Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 34
Bella regresó una vez más a la oficina de la doctora con Kim mientras yo me quedé sentado en la sala de espera intentando procesar lo que me acababan de decir. Una niña. O sea, mujer. O sea, muchos jodidos problemas. Las mujeres eran endemoniadamente aterradoras. No las entendía. Quiero decir, las tuve, obviamente, pero no las entendía. Eran jodidamente complicadas.
Los niños eran fáciles. Nuestros pensamientos se reducían a tres cosas el noventa y nueve por ciento del tiempo: sexo, comida y deportes, no necesariamente en ese orden. Las chicas pensaban en eso y mucho más, como sentimientos y esas mierdas. Y más le valía a mi hija no pensar en la primera cosa en ningún orden. Eso estaba fuera de consideración, carajo.
Mi teléfono estaba vibrando como hijo de puta. Todo mundo sabía que hoy teníamos nuestra gran cita, y sin duda estaban ansiosos por descubrir qué íbamos a tener. Una niña. Em y Jasper iban a disfrutar mucho de esto. Aunque sabía que era mejor no responder ninguna de las llamadas y mensajes. Bella querría estar aquí cuando les dijéramos a todos. Probablemente ella tendría que decirlo por mí, ya que no sabía si podría decir las palabras. ¿Una niña?¿Cómo demonios pasó eso?
Obviamente sabía cómo había pasado, pero, aun así. Se suponía que los Cullen teníamos niños. Esa era la forma en que parecía ser siempre. Seguro, hubo mujeres en algún punto del árbol genealógico, pero no recientemente. ¿Por qué tenía ser yo el que siempre rompiera el esquema? Quiero decir, obviamente era especial, pero, ¿una hija? En algún lugar de allá arriba alguien se estaba carcajeando de mí. Esto se debía totalmente al algún poder de las alturas. Me había cruzado con la mujer equivocada en algún punto del camino, y ahora estaba siendo castigado.
¿Dónde estaba Rainbow? Debimos haberla traído en caso de una emergencia, porque estaba seguro de que necesitaba sacar toda esta mierda ahora, y no podía hacerlo con Chica Reed, a pesar de lo que me dijo el otro día. Había visto su cara en la oficina de la doctora cuando pensó que estaba molesto y que no quería una hija. Ese no era el caso. Quiero decir, molesto no era la palabra adecuada. Endemoniadamente sorprendido, sí. ¿Asustado? Carajo, sí. ¿Fuera de mi zona? Sin ninguna jodida duda. Pero no estaba molesto. Todavía amaba a nuestra niña, incluso si no tenía pene. Es que me daba más miedo el que fuera niña. ¿Entendería Bella eso?
Ella conocía, por supuesto, mi historia con las mujeres. Y sabía que ciertamente nunca había tenido amigas antes de que ella llegara, mucho menos una novia. Las chicas habían servido para una única cosa hasta que conocí a mi Chica Reed. Y ahora, por esa actitud, se me había dado una hija. Una hija que algún día querría salir con un chico que podría o no ser igual que yo era. Y entonces tendría que matarlo. Iría a la cárcel y uno de esos programas de ¿Dónde está él ahora?de la ESPN me mostraría con mi traje de prisionero. Sería otro delincuente violento de la NFL. Una estadística. Carajo. ¿Cuántos padres habrían querido matarme cuando había terminado con sus hijas?
No. Ese no fue el caso. No había roto ningún corazón. Las chicas con las que me metía sabían cómo estaba todo. Algunas habían sido más melosas que otras luego de hacerlo, pero, aun así. Incluso esas locas habían sabido. Mi hija no iba a acostarse con tipos al azar. Ella tendría que quedarse en casa. Podríamos educarla desde nuestro hogar. Y luego al convento. Sí, ese era un buen plan.
Estaba sintiéndome marginalmente mejor sobre todo cuando Bella y Kim reaparecieron. Los ojos de Kim se veían un poco rojos, y estaba sosteniendo la mano de mi esposa como si ella fuera su cuerda de salvación.
—Puedes llamarme a cualquier hora, de día o de noche. Y el equipo estará de viaje esta semana, así que quizá puedas hacerme compañía. Necesito hacer más compras —estaba diciendo Chica Reed.
Iría a comprar por cosas rosas, sin duda. Carajo. Mi madre, que probablemente estaba llamándome ahora ya que seguía vibrando, iba a volverse loca. Siempre había querido una niña. Si creí que fue malo cuando tuve novia, ¿Cómo iba a ser ahora cuando me presentara con una nieta?
—Me encantaría. En serio, gracias. No sé si hubiera podido hacer esto sola.
Chica Reed la abrazó.
—Ya no tienes que estar sola. Nosotros estamos aquí para ti. —Me miró para que confirmara ese hecho, así que sólo sonreí y asentí. No iba a discutir con una mujer embarazada, mucho menos con dos.
Siguieron platicando mientras nos dirigíamos al estacionamiento. Luego de otro abrazo de despedida y de promesas sobre reunirse el fin de semana, finalmente estuvimos solos. Abrí la puerta para Bella y luego rodeé hasta mi lado. Antes de poder encender el carro, ella puso su mano sobre la mía que estaba metiendo las llaves.
—¿Estás bien?
—Por supuesto. ¿Por qué no lo estaría? —¿Ven? Endemoniadamente tranquilo. Ella no se iba a volver a molestar por mi reacción.
—No sé. Tal vez porque ya tenías a nuestro hijo ganando el Súper Tazón en unos veinticinco años, y ahora descubres que él es un ella. Eso te pudo haber desbalanceado un poco.
Más bien veintidós años. Mi hijo iba a ser un prodigio de la NFL.
—Teníamos una probabilidad de cincuenta y cincuenta. Dejando de lado las bromas, lo sabía. Las niñas son geniales.
—Edward Anthony Cullen. Mírame.
La miré; agradecido por tener puestos mis lentes de sol. Pero alzó la mano y me los quitó de la cara. Sabía que no podía verla y mentirle. Maldición.
—Ahora, te preguntaré de nuevo. ¿Estás bien? —sus pacientes ojos cafés penetraban mi cráneo. Era como si pudiera leer mis jodidos pensamientos. Cedí inmediatamente.
—¡Por supuesto que no estoy bien! Vamos a tener una hija. Una hija, Bella. Las niñas son jodidamente aterradoras. Son temperamentales e impredecibles. Ella me odiará porque no la dejaré salir como un chico como yo. Estoy siendo castigado por todas las chicas con las que actúe mal antes de que aparecieras tú.
Esperé por la inevitable explosión, pero todo lo que recibí fue un movimiento de labios.
—Suena como una canción de country.
¿Ven? Incuso Chica Reed era jodidamente impredecible. Debería estar gritándome, o llorando o cualquier otra maldita cosa. No debería estar tan tranquila y medio divertida, a pesar de que muchas veces así era antes de que llegaran las hormonas.
—Entonces, ¿crees que estás siendo castigado porque te acostaste con muchas mujeres?
—¡Por supuesto! Traté mal a las chicas, así que ahora tendré una hija de quien tendré que preocuparme las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. ¿Y si aparece un chico como yo?
Chica Reed ladeó la cabeza y sonrió.
—Pues imagino que ella se la pasará muy bien sacando su lado amable, igual que yo.
Solté un suspiro frustrado, y ella estiró la mano para tocar mi mejilla.
—Tú no resultaste ser tan malo, Edward. E incluso si ella no tiene suerte, como yo, nos aseguraremos de que tanga las herramientas para lidiar con cualquier cosa que se le presente. Podrá beneficiarse de nuestras experiencias para aprender.
Cerré los ojos cuando ella subió y bajó los dedos por mi cabello.
—No quiero que nuestra hija sufra, jamás. Ni físicamente, como Danny, ni emocionalmente.
—Pero sufrirá, Edward. Se caerá de la bicicleta y se raspará la rodilla. Se deslizará en segunda base y se hará un esguince en el tobillo. Y sí, algún día le romperán el corazón, un chico o una chica… ¿quién puede saber en este punto? No podemos protegerla de nada de eso. Todo lo que podemos hacer es levantarla cuando suceda, limpiarla y ayudarla a regresar a esa bicicleta, o al campo, o incluso a seguir teniendo citas.
Me relajé bajo su toque.
—Sería muchísimo más fácil si la educáramos en casa antes de enviarla al convento.
Chica Reed soltó una risita.
—Si eso es lo que ella quiere, es lo que haremos. Pero será su decisión. No la de su papi sobreprotector.
Abrí los ojos y la vi sonriéndome con cariño.
—Dime algo. Si tuviéramos un hijo y se cayera de la bicicleta, ¿qué harías?
Me removí bajo su paciente mirada.
—Sabes lo que haría. Lo que acabas de decir. Pero es diferente tratándose de una niña. Jesús, Bella, tú me matas cuando lloras. ¿Qué crees que me hará nuestra bebita?
—Creo que ella poseerá tu corazón de una manera que ni siquiera yo puedo. Y eso te aterra. Es normal.
Tomé la mano que acariciaba mi cara y la besé.
—Tú me posees completamente.
—Lo sé. —Se inclinó hacia enfrente y me dio un beso gentil—. Y también ella. Y cualquier otro bebé que tengamos. Tienes un corazón increíble con suficiente espacio para amar, Campeón. Descubrir eso fue mi parte favorita de enamorarme de ti. Ten tanta fe en ti como yo te la tengo. Vas a ser un gran padre para una maravillosa niñita. Ella te va a amar, y cada hombre que llegué será comparado contigo. Casi siento lastima por ellos.
Tuve que sonreír ante eso.
—Deberías, porque voy a espantarlos a todos.
Se rio.
—Ansío verte intentándolo. Ahora, no sé tú, pero mi teléfono ha estado sonando sin descanso durante la última hora.
Me reí.
—El mío también. ¿A quién primero?
Rodó los ojos.
—Sabes muy bien que si le decimos a alguien antes que a tu madre, ella lo descubriría y nos hará pagar.
—Me hará pagar a mí, querrás decir. Tú ya no puedes hacer nada malo. —Pero encendí el carro y prendí el Bluetooth, llamando al celular de mi madre.
—¡Ya era hora! ¿Qué vamos a tener?
¿Vamos? No dije nada, sólo le hice un gesto a Chica Reed para que siguiera, poniendo mi mano derecha en el volumen del estéreo por seguridad. Sabía lo que se avecinaba.
—¡Es una niña!
Mamá y Chica Reed soltaron horribles chillidos. Afortunadamente le bajé el volumen al mínimo a mamá a tiempo ya que tenía muy buenos reflejos. Bella me pegó en la mano y volvió a subir el volumen, por suerte fue después de que los gritos de mamá habían disminuido.
—¡Oh Dios mío, lo sabía! ¡Lo sabía! Al fin, una bebita Cullen. Sabes, quería tanto que Edward fuera niña que lo vestí una o dos veces en los más lindos vestiditos, no podía resistir…
—¿Qué carajos, mamá? —Ahora yo estaba gritando. Jodido Jesucristo. ¿Me puso vestidos?
—Oh, olvidé que estabas ahí.
Por supuesto que sí. Ahora que tenía a Bella y a su futura nieta, yo era sólo el donador de esperma. Sácame de la jodida situación. Era todo.
—En serio no fue nada, querido. Sólo necesitaba pretender por un par de minutos, tomar unas fotos, ese tipo de cosas.
¿Fotos?
—¿Dónde carajos están esas fotos? ¡Más te vale que las hayas tirado! —Tal vez papá las había encontrado y se había deshecho de ellas. Él no soportaría que castraran a su hijo de esa manera.
—¿Quién sabe? Ya no importan. Tengo una nieta en camino. Bella, vi los vestiditos más lindos del mundo para Navidad el siguiente año. Compraré uno en cada talla para tener todo cubierto. Es verde con cuadritos rojos, y tiene una adorable faldita estilo tutu. ¡Oh! ¡Podemos comprarle los zapatitos de ballet para acompañarlo!
Y siguieron. Eso me dio tiempo para reflexionar sobre el hecho de que mi madre me había vestido como niña. ¿Lo sabría Emmett? ¿Tendría Emmett las fotos? No. Seguramente él ya habría usado esa mierda contra mí. No debía enterarse nunca. No podría lidiar con esa mierda.
Mamá siguió con el constante festival de gritos durante todo el camino a casa. Claramente estaba comprando mientras hablábamos porque estaba describiendo muchos trajecitos para niña e ideas de decoración hasta el más mínimo detalle. Tendría que cortar esa mierda de raíz, pero mi esposa estaba sonriendo con alegría y murmurando con cada nueva descripción.
Llegamos a casa y le lancé una mirada a Bella.
—Mamá, tenemos que irnos. Estamos en casa y Edward necesita regresar a la práctica; además todavía tenemos unas cuantas llamadas más que hacer.
—¡Por supuesto! Te mandaré por correo algunas de estas sugerencias de decoración. Y fotos de la ropa. ¡Estoy muy emocionada!
—¡Me parece bien! Te llamaré de nuevo en un rato —le prometió Bella.
—¡Adiós! ¡Vamos a tener una niña!
En serio, ni siquiera un adiós para su hijo. Ahora ya era el hijo olvidado.
—¿A quién deberíamos llamar luego?
Antes de poder responder, el teléfono de Bella sonó.
—Alice —murmuró.
Ni siquiera se molestó en decir hola, sólo: "¡Es una niña!", y más gritos comenzaron. O Rubia estaba con ella o Pequeña hacía ruido suficiente para varias personas. No me sorprendería para nada.
Y mi teléfono tardó sólo treinta segundos en vibrar con un mensaje que me llegó de mi hermano. Todo lo que decía era: JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Cabrón. Sólo espera y ve. Al parecer no todos los Cullen tenían niños, lo que significaba que él también podría tener una niña. Le recordé ese hecho en mi mensaje de respuesta.
No está bien, hermano. Eso no está bien.
¡Ja! Si el karma de las chicas tenía algo que ver con que yo tuviera una niña, entonces Emmett iba a tener mínimo gemelas. Tal vez trillizas o cuatrillizas. Él había sido un billón de veces peor que yo, y él fue el jodido que me enseñó a ser igual que él. Doble maldición de chicas en su culo. Le señalé todo eso. Él no respondió, probablemente porque se desmayó a causa del terror. O tal vez corrió a hacerse una vasectomía.
Mientras tanto, Jasper se comunicó conmigo. Al parecer ellos cuatro no tenían nada mejor que hacer que esperar para descubrir el sexo de nuestro bebé. Jodidos raros.
Estoy muy feliz por ti. Azúcar y picante, ¡y todo lo bonito! Más gatitos y arcoíris en nuestras vidas. Le pintaré un mural en su habitación.
Ni siquiera quería ver qué carajos le pintaría a mi hija. En realidad, sí era un artista decente, pero era algo peligroso.
Llegó otro mensaje.
En serio, felicidades. Una bebita es una gran bendición. Nos va a tener a todos nosotros envueltos en su dedito, especialmente a su papá. Vas a ser el hombre más importante en su mundo. Nada de lo que hagas será tan importante como eso. Y lo harás muy bien. Llámame más tarde si necesitas hablar.
Bien, tal vez Jasper podría pintarle un mural. Le respondí que gracias mientras Bella terminaba con las chicas, prometiéndoles que les llamaría pronto. Sin duda luego de que se deshiciera de mí para que pudieran hablar de si me había alterado o no. Conocía a esas chicas.
—¿Deberíamos llamar a mi papá ya o nos esperamos?
—Estaría bien hacerlo ya. Probablemente es amigo de mi mamá en Facebook, y ella ya debió haber publicado eso para que el mundo lo viera, y seguro también ya contrató un acróbata aéreo*.
Chica Reed se rio.
—Está emocionada. Siempre ha querido una niña.
Gemí.
—Claramente. —Me estremecí—. Nunca le digas a nadie sobre esas mierdas de los vestidos. No puedo creer que haya hecho eso.
—¿En serio? No te preocupes, cariño. Tu vida secreta como mujer está a salvo conmigo.
Le piqué el costado mientras ella se reía incontrolablemente.
—Qué graciosa, mujer. Contrólate y llama a tu papá. Ya voy tarde.
Puede que el Entrenador me diga mierdas, pero lo entendería. Él mismo tenía una hija.
Ella nos puso de nuevo en altavoz cuando la gruñona voz de su padre sonó por la línea.
—Hola.
—¡Hola, papá!
—¡Bells! ¿Cómo te fue en el doctor?
Me miró.
—Nos fue bien. Vamos a tener una niña.
Hubo una pausa al otro lado de la línea, y esperé para ver cómo lo manejaría. Él había estado incluso más emocionado que yo sobre un futuro nieto en la NFL.
—Qué genial, Bells. Va a ser tan bonita como su madre, que fue la bebé más bonita que jamás haya nacido.
Cristo. Iba a ser bonita. ¿Entre los genes de Bella y los míos? Sería preciosa. Jodido infierno. Tendría que apartar a los chicos con una vara. En serio necesitaba investigar sobre educarla desde el hogar. O sobre escuelas de chicas. Aunque había conocido a algunas chicas que iban a esas escuelas durante la universidad. Decir que esas chicas estaban locas sería subestimarlas. Nop, eso no funcionaría.
—¿Cómo le está yendo a Edward?
Me sacudí la imagen de mí apartando una horda de calenturientos chicos adolescentes.
—Estoy bien, Charlie.
Se rio.
—Mierdas. Te cagas de miedo. Y deberías.
Qué jodida plática para levantarme el ánimo.
—Eso es de mucha ayuda, Charlie.
—No hay nada que asusté más que tener una niñita, excepto cuando llega el momento de dejarla salir por la puerta con el hombre que sabes que se la va a llevar.
Iba a hiperventilar. Carajo, no podía respirar.
—Papá. Ella todavía ni siquiera nace. No necesitas llenarle la cabeza con pensamientos de citas o de matrimonios. Y, si recuerdo correctamente, tú prácticamente me entregaste a Edward cuando lo conociste. Nos habrías casado ese fin de semana si hubieras podido.
Era cierto. Eso me calmó un poco. Aunque Charlie había estado enamorado de mis habilidades atléticas y mi fama. Ciertamente eso no iba a impresionarme. No, cualquier cabrón que rondara a mi hija iba a tener que ser jodidamente asombroso para impresionarme. Tendría que ser un príncipe o un presidente o alguna mierda.
Charlie se aclaró la garganta.
—Bueno, eso fue diferente.
Chica Reed se rio.
—Claro que sí. Tenemos suficiente tiempo para llegar a chicos y citas, papi. No hay necesidad de saltarse quince años.
¿Quince? ¿Estaba loca?
—Veinte al menos. Tal vez treinta. No será un problema porque no dejaré que lo sea.
Charlie se rio.
—No te preocupes, hijo. Te compraré una pistola cuando llegue a la adolescencia.
—Bien, nada de chicos y pistolas. Tenemos que irnos, papá. Edward tiene práctica. Hablaremos pronto.
—¡Derrota a los Rams por mí! Mis Hawks necesitan mantener su liderazgo en la división.
Me reí.
—Seguro, Charlie. Yo me encargaré de ellos por ti.
—Es todo lo que pido, hijo. Y no te preocupes; te ayudaré a mantener lejos a los chicos.
Chica Reed sacudió la cabeza, pero yo sonreí.
—Cuento con ello, Charlie.
Cortamos la llamada, y Chica Reed recargó la cabeza en mi hombro.
—No te estás asustando de nuevo, ¿verdad?
Me encogí de hombros.
—No en verdad. Tal vez un poco, pero sé realísticamente que no va a ser un problema hasta dentro de mucho tiempo. Y cuando ella llegue a la adolescencia, yo seguiré jugando fútbol, lo que significa que tendré cincuenta y dos compañeros aterradores para ayudarme a intimidar a quien quiera que se acerque. Sin mencionar a tu papá, mi hermano, Jasper, mi papá, Rubia, Pequeña… estaremos bien.
Chica Reed se rio.
—Qué Dios la ayude. Va a tener una pared muy intimidante a su alrededor. Tendrá que ser un chico muy especial para siquiera intentar pasar a través de ella.
—Nadie se atreverá.
Besó mi mejilla.
—Ya veremos.
—¿Quieres llamar a tu madre?
Negó con la cabeza.
—Es la única persona que no ha llamado ni mandado mensaje hoy. La llamaré más tarde, pero estoy segura de que está ocupada con sus asuntos. Está bien.
La jalé a mis brazos.
—Lamento que sea tan egocéntrica.
—Yo no. Tengo personas más que suficientes que están aquí para mí. Aprendí lo que no debo hacer gracias a ella, y tu madre me ha enseñado sobre el tipo de mamá que quiero ser.
—Vas a ser una gran madre, nena. Aunque yo no imitaría mucho a mi mamá. Olvidó que yo estaba vivo cuando escuchó que tenía una nieta en camino.
Chica Reed se rio.
—Tal vez por un minuto, pero pronto lo recordará. Le has dado el mejor regalo que jamás ha recibido. Serás el hijo favorito, al menos hasta que Emmett haga lo mismo.
Ese era un buen punto. Era muy genial. Emmett estaría endemoniadamente celoso.
—Diría que le llamáramos a tu papá, pero sé que está trabajando.
Bufé.
—No, sabes que mi madre probablemente ya le dijo. Apuesto a que le mandó un mensaje mientras hablaba contigo. Está bien. Lo dejaré que me diga sus mierdas más tarde.
Y así fue, mi celular vibró con un mensaje de mi padre.
Felicidades, hijo. Nos has hecho el día a tu madre y a mí. Estamos muy felices por ti. Tengo que regresar a trabajar porque tu madre está en proceso de dejarme en bancarrota mientras compra cada artículo de bebé que ha sido creado. Mi nieta será la niña más consentida y nada caprichosa del mundo. Y nos va a dominar a todos, a ti más que a nadie. No puedo esperar. Te llamaré más tarde.
Le enseñé el mensaje a Chica Reed y sonrió.
—Tenemos una familia maravillosa.
—Así es. —Y esperaba que todos ellos me ayudaran a mantener lejos a los chicos. Ahora era un trabajo para todos. Se necesita un pueblo, ¿verdad?
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*Las personas que escriben mensajes en el cielo con el humo de las avionetas.
