Agatha no podía dejar de caminar apresuradamente, azotando la puerta a su paso. Viendo tras de ella, como el consejo mágico, no dejaba de verla como aquella niña que había salido de Word Wood. Encasillándola, no dándole ni siquiera una oportunidad para defenderse. Se sentía impotente, furiosa, pero sobre todo… se sentía sola. Nadie le creía, podía verlo en sus ojos. Incluso en los de Ada.
¡Agatha! — grito Ada su hermana gemela, apareciendo a los pocos minutos
Hola Ada— volteándose a verla decepcionada— ¿Sabes? Esperaba que de entre todos ellos — señalándola con el dedo— tu fueras la que me apoyara, quien me creyera
Agatha, yo…
¡Yo sé lo que vi!, puedes engañar a los demás hermana— dándole la espalda— pero no a mi, puedo ver que piensas lo mismo que madre
¿Qué piensas hacer?
No me quedare de brazos cruzados. Si ellos no me ayudan, encontrare a alguien que si lo haga
Ada lo repasaba una y otra ves en su memoria. Repitiéndose a si misma, que ese fue el momento en que Agatha corto cualquier lazo con ella. Si la veía, ya no era como a una amiga íntima o como su hermana, sino ahora lo hacía como una persona con quien debía tener cuidado de revelar cualquier información valiosa.
Ni siquiera se le paso por la mente, cuanto miedo debió haber tenido en ese momento. Siendo madre de una niña, sin nadie a quien recurrir. Y ahora años después, estaba frente a su hija, quien peleaba desesperadamente por proteger a Ethel y a las demás herederas del Aquelarre oscuro. Ada podía ver como la raíz se elevaba, preparada para dar muerte aquella mujer. Y como el hombre que había amenazado a su hermana durante años, estaba dispuesto hacer lo necesario para acabar con la vida de las herederas.
No tenía mucho tiempo para tomar esa decisión: No hacía nada y les daba algo de tiempo para que pudieran escapar, o al contrario, lo hacía y traicionaba la causa por la que Agatha había muerto.
¡Amelia!
Las raíces se abalanzaron rápidamente hacia donde estaba la mujer, decidida a asesinarla.
¡Sangre inocente correrá por tus manos Amelia! Solo tienes que decidir quien vive y quien muere— carcajeándose— solo eso jajaja ¡JAJAJAJA! Deja que tu puro corazón decida
Amelia podía escuchar los gritos de la mujer suplicándole. Todo en ella le gritaba que le ayudara, que no la dejara morir. Cuando vio la raíz destruir las defensas de los demás magos, No lo pensó dos veces y creo una barrera mágica alrededor de la bruja, destruyéndola en el paso.
Sabes Ada, ¡cual ha sido tu problema! — dijo Agatha antes de que desapareciera de los terrenos del consejo mágico— Siempre has creído que las cosas son negras o blancas. Nunca te has detenido a pensar que incluso tu bondad, puede causar problemas o dolor. Como hoy
. . .
Ethel veía como el clon de la señorita Gullet se desintegraba, y la de Miriam tomaba su lugar.
Nos estamos quedando sin tiempo— pensó Ethel, cuando alzo su vista y vio a lo lejos, como se cerraba el portal hacia el otro mundo.
Se termino, ya han regresado— dijo Casandra aliviada.
Es pronto para…..
Y de la nada una fuerte ola de energía las golpeo a ambas tirándolas al suelo, arrastrándolas varios metros.
¿Qué fue eso? — pregunto Ethel parándose con dificultad.
¡No puede ser! — corriendo hacia donde se había producido— ¡Viene donde Griselda y Gullet están!
Cuando ambas llegaron, Ethel vio como su antigua maestra trataba inútilmente de razonar con Griselda, quien se hallaba atrapada en un trance. Ethel podía ver como la esencia de Evelyn estaba adherida a ella: furiosa, resentida y con mucho dolor dentro de su corazón. No tuvo que mirar mucho tiempo para sentirse identificada con su aflicción, recordando imagenes vividas de lo que había hecho estando en el cuerpo de Albert.
El olor a cuerpos quemados aun estaba impregnado en su nariz, se llevó su mano instintivamente a la boca para evitar la sensación de nauseas que se le estaba formando. Esperando que así se le aliviara.
¡¿Tuuu?!— grito Griselda al ver a Casandra — ¡Como osas pararte aquí después de lo que hiciste! — abalanzándose contra ella
Gris noo—dijo Ethel tratando de detenerla— ella no es quien tu crees
¡Saknees!— Una luz blanca salió de las palmas de Griselda lazándoselas rápidamente a Ethel y Gullet quien trataban de detenerla, saliendo expulsadas por una ventana.
Griselda se trasladó frente a casandra tomándola por el cuello fuertemente, estampándola contra las paredes de aquellas casas destruidas.
