Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 32
—Un día más —le dije a Rainbow, que estaba acostada sobre mi pecho—. Un día más hasta que Chica Reed llegue aquí y regresemos a la normalidad.
Ella ladeó la cabeza, sus ojos dorados estaban pegados a mi cara.
—Bueno, supongo que en realidad no a la normalidad. La nueva normalidad. Todo va a cambiar a partir de mañana. ¿Estás lista?
Me dio un cabezazo. Por supuesto que estaba lista. Era la jodida Rainbow.
—Nos vamos a mudar, sabes.
Tenía varias casas seleccionadas para mirar con Bella antes de hablar con el agente y ocuparnos en ello. No nos mudaríamos hasta que terminara la temporada, de preferencia, pero, demonios, ya casi estábamos ahí. Sólo faltaban unas semanas antes de que comenzaran los playoffs y no íbamos a entrar, a pesar de que habíamos derrotado a nuestros tres contrincantes de división en las semanas pasadas. Philly y Dallas seguían ganando sus otros juegos, y los Skins habían quedado fuera desde la segunda semana. Sin embargo, el siguiente año sería mío.
—Probablemente no tendrás una habitación con vista al agua, pero me aseguraré de conseguir un lugar con un porche cerrado para ti. Puedes estar ahí cuando no esté jodidamente helado. —Rainbow amaba nuestro porche en Tally. Pasaba horas ahí, mirando las aves, la naturaleza y esas mierdas.
Puso una pata en mi barbilla.
—Sí, te agrada eso, ¿verdad? Eso supuse. Sé que esta mierda está a punto de ponerse seria. Nos esperan muchos cambios. Y tú y yo no sabemos manejar bien los cambios, ¿o sí? Somos criaturas de hábitos, los dos. Los bebés suelen romper las rutinas.
Me recargué hacia atrás y cerré los ojos. Rainbow subió y enterró la cabeza en mi cuello, ronroneando.
—No me malinterpretes. Estoy emocionado por el bebé. Va a ser maravilloso. Pero los bebés no son predecibles. Se despertará a todas horas de la noche y a pesar de que no estoy equipado para darle de comer, tendré que levantarme con Bella porque eso es lo que hace un buen papá. Ella no puede llevar la carga sola, ¿sabes? Yo no quiero que la lleve.
Papá me dijo que unos de los mejores momentos de conexión que pasó conmigo fueron a mitad de la noche al darme el biberón mientras mi madre recuperaba su muy necesitado sueño.
—La madre tiene una conexión instantánea con el bebé cuando le da pecho. —Mi papá sonrió—. Lo verás la primera vez que Bella cargue a tu bebé. Es diferente para el papá. No tenemos esa conexión con el bebé antes de que naciera, y no podemos usar nuestros cuerpos para alimentarlo. No tenemos ese tirón físico que las mujeres sienten. Aun así, cuando saques a tu hijo o hija de la cuna y te sientes con él acurrucado en tus brazos para darle ese biberón, cuando veas esa carita llena de confianza mirándote mientras le das su alimento, bueno, no hay nada igual, hijo.
Se rio.
—Tuve muchas conversaciones contigo ya entrada la noche, te contaba sobre mi día en el trabajo, mis sueños y esperanzas para ti. Por supuesto, quería que fueras mariscal para Florida State igual que yo. Obviamente eso sí se cumplió. Ten grandes sueños para tus hijos, Edward, pero no se los impongas. Déjalos ser su propia persona.
—Puedo hacer eso de hablar con él, claro. Hablo contigo todo el jodido tiempo.
Rainbow maulló mostrando que estaba de acuerdo. Sabía que ya tenía dominada esa mierda.
—Como sea, supongo que quiero que sepas que sólo porque estas mierdas están cambiando, eso no significa que vayan a cambiar para nosotros. —Afortunadamente nadie estaba cerca para escucharme hablar con mi gata. Seguramente me echarían a una celda acolchada.
—Voy a necesitar que estés aquí para mí, Rainbow. —La aparté de mí y la sostuve frente a mi cara—. Habrá ocasiones en las que no podré decirle lo que estoy pensando a Chica Reed, ya sabes, como sucedió cuando descubrí lo del bebé. Quiero decir, ahora ya lo amo, pero sigue siendo algo irreal para mí. Aunque pronto será lo suficientemente real para todos nosotros. Y estoy seguro que tendré muchas mierdas de qué hablar.
Puso una pata en mi nariz. Me entendía totalmente.
—Y sé que estás acostumbrada a un chingo de atención, y probablemente habrá veces en las que olvidaremos darte atención cuando llegue el bebé, pero ya sabes cómo nos sentimos y esas cosas. —No iba a decirle a mi gata que la quería. No iba a hacer eso, a pesar de que sí la quería. Ella ya lo sabía.
—Las noches pueden ser nuestro tiempo. Puedes ayudarme a darle de comer, acompañarme y esas mierdas. ¿De acuerdo, Rainbow?
Soltó un pequeño maullido, lo cual tomé como una aceptación. Eso o quería que la bajara. Cualquiera de las dos.
—Rainbow Poppins. Suena bien, ¿no crees?
Santa mierda. Miré hacia la puerta y ahí estaba Chica Reed.
—Hay de dos, o ya perdí totalmente la cabeza, o llegaste aquí antes.
Sonrió y se recargó contra el marco de la puerta.
—¿Por qué no vienes aquí y lo averiguas?
Bajé a Rainbow, bajé de la cama y crucé la habitación en menos de cinco segundos. Estiré la mano y toqué su mejilla. Era real. Estaba aquí y era real. Gracias. Envolví mis brazos alrededor de ella, jalándola hacia mí y besándola con todo lo que tenía en mí. Lo cual, luego de dos jodidas semanas, era demasiado.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿No se supone que ahorita deberías estar teniendo una fiesta de despedida? —Estaba endemoniadamente confundido. Feliz, pero confundido.
Sonrió mientras envolvía sus brazos alrededor de mi cuello.
—Decidí que no quería esperar ni un día más para estar dónde está mi corazón. Te extrañaba demasiado. Y odio las despedidas. Además, no es una despedida con esos chicos. Nos verán pronto.
Eso era cierto. Navidad se acercaba rápidamente. Carajo. Necesitaba ir de compras.
—Me alegra que estés aquí antes. Pero debiste haberme llamado, nena. Te hubiera recogido del aeropuerto.
Sonrió.
—Pero entonces no te habría podido sorprender.
Cierto. Y que sincronización tenía.
—Y tampoco hubiera escuchado tu conversación con la señorita Rainbow.
Jodido infierno.
—¿Qué tanto escuchaste?
—Lo suficiente para saber que planeas decirle cosas que no me dirás a mí. —Ladeó la cabeza—. ¿Qué tipo de cosas?
Hora de distraerla.
—Nada importante. —La cargué y la llevé a la cama—. Tenemos cosas que hacer más interesantes que hablar.
Negó con la cabeza.
—Sabes que no hay nada que no puedas decirme.
Al carajo con eso.
—Sí lo hay. Quiero decir, escuchaste lo que dije. Al principio no quería al bebé. No podía decirte eso. —Me preparé para las lágrimas o un golpe o algo que sólo Dios sabía.
En lugar de eso, Chica Reed me palmeó la mejilla.
—Sabía que no lo querías, Edward. No esperaba que lo quisieras. El bebé fue una sorpresa. Una muy buena. Pero sorpresa al final de cuentas. Por supuesto que necesitabas tiempo para hacerte a la idea. Yo también lo necesité.
—¿Entonces no estás enojada?
—Por supuesto que no. Es dulce de tu parte el preocuparte por hacerme enojar, pero preferiría que me hables de cómo te estás sintiendo en lugar de que no lo hagas. —Le sonrió a Rainbow, que estaba oliendo a su alrededor—. Puedes decirnos a las dos, ¿no?
—Depende. —Me hundí en la cama junto a ella.
—¿De qué? Puedes decirme cualquier cosa. Soy tu esposa y te amo.
Sonreí cuando dijo que era mi esposa. No podía evitarlo.
—Sí, pero hay cosas que no puedes decirle a una madre sobre su bebé.
—¿Cómo qué? —me miraba con una sonrisa paciente en sus labios.
Bien. Lo diría.
—¿Y si el bebé es feo? Sabes que no todos los bebés son bonitos. ¿Y si nuestro hijo se ve raro? No puedo decirte eso. Llorarías y me odiarías.
Sus labios se movieron, y temí que fuera a empezar a llorar. No debí haber dicho esa mierda. Antes de poder disculparme, se soltó riendo. Rainbow y yo la vimos reírse a carcajadas. Ahora estaba llorando, pero obviamente eran lágrimas de felicidad. ¿O tal vez de locura? ¿Quién carajos sabe?
—¿Esas son las cosas en las que piensas? Dios, amo lo que pasa por tu cabeza. —Tomó mi cara en sus manos—. Sí, algunos bebés se ven raros. Pero son bonitos a su manera. Y no estoy ni remotamente preocupada de cómo se va a ver nuestro bebé. Él o ella será hermoso para nosotros dos, te lo garantizo.
—Pero, ¿y sí…?
Me calló con sus labios, la cual, a mí parecer, era la manera más jodidamente perfecta de callarme.
—Te diré algo. Puedes tener tus discusiones secretas con Rainbow, pero si no te hace sentir mejor, vienes a mí, ¿bien?
Podía hacerlo.
—Bien.
—Y si son importantes, bueno, espero que de todas formas acudas a mí. Nada de lo que me digas podría hacerme amarte menos.
La jalé hacia mí.
—Es sólo que no quería ponerte las cosas más difíciles. Especialmente al principio de tu embarazo cuando yo estaba aquí y tú allá. No necesitabas más estrés. Y no necesitas más ahora. Estás creando a nuestro bebé ahí dentro. Él necesita un ambiente de tranquilidad.
Me besó de nuevo.
—Te prometo que el bebé está en un ambiente muy tranquilo. Ya terminó la escuela y estoy aquí. No me he sentido así de bien desde nuestra boda.
Esas eran buenas noticias. De las mejores, en realidad.
—Hablando de sentirse bien… —me callé ante la sonrisa sexy que cruzó su cara—. Bueno, deberíamos celebrar apropiadamente tu primera noche en casa, ¿verdad?
—No podría estar más de acuerdo. —Se paró y se quitó la blusa—. ¡Mira!
Mis ojos se centraron en sus tetas.
—Oh, sí lo veo. —Comencé a estirar las manos hacia ellas cuando ella me las apartó de golpe.
—No ahí, pervertido. ¡Aquí! ¡Mira!
Sus manos se posaron sobre su estómago. Bajó sus jeans y fue entonces cuando lo vi. Un bulto. Un bulto pequeño, pero definitivamente visible. Mi bebé. Nuestro bebé.
Estiré el brazo y puse mi mano sobre él. Ella puso sus manos sobre la mía.
—Es nuestro bebé —le dije, completamente asombrado. Quiero decir, no era una sorpresa. Sabía que él estaba ahí. Pero ahora podía ver una prueba de que ahí estaba. Ya no era sólo una imagen en una pantalla. Era jodidamente maravilloso.
Chica Reed me estaba viendo a la cara con lágrimas en sus ojos.
—¿Ves? No pensarás que nuestro bebé es feo. Y no tienes nada de qué preocuparte cuando se trate de amarlo. Ya lo haces.
Así era. Pasé mi pulgar sobre el pequeño bulto donde descansaba nuestro bebé.
—Los amo a los dos. —Rainbow eligió ese momento para acomodarse entre nosotros. Sacudí la cabeza—. Bien. A los tres.
Chica Reed se rio cuando Rainbow me dio un cabezazo en el brazo.
—¿Ves? Puedes contarnos lo que se a las dos.
Le sonreí.
—¿Puedo decirte que realmente necesito estar dentro de ti ya? Han pasado dos semanas muy largas desde que te tome por última vez.
Sonrió.
—Ya era hora de que me dieras una apropiada bienvenida a casa, Cullen.
Acorralé a Chica Reed a la cama, quitando a Rainbow de la cama con un quejido. Oh, bueno. Lo superaría. Tenía mis prioridades. Besé a mi esposa hasta dejarla sin sentido.
—Bienvenida a casa, bebé. —Moví mi mano sobre su bulto—. Bebés.
Nos tomamos nuestro tiempo para desvestirnos, explorándonos el uno al otro. Ella había cambiado, pero seguía igual. Y cuando entré en ella, todo estuvo donde debería estar de nuevo.
—Bienvenida a casa.
Xoxoxoxoxox
—Carajo, estoy cansado. —Colin dejó caer su bandeja junto a la mía en la mesa—. En serio, ¿no podemos pasarnos los siguientes tres juegos? No vamos a entrar a los playoffs sin una derrota significativa de los Boys o Birds.
Le alcé una ceja.
—Dallas y diciembre son como el agua y el aceite. No se mezclan. ¿Vas a apostar la casa en Romo? ¿En serio?
—Mierda. Lo sé. Es que esta temporada me está pateando el culo.
—Dice lo mismo cada temporada —me informó Paul al ocupar su lugar—. El pobre bebé no puede lidiar con dieciséis juegos.
—Bueno, es mejor que aprenda a lidiar con diecinueve o más el siguiente año. Podrá dormir en febrero.
Paul se soltó riendo.
—Amo tu confianza, niño.
—Estamos mejorando cada semana. El siguiente año seremos incluso mejores. —Perdimos una vez contra los 9ers, pero al menos ya estábamos en el camino correcto. Siete y seis eran un record muchísimo mejor que cuatro y cinco.
—¿Escuchaste? —Sammy se sentó junto a mí—. Jennings tiene un nuevo número de teléfono. —Se burló—. Supongo que Renee está soltera de nuevo, así que otra vez volvió a ir tras él. Te escapaste de esa jodida bala, hombre.
—Ni mierda. —Colin sacudió la cabeza—. Aunque él finalmente se dio cuenta de que fui yo quien le dio su número, así que tendré que cuidarme el culo.
—Tu culo es gigante. Sólo siéntate en él —sugirió Paul.
Sacudí la cabeza y engullí mi ensalada de pollo. Ahora que Bella estaba en casa, yo estaba comiendo más saludable de lo normal, incluso cuando estaba en el trabajo. Lo consideraba solidaridad ya que estaba vigilando su dieta muy de cerca. Después de todo, era justo que practicara lo que predicaba.
—Te diré que tengo un culo fantástico para una persona de mi tamaño. Tú sólo podrías desear verte así de bien.
—Hablando de verse bien… maldita sea. Cullen, ¿cómo le haces para salir de casa cuando tienes eso ahí?
¿Qué? Alcé la vista y seguí la mirada de Paul. Ahí, en la entrada de la cafetería, estaba parada mi esposa. Y, santa mierda, ¿qué estaba usando?
Corrí al otro lado de la sala como una bala, sacándola antes de que todo mi equipo pudiera ver lo que me pertenecía.
—Hola, guapo —murmuró, pasando sus brazos a mí alrededor.
Planté un beso en ella antes de recordar dónde estábamos y preguntarme qué carajos estaba pasando.
—Hola, nena. Um, ¿olvidé algún aniversario o algo así? —Tenía que ser así, porque estaba vestida para matar en un vestido pegado a su figura color azul marino que no hacía nada por esconder sus preciosas curvas nuevas.
—Por supuesto que no. —Se rio ligeramente—. Estoy aquí para reunirme con Alec para discutir las cosas de la fundación. Se me ocurrió detenerme primero a buscarte para que pudieras mostrarme a dónde ir. Y, ya sabes, para poder hacer esto.
Presionó su cuerpo contra el mío, y mi polla inmediatamente se paró para prestar atención. Me perdí en ella, bajé las manos para apretar su culo mientras mis labios devoraban los suyos. El sonido de una garganta aclarándose nos hizo separarnos. Bella empezó a apartarse de mí, pero la sostuve cerca, en parte porque no iba a dejar que quien quiera que estuviera detrás de ella viera sus preciosas tetas y en parte para tapar mi furiosa erección.
—Sabes, tenemos cuartos con mesas de masaje y esas mierdas. ¿Por qué no siguen esto en un lugar privado?
Le tiré dedo a Brady, y él se fue riéndose. Carajo. Tenía que recordar dónde estábamos.
—¿Tenemos planes para después? Me refiero a que estás muy arreglada para una reunión con Alec. —¿Dónde estaba su abrigo? ¿Dónde estaba mi abrigo? Si ella no traía uno, iba a ir por el mío para ella.
Los labios de Chica Reed formaron un pequeño puchero.
—No me quedaba nada que fuera apropiado para usar hoy. Necesito ir de compras. ¿No crees que me veo bien?
¿Bien? Carajo, ¿hablaba en serio?
—Nena, te ves increíble. Endemoniadamente sexy. Demasiado sexy para estar en un edifico lleno de jugadores de fútbol. Voy a tener que patear varios culos antes de que termine el día, tú sólo espera y observa
—¿Entonces no crees que me veo gorda? Incluso este me queda un poco apretado.
Un poco apretado, mi culo. Estaba pintado en ella. No quería nada más que quitárselo y poner mis manos sobre lo que estaba tan preciosamente expuesto.
—Te ves preciosa, nena. Los encargados de la cafetería tendrán que limpiar toda la baba del piso.
Se rio.
—Estás exagerando. No me veo tan…
—¡Oye, Bella! ¿Cuándo vas a dejar a este hijo de puta para casarte conmigo? Sabes lo que dicen de mí, ¿no? Tengo manos muy buenas.
Le fruncí el ceño a Sammy mientras Chica Reed se reía y lo abrazaba.
—También los mariscales, ¿no sabías?
Estaba ligeramente más calmado por su comentario, pero lo aparté de ella de todas formas.
—No toques.
Alzó las manos sonriendo.
—Un chico puede soñar, ¿no? ¿Vamos a ir al club esta noche luego de que terminemos con la práctica? Bella está dispuesta a ir, ¿verdad?
Ella negó con la cabeza.
—No, según mi esposo aquí, necesito ir de compras. Tal vez pueda encontrar un muumuus donde quepa mi creciente cintura.
Les lancé dagas con la mirada a ambos.
—Nadie va a ir al club. Ni va a usar muumuus. Te ves endemoniadamente sexy, como bien puede notar mi antiguo amigo y compañero. Y no vamos a ir de compras. Te voy a llevar a cenar porque te ves muy jodidamente bien para desperdiciarlo en un centro comercial. Luego iremos a casa y voy a descubrir qué llevas puesto debajo de ese vestido, si es que puedes meter algo debajo de él, claro está. —De cualquier manera, quería mis manos en ella ya.
—Maldición. Ahora veo por qué te casaste con él.
Los ojos de Chica Reed ardían dentro de los míos. Se lamió los labios y asintió.
—Uh, sí. Es bueno en eso.
Sammy se rio a carcajadas.
—Quiero decir, con las palabras. —Chica Reed se sonrojó, pero se rio junto con él—. Y con eso también.
Me reí y envolví mis brazos a su alrededor.
—Gracias, nena.
Suspiró y me dio un ligero beso.
—Creo que olvidé por qué vine aquí. ¿Puedes señalarme en qué dirección está el departamento de mercadotecnia?
Tomé su mano en la mía.
—Te llevaré. Llámame cuando termines y me aseguraré de escoltarte de regreso al carro. —No la iba a dejar caminar sola por los pasillos con mis calenturientos compañeros cerca.
—Me parece bien. Sammy, ¿quieres venir a cenar el lunes luego de que regresen a la ciudad?
—Estaré ahí. —Me asintió—. Te veré en el campo, Cullen.
—Maldita sea que sí.
Nos dirigimos a las oficinas de mercadotecnia sin incidentes, afortunadamente. Pero justo cuando estaba contando mis bendiciones, la puerta se abrió y apareció Heidi. Se detuvo de golpe justo frente a nosotros.
Por supuesto, mi esposa no perdió ni un segundo.
—Bueno, hola. Heidi, ¿no es así? Creo que te conocí cuando sorprendí a Edward en ese evento para el equipo antes de que empezara la temporada.
—Uh, sí. —Los ojos de Heidi se movían entre Chica Reed y yo, como si estuviera viendo un jodido juego de tenis o algo así.
—Y luego, al parecer nuestra Rainbow te causó unos cuantos problemas, ¿no es cierto? —Chica Reed sacudió la cabeza—. Lamento mucho eso. La gata de Edward es muy territorial. Estoy segura de que puedes entenderlo, ¿no?
Había un filo en su voz y un brillo en sus ojos que dejaba bastante claro que no estaba refiriéndose a Rainbow.
Heidi soltó una risita nerviosa y asintió.
—Claro. No debí haberla agarrado.
Bella sonrió.
—Bueno, a veces aprendemos a la mala que debemos mantener nuestras manos lejos de lo que no nos pertenece. Estoy segura de que no pasará de nuevo.
Santa mierda. Quiero decir, joderrrrrrrr. Mi esposa estaba lanzando indirectas por todos lados, y Heidi parecía querer que se la tragara la tierra. Era la mierda más jodidamente caliente que había visto nunca. Tal vez podría pedirle a Alec que nos dejara su oficina durante una hora más o menos. De ninguna manera podría irme a la práctica sabiendo que mi chica prácticamente me había tirado y había orinado a mí alrededor.
—No. —Heidi me miró—. Debería irme.
Chica Reed asintió.
—Por supuesto. Estoy segura de que estás muy ocupada. —Se giró hacia mí—. Gracias por traerme aquí, Campeón. Te llamaré cuando termine, y luego podremos ir a comer algo. Creo que el bebé tiene el apetito de su papi.
Puso una mano sobre su pequeño bultito, asegurándose de que Heidi la viera. Carajo, me estaba matando. Tendría que seguirle la corriente.
Sonreí.
—Esperemos que ese sea el único apetito que saque de mí, o vas a tener que encerrarlo por los siguientes treinta años.
Se rio y me dio un ruidoso beso.
—Maldición, así es. Dios sabe que las mujeres se le echaran encima de todos lados si se parece a ti.
Sonreí y le di una ligera nalgada.
—Sólo tendremos que asegurarnos de que tenga mi gusto discriminatorio y encuentre una mujer tan maravillosa como su madre. —Estaba vagamente consciente de que Heidi ya se había ido por el pasillo.
—¡Ja! Esperemos que su gusto discrimine mucho antes que el tuyo, Cullen.
Le sonreí.
—Me costó muchos intentos hacerlo bien, pero cuando lo hice, lo dominé por completo.
—Claro que sí. —Se recargó en mí—. Gracias por la ayuda, Campeón.
—¿Hablas sobre ayudarte a llegar a la oficina o ayudarte a marcar territorio frente a Heidi?
—Hablo de ambos, claro. —Me besó de nuevo.
—No te pusiste ese vestido porque no te quedaba nada más, ¿verdad?
Me dedicó una lenta sonrisa.
—Una mujer siempre se quiere ver bien cuando visita a su esposo en el trabajo, ¿no lo sabías?
Tuve que reírme.
—Supongo que sí. Siempre y cuando dicha mujer sepa que pretendo cumplir la promesa de ver qué hay debajo de ese vestido lo más pronto posible.
Se lamió los labios.
—Lo espero con ansias. Ahora, ve a intentar patear algunos traseros en el campo de prácticas.
—¿Cómo si pudiera concentrarme ahora? —sacudí la cabeza y la besé ligeramente—. Llámame en cuanto termines. Intentaré salir temprano.
—Me parece bien.
Comenzó a abrir la puerta hacia mercadotecnia, y me dirigí de regreso por donde había llegado.
—Oh y, ¿Edward?
Miré hacia atrás para verla sonriéndome maliciosamente.
—¿Sí?
—La respuesta es nada.
Le alcé una ceja, no estaba totalmente seguro de a qué se refería. Quiero decir, esperaba saber de qué hablaba, pero no podía estar seguro.
—Nada podría caber debajo del vestido.
Gemí.
—¿Irás a una reunión usando nada más que ese vestido y una sonrisa?
Se rio.
—Sí.
—Va a pagar por eso más tarde, señora Cullen. —En la mejor manera posible.
—Cuento con ello, señor Cullen.
Se despidió y entró en la oficina como si no me hubiera dejado con la polla adolorida. Tenerla aquí a diario podría matarme, de la mejor manera. Carajo, daba gracias de que ella estuviera en casa.
