Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 31

—¡Eso fue genial! ¡Ganamos! —los ojos de Danny brillaron al sonreírme. Me alegraba que estuviera feliz, pero se veía malditamente pálido. Y, a pesar de que él no había dicho ni una palabra, podía ver que estaba cansado.

—Pues por supuesto que ganamos, pequeño. ¿Tú y yo en el mismo equipo? No tenían ni una oportunidad. —Palmeé su espalda—. Probablemente fue injusto poner juntos a los dos mejores jugadores, pero eso es el fútbol. Todo se trata de llegar al tope salarial.

Sus risas se interrumpieron cuando empezó a toser. Carajo. Estaba frío afuera, y necesitábamos regresarlo adentro. Me agaché frente a él.

—Súbete, pequeño. El MVP siempre es cargado alrededor del campo luego del juego.

—¿Soy el MVP? —preguntó, sonaba completamente sorprendido.

—¿Quién más sería? Tú anotaste el touchdown ganador.

—Sí, pero tú me ayudaste.

—Eso es lo que hacen los compañeros, Danny. —Sammy estiró su mano para chocarla—. ¡Nos pateaste los traseros! Ahora súbete a la espalda de Edward. Hazlo trabajar de verdad, aunque sea una vez.

Ayudó a Danny a subirse a mi espalda. La sonrisa seguía en su cara, pero vi la preocupación en sus ojos cuando me paré. Sí. Apestaba que el pequeño estuviera exhausto luego de un juego rápido de fútbol. Pensaba muy poquito. Sentía que su hermana le ganaba con unas veinte libras.

—En serio. Ustedes los mariscales se llevan toda la gloria mientras nosotros hacemos todo el trabajo pesado. —Colin le sonrió a Danny—. Eres inteligente al querer jugar en esa posición, Danny. Todo el dinero, toda la gloria, nada del dolor.

Me reí cuando lo vi cojear.

—¿Tacleas alas defensivas de trecientas libras y no puedes manejar a una niña de sesenta libras?

—¡Oye! ¡Ella juega sucio! Es peor que Suh.

Chelsea se puso las manos sobre las caderas y lo fulminó con la mirada.

—Eres muchísimo más grande que yo. Tenía que tumbarte.

—¿Pateándome en la espinilla? Te tengo noticias, niña… eso ameritaría una penalización de quince yardas y probablemente te expulsarían si hubiera sido un juego de verdad.

—Pero no lo era y no me expulsaron y ganamos. Así son las cosas. —Le sacó la lengua y corrió cuando él intentó agarrarla.

—Agradece que no fue tras tus bolas, hombre —murmuré—. Así fue como tumbo al niño Mark.

—¿Ves? Juega sucio. —Pero sonrió—. Me gusta su estilo.

—A mí también. Salgamos de aquí. Es hora de comer. —Y de alejar a Danny del aire invernal. Estaba jodidamente helado, y el invierno apenas comenzaba.

—Acabas de decir las palabras mágicas. —Brady pasó corriendo a mi lado, despidiéndose de los niños que habían venido a jugar con nosotros.

Habían llegado más de los esperados porque unos amigos habían llamado a otros y demás. Pero pasamos un momento increíble. Todos dimos algunos autógrafos en lo que sea que los niños nos ofrecieran, desde gorras hasta balones. Nos despedimos y nos dirigimos de regreso a la casa. Yo cargué a Danny todo el camino de regreso, y Sammy le dio a Chelsea su propio viaje en caballito ya que ella también ganó.

—Bueno, ¡parece que alguien se divirtió! —Joyce se encontró con nosotros en la puerta, nos sonrió al meter a los niños a la casa.

Me agaché y dejé que Danny se bajara de mí. Lanzó sus brazos alrededor de su madre.

—¡Ganamos, mamá! ¡Yo fui el MVP porque anoté el touchdown ganador!

—¡Qué bueno, cielo! Por supuesto que fuiste el MVP. —Lo ayudó a quitarse la chaqueta y pasó sus dedos sobre sus mejillas—. Estoy muy orgullosa de ti.

—¡Todos los niños estaban muy emocionados! Y Tommy anotó un touchdown, y Jason también. Y Chelsea tacleó a Colin.

—Si a eso le llamas taclear —murmuró Colin. Le agarré las manos por la espalda y lo hice reír—. El Entrenador me pateará el trasero si ve ese moretón.

—No te preocupes. Le diré que te tumbo una niña de nueve años. No le molestará.

Joyce se rio.

—Por alguna razón imagino que hay más detrás de eso.

—Es muy grande, mamá. —Chelsea le dio su abrigo y bufanda—. Hice lo que tuve que hacer, y ganamos.

—¿Te pateó? —Joyce se giró hacia su hija—. ¡Chelsea! Ya hablamos de esto.

—Mamá, tienes que hacer todo lo necesario para ganar. Incluso si tienes que ser escurridiza.

—Ella sería una buena Patriota —susurró Sammy.

Ahogué mi risa.

—Ella abrió el carril perfecto para que Danny pasara. Hacen un buen equipo —le dije a Joyce.

—Así es. —Les sonrió a sus hijos—. Ahora, vayan a asearse. Ya casi está el pavo.

Se fueron tomados de las manos con sonrisas idénticas en sus rostros.

—Gracias por sacarlos hoy a jugar. Significa mucho para los dos. —Por un momento, se vio llorosa, pero parpadeó un par de veces—. Déjenme mostrarles la cocina para que también puedan asearse.

Entramos y encontramos a Bella riéndose mientras platicaba con Steve. Me lavé y lo saludé.

—¡Hola! Ya pudiste regresar adentro, ¿eh?

Se rio.

—Sí, pero luego de que todo el aceite quedo casi frío. Me alegra que se esté poniendo frío afuera o todavía seguiría ahí. ¿Cómo estás? Gracias por venir.

Deslicé mis brazos alrededor de mi esposa.

—Estoy muy bien. Gracias por invitarnos. ¿Qué estás haciendo, nena?

—Puré de papas. —Apagó la batidora y usó una cuchara para quitarle un poco de papas a las aspas. Antes de decirle una palabra, me ofreció la cuchara y me dejó lamerla.

—Yumi. Sabe muy rico, Chica Reed.

Steve se rio.

—Apenas me estaba diciendo cómo es que le diste ese apodo.

—¿En serio? —le sonreí a mi choca—. ¿Le contaste la versión de verdad o la censurada?

—La censurada, por supuesto. Todavía no nos conocemos tan bien. —Empujó el cuenco a un lado y se giró para abrazarme—. ¿Cómo estuvo el juego?

—Estuvo genial. Danny, Chelsea y yo estábamos en el equipo que ganó, obviamente.

Sonrió.

—Por supuesto que sí.

Le conté a Steve sobre el juego, jugada por jugada, mientras llevábamos la comida a la mesa. Con todos ayudando, estuvimos sentados en poco tiempo.

—En lugar de decir las gracias tradicionales, usualmente todos nos turnamos para decir algo de lo que estemos agradecidos. —Joyce sonrió—. Danny, ¿te gustaría comenzar?

—Bien. —Juntó sus manos—. Estoy agradecido por mis padres y mi hermana. Estoy agradecido por haber conocido a Edward y porque sus compañeros están aquí hoy. Y estoy agradecido por haber podido jugar fútbol y ser el MVP.

Chica Reed deslizó su mano sobre mi pierna y me dio un ligero apretón. Puse mi mano sobre la suya.

—Estoy agradecida por mi familia y mi hermano. Y estoy agradecida porque Edward me trajo mi jersey de Eli y no dejó que Mark jugara con nosotros. Oh, y estoy agradecida por haber ganado.

—¿Quién es Mark y por qué no lo dejaste jugar con ustedes? —murmuró Bella suavemente.

Mierda. Esperaba no meterme en problemas por eso.

—Un idiota que le dijo Pelona a Chelsea y que molesta a Danny.

—Oh, buen, que se joda pues.

Me costó todas mis fuerzas no soltarme riendo o darle un beso altamente inapropiado para la mesa. Se veía tan jodidamente sexy cuando maldecía. El niño Mark había tenido la suerte de que ella no estuviera cerca cuando le dijo esas cosas a Chelsea.

—Estoy agradecido de que nos hayan invitado a su casa hoy. Estoy agradecido por mi mamá, que trabajó duro para mantenerme, y por mis compañeros y amigos, que también se han convertido en mi familia. —Sammy nos sonrió.

—Estoy agradecido por esta increíble comida y por poder pasar la festividad con una gran familia. Gracias por recibirnos y alimentarnos. Sé que no es algo fácil. —Los hoyuelos de Brady aparecieron—. Probablemente Colin se comerá el pavo él solo.

—Idiota. —Colin se aclaró la garganta—. Estoy agradecido por mis compañeros, incluso si son un dolor más de la mitad del tiempo. Y estoy agradecido de que me hayan invitado aquí. También agradezco tener espinillas fuertes.

Chelsea le sonrió angélicamente desde el otro lado de la mesa. Era jodidamente gracioso. Probablemente intentaría patearle la otra espinilla antes de que terminara el día.

Chica Reed se enderezó.

—Estoy agradecida por poder pasar esta fecha con mi esposo, por el cual agradezco todos los días. Estoy muy feliz de que Edward haya encontrado amigos y familia tan lejos de casa. Me resulta más fácil cuando estamos separados saber que tiene a personas como ustedes con él. Estoy agradecida por todos ustedes y por la inesperada bendición que se unirá a nosotros en seis meses.

Llevé su mano a mis labios y le di un ligero beso. Mi turno. Normalmente odiaba mierdas como esta, pero este año, aquí, se sentía bien decirlo.

—Podría simplemente hacer eco de lo que Bella dijo. Estoy muy agradecido de que ella se haya tomado la molestia de encontrarse conmigo y de que no hubiera huido cuando me conoció.

—Más bien de que tú no huyeras —dijo, haciendo reír a todos.

—Es verdad. Agradezco que se haya metido bajo mi piel y que no pudiera evitar enamorarme de ella. Agradezco por mi familia, tanto dentro como fuera del campo, aquí y en Florida. Agradezco tener tan buenos amigos en mi vida, esos en los que confío para que cuiden a mi esposa cuando yo no puedo. Yo también estoy emocionado por esa inesperada bendición. —Puse mi mano sobre el vientre de Chica Reed—. Agradezco por mi nuevo amigo, Danny, y me honra el haber sido incluido en sus vidas y en su mesa.

Chica Reed sollozó junto a mí y le di mi servilleta. Se rio suavemente mientras se limpiaba los ojos.

—No estoy agradecida por las hormonas.

Eso hizo reír a todos, incluyendo a mi Bella. Los niños fueron los únicos que no lo entendieron. Mierda. Probablemente no debí haber dicho eso. ¿Y si empezaban a preguntar cómo se hacían los bebés? ¿Cuándo preguntaban eso los niños? Algún día el mío preguntaría… al carajo con eso. A Chica Reed le tocaría responder esa pregunta. Yo le compraría condones cuando cumpliera quince. Esa sería mi contribución.

—Agradecemos por nuestros dos hermosos hijos. —Joyce sonrió a pesar de sus lágrimas—. Y agradecemos que todos ustedes pudieran estar con nosotros hoy. No pueden saber… —su voz se desvaneció.

—Lo mucho que significa para Danny, y para todos nosotros, el tenerlos aquí —terminó Steve por ella—. Muchas gracias por hacernos parte de sus vidas.

No sabía si podría comer debido al nudo que se había formado en mi garganta. Pero cuando mi chica puso un montón del puré de papas que ella había hecho en mi plato, supe que tenía que hacerlo. No tardamos mucho en empezar a comer todos y, por supuesto, mis compañeros repitieron dos o tres veces. Bueno, yo también. Y, para mi gran sorpresa, también Chica Reed.

—Está buenísimo —gimió junto a mí.

Le alcé una ceja.

—¿Qué? Estoy comiendo por dos, y al bebé le gusta.

Steve se rio.

—Joyce solía decir que, ya que estaba comiendo por tres, necesitaba tres veces más de lo acostumbrado. Yo no le discutía nada.

—Sabías que no debías. —Joyce me sonrió—. Nunca discutas con una mujer embarazada.

—Sí. —Chica Reed blandió su cuchillo para mantequilla hacia mí—. O te metas entre ella y su comida, especialmente en acción de gracias.

—Nunca se me ocurriría. —Le di el pequeño pedazo de pavo que quedaba en mi plato—. Sólo quería asegurarme de que todavía tuvieras espacio para la tarta más tarde.

—Siempre hay espacio para la tarta de calabaza —me informó antes de meterse mi último bocado de pavo a la boca. Era fascinante. Y algo sexy, si era honesto. No tenía idea de por qué debería encontrar eso sexy, pero así era. Aunque siempre me había encantado que ella no fuera una de esas chicas-sólo-como-ensalada-estoy-muy-gorda. Odiaba a ese tipo de mujeres.

—¡Así es! —comentó Brady—. Puede que no esté embarazado, pero estoy de acuerdo.

—Te ves más embarazado que todos aquí, grandote. —Sammy palmeó el estómago de Brady.

—Soy un chico en crecimiento. ¿Verdad, Danny?

Danny asintió. Noté que él no había comido mucho. ¿Era normal? Me estaba preocupando de verdad. Esperaba que no hubiéramos exagerado en el campo.

—Sólo estás gordo —dijo Chelsea, sacándome de mis pensamientos.

—¡Chelsea! Eso fue grosero. Discúlpate ya —la regañó su mamá.

—Pero dijiste que no estaba bien mentir. Y él está mintiendo. No sigue creciendo.

—Chels, en serio no quiero enviarte a tu habitación en Acción de Gracias, pero lo haré si no te disculpas.

—Bien. Lamento que hayas mentido y haberte dicho gordo, a pesar de que lo estás. —Su carita se veía muy rebelde. Era jodidamente gracioso.

No pude evitarlo. La carcajada salió de mí antes de poder detenerme. Afortunadamente, Brady se unió, junto con Chica Reed y el resto de mis compañeros.

Finalmente pude hablar luego de que salieron todas las carcajadas.

—Lo siento. Es que ella… quiero decir, dice lo que piensa. Es divertido.

—Lo que quiere decir es que ella es igualita a él. Edward tiende a hablar primero y pensar sobre las consecuencias después. —Chica Reed me sonrió con cariño.

—No es cierto. Usualmente no pienso para nada en las consecuencias, a menos de que lo jo… estropee contigo. —Me importaba una mierda si ofendía a otras personas. Sólo me importaba ella.

—Que Dios me ayude si el bebé se parece a é. —Chica Reed sonrió para mostrar que no lo decía en serio. Por supuesto que sería maravilloso si nuestro hijo fuera igual a mí.

—Ella nos mantiene alerta, eso es verdad. —Joyce le dio a Chelsea la mirada de nuevo. Realmente necesitaba empezar a practicar esa cosa para mi hijo. Si realmente se parecía a mí, la necesitaría frecuentemente.

—Ella dice las cosas como son, sin dar tantos rodeos. Tienes que respetar eso. —Creía firmemente en eso. Esperaba que mi hijo le hablara a la gente como ella. Puede que yo tendría que patear uno o dos traseros a causa de ello, pero valdría totalmente la pena.

—Sí, bueno, como sea, hay un lugar y momento para todo. —Joyce seguía mirando a su hija.

—Bien, lo lamento de verdad. —Le dedicó una deslumbrante sonrisa a Brady, que por supuesto él correspondió.

—Está bien, pequeña. Me han dicho cosas peores. Y sí me gusta comer. Hay mucho músculo debajo de la capa de grasa. Me da protección extra en el campo.

—Entonces, ¿puedo comer más si juego fútbol? —preguntó Chelsea, sonaba muy emocionada por ello.

—¡Rayos, sí! Necesitas comer más, para tener energía para terminar el juego —le aseguró Colin.

—Genial. Entonces seré una jugadora de fútbol cuando crezca. —Tomó más puré de papas sólo para darle énfasis a su punto.

—Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él. —Su madre le quitó el cuenco—. Mientras tanto, ¿por qué no se van a la sala? Sé que probablemente quieren ver un poco de fútbol.

Demonios, sí. Por supuesto, antes de poder moverme, mi chica me agarró el brazo.

—Primero te ayudaremos a recoger.

Chica Reed me dio la mirada antes de poder protestar. Demonios. Ya la tenía dominada. Tal vez las chicas nacían sabiendo cómo hacer esa mierda. O tal vez aprendían en esposos antes que con los hijos. No, probablemente la aprendían durante educación sexual. Eso debía ser.

Llevamos la infinidad de trastes hacia la cocina y ayudamos a limpiar hasta que la cocina se llenó de mucha gente y nos corrieron. Nos acomodamos en la sala, y Danny se sentó junto a mí en el sofá mientras veíamos el final del juego de los Lions. Pasé un brazo a su alrededor, y él se recargó en mi costado. No tardó mucho en quedarse profundamente dormido.

Chica Reed sonrió cuando entró en la sala y nos vio. Se sentó a mi otro lado y tocó ligeramente la mejilla de Danny. Vi una lágrima bajar por la de ella y estiré la mano para limpiársela.

—¿Estás bien? —pregunté suavemente, no quería hacerla llorar más.

—Sí. Es sólo que es una imagen hermosa. Un día, no muy lejano, será nuestro bebé el que duerma en ti.

Tenía que admitir que era una linda imagen. Ella recargó la cabeza en mi hombro, y nos acomodamos para ver el juego.

Danny no era el único dormido. Chelsea cayó rendida también no mucho después, y Colin también se durmió, roncaba jodidamente alto.

Aparté la vista de la televisión cuando escuché el clic de una cámara. Joyce estaba parada en la puerta tomando fotos de Danny y de mí.

—No pude resistirme —dijo, acercó una manta y la puso sobre su hijo.

—¿Está… se ve…? —no sabía cómo decir lo que quería decir, pero ella sonrió tristemente.

—Vamos a ir por más pruebas esta semana. No se ve bien. Probablemente le espera más quimioterapia.

¿Más? ¿Cómo demonios podía tomar más este pobre niño? Era tan pequeño, tan frágil. Esto estaba muy jodido.

—¿Lo saben? —¿Cómo le dices a tu hijo que tiene que regresar al hospital y que las cosas no se ven bien?

—Lo saben. Él no quería que dijéramos nada, porque quería disfrutar el día. —Carajo. Debió haber visto la mirada en mi cara, porque sacudió rápidamente la cabeza—. No te sientas mal. Esto es lo que él quería. Le diste un día fabuloso. Uno que nunca olvidará. Uno que ninguno de nosotros olvidará jamás.

Puso otra manta sobre su hija que dormía.

—Chelsea me contó lo que pasó con Mark. Probablemente debería regañarte por hacer llorar al vecino, pero no puedo encontrar en mí la motivación para hacerlo. Ella estaba impresionada y, como puedes ver, cuesta mucho impresionar a mi Chels.

Mierda. Sentí los ojos de Bella en mí, cuestionándome.

—No lo hice llorar, en sí. Sólo le dije que los abusadores no podían jugar con nosotros.

—¿Y le dijiste que mi hija era hermosa y?, ¿cómo era? ¿Jodidamente genial?

Mierda. Me delató. Me removí bajo la observadora mirada de Joyce.

—No pretendía hacerlo. Sólo salió. No tengo filtro, ¿recuerdas?

Se rio.

—No te estoy regañando. Te estoy agradeciendo. Ella es jodidamente genial. —Pasó sus manos sobre el corto cabello que intentaba crecer de nuevo en la cabeza de Chelsea—. A veces me preocupo, sabes, de que no le doy la atención suficiente porque ella está saludable y él no. Pero ella nunca se queja. Y debería saber que es jodidamente genial. Así que gracias por decirle. Pienso que lo creerá viniendo de ti.

—Bueno —me aclaré la garganta—, bueno, entonces me alegra haberlo enviado a casa. De todas formas, era un poco cabrón.

Chica Reed me golpeó ligeramente mientras todos se reía.

—Sí, lo es. —Los ojos azules de Joyce brillaron—. Ahora, ¿qué les parece un poco de tarta?

Xoxoxoxox

Nos fuimos unas horas después. Los niños se habían despertado para la tarta, y jugamos Candyland and Sorry! un par de veces antes de marcharnos. Les gané a todos jugando Candyland. Aunque Chelsea nos había pateado el culo a todos en Sorry!, se deleitaba al mandar nuestras piezas de regreso al inicio. Al final, había sido un día realmente divertido.

Le dije a Danny que siguiera mandándome mensajes con el teléfono de su papá y que llamara cuando quisiera, y Chelsea me pidió que le dijera a Eli que le llamara de nuevo. Bueno, había avanzado un poco, pero seguía sin ser su favorito. Estaba bien. Algún día me la ganaría.

Nos despedimos y nos separamos. Chica Reed entrelazó sus dedos con los míos cuando encendí el carro.

—Vas a ser un increíble padre, Edward.

La miré, me sorprendió lo fiera que sonaba. Apagué el carro.

—Gracias, nena.

—Lo digo en serio. Sé que tienes tus preocupaciones y también yo las mías sobre mí, pero no sobre ti. No luego de que te vi hoy con esos niños.

—¿A qué te refieres? No deberías tener miedo. Vas a ser maravillosa. Soy yo el que dice groserías frente a ellos, hace llorar a los niños de los vecinos, y los hace querer saber cómo se hacen los bebés. —Me había disculpado con Joyce sobre eso, pero se rio y me dijo que ya habían tenido esa conversación. Así que llegaba antes de los nueve años. Era bueno saberlo.

Chica Reed se rio.

—Sí, probablemente nuestro bebé dirá joder antes de que sepa decir mamá, pero trabajaremos en ello. —Sonrió—. Apoyaste y defendiste a esos niños, incluso de sus propios padres cuando temiste que iban a estar en problemas. Hiciste a Danny sentirse como un campeón y a Chelsea sentirse como si pudiera derribar a un lineman defensivo.

Se llevó nuestras manos unidas a sus labios, besándome el dorso de la mano.

—Le diste un hombro donde dormir a un niñito muy enfermo y nunca lo hiciste sentir enfermo o diferente. Fue la cosa más hermosa que te he visto hacer. —Las lágrimas se derramaron por sus mejillas.

—Oye, no llores, nena. —No eran lágrimas de felicidad. ¿O tal vez sí? Carajo, no podía distinguir.

—No puedo evitarlo. Y me contuve durante toda la cena casi, así que tienes que dejarme llorar ahora. —Se rio al limpiarse las lágrimas—. No puedo evitar pensar en cómo serás con nuestro bebé.

La idea de eso hizo que los aleteos empezaran de nuevo en mi estómago. Puse mi mano sobre su vientre.

—No sé qué haré si nuestro hijo se enferma. —Odiaba que Danny estuviera enfermo. Y odiaba que no quería que nuestro hijo fuera como él. Me hacía sentir de mierda.

—Oh, Edward. —Acunó mi cara en sus manos—. ¿No lo ves? Harás exactamente lo que hiciste hoy. Defenderás a nuestro hijo, le darás un hombro donde apoyarse. Serás su fortaleza y la mía. Porque Dios sabe que te necesitaré para ser mi fuerza, enfermo o no.

—Tú eres más fuerte que yo, nena. —La jalé hacia mí—. Tengo miedo por él.

Envolvió sus brazos a mí alrededor y me abrazo con fuerza.

—Yo también. Pero ambos estaremos ahí para él, para ellos. Es todo lo que podemos hacer.

—Desearía poder hacer más.

Chica Reed se apartó y me sonrió.

—Entonces haremos más. Añadiremos una caridad para niños con leucemia o cáncer en general a la fundación. Juntaremos dinero, donaremos tiempo, haremos lo que podamos a nombre de Danny.

Carajo, ella me sorprendía. La besé con ganas.

—Eres la mujer más increíble que he conocido jamás.

Sonrió.

—Entonces eso nos hace un par muy parejo, porque tú también eres increíble. —Me besó de nuevo—. Llévame a casa. Estoy de humor para algo dulce.

Santa mierda. Sacudí la cabeza mientras encendía el carro.

—No es posible que puedas comer más tarta.

Se rio.

—Sí puedo, pero estaba hablando de ti.

Pues bueno. Pisé el acelerador y la hice reír.

Al alejarnos de la casa, la vi haciéndose cada vez más pequeña en el retrovisor.

—Vamos a necesitar una casa más grande, ¿no? —Me había golpeado la idea al estar sentados ahí, viendo a los niños jugar con todos sus juguetes. Un niño necesitaba jardines y vecinos con quien jugar y esas mierdas. Un columpio, como el que ellos tenían en su patio trasero.

Chica Reed se rio ligeramente y la miré.

—¿Qué?

—Estaba intentando descubrir una manera de sacarlo a tema sin asustarte, como lo hicieron los chicos luego de que descubriste que estaba embarazada.

Sorprendentemente, no sentía la necesidad de alterarme esta vez. Era lo que era.

—No tenemos que mudarnos de inmediato si no quieres. Obviamente, el bebé no necesitará mucho espacio al principio.

—No, pero tú quieres, ¿verdad? —Conocía a mi esposa.

—Tal veeeez.

Me reí por su tono.

—Tal vez, ¿eh?

—Bueno, es que será un dolor meter y sacar las cosas del bebé del elevador cada vez que queramos ir a la tienda o al parque o algo así.

Sacudí la cabeza y tomé su mano en la mía de nuevo.

—Parece que iremos a buscar una casa pronto. —Honestamente tampoco quería esperar. Sería más fácil mudarnos antes de que el bebé llegara que después, cuando tuviéramos todas esas mierdas extras que cargar.

—¿Sí? —sonaba emocionada—. ¡No puedo esperar! Vamos a tener un hogar de verdad.

Un hogar de verdad. Con mi esposa, nuestro bebé, y nuestra gata. Hace dos años, me habría vuelto loco. ¿Ahora? Sonaba realmente bien.