Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 36
Buscar una casa era muy diferente a buscar apartamento. Simplemente lo era. Las casas de esta área eran más tradicionales, no tan elegantes y modernas como nuestro apartamento. Por supuesto, ese era el punto. No íbamos a ser la poderosa pareja fiestera que había imaginado antes de saber la noticia del bebé. No es que me estuviera quejando, porque quería que nuestra casa se sintiera como un lugar donde un niño pudiera correr, jugar, invitar amigos y esas mierdas.
Para empezar, las casas no eran nuevas. Algunas eran antiguas de principio de los 90s. Claro, por nuestro presupuesto, estaban renovadas y tenían todas las nuevas comodidades que queríamos. También eran diferentes a las de Florida. Los pisos eran de madera, las casas eran diferentes, no con subdivisiones pequeñísimas. En su mayor parte, eso era algo bueno.
—Esa casa parece un establo. De ninguna jodida manera —le murmuré a Chica Reed, haciéndola reír mientras avanzábamos por el camino de entrada.
—La fachada tampoco es de mi agrado, pero no nos hace daño ver —murmuro, asegurándose de que nuestro agente de bienes raíces no escuchara. Aunque a mí no me importaba ni una mierda. Le había dicho lo que queríamos, ¿y él me traía a un establo? Al carajo con esto.
—Esta encantadora casa colonial tiene cuatro habitaciones, tres baños y medio, y un terreno de tres mil setecientos cincuenta y nueve pies cuadrados.
—Así que también es pequeña.
Chica Reed se rio.
—Sólo tú pensarías que eso es algo pequeño.
Lo era comparada con los lugares que había estado viendo. Mi casa de diez habitaciones tenía más de seis mil pies cuadrados. Sólo digo.
Si la fachada no había sido desalentadora, el interior sí lo era. Ahora, claro que no se podía culpar al dueño por no sacar sus muebles de la casa, pero sí podía culparlos por tener un gusto de mierda. Era anticuada, extravagante y aburrida más allá de lo creíble. Puede que hubieran actualizado algunas mierdas, pero no parecía así con sus muebles que ocupaban todo el espacio. Chica Reed arrugó la nariz antes de poner una enorme sonrisa falsa.
—Como pueden ver, la cocina…
—Joe, esto no es para nosotros. Lo siento, pero no hay nada que me guste en este lugar. —Tuve que interrumpirlo. ¿Qué carajos le pasaba este hombre? Él conocía nuestro estilo. Nos ayudó a encontrar el condominio, por Dios. Chica Reed me dio un codazo, pero, en serio, ¿qué sentido tenía mirar todo el lugar? Lo detestábamos.
Se veía un poco sorprendido, pero se encogió de hombros.
—Bien. No creí que les gustaría. Sólo creí que sería bueno empezar en el lado opuesto de lo que están buscando.
Sonreí.
—¿Para que las casas más caras se vean mejor? Créeme, sí se ven mejor. Y no voy a ser tacaño con nuestra casa. Llévanos a lo bueno.
Se rio.
—Olvidé lo honesto que eres.
Chica Reed suspiró.
—Me disculparía por él, pero entonces no haría nada más durante todo el tiempo que pasemos juntos hoy.
—Como sea, nena. Te gusta mi honestidad.
—La mayor parte del tiempo —murmuró, sacudiendo la cabeza.
—En realidad es algo refrescante —dijo Joe, guiándonos fuera de la casa de mierda. En serio, ¿quién pagaría 1.1 millón de dólares por ese lugar? Ciertamente nosotros no.
—Al menos sé en qué página están. No tendré que preguntarme si van a hacer una oferta en algo, eso está claro.
—Me ofrezco a usar un mazo en ésta —le dije a Joe, haciéndolos reír a él y a Chica Reed.
—Muy bien entonces, sigamos.
La siguiente casa estaba en la misma calle y se veía muchísimo mejor del exterior. El primero piso era de madera y piedra, las ventanas se veían bien, y parecía más un lugar donde podríamos vivir.
—Esta es una casa colonial estilo holandés, seis habitaciones, cuatro baños, tres mil seiscientos noventa pies cuadrados. Está totalmente renovada, con una chimenea, puertas francesas, y una cocina modernizada. Veámosla.
La vi. Y supe de inmediato que no era el lugar para nosotros. No sin algo de trabajo. Aunque los pisos se veían brillantes y agradables, estaba muy encerrada. Apretada. La cocina no estaba abierta, lo cual sabía que era algo que Chica Reed quería, por si estaba cocinando, poder seguir formando parte de cualquier otra cosa que sucediera en la casa.
Joe nos llevó arriba, y las habitaciones tenían una extraña forma. El techo caía en ciertas áreas, y si no me cuidaba, me golpearía la jodida cabeza en el techo en ciertas áreas de la habitación.
—No creo que esta casa fuera diseñada para gente alta.
Joe se rio.
—Al parecer, no para gente súper alta. ¿Qué opinan de ella, aparte de la altura de los techos?
Miré a Chica Reed, que se encogió de hombros.
—Es linda —dijo—. Me gusta la chimenea, pero no soy fan de la cocina.
¡Ja! Lo sabía.
—No creo que mantengamos ésta en la lista, a menos de que mi esposo aquí esté escondiendo su agrado detrás del ceño fruncido.
Me reí y le di un sonoro beso.
—Está demasiado encerrada para nosotros. No es para nada nuestro estilo.
Joe sonrió.
—Bien, intentemos con algo más.
La siguiente casa se veía genial desde afuera. Había un porche larguísimo que se extendía hasta casi rodear la casa por completo. No estaba cerrado para Rainbow, pero probablemente eso sería fácil de hacer.
—Esta es una Reina Anne victoriana construida en 1890.
Santa mierda. Esta era una casa vieja.
—Completamente renovada, con cinco habitaciones, tres baños y medio.
Eso siempre me causaba gracia. ¿Qué carajos era medio baño? Sí, sabía que se refería a que sólo tenía taza, pero sonaba estúpido.
Entramos, y era más de lo mismo. Las habitaciones eran más pequeñas de lo que me gustaba, más encerrado de lo que me gustaba, y sabía que Chica Reed sentía lo mismo. Quiero decir, podría comprar esta casa, pero tendríamos que tumbar algunas paredes y esas mierdas. En realidad, no quería lidiar con mierda a no ser que fuera necesario.
Joe ni siquiera se molestó en preguntar qué opinábamos de ésta; sólo nos guío a la salida.
—Bien, tenemos dos lugares más para ver hoy, y creo que les gustarán más esas.
Entonces, ¿por qué no nos enseñaste esas desde un principio, idiota?No entendía a los agentes de bienes raíces. Era como en ese programa con el que estaba jodidamente obsesionada Chica Reed. Siempre le enseñaban mierdas jodidas a la gente primero, luego los llevaban a algo que no podían comprar, sólo para enseñarles cómo sería la vida si tuvieran más dinero, y luego los regresaban al lugar al que tendrían que resignarse porque no tenían dinero. Bueno, yo sí tenía dinero, maldición, y no necesitaba ver los lugares de mierda para nada. Encuéntrame algo que no pueda comprar. Te reto a intentarlo, Joe.
—Te estás fastidiando, ¿no? —preguntó Chica Reed mientras conducíamos al siguiente lugar.
—Un poco. Quiero decir, ¿por qué mostrarnos mierdas cuando sabe que las odiaremos?
Se rio.
—Primero que nada, él no sabía eso con certeza. Y segundo, supongo que es para crear anticipación. Si esas últimas dos son las que él piensa que vamos a elegir, entonces nos olvidaremos de las demás.
—Es molesto.
Me estacioné detrás de Joe y miré la casa frente a nosotros. No era terrible, pero no me gustaba mucho la parte frontal. De dos pisos, por supuesto, era amarilla con blanco. Nos bajamos del carro, y tomé la mano de Chica Reed en la mía.
—Esta fue construida en 1902, y es una clásica de las Artesanías Revival.
Lo qué sea que eso signifique.
—Tiene siete habitaciones, cinco baños, y cerca de tres mil cuatrocientos pies cuadrados. Están pidiendo 1.35 millones.
—Me gusta que se ve muy privada —observó Chica Reed.
Estaba de acuerdo con eso. Estaba un poco apartada de la carretera, y había muchos árboles y mierdas alrededor. Casi se sentía privada.
—El garaje está separado. —Bueno, eso era algo molesto, pero podría vivir con ello.
Joe nos llevó dentro, y tenía que admitir que era muchísimo mejor que la anterior. La cocina era algo pequeña, pero todo estaba bien hecho. Había muchas ventanas, y me gustó mucho el área formal que era la sala. Se veía genial para socializar.
El porche estaba cerrado, lo cual me hizo sonreír.
—Puedo ver a Rainbow sentada ahí durante horas infinitas —murmuró Chica Reed.
Sí que lo haría.
—Sí, este sería su espacio, tenlo por seguro.
Había porches en todo el jodido lugar, lo cual era genial. Algunos estaban incluso pegados a un par de habitaciones.
—En realidad hay dos habitaciones principales aquí, y están conectadas. Puede que les guste algo así para su bebé en un principio.
Al principio, sí. Aunque no tanto cuando ella pudiera moverse y esas mierdas. No quería que entrara mientras su madre y yo fallábamos o algo así.
—Es muy bonita —dijo Chica Reed cuando terminamos.
Tuve que aceptarlo.
—Muchísimo mejor, Joe. La cocina era muy pequeña, y no me agrada mucho la idea de las habitaciones principales conectadas, pero es definitivamente algo con lo que podría vivir.
Chica Reed me sonrió.
—¿Podríamos mantener esta en la lista?
—Claro, nena.
—¡Muy bien! Me alegra que finalmente les haya gustado una. Pero estoy guardando la que creo que es mejor para el final. Esa es la que pareció gustarte, Edward.
¿Mi casa gris? Maldición. Era más grande que esta. Nos subimos al carro y seguimos a Joe hasta la casa.
—Vaya. Es muy bonita. Y amo el camino de entrada circular —comentó Chica Reed cuando nos estacionamos.
—Sí, pensé que sería agradable. Tendremos espacio suficiente si invitamos a alguien.
—Esta es muchísimo más moderna que las otras casas que hemos visto. Es Colonial y fue construida en 1957, fue renovada este año. Tiene seis habitaciones, cinco baños y medio, y cinco mil quinientos pies cuadrados.
Sí, muchísimo más grande que las otras casas que vimos hoy.
—Es enorme —comentó Chica Reed mientras entrabamos.
Me guardé mis pensamientos mientras Joe recitaba su discurso. Sabía desde antes de venir que esta era la casa que quería, pero en realidad todo dependía de Chica Reed. Nunca compraría algo que no le gustara a ella. Es sólo que… este lugar era muchísimo mejor que los otros. Las habitaciones eran espaciosas, el comedor formal y la sala de estar eran parte de un gran espacio. Por supuesto, no teníamos que poner una mesa si queríamos tener una sala enorme.
La cocina era jodidamente grande, y aunque no estaba completamente abierta, en su mayor parte así era, con dos pasillos grandes que llevaban al área de la sala de estar.
—Oh, mira ese rinconcito para desayunar. ¡Está empotrado! —Sí, mi esposa sonaba jodidamente reverente ahora. Amaba las cosas como asientos empotrados y asientos de ventanas. Y este lugar tenía ambos. Pero la dejaría esperar y ver cuando llegáramos ahí.
Tanto la sala como el cuarto de estar tenían chimeneas, lo cual era jodidamente maravilloso en lo que a mí concernía. Para mí, lo mejor de vivir en el frío eran las chimeneas. Esta sala quedaba abierta a la cocina, a diferencia de la sala de estar formal. Probablemente aquí era donde pasaríamos todo nuestro tiempo y donde el actual dueño tenía la televisión sobre la chimenea. Nosotros también la pondríamos ahí.
Había un cuarto de invitados con un baño privado en el primer piso, lo cual funcionaría bien cuando vinieran nuestros padres.
Chica Reed jadeó cuando llegamos al segundo piso y vio el enorme asiento de ventana que se extendía por el pasillo. Media unos diez pies de largo, y estaba bajo una ventana en forma de arco.
—Oh, Edward —murmuró. Supe que, como yo, ella podía verse acurrucada ahí leyendo un libro frente a la ventana. Y en un día no muy lejano, leyéndole a nuestra hija. Era una imagen jodidamente maravillosa en mi mente.
Joe sonrió, pero, sabiamente, no dijo nada. ¿Para qué hablar cuando el lugar se estaba vendiendo solo?
La habitación principal tenía un par de puertas francesas que salían al porche. La parte superior no estaba encerrada, pero la parte del primer piso parecía sí estarlo. Había mierdas decorativas de color blanco que planeaba quitar. Eso quedaría perfecto para Rainbow y aun así nos daría un espacio exterior si queríamos.
—Tiene sala de estar —dijo Chica Reed, mirando el pequeño espacio en un lado de la habitación principal.
—El lugar perfecto para poner una cuna, si quieren.
Por la mirada en su rostro, podía ver que ella sí quería. Tendríamos que hablar sobre eso. Estaría bien cuando la bebé fuera pequeña, pero, ¿y cuándo quisiéramos tener sexo? No estaría cómodo haciendo eso con mi hija en la habitación, incluso si era sólo una bebé.
—El closet es enorme —dijo Chica Reed, una vez más sonaba como si hubiera entrado a la Capilla Sixtina. Quería gritar de modo triunfador, pero me contuve.
La habitación principal era jodidamente maravillosa, con una tina independiente que parecía pertenecer a un spa elegante. La ducha tenía dos enormes cabezales de cascada, lo que significaba que había espacio suficiente para los dos al mismo tiempo, algo que por supuesto amaba. El piso era de mármol o alguna mierda, y todo se veía iluminado, limpio, y simplemente fenomenal para mí. Pero aun así mantuve la boca cerrada.
Bajamos al sótano, que era jodidamente enorme. Era perfecto para un gimnasio y tenía otros dos cuartos que podrían ser habitaciones, u oficinas, o lo que sea que queramos, en realidad. Terminamos el tour con el patio trasero, el cual estaba cercado en su mayoría. Probablemente lo extendería un poco una vez que nuestra bebé pudiera moverse, sólo para que no se fuera a vagar. No había mucho en cuestión de jardín, pero eso era algo fácil de hacer.
—Pues ese fue el tour. ¿Qué piensan?
—Es hermosa. —Chica Reed me miró—. Has estado horriblemente callado. ¿Qué piensas?
La jalé a mí.
—Creo que es nuestro hogar, si te gusta. Hay muy pocas cosas que tendríamos que cambiar. Quiero cercar este jardín por completo cuando la bebé esté lista para jugar aquí atrás, y plantar algunos árboles y esas mierdas, pero eso es todo.
—Sí. Es perfecta, ¿no? Puedo vernos aquí, almorzando en esa linda banquita empotrada o jugando con la bebé en el piso frente a la chimenea. ¡Y el asiento de ventana! Quiero decir, tiene que entrar a la lista, ¿verdad?
La alejé de Joe, dedicándole un asentimiento para hacerle saber que necesitábamos un minuto.
—Nena, en lo que a mí respecta, esta es la lista. Podemos seguir viendo si quieres, pero este lugar es el que más me gustó hasta ahora de mis búsquedas en línea. Se acomoda más a nosotros que los demás.
—Así es. —Me miró, la esperanza brillaba en sus hermosos ojos cafés—. ¿La quieres pues?
—La quiero si tú la quieres. Yo estaré contento donde sea. Me conoces.
Se rio.
—No estarías contento en la primera casa.
Bufé.
—Es porque era jodidamente espantosa. Bien, déjame corregir mi declaración. Estaré contento casi en donde sea siempre y cuando no esté apretado, anticuado ni parezca un establo.
Sonrió.
—Eso está mejor. Entonces, ¿deberíamos hacer una oferta?
—Hagámosla. Esta es nuestra casa, Chica Reed. Hagámoslo realidad.
Me dio un sonoro beso.
—Vamos a tener una vida increíble aquí.
—Tendremos una vida increíble donde quiera que estemos, pero me alegra que vaya a ser aquí. Te amo, Chica Reed.
—También te amo, Campeón.
Así que regresamos con Joe y le dije que lo hiciera realidad. Pagaría todo lo que pedían si quería, 1.85 millones, pero ya que acababan de reducir el precio, tenía la sensación de que podría conseguir un precio mejor. Necesitábamos llamar a un evaluador y todas esas mierdas, pero era todo. Esta era nuestra casa.
Xoxoxoxox
—No puedo creer que hayan encontrado una casa así de rápido. —Sammy sacudió la cabeza—. No puedo creer que apenas tengas veintiuno y ya estés comprando una casa. Me siento como un perdedor.
—Eso se debe a que lo eres. —Agarré en el aire la pelota que lanzó a mi cabeza—. Cuando la vi en línea supe que esa era la casa para nosotros. Tiene todo lo que queremos, está localizada en un buen lugar para niños, hay tres parques cerca, y parece ser lo correcto. Está un poco cara, pero el agente de bienes raíces está seguro de que van a aceptar mi oferta, o al menos van a responder bajando un poco el precio. Si tengo que aumentar la oferta, lo haré. Esa es nuestra jodida casa.
—¿Y hay suficiente espacio para tu compañero favorito, por si alguna vez necesitara quedarse luego de un juego de Noche de Lunes de Fútbol? —me batió las pestañas.
—Oh, sí, Paul puede quedarse cuando quiera. —Me burlé cuando me lanzó un golpe—. Bromeaba. Sí, hay suficiente espacio. Bella ya está enamorada. —Había estado mirando tiendas de muebles anoche mientras nos relajábamos en la cama. Bueno, hasta que la interrumpí para tener sexo, claro. Teníamos muchas habitaciones que llenar con muebles, y ella estaba emocionada. No me sorprendía.
—Iba a tener su primer evento de caridad hoy, ¿verdad? —se agachó para estirar las piernas. La práctica había sido muy ligera luego de nuestra victoria del domingo contra los Rams. Aunque aumentaríamos la intensidad mañana.
Asentí.
—Sí. Bueno, era sólo una reunión con el director y los maestros de una escuela local. Necesito llamarla y descubrir cómo le fue.
Nos dirigimos a los vestidores, y agarré mi teléfono. Como lo esperaba, tenía un mensaje.
La reunión se está extendiendo, y no estoy de humor para cocinar. ¿Le molestaría mucho a Sammy si nos reunimos en algún lugar para comer?
—Oye, hombre, ¿te importa si salimos a cenar en lugar de ir a mi casa? La reunión de Bella se extendió.
—No hay problema. La comida es buena en cualquier lado. Es la compañía lo que busco. Nuestra chica estará ahí, ¿verdad?
Le contesté el mensaje a Chica Reed, preguntándole dónde quería reunirse.
Rodé los ojos ante su sonrisa malévola.
—Mi chica estará ahí, sí. Tú necesitas conseguirte la tuya, perdedor.
Suspiró.
—Lo sé, lo sé. Es difícil allá afuera para un atleta guapo y rico como yo. Todas las buenas están tomadas. ¿Qué puede hacer un chico?
—Familiarizarse con su mano, supongo. —Me burlé cuando me lanzó su camiseta sudorosa—. Lo siento, tengo pareja.
—Cabrón. Sólo por eso, disfrutaré al doble de los besos y abrazos de tu esposa cuando le de los regalos para la bebé esta noche. Tú puedes cocerte en los jugos de tus celos.
Estaba muy tentado en hacerle saber sobre los jugos que estaría tomando luego de tener a mi esposa sola, pero me guardé el comentario. No podía compartir las mierdas que Bella y yo hacíamos. Ella era muchísimo más que una plática de vestidores, lo cual era irónico, considerando que nuestra primera vez había sido en un vestidor. Seguía siendo un maravilloso recuerdo.
—Yo recibiré más que eso cuando lleguemos a casa, amigo. Así que disfruta lo poquito que recibirás. Estaré pensando en ti cuando… espera, no, no pensaré en ti. —Me dirigí a las duchas, lanzándole una sonrisa sobre mi hombro.
—Eres malo, Cullen. Creo que ya no me caes bien.
Me encogí de hombros.
—Bien. Iré a la cena solo pues.
—Cabrón. Me yo voy.
—No, no es así. ¿No es ese el problema? —Esta vez, logró golpearme la espalda con una toalla hecha bola porque no lo estaba viendo. Estaba limpia, así que la agarré—. Gracias.
Se rio.
—Cuando quieras. Voy a asearme para verme bien para las damas.
—No sabía que habían inventado duchas mágicas que podían cambiar la apariencia de una persona. Qué bien por ti.
Ese comentario hizo que me ganara un dedo, pero se dirigió a su propia ducha. Bien. Quería bañarme e ir con mi esposa.
Luego de mi ducha, me vestí y revisé mi celular.
Vinimos a Buffalo Wild Wings luego de que salimos. Seguimos aquí. ¿Quieren reunirse con nosotras aquí? Traje a una de las maestras conmigo. Es agradable.
—¿Te parece bien ir a BW? Bella ya está ahí con una maestra que conoció hoy.
—¿Está buena? —Se encogió de hombros por mi mirada—. Tenía que preguntar. Sí, está bien. Me vendrían bien unas alitas y cerveza.
Le contesté el mensaje, y salimos hacia allá. Entramos al lugar y el nivel del volumen, que era bastante alto, se quedó en completo silencio aparte de las televisiones.
—Dos Gigantes de Nueva York entran en un bar deportivo… suena como el principio de una broma bastante buena —murmuró Sammy, haciéndome reír.
Escaneé a la multitud que nos miraba, mis ojos se posaron en mi esposa que estaba en uno de los privados de atrás. Tenía la sensación de que su elección de lugar era para darnos cierta semblanza de privacidad. Moví a Sammy, y nos encaminamos hacia allá, aunque varias veces fuimos detenidos por personas que querían autógrafos. Firmé gorros, camisetas y servilletas. Chica Reed sólo me sonrió y sacudió la cabeza.
—Supongo que debí reconsiderar el lugar —dijo cuando finalmente llegamos a ella.
—No te preocupes. Nos gusta disfrutar de la adulación. Hola, hermosa. —Sammy besó su mejilla antes de entregarle una bolsa de regalo—. Esto es para ti y para mi futura hi… —debido a mi codo en sus costillas, se interrumpió—, nuera, si es que alguna vez procreo, muchas gracias.
—Ambos sabemos que no ibas a decir eso. —Lo aparté del camino y besé a mi esposa—. Hola, nena.
—Hola, Campeón. Gracias, Sammy. Abriré esto más tarde. Edward, Sammy, ella es Emily Sutton. Enseña a segundo grado en la escuela en la que pronto comenzaré con el programa de música. Emily, él es mi esposo Edward y su compañero de equipo, Sammy Maddux.
—Es un gusto… —volteé cuando la voz de Sammy se apagó. Miraba a la chica boquiabierto como si nunca antes hubiera visto una mujer.
Yo la miré por primera vez, y entendí por qué parecía estar anonadado. Ella estaba, como él había esperado, buena. Tenía un largo cabello negro y unos ojos azul clarito, piel morena, y lo que parecía ser un cuerpecito matador. No es que se comparara con mi esposa, pero era hermosa.
—Hola. —Le ofrecí mi mano—. Disculpa a mi compañero. Recibió demasiados golpes duros en la práctica.
Ella tomó mi mano y sonrió.
—¿Estás seguro de que fue por la práctica? Porque vi ese golpe que le dio Slater el domingo. Se vio brutal.
La expresión de Sammy era cómica. Se transformó de asombro, a incredulidad y luego a deslumbrado, todo en cuestión de segundos.
—Lo fue. Quiero decir, lo es. Quiero decir, ¿te gusta el fútbol? —su voz se alzó tanto, sonaba como si todavía no le hubieran bajado las bolas.
Me deslicé en el asiento junto a mi Chica Reed y me preparé para disfrutar del espectáculo.
—¿Cómo podría no gustarme? Sangro de color azul —le dijo, lanzándose el cabello sobre el hombro. Él tragó cuando ella se ajustó el tirante de su vestido.
—Creo que Sammy necesita tener sexo —susurré en el oído de Chica Reed.
—Creo que Emily podría cumplírselo —murmuró en respuesta—. Tiene un pequeño enamoramiento.
Le alcé una ceja mientras Sammy se sentaba en el asiento junto a Emily.
—¿Es una cita arreglada, nena?
—Es una oportunidad de conocerse. Lo que hagan depende de ellos. —Pero sabía por la sonrisa de satisfacción en la cara de mi esposa que se estaba sintiendo bastante bien respecto a las oportunidades.
Aunque igual estaba Sammy, al parecer. Recuperó su habilidad para hablar y le estaba sonriendo a Emily. Revivió el golpe con ella, llevándola paso a paso por la jugada.
—Fue increíble que lograras sostener el balón —lo aduló.
—Manos fuertes. —Las alzó, y yo bufé una carcajada. Era como si estuviera diciendo, Mira lo grandes que son mis manos. Al igual que otras partes de mí, ¿quieres ver? Gracias a Dios que yo ya no tenía que jugar ese juego. Chica Reed conocía el paquete que yo cargaba.
—Entonces, Emily, ¿das clases en la escuela donde Bella va a ser voluntaria? —pregunté, intentando alejar la conversación de sus miembros. Quería escuchar cómo le había ido con todo a mi mujer. Obviamente bastante bien, ya que había hecho otra posible amiga.
—Sí. Estamos muy emocionados. Doy clases a segundo año, y varios de mis niños planean ser parte del programa. Repartí un montón de hojas de permiso hoy. Los padres también están muy emocionados.
La mesera se acercó, ordenamos nuestras bebidas y las entradas para empezar.
—Entonces, ¿sí te fue bien, nena?
Sonrió.
—¡Fue genial! Para empezar, hablamos de que yo hiciera un programa después clases dos o tres veces a la semana. Varios de los maestros, incluyendo Emily, se ofrecieron voluntarios para ayudar. Tengo en la línea a una compañía que está dispuesta a proveer algunos instrumentos, con la condición de que yo los recomiende a los padres que quizá quisieran comprarles sus propios instrumentos a sus hijos. Creo que va a ser realmente maravilloso.
—Así es. Tuvimos que reducir mucho el presupuesto de artes en las escuelas. Muchas veces los maestros gastan su propio dinero en materiales. Cuando salga de aquí esta noche, iré a comprar algo de brillantina y pintura para los proyectos de las festividades.
Me reí cuando uso comillas con los dedos alrededor de las palabras proyectos de las festividades.
—Ya no puedes decirle Navidad, ¿eh?
Rodó los ojos.
—Nop. En vez de incluir todo, lo cual sería bueno y podría enseñarles de verdad a los niños sobre otras culturas, tenemos que ignorarlo todo. Así que haremos copos y hombres de nieve, cosas así, en lugar de árboles de Navidad y candelabros judíos. Los tiempos han cambiado bastante desde que éramos niños.
—¿Hace cuánto fue eso? —soltó Sammy de repente—. Quiero decir, ¿qué edad tienes?
Sacudí la cabeza ante su falta de sutileza.
Por suerte para él, Emily sólo se rio.
—Tengo veinticinco. ¿Qué edad tienes tú?
—Veinticuatro. Lo que pretendía decir es desde cuándo has estado dando clases.
Sí, buena salvada, amigo. No. ¿Qué les pasa a mis compañeros con eso de convertirse en idiotas balbuceantes alrededor de las mujeres? Bueno, aparte de Paul, claro. Él era endemoniadamente suave. Aunque Sammy usualmente también lo era. Después de todo, había tenido a esa chica rubia de nuestra boda comiendo de la palma de su mano.
—Este es mi tercer año. De verdad lo amo. Quería enseñarles a niños más pequeños porque ellos disfrutan de verdad al aprender. No creo que pudiera lidiar con adolescentes.
¿Quién podría culparla por eso?
La cerveza, el agua y los nachos llegaron, así que ordenamos nuestros platillos fuertes y comenzamos a comer. Chica Reed y Emily comenzaron a platicar sobre los estudiantes y algunos de los otros maestros. Sammy me agitaba las cejas y movía sus ojos hacia Emily, como si me estuviera preguntando algo.
—¿Qué? —exigí saber, causando que las chicas miraran hacia mí.
Sammy sólo sacudió la cabeza y se llenó la boca de nachos. Idiota. Ellas volvieron a platicar, y Sammy siguió haciendo gestos. Sentía que estaba de regreso en secundaria.
Saqué mi teléfono y le mandé un mensaje.
Te ves como si te estuviera dando un ataque. ¿Cuál carajos es tu problema?
Sacó su teléfono y comenzó a teclear.
¿La viste? Es preciosa. Y le gusta el fútbol. Y los niños. Y es preciosa. ¿Qué hago?
Sí, tenía razón. Secundaria.
Habla con ella, igual que lo haces con cualquier otra chica. ¿Has estado pasando mucho tiempo con Colin? ¿Perdiste el toque?
Chica Reed me lanzó una mirada, sólo me encogí de hombros y sonreí. Comí más alitas y bebí mi agua mientras Sammy tecleaba.
Ella no es como las otras chicas. Me intimida. No sé por qué.
Me burlé. Ya estuve ahí y pasé por eso.
Tal vez ella es tu Chica Reed. Pídele que se case contigo.
Se quedó boquiabierto cuando leyó mi mensaje y me reí.
—¿Se están mandando mensajes entre ustedes? —preguntó Chica Reed.
Fue entonces cuando me di cuenta de que las chicas habían dejado de hablar y nos estaban viendo. Oops.
—Uh, no. Le estábamos diciendo mierdas a Jennings. Tuvo que cambiar su número de nuevo porque tu madre no lo deja en paz.
Chica Reed gimió.
—Oh Dios mío, Emily, déjame contarte eso. —Y se lanzó a contarle la historia de las tácticas de asaltacunas de su madre mientras Sammy me lanzaba una mirada de agradecimiento. En un minuto iba a hacer que su día fuera todavía mejor.
Luego de que las chicas se rieran por las acciones de Renee, hice mi jugada.
—Entonces, Emily, ¿alguna vez has ido a alguno de nuestros juegos?
Sacudió la cabeza.
—Desafortunadamente, no. Los precios de los boletos están un poquito más allá de mi rango, a menos de que quiera sentarme hasta arriba. Prefiero ver desde casa.
Sammy no cogió el balón que le había pasado. Qué clase de receptor abierto era. Parecía que dependía de mí.
—Puedo conseguirte un asiento decente. Nena, ¿quieres ir al juego de esta semana?
Chica Reed me sonrió. Al menos, ella entendía lo que estaba haciendo.
—Me encantaría. Emily, ¿quieres venir conmigo?
—¿En serio? Eso sería genial. Imagino que puedes conseguir buenos asientos.
Me reí por eso.
—Creo que me las puedo arreglar.
—Luego de que ganemos, ¿quizá podamos llevar a estas encantadoras damas a cenar para celebrar? —preguntó Sammy, finalmente entrando al juego.
Emily sonrió.
—Me gustan los hombres confianzudos. Me parece un buen plan.
Hasta ahora él había sido todo menos eso. Pero me alzó los pulgares antes de deslizar su brazo por el respaldo del asiento.
—Entonces, cuéntame más sobre ti.
Chica Reed deslizó su mano en la mía.
—Buen trabajo, Campeón —murmuró suavemente.
—Nunca dejo de ser su mariscal, incluso fuera del campo. Tengo que guiarlo en todas partes —dije, haciéndolo reír.
—Es afortunado de tenerte. —Recargó la cabeza en mi hombro.
—Al pareces es afortunado al tenernos a ambos. Lo hizo bien, señora Conspiradora.
—Igual que usted, señor Conspirador.
Besé su cabeza.
—¿Por qué tengo la sensación de que pronto todos mis compañeros van a estar saliendo con maestras?
—Ya veremos. Todos merecen una oportunidad de tener lo que tenemos nosotros —contestó, alzando la cabeza y frunciendo los labios.
Le di un beso.
—Pueden intentarlo, pero es muy difícil superarnos.
—Es cierto. —Sonrió mientras veía a Sammy y Emily, que estaban inmersos en su conversación—. Somos insuperables.
