Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 21
La práctica del día siguiente fue brutal. La defensa de los Raven se dejó caer duro y rápido, así que el Entrenador hizo que nuestra defensa me hiciera lo mismo a mí. JPP me tuvo sobre mi culo más de lo que me resultaba cómodo. Aunque sí disfruté ver a Colin, Brady y el resto de mis lineman ser regañados por el Entrenador. Una visita a la mesa de masajes me ayudó a moverme mejor, así que me dirigí a casa sin incidentes.
Una vez ahí, en recepción me hicieron saber que tenía un paquete. ¡Los libros! Ya era jodida hora. Llevé esas mierdas a mi apartamento y los abrí inmediatamente. Por supuesto, Rainbow se volvió loca por el hecho de que había una caja en la casa, y en el instante en que la abrí, ella se metió. ¿Qué les pasaba a los gatos con las jodidas cajas? Nunca lo sabría, pero ella podría estar felizmente sentada dentro de una durante horas interminables. Jodida rara. Oh bueno. La mantenía lejos de mí.
—¿Dónde demonios empiezo? —murmuré. Algunas de estas cosas eran jodidamente aterradoras. Bueno, si era honesto, todo era aterrador—. Mejor comenzar al principio.
Agarré Qué Esperar Cuando Estás Esperando. Era mejor que supiera qué era lo que estaba pasando con Chica Reed, ¿verdad? Era lo menos que podía hacer ya que estaba a millas de distancia mientras ella creaba a mi bebé.
El libro comenzaba en por qué debía escribir y actualizar esta mierda, como si me importara. Lo hojeé, bufando cuando vi la sección Antes de Concebir. Es jodidamente tarde para eso, gente. Por alguna razón, de todas formas lo vi. ¿Chica Reed se había hecho un examen para antes de concebir? Lo dudaba, ya que en primer lugar ni estábamos intentando concebir.
¿Tenía un médico prenatal? ¿Qué carajos era eso? Sonaba como algo que Jasper podría haber soñado estando drogado. Oh, un obstetra. Carajo, debíamos tener uno, ¿verdad? Pero ella tenía uno en Tallahassee, lo que significaba que necesitaba encontrarle uno aquí, ya que probablemente el niño nacería aquí. ¿Dónde demonios encontraba un buen obstetra? Eli tenía hijos. Le preguntaría a él.
—Muy fácil —le dije a Rainbow, que estaba siguiéndose la cola en círculos dentro de la caja. A veces era extremadamente inteligente, hasta el punto de dar miedo, pero otras veces se perseguía la jodida cola, a pesar de que nunca, jamás, la atrapaba. No lo entendía.
¿Ver al dentista? ¿Qué carajos tenía que ver el dentista con tener un bebé? ¿Cuándo fue la última cita de Chica Reed? Comencé a lanzar mensajes mientras escaneaba el libro.
Carajo. ¿Teníamos algún trastorno genético? Quiero decir, la mitad del tiempo mi mamá estaba jodidamente loca, y Dios sabía que Emmett tenía muerto el cerebro, ¿podría el bebé tener eso por mis genes? Tendría que preguntarle a mi papá. Él era algo normal. Un poco.
Mi celular vibró.
Supongo que recibiste los libros de Jasper. ¡Se supone que debes saltarte esa sección!
Tal vez se suponía eso, pero no lo había hecho, y ahora tenía nuevas mierdas de qué preocuparme.
¿Tu familia tiene algún trastorno? O sea, tu papá es un poco acosador, pero el bebé no puede infectarse de eso, ¿verdad? ¿Qué hay de tu mamá? Ella sí tiene problemas.
¿Cambiar el consumo de pescado? Chica Reed no solía comer muchos mariscos, así que probablemente estábamos bien en eso.
Los problemas que tiene mi mamá no son el tipo de problemas que puedan pasarse al bebé de manera genética. Siempre y cuando la mantengamos lejos de él o ella, estaremos bien. Y no hay nada malo con mi papá.
Bueno, eso era debatible, pero me parecía perfecto el mantener a mi hijo lejos de Renee. Afortunadamente ella no se atrevería a coquetear con su propio nieto, a menos de que le diera la demencia cuando él fuera adolescente y se le olvidara. Carajo. No dejaría que mi mente fuera ahí.
Sentí un poco de tristeza cuando el libro mencionó que deberíamos salir y hacer cosas mientras todavía pudiéramos, antes de que llegara el niño y nos atara a la casa. Carajo. Me aseguraría de llevarla a todas partes cuando llegara aquí, luego de que terminara la temporada. Y nos íbamos a ir en esa maldita luna de miel. Eso no era negociable.
Hojeé un poco más. ¿Conoce tu cérvix? ¿Qué carajos?
¿Conoces tu cérvix?
Esta vez, Chica Reed me llamó. Se estaba riendo cuando contesté.
—Se supone que no debes leer esa sección. Dice en la parte de enfrente que puedes saltarte hasta el capítulo dos. No puedo creer que de todas formas lo estés leyendo.
Bien. No quería conocer el cérvix de Chica Reed, a menos de que mi polla lo golpee cuando se mete en ella. Entonces sí lo quería conocer íntimamente.
—Claro que lo estoy leyendo. Debería saber por lo que estás pasando.
—Y lo aprecio, pero el bebé ya está creciendo, así que no necesitamos planear hacerlo.
—Al menos me gustaría practicar cómo hacerlo. —Las parejas que querían tener bebés tenían mucho sexo, ¿no? Parecía que me estaban estafando ya que nosotros no tuvimos oportunidad de hacer toda la preparación.
Se rio de nuevo.
—Hemos tenido suficiente práctica durante los últimos años.
Eso era cierto.
—Nunca será suficiente, nena.
Pasé por la parte de preparación para papás y me detuve ahí.
—¿Por qué carajos tendría que ir yo al doctor? Tú eres la que va a tener al bebé.
—Eso es para asegurarnos de que no tienes un conteo bajo de esperma, lo cual claramente no es un problema —me dijo secamente.
—No puedo evitar ser súper masculino. —Una vez tuvimos sexo sin protección, sólo una, y había anotado un touchdown. Edward Cullen era así de potente.
Pasé por el resto de esas mierdas. Obviamente estaba en forma. Mi estilo de vida estaba bien; no fumaba, bebía en muy raras ocasiones, pero esa mierda no significaba nada ahora, y claramente mi esperma no era un problema.
—Parece que estoy muy bien.
Chica Reed se rio de nuevo.
—No sé. Tal vez deberías ver al doctor por si acaso, asegurarte de que no sea así sólo por una vez.
—Eso no es jodidamente gracioso, Chica Reed. No me hagas pensar en más de un hijo cuando todavía sigo haciéndome a la idea del primero.
—Tienes razón. Lo siento.
—Supongo que puedo saltarme lo de signos del embarazo, aunque, ¿qué tan sensibles están tus pezones? —Sí, me hice sonar como un pervertido al preguntar esa mierda.
—¿No te gustaría saber?
—Obviamente. Te pregunté, ¿no?
—Definitivamente mis pechos se sientes más pesados.
Pues mierda, estaban más pesados. Durante el fin de semana, su sostén prácticamente había estrangulado esas cosas. Esa era una ventaja del embarazo que planeaba disfrutar.
—Qué bien.
—Eso dices tú. Tengo que ir a comprar sostenes pronto.
¿Comprar sostenes?
—Carajo. ¿Puedes esperar hasta que regrese a la ciudad?
Se rio de mi culo caliente; por supuesto que sí.
—Probablemente no, pero de todas formas podemos ir de nuevo. Aunque no sé si lo disfrutarías. Iré a comprar por comodidad, no por sensualidad.
Eso apestaba, pero no podía decir eso cuando estaba embarazada. Oh bueno. La llevaría a comprar sostenes luego del bebé. Eso sería divertido. Y necesitaba concentrarme antes de ponerme duro y de que esta llamada se convirtiera en algo más divertido que discutir un libro de bebés.
—¿Supongo que tenemos un buen doctor?
—Tenemos un buen doctor. De hecho, quería hablar contigo de algo.
Mierda. Sonaba nerviosa.
—¿Qué?
—Bien, estaba pensando en agendar un ultrasonido para la semana de la boda. Así podrías acompañarme y ver al bebé. ¿Te parece bien?
¿Me parecía? Tenía que ser así, ¿no? Debería estar ahí para ver a mi hijo.
—Sí. Quiero ir.
—Bien. Haré la cita.
Sonaba aliviada.
—¿Temías que fuera a decir que no?
Exhaló fuerte.
—No en realidad. Sólo sé que todavía no te has hecho la idea y no quiero presionarte si te sientes estresado.
Carajo.
—No te preocupes por mí. Preocúpate por ti. Yo estoy bien. Quiero ver al bebé. —Incluso si se iba a ver como un alíen o algo así. Eventualmente crecería y se vería más normal.
De alguna forma terminé en la página sobre opciones de parto.
—¿Tenemos alguna opción de parto?
La opción de la habitación era fácil. Al parecer podías pedir una habitación donde harían todo e incluso dejarían al bebé quedarse contigo. Haríamos eso. No iba a permitir que Chica Reed o mi hijo fueran movidos por todo el lugar. Pagaría lo que fuera para que ella pudiera estar tan cómoda como fuera posible.
—¿De verdad estás listo para discutir los detalles del parto? —preguntó.
Me costó un segundo decidir eso.
—Carajo, no.
Las palabras "parto en casa" me hicieron cambiar de página frenéticamente. Al carajo con eso. Eso nunca pasaría. Tendríamos que mudarnos si el bebé nacía en casa. Las mierdas nunca volverían a ser igual.
—No lo creo. —A pesar de que no se estaba riendo, podía escuchar la risa en su voz.
Una pregunta atrapó mi mirada.
—Dice que tomar píldoras luego de embarazarte no debería dañar al bebé. —Carajo, gracias. Ni siquiera había pensado en eso.
—Ya hablé con el doctor sobre eso. Dijo que estaríamos bien.
—Muy bien. —Había suficientes mierdas de qué preocuparse sin tener que preocuparnos también por haber jodido al niño sin pretenderlo—. ¡Qué asco! ¿Por qué carajos están hablando de enfermedades de transmisión sexual? —Estaba recordando la secundaria al ver esas palabras, recordando que mi padre solía darme sermones sobre enfermedades de transmisión sexual y usaba ayudas visuales. Fue un milagro que yo haya tenido sexo después de todo ese horror.
—La gente que tiene enfermedades de transmisión sexual también puede tener bebés, Edward.
Qué asco. Eso ni siquiera quería pensarlo. Me salté un montón de páginas más hasta que llegué al Primer Trimestre. Carajo, al fin. Algo que de verdad se aplicaba a nosotros.
—¿Deberíamos hacernos todos estos exámenes?
—¿Cuáles exámenes?
—De las cosas genéticas. Para asegurarnos de que nada está mal con el bebé.
—Edward, soy joven y estoy saludable. El bebé estará bien. No tenemos que hacernos esos exámenes a menos de que al doctor le preocupe que algo esté mal. Algunos de esos exámenes incluso pueden ser malos para el bebé.
Pues mierda. No quería eso.
—Bien, sólo me aseguraba. Nuestras familias están algo locas, lo sabes.
Se rio.
—No están químicamente locas, son así por naturaleza. —Suspiró—. Sé que tu mente salta a los peores escenarios posibles, pero necesitas controlarte. Nos preocuparemos por lo que necesitamos preocuparnos y no le añadiremos nada más. Puedes encontrar muchas cosas para asustarte en estos libros si te lo permites.
Bien. Lo intentaría, por ella, pero estaba malditamente seguro de que haríamos todo lo que pudiéramos para que ella y nuestro hijo estuvieran saludables.
—No bebes mucho café, así que estamos bien ahí. No haces ejercicio. ¿Deberías hacerlo?
—¿Entonces ahora te preocuparas por mí? —se rio—. Camino mucho; no hay razón para dejar de hacerlo. Y puedo hacer ejercicio, pero no haré nada extremo, ya que en primer lugar no lo hago nunca.
Eso estaba bien.
—Nada de fumar o beber, duh. —Me pasé la parte de drogas y esas mierdas. No era un problema—. ¿No bañeras de hidromasaje? —Pues, carajo, ahí va una fantasía de luna de miel.
Se rio.
—De todas formas no tenía planes para una bañera de hidromasaje.
—Yo sí —murmuré.
—Es sólo por unos meses. Podemos entrar una bañera de hidromasaje juntos luego de que nazca el bebé.
Tendría que ser así.
—Hay un capítulo completo sobre lo que deberías comer.
Chica Reed gimió por eso.
—Por favor, sáltatelo. Puedo leerlo yo sola.
Uh-huh. Claro.
—En serio creo que debería contratarte esa nutrióloga.
—Puedo leer tan bien como tú. Estoy segura de que me las arreglaré.
Tal vez. Aun así, si no me dejaba contratarle una nutriología, de todas formas podría ayudar. Iba a encontrar uno de esos servicios donde te entregan las compras a domicilio y le ordenaría un montón de lo que debería estar comiendo. Eso era algo que podía hacer para cuidarla, incluso desde lejos. Al menos estaría participando en cierta manera.
Me salté las cosas de las primeras cuatro semanas, ya que nuestro bebé ya había pasado eso, pero me detuve cuando llegué a la sección de sensaciones. Quería saber lo que Chica Reed estaba sintiendo, incluso si ya había compartido un poco de eso conmigo. Dios sabía que probablemente no me lo había contado todo. ¿Babear? ¿Gases? Olvídenlo. No quería saber después de todo.
—Estás muy callado —observó Chica Reed.
—Estaba, uh, leyendo la parte de lo que podrías sentir cuando estás embarazadas. Cambios que ya están pasando.
—Oh, Dios. ¿Está seguro de que deberías estar leyendo ese libro? Voy a matar a Jasper.
Carajo. No es como si no me gustaría ver a Chica Reed irse contra Jasper. Esa mierda sería graciosa, si era honesto. Pero no quería que se sintiera mal.
—No te preocupes, es normal. El libro dice eso.
—Uh-huh. Sólo sigamos, ¿sí?
Bien por mí. No era nada delicado ni esas mierdas, y sabía que mi chica podría soltar uno de vez en cuando, pero tampoco necesitaba hablar de ello.
—¿Dar a conocer la noticia? Ya lo hicimos, muchas gracias. —Qué jodido proceso había sido eso. Sentía como si le hubiéramos dicho a todos los que estaban bajo el sol que íbamos a tener un niño. A pesar de que nadie, excepto Sammy y el Entrenador, sabían en el trabajo. ¿Cuándo les diría?
—¡Ah ha! ¡Dice justo aquí que dejes que los otros te consientan! Eso es lo que intento hacer. —Era divertido que mencionara lo de ir de compras. Iba a encargarme de esa mierda antes de que terminara la noche.
—Estás haciendo un buen trabajo, Campeón. Como se espera de ti.
Me alegraba que ella pensara eso.
—¿Estás durmiendo lo suficiente? ¿Y vomitas todas las mañanas? Aquí dice que debes comer temprano en la mañana, que tengas galletas o algo junto a la cama y que comas antes de que te levantes. —Maldición, yo debería estar ahí asegurándome de que ella hiciera eso.
—Edward, estoy durmiendo tanto como me es posible. Y las galletas son una buena idea. Pondré unas junto a la cama. Lo prometo.
—Come tarde, come ligero, come seguido. En serio creo que deberías estar comiendo así siempre. Lleva comida a clases.
—No puedo comer todo el tiempo. Como cuando necesito. Yo en serio creo que deberías guardar ese libro.
De ninguna manera. Iba a taclear esta mierda del bebé de frente. Me preocuparía menos si sabía todo. ¿No era obvio?
Jengibre. Aparentemente el jengibre era bueno. Anoté esa mierda, junto con las otras sugerencias que leí por encima.
—Pechos sensibles, vómitos, gases, baba, pies hinchados, emociones locas; ¿por qué las mujeres hacen estas mierdas? —Leer estos libros me iba a dar, ya sea un renovado respeto por la raza femenina, o querer evitarlas a todas porque claramente estaban locas por aceptar pasar por todas esta mierda tan sólo para tener un bebé.
—Porque al final de todo, tenemos un bebecito perfecto y dulce, a quién amaremos más allá de las palabras. Soportaré nueve meses de locura por sesenta o setenta años de ser la madre de un increíble niño.
Bien. Tal vez sí. Aun así podía estar feliz de no ser yo el que tenía que pasar por todo esto.
—Ni siquiera mires a la parte de llame al doctor inmediatamente si experimenta. Sólo te vas a alterar a ti mismo.
Tenía razón. Probablemente le mandaría mensajes cada pocas horas para preguntarle si estaba experimentando algún síntoma. Aun así debería saber.
—Probablemente debería…
—No. Sáltate hasta la parte que se aplica a nosotros en estos momentos. Eso es lo que estoy haciendo. Leyendo eso para saber que está pasando con el bebé cada semana.
Esa era una buena idea. Podía regresar y leer las otras cosas más tarde. O no. La frase "flujo vaginal" atrapó mi mirada. Jodido infierno. ¿Que las mierdas asquerosas nunca terminaban? ¿Quién sabría que las mujeres embarazadas eran bombas olorosas que caminaban, en todos los sentidos? Jodidamente asqueroso.
—Hay una sección sobre qué tanto peso deberías ganar.
—Sólo sáltate esa parte, Cullen. Ganaré lo que tenga que ganar, y viviremos con ello.
Cierto. Había un tono en su voz que me dijo que era mejor que hiciera exactamente lo que me decía. Parte de esa mierda de aumento emocional que el libro mencionaba. Eso, o simplemente no quería que dijera la palabra gorda de nuevo. Aunque sabía lo que me convenía.
—¡Aquí vamos! Tercer mes. —Dios, ya estábamos en el tercer mes. Afortunadamente sólo nos quedaba un mes más que pasar antes de que ella estuviera aquí conmigo permanentemente. Luego podría monitorear la comida y el peso sin que ella lo supiera. Podía ser sigiloso y esas mierdas.
—¿Vamos a oír el latido del bebé? —pregunté, porque eso era lo más genial del primer párrafo.
—Ese es el plan. Es por eso que quería que estuvieras ahí para la cita.
En realidad era muy impresionante. Quería escuchar el latido de mi niño. Apuesto a que era jodidamente fuerte.
—Dice que nuestro bebé mide una pulgada y que es aproximadamente del tamaño de una aceituna. —Santa mierda, eso era muy pequeño. Aterradoramente pequeño. ¿Cómo demonios una oliva crecía hasta el tamaño de un bebé en siete meses?
De acuerdo al libro, en este momento el bebé comenzaba a parecer más un niño que un alíen. Gracias a Dios. Esperaba no tener que pretender que no se veía raro cuando fuera a verlo.
—¡Se están formando sus músculos! Va a tener muchos.
Chica Reed se rio.
—No creo que nuestro bebé vaya a nacer con abdomen de lavadero, Edward.
¿Quién sabe?
—Tiene genes Cullen, nena. Mejor prepárate para el desfile de niñitas que andarán tras él desde el principio.
Me salté el resto de las semanas. La semana doce sería cuando nos casáramos. Al parecer, sería una ciruela para entonces. ¿Qué onda con las comparaciones con comida? Eso estaba algo jodido.
Estreñimiento, más gases, venas hinchadas, más flujo vaginal… jodido infierno.
—Parece que te espera más de lo mismo este mes —fue todo lo que dije, porque no era un jodido idiota. También, justo debajo de esa encantadora lista de asquerosidades, mencionaba los cambios de humor, irritabilidad y depresión. No necesitaba nada de eso justo ahora, muchas gracias.
—Sí, pero creo que un poco de lo peor termina luego del primer trimestre. No estoy leyendo muy adelante. No quiero que todo se me junte.
Esa era una muy buena idea. Doblé la página y cerré el libro. Rainbow inmediatamente se salió de su caja y ocupó su lugar en mi pecho ahora que el libro no estaba en su camino. Recibí un maullido y un pequeño golpe con la cola por mi falta de atención. Carajo, quién diría.
—Bien, cerré el libro.
Se rio entre dientes.
—Qué bueno. Ahora ya sabes lo que está pasando dentro de mí. Probablemente más de lo que querías o necesitabas saber.
Eso era jodidamente cierto. Había mierdas que no necesitaba estar pensando en nuestra noche de bodas. Flujo vaginal estaba en la cima de esa lista. Mierda, ¿podría practicarle un oral? ¿Por qué el libro no decía eso? Necesitaba una guía de sexo durante el embarazo.
—Es importante que sepa qué está pasando ya que no puedo estar ahí para verlo por mí mismo.
—No falta mucho hasta que estés a mi lado y te esté molestando con antojos a media noche.
Me reí por eso.
—Prefiero los antojos a las náuseas matutinas. —Además, había muchas mierdas abiertas cerca de aquí tan tarde como las necesitaras. Al menos eso era algo positivo de vivir en la ciudad.
—¡Yo también! Lo estoy ansiando.
Sabía que sí. Chica Reed era lo máximo.
—¿Pero sí te sientes bien?
—Sí. A veces me siento cansada, pero eso es normal, especialmente con todo lo que tengo pendiente ahora. Estoy comiendo, durmiendo, descansando y nuestros amigos me revisan de una manera u otra cada pocas horas. No tienes nada de qué preocuparte.
—Como si tú no estarías preocupada si los roles fueran al revés, y yo fuera el que está solo y embarazado.
Suspiró.
—Bien. Lo entiendo. Pero también sé que tú eres más que capaz de cuidarte a ti mismo. Y si no lo fueras, enviaría a Jasper para cuidarte.
Eso era una idea jodidamente aterradora.
—Eres mala, nena. En el libro no decía nada de que el embarazo te hiciera mala.
—Bueno, irritable está bastante cerca de mala, ¿no? Además, Jasper te cuidaría bien.
Demasiado bien. Tuve una rápida imagen de él en uniforme de enfermera ofreciéndome un baño de esponja; eso me hizo sentirme enfermo.
—Qué asco. A ti es a quien quiero cuidándome.
—Y te cuidaré. No puedo esperar. —Su voz sonó sin aliento y sexy. Joder sí.
Moví a Rainbow a un lado porque no podía sostenerla mientras Chica Reed me calentaba.
—¿Por qué no me dices cómo me cuidarías, Bella? —bajé el tono de voz como siempre hacía cuando usaba su nombre. Le encantaba eso.
—Pues, me encantaría, pero… mierda. —Se escuchó un ruido, y vagamente escuché la voz de Chica Reed. Dijo algo como "ahora vuelvo". ¿Qué carajos?
Le di dos minutos antes de entrar en pánico. ¿A dónde había ido? ¿Había pasado algo malo? Creí que quizá alguien estaría en la puerta, pero no habría tirado el teléfono por eso. ¿Se había desmayado? El libro mencionaba que los mareos eran un síntoma.
Puse el teléfono en altavoz y comencé a escribirle un mensaje a Jasper.
Ve a mi casa, ahora. Llama al 911. Averigua que pasa…
—Lo siento.
—¿Qué carajos pasó? —Lo juro, sentí la sangre rugiendo en mis venas. ¿Estaba teniendo un jodido paro cardíaco? Eso lo explicaría. Caería muerto de un paro cardíaco a los veintiuno porque mi prometida embarazada soltó el teléfono.
—Yo, uh, me dieron nauseas.
Jodido Jesucristo.
—¿No pudiste habérmelo dicho?
—A menos de que quisieras que vomitara en tu oído, no. Me llegó y corrí. Lo siento.
Carajo. Estaba respirando como si hubiera corrido.
—Me diste un susto de muerte.
—¡Lo siento! No pretendía hacerlo.
Pues, carajo. Ahora ella sonaba como si estuviera a punto de llorar. Ella había ido de caliente a enferma, y yo había ido de caliente a paro cardíaco. Paternidad. Tan jodidamente fantástica.
—Está bien, nena. Tal vez deberías acostarte un rato.
—Creo que eso haré. —Sollozó—. Lamento haber arruinado el ambiente.
¿A quién le importaba el ambiente? Ella casi me mata. Pero no iba a decirle eso. No cuando ya se sentía mal.
—No arruinaste nada, Chica Reed. Sólo descansa y cena bien más tarde, ¿de acuerdo?
—Bien. Te amo.
—También te amo.
Colgué y le lancé una mirada a Rainbow.
—Eso fue una primera vez. —Nunca antes habíamos ido de casi sexo telefónico a ser completamente interrumpidos tan rápidamente. El niño ya estaba comenzando a perturbar nuestra vida sexual. Eso no estaba bien.
Tomé mi teléfono y marqué a Cody's Roadhouse en Tallahassee. Solíamos comer ahí casi cada semana, y sabía que mi chica amaba su sopa de papa cocida. Adulé un poco y les ofrecí el dinero suficiente para que estuvieran dispuestos a llevar a domicilio. Le compré pollo a la parrilla, sopa, ensalada y un jodido filete a Chica Reed. Podría comerse todo o sólo unas cosas.
Luego entré a internet y busqué una empresa de compras que entregara a domicilio, ordené un montón de fruta fresca, vegetales y otras mierdas del libro. Iba a cuidar a mi chica. Era mi prioridad número uno, ella tendría que lidiar conmigo mandándole mierdas a diestra y siniestra. Gracias a Dios por el internet. Su ama de llaves comenzaría esta semana. Yo estaba al tanto de todo.
Volví a agarrar el libro. Puede que tenga un montón de mierdas asquerosas en él, pero también tenía las respuestas de lo que mi chica necesitaba. Lo aguantaría, por ella.
