Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 28

—Está enojada conmigo. —No sabía por qué demonios eso me molestaba tanto, pero así era.

—Sólo necesita un poco de tiempo —me aseguró Chica Reed.

Miré en el retrovisor, viendo a Rainbow sentada en el asiento trasero. No estaba seguro de si los gatos entendían el concepto de un espejo, pero juro que sabía que la estaba viendo y me fulminó con la mirada. Eso antes de darme la espalda y comenzar a lamerse.

Era raro. Rainbow nunca viajaba en la parte trasera del auto. Ella viajaba con Chica Reed o se subía para acostarse detrás de mi cuello, mirando por la ventana y haciéndome ver como una persona loca para la gente que pasaba junto a nosotros. Debería estar feliz de que no estuviera sobre mí, pero no lo estaba.

—Sabes, yo soy el que quería incluirte en la boda. No debería ser castigado.

Rainbow, por supuesto, siguió ignorándome.

—Mira, me hubiera encantado tenerte ahí. Pudiste haber rasguñado a Renee cuando comenzó a escupir sus opiniones jodidas sobre el matrimonio. Pudiste haberte alterado al ver a la Abuela monstruo drogada. —Sólo pensar en ello me hizo sonreír. Sólo Dios sabía lo que pensaría de Rainbow en la boda.

—Pudo haber terminado con esas perras con las que te acostaste en tu equivocada juventud.

Oops. Ese era un tono de peligro. Hora de calmarlo.

—Vamos, nena, sabes que yo no las invité.

Bufó.

—De todas formas, no debieron ir. Es grosero.

Luché contra la urgencia de rodar los ojos.

—Ellas habrían considerado grosero el no ir. Después de todo, son las amigas de mamá.

Chica Reed no se veía convencida.

—Además, si me pides que señalé con quiénes estuve yo y con quienes estuvo Emmett, ni siquiera podría decírtelo. No importaban entonces, y estoy jodidamente seguro de que no importan ahora.

Sollozó, y metí el carro al estacionamiento más cercano. La jalé a mis brazos.

—Lo siento, nena. ¿Quieres que llame a mi mamá y le dé sus nombres? Me aseguraré de que nunca jamás vuelvan a estar donde estemos nosotros. —No tendría que hacerlo. Mamá las sacaría de sus mierdas de sociedad.

Chica Reed sólo me sostuvo y sacudió la cabeza. Mierda. No era suficiente. ¿Qué podía hacer? No podía regresar el tiempo y correrlas de la boda.

—No, es que eso fue tan dulce.

Carajo. Casi me da un ataque al corazón, y estaba llorando lágrimas de felicidad de nuevo. Las hormonas eran una locura. Había estado insaciable toda la noche, hasta el punto de que iba a tener que tomar una siesta cuando regresáramos a Tally porque estaba jodidamente cansado. Pero esas eran hormonas de las que nunca me quejaba. Estas hormonas, las que la hacían llorar de un momento a otro, me asustaban. Chica Reed no era de las que lloraban, y yo amaba eso de ella.

Chica Reed se apartó y me sonrió. Crisis terminada. Gracias.

—¿Entonces fue dulce que fuera a pedirle a mi madre que les pateara el culo?

—Sí.

Nunca entendería a las mujeres. Al menos no a las embarazadas. Entendía a Chica Reed la mayor parte del tiempo. Antes de las hormonas.

—Ella estaría feliz de hacerlo.

Chica Reed se rio.

—No lo dudo, pero no querría arruinar su humor ahora.

Eso era cierto. Mi madre estaba en un éxtasis natural, a diferencia de la Abuela Monstruo. La boda había sido hermosa, a pesar de su estrés por la comida y las flores. Emmett le había dado a mamá el vídeo de la Abuela Monstruo en la recepción, lo cual estaba bastante seguro que le había hecho la vida entera.

—Nunca jamás volverá a aceptar mierdas de la abuela. —Todos teníamos armas perfectas para chantajear, gracias a Jasper. En serio necesitaba planear ese fin de semana de chicos. Se lo merecía.

—Ninguno de nosotros. Aunque no me molestaría conseguir el número del vendedor de Jasper.

La miré boquiabierto.

—Sólo para tener municiones para mantenerla drogada si se necesita.

Gracias a Dios.

—Nena, me asustaste.

Se rio.

—No me voy a convertir en una drogadicta, Edward. Lo prometo.

Qué bueno. Puede que ahora ya me sienta bien con Jasper, pero no podía imaginar a mi esposa actuando como él o como la Abuela Monstruo. No funcionaría para mí.

—Además, no hablaba de ella estando feliz por la boda o por tu abuela.

Le alcé una ceja.

—Estoy hablando de su reacción por la foto del bebé. Creo que le hizo cientos de copias.

Me reí. Eso era endemoniadamente cierto.

—No dudaría que fuera a incluirlo en la tarjeta de Navidad familiar de este año.

Eso la hizo reír.

—Oh Dios mío. Eso sería muy gracioso. ¡Espero que lo haga!

Negué con la cabeza.

—No la animes, nena. Sabes que ahora que la boda ya pasó, va a cambiar su atención hacia baby showers, ¿verdad?

Chica Reed se rio.

—Ya me preguntó si prefiero que se en marzo o abril.

Quién diría. Mamá no estaba feliz si no estaba planeando alguna fiesta. Gracias a Dios que yo no tenía que involucrarme en eso. Al carajo con eso. Los baby showers eran para las chicas. Esa era mi historia y me iba apegar a ella.

—Hazme saber el fin de semana que elijas, y yo arreglaré un viaje para chicos a Atlantic City o algo así.

—¿No quieres ir al baby shower?

Oh mierda, su labio inferior estaba sobresaliendo. Jodido infierno.

—Iré, si tú quieres. —Haría que Jasper, Emmett y Sammy vinieran también. Si yo tenía que estar ahí, ellos también.

El puchero se mantuvo por unos segundos más antes de que Chica Reed se disolviera en risitas.

—Me estabas jodiendo, ¿verdad?

Sonrió.

—Sí. Pero me encantó que fueras a ir si yo te lo pedía.

Era un jodido mandilón.

—Sólo no les digas a los chicos que dije eso.

—Demasiado tarde.

Alzó su teléfono. Estiré la mano por él, pero ella lo apartó.

—¡Estoy jugando! ¿Cuándo tuve tiempo para mandar mensajes?

¿Cómo si yo supiera? Podía ser escurridiza si quería.

Hablando de teléfonos…

—Oye, nena, ¿puedes checar mi correo?

Tenía que regresarnos a la carretera, así que se lo di. Rainbow me estaba viendo de nuevo, sin duda preguntándose por qué nos deteníamos y avanzábamos de nuevo.

—Tienes algo de Alec llamado Está hecho.

¡Bien! Era ése.

—¿Puedes abrirlo y leérmelo?

Chica Reed se encogió de hombros, pero hizo lo que le pedí. Lo leyó en silencio unos segundos antes de lanzarme una sonrisa cegadora.

—¿Tú hiciste esto?

—Le dije a Alec que lo hiciera. ¿Qué dice?

Se enderezó y se aclaró la garganta.

—"Página seis. Damas de New York y New Jersey, esta vez sí que perdimos el balón. Edward Cullen, el prospecto más ardiente que ha llegado a la NFL en siglos (y no sólo estoy hablando de su habilidad en el fútbol), se casó con su eterna novia, Isabella Swan, en una ceremonia en la playa el día de ayer en Florida. Nos informaron que varios de los compañeros del novio asistieron y que las encantadoras señoritas de Florida estuvieron haciendo lo mejor posible para hacerlos olvidarse de las chicas en casa. ¿Podríamos estar perdiendo más de nuestros amados Gigantes por el sol de Florida? Sólo el tiempo lo dirá, pero no podemos dejar que esas sureñas anoten con más de nuestros hombres. Es hora de jugar un poco de defensiva y anotar nuestro propio touchdown. ¡Vayan por ellos, chicas!"

Tuve que reírme.

—A los chicos les va a encantar eso. Especialmente si las chicas empiezan a echárseles encima. —Se comerían esa mierda con una cuchara.

Ella se unió a mis risas.

—¡Sin duda alguna! Es una pena que no mencionaran a mi madre con Colin.

Bufé.

—Probablemente Renee mandará su propio artículo.

—Cierto. ¡Oye, hay más! "Esas no fueron las únicas noticias de la semana. Nuestro apuesto mariscal también anunció que él y su nueva esposa traerán una nueva adición a la familia de los Gigantes más adelante este año. Nos conocen, queridos lectores. Seríamos los primeros en morder esta información si pensáramos que hubo alguna punta de pistola involucrada, aparte de la formación de pistola. Pero los enamorados han estado comprometidos desde el reclutamiento, y unos pajaritos nos contaron que van muy en serio. Así que, únanse a nosotros en felicitar a los Cullen por su boda y por su pedacito de alegría. Tal vez en veinte años nuestros hijos e hijas tendrán una mejor oportunidad de la que tuvimos nosotros. ¡Hay que esperar!

Se quedó en silencio por varios momentos. Me asustó.

—No te molestó, ¿verdad, nena? Dijiste que Alec podía anunciarlo.

—No, no me molestó. —Tomó mi mano en las dos suyas—. Sólo necesito un momento para absorberlo. El mundo sabe ahora, o sabrán, cuando los hombres de radio deportiva comiencen a hablar.

¿Y? ¿No era ese el punto?

—Es que lo hace más real. —Llevó mi mano a su vientre y sostuvo ambas manos ahí—. Me encanta.

Moví mi pulgar sobre su estómago, acariciándolo ligeramente.

—Me alegra. Quería que todos supieran que yo era tuyo y que ahora ya somos una familia. Todos nosotros.

En cuanto terminé de decir eso, Rainbow metió la cabeza entre mi brazo y el asiento. Era como si entendiera lo que estábamos diciendo.

Chica Reed se rio.

—Sí, Rainbow. También estás incluida en eso. Somos una familia legalmente unida.

Rainbow cabeceó mi brazo. Chica Reed soltó mi mano, y le di una caricia a Rainbow. También le dio un cabezazo a Chica Reed antes de saltar en su lugar detrás de mi cuello. Se sentó, ronroneando.

—Creo que ya nos perdonó —observó Chica Reed, sonaba divertida.

Tenía que admitir que estaba contento. La boda había sido maravillosa, la noche de bodas incluso mejor, pero estar aquí con mis dos chicas se sentía bien. Rainbow había sido lo único que faltaba. No es como si fuera a admitir esa mierda en voz alta. Ni siquiera a Chica Reed.

—Todo está como debería ser —dijo, diciéndome que tal vez estábamos en la misma página, como siempre.

—Sí, lo está.

—Vayamos a casa. Quiero continuar nuestra luna de miel.

La forma en que me miraba fue suficiente para poner el pie en el acelerador. Chica Reed tenía razón, como siempre. Puede que no fuéramos a ir a ningún lugar grandioso, pero siempre y cuando estuviera con ella, entonces me encontraba exactamente donde quería estar. Todo lo que necesitábamos era una cama, o al menos una habitación privada, y el uno al otro. Eso era todo lo que una luna de miel necesitaba ser.

Xoxoxoxoxo

—¿Estás segura de que quieres que vaya a clase contigo, nena? —No tenía problema con esperarla afuera si no quería que fuera una distracción.

Se rio y apretó mi mano.

—Sí, estoy segura. ¿Recuerdas que te dije que también tenía un regalo de bodas para ti? Esto es.

Pensé en hacer un comentario sarcástico sobre que ir a clases era difícilmente un regalo para mí, pero el brillo en sus ojos y la emoción en su voz me contuvo. Mi esposa estaba planeando algo, y no podía esperar para ver qué era.

Entré con ella al edificio de música. Todos los ojos estaban en nosotros, pero no estaba seguro de si era por mí o por Bella. Después de todo, ella era muy conocida en el programa de música. Carajo, me encantaba eso. Era tan talentosa.

Entramos al auditorio, sentándonos con los estudiantes en las filas de enfrente. Había un piano en el escenario, y una silla que estaba en un lado. Chica Reed habló con algunos de sus compañeros, pero se mantuvo agarrada a mi mano todo el tiempo. Vi unas cuantas personas que habían estado en nuestra boda y les dediqué una sonrisa y un asentimiento. Nos sentamos en la fila de enfrente, y ella mantuvo mi mano en la suya.

—¡Buenos días, clase!

El profesor caminó a través del escenario. Se veía positivamente feliz cuando sus ojos cayeron en mi chica.

—Me emociona anunciarles que nuestra Isabella Swan ya ha completado su composición final. Me pidió permiso para tocarla hoy.

Recibí otro apretón de mano cuando mi chica se levantó.

—De hecho, ya es Cullen.

Que me jodan si no amaba escucharla decir eso. Tal vez ese era su regalo para mí. Era perfecto.

Ante su mirada de confusión, ella siguió:

—Mi apellido. Ya es Cullen.

—Ya veo. —Su boca formó una delgada línea, y fue entonces cuando supe que a ese cabrón le gustaba mi esposa—. Felicidades.

¡Ja! No pudo haberse escuchado menos sincero, pero mi chica lo ignoró por completo.

—Esto es para ti. Somos nosotros —susurró, besando mi mejilla antes de subir al escenario y sentarse frente al piano.

La canción comenzó muy alta, con dos sonidos que en realidad no iban juntos, pero luego se suavizó y se hizo armoniosa. Separados pero juntos. No pude contener mi sonrisa porque de verdad éramos nosotros. Chocando al principio, pero luego convirtiéndonos en uno.

Continuó así por un rato, antes de que entrara un sonido nuevo. Me tomó unos segundos antes de darme cuenta de qué era. Un latido. Nuestro bebé. Y luego, de alguna manera, ella hizo que ese sonido se uniera al nuestro y todo se convirtió en uno.

Fue fantástico. Jodidamente perfecto. Ella ya había escrito canciones sobre nosotros antes, pero esta era la mejor. Y yo no era el único que pensaba eso, porque cuando la última nota se desvaneció, sus compañeros le dieron una ovación de pie. Yo también me paré, aplaudiendo junto con ellos. Incluso el profesor No-Tienes-Ninguna-Oportunidad estaba sonriendo y aplaudiendo.

Chica Reed se sonrojó y sonrió, se agachó brevemente antes de bajarse del escenario y dirigirse directo a mis brazos. Me valió que tuviéramos una audiencia; planté un enorme beso en ella como agradecimiento por mi regalo. Suspiró y se derritió en mis brazos.

Finalmente nos separamos en busca de aire cuando el profesor se aclaró la garganta.

—Sí, bueno, gracias, Isabella. Esa fue una pieza increíble.

Nos sentamos. Ella estaba prácticamente en mi regazo, lo cual hizo que el idiota celoso nos mirara mal, pero me importó un carajo. Estábamos recién casados, maldita sea, y mi esposa me acababa de dar un regalo maravilloso.

Él comenzó a parlotear, y yo besé la mejilla de ella.

—Gracias, nena. Eso fue perfecto. Fue nosotros, justo como dijiste —susurré.

Sonrió y enlazó sus dedos con los míos.

—Quería grabarla para nosotros y así ponerla en la boda, pero todavía no estaba terminada. No pude terminarla hasta después de que nos casamos. De hecho, escribí el resto en mi cabeza mientras estaba acostada en tus brazos.

No había duda de por qué era tan jodidamente maravillosa. No podría decir de qué trato el resto de la clase porque no podía alejar los ojos de mi esposa. Finalmente fue hora de irnos, y nos dirigimos hacia afuera, aunque fuimos detenidos varias veces por sus admirados compañeros.

En cuanto salimos de la sala, la jalé hacia mí y la besé con fuerza, presionándola contra la pared exterior del edifico, sin importarme que hubiera estudiantes caminando por todas partes. Tenía que tenerla, en ese preciso momento.

Cuando nos separamos, ella me sonrió.

—Vaya. Si así es como reaccionas, voy a tener que escribirte un millón de canciones.

Me reí.

—Adelante, pero no sé si puedas superar esa. Fue increíble.

Se sonrojó de nuevo.

—Me alegra que te gustara.

—No sólo me gustó. La amé. —Acuné su cara, pasando mi pulgar sobre su mejilla—. Nunca antes he dicho esto. ¿Estás lista?

Abrió los ojos como platos, pero asintió.

—Nunca antes he tenido que ser el número dos, pero esta vez lo aceptaré felizmente. , Bella Cullen, eres en verdad la Cullen mas talentosa de todos.

Una risita escapó de sus labios antes de lanzar los brazos a mí alrededor.

—Sí, esas son palabras que nunca esperé escuchar de tu boca. Pero me encanta. Y te amo.

—También te amo, nena. —Nos besamos de nuevo antes de que un cabrón chocara conmigo al pasar—. ¿Podemos irnos de aquí? —Quería, no, necesitaba tenerla desnuda.

—Sí.

Tomé su mano y me dirigí al carro.

—Por cierto, ese fue uno de mis finales.

Me detuve y la miré.

—¿En serio?

Asintió.

—Fue el más pesado. Ya que ese está hecho, probablemente podré terminar unos días antes de la graduación.

Sonreí.

—¡Jodidamente maravilloso, nena! Estoy feliz por ti.

Sonrió.

—Sé feliz por nosotros. Eso significa que iré a ti unos días antes.

Esas palabras hicieron que mi corazón latiera con más rapidez.

—¿En serio? Pero, ¿y la graduación?

Negó con la cabeza.

—Las graduaciones universitarias son endemoniadamente aburridas. Duran horas, y sólo conoces como a tres de tus compañeros. Mi papá ya vino para la boda, y sabes que a mi madre no le importará. Tú no podrás estar aquí. Prefiero saltármela y mudarme contigo más pronto.

Más pronto. Amaba escuchar eso. La cargué en mis brazos y le di vueltas.

—¿Estás segura, nena? Debes estar segura. —La quería en Jersey lo más rápido posible, pero no quería robarle de una experiencia importante.

—Estoy muy segura. Quiero estar con mi esposo. Es ahí donde pertenezco.

Sí. Pertenecíamos juntos. La besé con todas mis fuerzas.

—Entonces, ¿qué, nos falta como un mes?

Sonrió.

—Sí. Y ya que terminé mi composición antes, puedo ir también para Acción de Gracias. Así que, básicamente serán un par de semanas hasta que te vea, y luego un par de semanas después, estaremos juntos para siempre.

Eso sonaba muy bien.

—No puedo esperar, nena.

—Yo tampoco. —Acarició mi cabello con sus dedos—. Ahora, llévame a casa y hazme el amor. La Cullen más talentosa quiere ser adoraba, como debe ser.

Demonios sí. Era jodidamente perfecta para mí.

—Sus deseos son órdenes para mí, Señora Cullen.

Amaba decir eso. Y ella amaba escucharlo. Su sonrisa le iluminaba toda la cara. Estaba seguro de que la mía hacía lo mismo. Un mes, y finalmente todo sería como debería ser. No podía esperar.

Xoxoxoxox

Carajo, esto no estaba bien. Estaba parado junto al avión con Sammy a mi lado, y mi esposa parada frente a nosotros haciendo todo lo posible por no llorar. Sabía que quería hacerlo. Demonios, yo también quería llorar. Ya estábamos casados, y no deberíamos estar separados, incluso si no era por tanto tiempo. Carajo, lo detestaba.

—Tienes que irte —dijo, apartándose el cabello de la cara mientras el viento se lo agitaba.

—No quiero.

Suspiró.

—Lo sé. Yo tampoco quiero que te vayas.

Sammy se aclaró la garganta.

—Llevaré a Rainbow adentro. —Le dio un abrazo a Chica Reed—. Tu boda fue hermosa. Gracias por permitirme ser parte de ella.

Ella le sonrió cuando la soltó.

—Gracias por venir. Estoy verdaderamente gradecida de que Edward tenga un amigo como tú en el equipo. Saber que estás ahí me hace más fácil el estar lejos.

Sammy negó con la cabeza.

—Es un cabrón con suerte. Mantendré un ojo en él por ti. Tú termina tus cosas, cuida al pequeño y te veré pronto. Te daré la bienvenida a Jersey como se debe.

Ella se rio.

—Me muero por verlo.

Sammy me dio un codazo, y le entregué a Rainbow. Ella se fue con ganas suficientes. Chica Reed le dio unos besos antes de que Sammy se girara y se subiera al avión.

Bella pasó sus brazos a mí alrededor. Sus ojos cafés me miraron.

—Te amo.

—También te amo, nena. No quiero irme. Esto me está matando.

Su labio tembló y parpadeó varias veces.

—Lo sé. A mí también. Pero te veré en un par de semanas. Y luego dos semanas más después de eso, estaré ahí permanentemente. Tengo exámenes finales y tengo que empacar…

—Con un demonio que no lo harás. Contrataré a alguien que empaque para ti. No debes levantar nada pesado. —De ninguna manera ella iba a hacer algo extenuante. No era bueno para ella o para el bebé.

Se rio.

—Me refiero a mi ropa. De todas formas, no es como si fuera a llevarme algo más que eso.

Eso era cierto. Íbamos a donar o regalar la mayoría de nuestras mierdas. Por alguna razón, Jasper quería mi vieja silla. En realidad, no quería saber por qué. Probablemente algo sobre estar más cerca de mí. Sólo Dios sabía. Seguía siendo raro, incluso si era mi mejor amigo y alguien en quien podía confiar.

—Aun así. No necesitas molestarte con eso. Sólo vete. Yo te compraré cualquier cosa que puedas necesitar. —Apreté mi abrazo en ella. No quería dejarla ir. Jamás.

Sonrió tristemente.

—Estoy segura de que tendremos que hacer muchas compras. No tengo mucha ropa de invierno, sin mencionar que pronto no me quedarán la mayoría de mis cosas.

Ese era un punto válido.

—Lo que sea que necesites.

—Tú eres todo lo que necesito. —Se enterró en mi pecho, y yo enterré la cara en su cabello. Desearía poder embotellar la forma en que olía. Incluso tener su champú y esas mierdas en casa no eran lo mismo.

—Lo mismo digo, nena.

El motor del avión comenzó a chillar. Era hora.

—Tienes que irte. —Me miró de nuevo e intentó poner cara de valiente. Falló, pero aprecié el esfuerzo.

—Así es. —Nunca me había arrepentido de ser jugador de la NFL hasta este momento. Dejarla siempre había sido difícil, pero era peor ahora por alguna razón.

—Ya dijiste eso. —Su sonrisa se hizo un poco más brillante—. Gracias por casarte conmigo.

Forcé una carcajada.

—Creo que soy yo quien debería estar agradeciéndote por aceptarme. Te espera mucho, sabes. No soy fácil.

Se rio.

—Lo espero con ansias, señor Cullen. Y eres bastante fácil para mí.

No podía refutarle eso.

—Sí, es cierto.

Se paró de puntillas y rozó sus labios con los míos.

—Dos semanas.

Esa iba a ser mi mantra.

—Estar contigo definitivamente será algo que agradecer.

—Estoy de acuerdo.

El avión hizo otro ruido.

—No puedo retrasarte más. —Chica Reed plantó un beso más profundo y largo en mí.

La abracé con tanta fuerza como pude, deseando con todo mi ser poder cargarla al avión conmigo.

—Siempre me tendrás, incluso cuando no esté aquí.

Sonrió, pero las lágrimas cayeron por su cara. Las limpié con mis pulgares.

—Amo eso. Te amo a ti. ¿Me llamarás cuando llegues?

—Te amo. Será lo primero que haga. Lo prometo.

—Siempre cumples tus promesas.

—Sí. Igual que mis votos. —La besé de nuevo—. Cuídate y cuida al bebé por mí hasta que pueda hacerme cargo yo oficialmente el mes que viene.

Se rio.

—Ya te has hecho cargo de eso, pero lo haré.

Nos besamos una vez más.

—Asegúrate de Jasper maneje con cuidado —le recordé cuando se apartó. No había querido que ella regresara manejando sola a casa. Sabía que estaría triste y probablemente lloraría. De ninguna manera iba a arriesgarme a que tuviera un accidente.

—Lo hará. Se toma muy en serio las promesas que te hace.

—Te amo.

—Te amo. Ve a patear traseros en el campo por mí.

—Lo haré. Tú patea traseros musicales por mí. Y dile a Jacob que se vaya a la mierda si te habla de nuevo.

Chica Reed sonrió tristemente.

—Sólo tendré que enseñarle mis anillos. —Lanzó sus brazos a mí alrededor de nuevo—. Vete. No puedo irme si estás tú parado aquí.

Así que la besé de nuevo e hice lo que me pidió. No quería hacérselo más difícil de lo que ya era, incluso si quería mantener mis ojos en ella hasta que quedara fuera de mi vista.

Me subí al avión y me apresuré a un asiento junto a la ventana. Estaba ahí parada y levantó su mano a modo de despedida. Me despedí también.

—Ten. —Sammy me entregó a Rainbow.

La alcé hacia la ventana y vi a Chica Reed sonriendo a pesar de las lágrimas. Jasper se bajó del carro y se acercó para pasar un brazo alrededor de ella. Me lanzó un gesto de mano que correspondí. El avión se alejó y eventualmente se giró. Ella quedó fuera de mi vista. Carajo, lo detestaba. Enterré la cara en el pelo de Rainbow y respiré profundamente, intentando no perder mi mierda frente a Sammy y las asistentes de vuelo.

Esperó hasta que estuvimos en el aire, unos diez minutos, antes de hablar.

—Debe ser muy feo el dejarla.

Solté una carcajada irónica.

—No tienes ni una jodida idea.

Rainbow ronroneó y se enterró más en mí, como si supiera que la necesitaba. Probablemente sí lo sabía. Era así de inteligente.

—Todos mantendrán un ojo en ella.

Me giré para verlo.

—Lo sé. Aunque no es lo mismo.

—Sí. Lo imaginé.

Fue entonces cuando lo entendí.

—Sabías que esto iba a ser muy difícil. ¿Es por eso que pediste un aventón de regreso?

Se encogió de hombros.

—Tal vez. Aunque no es como si no hubiera pasado un buen rato. —Me lanzó una sonrisa lobuna—. Kylie es muy divertida. Esas chicas musicales tienen buenos pulmones, si sabes a que me refiero.

Esta vez mi risa fue real.

—Viendo que me casé con una chica musical, creo que sabes bien que lo sé. Pero no voy a comentar.

Se burló.

—Apuesto que sí. Como sea, supuse que te vendría bien un poco de compañía para que no te la pasaras deprimido todo el camino a casa.

Tenía razón.

—Gracias, hombre.

—Yo debería agradecerte a ti. El equipo nunca me ha ofrecido el avión. Esto es la mierda.

Me reí mientras Rainbow, sintiendo que ya estaba bien, se salía de mis brazos y se dirigía a su cojín. Juro que le lanzó una mirada a la asistente de vuelo y momentos después ya tenía su atún frente a ella.

Sammy se rio.

—Mierda. Esa gata es tratada mejor que yo.

—Bueno, pues es más inteligente que tú.

Me golpeó el brazo.

—Cuidado. El Entrenador tendrá tu culo si no puedo jugar.

—Culparé a Bella. Le diré que te lastimaste en tu luna de miel.

Sonreí tan sólo de pensarlo. Era bastante sorprendente que no me haya lastimado la ingle con toda la acción que había tenido. ¿Cómo se suponía que debía vivir dos semanas sin ella? ¿Y luego otras dos?

—Entonces, estaba pensando que deberíamos comprar algo para cenar y tomar unas cervezas en tu casa. Celebrar tu no-soltería.

Le lancé una mirada.

—¿Me estás cuidando, Sammy?

Sonrió.

—Eres mi mariscal de campo. Es mi trabajo.

Asentí. Era bueno tener un amigo conmigo. Sabía que Chica Reed no se iba a quedar sola esta noche. Pequeña y Rubia estaban planeando una fiesta de pijamas. Suponía que pasar tiempo con Sammy y beber cereza era la versión masculina. Apestaba, pero podríamos superarlo. No faltaba mucho tiempo. Lo lograríamos. Siempre lo hacíamos.