones hay disponibles.
Bien por mí. No estaba exactamente ansioso por volver a meterme con esta mujer.
No hay problema. Gracias, mamá. Eres la mejor. ¡Te quiero!
Ahí, esa mierda siempre funcionaba. Cuando estés en problemas, dile a mamá que la quieres.
No lo olvides. También te quiero, pero sólo porque me darás a mi precioso nieto. De otra forma no me agradarías mucho hoy. Veremos qué siento por ti mañana.
Maldición. Eso fue frío. Aunque me pregunté por cuánto tiempo esta situación del bebé podría sacarme de problemas. ¿Había un límite de tiempo? ¿Podía seguir usando al niño contra ella cuando fuera adolescente? Eso esperaba. Tenía que haber algunos beneficios en los embarazos inesperados, ¿no?
Xoxoxoxoxo
—Cullen, ¿puedo hablar contigo un segundo? —El Entrenador se acercó antes de que pudiera salir de la sala. Carajo. Teníamos veinte minutos antes de la práctica de la tarde, y de verdad quería llamarle a Chica Reed para ver cómo estaba.
—Claro, ¿qué pasa?
Esperó hasta que todos se salieron de la sala antes de aclararse la garganta.
—Parece que la jefa de relaciones públicas fue a recursos humanos para poner una queja en tu contra.
Todos los pensamientos de bodas y bebés salieron de mi cabeza.
—¿Qué?
Frunció el ceño.
—Sí, lo sé.
Al carajo con esto.
—¿Está diciendo que le coqueteé? Porque sabe que eso es pura mierda. No tocaría a esa puta ni con la polla de mi hermano.
El Entrenador sonrió por eso.
—No. Está diciendo que tu, er, gata, la atacó sin provocación alguna y destruyó su propiedad. No estoy totalmente seguro de a qué se refiere con eso.
Me relajé marginalmente.
—Rainbow arañó su bolsa y se orinó en ella mientras me tomaban las fotos. Si quiere unos cuantos dólares para cubrir eso, no hay problema.
—Pues eso podría ayudar, pero parece que está muy molesta por ello y exigió que tu gata fuera entregada a servicios animales por ser un animal peligroso.
Casi me reí. Quiero decir, ¿en serio? Pero podía ver que él hablaba jodidamente en serio.
—¿Rainbow? ¿Mi gata de ocho libras es un animal peligroso? No la está confundiendo con un pitbull, ¿verdad?
—La gata sacó sangre. Me refiero a que probablemente batallará mucho para hacer que la duerman, pero podría haber una investigación.
Se me enfrió la sangre. ¿Dormirla? ¿A Rainbow? ¿Se refería a matarla? Carajo, no. Me puse de pie y me paré justo frente a él.
—Nadie se va a llevar a mi gata. La puta intentó agarrarla, y Rainbow atacó en defensa propia. Lo juraré, al igual que todos los que estuvieron ahí ese día. —Lo haría, por Dios, o les daría la paliza de su vida a todos y cada uno de ellos.
—Edward, cálmate. Sólo te repito lo que dijo la representante de recursos humanos. Sabes que la humillaste públicamente, y supongo que esta es la forma en que está intentando vengarse. No llegará a ninguna parte.
Jodidamente no.
—Si pone una sola palabra a modo de queja, entonces quiero poner una demanda de acoso sexual contra ella. Y la quiero despedida.
El Entrenador sonrió.
—Esperaba que dijeras eso. Arreglé una reunión con la representante en unos minutos, diciéndole que fácilmente podríamos aclarar el aire en esto sin necesidad de incluir a servicios animales o demandas.
Eso estaba muy jodido.
—¿La puta iba a demandarme? ¿A mí?
—Si pagas por la bolsa, ¿por qué más podría demandarte? ¿Un rasguño en la mejilla? No pienses en eso.
Oh, pero sí pensaba. Con toda la otra mierda en mi cabeza, esta era la última jodida cosa que necesitaba.
—Vayamos a terminar con esta mierda.
Me miró.
—¿Vas a mantenerte calmado?
—¿Qué opina? —dije entre dientes. No iba a golpear a la perra, porque yo no golpeaba chicas, incluso a putas diabólicas, malévolas y manipuladoras como Heidi.
—Creo que es mejor si me dejas hablar a mí —sugirió.
Al demonio, pero lo seguí a través del laberinto de oficinas hasta la oficina de la jefa de recursos humanos. Maggie McDowell. Esperaba que ella no fuera lo suficientemente estúpida para creer una palabra de lo que Heidi dijera.
Mis puños se apretaron cuando tomé asiento al otro lado de la diabólica mujer rubia. Un tipo en traje estaba sentado junto a ella, definitivamente un abogado. Carajo. ¿Debería tener yo un abogado?
La pelirroja a la cabeza de la mesa se aclaró la garganta.
—Gracias por unirse a nosotros, Señor Cullen. Parecería que hubo un incidente el jueves pasado durante una sesión fotográfica de caridad.
—Una sesión fotográfica de caridad que ella arregló y a la cual me presionó para participar, sí. —Sonreí cuando los ojos azules de Heidi se abrieron como platos.
—Ahem. Sí. Bueno, la Señorita Lowell proclama que su gata la atacó.
—Eso es incorrecto. Hester aquí intentó quitarme a mi gata, lo cual hizo que mi gata se sintiera amenazada. Ella se defendió rasguñándola en la mejilla. Difícilmente podría considerarse un ataque. —La perra no estaría de pie si Rainbow de verdad se hubiera ido contra ella.
—La cara de mi clienta resultó afectada en el ataque —habló el del traje, señalando la cara de Heidi, donde apenas podías ver una marca.
—Si vamos a elevar simples rasguños a ataques, entonces estaría dispuesto a decir que ella intentó secuestrar a mi gata. Tal vez debería presentar cargos por intento de secuestro.
El Entrenador ahogó una carcajada junto a mí.
—Edward —murmuró, sacudiendo la cabeza.
—¿Qué? ¡Mis cargos no son menos ridículos que los suyos! ¿Ve alguna marca en ella? ¿Qué es eso, una pequeña línea? Si buscas que yo pague para que te arreglen la cara, busca en otra parte.
—¡No hay nada de malo en mi cara! —La loca hasta sacó un espejo para verse.
—Ahí está. Acaba de admitir que no hay nada de malo en su cara. ¿Puedo irme ya? —exigí saber.
La mujer de recursos humanos se mordió el labio.
—Bueno…
—También está el asunto de la propiedad de mi clienta que fue destruida.
Hora de hacerme tonto.
—¿Qué propiedad?
—Parece que su bolso Hermes fue arañado y orinado.
—¿Ella vio a mi gata hacer tal cosa? —pregunté, porque que me maldigan si le daba a la perra un centavo en este punto. Si se hubiera acercado a mí, si se hubiera disculpado por sus mierdas y me lo hubiera pedido, felizmente le habría comprado una bolsa nueva. ¿Pero en lugar de eso lanza abogados y a los de recursos humanos hacia mí? Al carajo con esto.
El abogado se removió en su asiento.
—Pues, no, pero…
—¿Y tienen algún testigo que viera a mi gata hacer eso? —Había testigos, claro, pero eran mis compañeros. Podía confiar en que no me delatarían, e incluso si lo hacían, ¿a quién carajos le importaba? Le pagaría entonces.
—No hemos hablado con nadie, pero estoy seguro de que alguien presenció el incidente.
Me paré.
—Pues, ¿qué le parece si me llaman si es que encuentran a alguien que haya visto a mi gata destruir su propiedad? Mientras tanto, tengo mierdas que hacer.
Comencé a dirigirme a la puerta antes de girarme y ver a Heidi directo a los ojos.
—¿Les has contado a tu abogado y a nuestra representante de recursos humanos cómo es que repetidamente me has coqueteado, sólo para ser rechazada todas y cada una de las veces?
Hizo una mueca. Su abogado soltó un suave gemido.
—No lo creo. Si los hubieras dejado fuera de estoy y me hubieras enfrentado como un ser humano real, probablemente te hubiera comprado una bolsa nueva, y nunca habría dicho una sola palabra sobre tu acoso, pero estoy harto de que te me eches encima y le faltes el respeto a mi relación.
Miré a la mujer de recursos humanos.
—¿Qué tipo de papeleo debo llenar para asegurarme de no tener que volver a trabajar con esta mujer nunca jamás?
Heidi soltó un suave jadeo.
—¡Espera! ¿Es realmente necesario?
—¿Lo era todo esto? —exigí, señalando a su abogado—. ¿De verdad estás tan deprimida que tienes que rebajarte a amenazar con demandarme y quitarme a mi mascota? Nunca te he hecho nada más que decirte que no. Y sin importar qué hagas, la respuesta siempre será no. Tengo una esposa y un bebé en camino. No tengo tiempo ni interés por estas mierdas, y tampoco mi Bella. Tenemos suficientes cosas pendientes sin añadir estrés por mierdas inventadas.
Heidi jadeó, y con su abogado empezaron a susurrar.
El Entrenador se acercó y puso una mano en mi hombro.
—Creí que yo iba a hablar.
—Nunca acepté eso —señalé, haciéndolo reír.
El abogado se aclaró la garganta.
—Luego de considerarlo, mi clienta ha decidido ya no presentar ningún cargo.
Maldita sea, así es. Comencé a abrir la puerta.
—Ahora, espere un minuto. Hubo acusaciones muy graves dirigidas a su clienta en esta oficina, y estoy obligada a investigarlas —dijo la mujer de recursos humanos.
Heidi se veía afligida, y su abogado frunció el ceño.
—No quiero presentar cargos. —Miré como sus hombros se hundían a causa del alivio—. Pero sí preferiría que cualquier interacción de relaciones públicas que deba hacer sea manejada por otra persona dentro del departamento.
—¿Está seguro, Señor Cullen? Es imperativo que cualquier persona dentro de nuestra organización que se sienta amenazada o acosada obtenga la protección que merecen.
—Estoy seguro. ¿Puedo reservarme el derecho a cambiar de parecer si los incidentes continúan?
—Por supuesto. ¿Asumo que no tendrá problemas en entregarle los asuntos del Señor Cullen a alguien más de su departamento? —le preguntó a Heidi, quien sacudió la cabeza enfáticamente.
—Ningún problema en absoluto.
—Pues entonces, creo que podemos seguir con nuestros caminos. De verdad espero que esta sea la última vez que tengamos que discutir algún problema. —Sus ojos estaban en Heidi mientras hablaban.
Yo ya estaba jodidamente harto. Salí de ahí, fulminando con la mirada a cualquiera que estuviera cerca mientras yo pasaba. Aun así el Entrenador logró alcanzarme.
—Felicidades.
Bufé.
—¿Por qué? ¿Por lograr que no me demandaran el culo?
—No, por el bebé.
Me detuve sorprendido.
—¿Qué?
Se rio.
—Lo mencionaste en la oficina, a menos de que estuvieras mintiendo, y si ese es el caso, bravo por una increíble actuación. Me encanta como te las ingenias de repente.
Jodido infierno. Por supuesto, se me salió y mencioné al bebé.
—No estaba mintiendo.
—Entonces felicidades de verdad. ¿Cuándo nace?
—A finales de mayo.
Sonrió.
—No hay nada que se compare con ser papá. Descubrirás que todo el estrés se desvanece cuando llegas a casa y tu pequeño corre a saludarte. Estoy feliz por ti. Y creo que te darás cuenta de que Heidi ya no será un problema para ti.
—Espero que no.
—Tómate el resto del día libre y sal de aquí. Ve a casa y llama a tu chica, dile que digo felicidades por el bebé y dile cómo defendiste a tu gata y a tu relación hoy. Eso la hará feliz.
Un estrés menos, por lo menos. Eso haría feliz a Chica Reed. Le contaría todo, y luego llamaríamos a Charlie. Y más estrés. ¿Es que nunca terminaría?
