Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13
Beta: Isa
Capítulo 37
—Nada como una buena paliza para ponerte de humor —dijo Sammy riéndose mientras regresábamos a los vestidores.
Rodé los ojos. Aunque tenía razón. Les habíamos dado una paliza. Veinticuatro a trece, y ni siquiera había estado tan cerca. Los Bears había obtenido un touchdown basura justo antes del juego para que se viera un poco mejor.
—¿Seguro que no es esa linda maestra la que te tiene de buen humor?
La sonrisa de Sammy iluminó toda su cara.
—¿Crees que le gustó el juego? Jugué jodidamente maravilloso hoy, ¿verdad? Ella tiene que estar impresionada y debe desearme.
—¿Por qué me preguntas a mí cuando le puedes preguntar a ella? Se reunirán con nosotros allá afuera dentro de poco, así que mueve el culo.
Tomé una ducha, disfrutando de la forma en que el chorro de agua relajó mis tensos músculos. No me habían golpeado mucho hoy, pero el par de golpes que había recibido habían sido de los buenos. Me aseé y me vestí, saqué mi cartera y mi celular del casillero, y me puse de nuevo el anillo.
Mientras Sammy terminaba de alistarse, revisé los mensajes de mi teléfono.
¡Buen juego, Edward! Estuviste muy bien.
Sonreí por el mensaje de Danny, mandándole un "Gracias" y diciéndole que esperaba verlo pronto. Sólo quedaba un juego en la temporada, y luego tendríamos algo de tiempo libre para mudarnos y relajarnos.
Nuestra oferta en la casa había sido superada, luego nosotros la superamos de nuevo, y finalmente acordamos 1.65 millones. Seríamos los dueños oficinales en treinta días. Carajo, no podía esperar. Tampoco Chica Reed. Había pilas de catálogos en la mesita de café, con pequeñas notas adhesivas marcando las mierdas que le gustaban. Se la estaba pasando en grande planeando dónde irían las cosas en la casa, y me encantaba verla así.
—Estoy listo. Vámonos.
Me reí cuando se revisó una vez más.
—¿Estás seguro? Tal vez deberías joderte el cabello una vez más.
—¿Por qué? ¿Se ve mal? —me fulminó con la mirada cuando me reí—. Cabrón. El que tengas a tu chica asegurada no significa que no puedas apiadarte del resto de nosotros. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me gustó tanto una mujer.
—Claramente a ella también le gustas. ¿Cuántas horas han pasado en el teléfono desde que se conocieron?
Sonrió.
—Exacto. Cálmate y sé tú mismo. Estarás bien.
Salimos del vestidor y ahí estaban ellas. Sonreí al ver a Chica Reed usando mi jersey sobre una blusa de manga larga y un par de jeans. Jeans nuevos porque los viejos ya no le quedaban. Se veía endemoniadamente caliente, enseñando sus curvas nuevas. Emily iba vestida de manera similar con el jersey de Sammy. Él soltó un gemido junto a mí. Jodidamente gracioso.
—Hola, nena. —Besé a mi esposa—. ¿No tienes frío?
Negó con la cabeza.
—Mi chaqueta está ahí. —Señaló un par de abrigos en el piso junto a la pared. Estaba muy caliente aquí—. Buen juego. —Me sonrió, pero noté que la sonrisa no llegó a sus ojos.
—¿Qué pasa? —acuné su cara en mis manos—. ¿Alguien te molestó en las gradas o algo así? —Me preocupaba esa mierda, que alguien la reconociera y le dijera algo. Debí haberla puesto en el palco principal.
—No, nada de eso. —Tomó mi mano y nos alejó de dónde platicaban animadamente Sammy y Emily.
La miré, urgiéndola a decirlo. Ella tomó una profunda y temblorosa respiración, y vi lágrimas aparecer en sus ojos. Mierda. Patearía el trasero de quien quiera que la hubiera hecho llorar, a menos de que fuera yo. Carajo, esperaba que no fuera yo.
—¿Qué pasa, Bella? Me estás asustando.
—Lo sé. Lo siento. Es que no sé cómo decirte… —cuando se calló, las lágrimas comenzaron a fluir y entré en pánico al instante.
—¿Es la bebé? ¿Le pasa algo? —estiré las manos para agarrarla y correr hacia el doctor del equipo. Él era el personal médico más cercano en el que podía pensar.
—No. Edward, ella está bien.
El alivió me llenó ante esas palabras.
—Lo siento. Es Danny.
¿Danny? Pero acababa de hablar con él. Tenía que estar bien.
—¿Qué le pasa a Danny? Me acaba de mandar un mensaje.
—Su mamá me llamó hace unos minutos. Él no está bien, cariño. Creen que no… —se calló y limpié sus lágrimas—. No va a lograrlo.
Carajo. Mi corazón se derrumbó. Lo sabía, en Acción de Gracias, sabía que se veía demasiado pequeño, demasiado frágil. Pero él iba a luchar. Danny era un luchador. Tenía que estar bien.
—¿Qué te dijo?
—Está demasiado débil para más quimioterapias o para un trasplante de médula ósea. Ya no tienen más opciones. —Chica Reed me rodeó con sus brazos, y la apreté contra mi cuerpo—. Ella quería saber si podrías ir al hospital a verlo.
¿Cómo si tuvieran que pedirlo?
—¿Podemos ir ya?
—Sí, sólo por un rato. Creo que las horas de visita terminan a las ocho.
Al carajo con eso. Me iría cuando quisiera.
—Vamos.
—Tenemos que decirle a Sammy y Emily que no iremos a cenar —me recordó gentilmente Chica Reed antes de que pudiera llevarla por el pasillo.
Sí. Es cierto. Hace cinco minutos teníamos planes de ir a cenar con amigos. Ahora iba a ir al hospital a ver morir a un niñito genial. El mundo era un lugar muy jodido.
—Sammy.
Me miró desde dónde conversaba con Emily.
—No podremos ir a cenar. Ustedes tendrán que ir solos.
—Yo manejé aquí, ¿podrías llevar a Emily a casa? —preguntó Chica Reed, dándole un apretón a mi mano.
—Seguro. —Sammy nos entrecerró los ojos—. ¿Qué pasó? ¿Todo está bien?
Sacudí la cabeza.
—Es Danny.
—Carajo. —Lo supo al instante—. ¿Dónde está? ¿Puedo ir? ¿Sigue…?
—Si quieres. —Chica Reed le dio la información del hospital ya que yo no la tenía.
La pobre de Emily se veía muy confundida, pero no tenía tiempo para explicarle. Dejaría que Sammy lo hiciera.
—Tenemos que irnos. —Entonces se me ocurrió algo y corrí de nuevo al vestidor para agarrar el balón del juego antes de apresurarme en salir—. Bien, vamos.
Nos subimos a mi carro, y puse la información del hospital en el GPS. Afortunadamente estaba cerca. No hablamos durante el camino; Chica Reed sólo agarró mi mano y la acarició con su pulgar.
Chica Reed tenía la información del edificio, así que me indicó dónde estacionarme y a cuál habitación íbamos. Aunque honestamente no necesitaba el número de habitación. Escuché un juego de fútbol reproduciéndose y me dirigí en esa dirección. Claro, era la habitación de Danny.
Primero vi a su madre. Joyce tenía los ojos rojos, pero una sonrisa se robó su cara cuando nos vio parados ahí. Steve estaba sentado junto a la cama con Danny, sosteniendo su mano. Y Danny… Danny se veía tan pequeño y pálido en esa jodida cama de hospital, conectado a los monitores que hacían pitidos y esas mierdas. Estaba tan jodidamente mal. Una parte de mí quería arrancar los cables y luego golpear la pared. Él era demasiado pequeño para esta mierda. No debería estarle pasando.
En la televisión, Dallas anotó un touchdown con ese receiver rubio que tenían. Sammy le decía Bebé Thor.
—Rayos. Necesitamos que pierdan, ¿verdad, papá? Para poder ir a los playoffs.
—Ese sería un buen comienzo, pero necesitamos que pasen muchas cosas —dije.
La cabeza de Danny se giró y su cara se iluminó cuando me vio.
—¡Edward! Viniste a verme.
—¿Dónde más estaría luego de una gran victoria? —pregunté, acercándome al lado de su cama. Fue entonces que noté a Chelsea, estaba en la cama con su hermano. Ella me miró con los ojos azules más tristes que había visto en mi jodida vida. Carajo.
—Tenía que celebrar con mi mejor seguidor, ¿no?
Se señaló a sí mismo.
—Ése soy yo.
—Por supuesto que eres tú. —Saqué el balón que había agarrado del vestidor y se lo ofrecí—. Este es uno de los balones que usamos en el juego. Creí que te gustaría tenerlo.
Se iluminó aún más cuando lo agarró.
—¡Vaya! Gracias. Es increíble.
—Es un muy buen regalo, ¿no, hijo? —Steve me ofreció su mano, y le di un apretón. Se veía destrozado. Todos se veían así. Por supuesto que sí—. Gracias por venir, Edward.
—No hay otro lugar donde preferiría estar.
Asintió con tristeza mientras se ponía de pie.
—Toma mi asiento. Yo… nosotros… deberíamos bajar con Chelsea para comer algo. ¿Te parecería sentarte con él por un rato? —preguntó suavemente.
—Por supuesto —respondió Chica Reed mientras yo sólo asentía—. Tómense todo el tiempo que necesiten.
Él le dedicó una sonrisa.
—Gracias. Chelsea, vamos a comer algo. Edward y Bella se quedarán con tu hermano.
—No tengo hambre —murmuró, tomando la mano de su hermano.
—Lo sé, cariño, pero tienes que comer. Todos tenemos que comer. —Su madre le ofreció su mano—. Comeremos algo rápido en la cafetería y regresaremos de inmediato.
Chelsea negó con la cabeza.
—No dejaré a mi hermano.
—Necesitas… —comenzó Joyce, al mismo tiempo que Danny hablo.
—¿Puedes traerme unas papas fritas? Me gustan mucho. —Miró a su gemela—. Sabes cuáles son las que me gustan.
Chelsea asintió.
—Las esponjosas. Bien, te traeré unas. —Se bajó de la cama y me apuntó—. Cuídalo hasta que yo regrese.
Cristo.
—Lo prometo.
Asintió y salió del cuarto con sus padres.
Tomé el asiento que Steve había desocupado, y Chica Reed se sentó junto a mí.
—No se habría ido a menos de que le diera algo que hacer. —No sabía qué responder a eso, pero Danny continuó—. Lanzaste cuatro touchdowns hoy. Fue realmente bueno.
—Gracias. Cutler nos ayudó, dándonos un campo corto en muchas ocasiones.
Se rio.
—Sí. Tres intercepciones. No fue bueno para ellos, pero sí para nosotros.
Sammy llegó entonces, y me sorprendió ver a Emily en la puerta. Nos saludó, pero se quedó ahí parada.
—Hola, pequeño. ¿Estás haciéndoles vudú a los de Dallas por nosotros? —Ante la expresión confundida de Danny, se lo aclaró—. Mandándoles mala suerte para que nosotros podamos entrar a los playoffs.
Danny asintió.
—Estoy intentando, pero por ahora van ganando. Tal vez con todos nosotros aquí ellos empezarán a perder.
—Podemos esperarlo. Oye, te traje algo. —Sammy le dio uno de sus guantes—. Atrapé el segundo touchdown usando esto.
—¡Genial! ¡Gracias! —Danny lo tomó y lo puso en la cama con él junto al balón.
Nos sentamos y miramos el juego un rato antes de que hablara de nuevo.
—¿Puedo hablar contigo a solas? —preguntó, dirigiéndose a mí.
Sammy asintió ante mi mirada.
—De todas formas, me tengo que ir. Mantente fuerte, Danny. Te visitaré de nuevo pronto, ¿bien?
—Bien. Gracias por venir a verme, y por mi guante.
Sammy chocó el puño con él antes de irse.
Chica Reed se puso de pie.
—Iré por algo de agua. Estaré aquí afuera. —Dijo eso por mi beneficio, lo sabía. En este momento me estaba sosteniendo de un jodido hilo, y en verdad la necesitaba.
—¿Qué pasa? —le pregunté a Danny cuando estuvimos solos.
—Lo lamento —dijo, y una lágrima cayó por su cara. Se la limpió.
—¿Qué es lo que podrías lamentar? —estaba asombrado. Y no sabía qué carajos hacer si lloraba más. Me mataría.
—Me dijiste que fuera fuerte, pero no lo soy.
Carajo.
—Danny, eres muy fuerte. No conozco mucha gente que podría pasar por lo que tú estás pasando y estar aquí, sonriendo, riendo y siendo fuerte para su familia. —Negó con la cabeza, pero seguí—. Fingiste querer papas fritas para que tu hermana fuera a comer algo. Eso es ser fuerte y ayudar a tu familia, ponerlos a ellos primero. La fuerza no se trata de salud o músculos. Se trata de hacer lo correcto, incluso cuando es difícil.
Él parecía estar pensando en lo que había dicho. Asintió lentamente.
—¿Te asegurarás de que ellos estén bien? Después de que… —se fue callando, no dijo las palabras, afortunadamente—. Eres la única persona a la que se lo puedo pedir. Mis otros amigos son demasiado jóvenes para hacerlo.
Jodido infierno. Iba a perder mi mierda por todos lados.
—Por supuesto que lo haré. Estarán bien. Y tú también. —Era una mentira, pero tenía que decirlo, a pesar de que él negó con la cabeza.
—Lo sé. Puedo sentirlo. —Y lo sentía. Podía verlo en sus ojos—. Está bien. Alguien necesita cuidar a mi hermana. Es fuerte, pero está muy triste. Di que lo harás, y te creeré. La señorita Bella dice que siempre cumples tus promesas.
¿Y este niño dudaba de su fuerza? Por favor. Era increíble. Tomé su mano.
—Lo prometo. Cuidaré de tu familia, especialmente de Chelsea. Puede que ella no lo aprecie, pero lo haré.
Se rio.
—Sí lo apreciará. Sólo que no te lo dirá. Pero no la dejes patearte. Duele.
Dallas anotó de nuevo y eso atrapó su atención.
—No podré ser como tú, ni jugaré para FSU y los Gigantes.
Jodido infierno. Tenía que hacer algo.
—Está bien. Te veré. Tal vez algún día ganarás el Súper Tazón para mí.
—Lo haré. —Sus ojos se posaron en los míos y asentí—. Esa es otra promesa que te haré.
Sonrió.
—Muy bien. Me gusta.
No mucho después de eso, regresaron su familia y Chica Reed. Nos quedamos con ellos un rato, pero sus ojos comenzaban a cerrarse, así que supe que era hora de irse. Le di un ligero abrazo a Danny y le prometí que regresaría al día siguiente. Joyce y Steve nos abrazaron y nos agradecieron por la visita. Rechacé su agradecimiento. No lo necesitaba.
Cuando salimos al pasillo, volví a tomar la mano de Chica Reed en la mía. Necesitaba agarrarla. Antes de poder alejarnos mucho, Chelsea salió.
—Edward.
Me giré y me agaché para quedar a su nivel.
—¿Qué pasa, Chelsea?
Se detuvo frente a mí.
—Mi hermano va a morir.
Carajo. Miré a Chica Reed, y ella asintió.
—Lo sé. Lo siento.
—Tú eres su jugador favorito.
—Es un honor ser su jugador favorito. Él es una buena persona.
—Él ya no podrá apoyarte, sólo podrá hacerlo desde el cielo.
No tenía ni idea de qué responder a eso, así que sólo asentí.
—Así que yo voy a apoyarte por él. Ahora tú eres mi jugador favorito.
Carajo, eso fue todo. La pequeñita rubia me destruyó.
—Eso es… gracias. Es un honor igual de grande. —Abrí mis brazos, y ella caminó hacia ellos. Entonces lloró, largo y tendido. Y sí, yo también lloré un poco. Era imposible no llorar. Una mirada a Bella me confirmó que ella estaba en el mismo barco que yo.
Eventualmente Chelsea se tranquilizó y retrocedió, limpiándose los ojos.
—Gracias.
Sólo asentí.
—Quizá puedas traerme uno de tus jerséis la próxima vez que vengas.
Me honraba.
—Me encantaría.
—Tengo que regresar ya con mi hermano. ¿Nos vemos mañana?
—Sí, aquí estaré.
—Bien. Adiós. —Besó mi mejilla y le dio un abrazo a Chica Reed.
La detuve antes de que entrara de nuevo en el cuarto de Danny.
—¿Chelsea? —se giró y me miró—. Vamos a tener una niña, y quiero que sea igual a ti cuando crezca.
Eso hizo que el fantasma de una sonrisa apareciera en su cara.
—Me gustaría eso. —Luego se metió a la habitación de su hermano.
Me paré, y Chica Reed envolvió sus brazos a mí alrededor, enterrando la cara en mi pecho.
—Oh, Dios, Edward.
—Lo sé, nena. —La abracé por varios minutos, sólo inhalándola y dejándola llorar. Mis lágrimas ya se habían ido, pero mi mente era un torbellino. Carajo, odiaba que le robaran la vida que merecía a ese increíble niñito. Tenía que hacer algo.
—Lo siento. Se supone que debo ser fuerte para ti. —Chica Reed retrocedió, y le limpié las lágrimas.
—Eres fuerte para mí. Te necesitaba, y aquí estás. —Tomé su mano y nos encaminamos para salir del hospital.
—¿Qué te dijo él? —preguntó mientras manejábamos a casa. Le conté, lo cual la hizo llorar de nuevo—. Estaremos ahí para ellos. También yo lo prometo.
Besé sus nudillos.
—Somos un equipo. A donde yo voy, tú vas, y viceversa. Quiero hacer algo por él, algo en su nombre.
Su nombre. Eso me golpeó como un montón de ladrillos. Estacioné el carro en nuestro lugar y luego me giré para ver a Chica Reed.
—Quiero ponerle el nombre a nuestra hija en su honor. Danielle. Le diremos Dani, la versión femenina.
Las lágrimas comenzaron a fluir de nuevo, pero asintió.
—Creo que es una gran idea. Un encantador tributo para él.
Era un comienzo. Quería hacer más. Haríamás. Pero, ¿qué?
Xoxoxoxoxox
La práctica del martes apestó. Fue larga y ajetreada, especialmente porque había pasado casi todo el lunes en la habitación de Danny. Sammy había llamado a los chicos, y el piso de Danny en el hospital se convirtió en una puerta giratoria para los Gigantes de Nueva York. Sammy, Colin, Brady y Paul fueron los que se quedaron más rato, pero incluso tipos que no lo habían conocido, como JPP y Jennings, pasaron para saludarlo y hacerlo sonreír. Eli vino e hizo más feliz a Chelsea, pero ella me reiteró que ahora yo era su jugador favorito. No era así cómo quería ganar su afecto, pero seguía significando mucho para mí.
Las anhelantes palabras de Danny sobre no poder jugar para los equipos de sus sueños se quedaron conmigo. No había nada que pudiera hacer para volver completamente realidad su sueño, pero tenía una idea. Primero fui con el Entrenador, que amó la primera parte de mi plan, y prometió ir con el gerente general para poder hacerlo. No estaba tan contento con la segunda parte, porque temía que me fueran a suspender, pero iba a poner a Alec a cargo de eso.
Alec hizo unas cuantas llamadas, al igual que el señor Mara y el Entrenador. Mientras ellos hacían eso, yo llamé a Jasper y al Entrenador Fisher. Jasper aceptó inmediatamente, y el Entrenador prometió hablar con el personal de Georgia, con quienes íbamos a jugar en nuestro juego de tazón de Año Nuevo. Tuvimos que hacer muchas cosas, pero conseguimos el permiso que necesitábamos.
—Vas a tener que pagar una enorme multa por violar el uniforme —me dijo Alec—. No te suspenderán, pero no pueden dejar de lado la multa. De otra forma, tendrán a todos los jugadores queriendo hacer lo mismo cada semana.
Eso no era problema. Pagaría cualquier multa que me impusieran. Valía totalmente la pena.
Nuestras familias entendieron cuando Chica Reed y yo les explicamos que no haríamos una gran celebración de Navidad este año. Queríamos estar aquí para Danny y su familia, y, honestamente, en realidad no nos sentíamos de humor para celebrar. También cancelé mi viaje a Miami para el juego de tazón. Esperaba que Danny siguiera aquí para ver el juego conmigo en su habitación. Y si ya no estaba… bueno, de todas formas, no quería ir.
Durante mi visita del jueves, hice que Danny me prometiera que vería el juego del domingo. Sabía que no lo visitaría hasta el lunes, ya que nuestro último juego era en Arizona contra los Cardinals. Fue duro irme, sin saber si él seguiría ahí cuando yo regresara, pero sus padres me aseguraron que los doctores le habían dado unas semanas más.
Llegó el domingo, y recibí su mensaje de siempre, deseándome un buen juego. Respondí, agradeciéndole y luché contra el dolor, sabiendo que sería la última vez que me mandaría mensajes antes de un juego. El siguiente año… no. No podía pensar en ello ahora. Tenía un juego que ganar.
Me puse el jersey, y Sammy logró formar una sonrisa cuando lo vio.
—Es maravilloso, hombre. Se va a sentir muy honrado.
Me encogí de hombros.
—Fue lo mejor que pude hacer. Él no puede jugar, pero…
—Pero tú puedes jugar por él. Es increíble. Le encantará.
Eso esperaba. Me paré en el túnel, usando el jersey especial que había mandado hacer para la ocasión. Todos los anunciadores habían sido avisados y, para mi grata sorpresa, los Cardinals habían sugerido darme la entrada, a pesar de que estaba en su campo. Mi equipo fue presentado y salieron corriendo en masa.
—Y ahora, jugando hoy por un niño muy especial, el mariscal de campo Edward Cullen. —Salí del túnel, sonriendo a la cámara que estaba enfocando el número nueve que usaba hoy en lugar de mi siete de siempre. Hicieron una toma de mi espalda cuando pasé, como habíamos pedido. En lugar de mi nombre, decía Prentice. Tal vez Danny no podría tomar el campo, pero yo podía hacerlo en su nombre.
El juego terminó siendo uno muy tenso, pero al final, Danny y yo prevalecimos. Lancé un touchdown de último minuto a Sammy para ganar veintiocho a veinticuatro. Oficialmente habíamos terminado la temporada en nueve y siete, apenas fuera de los playoffs. Pero cuando llegué al vestidor y revisé mi teléfono, no sentí como si me hubiera perdido de algo.
Tenía un mensaje de voz de Danny, junto con sus mensajes anteriores al juego donde me deseaba suerte.
—¡Edward! ¡Estás usando mi nombre! ¡Es como si yo estuviera en el campo! Oh, ¡gracias! ¡Muchísimas gracias! ¡Esto es tan genial! Mis amigos no pueden creerlo. ¡Se la pasan llamando a mi habitación! Papá grabó el juego. ¡Eso es tan increíble! ¡Es como si yo estuviera jugando! Oh, mira, ¡lanzaste un touchdown! ¡Estoy imaginando que lo hice yo! Mamá, no me voy a caer de la cama. Perdón, me emocioné un poco. ¡Gracias de nuevo! ¡No puedo esperar a verte!
Yo tampoco podía esperar a verlo. Guardé su mensaje, sabiendo que algún día querría escucharlo de nuevo, luego de que él se fuera. La sonrisa en su cara cuando entré a su habitación al siguiente día y le di su jersey no tuvo precio. Más tarde ese mismo día, cuando el Entrenador le dio un contrato firmado, haciéndolo un Gigante de Nueva York, estuvo a punto de explotar con orgullo, alegría y emoción. Y la siguiente semana, cuando me senté junto a Danny y miramos a Jasper usando su propio jersey número 9 de Prentice tomar ese campo en el Tazón Naranja, pude ver el asombro y felicidad que habían estado en su cara cuando yo lo hice.
Fue eso a lo que me aferré cuando recibimos la llamada un par de días después. Danny había fallecido a mitad de la noche con su familia a su lado. Hice lo mejor que pude para mantener esa imagen mientras veía el pequeñísimo ataúd siendo bajado al piso, la mano de Bella estaba en la mía. Todo mi equipo y los entrenadores habían venido al funeral, junto con Alec y los Maras. Él era un Gigante de Nueva York, y todos vinieron a apoyarlo. Fue enterrado con su jersey, mi jersey y el balón que le había dado. Sólo el pensar eso casi hacía que me derrumbara.
—Nunca pensé que algo podría hacerme sonreír hoy, pero todos ustedes lo hicieron. Él se habría emocionado tanto al ver a todo el equipo aquí por él. Gracias por lo que has hecho. —Joyce me abrazó fuertemente—. Hiciste de estos últimos meses los mejores de su vida. Eso es más de lo que pudimos haber esperado bajo estas circunstancias.
—Espero que no piensen que esta es la última vez que nos verán —le dije, sosteniendo con fuerza la mano de Chica Reed. Hoy ella era mi cuerda de salvación—. Le prometí a tu hijo que yo iba a cuidarlos, y pretendo hacer eso y más. Él nunca será olvidado.
Puse mi mano libre sobre la pancita de Bella.
—Esperamos que no les moleste, pero nos gustaría ponerle Danielle a nuestra hija y decirle Dani. No hay nadie a quien nos gustaría que se pareciera más que a tus hijos.
—Oh, Dios. —Joyce se tapó la mano con la boca, y su esposo la abrazó mientras lloraba y asentía.
—Sí. Nos gustaría muchísimo —añadió él, dándole un apretón a mi mano—. Gracias por estar ahí para mi hijo. Tú significabas todo para él.
—Él significa mucho para nosotros —le dijo Chica Reed—. Sabemos que probablemente necesitan algo de tiempo, pero sepan que estaremos aquí para ustedes cuando nos necesiten.
—Gracias.
Siguieron avanzando, para aceptar más condolencias. Era un horrible día helado de invierno, que parecía encajar con un funeral. Y ese era un pensamiento muy jodido.
—Lo dicen en serio, sabes. Hiciste mucho para hacer feliz a Danny, cuando no había mucho que se pudiera hacer. No puedes despreciar eso ahora que él ya no está.
Me concentré en mi esposa. Estaba tan triste y hermosa en su vestido negro.
—No lo hago. Pero quiero hacer más. Nadie debería pasar por esto.
—Entonces haremos más. —Tocó mi cara—. Mantendremos su nombre vivo. —Se tocó el vientre—. Ella mantendrá su nombre vivo, y lo honraremos con nuestra nueva asociación de caridad.
El sueño de Danny. Iba a establecer un campamento de fútbol en su nombre, todas las ganancias irían a la Sociedad de Leucemia y Linfoma. Recibiríamos a niños enfermos, niños sanos, niños que pudieran pagar, niños que no. Todos serían bienvenidos.
—Harás más sueños realidad, igual que lo hiciste con Danny. Él habría querido esto.
Sí, lo habría querido. Había sido apartado del mundo muy pronto, pero yo me iba a encargar de ver que viviera para siempre, como debió haberlo hecho.
