Archer estaba sentando sobre su sillón, poniendo toda su atención en el caldero que tenía en frente. Mirando todo lo que pasaba a kilómetros de ahí. Planeando cada movimiento, anticipando lo que aria no solo el consejo mágico, sino también Úrsula, una mujer con la que sabia que había que tener cuidado. Ella no era como los demás miembros. Era vengativa, malvada y contaba con el poder y dinero suficientes para poder desaparecer a quien le estorbara.

Ella había mostrado gran inteligencia al ser uno de los autores intelectuales de la muerte de varios cazadores de su Aquelarre. Sin embargo, sabia que aun ella tenia debilidades, como su orgullo y temperamento que en ocasiones le habían llevado a tomar decisiones precipitadas. Pero el más importante de ellos, era su familia, principalmente sus hijas.

Era como un juego de ajedrez, todo basado en la estrategia. Uno donde ambos sabían como jugarlo y donde sus peones llevaban la delantera y si actuaba diligentemente, se llevaría a Ethel a un lugar donde ni su madre podría alcanzarla. A la Academia Worm wood, la escuela para brujas malvadas, un lugar donde él tenía el poder suficiente para impartir justicia.

Asimismo, como lo había hecho su padre con Agatha, haría lo mismo con Ethel. Solo tenía que tener paciencia y esperar el momento adecuado para actuar. Veía como los muertos de aquella ciudad maldita avanzaban lentamente hacia sus hombres. Archer tomo el alfil blanco, moviéndolo en línea recta diagonal, hasta encontrarse con su peón negro, hasta derribarlo.

Interesante— dijo mientras sonreía, viendo como el peón caía del tablero hasta el suelo, rodando hasta detenerse.

. . .

¡No!— grito Casandra en voz alta, tratando de traer a Ethel de vuelta— ¡Vamos Ethel!

La magia de Ethel se había vuelto caótica en el ultimo momento. Casandra podía sentir como la vida de Albert estaba llegando a su fin, necesitaba traerla de regreso rápido sino… su alma quedaría a la deriva, vagando entre los diferentes momentos del tiempo. Reviviendo cada uno, una y otra vez.

Pero ella no dejaba de resistirse, estaba demasiada ligada a los sentimientos de su Ancestro. Podía sentir un calor abrasador sobre su pecho, que no le facilitaba las cosas. Desvió su mirada a través de aquel muro destruido, observando como su clon estaba tratando de mantener a raya a los brujos del consejo. Pero a este paso, pasarían sus líneas antes de que pudieran traerlas de regreso y poder huir de ahí a salvo.

¡Maldición! — dijo Casandra sintiendo como el sudor se resbalaba sobre su rostro— me estoy… quedando sin energía, fui imprudente al creer que lo haría yo sola— mirando de nuevo a su clon, absorbiendo su esencia vital.

Cuando el clon de Casandra desapareció, el de Gullet tomo su lugar, y ella pudo concentrar su fuerza restante en jalar a Ethel del otro mundo.

¡Vamos Ethel! — gritando con todas sus fuerzas

El alma de Ethel fue recobrando lentamente su conciencia, después de que su alma se desprendiera del cuerpo de Albert violentamente. Pudo sentir como un escalofrió recorría su cuerpo, provocando que abriera sus ojos de golpe. Viendo, viajando a cada momento en que una bruja Hallow se había enfrentado a él.

Era como una pesadilla, una que estaba obligada a revivir junto a ellas, con las herederas, que habían hecho hasta lo imposible para detenerlo: de intentar encerrarlo en cristales mágicos, hasta utilizar encantamientos antiguos. Pero nada lo detenía, Ethel veía con desesperación como cada 100 años ante la luz de la luna sangrienta volvía a nacer una nueva portadora. No importaba si la primogénita de la familia no tenia hijas, el buscaba la manera de nacer en otra rama familiar.

¡Bastaa! — gritaba Ethel — ya no quiero ver esto, no soporto sentir tanto dolor— tapándose con sus manos los ojos, para no seguir observando.

¡No apartes la mirada! — gritaba una voz — mira

¿Quién es?

Arianna Hallow… la primera portadora — decía una voz que salía de entre la oscuridad— no hay mucho tiempo ¡escúchame! la línea entre tu mundo y el mío, es apenas delgada

Ethel se quito las manos de los ojos, para ver con mas claridad lo que ella quería que viera. Y ante ella estaban varias chicas, una suplantando a la otra, escribiendo sobre un escritorio sus planes, lo que planeaban hacer para destruir a Albert de una vez por todas. Para quitar el dolor y la perdida que azotaban a su familia.

Eso es lo que creo— dijo Ethel

Si, cuando entre a la Academia, sabia que el alma de Albert me había seguido hasta ahí, también conocía el pasado de la directora con nuestra familia—alzando más la voz, fúrica— ¡ella, la responsable de nuestra maldición! ¡Ella quien tomo la identidad de mi Abuela y asesino a varias personas de nuestro Aquelarre!

¿¡Que!? — dijo Ethel sorprendida— Isabella Cackle fue…

¡Escucha! A los pocos días comencé un diario, uno donde explicaba los detalles de mi plan para derrotar a Albert. Si funcionaba lo destruiría, pero si no… pasaría a manos de la siguiente heredera, para que ella no cometiera el mismo error que yo cometí, para que pudiera tener una oportunidad de sobrevivir.

Ethel veía como una niña de cabellos rubios le entregaba un pergamino a una mujer adulta.

¿Quién es ella?

Adeline Cackle …la única persona en quien pude confiar en ese castillo, era la nieta de Isabella, le dije que entregara ese pergamino a alguien que se encargara de transmitirlo, en caso que yo muriera.

Tu plan era encerrar a Albert en la Academia ¿verdad? ¿Ella estaba de acuerdo con eso?

Si, ella conocía cada parte de mi plan. Solo quería que su abuela se hiciera responsable de lo que ella había causado. Me dijo que se encargaría de pasar el mensaje y que cada Cackle a partir de ella, se responsabilizaría de vigilarlo.

Un viento soplo fuertemente, provocando que la voz se escuchara cada vez menos.

Encuéntralo Ethel, no permitas que la historia se repita una vez mas

¡Arianna! ¿Dónde lo encuentro? ¡Arianna!

Busca el signo de una hoja, encuentra al Aquelarre escondido

Ethel vio como aquel lazo de color dorado que la unía con Casandra, se volvía más grueso, jalándola nuevamente a su plano. Dejando atrás, ese mundo delirante.