Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 30
Estaba bastante seguro de que este jodido día ya estaba muerto. Cada uno de nosotros estaba viendo el reloj en la pared, los relojes de muñeca o celulares. El Entrenador no tardó mucho en alzar las manos en señal de derrota.
—¡Al carajo! Salgan de aquí. Pero espero los culos de todos a las ocho en punto el viernes. Así que no coman pavo hasta quedar en coma. Y el primero de ustedes idiotas que vomite luego de que corramos, tendrá que lavar a mano todas las conchas. ¿Me escucharon? Eso significa que coman con moderaciones, para aquellos de ustedes que hayan recibido demasiados golpes en la cabeza. Ahora, salgan de aquí y disfruten de sus festividades.
No tenía que repetírmelo. Salí por la puerta antes de que terminara de hablar.
Sammy me estaba pisando los talones, riéndose a carcajadas.
—¿Dónde es el incendio, Cullen?
En mis pantalones, para ser honestos. Era como si mi polla supiera que Chica Reed estaba a diez millas de mí. Un poco más y quizá empezaría a sudar y temblar. Era mi droga, y ya era adicto a ella.
—¿Supongo que ya llegó el vuelo de Bella?
Sí, ya había llegado. Y apestaba que yo no estuve ahí para recogerla.
—Sí.
Llegamos a las puertas, y básicamente empecé a correr hacia mi carro. No importaba que nos hubiéramos partido el culo en las practicas. Tenía toda la energía del mundo para mi chica.
Una mano cayó en mi hombro antes de que pudiera abrir la puerta de mi carro. Me giré, con el ceño fruncido y listo para arrancarle la cabeza a alguien.
Sammy alzó las manos.
—¡Amigo! No me mates. Sólo quiero asegurarme de que siguen en pie los planes para mañana. Tú y Bella saldrán a respirar un poco de aire para entonces, ¿verdad?
Sacudí la cabeza, intentando aclararme.
—Sí. Les dije que llegaríamos cerca de medio día. Nos da tiempo para jugar un poco y ver el juego de los Lions antes de comer.
—Bien. Se los haré saber a Brady y Colin. Te veré ahí. Y no lo olvides. No creo que estén muy emocionados si llegan todos menos su jugador favorito.
Tuve que reírme. Probablemente Chelsea los correría a todos. Yo ganaría mi entrada sólo porque tenía su jersey de Eli.
—Estaremos ahí. Ahora, no te ofendas, pero alguien mucho más bonita que tú me está esperando en casa.
Resopló.
—De hecho, sí me ofendo. Soy bastante bonito. Podría irte peor.
—Sí, podría. —Eso lo hizo sonreír—. Pero también podría irme endemoniadamente mejor.
—Imbécil. —Me pegó en el hombro izquierdo—. Ve. Dale a tu chica un beso de mi parte.
—Carajo, no. Le daré besos de mi parte. Eso es lo que ella quiere.
—Sólo porque no sabe de lo que se está perdiendo. —Se alejó de mi alcance riéndose—. Yo mismo se los daré mañana.
—Inténtalo y el relleno no será lo único que entrará por el culo del pavo.
Se rio y se despidió con la mano.
—Tendrías que atraparme primero. Ahora, ¿qué haces todavía aquí hablando conmigo?
Maldición, era cierto. Le tiré dedo y me subí al carro. Hice sonar mi motor cuando pasé junto a él, haciéndolo reír de nuevo.
No rompí el límite de velocidad en carretera al ir a casa, pero probablemente me acerqué demasiado. Y quizá me volví un poco loco en el elevador, el cual parecía ir noventa veces más lento que de costumbre. ¿Por qué carajos teníamos que comprar un penthouse? Debí haber comprado algo en la planta baja. Sería más rápido. Y barato. No es que me importara alguna mierda sobre eso, pero la cosa de la rapidez sería perfecta en este momento.
Corrí fuera del elevador y estuve dentro de nuestro apartamento en diez segundos. Afortunadamente ella dejó la puerta abierta.
—¿Nena? Estoy en casa.
—Aquí —gritó.
Me sorprendió que no estuviera en la sala o en nuestra habitación, pero seguí su voz hasta la habitación de invitados. Puede que ignorara la imperiosa exigencia de Rainbow para que la cargara. Probablemente pagaría por esa mierda más tarde, pero tenía que llegar a mi esposa.
Me estaba dando la espada, veía hacia la habitación. Deslicé mis brazos a su alrededor desde atrás y le besé el cuello.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Giró la cabeza y rozó sus labios sobre los míos.
—Sólo veía.
—Pues puedo pensar en cosas mejores para mirar. —Mordí su lóbulo y la hice suspirar y derretirse sobre mí.
Chica Reed se removió entre mis brazos hasta que quedo de frente a mí, y pasó sus brazos alrededor de mi cuello.
—Listo. Así está mejor.
Le sonreí.
—Es un paisaje muchísimo mejor.
Ladeó la cabeza.
—¿Tú o yo? Espera, no me respondas.
Tenía cosas mejores que hacer que responderle porque sus labios se encontraron con los míos de verdad, en un beso largo y agradable. Carajo, eso me gustaba más. La encaminé hacia la cama de invitados.
Chica Reed siguió moviéndose cuando la parte trasera de sus rodillas golpeó el colchón, jalándome hacia abajo con ella sin romper nuestro beso. Logré apoyar las manos para detenerme y no aplastarla contra la cama.
Nos besamos por un rato, y a pesar de que una gran parte de mí estaba gritando por estar dentro de ella, no tenía prisa. Se sentía jodidamente maravilloso el tan sólo tenerla conmigo de nuevo. Dos semanas y dos días lejos era demasiado tiempo.
Nos separamos y me sonrió, pasando sus dedos por mi cabello. Era tan jodidamente hermosa.
—Hola, esposo.
No pude haber detenido mi sonrisa, aunque quisiera.
—Hola, esposa. Te extrañé.
—También te extrañé. Se siente bien estar en casa.
Le alcé una ceja.
—Casa, ¿eh? Me gusta mucho como suena eso. Ya es hora de que esto se convierta en tu casa.
Bajó sus manos por mi espalda y me empujó por completo contra ella.
—Mi casa es dondequiera que tú estés.
Carajo. Me encantaba eso. Y era verdad. Este lugar era genial, pero no se sentía completamente bien sin ella aquí.
—Lo mismo digo, nena. —La besé de nuevo—. Por cierto, ¿qué estabas viendo cuando yo entré?
—El espacio en la habitación. Será el cuarto del bebé, ¿no? Estaba intentando imaginar dónde pondríamos la cuna.
Huh. No había pensado en nada de eso. ¿Debí haberlo pensado? Todavía nos faltaban como cinco meses y medio. A mí me parecía un poco pronto para empezar a pensar sobre decorar. ¿Pero qué sabía yo? Tal vez Chica Reed ya estaba haciendo su nido. El libro mencionaba eso. Necesitaba leer ese capítulo de nuevo.
—Tenemos tiempo suficiente para decidir todo eso.
Sonrió.
—No tanto tiempo como piensas. Imagino que una vez que esté yo aquí, el tiempo se irá volando.
Probablemente tenía razón. Obviamente ahora el tiempo avanzaba arrastrándose. Cada día parecía ser una semana más o menos.
—Primero hay que traerte aquí, y luego podemos dedicarnos a decorar. Como tú quieras. —Le prometería el mundo si eso mantenía esa sonrisa en su cara.
—Puede que te arrepientas de decir eso.
—Nunca me arrepentiré de ninguna promesa que te haga.
Sus ojos se vieron sospechosamente brillantes cuando apretó su agarre en mí.
—Oh, Edward. Ocasionalmente me dices las cosas más maravillosas del mundo.
Comencé a responder, pero sus labios encontraron los míos antes de poder hacerlo. Y luego, lo que fuera que iba a decirle, se perdió.
Nos tomamos nuestro tiempo desvistiéndonos el uno al otro, tocando y probando. Era divertido, la necesidad que sentí por apurarme en llegar a casa con ella, el jodido antojo que sentía por estar dentro de ella, quedó satisfecho con tan sólo tenerla en mis brazos. Sólo estar con ella. Y cuando finalmente entré en ella, se sintió increíble. Y bien.
Mucho tiempo después encontramos nuestro camino de regreso a nuestra habitación, con una caja de pizza y una gata muy enojada entre nosotros.
—Mis pantalones se empiezan a sentir más apretados.
La miré. No estaba usando pantalones. No estaba usando nada más que una de mis camisetas. Era endemoniadamente sexy.
—Nena, te los quité hace rato.
Se rio.
—No ahora. Digo en general. Me estoy haciendo más grande. Pronto se me empezará a notar el embarazo.
En realidad, sonaba emocionada por eso, lo cual supongo que era algo bueno.
—¿Lo estás ansiando, Chica Reed?
Bella sonrió mientras agarraba otra rebanada. Tal vez debí haber ordenado algo más saludable. Quería algo rápido y fácil, para poder comer en la cama, hacerlo a un lado, y luego tocarnos de nuevo. Sí, incluso la comida nos estaba interrumpiendo ahora.
—Pues, sí, quiero decir, ansío ver una prueba verdadera de que hay un bebé dentro de mí, aparte de los pechos más grandes.
—Oye, no menosprecies los pechos más grandes. Son un maravilloso signo del embarazo. —Mi favorito. Estiré la mano y acuné el izquierdo porque estaba más cerca.
Se rio y me apartó la mano de un manotazo.
—Sí, sé que eres su fan. Pervertido.
—Me amas así.
—Cierto. Pero pronto tendré que ir de compras. Tal vez vaya a las ventas de Viernes Negro mientras estás en la práctica. No veo el punto en comprar cosas nuevas en Florida cuando me mudaré en dos semanas.
Dos semanas. Carajo, no podía esperar.
—Eso tiene sentido. Te dará algo en que ocuparte mientras no estoy.
—Sí. —Hizo una mueca—. Aunque será raro ir de compras sin Rose y Alice.
Terminé el resto de mi rebanada y tiré la caja vacía de la cama. Tenía que admitirlo, mi chica tenía un apetito más sano estos días. Usualmente no nos terminábamos una pizza grande entre los dos. Eso estaba bien. Nos habíamos ganado ese apetito y quemaríamos lo que habíamos comido durante toda la noche.
Puse mi brazo a su alrededor, y se acurrucó en mi costado. Rainbow me pegó en la pierna con su cola, a pesar de que me aseguré de no molestarla cuando me moví. Seguía enojada porque la había ignorado al llegar a casa.
—Puedo preguntarle a JPP si su esposa tiene planes el viernes. —Muchos de mis compañeros estaban solteros. Me preocupaba un poco que ella se sintiera sola sin sus chicas aquí.
Negó con la cabeza.
—No, estaré bien. Puede que se agradable no tener la voz de nadie más que de mí misma cuando considere qué comprar.
—Conocerás gente cuando te mudes aquí —le aseguré. Necesitaba alguien con quien pasar tiempo aparte de mis compañeros. Ellos eran geniales y todo eso, pero no.
—Lo sé. No estoy preocupada por ello. Probablemente conoceré gente a través del trabajo en la fundación, y cuando llegue el bebé, planeo entrar a esas clases de Mamá y yo, además estará también el parque. Será diferente a lo que estoy acostumbrada, pero en realidad ansío a que llegue el momento.
¿Mamá y yo? ¿Quería saber? No, probablemente no.
—¿Voy a tener que tomar clases?
Se rio.
—No si no quieres.
Rainbow decidió perdonarnos, o tal vez sólo a ella, porque se subió al regazo de Chica Reed y se acurrucó, mirándome con sus entrecerrados ojos dorados.
—No seas una perra, Rainbow. Te veo todos los días. No puedes culparme por querer ver primero a mi esposa. —Gata grosera. Odiaba cuando se enojaba conmigo. Y odiaba odiar eso. ¿Por qué debería importarme una mierda?
—Jasper dice que deberíamos tomar clases de paternidad, de esas donde aprendes a cambiar pañales y esas mierdas. —A mí me parecía que era bastante obvio, pero, ¿qué sabía yo? Un montón de chicas en mi preparatoria tuvieron que cargar por todos lados muñecas durante un mes para una de sus clases. ¿Lo había hecho Chica Reed? Eso debería ser entrenamiento suficiente, ¿verdad?
—Yo sé cómo cambiar pañales. —Gracias a Dios—. Pero definitivamente tú deberías aprender porque no seré la única que cambia pañales en esta casa.
Carajo.
—La niñera…
—No va a vivir aquí a menos de que tomemos la oficina-habitación de Rainbow.
Mierda. Literalmente. Iba a tener que lidiar con mierda. Rainbow me lanzó una mirada que me decía que renunciar a su habitación especial no era una opción. De todas formas, ya lo había supuesto. La manera más rápida de ponerla en contra del bebé era dejándolo usurpar todos sus lugares.
—Pañales, ¿eh?
—Pañales, biberones, gases y mierdas, ¡oh Dios mío! —me sonrió—. No has leído esa parte del libro aun, ¿eh?
No. Yo estaba a favor de las cosas pre-bebé. Post-bebé era algo que todavía no estaba listo para asimilar. Ansiaba conocerlo y todo eso, pero no las cosas asquerosas.
—Tal vez nuestro hijo será un genio y nacerá ya sabiendo ir al baño.
Se rio.
—Puedes aferrarte a esa esperanza fútil si quieres, pero ambos sabemos que no pasará.
—No sé, nena. El niño es un Cullen y un Swan. No podría irle mejor en cuestión de genes, aunque lo intentara. —Carajo, amaba hacerla reír. Sí, sabía que estaba siendo ridículo, pero era divertido pensarlo.
Acaricié a Rainbow por unos segundos antes de poner mi mano en el vientre de Chica Reed.
—Va a ser maravilloso.
—Sí, él o ella, lo será.
—Lo descubriremos en unas semanas.
Puso sus manos sobre las mías.
—Entonces podremos comenzar a discutir nombres y decoraciones para el cuarto.
Eso debió asustarme. Hace unas semanas, me habría asustado. Pero sonaba realmente bien. Bueno, tal vez no la parte de la decoración. Eso en realidad no era lo mío. Pero, ¿darle un nombre a nuestro bebé? Sí, ansiaba llegar a eso.
—Me parece bien, nena.
—A mí también. —Levantó a Rainbow de su regazo y la puso en el piso—. Ahora, ¿qué te parece si recreamos el cómo llegamos a esta situación?
Oh, sí.
—Estoy a favor de recordar los buenos tiempos, Chica Reed. Y las buenas posiciones.
Se rio al sentarse a horcajadas sobre mí. Mis manos automáticamente se deslizaron debajo de su camiseta, acariciando la piel suave y cálida.
—Qué comiencen los buenos tiempos, Cullen.
Era perfecta, mi esposa. Simplemente perfecta para mí. Tenía mucho por qué estar agradecido. Después de todo, era la época adecuada del año.
Xoxoxoxoxox
Me estacioné afuera de la casa gris de dos pisos y me giré hacia Chica Reed.
—¿Estás lista? Esto no te hará llorar, ¿verdad? —Normalmente no tendría que hacerle tal pregunta, pero esta mañana lloró de repente por un comercial donde un cachorro era separado de su dueño. Sólo podía agradecer que no hubiera aparecido uno de esos comerciales del SPCA con los animales maltratados y sin casa. Nunca hubiera dejado de llorar. Las hormonas apestaban. Bueno, las que la hacía llorar. Las del sexo podían quedarse para siempre si de mí dependiera.
—Por supuesto que no voy a llorar. —Me golpeó ligeramente el brazo—. A menos de que no haya tarta de calabaza. Eso sí podría hacerme llorar.
Me reí.
—No serías la única, nena. No sería Acción de Gracias sin tarta de calabaza. Y estamos cubiertos. —Había pedido que trajeran un montón de tartas de una pastelería. No podía esperar a comerlas.
Toqué su mejilla.
—Pero en serio. Yo casi lloré cuando conocí a Danny, así que sé que podría afectarte.
Se inclinó en mi palma.
—Lo sé. Y probablemente me afectará. Pero no voy a hacerlo sentir incómodo. Eso es lo último que querría hacer. Puedo controlarme, lo prometo.
—Bien. Vamos.
Le di la vuelta al carro y la dejé salir antes de agarrar el jersey de Eli, las botellas de champaña, la sidra y las flores del asiento trasero. Cargamos todo hasta la puerta y toqué el timbre antes de pasar mi brazo libre por la cintura de Chica Reed.
—¡Yo abro!
Sonreí cuando escuché la emocionada voz de Danny, seguido por el golpeteo de sus pisadas. Puede que tuviera cáncer, pero seguía actuando como el niño de nueve años que era.
Abrió la puerta de golpe. La primera cosa que vi fue la brillante sonrisa en su rostro. La segunda, era que estaba usando mi jersey.
—¡Edward! ¡Hola!
—¡Hola, camarada! Te ves listo para jugar.
—¡Lo estoy! Algunos de mis amigos van a venir. Papá dijo que podíamos ir a la escuela, ¿si quieres? Tiene más espacio. Nadie creía que de verdad fueras a venir a verme.
—Bueno, claro que vine. Lo prometí, ¿no? Gracias por invitarnos. Esta es mi esposa, Bella. Bella, este es Danny.
La sentí tomar un gran aliento bajo mi mano. Aunque estaba sonriendo tanto como él. Sus ojos estaban un poco brillosos, pero afortunadamente no había lágrimas.
—Danny, ¡estoy tan emocionada por conocerte! Edward me ha contado mucho sobre ti. Escuché que tienes un brazo muy fuerte.
—Hola —le dijo, se veía un poco tímido—. ¿En serio te contó sobre mí? ¿Cree que soy bueno?
Mi chica asintió.
—Claro que sí. Cree que tienes lo que se necesita para llegar a las grandes ligas. Y puedo decirte que Edward no reparte cumplidos como ese a cualquiera. Es bastante selectivo.
—¡Oye! ¡Sólo lo digo como es!
Ambos me sonrieron.
—¡He estado practicando! Quería estar listo para jugar hoy.
—Danny, se supone que debes invitarlos a pasar —anunció una impaciente vocecilla. Un momento después apareció Chelsea con un ceño fruncido bien puesto.
—¡Oh, sí! Por favor, entren. —Abrió la puerta y señaló hacia adentro, como si hubiera estado practicando. Fue endemoniadamente divertido.
—Tienes que ofrecerte a tomar sus abrigos, tonto.
—¡Eso iba a hacer! Lo olvidé. Y no me digas cosas.
Se fulminaron con la mirada el uno al otro. Reconocí esas miradas. Emmett y yo nos las habíamos dado entre nosotros una infinidad de veces al crecer.
—Apreciamos mucho su hospitalidad. —Bella entró—. ¿Podrías llevarle estas flores a tu mamá por mí? No podemos quitarnos los abrigos con todas estas cosas en nuestras manos, así que no te olvidaste de nada, Danny.
Chica Reed le dio las flores.
—Es un gusto conocerte, Chelsea. Soy la esposa de Edward, Bella.
—Hola. Eres bonita —le dijo Chelsea.
—Gracias. Tú también.
Mi esposa era jodidamente natural. Calmó el argumento, recibió un cumplido de Chelsea e hizo que Danny se sonrojara con placer al asegurarle que no lo había jodido. Iba a ser una madre maravillosa.
—Entonces, ¿eres la esposa de Edward? ¿Por qué no te casaste mejor con Eli? Él es mejor.
—¡Chelsea! Ya hablamos de esto. —Joyce apareció en el pasillo, frunciéndole el ceño a su hija—. Lo siento. Tiene mente propia. Soy Joyce Prentice. Es un gusto conocerte.
Chica Reed sólo se rio.
—Soy Bella. Y no tienes nada de que disculparte. Es agradable conocer a alguien que lo ponga en su lugar de vez en cuando. Yo no puedo hacerlo siempre.
—Cualquier hombre se sentiría acomplejado con ustedes dos.
Sonreí cuando Chica Reed musitó: Claro.
—Es algo bueno que estés aquí para defenderme, Danny. Estas mujeres me están atacando.
—¡Yo te defenderé! —lanzó un puño al aire.
Joyce se rio y agarró el vino.
—Muchísimas gracias por venir. ¡No tenían que traer nada! Ya habías mandado mucho.
—Era lo menos que podíamos hacer, ya que tú te ofreciste a alimentar a unos cuantos jugadores de fútbol. Ellos se habrían comido toda tu casa. Créeme —le aseguré.
—¿Hay algo en lo que te pueda ayudar? —preguntó Chica Reed.
—Oh, no, todo está casi listo. Pero, por favor entren. Danny, toma sus abrigos.
Se los entregamos y seguimos a Joyce hacia la sala. Luego de que entramos más en la casa, nos golpeó el asombroso olor.
—Dios, huele bien aquí.
Joyce se rio por mi declaración.
—Me alegra mucho que pienses eso. Steve entrará pronto. Está atrás, friendo un pavo. Por favor, tomen asiento.
—¿En serio? Siempre he querido probar pavo frito. —Amaba las mierdas fritas, a pesar de que no me permitía comerlas muy seguido.
Chica Reed se sentó en el sofá y se alisó el vestido negro sobre sus rodillas. Me senté junto a ella.
—También Steve. Le diste la excusa perfecta. —Joyce me sonrió—. Mandaste más de lo que podría cocinar en el horno, así que decidió que era hora de probar algo frito. Se la ha estado pasando bien allá afuera. Lo hice llevarse un extinguidor con él. —Se rio entre dientes—. Y tengo uno colocado junto a las puertas de cristal, por si acaso.
—Es mejor prevenir que lamentar. —Chica Reed sonrió—. Muchísimas gracias por invitarnos. Apenas llegué ayer, y la idea de preparar una gran comida para nosotros dos no se me antojaba.
—Nos alegra que hayan venido. Danny no ha hablado de nada más durante las últimas semanas. —Su sonrisa cayó un poco—. Ha sido algo bueno para él.
—¿Cómo está…? —me callé cuando Danny entró en la habitación, ya traía un balón de fútbol en la mano.
—¿Cuándo van a llegar los chicos? —preguntó, deteniéndose frente a mí.
—Muy pronto. Estamos ansiosos, ¿eh? —El niño prácticamente vibraba de la emoción. Me hizo sonreír.
Danny asintió.
—Sí, mi vecino Mark dijo que ustedes no iban a venir. Y que yo era un mentiroso. Pero no lo soy.
—Mark es un imbécil. —Chelsea entró en la habitación, otra vez frunciendo el ceño—. Lo voy a patear de nuevo.
Joyce suspiró y paso una mano sobre la cabeza de su hija. Un poco de su cabello estaba volviendo a crecer. Podía ver que era rubio como el de su madre.
—Chels, ya hablamos sobre patear gente. Y golpear.
—Pero Mark se burla de Danny. Necesita ser pateado.
No pude evitar estar de acuerdo. ¿Quién carajos era ese mierdecilla Mark? Necesitaba que alguien hablara con él. O que le patearan el culo. Era una pena que yo no pudiera golpear niños. Una lástima que mi hijo todavía no naciera. Él podría hacerlo por mí.
—La violencia no es la respuesta. Si Mark es malo, Danny puede manejarlo. O puede decirme a mí.
Danny estaba viendo el piso con la cara roja. Carajo. Estaba avergonzado, y no podía culparlo.
—Estoy seguro de que Danny es lo suficientemente inteligente para no dejar que las palabras de un tonto lo lastimen.
Alzó la vista ante mis palabras.
—Eres más fuerte que todas las personas que conozco, pequeño. Un abusador de mente pequeña no puede quitarte eso.
Chica Reed hizo un sonidito como un jadeo y se acercó a mí en el sofá. Pase mi brazo a su alrededor.
Danny me sonrió.
—¿Crees que soy tan fuerte como tú?
—Más fuerte —le aseguré—. Pero es bueno tener una hermana que esta lista para patear unos traseros por ti. Mi hermano también solía hacerlo por mí. Él me ponía las cosas difíciles, pero no dejaba que nadie más lo hiciera. —Le lancé una sonrisa a Chelsea—. También se iba a los golpes.
—Sí, ella es muy genial. —Danny le sonrió a su hermana y recibió una sonrisa en respuesta. En serio se parecían mucho.
—Y ya que es genial, probablemente debería darle su regalo. —Le di el jersey de Eli. Soltó un gritito de alegría—. ¿Ves? Prometí que lo conseguiría para ti.
—¡Gracias! ¿Te habló de mí?
—Dijo que disfrutó platicar contigo y que tienes buen gusto en jugadores favoritos.
—Así es. —Le sonrió a mi esposa—. Debiste casarte con Eli.
—¡Chelsea! —su mamá sacudió la cabeza con exasperación.
Chica Reed se rio entre dientes.
—Estoy bastante segura de que él ya está casado. Pero si eso alguna vez cambia, intentaré ir tras él.
—¡Oye! —le hice cosquillas en el costado, y ella se retorció contra mí.
—¡Sólo estaba bromeando!
Dejé de hacerle cosquillas.
—Quizá. —Se estaba riendo y sus ojos estaban brillando. Se veía jodidamente preciosa.
—Más te vale.
—Recién casados. —Joyce nos sonrió—. Son tan lindos juntos.
—Tenemos nuestros momentos. —Chica Reed me sonrió—. ¿Estás segura de que no puedo ayudarte con nada, Joyce?
—Bueno, podríamos ponernos a trabajar en el platillo de judías verdes. Danny, ¿quieres enseñarle tu habitación a Edward?
—¡Sí! Vamos, Edward. —Tiró de mi mano.
Me levanté y ayudé a Chica Reed a levantarse.
—Diviértete en la cocina, nena.
—No te acostumbres, Cullen. —Me besó la mejilla y siguió a Joyce fuera de la sala.
Danny tiró de mi hacia las escaleras.
—¡Vas a amar mi habitación! ¡Es todo de los Gigantes y del Estado de Florida!
Su habitación era bastante genial. Las paredes eran del azul de los Gigantes, había colgado estandartes de FSU y tenía mi jersey enmarcado en la pared.
—Es una habitación muy genial, Danny. —Tenía juguetes en una repisa, un escritorio desordenado, ropa saliendo de su armario. Toda una habitación de niño. Algún día mi hijo tendrá una habitación como esta. Estaba emocionado por eso. Tal vez pintaríamos la suya de color granate y dorado.
—Gracias. Tal vez podamos jugar videojuegos mientras esperamos.
En cuanto dijo eso, sonó el timbre.
—Son ellos.
—¡Sí! ¡Vamos! —agarró su balón y mi mano, y nos apresuramos en salir de la habitación.
Chelsea estaba mirando mal a mis compañeros cuando llegamos abajo.
—¿Quién creen que sea mejor mariscal? ¿Edward o Eli? Jugaron con Eli, ¿verdad?
Estaba usando su jersey. Sammy me sonrió desde la puerta.
—Bueno, debería decir que el mariscal para el que estoy jugando ahora, pero ya que estás usando un jersey de Eli y que realmente quiero comerme eso que huele tan delicioso, voy a tener que elegir a Eli.
Idiota. Miré a Danny para asegurarme de que no me viera cuando le tiré dedo. Él se soltó riendo.
—¿Qué pasa, Cullen? ¿Finalmente encontramos una mujer a la que no puedes conquistar? —Brady se rio entre dientes—. A mí también me agrada Eli. Es un buen tipo. Somos amigos.
—Como sea. Van a pagar por eso en el campo. Llama a tus amigos, Danny. Sigamos con esto.
Se fue corriendo para llamar a sus amigos, y yo salí con mis chicos. Estábamos platicando cuando escuché a alguien gritar mi nombre.
—Oh Dios mío. Eres Edward Cullen. De verdad estás aquí.
Volteé para ver a un niño corriendo por la entrada de la casa de un lado.
—¿Eres Mark? —pregunté con un filo en la voz.
—¡Sí! ¿Cómo lo supiste?
—Adiviné. —Me giré hacia la puerta abierta de la casa de Danny—. Oye, Danny, trae a tu hermana. Nos vendría bien una buena pateadora.
Vi al niño hacer una mueca por la comisura de mi ojo. Bien. Cabrón.
—¿Hay alguna razón por la que estás fulminando con la mirada a ese niño? —me preguntó Sammy en voz baja.
—Molesta a Danny. No puedo golpearlo, así que…
Sammy también fulminó con la mirada al niño.
—Entendido. ¿Va a jugar con nosotros? Puedo tirarlo al lodo o algo así. Accidentalmente, claro.
Me burlé. Siempre podías contar con Sammy.
—No, probablemente nos demandarían o algo así. Sólo podrá jugar con nosotros si no es un patán con Danny.
Danny salió corriendo.
—¡Nos verán allá! No puedo esperar para… oh. Hola, Mark.
—Hola. ¿A dónde van?
—A la escuela a jugar fútbol.
—¡Vaya! ¿Puedo ir?
Danny me miró.
—Depende de ti, hombre —le dije. Dejaría que él tomara la decisión.
—Seguro, supongo.
Comenzamos a avanzar hacia la escuela, Danny iba platicando con todos nosotros. Antes de llegar demasiado lejos, Chelsea se acercó corriendo.
—¿Qué estás haciendo tú aquí? —le exigió a Mark. Carajo, amaba a esa niña. No tenía filtro. Me recordaba a mí.
—Danny dijo que podía venir. ¿Qué estás haciendo afuera? ¿No estás castigada?
—¿Por patearte? Claro que no. Mamá me dio postre extra.
Sammy y yo nos soltamos riendo. Colin y Brady no tenían idea de qué jodidos estaba pasando, pero de todas formas sonrieron.
—Escucha, Pelona. La única razón por la que te saliste con la tuya es porque no tengo permitido pegarles a las niñas.
Me detuve y miré al niño.
—¿Cómo le dijiste?
—Pelona —respondió—. No tiene cabello.
Al carajo con eso. Este niño no iba a tener el honor de jugar fútbol con Danny. Ya todos mis compañeros fulminaban con la mirada abiertamente al niño.
—Primero que nada, ella sí tiene cabello. Es una niña hermosa que ama y apoya a su hermano, lo cual la hace ser jodidamente genial. —Tal vez no debí decir jodidamente frente a los niños, pero me importaba un carajo—. Segundo, las personas que se burlan de otros porque son diferentes, porque están enfermos, son unos imbéciles. Mi amigo Danny es demasiado amable para decirle imbécil a un imbécil, pero yo no. Vete, niño. Nosotros no jugamos con abusadores.
Mark me miró boquiabierto por unos segundos antes de girarse y correr en la dirección contraria.
—Maldición, Cullen. Hiciste que ese niño se cagara.
Le lancé una mirada a Colin y moví mis ojos hacia los dos niños que estaban de pie mirándome.
—Oh, mierda. Quiero decir, perdón.
Idiota.
—Entonces, ¿no tenemos un juego que jugar o qué?
—¡Sí! Gracias, Edward. —Danny me sonrió.
—Cuando quieras, pequeño. —Le quité la gorra y le palmeé la cabeza—. Nunca dejes que nadie te haga sentir inferior.
—No lo haré. —Empezó a ponerse de nuevo la gorra, pero luego la lanzó a un lado—. Vayamos a jugar fútbol.
Empezamos a caminar detrás de él. Sentí que algo me rozaba la mano y bajé la vista para ver a Chelsea. Ella tomó mi mano en la suya.
—Oye, ¿Edward?
—¿Sí?
—¿Podrías firmar uno de tus jerséis para mí?
Que me maldigan si no sentí como si hubiera ganado una jodida batalla.
—Puedo hacerlo.
—Genial. —Mantuvo mi mano en la suya.
—Supongo que me equivoqué. No hay mujeres que no pueda conquistar —dijo Brady, haciendo reír a todos.
Tal vez sí había. Pero aquellas que eran un reto, como Chelsea y mi Chica Reed, valían la pena el esfuerzo extra. Le sonreí a la pequeñita que me correspondió la sonrisa. Valía totalmente la pena.
