Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 35

Entré en la reunión del equipo, la cual se detuvo abruptamente cuando todos los ojos se giraron hacia mí. ¿Qué carajos?

—¿Y bien? —preguntó el Entrenador, sonriéndome—. ¿Qué vamos a tener?

Exhalé un suspiro. Al parecer me esperaba más de lo mismo.

—Una niña.

La cara de Colin se iluminó con una enorme sonrisa e incluso antes de que comenzara, lo señalé.

—Ni siquiera lo digas. No te vas a acercar a mi niña; no ahora, ni en veinte años.

Se rio.

—No estaba pensando en mí; estaba pensando en Paul. Puede que él esté listo para sentar cabeza cuando ella ya sea legal.

Paul me lanzó su sonrisa lobuna.

—El tipo tiene razón. Y si se parece algo a tu esposa…

Al carajo con esto.

—Odiaría tener que matarte, pero sólo nos quedan unos cuantos juegos. Estaría dispuesto a hacer ese sacrificio. Podemos buscar tu reemplazo en abril.

Paul se rio y me agitó las cejas.

—Bien, ya se divirtieron. Felicidades, Cullen. Ahora, ¿podemos regresar a los Rams? —demandó el Entrenador.

Ocupé mi asiento junto a Sammy, que me palmeó la espalda.

—Felicidades, hombre. Estoy feliz por ustedes.

Al menos él se mantuvo decente.

—Gracias. Estoy asustado hasta la mierda. —Al menos podía admitir eso ante Sammy.

Asintió.

—Por supuesto que sí. Hay más cosas de que preocuparse con las niñas. No te preocupes, hombre. Yo te respaldo. Mantendremos lejos a los chicos; especialmente a Paul. De todas formas, para entonces él será un anciano.

Lo dijo lo suficientemente alto para que Paul lo escuchara y le tiraron dedo por su comentario, pero me hizo sonreír. El Entrenador nos lanzó una mirada, y decidí que probablemente debería concentrarme en el plan de juego. Tenía mucho tiempo para planear mi defensa contra todos los hombres del universo; por ahora, me concentraría en los Rams.

Luego de la reunión, el Entrenador me llamó desde enfrente.

—¿Cómo andas, Cullen?

No estaba seguro de en qué sentido preguntaba.

—Mi brazo se siente bien. Estoy listo.

Sacudió la cabeza.

—No, me refería al bebé. Te veías un poco aterrorizado cuando dijiste que ibas a tener una niña.

Me encogí de hombros.

—Quiero decir, es lo que es, ¿verdad? Admito que estoy un poco nervioso por eso. Hasta que llegó mi Bella, en realidad no pasaba mucho tiempo con chicas. —La mirada de incredulidad en su cara me hizo aclararme—. Me refiero a fuera de la habitación. —Carajo. Podía ser honesto—. En ese entonces, las chicas me servían para un solo propósito, y cuando eso sucedía, yo terminaba con ellas.

Se rio entre dientes.

—Y ahora estás preocupado de que chicos con las mismas intenciones que tú tenías vengan detrás de tu hija, incluso antes de que nazca.

Podía admitir que sonaba estúpido cuando él lo decía así.

—Lo entiendo. He estado ahí. Demonios, mi hija se involucró con uno de mis jugadores. La ciudad del terror, ¿verdad? —sonrió—. Hasta que recordé que yo era su jefe, literalmente estaba a cargo de él. Entonces me divertí mucho.

Tuve que reírme con él. Aunque me alegraba que lo entendiera.

—Eso sería maravilloso.

—Lo fue. Y en realidad él es un muy buen chico. Críe a mi hija para que se amara y se respetara a sí misma primero, y para que exigiera eso de cualquier hombre que se acercara. Espero que hagas lo mismo. Y no temas intimidar hasta la mierda a cualquier chico que ella lleve a casa. Si él es de calidad, regresará porque, igual que mi hija, tu hija valdrá la pena para enfrentar a un padre aterrador.

—Le dije a Bella que deberíamos educarla en casa y luego enviarla a un convento.

El Entrenador soltó una profunda carcajada.

—Suena bien en teoría, pero tú de toda la gente deberías saber que los hijos siempre encuentran una manera. No puedes preocuparte tanto por adelantado; sólo concéntrate en el aquí y el ahora. Sé que la idea de una niña da miedo, pero eso cambiará la primera vez que poses tu mirada en ella. Se convertirá en todo tu mundo. Créeme, Cullen.

—Bien, Entrenador. Gracias.

—No hay problema. Ahora lleva tu culo al campo. Tenemos trabajo que hacer.

Ya se había terminado la charla motivacional. Pero él tenía razón. Tenía que concentrarme en el aquí y ahora. Había un juego que jugar.

Xoxoxoxoxo

—Todavía no vas a casa, ¿o sí?

—Eso planeaba. ¿Por?

—Porque, hombre, acabas de descubrir que vas a tener una bebita. Tenemos que celebrar.

Sacudí la cabeza.

—Amigo, no estoy de humor para beber ni nada por el estilo. Tengo que ir a casa con Bella. Vamos a ver casas en internet y así.

Se rio entre dientes.

—No estaba hablando de ir a beber. Vamos. Acabas de descubrir qué van a tener. No puedes ir a casa con las manos vacías. Tenemos que comprarle un regalo a Bella.

Huh. Supongo que tenía razón.

—¿Flores o algo así?

Sammy rodó los ojos.

—No. Ven. Confía en mí.

Así que seguí su culo hasta el centro comercial más cercano. Me reí cuando vi que nos estacionamos frente a una tienda local de deportes.

—¿En serio?

—Estoy bastante seguro de que el primer regalo de tu hija relacionado con el equipo debería venir de su papi el mariscal de campo, ¿no?

Era un buen punto. Sin duda mi madre ya le estaba comprando todo lo imaginable. Yo podría ser el primero en darle algo físicamente a mi bebé, aparte de la vida, claro está. A Chica Reed le encantaría.

—Hagámoslo.

Así que entramos a la tienda, la cual estaba llena un noventa y cinco por ciento de cosas de los Gigantes y los Jets. Justo lo que necesitábamos. Había toda una sección para bebés. Era jodidamente genial. Incluso vi unos jerséis para bebé con mi número. Tuve uno de esos en mis manos antes de siquiera poder concentrarme en otra cosa.

—Mierda, ¿qué talla compro?

—No tengo ni una jodida idea. Mira la etiqueta —sugirió Sammy.

Lo hice y descubrí que venía en meses. De seis a nueve meses era demasiado. Busqué entre los jerséis y encontré uno que era de tres a seis meses. Este probablemente estaría bien. Ella tendría esa edad cuando comenzara la temporada.

Había un montón de cosas rosas, lo cual supuse que era normal, pero yo me dirigí más bien a las cosas que tenían los colores del equipo.

—Mira esto. —Sammy me enseñó algo.

No tenía ni idea de qué era esa cosa, pero el pequeño trajecito azul tenía una cosa ondulada que casi la hacía parecer como una falda de porrista, a pesar de que la parte inferior estaba claramente visible. Y venía con un babero que decía Niña de papá en rosa con el nombre de los Gigantes en blanco por debajo. Pues tenía un poco de rosa, pero era más que nada color azul y blanco. Agarré esa mierda de inmediato.

—Es perfecto. —Chica Reed se volvería loca con esto. Y la bebé iba a ser mi niña. Mía y de nadie más. Era mejor establecerlo desde un principio.

Encontré otro trajecito que tenía rojo con azul; la cosa parecida a una faldita era roja, y decía Amo a los Gigantes en un corazón con el logo de NY. Venía con un babero y zapatitos a juego, o botitas, o como sea que se llamen esas cosas.

—Ése es endemoniadamente lindo —declaró Sammy, viéndolo.

También era talla de recién nacido, así que podría usarlo de inmediato. Añadí eso y tres paquetes de enteritos, o mamelucos, o cómo sea que se llamen, que eran de color rojo, azul y gris, con diferentes letras, pero todos con el logo de NY.

—Este es de mi parte. —Sammy alzó otro enterito con faldita, de color rojo y azul, con un Bonita de los Gigantes de NY escrito en él.

—Queda bien.

—Ahora, ¿somos totalmente anti-rosa? Porque…

Alzó un trajecito rosa con blanco de faldita. Tenía un moño alrededor de la cintura y también una diadema. Era la cosa más jodidamente femenina que había visto jamás y para nada de mi estilo, pero tenía la sensación de que a Chica Reed le encantaría. Y si era la única cosa totalmente rosa, no sería tan malo. Lo añadí a la pila.

Luego seguían los pijamas. Había unos de estilo mameluco en azul que decían Amo a mis Gigantes de color blanco con una bastilla roja alrededor. Agarré de esos en dos tallas, ya que probablemente también le gustarían para el invierno. Se veían cálidos. Eso me hizo añadir gorros y guantes al montón.

—Amigo, ¡mira esto! —Sammy alzó una manta que tenía forma de balón de fútbol. Era endemoniadamente genial.

—Nos llevaremos esa. Está increíble.

Con la manta venía un babero de pelota, calcetines y un gorrito, así que también llevamos eso.

—Sabes, tendría que patearte el trasero si alguna vez le dijeras esto a alguien, pero en realidad esto es muy divertido. —Ahora veía por qué mi madre estaba llevando a la bancarrota a mi padre mientras hablábamos. Al ritmo que iba, yo iba a vaciar mi propia cuenta de banco.

—Lo es. Debería serlo. Mierda, mira esto. —Señaló un enorme casco de los Gigantes para la pared—. Incluso puedes decorar toda la habitación si quieres. Probablemente tengan cunas y esas mierdas.

—Probablemente, pero eso podría ser demasiado, especialmente porque es una niña. Ya puedo escuchar a mi madre. —Aunque le vendría bien si decorara la habitación de mi hija en mierdas de fútbol. Eso se merecía por ponerme un vestido.

—Sí, pero es genial. Y estoy de acuerdo contigo. Es divertido.

Nos la pasamos muy bien. Compramos mantas, biberones, chupones y un montón de mierdas. Entre ambos, fácilmente gastamos unos mil dólares o más. Pero no me importaba. Sabía que era sólo el principio de lo que gastaría en mi hija. Si de mí dependía, ella tendría lo mejor de todo. Y sí dependía de mí, porque yo era su papá.

La cajera chilló sobre lo bonito que era todo y me felicitó por mi bebé. Sacamos nuestras compramos, donde Sammy guardó las suyas en su carro.

—Las llevaré a la cena de la siguiente semana para dárselas yo mismo.

—Seguro. —Le palmeé la espalda—. Gracias, hombre. Esto era lo que necesitaba.

Se rio.

—Estoy feliz de ayudar. Supuse que las mujeres la vestirían con los vestidos y encajes; nosotros somos los encargados de asegurarnos que tenga los accesorios del equipo indicados para mostrar.

—Maldición, así es. Viene en camino otra fan de los Gigantes. —Tendría que buscar en internet también yo. Podía conseguir algunas de estas mierdas, pero de los Nole. Mi hija iba a estar bien abastecida.

Nos fuimos en direcciones diferentes, y entré en la casa cargando todas mis bolsas. Rainbow llegó corriendo a mí, pero aparte de eso el lugar estaba en silencio.

—¿Chica Reed? ¿Estás en casa? —su carro estaba abajo, así que debería estar aquí.

—Aquí estoy. En la sala.

La encontré sentada en el sofá con un libro en el regazo. Me sonrió.

—Hola. ¿Cómo te fue en la práctica?

—No estuvo mal. —Dejé mis bolsas en el piso junto a ella—. ¿Qué estás haciendo? —me agaché y recibí un dulce beso.

Se sonrojó un poco, pero alzó el libro.

—Sólo veía. —Era el libro de nombres que Jasper nos había dado. Más allá de Jennifer y Jason, Madison y Montana: Qué Nombre Ponerle a tu Bebé.Lo tomé de sus manos.

—Sé que es pronto, y apenas nos enteramos que vamos a tener una niña. Pero ahora lo sabemos, así que pensé que podría empezar a buscar. Ver qué nos gustaba.

Le sonreí.

—Lo entiendo. Pero, ¿qué tiene de malo Montana? —Montana era un increíble nombre. El nombre del mejor mariscal de campo de todos los tiempos.

Chica Reed me alzó una ceja.

—No vamos a ponerle el nombre a nuestra hija en honor a tu jugador favorito. No tiene nada de malo en particular, pero significa montaña. No quiero nombrar montaña a nuestra hija.

Bien, quizá tenía algo de razón.

—¿Qué te parece Joey? Había un show que tenía una chica llamada Joey. Podría ser Joey Montana Cullen. —Me gustaba. Sonaba muy bien de verdad.

Bella arrugó la cara.

—Primero que nada, suena como nombre de niño, a pesar de que acepto que es muy lindo. Segundo, Joey fue interpretada por Katie Holmes, que estuvo casada con Tom Cruise. No.

No estaba seguro de por qué tan repentinamente estaba contra Tom Cruise, pero su cara se veía bastante firme, así que no discutí. Tal vez había algún tipo de hormona anti-Tom dentro de ella. ¿Quién sabía?

Me senté a su lado.

—Bien, entonces, ¿qué tienes en mente?

Se encogió de hombros.

—Pues estaba buscando nombres con E, ya que ese parece ser un tema en común en tu familia. Emily, Emma, Elena, Elizabeth, nombres así.

Sacudí la cabeza.

—Emmett pensará que le pusimos el nombre por él si le ponemos Emily o Emma. Y la abuela monstruo se llama Elizabeth, así que ése queda fuera. No tiene que ser un nombre con E, nena.

Sonrió.

—Era sólo una idea. ¿Qué hay de ti? ¿Tienes algún nombre en mente?

Sacudí la cabeza. Demonios, ni siquiera había pensado en nombres de niños cuando estaba convencido de que íbamos a tener uno. ¿Eso me hacía un padre de mierda?

—Oye. ¿Por qué esa cara? —estiró el brazo y acunó mi barbilla en su mano.

—Me acabo de dar cuenta que no había pensado en nombres. Me hizo sentir mal.

Se rio y me dio un sonoro beso.

—No te sientas mal. Hemos estado muy ocupados últimamente. Y tenemos mucho tiempo para pensar en nombres. Sólo me preguntaba si alguna vez lo habías pensado.

Le alcé una ceja, haciéndola reír de nuevo.

—Lo cual, ahora que lo pienso, fue tonto. Eres el chico que no había planeado estar casado hasta dentro de unas décadas.

—Una década. Tal vez. —Le sonreí—. Todo cambió cuando tú llegaste.

—Fue algo bueno. —Se acurrucó en mí—. ¿Hay algún nombre que odies?

Me encogí de hombros. Había muchos, pero no se me ocurría ninguno en este momento, aparte de Tanya o Heidi, los cuales sabía que estarían fuera de consideración para ella por la misma razón que para mí.

—¿Sabes qué es lo que odio? —ante su mirada de duda, seguí—: cuando un nombre se escribe de manera rara. No vamos a ponerle un nombre normal a nuestra niña y luego escribirlo de manera rara para que sea diferente. Había una chica en mi preparatoria. Su nombre era Amy, ¿sí?

—Suena bastante normal.

Asentí.

—Debió serlo, pero, ¿sabes cómo lo escribía?

—¿Cómo? —preguntó Chica Reed, sonriendo cuando mi voz se alzó. No podía evitarlo. Esa mierda me molestaba. Y la molestaría a ella cuando lo deletreara.

—A-M-M-Y —pausé para generar un efecto completo.

—Eso no está tan mal.

Sacudí la cabeza. Todavía no terminaba.

—A-M-M-Y-I-E. En serio, ¿qué carajos es eso?

Chica Reed arrugó la nariz.

—Tienes razón. Es horrible.

—En serio. Golpearía a mis padres en la jodida cara si me hicieran eso. Cuando fuera mayor, claro. Nadie sabía cómo carajos pronunciar su nombre cuando lo veían escrito. Obviamente nadie la llamaba Amy. Así que nada de deletreos raros. No nombres raros en general. Le vamos a poner un nombre normal. —Los niños eran crueles, como ese mierdecilla de Mark había reiterado en Acción de gracias. No iba a darle a los otros niños municiones para usar en contra de mi niña. De ninguna jodida manera.

Chica Reed sonrió y tomó mi mano.

—Estoy de acuerdo contigo en eso, incluso si no me siento tan apasionada por el tema como tú. Entonces, ¿qué es todo eso? —señaló las bolsas a nuestros pies.

Mierda. Olvidé contarle de mis compras. No estaba seguro de por qué, pero los aleteos regresaron a mi estómago con mucha fuerza cuando me estiré para poner las bolsas frente a ella.

—Yo, bueno, Sammy y yo fuimos de compras luego del trabajo, para la bebé. Él te manda felicitar, por cierto. Todos lo hacen.

Sus ojos se humedecieron un poco.

—¿Fuiste de compras para la bebé? ¿En serio? —Me estaba viendo como si hubiera anunciado que nos íbamos a mudar a Marte o algo así. ¿Era raro?

Me encogí de hombros.

—Bueno, sí, quiero decir, técnicamente fue la idea de Sammy, pero supusimos que, entre mi madre y tú, ella tendría todas esas mierdas de niñas, así que dependía de nosotros que pudiera tener cosas que nos reflejara, al equipo y así.

Una lágrima se derramó.

—¿Puedo verlo?

Oh sí. Seguía aferrándome a las bolsas. Se las entregué y esperé ansiosamente mientras ella sacaba las cosas una a una. No entendía por qué no sólo vaciaba todo de golpe, pero era su espectáculo.

—¡Oh Dios mío! ¡Esto está tan lindo! —alzó primero el trajecito de la niña de papá junto con el babero—. Oh, Edward. Es hermoso. —Y con eso se soltó llorando. Carajo.

La jalé a mis brazos mientras ella sollozaba sobre lo dulce que era, y que era el primer regalo de verdad de la bebé, y que su papá ya la amaba y todo tipo de mierdas. Sólo le palmeé la espalda y me recordé que las hormonas se estaban volviendo locas.

Rainbow se subió al sofá en un lado y miró a Chica Reed como si estuviera loca. Luego me miró a mí. Sólo asentí y me encogí de hombros. Chicas… ¿qué podía decir? Y tenía una locura doble que esperar por el resto de mi vida. Esperaba que mi hija no fuera de las que lloran mucho. Carajo, me moriría.

Juro que Rainbow sacudió la cabeza antes de saltar dentro de la bolsa de compras. Por supuesto. Rainbow estaba obsesionada con las bolsas. Aunque quería besarla, porque finalmente Chica Reed dejó de llorar y se rio cuando Rainbow comenzó a patear una de las botitas que había adentro. Déjenme decirles que Rainbow era la jodida mierda.

—Lamento esto. Es que, estabas tan sorprendido esta mañana porque resultó ser niña, y luego vas y le compras regalos. En serio no te molesta que no sea niño, ¿verdad?

Sacudí la cabeza.

—Por supuesto que no me molesta. Sí, admito que fue una sorpresa, y es muchísimo más aterrador saber que es una niña, pero ya te dije que la amo. Por supuesto que sí. Es nuestra.

—Lo sé. Y yo te amo a ti. —Me besó—. Gracias por esto.

—De nada. Ahora, ¿qué te parece si terminas de ver el resto, antes de que Rainbow robé alguna de las mantas? —Sí que lo haría. Rainbow era una acaparadora de mantas. Cualquier manta nueva que entrara en la casa era automáticamente suya. Carajo. Probablemente tendría que comprar dos de cada manta que le comprara a la bebé. Sería la acción más segura.

Chica Reed volvió a hacer "oh" y "ah" por cada pequeña cosa, sacando fotos con su teléfono.

—Tengo que enviarle estas a tu madre y a las chicas. Van a morirse. ¡Es tan encantador!

¿Encantador? Mátenme ya. Permitiría lindo, quizá, pero, ¿encantador? Al menos anoté una victoria por lo que parecía. Chica Reed estaba enamorada de cada cosita que compré, incluso le encantaron los chupones, biberones y esas mierdas.

—Te volviste un poco loco, ¿no? —preguntó con una sonrisa cuando terminó de apilar todo en ordenadas columnas. Como dije, Rainbow abandonó la bolsa y se enterró en la manta de balón.

—Compraré otra de esas para la bebé —prometí, haciéndola reír—. Y sí. Había muchas cosas. Sammy y yo sólo estábamos agarrando mierdas y apilándolas. Él también tiene algunas cosas para ti. Te las dará en la cena.

—Rainbow se ve linda en la manta. Y eso fue muy dulce. Agradécele. No puedo esperar para ver qué pudo haber comprado él. Parece que tú compraste toda la tienda.

—Los bebés necesitan cosas. Muchísimas. Había incluso cunas y esas mierdas. Pero supuse que compraríamos eso juntos, y una cuna de los Gigantes podría ser demasiado para una niña.

Se rio.

—Probablemente. Y sí, eso es algo que definitivamente deberíamos elegir juntos. Aunque ansío que llegue el momento.

Sorprendentemente, yo también.

—Yo también. —Pero primero lo primero—. Es probable que debamos decidir dónde vamos a vivir antes de comprar las cosas grandes.

Probablemente yo ya había exagerado con las cosas de bebé. Íbamos a tener que empacar todo para llevárnoslo. Pero la reacción de Chica Reed dejó en claro que había tomado la decisión correcta. Ella necesitaba saber que yo no estaba molesto porque íbamos a tener una niña, y parecía que ahora ya lo sabía. No podías comprar ese tipo de felicidad. O, supongo que, en cierta manera, yo sí la había comprado. Pero, aun así. Ella estaba emocionada, y eso era todo lo que importaba.

—Esa sería una buena idea —aceptó.

Agarré mi laptop y cargué los sitios que había guardado.

—Reduje la búsqueda a Upper Montclair por ahora. Varios de mis compañeros con familias viven ahí, y tiene un montón de lugares agradables. Estaba pensando en esta. —Señalé la más cara.

Chica Reed bufó.

—¿Para qué demonios necesitamos una casa de diez habitaciones, Cullen? ¿Y todo ese espacio? Nos perderemos.

Me encogí de hombros.

—No sé. Nuestra habitación, la del bebé, una oficina, tal vez un gimnasio, la habitación de la nana, la habitación de huéspedes, y luego de cualquier otro bebé que podamos tener… —me callé ante la sonrisa de su cara—. ¿Qué?

—¿Exactamente cuántos niños crees que vamos a tener? Pensé que dijimos que dos o tres. No cinco.

—Te pones cachonda cuando estás embarazada. Me gusta. ¿Qué tiene?

Se rio.

—Me pones cachonda también cuando no estoy embarazada. Diez habitaciones es demasiado. No me importa si tenemos un ama de llaves; tendríamos que contratar a varias sólo para limpiar el maldito lugar. No.

—Bien. —De todas formas, no me gustaba la casa. Sólo supuse que, ya que era la más cara, deberíamos considerarla. Además, tenía portón, lo cual era algo bueno. Por alguna razón, no muchas casas en el área tenían portón.

Señalé varias más que acordamos mirar. Cinco y seis habitaciones.

—Podríamos convertir el sótano en un gimnasio, o tal vez en una habitación de música para ti, o algo así. —Ella todavía no lo sabía, pero iba a recibir un piano para Navidad. El que no fuera a estar en la orquesta no significaba que tuviera que vivir sin su música, aparte del trabajo de caridad. Ella necesitaba un lugar donde practicar.

—Me gusta —aceptó. Noté que sus ojos se quedaban un poco más en la casa grande color gris de seis habitaciones que resultaba ser mi favorita. Pero no dije nada. Las visitaríamos y ya veríamos.

—Entonces, llamaré al agente y agendaré una cita para la siguiente semana. Tal vez podamos arreglar todo para año nuevo y mudarnos en enero. —Por supuesto, si el clima lo permitía. Ya había nevado unas cuantas veces. Era bonito, pero también apestaba.

—No puedo esperar. —Chica Reed lanzó sus brazos a mí alrededor—. Todo está cayendo en su lugar, ¿no?

—Así es. —La jalé a mi regazo—. Hemos avanzado y hemos madurado. ¿Cómo carajo sucedió eso?

—Yo ya había madurado. Y luego te encontré, te acogí bajo mi tutela, y te traje al viaje. De nada, Cullen.

Se soltó riendo cuando le cosquillé los costados. Luego se movió para sentarse a horcajadas sobre mí, y la risa se interrumpió cuando sus labios encontraron los míos.

Aunque tenía razón. Si no fuera por Chica Reed, ciertamente no estaría buscando una casa para comprar en los suburbios. Probablemente estaría afuera de fiesta, acostándome con diferentes chicas sin nombre, igual que había hecho antes de que ella llegara. Ya nada de eso me atraía. Pasé la mano sobre el pequeño bultito de bebé que había entre nosotros. Esto era mucho, mucho mejor. Lo mejor de todo.