Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 22
—¿Edward Cullen?
Aparté la vista de la enorme pantalla que estaba mostrando mi culo siendo tirado por Connor Barwin y me concentré en el hombre de traje que estaba parado en la puerta.
—¿Sí?
Entró en la sala y me lanzó una sonrisa.
—Mi nombre es Alec Sinclair. Soy tu nuevo representante de relaciones públicas.
Bueno, eso fue rápido. Apenas habían pasado unos días desde la mierda con Heidi. Aunque era bueno ver que mis exigencias se estaban cumpliendo.
—Gusto en conocerte, Alec. —Le di un apretón a la mano que me ofreció.
—Gusto en conocerte también. He hablado con Heidi… —se calló por el bufido de burla que no pude contener—. Sí, bueno, entiendo que hubo unos problemas ahí. Puedo asegurarte que ya no tienes que preocuparte por nada más de nuestro departamento.
Sonreí por eso.
—Supuse que no estarías aquí para coquetearme.
Se rio.
—Para nada. No es que no seas atractivo, pero no bateo de ese lado. —Se rio entre dientes—. Sólo lo usaré para promoverte a ti y al equipo en beneficio de todos.
—Nada de calendarios semidesnudo —le dije, haciéndolo reír de nuevo.
—Creo que después de la última sesión fotográfica que hiciste, evitaremos esos por completo.
Pensé en defenderme a mí mismo y a Rainbow para aparentar, pero, ¿por qué debería hacerlo? De todas formas no quería hacer esas mierdas.
—Muy bien. ¿Qué necesitas de mí? —Porque dudaba que estuviera aquí sólo para presentarse.
—Nos llegó una solicitud de Make a Wish. Hay un pequeño que clama ser tu más grande fan, y lo que más quiere en el mundo es conocerte.
Make a Wish. Eso significaba que estaba enfermo.
—¿Qué tiene?
La expresión de Alec me hizo saber que no era nada bueno.
—Leucemia.
Carajo. Eso apestaba.
—¿Cuándo y dónde?
—Tiene muchas ganas de asistir a un juego. Pensaba que podrías conocerlo antes.
—Sí. Hazlo venir al campo. Jugaré con él. ¿Qué edad tiene? —Detestaba pensar en un niño estando enfermo. Era muy jodido que un niño pudiera enfermarse y morir. Mi niño… no, no me atrevía a pensarlo.
—Nueve. Es un gran fan del Estado de Florida por ti, y es del área así que claro que ama a los Gigantes. De verdad le gustaría venir a un juego.
Eso estaba bien. Podría darle algunas cosas de la universidad igual que de los profesionales.
—¿Podemos conseguirle algunos jerséis, gorros y esas mierdas? —pregunté. Le diría a Jasper que me mandara algunas mierdas de Tallahassee. Demonios, le diría a todo el equipo que firmaran un balón para él.
Alec asintió.
—Me encargaré de eso. Si te parece, podemos traer a su familia al juego de esta semana contra los Ravens.
—Seguro. —¿Como si fuera a hacer esperar a un niño enfermo para conocerme? Carajo no. Les diría a Chica Reed y a Jasper que me mandaran las cosas de FSU de inmediato.
—Bien, lo arreglaré. —Se sentó junto a mí y sacó algunas notas de su bolsillo—. Ahora, aquí dice que quieres que tu fundación ponga programas de música en escuelas que los hayan cancelado o que tengan presupuestos limitados.
—Sí, mi prometida es una música muy talentosa, y ambos creemos que es importante regresar la música a las escuelas.
Alzó la vista.
—¿Es tu prometida o tu esposa?
Supuse que Heidi le había dicho que estaba casada.
—Será mi prometida sólo por unas semanas más. Nos casaremos oficinalmente en la semana de descanso. —Le lancé una mirada—. Preferiría que mantuvieras eso en secreto.
Alzó las manos.
—No voy a trabajar con chismes. Sólo quería saber porque noté que tu prometida es el punto de contacto en esto, pero por lo que he visto, no ha habido ningún contacto.
Como si es fuera una jodida sorpresa.
—Heidi prefería intentar trabajar conmigo sim importar cuántas veces le dijera que Bella sería la encargada de manejar esto.
Alec sacudió la cabeza.
—Me pondré en contacto con tu prometida de inmediato, para empezar a formar lo que ella quiera hacer.
—Eso sería genial. Está en Florida por ahora, pero se vendrá para acá de manera permanente en dos meses. Sé que de verdad quiere hacer esto ella, pero… —¿Debería? Probablemente sí—. Está embarazada, así que no quiero que haga demasiado.
Alec sonrió.
—Felicidades. ¿Supongo que tampoco vas a revelar esa información por ahora?
—Así es. Te lo digo a ti porque probablemente necesitas saberlo, pero todavía no vamos a hacer pública esa información. No le incumbe a nadie más que a nosotros.
—Te repito, no me manejaré con chismes, pero es bueno saberlo por si empiezo a recibir llamadas. Sports Illustrated quiere que hagas una entrevista y una sesión de fotos la siguiente semana.
—Me parece bien.
Hojeó sus notas.
—Tenemos una visita al hospital infantil planeada a final de mes.
—Lo recuerdo. —Una de las pocas cosas que Heidi había hecho en cuestión de trabajo—. Estaré ahí.
—Ya están haciendo el calendario de adopción de animales. Sería genial si pudieras mencionarlo en la entrevista con SI y en cualquier otro lugar donde puedas.
—No será un problema. —Me agradaba este tipo. Se apegaba en serio a los negocios. Carajo, era un cambio refrescante.
—Eso es todo por ahora. Aquí está mi tarjeta con mi número, por si me necesitas para algo. ¿Puedes decirle a Bella que estaré en contacto en los siguientes días para empezar con el programa de música? —Mencionó un número—. ¿Ese sigue siendo su número de celular?
Asentí.
—Sí. Le haré saber que la llamarás.
Se paró y se dirigió a la puerta.
—Genial. Estaré en contacto con ambos. No dudes en llamar si necesitas algo, no importa si es de día o de noche.
Si Heidi hubiera extendido esa invitación, hubiera sido algo muy malo. Afortunadamente Alec parecía decirlo en una manera no-sexual.
—Lo haré. ¿Y Alec?
Pausó.
—¿Sí?
—Mi Bella tiene mucho en que pensar ahora. No estoy seguro de qué tanto podrá contribuir al programa para empezar. Sólo, no la presiones si no se puede comprometer con algo hasta que esté aquí. —Porque si lo hacía, le patearía el culo.
Alec sonrió.
—Tengo tres hijos, Señor Cullen. Sé que no se debe presionar a una mujer embarazada. Suelen presionar de regreso, con más fuerza.
Eso sonaba mucho a algo que haría mi Chica Reed.
—Muy bien. Hazme saber cuando todo esté organizado con el niño. —Me di cuenta que no sabía mucho—. Y a todo esto, ¿cuál es su nombre?
—Daniel Prentice. Sus padres le dicen Danny.
Era bueno saberlo. Le personalizaría las cosas que le iba a comprar.
—Gracias.
—Ansío trabajar contigo, Señor Cullen.
Señor Cullen. Me hacía querer buscar a mi papá.
—Dime Edward, Alec.
Su sonrisa apareció de nuevo.
—Edward, entonces. Estaré en contacto pronto.
Se fue y yo saqué mi celular.
Oye, J, ¿puedes pedirle al equipo que firme un balón? Conoceré a un fan con cáncer, y ama a los Noles.
Luego fue el turno de Chica Reed.
Hola, nena. ¿Puedes hacerme un favor?
Volví a poner la cinta mientras esperaba sus respuestas. Unos minutos más tarde, mi celular sonó.
¿Qué necesitas que haga?
Por supuesto, mi Chica Reed respondió muy rápido.
¿Puedes ir a Bill's Bookstore y comprar un montón de cosas para un niño de 9 años? Conoceré al niño este fin de semana para Make a Wish.
No tardó mucho en responder.
Te amo. Estoy orgullosa de ti. Y sí, compraré algunas cosas. ¿Te lo mando de inmediato?
Sonreí por sus palabras.
Sí. También te amo. No hay nada de qué estar orgullosos. Hago lo que debo hacer.
Jasper respondió mientras yo escribía.
Claro. ¿Debería mandar también otras cosas?
Podía decir muchas mierdas de Jasper, pero sabía que podía contar con él para ayudarme cuando lo necesitaba.
Chica Reed va a comprar algunas cosas. Ve con ella para que no repitan. Gracias, hombre.
Chica Reed respondió.
Sí. Sé que es difícil para ti el estar cerca de niños enfermos, pero de todas formas lo haces. Siempre estaré orgullosa de ti por hacer lo correcto.
Me hacía sentir malditamente bien cuando decía cosas como esas. Tal vez podría hacer lo mismo por ella.
Pensé en nuestro niño cuando Alec, que por cierto es mi nuevo representante de relaciones públicas, me contó del niño. Sentí miedo al pensar en que algo podría estar mal con él.
Más bien jodidamente aterrorizado.
Es normal, cariño. Me alegra que te importe, pero no hay que preocuparnos por cosas sobre las que no tenemos control.
Era más fácil decirlo que hacerlo.
Lo intentaré, pero es que hay muchísimas cosas que podrían salir mal.
Casi en cuanto envíe el mensaje sonó mi celular.
—Hola, nena.
—Hola, histérico.
Suspiré.
—No puedo evitarlo. Voy a conocer a un niño de nueve años que tiene cáncer este fin de semana. ¿Y sí…?
—Nos ocuparemos de los "Y si" en el caso poco probable de que sucedan. Lo que vamos a ser es ser los mejores padres que podamos, y enfrentaremos todo lo que venga a nosotros juntos, como siempre lo hacemos. El niño que vas a conocer es un luchador, como lo será nuestro bebé. Quienquiera que venga de nosotros va a ser fuerte, terco y, probablemente, un poco engreído.
Carajo, la mujer sabía cómo hacer reírme y cómo detener mi mierda incluso antes de comenzar.
—Obviamente sacará eso último de ti.
Se rio.
—Oh sí, soy muy engreída. Pregúntale a cualquiera.
—No es ser engreído, nena. Es confianza.
—Papa, patata, Cullen. ¿Te sientes mejor?
Eso iba sin decirlo.
—Siempre me siento mejor cuando hablo contigo.
—Qué bien. Ahora, ¿quieres contarme algo sobre los cientos de dólares en despensa que aparecieron esta mañana en mi puerta?
Sonreí.
—Nop. Supongo que el hada de las despensas te hizo una visita.
—¿En serio? Bueno, pues la próxima vez que hables con el hada de las despensas, dile que exageró un poco. No hay forma en que pueda comerme todo esto yo sola.
Bueno, tal vez había comprado un poquito en exceso, pero aun así.
—Estoy seguro que lo procesado te durará un buen rato. Y probablemente la fruta, los vegetales y la carne llegarán cada semana.
—Me estás consintiendo, pero te amo por eso.
—Es lo menos que puedo hacer.
Se rio.
—No, podrías hacer muchísimo menos, pero entonces no serías tú. Y lo aprecio. La cena de anoche estuvo genial.
—¿La sopa te ayudó a sentirte mejor?
—Sí. Sólo lamento haberme puesto mal justo cuando las cosas se ponían interesantes.
Gemí con tan sólo recordarlo.
—No está bien que el niño ya nos esté interrumpiendo.
Su risa llenó la línea.
—Lo compensaremos pronto. Lo prometo.
—Te haré cumplirlo. —Ahora no era el momento. No cuando estaba a punto de entrar al campo con otros cincuenta y dos hombres.
—Hazlo. Sé que debes estar ocupado, y yo debo irme a clases.
—Sí. Te amo, Chica Reed.
—También te amo, Campeón. Llevaré el paquete al correo a primera hora mañana.
—Gracias, nena. Jasper te va a llamar. Él le dirá al equipo que autografíen un balón y tal vez otras cosas para mandar.
—Lo juntaré todo esta noche. Tendrá más cosas de las que podrá manejar. Vas a hacerle el día, Edward.
—Lo intentaré.
—Tendrás éxito. Creo en ti.
Sí creía. ¿Y no era eso maravilloso?
—Qué tengas un buen día en la escuela, nena.
—Lo haré. Patea unos cuantos traseros en el campo por mí.
Me reí.
—Cuenta con ello. Te amo.
—También te amo. Adiós.
Xoxoxoxoxo
Llegó el día del juego, y me dirigí al campo súper temprano para poder conocer a Danny y su familia. Tenía un montón de cosas que llevar conmigo, cortesía de Chica Reed y Jasper, las cuales incluían balones autografiados, cascos y jerséis.
Hice unos estiramientos y troté alrededor del campo un poco hasta que Alec apareció con Danny y su familia acompañándolo. Él me había dado un poco más de información sobre ellos, y sabía qué tenía una hermana gemela aparte de sus padres. Todos iban vestidos con jerséis y gorras de los Gigantes. Sonreí cuando vi mi número en Danny. Su hermana estaba usando el diez, el número de Eli.
—¡Hola! —saludó Danny en cuanto se acercó a mí.
Sonreí y me agaché a su nivel. Tenía unos brillantes ojos azules y aunque no sabía mucho de niños, sabía que él se veía un poco pequeño para su edad. Su hermana, con los mismos ojos azules, era más alta que él.
—Hola, Danny. Gusto en conocerte. Soy Edward. —Le ofrecí mi mano y me tragué una carcajada cuando sus ojos se abrieron de manera cómica. Se limpió la mano en los jeans antes de tomar la mía y darle una sacudida.
—¡Vaya! Tienes un agarre firme. Ten cuidado, niño, necesito este brazo —bromeé, sacudiendo el brazo y flexionando la mano un poco cuando me soltó.
Danny se rio.
—¡No te lastimé, tonto! Tú eres grande y fuerte.
—Puede ser que no conozcas tu propia fuerza —le dije, lo decía en serio. Aquí estaba el niño, luchando contra el cáncer, sonriendo y asimilándolo. Obviamente era más fuerte que yo.
—No la conoce. —Su madre avanzó y me ofreció su mano—. Soy Joyce Prentice. Muchísimas gracias por recibirnos.
—Es un placer. —También le di un apretón a la mano de su padre. Se presentó como Steve—. ¿Cómo podría no conocer a mi más grande fan? Escuché que te gustaba cuando juagaba en la universidad —dije, dirigiéndome de nuevo a Danny. Me estaba viendo con asombro, sus ojos azules brillaban.
—¡Sí! Rompiste el record de pases para toda la ACC. ¡Y ganaste el Heisman dos veces! ¡Sólo hay otra persona que ha hecho eso!
Me reí entre dientes.
—Sí que sabes todo. ¿Y quién es esta señorita? —pregunté, girándome hacia la niña con el jersey de Eli.
—Es mi hermana, Chelsea. No le agradas.
Esta vez sí me reí.
—¿De verdad? —pregunté, al mismo tiempo que ella golpeaba a su hermano en el brazo.
—Sí. Pero no te preocupes. Ella no sabe de fútbol. Sólo le gusta Eli.
—¡Él le quitó su trabajo! —siseó antes de ponerse rosa cuando notó que sus padres le estaban dirigiendo "la mirada". La que todos los padres parecían saber cómo usar, esa que dice estarás en grandes problemas cuando lleguemos a casa. Carajo. ¿Iba a tener que aprender a hacer eso?
—Pues creo que es genial que Chelsea sea leal a su jugador favorito. Sucede que Eli es amigo mío. Apuesto a que estará feliz de saber que tiene una fan así.
—¿De verdad? —preguntó, sus ojos se agrandaron como los de su hermano—. ¿Por qué sería tu amigo si le quitaste el trabajo?
—Chels —dijo su padre, sacudiendo la cabeza—. Lo siento. No entiende los mecanismos del fútbol.
Me reí.
—No hay problema. —Me giré hacia Chelsea—. Eli se lastimó y ya no puede jugar. Alguien necesitaba ocupar su lugar, y el equipo me eligió. Aunque Eli se ha portado muy bien con todo este asunto, y me ayuda a prepararme para los juegos; me da consejos sobre lo que puedo esperar.
—¿En serio? —Se quitó la gorra para rascarse la cabeza, y noté que tenía muy poco cabello.
—En serio —le aseguré.
Su madre le acarició con cariño la cabeza.
—Chelsea se rapó el cabello cuando su hermano empezó a perder el suyo —murmuró suavemente.
Carajo. Eso era increíble. Me aclaré la garganta antes de hablar.
—Sabes, Chelsea, no me parece justo que tu hermano pueda conocer a su jugador favorito y tú no. Espera un segundo.
Troté a la banca donde tenía mi mochila. Todavía no había ido a los vestidores. Saqué mi celular y le marqué a Eli, dándole un rápido resumen de la situación. Él no estaba en la ciudad, pero aceptó hablar con ella.
—Chelsea, a tu jugador favorito le gustaría saludarte.
Le ofrecí mi celular, y ella soltó un gritito antes de agarrarlo de mi mano.
—¿Hola? ¡Eli! ¿En serio eres tú? —Que me maldigan si ella no se fue a la banca y tomó asiento, mientras seguía platicando.
—Le acabas de hacer el día —me dijo su papá.
—No fue nada —dije, encogiéndome de hombros, porque no lo era. Dudaba que Emmett se hubiera rapado la cabeza por mí si yo me hubiera puesto enfermo de niño, y obviamente yo no lo habría hecho por él. Chelsea era una niña endemoniadamente genial.
—Fue algo, créeme —dijo la mujer, Joyce.
—Probablemente ya no podrá odiarte ahora.
Me reí y me agaché para platicar con Danny.
—Ese era mi brillante plan.
—Uno muy bueno —dijo, sonriendo.
—Bueno, ya sé que tienes un brazo fuerte tan sólo por ese apretón que me diste. ¿Qué te parece si lanzamos un poco el balón? —pregunté.
—¿En serio? —su voz estaba llena de emoción.
—Claro. —Agarré el balón que había dejado cerca—. Enséñame lo que tienes.
Pasamos los siguientes treinta minutos lanzando el balón mientras sus padres tomaban fotos y hablaban con Alec. Chelsea estuvo todo el tiempo en mi celular, platicando. Claramente Eli tenía la paciencia de un santo. Era algo bueno que el hombre tuviera hijas. Debía saber qué les interesaba a las niñas.
—¡Eso fue maravilloso! —exclamó Danny. Su cara estaba un poco sonrojada, pero él se veía feliz y sus padres no se veían muy molestos. Probablemente debí haberles preguntado si él podía realizar actividad física. ¿Qué sabía yo?
—Tienes un buen brazo. Tal vez algún día serás mi remplazo.
Su madre me dedicó una sonrisa triste, y su papá la rodeó con un brazo. Carajo. ¿Dije algo estúpido? Probablemente no sabrían si él seguiría vivo en un año. Tan jodidamente estúpido.
—¡Tal vez! Papá dice que puedo hacer todo lo que me proponga.
Su papá sonrió.
—Y sí puedes, Danny.
Afortunadamente no parecían estar molestos conmigo.
—Sabes, una gran parte de ser mariscal es ser fuerte aquí. —Toqué su sien—. Si crees en ti mismo, ya vas a mitad del camino. Eso funciona para muchas cosas.
—Como con el cáncer. —Danny asintió—. Lo sé. Voy a vencerlo, y luego voy a jugar con el Estado de Florida, igual que tú.
Carajo. El niño me estaba matando. Había un nudo en mi garganta que tuve que aclararme antes de hablar.
—Sabes, creo que sí lo harás. Y nos vendría bien un buen mariscal.
—Jasper Whitlock es muy bueno, pero no eres tú —anunció Danny.
—Es verdad. Ciertamente yo no habría perdido contra Miami ayer. —Esa mierda todavía dolía. Le había mandado unos mensajes a Jasper para consolarlo, y él respondió que estaba feliz de haberse quitado ese peso de encima. Ahora nadie esperaba que fuera tan perfecto como yo, así que podría relajarse y jugar. El tipo era raro.
—¡De ninguna manera! No perdiste contra nadie en la universidad.
Traducción: pierdes ahora de vez en cuando. Me reí.
—Sí, la universidad es mucho más fácil que con los profesionales. También descubrirás eso algún día. Pero hablando de universidad, tengo algunas cosas para ti.
Saqué la enorme bolsa de FSU en la que Chica Reed había enviado todo y se la di.
—Creo que te gustará lo que hay adentro.
Abrió la bolsa como si contuviera ladrillos de oro. Aunque, para él, quizá así era. Jadeó cuando sacó los jerséis autografiados, tanto de FSU como de los Gigantes. Chica Reed había buscado en mi armario allá en Tally por el jersey de los Noles.
—Ese es un jersey que usé en un juego.
Lo abrazó en su pecho.
—¿Del juego de Campeonato?
—Sí, ¿ves los parches? Eso es del Sugar Bowl, cuando gané mi primer campeonato.
—Vaya. Papá, ¿lo ves?
Su padre tomó el jersey que le ofreció.
—Sí. Es muy increíble, Danny. Nadie más tendrá algo como esto.
—¡No puedo esperar para enseñárselo a mis amigos! —Y estaba de regreso en la bolsa—. ¡Un balón! ¿Autografiado por los Seminoles?
—Sí, Jasper le pidió a todo el equipo que lo firmaran. Él es amigo mío. Ese de ahí es su jersey. También lo firmó para ti.
—¡Vaya! Papá, ¿puedes creerlo? ¡Todo el equipo!
Hizo "oh" y "ah" sobre el pedazo de césped que le había pedido a Jasper que tomara del estadio. Luego alzó el casco.
—Es un casco grande.
Me reí.
—Sí, es un casco original de FSU. También firmé ese para ti.
—Para Danny. El siguiente gran mariscal de los Seminole. Tu amigo, Edward Cullen. —Se lo dio a su padre antes de lanzar sus brazos a mi alrededor—. ¡Gracias!
—De nada. —Le palmeé la espalda e intenté no notar que su madre estaba llorando. Demonios, una parte de mí quería llorar también.
—Danny, ¿por qué no le enseñas a tu hermana lo que recibiste y le dices que cuelgue el teléfono? Edward tiene que prepararse para un juego —sugirió su padre.
En realidad no quería que se fueran, pero era verdad.
—¡Sí, papá! —Agarró los jerséis y se dirigió a su hermana.
—Gracias —susurró su madre antes de abrazarme—. Sólo… gracias.
Jodido infierno. Lágrimas. De felicidad tal vez, o felices y tristes, pero no sabía qué hacer. Quería que Chica Reed estuviera conmigo con todas mis fuerzas. Le regresé el abrazo, palmeándola tan torpemente como a su hijo.
—No fue…
—No digas que nada. —Su esposo apartó a Joyce de mí antes de ofrecerme de nuevo su mano—. Él tenía mucho tiempo deseando por este día y, la verdad, no estábamos seguros de tener la oportunidad de conocerte. Significa mucho, no sólo para él, sino para todos nosotros.
—Es un gran niño. Decía en serio lo de lo fuerte que es. No puedo imaginar pasar por lo que él está pasando. —No quería—. Escuchen, no sé mucho sobre lo que le espera más adelante, pero, ¿podrían mantenerse en contacto? ¿Para hacerme saber cómo está?
—Podemos hacerlo. No sé cómo…
—Aquí está mi tarjeta. —Alec les dio una de sus tarjetas de presentación siempre listas—. Pueden llamarme de día y de noche y me pondré en contacto con Edward por ustedes.
Rodé los ojos y tomé su tarjeta.
—Dame una pluma. —Alec lo hizo. Escribí mi número de celular en la tarjeta—. Pueden ponerse en contacto conmigo directamente.
Steve guardó la tarjeta en su cartera.
—Lo haremos. Gracias. Por preocuparte, digo.
Miré a Danny y a su hermana acercarse, unidos de las manos. Ella tenía mi jersey de los Gigantes mientras que él sostenía el de los Noles.
—Tienen buenos hijos. Sólo puedo esperar que el mío sea la mitad de bueno que los suyos.
—Sí que los tenemos —aceptó él.
Chelsea se acercó a mí y me dio mi teléfono.
—Eli dice que eres un buen mariscal y que está bien si te apoyo a ti ya que él no puede jugar.
Le sonreí.
—Bueno, si Eli dice que estoy bien, debe ser verdad.
—También me va a mandar un jersey autografiado.
—Eso supuse. Eli es un buen tipo.
—Lo es. Y tú también. Gracias por invitarnos al juego. Va a ser muy divertido.
—De nada. Espero que te la pases bien y que algún día vuelvas a venir.
—Lo haré. Puede que la próxima use tu jersey —me informó. Sentí como si me hubiera ganado una estrella de oro cuando me concedió eso.
—Te diré algo… también te mandaré un jersey autografiado. Así puedes apoyar a cualquier mariscal que esté jugando.
—¡Genial! Vamos, Danny. ¡Vayamos por un hot dog!
—Ya voy. Gracias por todos los regalos y por enseñarme a lanzar. Voy a seguir practicando.
—Hazlo. —Me tragué el nudo de la garganta—. Practica mucho, y jugaremos de nuevo otro día.
—¿En serio? —Se giró hacia sus padres—. ¿Podemos? ¿Puede Edward ir algún día a jugar?
—Pues, hijo, no sé… —comenzó su papá, lanzándome una mirada de disculpa.
—Iré. Tú practica, y yo iré y jugaremos de nuevo, con todos tus amigos. —Iba a hacer que eso pasara.
—¡Genial! Chelsea, ¡Edward va a ir a nuestra casa!
—¿Puedes llevar a Eli? —preguntó, pues no parecía estar tan impresionada como su hermano.
Tuve que reírme.
—Lo hablaré con él.
—Bien. Entonces puedes ir.
—Pues gracias. —Esa niña me divertía. Era difícil ganármela.
—Deberíamos irnos. Gracias otra vez, Edward.
Di apretones de mano y recibí abrazos de Danny y su mamá. Chelsea me dedicó una sonrisa y se despidió con la mano. Ya era algo al menos.
—¿No estás olvidando algo, Danny? —le dijo su papá.
—¡Oh sí! ¡También te traje algo! —¿En serio? Lo miré buscar en el bolsillo de su pantalón. Sacó una pulsera anaranjada—. Es una pulsera de conciencia sobre el cáncer. Todos tenemos una, y pensé que te podría gustar.
La acepté, intentando con todas mis fuerzas mantener la sonrisa en mi cara.
—Gracias. La usaré todos los días. —Me la puse en la muñeca. Carajo. Mis ojos se estaban humedeciendo.
—Disfruta del juego. Oye, Danny, ¿quién es tu receptor favorito? —pregunté antes de que se fuera.
—Sammy Maddux.
Qué bien. Sonreí.
—Tenemos una jugada de pase largo en el plan de juegos que usualmente termina siendo touchdown en las prácticas. Lanzaré ese touchdown para ti.
—¡Qué genial! —Eso me hizo ganarme otro abrazo—. ¡No puedo esperar!
Xoxoxoxox
Logré cumplir mi promesa ya tarde en el tercer cuarto. Llamé a la jugada, hice un five-step drop, y miré a Sammy correr por el campo. Pretendí lanzar hacía donde Paul corría el slant en medio del campo. La seguridad cayó, dando un par de pasos en su dirección. Dejé el balón volar justo cuando Ngata me tiraba contra el suelo. El rugido de la multitud me hizo saber que mi puntería había sido acertada. Me paré y lancé el puño antes de señalar el balcón principal, donde se suponía que Danny y su familia estaban sentados, tirando de la pulsera que él me había dado. No lo vi, pero esperaba que él si me hubiera visto a mí.
Perdimos el juego. Flacco tuvo un día monstruoso, y la defensa de los Raven fue capaz de apagar por completo nuestra jugada. Me sentía como mierda al no haber podido ganar para Danny, pero cuando saqué mi celular luego del juego, tenía un mensaje de un número desconocido.
¡Buen juego, Edward! ¡Gracias por mi touchdown! Papá dijo que estaba bien mandarte un mensaje esta vez. ¡Gracias por el mejor día de todos!
Me sentí sonriendo al responder.
Puedes mandarme mensajes cuando quieras, Danny. Lamento no haber ganado para ti.
Estuve en casa antes de poder revisar mi celular de nuevo.
Intentaste tu mejor esfuerzo, ¿verdad? Entonces no deberías lamentarlo. Les ganarás para la próxima.
Así es, pequeño. Les ganaré para la próxima. Cuenta con ello.
