Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 33

Era un jodido estúpido. ¿Por qué le había prometido a Chica Reed que la llevaría a cenar cuando sólo estaba usando ese seductor vestido azul? Parecía que quería torturarme a mí mismo, como un loco masoquista. Ya deberíamos estar en casa y yo debería estar enterrado en ella en lugar de estar fulminando con la mirada a todo hombre con ojos en el restaurante. Decir que mi esposa estaba recibiendo muchas miradas de admiración sería subestimarlo.

Por su parte, Chica Reed ni siquiera parecía notarlo. Había estado hablando sin parar desde que me reuní con ella en el centro comercial.

—Y Alec ya me organizó una visita a una de las primarias locales. Voy a ir el siguiente martes para reunirme con una de las maestras. Ellos están muy emocionados por esto, y yo también.

Definitivamente lo estaba. Sus ojos brillaban y su cara estaba sonrojada. Se veía jodidamente preciosa, más allá de las palabras.

—Me alegra que ya esté arreglado, nena. ¿Cuándo vas a tocar para ellos?

Se encogió de hombros.

—No hasta después de las vacaciones. Ya casi llegan las vacaciones de invierno para los niños. Y necesito encontrar tiendas locales de instrumentos. Espero que podamos conseguir patrocinios o descuentos. Oh, ¡y ni siquiera te he contado la mejor parte!

Carajo, amaba lo emocionada que estaba.

—¿Qué, nena?

—Hablé con el director de la sinfonía. Están dispuestos a asociarse con nosotros, a presentar algunos shows para los niños, venir a las escuelas y enseñarles un poco cuando los horarios lo permitan. ¿Puedes creerlo?

Tomé su mano y me la llevé a los labios.

—Por supuesto que sí. ¿Quién podría decirte que no? Es maravilloso, nena. Podrás tocar con ellos a tu manera.

Sonrió.

—Sí. Sin tener que viajar por todo el país. ¡No puedo esperar!

Fue entonces cuando llegó el mesero, y lo vi mirar detenidamente a mi esposa. Cabrón. Si quería una propina decente, era mejor que apartara la mirada. Casi como si me hubiera escuchado, me miró a mí.

—Hola. Soy Carl y seré su mesero esta noche. ¿Puedo ofrecerles una bebida para comenzar? —le sonrió a Chica Reed, y no me gustó la forma en que movió sus ojos sobre ella—. El vino de nuestra casa es excelente y…

—Mi esposa no puede beber porque está embarazada con mi bebé —lo interrumpí, lanzándole una mirada letal.

Chica Reed se rio.

—Yo beberé sólo agua, por favor.

—Uh, sí. ¿Y para usted, señor?

—Tomaré lo mismo. —Cabrón.

No me sorprendió que huyera rápidamente de mí. Las risas de Chica Reed se hicieron más pronunciadas entre más se alejaba él.

—¿Qué es tan divertido? —pregunté, porque un mesero mirando a mi esposa no era jodidamente gracioso ante mis ojos.

—Tú, siendo posesivo conmigo. Como si tuvieras algo de qué preocuparte.

Le alcé una ceja.

—Uno podría decir lo mismo de usted, señora Cullen, pero sí que estaba echándose sobre Heidi hace rato.

Se encogió de hombros.

—Eso fue diferente.

—Oh, ¿en serio? ¿Cómo?

—Porque ella sí tuvo el valor de coquetearte, a pesar de que sabía que eras mío. —Sus bonitos ojos estaban chispeando con enojo al tan sólo pensarlo. Era endemoniadamente caliente.

—Quizá. Pero ella tampoco tenía ninguna oportunidad conmigo.

Sonrió.

—Sí, y yo reiteré eso. No le hace daño el enviarle un pequeño recordatorio. Ni siquiera la miré feo.

Tuve que reírme de eso.

—No, fueron puras sonrisas falsas e insinuaciones. Fue jodidamente maravilloso.

—Dejé en claro mi punto sin derramar sangre.

—Yo no he golpeado a nadie. Y si no crees que Heidi huyó de ti igual de rápido que ese mesero que huyó de mí, entonces no le estabas prestando mucha atención.

Mi Bella se rio de nuevo.

—La vi. Y fue divertido. Probablemente Alec pensó que estaba un poco loca al principio, ya que no podía dejar de sonreír y reírme cuando entré en su oficina.

—Dudo que Alec lo notara viéndote como te ves.

Chica Reed sacudió la cabeza.

—Es un hombre felizmente casado. Lo primero que me preguntó fue por el bebé. Me agrada, Edward.

—También me agrada. Pero sí te vio. —Después de todo, era un hombre. No había forma en que no hubiera notado lo sexy que era mi esposa.

Se encogió de hombros.

—Todo fue completamente profesional, Edward.

Suspiré. Estaba siendo un idiota y lo sabía.

—Lo sé. Sólo que… ¿quizá puedas no verte tan jodidamente sexy la próxima vez que vayas a reunirte con Alec? ¿O incluso a verme? Porque mis compañeros son unos cabrones calientes, nena. Puedo prometerte que estarás protagonizando algunas fantasías esta noche. —Y si pudiera arrancarles esas imágenes de sus jodidas cabezas, lo haría en un segundo.

Bella frunció el ceño.

—Lo siento. Ni siquiera pensé en eso. Sólo quería… es estúpido.

—Nada que tu hagas puede ser estúpido, nena. ¿Qué querías?

—Quería enseñarle a ella que soy adecuada para ti. Que valgo la pena, ¿quizá? Antes de que me ponga grande y gorda y camine como pingüino.

—Bella. —Al carajo con esto. Me paré y la jalé a mis brazos—. No tienes que demostrarle nada a nadie, nena. Te ves preciosa ahora y te vas a ver preciosa incluso cuando estés más grande y camines tambaleándote. —Estaba evitando la palabra gorda como si fuera la plaga, incluso si ella la había usado—. Desde el momento en que puse mis ojos en ti, todo en lo que he podido pensar es en llevarte a casa y quitarte ese vestido de tu sexy cuerpo.

—Lo sé. —Me sonrió—. Por eso me sorprendió que quisieras venir a cenar.

Mi esposa me conocía tan jodidamente bien que daba miedo.

—Pensé que sería lo menos que podía hacer ya que te veías así.

Se lamió los labios.

—¿Qué te parece si entonces haces lo mejor que puedes hacer y me llevas a casa ya?

No tenía que decírmelo dos veces. Saqué la cartera y lancé dinero sobre la mesa, a pesar de que técnicamente todavía no ordenábamos nada. Tomé su mano y ambos nos reímos al salir corriendo del restaurante. La gente ya estaba viéndonos, pero me importó una mierda. Me iba a llevar a mi sexy esposa a casa y la iba a desnudar. Podían criticar todo lo que quisieran.

Tuvimos que manejar a casa en carros separados, lo cual fue un asco, pero en el instante en que entramos al elevador, nos echamos uno encima del otro. Mis manos encontraron sus pechos, y las suyas estaban en mi culo mientras nos devorábamos.

—Eres tan jodidamente sexy. No tienes ni idea —exhalé antes de morderle el oído.

—Dime —murmuró, una de sus manos se movió hacia mi parte frontal y rozó mi polla.

—No pude concentrarme durante la práctica. Todo en lo que podía pensar era en ponerte las manos encima.

Se rio sin aliento mientras tocaba mi polla.

—Ya están en mí. Apuesto a que tu Entrenador no estaba muy feliz.

—No, no lo estaba. —Me burlé—. Tampoco Brady cuando le lancé el balón al culo.

—¿Fue un accidente o lo hiciste a propósito?

Le sonreí.

—¿Tú qué crees?

Se rio.

—Entonces probablemente se lo merecía.

Demonios, sí se lo merecía. Sus comentarios sobre Bella habían sido muy dóciles, pero, aun así. No podías ir comentando sobre la mujer de otro. Estaba seguro de que él ya lo sabía ahora.

El elevador se abrió y nos bajamos. Logre abrir la puerta a pesar de que Chica Reed ya me estaba desabrochando la camisa. Si los vecinos salían ahora, iban a llevarse un buen taco de ojo.

Nos metí y rápidamente cerré y le puse el seguro a la puerta. Agarré la bastilla de su vestido y se lo subí por el cuerpo. Y, efectivamente, no había absolutamente nada debajo. Sólo una Bella desnuda y gloriosa.

—Es usted muy, muy traviesa, señora Cullen.

—¿Sí? ¿Qué hará al respecto, señor Cullen? —el desafío en su voz, la sonrisa en su cara… era jodidamente perfecta y mía. Toda mía.

—Voy a tener que castigarte, ¿no?

Le di una ligera nalgada que la hizo gritar y correr por el pasillo. La perseguí, quitándome la camisa en el camino. Carajo, casi me tropiezo cuando Rainbow corrió tras nosotros, pensando que ella también era parte del juego. Al carajo con eso.

Agarré su contenedor de dulces y lancé unos en la sala. Se fue directo a ellos y yo corrí a la habitación, cerrando la puerta tras de mí. Chica Reed estaba acostada en su lado de la cama, su cuerpo orientado en dirección a mí.

—Tan jodidamente sexy. —Me desabroché los pantalones mientras me acercaba a ella.

—Quiero serlo, para ti. —Sus labios se curvaron en una seductora sonrisa—. Quería hacerte pensar en mí; saber que yo estaba cerca, viéndome así y que no podías tocarme. Quería que ardieras por mí de la forma en que yo ardo por ti.

Jodido infierno.

—Sí ardí. Todavía ardo. —Me quité los pantalones y los boxers, parándome junto a la cama.

Estiró la mano y acarició mi adolorida polla.

—No pensé en cómo afectaría a nadie más que a ti.

Sabía que ella no había pensado en absoluto en mis compañeros.

—Y a Heidi.

Se rio.

—Bien, pensé en ella un poco. Pero más que nada pensé en ti. —Se movió hacia enfrente y pasó su lengua sobre la punta de mi polla—. Siempre pienso en ti. —Cerró los labios alrededor de la cabeza y giró su lengua sobre ella antes de soltarme—. Te deseo siempre.

Tan jodidamente caliente. Y cierto. Especialmente con el regalo añadido de las hormonas del embarazo. Mi esposa tenía un voraz apetito sexual. Puede que tengamos que tener veinte hijos si siempre estaba así de caliente durante sus embarazos.

—Yo también siempre te deseo, Bella.

Abrió la boca y me metió por completo en ella. Tan jodidamente bueno. Pasé los dedos por su cabello y la dejé controlar el paso. La detuve cuando llegué demasiado cerca. Tan fantástica como era su boca, quería su coño.

La besé mientras me bajaba sobre ella en la cama. Me sonrió cuando rompí el beso y acuné su cara en mis manos.

—Voy a tener que explorar cada pulgada de tu cuerpo con mi lengua. Eso era en lo que estaba pensando esta tarde cuando se suponía que debía estar pensando en los stunts defensivos de los Rams.

—Bueno, eso sí que parece ser un tormentoso castigo, pero supongo que tendré que soportarlo. —Pasó sus dedos por mi cabello. Se sintió jodidamente fantástico.

Le sonreí antes de morderle la lengua.

—Será tormentoso. Vas a estar rogando antes de que termine.

Alzó una ceja.

—Parece ser un reto.

—Puedes decirle como quieras. Yo lo considero una promesa. Puedes decir que es un voto, si quieres.

—¿Otro voto de casados implícito? Me encantan esos.

La besé con fuerza.

—Lo amarás, nena. Lo harás.

Y cumplí mi promesa, porque era así de genial. Lamí y chupé su cuello, el cual era una debilidad especial de ella. No habían pasado ni siquiera dos minutos de mi exploración y ya la tenía jadeando. Bajé por sus hombros, raspando mis dientes sobre su suave piel antes de llegar a una de mis áreas favoritas.

Pasé mi lengua sobre su pezón, lamiendo y mordiendo, primero uno y luego el otro. El cuerpo de Bella se movía debajo de mí, sus manos me sostenían contra ella mientras lamía y chupaba sus tetas perfectas.

Bajé por su estómago, prestándole atención especial al bultito. Sabía que a ella le encantaba eso y, honestamente, a mí también.

—Te veré mañana —murmuré, haciendo suspirar a Chica Reed. Eli nos había conseguido una doctora, y teníamos nuestra primera cita mañana en la mañana. Yo había pedido un permiso especial para no ir a la práctica matutina.

—Podremos saber qué vamos a tener. No puedo esperar.

Tampoco yo, a pesar de que ya lo sabía. Pero ahora no era el momento para eso. Chupé su cadera, haciéndola gemir y arquear su cuerpo hacia mí. Bajé besando por sus muslos, primero en la parte exterior y luego la interior. Abrió bien las piernas para mí cuando llegué a la parte interior. Sabía malditamente bien lo que quería, pero todavía no me estaba rogando, y ese había sido mi voto. Tenía que hacerlo pasar.

Bajé lamiendo por sus muslos, mordiendo su rodilla.

—Te saltaste un lugar. —Alcé la vista para ver un bonito puchero en su cara.

—Todavía no te escucho rogar, nena.

—Ni me escucharás.

Sonreí sobre su piel.

—Ya veremos. —Continué con mi exploración, lamiendo detrás de ambas rodillas, lo cual la hizo reír y estremecerse. Le daban muchas cosquillas ahí atrás. A mí me encantaba. Bajé hacia sus tobillos, mordiendo, besando y volviéndola loca. Incluso besé sus bonitos dedos, lo cual la hizo suspirar y reír.

—Ahora necesitas regresar al lugar que te saltaste —me dijo, pero una vez más, todavía no estaba rogando.

Sólo me reí.

—¿Estás bromeando? Apenas voy a la mitad. —La volteé y subí desde sus pies hacia arriba, haciéndola gritar cuando le di una gentil mordida en su sexy trasero. Hice lo mismo con la otra nalga y obtuve el mismo resultado.

Era difícil creer que una espalda pudiera ser sexy, pero la de Chica Reed lo era. Lamí hacia arriba por la línea en el centro de su espalda, y ella se estremeció y gimió. Cuando llegué a su nuca, mordí y chupé… y finalmente la escuché.

—Edward, por favor. Me estás matando.

Lo sabía, por supuesto. Prácticamente estaba fallándose la cama mientras yo trabajaba en su espalda, pero aun así era bueno escucharlo. La volteé e inmediatamente empecé a lamer su coño.

—Carajo. Sí. Gracias. ¡Dios! —Un montón de palabras salieron mientras empujaba su coño contra mi cara. Deslicé un par de dedos dentro de ella, y muy pronto ya estaba balbuceando incoherencias hasta que gritó mi nombre al correrse. Carajo, me encantaba. Mientras todavía seguía temblando, subí por su cuerpo y me deslicé dentro de ella. Estaba endemoniadamente apretada por su orgasmo. Jodidamente maravilloso.

Ya que había pasado mucho tiempo explorando su cuerpo, no sentí la necesidad de llevar el ritmo lento una vez dentro de ella. No, la follé por completo. Y le encantó. Sus largas piernas se envolvieron en mi cintura, y se encontraba conmigo en cada embestida. Estaba caliente, mojada y absolutamente perfecta.

—¡Edward! —me agarró el cabello y tiró con demasiada fuerza, pero se sintió bien. Se corrió fuertemente a mí alrededor, y la seguí casi de inmediato. Colapsé sobre ella, incapaz de moverme por unos momentos.

Chica Reed pasó sus dedos por mi cabello, e hice una mueca.

—¿Te lastimé?

—Tiraste con fuerza. Está bien.

Sus labios rozaron mi frente y luego el tope de mi cabeza.

—Lo siento.

—Yo no. —Alcé la cabeza y le sonreí—. Me rogaste.

Sonrió.

—Tal vez un poco. Si este va a ser mi castigo, puede que quizá tenga que regresar esa ropa que compré hoy en el centro comercial.

Le di un sonoro beso.

—Al carajo con eso. Usa eso cuando salgas y guarda el vestido azul para mí. —Honestamente, ella podía usar lo que se le diera la jodida gana, y ambos lo sabíamos. Los hombres podrían verla, pero sólo yo podía tocar. Eso era lo que importaba.

Se rio.

—Puedo hacerlo. Soy toda tuya, lo sabes.

—Igual que yo soy todo tuyo. Pero si quieres dar unas cuantas golpizas verbales contra Heidi o alguien más, adelante. Es endemoniadamente caliente.

—Lo tendré en mente. Ambos somos un poco posesivos, ¿no?

Le sonreí.

—¿Quién puede culparnos? Míranos.

Sacudió la cabeza.

—Idiota. —Luego me golpeó el trasero para acentuar su punto. Fue jodidamente caliente.

—Cuidado, nena, o vamos a tener que hacerlo de nuevo.

Sonrió.

—Enséñame lo que tienes, Campeón.

Bueno, me encantaban los retos.

Xoxoxoxoxox

Ya era hora. Hoy iba a escuchar oficialmente que iba a tener un hijo. Chica Reed y yo estábamos sentados en la sala de espera, la cual una vez más estaba llena de enormes mujeres embarazadas. Era difícil creer que Bella estaría así de grande algún día, a menos de que algunas de estas mujeres fueran a tener gemelos. Eso explicaría mucho. Una de ellas se veía como si pudiera bloquearme, estaba así de grande.

—Deja de verlas —susurró Chica Reed, dándome un codazo.

—No puedo evitarlo. ¿Cuántos bebés crees que haya ahí adentro? —murmuré en respuesta. ¿Cómo le hacían las mujeres para caminar con todo ese bulto enfrente?

—No es de tu incumbencia. Y voy a recordar esto cuando esté así de grande, Cullen.

—¡Ja! No lo estarás. Tiene que haber al menos tres bebés ahí adentro.

Al parecer hablé muy alto, porque la mujer de la que había estado hablando me sonrió.

—¿Cómo lo supiste?

—Uhhh. —Carajo. ¿Qué se suponía que debía decir?

—Ha estado leyendo Qué Esperar Cuándo Estás Esperando como si fuera su biblia personal —intervino Chica Reed, palmeándome la rodilla—. Está bien informado sobre el tamaño del bebé en cada visita.

—Hoy él es del tamaño de un melón. —Las comparaciones con comida continuaban. Por extraño que fuera, me estaba acostumbrando a ello.

La mujer sonrió.

—¿Entonces van a tener un niño?

Chica Reed se rio.

—Lo descubriremos hoy. Aunque éste está convencido de que es un niño.

La mujer de los trillizos se unió en la risa.

—Mi esposo también lo estaba. Y luego descubrimos que vamos a tener tres niñas. Sigue en shock y en negación.

¿Tres niñas? Jodido Jesucristo. Yo me mataría. Probablemente ya estaban peleando ahí adentro. Por la forma en que la mujer se frotaba el vientre, sabía que debía ser cierto.

—¡Vaya! ¿Ya eligieron los nombres?

Y así siguieron, hablando sobre nombres de bebés y mierdas como esas. Sentí que alguien me tocaba el hombro y me giré hacia la mujer que estaba a mi lado. Era morena, con unos brillantes ojos azules. Si estaba embarazada, todavía no se le notaba.

—Disculpa. ¿Eres Edward Cullen?

Por supuesto. Me reconocían incluso en la oficina del doctor.

—Sí.

—Fue un buen juego el del domingo.

—Gracias. ¿Te gusta el fútbol?

—Sí. He sido fan de los Gigantes toda mi vida. Estamos emocionados de que estés aquí. Quiero decir, mi familia lo está y así.

—Es bueno estar aquí. —Llamaron a la mujer de los trillizos, así que incluí a Chica Reed en nuestra conversación—. Esta es mi esposa, Bella.

—Hola, soy Kim Browning.

—Hola. ¿Estás embarazada? —Me alegraba que Bella preguntara. No sabía si era grosero que yo se lo preguntara.

—Parece —murmuró, removiéndose con nerviosismo.

—¿Es tu primera cita? —preguntó Bella.

Kim asintió.

—Sí.

—¿Estás sola? ¿Dónde está tu…? —me callé con un gruñido cuando Chica Reed me dio un codazo—. ¿Qué?

Pero cuando seguí su mirada y vi las lágrimas en los ojos de esa mujer, lo supe. Carajo. Estaba sola.

—Lo siento. —Me sentía como una mierda.

—Está bien. Es que estoy un poco nerviosa.

Chica Reed empezó a contarle todo lo que Kim podía esperar durante su primera cita. Me sentí mal por ella. Se veía jodidamente nerviosa, y estaba sola. ¿Qué clase de cabrón dejaba a una mujer para que lidiara con esto sola?

—¿A qué hora es tu cita? —preguntó Chica Reed.

Kim se rio.

—Dentro de cuarenta y cinco minutos. Llegué aquí temprano por estar tan nerviosa.

—Te diré algo. Si terminamos antes de que te llamen, entraré contigo. Si quieres, claro. —Chica Reed tomó mi mano—. Yo fui sola a mi primera cita, así que sé lo que se siente.

Y ahora me sentía como una mierda por eso, a pesar de que en ese entonces yo no sabía que estaba embarazada; yo estaba aquí y ella allá.

—No sabía —le dije a Kim, apurándome para salir en mi defensa—. Ella no me lo dijo porque estábamos en diferentes estados. Hubiera estado ahí.

—Cariño, no estaba diciéndolo contra ti. Por supuesto que hubieras estado ahí de haberlo sabido. —Chica Reed besó mi mejilla—. Sólo le estoy explicando que he estado en su lugar. Estaba endemoniadamente nerviosa porque no habíamos planeado esto, estábamos en diferentes estados, y yo estaba trabajando en mi último semestre de la escuela.

—La primera parte suena familiar. —Kim sonrió con tristeza—. Pero no podría pedirte que hicieras eso.

—No me lo pediste. Yo me ofrecí. Las mujeres embarazadas debemos unirnos, ¿no lo sabías? —Chica Reed le sonrió—. Sería lindo experimentarlo por una vez desde el otro lado.

—Bueno, si estás segura.

—Lo estoy. Me acabo de mudar aquí, y hasta ahora las únicas personas que conozco son a los Gigantes de Nueva York. Es lindo estar cerca de una mujer.

Me recargué en el respaldo y dejé que Chica Reed y Kim platicaran. No pude evitar sentirme feliz de que Bella hubiera encontrado una posible amiga. Una embarazada, de hecho. Podrían hacer juntas toda esa preparación que las mujeres hacían durante el embarazo. Y las compras. Por lo que había leído, había un montón de compras involucradas. Felizmente podría dejar que las mujeres se encargaran de eso.

Finalmente nos hablaron, y Chica Reed hizo que Kim le prometiera que iba a esperarla. Intercambiaron números y todo.

—Parece que hiciste una amiga, nena.

Sonrió.

—Es muy agradable. Y me siento muy mal por ella. No puedo imaginarme hacer todo esto sola.

Besé su mejilla.

—Nunca tendrás que hacerlo.

—Gracias a Dios por eso.

Una vez más la pesaron lejos de mí, lo cual fue gracioso. Sabía que había ganado unas cuantas libras, y estaban en los lugares adecuados en lo que a mí me concernía. Sólo tenía que cerrar los ojos e imaginarla en el vestido de ayer para saber qué tan sexys eran sus nuevas curvas.

Eventualmente nos acomodaron y la doctora entró para hacer su parte.

—Deben ser Bella y Edward Cullen. —La doctora le dio un apretón de manos y luego a mí—. Soy Maggie Sharpe. Es un gusto conocerlos a ambos. Entonces, ¿tienes veinte semanas de embarazo?

Chica Reed asintió.

—Las acabo de cumplir.

—Bueno, veremos si podemos descubrir hoy lo que van a tener, si es que quieren saber.

—Sí queremos —dije antes de que Chica Reed pudiera decir una palabra.

Se rio.

—Está un poco ansioso por ello.

La doctora se rio.

—La mayoría de los hombres lo están. Ahora, dime, ¿qué tal van las cosas contigo? ¿Sigues teniendo nauseas matutinas?

—No, hace un par de semanas que se fueron.

—Excelente. ¿Y tu dieta y ejercicio?

—Camina una hora al día. —Esa era mi estipulación. Incluso compré una caminadora, a pesar de que teníamos un gimnasio en el edificio. Si quería bajar, podía hacerlo, pero también tenía la opción de quedarse en nuestro apartamento. El libro tenía una sección muy grande sobre ejercicio. Había estudiado eso.

—Eso está muy bien.

Chica Reed se rio.

—Él monitorea mi dieta y ejercicio como si fuera un entrenador particular. Incluso cuando estaba en Florida, me mandaba frutas y verduras frescas. También estoy comiendo mucha carne. Y estoy haciendo un poco de yoga.

Bendito sea el yoga. Déjenme decirles que mi chica estaba mostrando una nueva flexibilidad que yo amaba.

—Suena genial. ¿Tienen alguna preocupación o algo más?

—No, no creo.

Ambas me miraron y negué con la cabeza. Yo estaba bien. Estaba al tanto de todo.

—Empecemos pues. —La doctora revisó a Bella de pies a cabeza, y por supuesto que no encontró nada mal. Mi esposa había tenido una examinación muy minuciosa bajo mis manos y lengua anoche. Sabía que estaba muy bien.

Luego de eso, nos conectaron y nos dejaron oír el latido del bebé. Era tan jodidamente genial. Amaba los rápidos latidos que llenaban la habitación. Por supuesto, Chica Reed se puso llorosa de nuevo. Y después, finalmente, llegó el momento.

La doctora puso una cosa en su vientre y la cosa que parecía control se puso a trabajar. No tardó mucho antes de que la imagen del bebé llenara la pantalla. Hombre, había cambiado mucho. Ahora podía distinguir totalmente la cabeza, incluso los brazos y piernas. Se veía más como un bebé sólido y de verdad.

—Tan hermoso —susurró Chica Reed.

Apreté su mano y miré a la doctora mover la cosa esa y crear nuevos ángulos e imágenes.

—Bueno, parece que su bebé está cooperando, mamá y papá. Quieren saber, ¿verdad?

—Sí, por favor —respondió Chica Reed, sonaba como si estuviera llorando. Miré su cara y sí lo estaba.

—¡Es una niña!

Bella soltó un sollozó y las lágrimas finalmente empezaron a fluir. Por supuesto que estaba sentimental. Tener la confirmación de que íbamos a tener… espera. ¿Qué carajos dijo? ¿Una niña?

—¿Estás segura? —solté antes de poder detenerme. ¿Eli me había enviado con una doctora falsa? No necesitaba que otro doctor incompetente viniera a jodernos las cosas.

La doctora se rio.

—Por supuesto que estoy segura. ¿Ven justo ahí? —señaló la pantalla—. Esas son sus piernas y, como pueden ver, no hay nada entre ellas.

No era posible. Los Cullen no tenían niñas. Teníamos niños. Todos sabían eso. Este era un error.

—Tal vez sólo es que todavía no se ha formado. Puede salir después, ¿no?

—Edward —me regañó Chica Reed, frunciéndome el ceño.

—Creo que les daré un momento. —La doctora se apuró en salir de la sala, sin duda asustada por la mirada amenazante en la cara de mi esposa.

—¿Qué? Sólo estaba checando para asegurarnos de que no cometa un error. ¿Y si compramos todas las mierdas rosas y resulta ser un niño? —Rosa. Jódanme.

La mirada de enojó se desvaneció, y de repente se veía triste.

—No la quieres.

Carajo. Por supuesto que lo jodería.

—La quiero, nena. Por supuesto que sí. Es que… no sé qué hacer con una niña.

—Las mismas cosas que harías con un niño.

—Iba a enseñarle a lanzar el balón, a montar en bicicleta y esas mierdas. Comprarle su primer paquete de condones. No puedo hacer eso con una niña. —¿Condones? ¿Chicos? Citas. Carajo, no.

—Sí, sí puedes. Las niñas también andan en bicicleta y lanzan balones, Edward. Y ciertamente también…

—Ni siquiera termines esa oración. Ella no tendrá sexo jamás. Nada de chicos, citas, nada. Puede ser monja. Somos casi católicos.

Chica Reed se soltó riendo.

—Esto será muy divertido. Vamos a tener una bebita.

Miré la pantalla de nuevo, pero todavía no había pene ahí.

—Vamos a tener una niña…

Dios, ayúdame. Estaba jodido.