Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 23

Había sido un mes muy largo. En el instante en que el reloj llegó a cero en nuestra pérdida contra Indy, me apuré en llegar a los vestidores para pasar por la usual mierda de conferencia de prensa, luego ir a casa a recoger mi equipaje y a Rainbow, y derecho al avión. La única cosa que evitó que me obsesionara con haber perdido de nuevo fue el hecho de que en dos días me casaría con mi Chica Reed.

Nunca en un millón de años me imaginé que estaríamos en cuatro y cinco. No era idiota; sabía que mi primer año no sería un paseo en el parque, pero carajo. ¿Un récord de derrotas? Al carajo con eso. Iba a regresar del descanso y patearía todo tipo de traseros, sin importar nada. Se nos acercaban tres juegos divisionales, y a pesar de que los Cowboys y los Eagles eran virtualmente inalcanzables y los playoffs habían quedado fuera de cuestión en este punto, no me importaba. Al menos íbamos a terminar la temporada en nueve y siete. Algo menos sería inaceptable.

El avión aterrizó, y me quité de encima esos pensamientos. No iba a pensar en fútbol hasta el siguiente lunes, cuando tuviera que regresar a New Jersey. Esta semana se trataba sobre Chica Reed y sobre hacerla finalmente mía de manera oficial. Habíamos sobrevivido al proceso de la planeación de la boda con mucha facilidad. Eso fue gracias a mi madre y a las nuevas canas que según ella tenía como resultado de estresarse por nosotros, ¿pero a quién le importaba? Le pagaría por sus visitas al salón durante el resto de mi vida de ser necesario. No era como si no se pintara ya esa mierda de todas formas. Le había llevado más de una foto de mi cabello a su estilista a lo largo de los años. Aunque no podía culparla. Yo tenía un excelente cabello.

—De acuerdo, Rainbow. Es hora de bajarnos del avión.

Por supuesto que ella me vio como si estuviera jodidamente loco. Estaba sentada en su propia almohada, apoyada sobre el esponjoso asiento de piel. Literalmente le habían servido la comida en cubiertos de plata. Volar en un avión privado era algo totalmente diferente a volar en un vuelo comercial. Ella amaba esta mierda. Probablemente a partir de ahora tendría que contratar un avión privado cuando quisiéramos viajar con ella. Esperaría ahora primera clase por completo.

El avión había sido un regalo de bodas por parte del equipo. Me iban a dejar usarlo para venir y regresar a casa de nuevo. Sí, nadie dijo que ser mariscal principal de la NFL fuera un mal trabajo.

Chica Reed y yo habíamos discutido la situación de Rainbow hasta la saciedad. Acordamos que la idea de incluirla en la boda no resultaría. Yo quería que ella nos llevara los anillos; pero no podíamos confiar en que Rainbow caminaría por el pasillo, especialmente en la playa, sin detenerse a hacer mierda o crear algún tipo de desastre. Y ciertamente ella no se quedaría quieta y sentada como un perro. Iría conmigo en cuanto yo apareciera. Pero la queríamos con nosotros. Ella era una parte vital de nuestra relación, y ambos sentíamos que debía estar cerca. Pasaría la noche en casa de mis padres y la recogeríamos para llevarla de regreso a Tally con nosotros la mañana siguiente. Probablemente estaría enojada, pero no podíamos confiar en ella con algo tan sagrado como una boda. Al menos, eso fue lo que dijo mamá.

Finalmente convencí a Rainbow de subirse a mis brazos, y seguimos al piloto por las escaleras, donde nos esperaba Chica Reed. Esta mierda de tener avión privado era genial. Íbamos directo del avión al carro sin esas mierdas de seguridad en medio. En serio iba a tener que ahorrar dinero para comprar mi propio avión. Primera clase por completo, nena.

Chica Reed casi saltaba de emoción cuando caminé hacia ella. Lanzó sus brazos alrededor de Rainbow y de mí, dándome un enorme beso.

—¡Edward! Qué bueno es tenerte finalmente aquí.

Sabía a lo que se refería. El tiempo había volado y se había arrastrado por igual. Mis días estaban muy ocupados, pero las noches se sentían malditamente solas sin ella, a pesar de que pasábamos casi todas las tardes juntos en Skype o FaceTime. Es sólo que no era lo mismo cuando no podía tocarla.

Me soltó y cargó a Rainbow. Agarré las maletas que me daba el piloto y las llevé al carro.

—No olvidaste tu traje, ¿verdad?

Tuve que reírme por eso. Todos los días recibía múltiples recordatorios por parte de mi madre, además de unas cuantas menciones por Chica Reed.

—Esa es la única cosa que tenía que hacer. Creo que me las arreglé bien, nena. —Sólo para asegurarme de hacerla entender, le enseñé la bolsa de mi traje.

—Bien, de acuerdo.

Metí mis mierdas al carro y tomé las llaves que Chica Reed me ofrecía.

—No puedo esperar para ponerte las manos encima. Vamos a casa para poder hacerlo.

La hubiera follado en el carro o, mejor aún, la hubiera llevado de regreso al avión y lo hubiéramos hecho en la esponjosa cama o incluso en los asientos de piel, pero teníamos a Rainbow con nosotros y ningún lado donde dejarla donde no fuera a hacer daños si se enojaba.

Se rio.

—Sí, es mejor que nos apuremos. No puedo garantizar que no tendremos unos cuantos visitantes con buenas intenciones esta noche.

Al carajo con eso. Acomodé a Chica Reed y a Rainbow en el carro antes de sacar mi teléfono y mandar un mensaje grupal.

Juro que si alguno de ustedes, cabrones, piensa si quiera en llamar o venir esta noche, acabaré con ustedes. Nos veremos mañana. No antes, y más les vale que no después de la boda.

Le di mi teléfono a Chica Reed luego de subirme al carro y encenderlo. Soltó una carcajada cuando leyó lo que había enviado.

—¿No crees que es un poco grosero?

Sacudí la cabeza.

—Carajo, no. Han pasado tres semanas desde la última vez que te vi. Ellos te ven a diario. Agradezco que estén ahí para ti, pero no esta noche. Esta noche eres mía.

Entrelazó sus dedos con los míos.

—Siempre soy tuya. —Maldita sea, sí que lo era—. Pero te entiendo. Se mantendrán lejos.

Sí, lo harían. Si las amenazas no funcionaban, los sobornaría. Sabía que podía comprar a Pequeña. Jasper era fácil. Podía prometerle un fin de semana de chicos o alguna otra mierda como esa. A Emmett también, por cierto. Probablemente yo querría un fin de semana así cuando llegara el bebé. Rubia lo entendería y nos dejaría en paz sin sobornarla.

Era bueno estar en casa. Chica Reed estaba junto a mí, dándole cariño a Rainbow y sonriendo, y todo estaba bien en el mundo.

Se rio.

—Alice dice que nos dejarán solos esta noche, pero mañana no.

Como sea.

—No quiero escuchar ni una palabra de que no pasaremos la noche juntos. El cabello, maquillaje y toda esa mierda de chicas no puede ser hecha hasta el día de la boda, así que no hay razón para que no pasemos la noche juntos. Y esa mierda sobre la mala suerte no se aplica. Ya tuve suficientes días sin verte.

Chica Reed apretó mi mano.

—Nadie nos hará pasar la noche separados. No los dejaré.

Maldición, así era. Y mi chica era muy fiera cuando quería serlo, especialmente ahora que tenía todas esas hormonas raras dentro de ella. Sabía que no quería hacerla enojar.

Mi chica se rio de nuevo.

—Rose dice que no le interesa ver tu imbécil cara de todas formas.

Me burlé de eso.

—Jasper dice que te extraña pero que lo entiende.

Jasper era tan jodidamente raro, pero al menos no nos iba a molestar.

—Tu hermano dice que te diría que te pusieras bien el condón, pero claramente ya no tiene caso.

Cabrón.

—Como sea. Él probablemente ya tiene veinte hijos en el estado; sólo que todavía no lo sabe.

Chica Reed rodó los ojos.

—Sin comentarios, Romeo. —Intentó apartar su mano de la mía, pero la detuve rápido.

Oops, ese fue un golpe demasiado cerca. Y lo último que quería que ella pensara era en mí con otras chicas, no cuando finalmente me iba a enterrar dentro de ella de nuevo. Llevé su mano a mis labios y besé su dedo anular.

—No he pensado en otra chica desde que chocaste conmigo en mi campo hace dos años, nena. Cada chica antes de ti significa nada para mí. Tal vez eso me hace un patán, pero es la verdad. Eres la única chica para mí. La única con la que quiero tener mi bebé y compartir mi vida. Nunca habrá nadie más. Tú eres mi todo.

Me detuve en el estacionamiento y me giré para ver a mi Chica Reed. Sus ojos estaban bien abiertos, sus mejillas sonrojadas, y parecía respirar pesadamente.

—¿Chica Reed? ¿Estás bien? —Carajo, ¿le pasaba algo al bebé?

Asintió antes de quitarse el cinturón de seguridad. ¿Qué carajos estaba pasando? ¿Estaba enojada?

—Mira, lamento si…

—Edward, cállate y llévame arriba antes de que nos arranque la ropa a ambos y te ataque justo aquí en el estacionamiento.

Pues, jódeme, no necesitaba que me lo repitiera. Salí del carro en tiempo récord. Chica Reed se rio cuando vio que dejé atrás todas las maletas y la dirigí hacia las escaleras. Rainbow gritó por el repentino movimiento, pero me importó un carajo.

En el instante en que estuvimos dentro del apartamento, Chica Reed la soltó y ella fue a reconocer lo que la rodeaba. No vi a dónde se fue porque todo lo que podía ver era mi chica.

—Nena, ¿estás… —Fue todo lo que dije antes de que se quitara la blusa y salieran sus pechos jodidamente fantásticos. Definitivamente estaban más grandes. Los iba a agarrar cuando me empujó contra la pared y comenzó a besarme frenéticamente.

Sí, al parecer sí lo decía en serio. Estaba tirando de mi camisa y mi zipper al mismo tiempo, como si no estuviera segura de por dónde comenzar. Rompí nuestro beso y me quité la camisa, lanzándola otro lado de la sala.

Chica Reed gimió y pasó sus manos por mi pecho.

—Tan sexy. No tienes ni idea.

Pero sí la tenía, porque ella era jodidamente preciosa. Su piel era tan suave como la seda y sus tetas se veían magnificas. Desabroché su sostén y llené mi cuota de esas nenas, apretando y moviendo sus pezones con mis pulgares.

Sus manos regresaron a mis pantalones, y metió la mano dentro, acariciándome y haciéndome rodar los ojos. Santa mierda. No sabía si su desesperación se debía a las hormonas, a nuestra separación, a nuestra futura boda, o a una combinación de las tres, pero era jodidamente maravillosa.

Aparté mis manos de sus tetas el tiempo suficiente para desabrochar sus pantalones. Retrocedió un paso, se quitó los zapatos, junto con sus jeans y ropa interior, y quedó parada frente a mí totalmente desnuda. Estaba más sexy que nunca. Con esos pechos de los que no podía tener suficiente, y algunas curvas nuevas. En cierto modo se veía más llena, y no de mala manera. Todavía no había señal alguna del bebé, pero ya estaba cambiando. Y se veía endemoniadamente sexy.

—Eres tan hermosa, nena. Sexy.

Se mordió el labio y movió las manos a mis jeans. Me quité los zapatos y la ayudé a liberarme. Estaba jodidamente duro, adolorido y listo para ella. Estiré la mano hacia su coño, quería ponerla tan ansiosa como estaba yo, pero negó con la cabeza.

—Ya, Edward. Quiero que me folles justo ahora.

Las palabras más calientes del mundo. Comencé a dirigirla a la habitación, pero se resistió.

—Justo aquí. Justo ahora.

No iba a pelear con ella. Si quería ser follada contra la pared de la sala, así sería. La levanté y empujé su espalda contra la pared, asegurándome de agarrarla bien antes de entrar en ella. Ambos jadeamos por la forma en que se sintió cuando entré en casa.

Sus hermosos ojos se encontraron con los míos mientras envolvía mi cintura con sus piernas.

—Te extrañé.

Sonreí.

—Sí que sabes cómo demostrármelo, nena. Pero también te extrañé.

—Muéstramelo —ordenó, arqueándose contra mí.

Así que lo hice. Comencé con lentas embestidas, pero ninguno de los dos tenía mucha paciencia para eso. Apretó su agarré en mí y me exigió más, así que embestí dentro de ella con todas mis fuerzas. No tardamos mucho en estar jadeando y sudando. Me corrí con más fuerza de lo que lo había hecho en mucho tiempo cuando ella se apretó a mí alrededor. Nos quedamos así por unos momentos, recuperando el aliento.

Eventualmente recordé que estaba embarazada, así que probablemente debería darle de comer y llevarla a la cama. La cargué hacia el sofá y me senté con ella a horcajadas sobre mí.

—¿Por qué no ordenamos algo de comer? Te puedes dar un baño, yo bajaré por el equipaje y algo de comida. —Puede que haya dirigido los comentarios hacia sus pechos, pero no pude evitarlo. Se veían increíbles.

—O podríamos ir a la habitación y tú podrías conocerlas a fondo. —Se acunó las tetas—. Tengo galletas junto a la cama.

¿Quedaba duda de por qué iba a casarme con ella en dos días?

—¿Galletas y estas? Me parece perfecto.

La cargué a la cama. Era hora de conocer a fondo todo su ser. Gracias a Dios.

Xoxoxoxoxox

Comenzamos la mañana con Chica Reed vomitando. Técnicamente pude haber pretendido no escucharla y regresar a dormir, pero eso me habría hecho un casi-esposo de mierda. Así que me levanté de la cama, agarré una botella de agua y fui al baño. Gimió cuando me escuchó, pero no levantó la vista desde su lugar en el piso.

—Te traje agua, nena.

La tomó y se enjuagó un poco la boca antes de escupirla en la taza. Huh. No sabía muy bien cómo reaccionar a eso. La única vez que había vomitado frente a mí había sido luego de una noche de beber en exceso. Y yo había estado demasiado borracho para notarlo en realidad.

—Gracias.

Comenzó a levantarse sola, lo cual era ridículo. La ayudé a ponerse de pie. Le bajó a la taza y fue al lavamanos, abrió inmediatamente la llave y se lavó los dientes.

—Lamento que hayas tenido que ver eso —me dijo cuando terminó.

¿Como si yo fuera el problema aquí?

—Yo lamento que tú tengas que pasar por eso. Todos los días, ¿eh?

Chica Reed se rio.

—De manera puntual. Y al menos ahora ya sólo es una vez al día. Espero que pase pronto.

¿Quién sabía? De acuerdo al libro, algunas mujeres tenían nauseas todo el embarazo. Joder, eso apestaba. Envolví mis brazos a su alrededor y enterró la cara en mi pecho.

—¿Estás bien? —pregunté, porque, en serio, ¿qué más podía hacer?

—Sí, estaré bien. Sólo necesito comer una tostada o algo…

¡Eso sí podía hacerlo!

—Yo me encargo. —La llevé a la sala, metí pan al tostador y le di un vaso de agua fresca y uno de leche, lo que la hizo reír cuando se los dejé enfrente—. El libro dice que ambos son buenos.

Se rio.

—El libro es tu biblia justo ahora.

Pues, por supuesto que sí. Quería que Chica Reed estuviera lo más sana y cómoda posible durante todo el embarazo. El libro tenía las respuestas. Demasiadas respuestas, si era honesto. Pero no había visto ninguna de esas venas ni la había escuchado echarse uno como había temido. Y el único flujo vaginal que había visto había sido su humedad de siempre cuando estaba cachonda, afortunadamente. No es como si no fuera a amarla, pero había cosas que en realidad no necesitaban ser compartidas, ¿verdad?

Salió la tostada, así que regresé a la cocina por ella.

—¿Quieres que le ponga algo? —La mermelada quedaba descartada, porque tenía mucha azúcar. ¿Tal vez un poco de mantequilla de maní?

—Sola, gracias.

Qué asco, pero probablemente era mejor para ella. Se la llevé en un plato y la miré comer. Rainbow se subió entre nosotros al sofá, lanzándome una mirada antes de girarse en círculos y acomodarse.

—¿Qué? No es como si tuvieras que levantarte con nosotros. —Pero por supuesto que sí tenía, porque no podía soportar que la dejáramos de lado.

Chica Reed se rio.

—Creo que ustedes dos pelean más que tú y yo.

No podía negarlo.

—Eso es porque ella es un dolor en el culo. Debiste verla en el avión. Era como si fuera la reina de la maldita cosa, sentada en su almohada y siendo atendida con cubiertos de plata. Va a esperar que sea igual en casa, sólo espera y verás.

Rainbow demostró que le importaba una mierda lo que yo decía cuando levantó la pata y comenzó a lamerse.

—¿Como si tú no la consintieras? —Chica Reed rodó los ojos—. Dios me ayude cuando llegue este. —Se palmeó el vientre—. El bebé nacerá con una cuchara de plata en la boca.

Conjuré una graciosa imagen del bebé saliendo con dicha cuchara y me uní a ella en sus risas.

—Al carajo con la cuchara de plata. Será con un balón de fútbol de oro en la mano.

Sonrió.

—¿Estás listo para hoy?

Cierto. Antes de ir a Jacksonville, íbamos a ir a nuestra cita del ultrasonido.

—Por supuesto que sí. —Algo así. Me sentía un poco nervioso por dentro, si era honesto, pero quería estar ahí—. ¿A qué hora es?

Chica Reed estiró el brazo y tomó mi mano.

—Nuestra cita es a las once. Tengo Teoría Musical a las ocho, quería darnos tiempo suficiente para reunirme contigo y dirigirnos ahí.

Alcé una ceja.

—¿Qué es esa mierda de reunirte conmigo? Te voy a llevar a clases.

—¿En serio?

Sonaba sorprendida.

—Por supuesto que sí. Está agradable el día. Me sentaré afuera de tu edificio y dejaré que el cuerpo estudiantil me admire de nuevo.

Eso me hizo ganarme un golpe en el brazo y una carcajada por parte de mi chica.

—Es bueno ver que tu ego sigue intacto. ¡Qué comiencen las caricias!

—Bueno, si realmente quieres hablar sobre acariciar… —Me palmeé la polla y la hice reír más fuerte.

—Lo siento, Campeón, pero vas a tener que encargarte tú solo de eso. Tengo que bañarme y alistarme para ir a clase.

—Yo también necesito bañarme —le dije sugestivamente.

—¿En serio? ¿Después de verme vomitar? Debe ser amor.

—Lo es. Entonces, ¿estoy invitado?

Se rio y se puso de pie.

—Siempre. ¿Vas a venir?

—Todavía no, pero espero que más tarde sí. Hasta luego, Rainbow. Regresaré a la escuela.

Xoxoxoxoxo

Tenía que admitir que sí disfrutaba de la atención. Quiero decir, sí, recibía mucha en las raras ocasiones en que salía con los chicos luego de una práctica o algún juego. Pero esto era diferente. Yo era un Dios en esta escuela. Tal vez si ganaba uno o dos Súper Tazones sería igual en Jersey, pero lo dudaba. Había algo en la universidad. Creo que los fans son más obsesivos.

Como sea, no pasé ni un minuto a solas luego de que Chica Reed desapareció dentro de su salón. Los chicos se acercaban a platicar sobre el juego de ayer o sobre los Noles. Dos derrotas no era algo a lo que estuvieran acostumbrados en Tally durante estos días. Era un poco sorprendente para ellos, igual que mis derrotas en la NFL lo eran para mí. Perder apestaba.

Y, por supuesto, las chicas también llegaban, pero detenía esa mierda rápido al enseñar mi anillo y hablar de mi esposa. Lo sería en un día. Tan jodidamente maravilloso. Mi esposa y la mamá de mi bebé. Los aleteos en mi estómago aumentaban conforme nos acercábamos a la cita. No estaba seguro de por qué estaba tan nervioso. No iba a salir todavía o algo así.

Acababa de rechazar a una pelirroja con pecho falso cuando las puertas se abrieron y la gente empezó a salir. Me puse de pie y me dirigí hacia allá, sonriendo cuando apareció mi chica. Aunque la sonrisa de desvaneció cuando vi quien estaba hablando con ella. Tenían que estar jodiéndome. ¿Ese cabrón seguía merodeándola?

—Últimamente no te he visto en la tienda de música. No me digas que ya no tocas.

Chica Reed negó con la cabeza.

—Todavía toco, pero…

—Yo ordeno especialmente sus lengüetas —terminé, deslizando mi brazo a su alrededor y fulminando con la mirada al tonto que pensaba que tenía permitido hablar con ella—. Después de todo, sólo compro lo mejor para mi chica.

El perdedor de Jacob retrocedió un paso. Muy bien. Sigue retrocediendo, cabrón.

—Oh, qué bien —murmuró sin mirarme a los ojos. Por supuesto que sí. Cobarde. Seguía siendo un cabrón debilucho. No entendía cómo es que alguna vez pensó que tendría una oportunidad con mi chica.

—Estoy segura de que iré pronto. Creo que mi corcho necesita ser remplazado.

¿Su qué?

—Yo puedo comprarte un nuevo… —me callé cuando me codeó en el estómago.

La cara del idiota se iluminó, como si le hubiera dicho que me iba a dejar por él. Cómo si eso fuera a pasar alguna vez.

—Podemos ayudarte con eso. Ven cuando quieras. Trabajo mañana, por si quieres pasar.

Claro que no.

—Perdón, nos vamos a casar mañana. —¡Ja! El cabrón no se esperaba eso. Hizo una mueca. Oh, bueno. Una pena, qué triste, Jacob. Ella es mía. Siempre lo ha sido, siempre lo será.

—Pero iré pronto. —Chica Reed tomó mi mano—. Cuídate, Jacob.

—Sí, que tengas una buena noche, niño. Sabes que yo sí la tendré. —Le sonreí mientras me llevaba a mi chica.

—¿Qué fue eso? —exigió en cuanto nos subimos al carro.

—¿Qué fue qué? —pregunté inocentemente, abriéndolo y ayudándola a entrar.

Me pegó en las manos cuando intenté ponerle el cinturón de seguridad.

—No soy una inválida. ¿Por qué fuiste tan patán con Jacob?

Esa era una pregunta tonta.

—Te desea.

Rodó los ojos.

—¿Y qué? No es como si me hubiera coqueteado. Sólo preguntó cuándo iba a ir de nuevo a la tienda. Sabe que estoy comprometida contigo.

Tal vez, pero era un hombre. A pesar de todo, se imaginó fallándosela. Así era cómo funcionábamos. Fui a mi puerta y me metí al carro.

—Mientras estabas en clase, dos chicas me invitaron a ir por un café, y una se ofreció a llevarme a su dormitorio y hacerme olvidarte por completo.

—¡Esa perra! —se puso furiosa, apretando las manos en puños—. ¿Dónde está?

Me reí mientras encendía el carro.

—¿Ves? Eres tan territorial como yo. La única diferencia es que tú eres muchísimo más amable con los chicos que te coquetean de lo que soy yo con las chicas que me coquetean.

Chica Reed alzó una ceja.

—¿Qué le dijiste?

—Que no existía ni una maldita manera en que una perra barata y falsa me pudiera hacer olvidar a la mujer con la que me voy a casar. Luego le dije que sus implantes estaban chuecos. Se fue después de eso.

Me miró por varios momentos antes de soltarse riendo.

—No sé si golpearte o besarte.

—Personalmente estoy a favor del beso, pero si te quieres poner un poco brusca… —Eso me hizo ganarme un golpe junto con una carcajada.

—Vamos, tonto. Tenemos que llegar a nuestra cita. —Luego me dio un sonoro beso.

—Puede que sea un tonto, pero soy tu tonto. —Salí hacia la calle.

—Sí, lo eres. Y si ves a esa chica de nuevo, asegúrate de señalarla. Estaré feliz de hacerle saber eso.

Se veía jodidamente caliente cuando se ponía territorial. Me ponía duro, pero por supuesto no podía hacer ninguna mierda. Maldita sea esa cita con el doctor. Y eso fue un pensamiento de cabrón. La cita era algo bueno. Iba a ver a mi hijo por primera vez.

—¿Por qué esa cara? —preguntó Chica Reed.

—¿Cuál cara? —pregunté, a pesar de que sabía lo que había estado pensando y sabía que a ella no le gustaría.

—Es tu cara de culpabilidad. ¿Qué hiciste? —Se mordió el labio—. ¿Querías acostarte con ella?

Jodido Jesucristo, ¿en serio?

—Te conté lo que le dije. Si quisiera acostarme con ella, dudo que esa hubiera sido mi respuesta, nena.

—¿Entonces por qué te veías tan culpable? —Sonaba como si estuviera a punto de llorar.

Jodidas hormonas. Tenía que recordar que Chica Reed ya no era la Chica Reed de siempre. El bebé la hacía sentir llorona, insegura y esas mierdas.

—Porque me excitó el que quisieras patearle el culo a esa chica y deseé poder follarte ahora en lugar de ir a ver al bebé, lo cual me hizo sentir como un cabrón porque probablemente está mal pensar así.

Estaba preparado para cualquier cosa. Un golpe, lágrimas, tal vez algo de resentimiento. En lugar de eso, se rio como loca.

Finalmente se calmó lo suficiente para hablar.

—¡Oh, Edward! No necesitas sentirte culpable por desearme. Nunca te sientas mal por eso.

—Estás loca, ¿lo sabes, verdad?

Se secó las lágrimas de los ojos, pero al menos eran por reírse, afortunadamente.

—Lo sé. Es que sé que estas sensaciones están mal, pero de todas formas salen. Lo siento. Tienes que saber que no dudo de ti en absoluto.

—Lo sé, nena. —Metí el carro al estacionamiento en la oficina del doctor—. Ahora, vayamos a ver a nuestro niño.

No voy a mentir, la sala de espera era un poco rara. Había dos mujeres muy embarazadas aquí, y temía que una de ellas fuera a sacar al niño antes de ir con el doctor. Se veían muy grandes. No podía imaginar a Chica Reed con un vientre tan grande. ¿No se caería si intentaba pararse?

—Deja de mirar —me siseó, pero, maldición, no es como si pudiera evitarlo. Juro que vi al niño moviéndose ahí adentro.

—Creo que podría salir de su estómago como en Alien —susurré.

—Así no funciona.

Lo sabía. No quería pensar en esa parte. No sabía si sería capaz de soportar ver a mi niño salir de mi área favorita. Puede que nunca más la vuelva a ver de la misma manera, lo que sería una jodida pena. Era una lástima que ahora no fuera como antes, y yo no pudiera sentarme en la sala de espera mientras ella hacía todo el trabajo. Aunque nunca diría esa mierda en voz alta; podrían matarme. Y sí quería estar ahí cuando naciera mi hijo. Sólo no quería ver el proceso. Eso no estaba tan mal, ¿verdad?

Finalmente nos llamaron; por suerte luego de que saliera la señora que podría tener un parto de alíen. En serio no estaba listo para formar parte del proceso de parto de alguien aparte de Chica Reed, eso era seguro.

Chica Reed me hizo pararme a un lado mientras la pesaban, lo cual era jodidamente gracioso. No había ganado tanto peso y ciertamente no estaba gorda, así que no sabía cuál era su problema, pero le seguí la corriente porque quería tener sexo en mi noche de bodas. Era mejor no hacerla enojar antes de la boda.

Eventualmente nos pasaron y Chica Reed se acostó sobre papel crujiente. Se había puesto una blusa de botones y descubrí el por qué cuando llegó el doctor y ella se desabrochó de abajo hacia arriba, manteniendo su pecho tapado. El doctor le puso un poco de gel en el estómago, lo que la hizo contener el aliento.

El doctor era hombre, lo cual, si era honesto, no me agradaba mucho. Me iba a asegurar de que tuviéramos una doctora en Jersey. Todavía necesitaba hablar con Eli sobre eso.

—¿Frío, nena?

—No, es que me hace cosquillas. Y estoy emocionada.

Sostuve su mano mientras el doctor usaba una especie de tubo, poniéndolo en varios lugares sobre su vientre. De repente, la habitación se llenó con un rápido sonido de golpeteo.

—¿Qué es eso? —Seguramente no era el corazón de mi hijo. Era demasiado rápido. Algo estaba mal con él. Esto no era bueno.

—El latido de su bebé. Suena perfecto.

No, no era cierto. Estaba mal. Carajo.

—Es demasiado rápido. No puede estar bien.

—El latido de un bebé es mucho más rápido que el de un adulto promedio en estado de reposo —me informó el Doctor Idiota con altivez.

¿Se suponía que yo debía saber esa mierda?

—¿Pero entonces está bien?

—Sí, perfecto. —Gracias a Dios. Maldición, claro que mi hijo era perfecto. Estaba hecho por Chica Reed y por mí. No se podía conseguir nada mejor que eso.

El doctor le hizo un montón de preguntas a Chica Reed mientras pasaba un tubo diferente sobre su vientre. Hablaron sobre nauseas matutinas, ejercicio, salud, todas las cosas que yo ya había comentado con ella y que venían en el libro. Él se veía complacido con sus respuestas.

Nos enseñó las imágenes que comenzaban a aparecer en el monitor. Santa mierda. Ya se veía casi como un bebé de verdad. Quiero decir, sus facciones no estaban en realidad ahí todavía, pero podía distinguir la cabeza y el cuerpo. El doctor también lo señaló, pero yo ya estaba al tanto con esa mierda. Ya había visto imágenes de ultrasonidos en internet para estar preparado para la mancha que esperaba ver. Pero no, ahí estaba mi hijo. Y era maravilloso.

—Mira, Edward. ¿Lo ves? —Chica Reed tenía los ojos llorosos, por supuesto, pero no podía culparla.

Besé su mejilla.

—Claro que sí. Ese es nuestro bebé. —Era real. Había escuchado su corazón, y ahora podía verlo. Íbamos a tener un bebé. Era jodidamente genial.

—Imprimiremos algunas fotos para que se las lleven, si gustan.

—Demonios sí. —Chica Reed me lanzó una mirada—. Quiero decir, sí, gracias. Eso sería muy amable de su parte.

Se rio y comenzó a limpiar el gel del estómago de mi chica. Le quité el papel y lo hice yo mismo. De ninguna manera iba a tocarla más de lo necesario. Ese era mi trabajo.

—De acuerdo, entonces, ¿tienen alguna pregunta?

Probablemente sí, pero en realidad no podía pensar justo ahora. Mis ojos estaban pegados a la pantalla, mirando las fotos de mi niño. Ya era mucho más grande de lo que había sido cuando Chica Reed lo vio, considerando que ella apenas había logrado distinguirlo.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Chica Reed, sentándose y abrochándose la blusa.

—Ese es nuestro bebé —dije, porque era todo en lo que podía pensar.

Se rio.

—Sí, lo es.

—Es jodidamente genial.

—Sí, definitivamente lo es.

—Y es perfecto. El doctor lo dijo.

Sonrió.

—No dijo que fuera un él, pero sí. Todo está perfecto.

Era un él. Lo sabía. ¿Cuándo se vería su pene? Necesitaba investigar eso.

—Estás sonriendo —me dijo Chica Reed.

¿No debería estarlo?

—Pues sí. Vimos a nuestro hijo hoy. Y mañana tú vas a ser mi esposa. Mi vida es jodidamente buena por ahora.

—Sí, lo es, Campeón. Sí que lo es.