Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 27
Por supuesto, fuimos parados demasiadas jodidas veces antes de poder escapar. Debí haber sabido que era mejor no hacer el anuncio de nuestro bebé en la boda, pero en su momento había parecido una buena idea. Además, la sonrisa en la cara de Chica Reed cuando saqué el tema había cementado la idea para mí. Decir que ella estaba emocionada sería una obviedad de proporciones épicas.
—Sólo hay que escaparnos.
Chica Reed se rio cuando intenté jalarla alrededor de otro grupo deseándonos lo mejor. Jodido Jesucristo, ¿qué no habíamos pasado ya suficiente tiempo con esta gente? ¿No sabían que estaba desesperado por llevarme a mi esposa a nuestra habitación y bautizar nuestra boda de la manera tradicional? El que ella estuviera embarazada no significaba que no quisiéramos hacerlo. Cabrones.
—No puedo correr en estos zapatos.
Bueno, si ese era el problema, podría encargarme de esa mierda pronto. La agarré, listo para lanzarla sobre mi hombro y correr a través de la multitud. Había jugado un poco de ofensiva cuando estaba en Fútbol Infantil. Podía canalizar esa mierda por completo ahora.
—¿Qué estás haciendo? —me apartó las manos, se veía endemoniadamente preciosa mientras se reía de mi culo desesperado.
—Voy a cargarte y a correr, obviamente.
—¿Así de ansiosos estamos?
Le lancé una mirada que decía: ¿Me estás jodiendo?, lo cual sólo la hizo reír con más fuerza.
—No puedes culpar a la gente por querer hablar sobre el bebé. Eras tú el que quería anunciárselo a todos.
Porque erróneamente había pensado que era una buena manera de decirlo para no tener que seguir diciéndoles a todos uno por uno. Tal vez sólo debí haber puesto un anuncio en el periódico. Así los cabrones podrían haberlo leído y nos habrían dejado en paz.
—Bueno, ¿por qué tienen que hacer nueve mil preguntas? Todavía no sabemos qué vamos a tener; bueno, oficialmente no, yo ya sé que va a ser niño. —Sonreí cuando rodó los ojos—. Todavía no elegimos nombres, ni la decoración del cuarto, o lo que sea. Todavía no se te nota, así que deberían saber que esa mierda todavía no está decidida.
La gente era jodidamente molesta. Especialmente cuando no me permitían consumar mi matrimonio.
—Están emocionados por nosotros, Edward. —Sacudió la cabeza—. Y ya casi llegamos a la puerta. Sólo unas cuantas personas más.
Carajo, no debió haber dicho eso, porque mi hermano apareció en nuestro camino inmediatamente luego de que ella cerró la boca.
—¿A dónde van? ¡La fiesta no ha terminado! Tienen que venir y ver a la Abuela Monstruo. Es jodidamente gracioso. Jasper la drogó de nuevo.
Aunque admitía que tenía curiosidad por ver cómo era la Abuela Monstruo drogada, tenía más curiosidad por ver qué llevaba mi esposa debajo de su sexy vestido.
—Tienes cinco minutos —le dijo Chica Reed antes de que yo pudiera decirle que se jodiera.
La miré con incredulidad.
—¿Qué? Puede que sea amable conmigo durante un minuto. Podría ser su regalo de bodas para nosotros.
Más le valía a la vieja bruja habernos comprado algo más que eso. Después de todo, estaba forrada en dinero.
—Bien. Pero no más de cinco minutos.
Seguimos a mi hermano hacia la mesa que estaba en la esquina de atrás, donde Jasper, Pequeña, Rubia y varios de mis compañeros se habían reunido.
La Abuela Monstruo precedía la corte a la cabeza de la mesa, lo cual no era nada inusual, pero la sonrisa en su cara sí que lo era. Había varios platos de pastel vacíos frente a ella.
—Ni siquiera siento nada. No hay alcohol en esto. Tengo hambre.
Su voz sonaba cansada y arrastraba las palabras.
—¡Mira, Abue! ¡Traje a Edward! —gritó mi hermano, haciendo saltar a todos menos a la Abuela.
—¡Eddie!
¿Eddie? Carajo, nadie me llamaba Eddie, ciertamente no ella.
—Eddie es mi nieto más joven, ¿lo sabían? ¿Sabían que él está reteniendo el nombre de la familia?
¿Reteniendo? ¿De qué jodidos estaba hablando?
—Quieres decir, sosteniendo —corrigió Jasper. Por supuesto que él entendía lo que ella decía. De un antiguo drogadicto a uno actual.
—Claro. Eso es lo que dije. Se casó hoy. Había colores bonitos. ¿A dónde se fueron? —estiro la mano como si estuviera buscando los colores que había visto en el cielo. ¿Con qué carajos le habían mezclado la mariguana?
—Amigo, tu abuela es increíble. —Brady me palmeó la espalda.
—No dirías eso los otros trecientos sesenta y cuatro días del año, créeme.
—Tengo hambre.
Jasper sonrió.
—¿Qué te gustaría comer? Iré a traerte algo.
—Quiero los colores. Sabes, el anaranjado.
¿Quería comerse los colores del cielo? ¿Qué carajos?
—Jasper, ¿qué le diste?
Se encogió de hombros.
—Es una mezcla especial. Está bien. Sólo quiere un bocadillo. Es normal.
No había nada normal en la Abuela Monstruo estando drogada. Era endemoniadamente irreal.
—Quiere comerse los colores. ¿Cómo es que eso es normal?
—Nah, quiere algo anaranjado. ¿Verdad, abuelita?
¿Abuelita? Claramente estaba drogada, porque a la Abuela Monstruo le daría un aneurisma si alguien le decía así en un día normal.
—Te traeré una naranja, abuelita. —La sonrisa de Emmett era jodidamente grande. Estaba amando esta mierda. Demonios, estaba grabando esta mierda con su teléfono. Por supuesto que sí. Aunque no me iba a quejar. Tal vez podríamos usarlo en su contra si algún día nos hacía enojar.
—No, niño. No es eso lo que dije.
—Quiere comer algo anaranjado, pero no una naranja. ¿Zanahorias? —sugirió Jasper.
—No, Jaspy. —Santa mierda, mi abuela le había dicho Jaspy.
—Ya lo he visto todo —le murmuré a Chica Reed, que la veía con ojos como platos.
—Lo sé. Esto puede ser el mejor regalo que nos puedan dar.
A mi chica también le encantaba.
—Quiero ensuciarme. —Alzó sus manos e hizo el símbolo de dinero que a Johnny Football le gustaba usar. ¿Qué carajos?
—Dios mío, ¡no sabía que eras así! ¿De qué tipo de ensuciarte estamos hablando? Puedo ir a buscar al abuelo para ti si quieres.
Mi hermano estaba muy mal. Todos lo miramos, pero la Abuela Monstruo sólo se rio.
—¡No! Para el hambre. Eso es para más tarde.
Santa mierda. Mis oídos nunca volverían a ser los mismos.
—Ahora ya no voy a poder pararlo.
Chica Reed se rio.
—Oh sí, sí podrás. —Logró darle un rápido agarre ya que nadie nos estaba viendo—. Tengo toda la fe en que te alzarás para la ocasión, Campeón.
Bien, sí lo haría. Ya me estaba poniendo duro a pesar de lo que mi abuela acababa de decir. Chica Reed tenía manos mágicas.
—Entonces, ¿lo que quieres es anaranjado y te ensuciará los dedos? —preguntó Jasper, como si pudiera hallarles sentido a sus balbuceos.
—¡Sí! Tú sabes lo que necesito, Jaspy. Anaranjado y mariguana. —Comenzó a reírse con alegría.
—¡Carajo, la pusiste a hacer tus raros poemas! —lo señalé. De alguna manera, la Abuela Monstruo era como su alma gemela drogada. Era una locura.
Jasper sólo se encogió de hombros.
—Le gustan mis rimas. —Se giró de nuevo hacia la abuela—. ¿Cheetos?
Asintió empáticamente.
—¡Sí! Eso es lo que quiero.
No podía creer que mi abuela supiera qué era un Cheeto, mucho menos que quisiera comerlos.
—Me encargaré de eso. —Jasper se fue para encontrarle las frituras. Supongo que él podía entender sus antojos. Todavía recordaba el incidente con los Snickers cuando Chica Reed y yo empezamos a salir.
—Entonces, abuelita, ¿escuchaste las noticias? Eddie va a tener un bebé.
Jodido Emmett.
—¿Sí? Los bebés son bonitos. Pero ruidosos. Su bebé será bueno porque es un Cullen. Tiene un legado que mantener.
—¿Entonces no estás escandalizada porque embarazó a Bella fuera del matrimonio? ¿No crees que ella intentó atraparlo?
—Emmett, ¡eres un imbécil! Deja esa mierda.
Odiaría tener que patearle el culo a mi hermano la noche de mi boda, pero lo haría. Haría que mis compañeros me ayudaran. Juzgando por la mirada en la cara de Sammy, él ya lo estaba considerando.
—¿Qué? Sólo intento ver si la Abuela Monstruo real está ahí escondida. Sabes que tendría algunas mierdas que decir si no estuviera sintiendo nada de dolor en este momento.
—Está bien, Edward. En realidad, estaba intentando encontrar una manera de averiguarlo yo misma.
Por supuesto que Chica Reed quería escuchar su respuesta. En realidad, no podía culparla.
—Escándalo. ¿Quieres saber un secreto?
—Demonios, ¡sí quiero! —Mi hermano estaba tan emocionado que estaba casi encima de su cara.
La Abuela Monstruo miró a su alrededor antes de inclinarse hacia enfrente.
—¡Yo también estaba embarazada cuando me casé! —Carajo, gritó esa mierda y varias personas miraron hacia acá.
—¡De ninguna manera! Nana, ¿estabas embarazada? —Emmett no pudo haber estado más contento con esta revelación—. ¿Le tendiste una trampa al abuelo?
—Por supuesto que no. ¡Él me amaba! Igual que Eddie la ama a ella. —Señaló a Bella—. Crees que no puedo verlo. Lo veo todo. Lo sé todo.
Esa era una idea jodidamente aterradora.
—¿Entonces por qué eres tan perra con ella si sabes que la amo?
—Es por el nombre. Lo sabes.
No, no lo sabía.
—Líneas sanguíneas. Compromiso. Destino. ¿A quién le importa? Sólo quiero lo mejor para mis bebés. Bebé. Un bebé está en camino. Será hermoso. Estoy muy feliz por ti. Feliz y con hambre. ¿Dónde están mis dedos de queso?
Al carajo con esto. Ya había terminado con esta gente.
—Nena, ¿podemos irnos de aquí?
Chica Reed se rio.
—Sí. Ellos pueden encargarse de ella. Está feliz por el bebé, al menos por ahora. Eso era todo lo que quería saber.
Jasper llegó corriendo con su bolsa de frituras, y la Abuela Monstruo prácticamente se cayó de la silla por alcanzarlas.
—Disfruta tus frituras, abuela.
—No puedo abrirlas. ¿Por qué no se abren?
Jasper le quitó la bolsa y la abrió. Ella metió de inmediato la mano. Iba a estar cubierta con mierdas anaranjadas más tarde. Le lancé una mirada a mi hermano.
—Voy a tomar vídeo y fotos. Ya verás cómo termina todo —prometió—. Feliz boda, hermano.
—¡Yo sé qué va a pasar ahora! —se rio la Abuela Monstruo, su boca ya se estaba poniendo anaranjada.
Suficiente de esta mierda. Me lleve a mi chica antes de que dijera algo más que pudiera arruinar mi noche. Bella se estaba riendo con tanta fuerza que creí que tendría que cargarla después de todo, pero finalmente salimos. Lanzó sus brazos a mí alrededor cuando nos subimos al elevador.
—Tienes que admitir que valió la pena ver eso.
Sí lo valió, pero…
—Nada le gana a verte desnuda, nena.
Eso me hizo ganarme un ardiente beso que me hizo contemplar el detener el elevador y tomarla justo aquí. Si no hubiera cámaras aquí adentro, y si no fuera la noche de nuestra boda, probablemente lo habría hecho. Aun así, me froté contra ella hasta que las puertas se abrieron. No nos separamos, sólo seguimos nuestro camino a tropezones por el pasillo hasta que llegamos a nuestra habitación.
—Apúrate, Edward. —De repente mi Chica Reed estaba endemoniadamente cachonda. Las hormonas eran maravillosas.
Cuando abrí la puerta, ella intentó pasar junto a mí, pero la detuve.
—Oh no. Tenemos una tradición que cumplir, nena.
La cargué en mis brazos, ella suspiró y se relajó contra mí, sus dedos subieron para acariciar mi mejilla. La cargué dentro de la habitación y la besé suavemente antes de dejarla sobre sus pies.
Miró a su alrededor y su cara se iluminó con una brillante sonrisa.
—¡Edward! ¿Qué hiciste?
La sala estaba llena de flores de la boda. Había un fuego ardiendo en la chimenea y velas iluminando los balcones de afuera. Tenía que admitir que daba un buen efecto. El gerente del hotel había cumplido bien.
—Quería que esta noche fuera especial. —Crucé hacia la mesita de café, donde una cubeta mantenía fría una botella—. Podemos tener nuestra propia celebración.
—¿Champaña? —preguntó con voz incrédula, porque me conocía, por supuesto.
Le ofrecí la botella, haciéndola reír.
—Jugo de manzana con agua mineral. Me encanta.
—Sé que probablemente puedes probar un poco de champaña sin que sea un problema, pero…
—Esto está perfecto —me dijo, agarrando una copa y ofreciéndomela—. Y te lo diré ahora porque probablemente perderé el temperamento y lo olvidaré en algún punto, pero amo la forma en que nos cuidas a mí y a nuestro bebé. Recuerda eso cuando te grite en algún momento por ser controlador.
Me reí mientras llenaba su copa y luego la mía.
—Gracias por la advertencia, nena. Sé que a veces me paso demasiado, pero eres la persona más importante en mi mundo. Tengo que hacer lo necesario para cuidarte.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Te amo tanto. Eres todo para mí.
La jalé a mis brazos y la besé.
—También la amo, señora Cullen.
Se rio y chocó su copa con la mía.
—No te cansas de decir eso, ¿verdad?
—Carajo, no. ¿Recuerdas la primera vez que usaste mi jersey? Amé ver mi nombre en ti. A pesar de que en ese momento le tenía miedo al matrimonio, estoy bastante seguro de que la idea comenzó a formarse justo entonces. —Y eso hacía que el regalo que tenía para ella fuera todavía más perfecto.
Se rio.
—En ese entonces ni siquiera me atrevía a imaginar que llegaríamos a este momento. Tal vez sólo en mis más locos sueños.
Dejé mi copa a un lado y me acerqué a ella.
—Cuéntame sobre esos locos sueños. No te olvides de ningún detalle.
Sacudió la cabeza y puso su mano en mi pecho.
—Preferiría mostrártelos que hablarte de ellos.
Maldición.
—Carajo, en serio te amo, lo sabes.
—Carajo, yo también te amo.
Tuve que sonreír. Amaba cuando maldecía.
—Tengo algo para ti.
Alzó una ceja.
—Ya me has dado suficiente.
Eso nunca sería verdad.
—Es una tradición, ¿cierto?
Sonrió.
—Sí, pero difícilmente hemos sido tradicionales. También tengo algo para ti, pero tendré que dártelo luego de que regresemos a casa.
Eso era intrigante. Fui y agarré la cajita de donde la había guardado. La sonrisa de Chica Reed se suavizó cuando vio la caja. Sabía lo que era. Había sido genialidad pura el darle ese brazalete para Navidad hace dos años. Le daba dijes para cada gran ocasión. Victoria pura.
—Feliz boda, nena.
Abrió la caja y se quedó boquiabierta.
—¿Cómo? Oh dios mío. ¡Es perfecto! ¿Pero cómo?
—Lo mandé hacer.
Lo saqué de la caja y se lo enganché al brazalete que nunca se quitaba. Los dijes cambiaban, pero esa cosa se mantenía en su muñeca. Fue jodidamente maravilloso que también lo usara en la boda.
Alzó la mano, su cara brillaba con felicidad.
—Dice Cullen.
Maldición, así era.
—Esa eres tú ahora.
Se rio y lanzó sus brazos a mí alrededor.
—Esos somos nosotros ahora.
Sí, perfecto, éramos nosotros. La guíe hacia un ardiente beso, listo para sacarla de su ropa y meterla a nuestra cama para poder celebrar que ella se convirtiera en Cullen de la mejor manera.
Se apartó antes de que pudiera empezar a desvestirla.
—Tengo una sorpresa para ti. ¿Puedes bajarme el zipper?
Joder sí, sí podía. Una sorpresa significaba lencería sexy. Carajo, no podía esperar. Se giró y bajé lentamente su zipper, asegurándome de pasar mis dedos sobre la piel que iba desnudando a su paso. Chica Reed se estremeció contra mí. Se giró, pero en lugar de quitarse el vestido, lo sostuvo contra su cuerpo.
—Necesito cambiarme. ¿Qué te parece si pierdes el saco y te reúnes conmigo en la habitación?
No necesitaba que me lo dijera dos veces. Mi saco quedo fuera antes de que ella avanzara un paso hacia el baño. Eso la hizo reír, pero sólo me lanzo una sonrisa sobre su hombro al irse. Era tan malditamente sexy que apenas podía soportarlo.
Me quité los zapatos, y también los gemelos y la corbata. Podría serle de un poco de ayuda, ¿no? Me dirigí a la habitación y encontré más de las velas y flores que había pedido. Perfecto. La colcha estaba retirada y todo estaba listo. Sólo necesitaba a mi esposa.
Aunque podía hacer un poco más. Saqué mi iPod y lo puse en las bocinas portables, poniendo el mix de música lenta que había hecho específicamente para Chica Reed. Había valido la pena combinar las páginas de internet sobre música para bodas, viendo la canción que encontré para la boda y esta lista de reproducción.
—Es linda.
Ante el sonido de su voz detrás de mí, me giré y básicamente me tragué la lengua. Santa mierda. Me destruyó. Estaba usando blanco otra vez, pero esto era muchísimo menos que lo que había usado antes, y era jodidamente caliente.
Tenía pequeños tirantes que llevaban unas flores de listón sobre sus verdaderamente magníficos pechos, con un pequeño moño que estaba justo entre ellos. La tela de abajo era algo transparente, así que podía ver su sexy cuerpo junto con las pequeñas bragas blancas que había debajo. Se veía como un ángel listo para cometer una gran cantidad de pecados. Afortunadamente los estaría cometiendo conmigo.
—Santa mierda, Chica Reed. Te ves maravillosa. —En realidad no había palabras para lo bien que se veía—. Increíble. Sexy. Perfecta. —Escupí lo que me venía a la cabeza, pero no eran suficiente.
Sonrió y avanzó un paso hacia mí.
—Gracias. Quería verme especial para ti en nuestra noche de bodas.
Estiré la mano para pasar un dedo sobre su hombro casi desnudo.
—Eres especial. La mejor. Y no puedo creer que seas mía.
Soltó una ligera carcajada.
—Creo que es al revés. ¿Quién sabría que terminaríamos aquí cuando fui tras de ti en el campo de fútbol?
—El acoso más exitoso de la historia. Deberías estar en el libro de records, nena. —Amaba hacerla reír. Era adictivo. Ella era adictiva.
—No quiero records, sólo a ti.
Comencé a abrir la boca para responder a eso, pero ella puso un dedo sobre mis labios.
—No puedes decir lo mismo, tonto. Tú sí quieres los records. Y yo los quiero para ti.
Abrí la boca y mordí su dedo, disfrutando de la forma en que su respiración se hizo más pesada y sus ojos parecieron desenfocarse.
—Tal vez sí, pero no hay nada que haya querido, o que vaya a querer más que a ti.
—Lo sé. —Puso sus brazos alrededor de mi cuello—. Lo mismo digo yo. Ahora, ¿Qué te parece si tomas lo que quieres?
No necesitaba invitación más que esa. Tuve sus labios en los míos en el siguiente instante, y la dirigí hacia la cama. Rompí el beso y la miré. La jodida tentación personificada. Mirarla en su lencería sexy me hizo sudar frío.
—No sé si quitártelo o dejártelo puesto. —Era un catch-22. Se veía preciosa en lencería, por supuesto. Pero también necesitaba tocar su piel, chupar sus perfectos pezones rosas, deslizar un dedo dentro de ella para sentir qué tan mojada estaba.
Se rio.
—Siempre puedo volver a ponérmelo.
Era un punto válido. Bajé uno de los pequeños tirantes por su brazo, amando la forma en que se estremeció por mi toque. Hice lo mismo con el otro tirante, mientras Chica Reed se ponía a trabajar en mis botones. Su camisón se mantuvo en su lugar, sostenido por sus perfectas tetas. Me quitó la camisa y estiró la mano hacia la camiseta de tirantes que tenía abajo. La ayudé a quitármela y luego la lancé a un lado.
Le bajé la parte de arriba, exponiendo sus pechos y dejando que la suave tela se deslizara al piso. Chica Reed la pateó a un lado y se paró frente a mí en nada más que unas pequeñas bragas blancas.
—Eres tan jodidamente sexy. Y hermosa. Y sexy.
Eso trajo más risas mientras me desabrochaba los pantalones.
—Gracias. Es algo raro, ¿no?
—¿Qué? —Raro no era la palabra que estaba buscando esta noche.
—No raro en mala forma. Raro como, es lo mismo pero diferente.
Ya entendía a qué se refería.
—Porque estamos casados. Supongo que sé a qué te refieres.
—Sí. Se siente… importante. Casi como la primera vez. Aunque no como nuestra primera vez.
Tuve que reírme.
—Porque te follé duro en mi vestidor sin siquiera saber tu nombre.
Se rio.
—Sí, exacto.
—Pero ahora ya sé tu nombre. —La cargué y la deposité gentilmente en la cama—. Es Cullen. Bella Cullen.
Su sonrisa iluminó cada pedazo de la habitación tanto como las velas. Tal vez incluso más.
—Amo ese nombre.
—Yo también. No tienes ni idea.
Me puse sobre ella.
—Creo que tengo una muy buena idea. —Arqueó su coño contra mí, sintiendo lo mucho que lo amaba—. Pero definitivamente deberías mostrarme, por si acaso.
Le sonreí.
—Creo que eso cae dentro de mis votos.
Se rio.
—Esos votos implícitos. Me gustan mucho. Me gustaría considerarlos como tus obligaciones de esposo.
Me uní a ella en la risa.
—Obligaciones de esposo, ¿eh? Odiaría fallar en ellos durante nuestra primera noche.
—Nunca podrías fallar.
Maldición, así era. El sexo era mi especialidad. Comencé a morder su cuello, disfrutando de la forma en que sus risas se convirtieron en suspiros. Sus dedos encontraron mi cabello y tiró ligeramente, lo cual siempre me excitaba.
Fui bajando, lamiendo y chupando sus pezones hasta que estuvieron lo suficientemente duros como para cortar vidrio. Sus tetas casi parecían más grandes hoy de lo que estaban ayer. Era completamente posible gracias a este embarazo.
—Amo tus pechos.
Sonrió, todavía acariciando mi cabello.
—Lo sé. Más ahora que nunca antes, creo.
—Bueno, es que hay más para amar ahora.
Sentí su risa al tiempo que la escuché.
—Puedes salirte con la tuya diciendo eso ahora, pero yo me cuidaría en unos meses.
Bajé más y besé su estómago.
—No dejarás que tu madre me patee el culo si le digo eso cuando podamos ver que estás ahí adentro, ¿verdad?
—Edward —susurró mi chica.
Alcé la vista y vi las lágrimas en sus ojos.
—No llores, nena.
—Lágrimas buenas. Esa es la primera vez que le hablas a nuestro bebé.
Huh. Supongo que sí. Besé su estómago de nuevo.
—Honestamente no creí que nada pudiera ser mejor que nuestra boda, ¿pero esto? Eso es la cosa más hermosa que he visto jamás.
En serio no sabía qué decir.
Chica Reed acunó mi cara.
—¿Te estás sonrojando? Creo que nunca te he visto sonrojado. No te avergüences, Edward. Fue… creo que me enamoré más de ti, si es que tiene sentido.
Sí lo tenía. Dejé un beso en su palma.
—Estoy seguro de que hablaré mucho con él antes de que llegue. Hay cosas que necesita saber. —Luego lo entendí—. No crees que sepa lo que vamos a hacer, ¿verdad?
Se rio.
—Es del tamaño de una ciruela, ¿recuerdas? Y ya hemos hablado de esto. El sexo es algo bueno. De hecho, es un deber. Votos, ¿recuerdas?
Cierto. El bebé todavía ni siquiera tenía brazos y esas cosas. Necesitaba buscar en el libro y descubrir cuando tendría consciencia de los ruidos y esas cosas del exterior. Si es que los bebés escuchaban. No sabía.
—¿Edward? —Chica Reed me alzó una ceja.
Maldición, ¿qué estaba haciendo pensando en el libro cuando tenía a una esposa casi desnuda esperando a que cumpliera con mis obligaciones y votos de esposo? Era un idiota.
Besé su vientre de nuevo antes de bajar hacia la única pieza de ropa que quedaba en mi camino. Agarré las pequeñas tiras con mis pulgares y las bajé por sus sexys piernas. Yacía desnuda frente a mí, mirándome con esos hermosos ojos oscuros. Sonreí antes de besarla en la parte interior de su muslo derecho. Era tan suave como la seda.
—Bendito sea el spa.
Comenzó a reírse, pero se detuvo cuando le di una lamida a su coño.
—Edward.
Amaba la forma en que decía mi nombre, ese profundo suspiro. Lamí su clítoris de un lado a otro antes de chuparlo y darle una pequeña mordida que la hizo gemir y moverse debajo de mí. La calenté, metiendo mis dedos en ella, alternando con mi lengua hasta que se corrió.
Me paré y me quité los boxers. Chica Reed comenzó a levantarse de la cama, pero negué con la cabeza. Quería estar dentro de ella ya.
—Pero también hice votos. —Agarró mi polla y la acarició.
Jodidamente maravilloso. Se deslizó sobre la cama y me metió en su boca. Me costó todas mis fuerzas quedarme parado y no comenzar a follarle la cara. Si hacía eso, me correría muy rápido. Disfruté su caliente y mojada boca y su talentosa lengua por varios minutos antes de apartarme.
—Necesito estar dentro de ti.
Sonrió y se recostó.
—Adelante.
Me moví sobre ella y rodeé su cara con mis manos.
—Te amo.
—También te amo. Gracias por esta noche. Ha sido un sueño hecho realidad.
Sentí como si hubiera ganado el Súper Tazón tan sólo por escucharla decir eso.
—Sólo lo mejor para mi esposa.
Me besó y me moví, metiéndome en ella. Sus dedos se enlazaron con los míos. Estábamos unidos en todas las maneras posibles. Nos movimos lentamente, con los ojos abiertos, y juró que la sentí sonreír contra mis labios.
Tenía razón. Era lo mismo pero diferente. De alguna manera era mejor. Más, tal vez. Lo que sea que fuera, me sentía más conectado con ella ahora. Física y legalmente. Ella era mía y yo era suyo. Para siempre.
