Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 24
No nos quedamos mucho rato en casa de mis padres. Mi madre estaba tan ocupada ladrando ordenes en el teléfono que estaba seguro de que apenas y se había dado cuenta de que estábamos ahí. Bueno, notó a Chica Reed porque necesitaba hacer un escándalo por el vientre de bebé no existente, pero yo bien pude haber sido hígado picado. Era bastante claro que ya habían terminado mis días de ser el hijo favorito. A duras penas me dio un abrazo antes de preguntar dónde estaba mi traje, si tenía los anillos y si es que Jasper ya había organizado sus mierdas. ¿Cómo si tuviera una jodida idea sobre eso?
Afortunadamente estaba demasiado concentrada en flores y comida para maltratarme por mucho tiempo. Antes de que pudiera ponerme a trabajar haciendo Dios sabe qué, salimos de allí y nos dirigimos al Ritz-Carlton Amelia Island, donde iba a llevarse a cabo nuestra boda la tarde siguiente. Me complació ver que teníamos la mejor habitación de todo el lugar. Era jodidamente grande y tenía tres balcones con vista al mar.
—Oh, vaya —Chica Reed suspiró al moverse por la habitación—. Esto es hermoso.
De verdad que lo era. Abrí los balcones y dejé que el sonido del océano entrara a la habitación. Salí y miré la playa. Mañana me iba a casar allí. Era jodidamente asombroso.
—¡Deberías ver la tina! —Chica Reed salió y lanzó sus brazos a mí alrededor desde atrás—. Es de mármol a los lados y lo suficientemente grande para nosotros dos.
Jalé de ella a mí alrededor y la atrapé entre mis brazos.
—Tendremos que aprovechar eso más tarde.
Se recargó en mí y miró hacia el agua.
—Es precioso. No puedo creer que nos vamos a casar aquí.
Me reí entre dientes.
—Justo estaba pensando que era asombroso. Finalmente lo logramos. —Besé su nuca, haciéndola suspirar.
—No ha pasado mucho tiempo desde que nos comprometimos. Tu mamá hizo todo esto en un mes. Es una maravilla.
Sí, lo era.
—Si no fuera porque ya le estamos dando exactamente lo que quiere, tendría que comprarle un maravilloso regalo o algo así.
Chica Reed se giró para verme.
—¿Qué le vas a dar?
Besé su nariz.
—Un nieto. Nada que le demos podrá superar jamás eso, a menos de que le demos más.
Se rio.
—Tienes razón. Y le daremos más, algún día.
¿Más?
—¿Cuántos más quieres? —Habíamos hablado de niños en el sentido abstracto, pero en realidad nunca pusimos un número.
Se encogió de hombros.
—Al menos uno más. Ya sabes que fui hija única. Siempre quise un hermano.
—No siempre son lo que esperas —señalé. Emmett había sido un dolor de culo la mayor parte del tiempo. Pero probablemente no me desharía de él si tuviera la oportunidad de ser hijo único. Nos divertimos mucho creciendo. Y él me enseñó bastantes cosas, incluso si la mayoría estaban mal, especialmente cuando se trataba de chicas. Aun así, me sirvió bastante bien antes de la llegada de Chica Reed.
—Quieres a Emmett.
Bufé por eso.
—Como sea, siempre me imaginé al menos dos, con una opción para un tercero.
Podía lidiar con ello.
—Pero no de inmediato, ¿verdad? —Todavía no asimilaba por completo este bebé. Me estaba acostumbrado a la idea, pero seguía asustándome.
—Tenemos mucho tiempo —me aseguró—. ¡Oh, mierda! Olvidamos enseñarle a tu madre la foto del ultrasonido.
Me reí.
—Nena, estoy guardando esa mierda para cuando comience a alterarse por los arreglos de las mesas o alguna de esas mierdas mañana. Le daremos la foto y la distraeremos.
Se burló.
—Es una buena idea. Sabemos, tenemos unas horas antes de que los otros lleguen.
Eso era cierto. No íbamos a hacer las fiestas típicas de despedidas de solteros – no había razón para ello – así que decidimos sólo cenar la noche antes con nuestro grupo cercano. Mis compañeros iban a llegar mañana, junto con Charlie y el resto de la familia. Los chicos íbamos a ir a jugar golf, de todas las jodidas cosas, y las chicas iban a ir al spa del hotel para acicalarse antes de la boda. Todas las mierdas estaban arregladas, gracias a mi madre. En serio debería comprarle algo increíble.
Chica Reed me miraba con expectación. Mierda. Me perdí en mi cabeza.
—¿Qué te gustaría hacer, nena? —bostezó antes de que siquiera pudiera terminar la oración—. ¿Qué te parece una siesta?
Negó con la cabeza.
—¿Qué te parece si nos ponemos los trajes de baño y vamos a la piscina? Puedo tomar una siesta ahí si la necesito.
¿Por qué no? Deberíamos hacer algo que sea de luna de miel. La mayor parte de la semana la íbamos a pasar con ella en la escuela. Necesitábamos disfrutar el tiempo que teníamos. Puede que sea corto, pero de todas formas iba a hacer que fuera increíble. Eso me recordaba… necesitaba hablar con el gerente de hotel para unas cuantas cosas que necesitaba que hicieran mañana. Mi madre no era la única que podía realizar un poco de magia.
—Vayamos a nadar.
Xoxoxoxox
—¡Este lugar es incluso mejor que las fotos que tu madre mandó! —Alice aplaudió y se giró en el lobby como el jodido demonio de Tasmania—. No puedo esperar para ir al spa.
Por supuesto que no. Me liberé del abrazo aplastante de huesos de Jasper.
—Deberías ver nuestra habitación. ¡Es enorme! Y la tina es increíble —le dijo Chica Reed.
Maldición, sí que lo era. Y cabían dos personas perfectamente. La habíamos usado luego de la piscina. Hasta ahora, esta boda había comenzado de manera maravillosa. Sólo digo.
—¿Puedes creerlo, hermano? Ambos hermanos Cullen están oficinalmente fuera del mercado antes de los veinticinco. En todo el país, no, en todo el mundo, las mujeres están de luto justo ahora. —Mi hermano me golpeó en la espalda, riéndose a carcajadas de su propia gracia.
—Más bien llorando lágrimas de felicidad por no tener que preocuparse por ser folladas y dejadas —dijo Rubia sarcásticamente—. Hola, Edward. Lindos aposentos.
Le sonreí.
—Gracias. Yo no tuve nada que ver en esto.
—Como si no supiera… tu madre debería irse a un retiro durante el siguiente mes tan sólo para compensar este mes que pasó. Ha sido una mujer con una misión desde que anunciaron las noticias del bebé.
Ahora, ahí estaba una idea. Necesitaba hablar con papá.
—¿Listos para atragantarse?
Chica Reed se rio.
—Eso es mañana en la noche, cuando ya no tenga que caber dentro de un vestido de bodas.
Pequeña sacudió la cabeza.
—Bella se ha estado pesando varias veces al día, lo juro. No has ganado ni una libra —le dijo.
Casi abro la boca, pero me detuve en el último segundo. En serio quería casarme mañana.
—Sí, sí he subido. Aunque todas están en mis pechos. —Chica Reed me sonrió—. No puedo creer que no lo hayas comentado.
—No quería que te divorciaras de mí incluso antes de casarnos.
Eso hizo reír a todos.
—Entonces no se quedaría con ni un centavo. Bella es demasiado inteligente para eso.
Chica Reed asintió por el comentario de Rubia.
Le pique el costado.
—Por favor, todos sabemos que se casa conmigo por mi cuerpo. ¿Y quién puede culparla? Mírenme.
—¿Vas a dejar que se salga con la suya? —le exigió Rubia a Chica Reed.
Se rio.
—No lo dejaría, si una de las meseras no hubiera caminado literalmente hacia la piscina porque lo estaba viendo mientras se quitaba la camisa.
Esa mierda había sido invaluable.
—¿Quién puede culparla? —El comentario hubiera sido genial si no hubiera venido de Jasper.
Comencé a decir sabrá Dios qué cuando él continuó:
—Esperen hasta que nos vea a los tres. Quizá tengan que cerrar la piscina.
Gracias a Dios. No estaba secretamente enamorado de mí. Tal vez. Al carajo. ¿A quién le importaba? Me iba a casar con Chica Reed mañana. Eso era todo lo que importaba.
—Entremos. Nuestra reservación es a las seis y media. —Y yo había querido tiempo a solas con Chica Reed. Nuestro momento de chicos podía esperar hasta mañana. Nos dirigimos al restaurante más elegante del resort, un lugar llamado Salt, algo que me hizo preocuparme un poco—. Tú no debes consumir mucha sal. No es bueno para ti —le murmuré a Chica Reed mientras la ayudaba a sentarse. Teníamos una mesa justo junto a la ventana, lo cual nos dejaba mirar hacia el agua. El sol apenas se estaba metiendo, y se veía jodidamente asombroso.
—No lo haré —me dijo sonriendo mientras veía a su alrededor—. ¿Puedes creerlo? A esta hora mañana nos vamos a estar casando.
Habíamos elegido tener una boda en el atardecer. Sería un poco más frío en cuanto a temperatura, y la luz en el cielo iba a ser increíble.
—No puedo esperar, nena.
—Va a ser hermoso. Mira ese cielo. —Pequeña estaba sonriendo—. Tal vez deberíamos tener una boda al atardecer, Jaspy.
—Lo que desees, Esposa. El lugar palidecerá en comparación con tu belleza.
¿Qué carajos? Pero Pequeña plantó un enorme beso en él luego de que soltó sus mierdas románticas. Por supuesto que ella se creía esa mierda.
—Todo esto se ve tan bueno. Tal vez pediré el pescado.
Hice una mueca cuando Chica Reed dijo eso.
—El libro dice…
—Sí, sí. Que limite mi consumo. Y creo que desde que descubrí que estaba embarazada sólo he comido atún una vez. De todas formas, el pollo suena mejor.
Ahora me sentía como un cabrón.
—Yo pediré el pescado y podemos compartirlo, ¿bien? —Quería filete, pero podía sacrificarme por mi Chica Reed.
Eso la hizo sonreír. Noté que ninguno de nuestros amigos ordenó algo alcohólico en solidaridad con mi chica. Era jodidamente genial. Aunque tal vez se estaban esperando para mañana. Después de todo, íbamos a tener barra libre.
Luego de que el mesero se fue, Chica Reed le lanzó una mirada a Jasper.
—Me gustaría agradecerte por comprarle todos esos libros a Edward. En serio me encanta recibir mensajes al azar preguntándome si estoy comiendo suficiente fibra y si voy al baño con regularidad, ya que las mujeres embarazadas se estriñen con facilidad.
Mi hermano se ahogó con un pedazo de pan.
—¡Santa mierda! ¿Es en serio?
Bien, tal vez ese mensaje había sido demasiado, pero más que nada había estado bromeando. En mayor parte.
—El libro dice…
—¡Eso, justo eso! Dice "el libro dice" como veinte veces por día. Si no fueras a casarte con una de mis mejores amigas, me vería obligada a matarte —le dijo a Jasper.
—¡Sólo intentaba ayudar! A Edward le gusta estar preparado. ¡Sabes que sí le gusta! Es por eso que estudia las cintas incluso más que los entrenadores. Creo que esta temporada ha estudiado mi cinta de juego más que yo.
—Lo cual explica por qué perdiste dos juegos —le dije, sacudiendo la cabeza.
Jasper se encogió de hombros.
—Es lo que es. Los playoffs ya están fuera de la mesa, pero todavía podemos ganar el ACC.
—Y derrotar a Florida. Más te vale derrotar a Florida. —No aceptaría nada menos.
—Por supuesto. La temporada será un éxito si lo hacemos.
Tal vez para él. Era algo bueno que no quisiera jugar en la NFL. No tenía la mentalidad adecuada para ello. Tenía las habilidades, pero no el deseo.
—Voy a poner en forma a esos idiotas —anunció mi hermano—. Y deberías ver el mariscal semental que estamos reclutando ahora. Es tan bueno como tú.
Al carajo con eso. Nadie lo era.
—Llámame cuando gane dos campeonatos y dos Heismans.
Chica Reed se rio.
—Vamos, Campeón. ¿No quieres que ganemos sin ti?
—Por supuesto que sí. Y podemos. Pero es ridículo sugerir que algún preparatoriano puede ser mejor de lo que yo fui.
—Podría. Si gana tres campeonatos. —Mi hermano me sonrió.
—Yo hubiera ganado tres si me hubiera quedado. Y las probabilidades son que, si él es tan bueno, igual se irá después de dos años.
—No te preocupes, Edward. No es tan bueno como tú. —Jasper sacudió la cabeza empáticamente—. He visto su cinta. Tú eres muchísimo mejor.
—Por supuesto que no —Chica Reed estuvo de acuerdo, poniendo su mano en mi rodilla—. No le digo Campeón sólo porque sí.
Mi hermano comenzó a abrir su tonta boca, pero Rubia le dio un codazo.
—¿Qué les parece si hablamos de algo más? ¿Fueron al doctor hoy?
Joder, sí. Era hora de cambiar el tema. Saqué la foto que ahora cargaba en mi cartera y la pasé por la mesa. Todos hicieron "oh" y "ah".
—¡Mira el tamaño de esa cabeza! Definitivamente es tu hijo. —Emmett soltó una carcajada.
—La foto está agrandada, tonto. Por ahora él es del tamaño de una ciruela.
—¿Una ciruela? ¿Por qué lo comparan con comida?
Era escalofriante el hecho de que mi hermano preguntara la misma mierda que yo.
—El libro usa comparaciones con comida. No tengo idea de por qué. Es bastante jodido.
—Lo mismo digo.
Les conté a todos sobre escuchar el corazón y lo jodidamente genial que fue, incluso si el imbécil del doctor me hizo sentir como idiota por preocuparme por la velocidad.
Nuestra comida llegó, y Chica Reed se aclaró la garganta.
—Yo… nosotros, sólo queríamos agradecerles por todo lo que han hecho por nosotros este último mes; y durante los últimos años, en realidad. Definitivamente no estaríamos aquí sin ustedes. Estamos felices de poder pasar la noche previa a nuestra boda con ustedes, nuestros mejores amigos, nuestra familia. Gracias por estar aquí para nosotros.
Maldición, mi chica dio en el clavo. Besé su mejilla.
—Secundo eso. Ustedes han estado ahí para Bella cuando yo no he podido, y no puedo agradecerles lo suficiente por eso. Tenerlos a todos ustedes cerca me ha mantenido cuerdo. —Cuando Bella se rio, sonreí—. Más o menos, de todas formas. Gracias a todos.
Pequeña sollozó.
—Los queremos. Haríamos cualquier cosa por ustedes.
Chica Reed me alzó una ceja. Maldición.
—También los queremos.
Rubia sonrió, mi hermano se burló, Pequeña sollozó y Jasper se iluminó con mis palabras. Jodido infierno. Pero era verdad. Si quería a los cabrones, incluso si la mayor parte del tiempo me volvían loco. Confiaba en ellos con Chica Reed, lo cual era lo mismo que confiarles mi vida. No podía mejorar más que eso.
Chica Reed alzó su copa de vino que estaba llena de agua.
—Por la amistad. Sin importar que tan lejos nos lleven nuestras vidas, siempre estaremos ahí el uno para el otro.
—Lo estaremos —dijeron todos los demás.
Bien, suficiente de mierdas cursis.
—Comamos. Necesitamos nuestra energía para mañana. —Primero para pasar por el usual drama de bodas, y luego para lo bueno, casarme con Bella y comenzar nuestra luna de miel. Joder, no podía esperar.
Xoxoxoxoxox
El día comenzó demasiado temprano, considerando que no nos íbamos a casar hasta el atardecer. Al parecer a las mujeres les tomaba todo el jodido día prepararse para una boda. Pensé en protestar, pero Pequeña no había querido escuchar ni una sola palabra. Y Rubia amenazó con echarme encima a mi madre, así que me callé. Al menos tuvieron la decencia de pedir comida antes de irse.
Desafortunadamente, el que las chicas estuvieran despiertas desde temprano significaba que los idiotas también lo estaban. Apenas había tomado mi primer bocado de huevo cuando se escuchó un golpe en mi puerta. Podía escuchar la ruidosa voz de mi hermano incluso antes de abrirla.
—No, no la debes cargar de caballito cuando cruces el umbral. Él tiene que cargarla así.
Sí, mi hermano cargó a Jasper entre sus brazos y me sonrió.
—¿Están listos tus debiluchos músculos para hacer esto? —Pasó junto a mí, todavía cargando a Jasper, que me dedicó un pequeño saludo.
—Creo que me las arreglaré. ¿Las chicas saben lo de ustedes?
—Ja, ja. Jasper dijo que iba a cargar a Alice de caballito cuando les llegara la hora. —Emmett tiró a Jasper en el sofá.
Él rebotó y golpeó el piso, luego frunció el ceño.
—¡Eso dolió! Él no va a soltar a Bella de esa forma.
—No, pero yo no voy a cogerte.
Cabrón.
—No me la voy a coger, por Dios. Es mi esposa de la que estás hablando, imbécil.
Emmett sonrió.
—Oh, ¡lo siento! Hacer el amoooooooor.
—Jódete. —Chica Reed y yo teníamos que discutir de nuevo este asunto de los hermanos para nuestro hijo. Emmett era un dolor de culo.
—No ensucies lo que ellos tienen. Es algo hermoso —lo regañó Jasper.
No tenía respuesta a eso.
—¿Qué están haciendo aquí, cabrones? Tenemos tiempo antes… carajo. —¿Ya eran casi las diez? ¿Cuándo carajo pasó eso?
—¡Ya es hora, hermano! Papá está abajo. Sabes, odio patearte el culo el día de tu boda, pero no se puede evitar. Voy a limpiar el campo contigo.
¿Cómo si me importara un carajo?
—Golf, el deporte de los hombres gordos de mediana edad en todo el mundo. Ahora sé porque eres bueno en ello.
Me agaché cuando me lanzó una almohada a la cabeza.
—¡Oye! ¡No te metas con mi cara! Mamá te pateará el culo si jodes las fotos.
Emmett palideció visiblemente.
—Carajo. No te pegué, ¿verdad?
—¿Cómo si tu lento culo pudiera golpearme? Por favor.
Me fulminó con la mirada.
—Tienes suerte de casarte hoy, o te habría pateado el culo.
—Sigue soñando.
Me puse unos shorts y una camiseta. También me puse un gorro y agarré el bloqueador solar. Mamá tendría un ataque si salía rojo en las fotos.
—Vayamos a hacer esto.
Xoxoxoxoxox
En algún punto cerca del cuarto hoyo, me entró la necesidad de hablar con mi padre. Lancé mi bola a propósito cerca de los árboles donde él estaba. Emmett y Jasper estaban en el pasto, así que les dijimos que siguieran.
—¿Hay una razón por la cual hayas enviado deliberadamente tu bola hacia acá? —preguntó al preparar su tiro.
—¿Cómo sabes que hice eso?
Se rio.
—Pues, veamos. Te he estado viendo jugar deportes desde que tenías cuatro años. Sé de lo que eres capaz. ¿Qué tienes en la mente?
—No sé. Me voy a casar hoy. ¿No deberíamos hablar?
—¿Hablar sobre qué? No te estás arrepintiendo, ¿verdad?
¿Qué carajos?
—¿Papá? ¿En serio? —Qué gran padre. Joe Montana sí le daría un consejo paternal a su hijo justo ahora.
Se rio entre dientes y lanzó su tiro. Directo al búnker. ¡Ja! El cabrón se lo merecía.
—Pues iba a darte mi sabio consejo justo antes de la boda, pero si quieres que lo haga aquí y ahora, supongo que podemos hacerlo.
—¿Ibas a hablar conmigo? —No podía saber por qué eso me hacía sentir mejor.
—Por supuesto. No todos los días mi hijo se casa. Y el otro no me dio la oportunidad de aconsejarlo. —Sonrió—. Mucho mejor. Entonces no me puede culpar cuando joda las cosas. Y lo hará. Estoy bastante seguro de que tu mamá lo dejó caer de cabeza una o dos veces cuando era bebé.
Tuve que reírme por eso.
—Explicaría muchas cosas.
—Sí. —Esperó a que lanzara mi tiro, lo cual claro que cayó a cinco pies de la bandera—. Necesito salir más de la oficina —murmuró.
Jasper y Emmett estaban esperando en el pasto, pero papá les hizo una seña para que se fueran.
—Sigan. Los alcanzaremos en un rato.
»He querido hablar contigo un par de veces desde que salieron las noticias del bebé, pero pensé que quizá necesitarías un poco más de tiempo.
Bufé.
—Más bien mucho tiempo. Sigo intentando hacerme a la idea, pero creo que ya estoy un poco mejor.
Tragué con mi repentina garganta seca antes de hacer la pregunta que había estado considerando durante todo el mes pasado.
—¿Crees que voy a ser bueno?
Papá había estado a punto de bajar al búnker, pero se detuvo.
—¿Bueno en qué? ¿Ser papá?
—No, ¡en ser mariscal de campo! Por supuesto que en ser papá. Dios.
Sacudió la cabeza. Carajo. Lo sabía. Iba a apestar en ello. Incluso mi propio padre lo pensaba.
—Sí, vas a ser un buen papá.
Solté el aliento. Gracias a Dios.
—Después de todo, aprendiste del mejor. ¿Cómo podrías equivocarte?
—Idiota —murmuré, haciéndolo reír.
—¿No crees que soy buen padre? —me alzó una ceja, obviamente esperando que estuviera de acuerdo con él.
—La mayor parte del tiempo. Cuando no te estás burlando de mí por no saber que estoy enamorado o pensar que voy a ser un padre de mierda.
Sonrió.
—Supongo que es justo. ¿Y aparte de eso? ¿Qué tipo de padre crees que fui?
Me encogí de hombros.
—Uno bueno, supongo. Quiero decir, siempre fuiste a mis juegos y esas cosas. Y me escuchabas cuando necesitaba hablar. Me gritabas cuando lo jodía.
Asintió.
—Y lo hiciste muchas veces.
Lo fulminé con la mirada.
—Los mejores padres, el tipo de padre que yo intenté ser, son los que hacen tiempo para sus niños. Los escuchan, los ayudan cuando pueden, y se apartan y los dejan joder todo de vez en cuando, siempre listos para recoger las piezas de ser necesario. —Alzó un dedo y lanzó su tiro, finalmente entrando en el pasto—. ¿Me preocupo por ti? Por supuesto. Es mi trabajo. Pero no es porque piense que vas a fallar. —Me palmeó el hombro—. Toda tu vida has sido asombrosamente bueno con cualquier cosa que te propones. Tengo toda la fe en que, si quieres ser un buen padre, eso es exactamente lo que serás. Y tienes todo lo que necesitas para ayudarte a serlo.
Él creía en mí. Eso era jodidamente maravilloso.
—¿Te refieres a ti?
—Sí, a tu madre y a mí. Eso va sin decirlo. Pero estoy hablando de Bella. Me he preocupado por muchas cosas cuando se trataba de ti y de mujeres, hasta que ella llegó. Ella te cambió para mejorar. Y no te dejará fallar, al menos no por mucho. Te recogerá cuando caigas, y tú harás lo mismo por ella. Tener a una mujer, a la mujer indicada, a tu lado, ayuda mucho en el camino para llevar bien la paternidad.
Caminamos hacia nuestras pelotas. Naturalmente, él seguía siendo el que estaba más lejos del hoyo.
—Siempre me hice el propósito de estar en todas tus actividades importantes. Tus juegos, tus conferencias de padres y maestros, esos tontos recitales que les hacen hacer cuando son pequeños. Esas, Edward… esas son las cosas que son importantes. Estar ahí. Tu vida es muy caótica, y Dios sabe que no tienes horas normales. Puede que te pierdas algunas de esas cosas importantes. Pero si haces el esfuerzo de estar ahí cuando puedas y hacerle saber a tu hijo o hija por qué tuviste que perderte esas cosas a las que tuviste que faltar, estarás bien. Si no puedes ir a un concierto, entonces les pides que te den tu propio show privado. Hazte el tiempo. Eso es lo más importante.
Falló el hoyo por dos pies.
—Ciertamente no me pasé mi tiempo libre afinando mi juego de golf.
Me reí.
—Es cierto.
Me tiró dedo.
—Eso no es muy paternal.
—No eres demasiado grande para que te pegue, niño.
Bufé por eso.
—En toda tu vida, jamás me has alzado la mano.
—Claramente es un error que necesita ser corregido. —Me quitó la gorra y me despeinó el cabello. Cabrón. Oh, bueno, de todas formas, necesitaba una ducha—. ¿Estás listo para ir a encontrar a tu hermano y Jasper? Lo más probable es que estén causando revuelo en alguna parte sin nosotros.
—Tal vez Emmett encontró un carrito de golf.
Suspiró.
—Ese chico. Por qué pensó que lo dejaría andar por aquí en un carrito de golf, arruinando el juego de todos, es algo que no entiendo.
Metí en el hoyo mi pelota sin ningún problema, haciéndolo sacudir la cabeza.
—Bueno en todo —murmuró, haciendo una mueca.
Tenía que concederle algo.
—Por supuesto. Tengo tus genes. Entonces, ¿no hay consejos para el matrimonio?
—Mierda, hijo, has estado casado con esa chica desde tu primera cita. En este punto sólo estás cumpliendo una formalidad.
Tenía razón en eso. No estaba ni remotamente nervioso por casarme con Bella. Lo quería, más de lo que había querido cualquier cosa antes.
—Ella me posee.
Se rio.
—Sí que lo hace. Y tú igual la posees a ella. No tengo dudas sobre ustedes dos. Pero te daré un pequeño consejo.
—¿Sí? ¿Qué?
—Ella siempre tiene la razón. Incluso cuando está equivocada. Especialmente cuando está embarazada. No importa si se contradice dos minutos después, sigue teniendo la razón. Síguele la corriente. Serás un hombre más feliz por eso.
Eso era una locura. Y, ya que las hormonas del embarazo eran justo eso, probablemente tenía razón.
Finalmente, papá metió la pelota en el hoyo. Comenzamos a dirigirnos hacia el siguiente hoyo, pero lo detuve.
—Gracias, papá. Siempre has estado ahí para mí, y probablemente yo no lo aprecié en el momento. Pero sí importa. Incluso cuando me dabas mierdas y yo deseaba ser adoptado y que Joe Montana fuera mi verdadero padre.
Soltó una ruidosa carcajada.
—Siempre con ese aire para lo dramático. Al menos tu supuesto padre era uno de mis jugadores favoritos. Me preguntó quién deseará tu hijo que sea su verdadero padre. ¿Peyton? ¿Tom?
Al carajo con eso.
—Yo voy a ser un excelente padre. Él no deseará a nadie más, jamás.
Sonrió.
—Sí, lo serás. Y ya veremos. Probablemente es un jugador que todavía no está en la liga.
—Idiota. Sólo por eso, voy a vencerte por diez tiros.
—Retaría eso, pero probablemente lo harás. Claramente voy a tener que trabajar en mi técnica antes de jugar de nuevo.
Con todo y todo, él era un papá jodidamente genial. Debería decírselo.
—Me alegra que estuvieras en mis juegos en lugar de estar convirtiéndote en un maravilloso jugador de golf.
Sonrió.
—A mí también, hijo. A mí también.
