Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 38

—No me estás ayudando.

Rainbow me miró desde su posición dentro de la caja que yo intentaba empacar, completamente despreocupada de estar en mi camino. Le gustaba llenar de pelo toda mi ropa. De hecho, se tomó el tiempo de empujar mis camisetas con las patas hasta que tuvo el asiento perfecto antes de darse la vuelta y acostarse.

—Eres una malcriada, Rainbow.

Estaba bastante seguro de que ella me estaba sonriendo. Esto estaba muy jodido.

—Estoy intentando hacer estas mierdas, sabes. Nos vamos a mudar en tres semanas, y justo ahora, me estás haciendo lamentar el haber ordenado que tumbaran esa mierda del enrejado para que tuvieras vistas sin obstruir desde el porche.

Estiré la mano para levantar su culo inútil, y puso una pata en mi mano. Suspiré y me moví hacia atrás.

—Lo sé. Hay tiempo. Es que… necesito hacer algo, ¿sabes? Alejar mi mente de…

Ni siquiera podía decirlo. Las últimas semanas habían sido brutales, el ver a Danny deteriorándose, y sólo podía imaginar cómo estaban los Prentice. Pensé en llamarlos un montón de veces, pero, ¿qué demonios podía decirles? Toda la situación estaba mal y muy jodida. Habían pasado tres días desde que lo enterramos, y no podía sacarme de la cabeza la imagen del pequeño ataúd. Estaba jodidamente mal.

Rainbow me cabeceó, ronroneando. Le rasqué entre las orejas, haciéndola ronronear con más fuerza.

—Sí, tú la tienes fácil, ¿no? Las únicas personas que te importan están saludables. Tu problema más grande será acostumbrarte a una nueva casa y a una bebé.

La bebé. Dani. Ella también estaba constantemente en mi mente. Ya era lo suficientemente malo tener que preocuparme por todos los chicos que se me atravesarían, todos esos que querrían robarme a mi niñita, pero ahora también tenía esas horribles imágenes de Danny en mi mente.

—Si ella alguna vez se enferma… no. No puedo pensar así. No pensaré así. Chica Reed dice que sólo me volveré loco y que no puedes luchar contra algo que ni siquiera está ahí. Y tiene razón, pero, carajo. Quiero luchar contra ello. Quiero saber que nuestra Dani estará sana, feliz y a salvo. ¿Es que eso está mal?

Rainbow parecía pensar que no estaba mal, porque me dio otro cabezazo. Y en la pantalla, Dallas anotó otro jodido touchdown. Cabrones.

—Desearía estar en los playoffs. Me daría algo en que concentrarme, algo en que pensar aparte de empacar.

—Tengo algo en lo que te puedes concentrar.

Alcé la vista del piso y vi a Chica Reed parada en la entrada. Estaba toda envuelta en su abrigo de invierno, con guantes y una bufanda. Se veía jodidamente linda. Vi con interés cuando comenzó a deshacerse de las capas de ropa, quedándose sólo con sus leggings y un suéter rojo pegado al cuerpo. Parecía que su pancita había duplicado su tamaño en las últimas semanas.

Se acercó a mí, sentándose en la cama. Sus mejillas estaban sonrojadas por el frío, pero sus ojos brillaban. Se veía feliz y saludable. Gracias a Dios por eso.

—¿Es todo lo que te vas a quitar? Porque creí que tenías algo en lo que yo podía concentrarme, y estabas haciendo un buen trabajo al quitarte la ropa.

Se rio y me dio un sonoro beso.

—Eso es todo lo que me voy a quitar yo. Ahora, si quisieras ayudarme… —se rio cuando estiré las manos hacia ella—. Más tarde, Campeón.

Maldición. Me eché hacia atrás.

—¿Te la pasaste bien con Kim, nena?

Chica Reed sonrió.

—Sí. Escuchó el corazón del bebé por primera vez. Ambas lloramos.

Estiré la mano y toqué su mejilla.

—No lo dudo de ti.

—Aunque fue algo bueno. Fue un recordatorio. —Puso su mano sobre la mía, entrelazando nuestros dedos—. La vida sigue. A pesar de que algunos milagros no suceden, muchos otros sí. —Su otra mano se posó sobre nuestra hija—. La sentí.

—¿Qué?

La sonrisa que iluminó la cara de Chica Reed fue más que hermosa.

—Sentí un pequeño aleteo dentro de mí mientras le hacían el ultrasonido a Kim. Fue nuestra Dani moviéndose dentro de mí. Fue la primera vez que la sentí.

¿Aleteo? ¿Igual a mis aleteos de amor?

—¿Fue raro?

Puse mi mano sobre la de ella, intentando sentir yo mismo a la bebé moviéndose, a pesar de que el libro decía que ella la sentiría primero. Eso difícilmente me parecía justo. Quiero decir, sí, probablemente era justo, considerando que era ella la que tenía que hacer todo el trabajo para crear a nuestra bebé y esas mierdas, pero, aun así. También quería sentirla.

—No fue raro. Fue… maravilloso. Yo lloré, Kim lloró y la doctora se rio de nosotras. —Soltó una risita—. No podía esperar para llegar a casa y contártelo. Ella se siente mucho más real ahora.

—Ya es bastante real, nena. —Pase mi mano sobre su vientre.

—Lo sé. Y sé que tu mente está atrapada en todos los posibles escenarios ahora, con buena razón, pero, Edward, ella es real. Va a estar sana, perfecta y será toda nuestra. Vamos a estar bien. Mejor que bien. Vamos a estar excelente.

Sacudí la cabeza.

—No puedes garantizar eso, nena.

—Bien, tal vez no, pero puedo prometer que atesoraré cada momento que pasemos con ella y entre nosotros. La vida no viene con garantías, así que más nos vale disfrutar los buenos tiempos. Y vamos a tener muchos de esos.

Rainbow eligió ese momento para alzar la cabeza y mirarnos sobre la caja.

—¿Ves? Rainbow está de acuerdo.

Ambas tenían razón, claro. Me pasé una mano por el cabello.

—Lo estoy intentando, nena. Es que parece que no puedo pensar en otra cosa. Se me está saliendo todo de control y, carajo, lo detesto.

Chica Reed detuvo mi mano y la puso de regreso sobre la bebé.

—Es por eso que necesitas concentrarte en algo más. Creo que deberíamos irnos de aquí por unos días.

La miré. ¿Hablaba en serio?

—Nos vamos a mudar en tres semanas. Se supone que vas a empezar el programa de música la siguiente semana. ¿A dónde podríamos irnos?

Mi esposa me sonrió.

—Me debe una luna de miel, señor. Y te la estoy cobrando oficialmente ahora.

—Pero…

—Nada de peros, sólo tu trasero y el mío sobre la arena en una playa. Quiero luz solar, calor y un tiempo con mi esposo antes de que el caos descienda de nuevo. Contrataremos gente para empacar, y retrasaré la música por una semana. Les dará más tiempo para firmar las hojas de permiso. De todas formas, Emily me advirtió que la primera semana de regreso a la escuela luego de las vacaciones de invierno sería una locura.

—¿Y Rainbow? Supongo que podría pedirle a Sammy que la cuidara.

—Rainbow viene con nosotros. —Chica Reed apretó mi mano—. Ella también merece unas vacaciones. La dejaremos con la familia, iremos a la playa por una semana más o menos, y luego pasaremos unos días con todos en Tallahassee. Creo que nos vendría bien eso. No los vimos en vacaciones.

Tenía que admitir que sonaba bien.

—¿A dónde quieres ir?

—A un resort donde lo más que tengamos que hacer es abrir nuestra puerta y dar unos cuantos pasos hacia la playa. No me importa dónde. Sácame de este horrible invierno y dame mi luna de miel.

Me sentí sonriendo por primera vez en semanas.

—Así que, ¿en lugar de usar cincuenta capas de ropa, no estarás usando nada más que un diminuto bikini por días sin final?

Sonrió.

—Sí. Puede que tú seas el único que disfrute de verlo, pero, ¿a quién le importa?

La moví de la cama a mi regazo.

—Al carajo con eso. Eres endemoniadamente sexy, pero yo soy el único que lo verá.

Envolvió sus brazos alrededor de mi cuello.

—Así es. Sólo tú y yo, el agua y una cama. Eso es todo lo que necesitamos.

No, no lo era.

—Tú eres todo lo que necesito. —Le di un beso apasionado que nos dejó sin aliento a ambos—. Gracias, nena.

Sonrió y recargó la cabeza en mi hombro.

—De nada. Para eso estoy aquí.

Gracias por eso. La abracé por varios minutos, antes de que ella se apartara y me sonriera.

—Bien, suficiente de holgazanear. Tenemos planes que hacer. —Se levantó y agarró la laptop, luego me la entregó—. Busca un lugar. Llamaré a Alice y pondré esto en marcha.

Abrí mi navegador justo cuando Dallas anotaba de nuevo. Los celos que sentí hace rato ya no estaban ahí. El siguiente año estaría en los playoffs. ¿Este año? Iba a llevar a mi esposa a nuestra luna de miel. Ella tenía razón. Necesitaba salir de Jersey por un tiempo y aclarar mi cabeza. Tenía que encontrar de nuevo la alegría en mi vida. Y una playa con mi preciosa esposa parecía ser un lugar malditamente bueno para empezar.

Xoxoxoxox

—¡Oh, Edward! Esto es… esto es más que hermoso. ¡Es demasiado! —lanzó sus brazos a mi alrededor y me dio un fuerte beso.

Sonreí por el entusiasmo de Chica Reed. Pensé que con todo el viaje estaría exhausta, pero al parecer la playa la había revivido. Aunque no podía culparla. Este lugar era jodidamente fenomenal.

—En serio, creí que rentaríamos una habitación en Atlantis o algo así. ¿Nuestra propia isla privada? ¿Quiero saber cuánto costó esto?

Me reí, negando con la cabeza. En realidad, no quería saberlo.

—Hay otras cuatro casas, así que no es completamente privada. Además del personal y demás. Pero, esta es nuestra playa privada, si es que quisieras no tener líneas en tu bronceado. —Moví las cejas, haciéndola reír.

—Seguro. En el instante en que veas un bote en el horizonte, me meterás y me pondrás de nuevo mi abrigo de invierno.

Eso era… cierto. Nadie más que yo tenía permitido ver a mi esposa desnuda.

—Soy el único que puede verte desnuda. Es otro de los votos.

Sonrió.

—También me agrada ese voto. —Tomó la mano del capitán, bajándose del bote.

Comencé a agarrar nuestras maletas, pero él me detuvo.

—Yo me encargaré de eso. Llévese a su encantadora esposa y muéstrele su cabaña.

Así que tomé la mano de mi chica y avanzamos por el muelle.

—Esa es la Casa del Muelle, nena. Pensé que disfrutarías sentarte aquí en las noches, mirando las estrellas, sin mencionar que puedes broncearte aquí o en la arena.

Todas las casas aquí eran geniales, pero un par de ellas tenían un terreno más rocoso. No iba a arriesgarme a que Chica Reed se cayera, y se lastimara a sí misma o a nuestra bebé. La superficie más plana había decidido por mí.

Avanzamos sobre la arena blanca, directo al porche, que estaba cubierto con cortinas blancas semitransparentes. La puerta principal estaba ahí, y la abrí antes de cargar a mi esposa en mis brazos y cruzar con ella el umbral. Después de todo, era nuestra luna de miel, a pesar de que llegaba dos meses después. ¿En serio sólo habían pasado dos meses?

Chica Reed jadeó.

—Oh, Dios mío. ¿Podemos mudarnos aquí?

Me reí, viendo los muebles rústicos, pero cómodos. Había madera y arte en todos lados donde miráramos, desde esculturas hasta pinturas. Había dos enormes habitaciones principales. Elegí la que tenía una tina grande que podríamos compartir después. El porche se extendía frente a la habitación, facilitándonos el caminar de nuestra habitación directo al agua.

Deposité gentilmente a Chica Reed sobre la cama. El capitán trajo nuestras maletas y le agradecí, dándole propina. Luego de que él se fue, mi esposa se alzó sobre sus codos, sonriéndome.

—Entonces, ¿ya me vas a decir dónde estamos? Las Bahamas, asumo, pero, ¿qué es este lugar?

Tuve que reírme. Había estado molestándome sobre a dónde íbamos desde que tomé mi laptop de sus manos y le dije que era mi trabajo planear la luna de miel y sorprenderla. Me preguntó cuando llegamos a Tally y dejamos a Rainbow con Pequeña; preguntó de nuevo cuando llegamos a Miami y una vez más cuando nuestro avión había aterrizado en una pista privada. Luego la apresuré directo al bote y le ordené al capitán que no le dijera nada.

—Se llama Musha Cay y, créelo o no, le pertenece a David Copperfield.

Sacudió la cabeza, mirando hacia afuera al agua verde azulada.

—Puedo creerlo. Este lugar es mágico.

Eso esperaba. Necesitábamos un poco de magia en nuestro mundo otra vez. Me lancé en la cama junto a ella.

—Hay varios lugares para cenar; algunos formales, otros no, además un cine al aire libre. Hay karaoke y otras mierdas de esas, algo que podemos hacer si en realidad quieres.

Se rio y me dio un sonoro beso.

—Creo que podemos saltarnos el ir a cantar, pero puede ser lindo ir a ver una película alguna noche. Me gustaría acurrucarme contigo bajo las estrellas.

—Puedes acurrucarte conmigo donde quieras, nena.

Pasó su pierna izquierda sobre mis dos piernas.

—Aquí también funciona. —Sus labios se encontraron con los míos en un beso lento y largo—. Esto es perfecto, Edward. Gracias por hacer esto para mí.

Sacudí la cabeza, mirando sus hermosos ojos cafés.

—Ambos sabemos que tú hiciste esto para mí. Y fue una buena idea. El irnos, estar a solas contigo; no hay nada que pudiera querer más que esto.

Chica Reed me besó de nuevo y se movió para sentarse a horcajadas sobre mí.

—¿Estás seguro de que no hay nada más que pudieras querer?

Mis manos subieron automáticamente para acunar sus pechos.

—Sólo a ti, nena. Todo de ti.

Sonrió y bajo las manos, sacándose su vestido amarillo sobre la cabeza.

—Tómame, entonces. Aquí, y en la playa, y en un bote, si es que podemos conseguir uno, y en la tina, y en cualquier otro lugar que podamos encontrar.

Era perfecta. Absolutamente perfecta para mí. Y se veía jodidamente deslumbrante en su diminuta ropa interior.

—Me parece bien hacerlo en todos esos lugares y más, señora Cullen. —Nos rentaría un bote; carajo, nos compraría un bote para hacerle el amor en el agua.

—Muy bien, señor Cullen. Ahora, ¿por qué no te relajas y me dejas agradecerte por ir más allá, como siempre? Me conscientes.

Le sonreí.

—Ese es mi trabajo. —Puse mi mano en su vientre—. Voy a consentir a mis dos chicas. Más te vale que te acostumbres.

Sus manos se unieron a las mías y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Lo haremos. Y puede que me acostumbre, pero nunca lo tomaré por garantizado. Te amo muchísimo.

Me senté y envolví mis brazos a su alrededor.

—También te amo, Chica Reed. Siempre lo haré.

—Me parece bien.

Me besó, moviendo su sexy cuerpo contra el mío y calentándonos a ambos en poco tiempo. Mi camiseta desapareció, igual que su sostén, y no tardamos mucho en estar desnudos conmigo enterrado en ella. Sus gemidos se mezclaron con el sonido de las olas golpeando la costa. Era jodidamente fenomenal. Era todo lo que una luna de miel debería ser. Nos corrimos juntos, en una armonía perfecta, como siempre.

Estaba más agradecido de lo que podría ser de que Chica Reed me pateara el culo para darle lo que ella merecía y ambos necesitábamos. Ya me sentía un millón de veces mejor, y el maravilloso sexo era sólo una pequeña parte de la razón. Ellaera la razón. Siempre.

Xoxoxoxoxo

—No puedo creerlo.

Tuve que sonreí por la incredulidad de Chica Reed cuando ocupamos nuestros lugares en la mesa. Incluso yo tenía que admitir que era muy impresionante. Estábamos cenando en el muelle que se alejaba del restaurante principal, con un precioso atardecer iluminando el cielo y faroles decorando la mesa y el muelle que nos rodeaba. Había unas cuantas personas comiendo dentro del restaurante, pero para nuestra primera noche aquí quise asombrar a mi esposa al darle de comer justo sobre el agua.

Por su parte, Bella se veía absolutamente deslumbrante. Eventualmente logramos arrastrarnos los diez pies, más o menos, para llegar de nuestra cama a la playa privada, obteniendo unas horas de sol. Mi chica tenía un brillo dorado que se acentuaba más con el atardecer y las velas. Llevaba un vestido veraniego suelto de color blanco que era tan grande que ni siquiera podía ver su pancita. Se veía jodidamente preciosa. La única cosa que faltaba para completar la imagen de una isla era la flor en su cabello.

Chica Reed le sonrió enormemente al mesero cuando vino para tomar nuestra orden de bebidas. Yo me apegué al agua por solidaridad, y ella suspiró cuando él se fue para pedir nuestras bebidas y ensaladas.

—Tal vez podamos regresar un día cuando no esté embarazada y yo pueda beber una de esas bebidas de frutas tropicales. Prácticamente puedo sentirlas llamando mi nombre.

Tomé su mano y la besé.

—Te traeré de regreso cuando quieras, nena.

Se rio.

—Creo que este es un buen lugar para ocasiones especiales, pero no para vacacionar siempre. —Se mordió el labio—. Además, no creo que pueda soportar estar tan lejos de la bebé.

Chica Reed tonta. ¿Cómo si fuéramos a dejarla?

—Obviamente traeríamos a Dani. Demonios, quizá para la próxima podamos traerlos a todos. La casa grande tiene diez habitaciones. Podríamos acomodar fácilmente a todos nuestros amigos.

Eso la hizo sonreír.

—Me gusta cómo suena eso. Tal vez en un par de años podamos planear algo para todo el grupo. Pero por ahora es sólo nuestro.

Me parecía bien.

—Es así cómo lo prefiero.

Aparecieron nuestras bebidas, ensaladas y pan. El mesero enlistó los especiales, remarcando el hecho de que el pescado era atrapado cerca de la isla todos los días. Podía ver por la mirada en la cara de Chica Reed que se le antojaba muchísimo.

—Deberías pedirlo, nena. —Sabía que ella me había estado escuchando y había evitado comer pescado, pero el pescado ocasional no era malo, siempre y cuando estuviera bien cocinado.

—¿Sí? Bien, tal vez sólo por esta noche.

Yo pedí el filete, y ella eligió el mero. El mesero se fue y nos quedamos solos de nuevo. Era fácil pretender que éramos las únicas personas en la isla. Casi lo éramos.

—En serio no puedo imaginar un lugar más hermoso en la Tierra. De nuevo, gracias por hacer esto, Edward. Sé que no te di mucho tiempo para planear, pero la lanzaste fuera del estadio.

—Deporte equivocado, pero eso es lo que hago, nena. —Sonreí ante su risita, luego me paré y moví mi silla junto a la suya, pasando mi brazo a su alrededor y acercándola más—. Así está mejor.

Me besó suavemente.

—Sí, así lo está. —Recargó su cabeza en mi hombro—. Esto se siente bien.

No tenía que preguntar a qué se refería. Habíamos estado mal desde las noticias de la enfermedad de Danny. Bueno, yo había estado mal. Ella había sido jodidamente maravillosa, igual que siempre. La acaricié, subiendo y bajando mi mano por su costado.

—Lamento no haber estado mucho para ti estas últimas semanas. Yo…

—¡Edward Anthony Cullen! —Chica Reed se giró hacia mí, tomando mi cara en sus manos—. No te atrevas a disculparte por estar ahí para Danny y su familia. Ellos te necesitaban, y fuiste increíblemente fuerte para ellos. Creo que nunca me había sentido más orgullosa de ti que cuando vi cómo manejabas todo. No lo desprecies con una disculpa para mí.

Demonios, era una fierecilla. Me encantaba.

—No pretendía decirlo así, nena. Sólo quería decir que me perdí muchas veces en mi cabeza, especialmente estos últimos días. No estaba intentando dejarte de lado ni nada de eso.

—Lo sé. —Rozó mis labios con los suyos—. Todos sufren el luto a su manera. No te culpo por eso. Igual que espero que tú no me culpes por querer alejarme de todo eso. Tal vez estoy siendo egoísta, pero…

Ahora es mi turno para callarla, aunque yo elegí besarla en lugar de llamarla por su nombre completo. Los besos eran muchísimo mejores. Ella gimió y se derritió contra mí. Jodidamente maravilloso.

—No hay nada egoísta en ello —le dije cuando nos separamos—. Puede que se lo adjudicaras a mi necesidad de darte una luna de miel, pero ambos sabemos que me pediste hacer esto para ayudarme. Sabías que tenía que salir de esos lugares oscuros a donde se iba mi mente, y lo hiciste al darme algo bueno en que concentrarme. Nosotros. Somos algo bueno, Chica Reed. Algo real, realmente bueno.

—Sí, lo somos.

Se acurrucó de nuevo conmigo, y miramos el sol hundirse bajo el agua. Llegó nuestra comida, y fue jodidamente fenomenal. Todo aquí lo era. Terminamos compartiendo las cenas entre nosotros, lo cual fue maravilloso. Mar y tierra eran lo mejor. Y como postre, pedimos la mejor tarta de queso que había probado en mi vida; estaba tan ligera que era como comer aire, pero sabía endemoniadamente mejor que eso.

—Oh Dios mí. En serio, esto es mejor que el sexo.

Alcé una ceja ante la declaración de mi esposa, haciéndola reír.

—Bien, entonces tan bueno como el sexo.

—Eso me suena a un reto, señora Cullen.

Lamió su tenedor en todas las formas tentadoras existentes.

—Tal vez lo es, señor Cullen. ¿Crees que puedas alzarte para el reto?

Tomé su mano y la puse de pie.

—Creo que ambos sabemos que sí puedo. Voy a hacerte olvidar por completo tu postre.

—Hmm, no sé. Creo que soñaré con él esta noche. —Se apartó de mí, bajando por el muelle hacia la playa—. Creo que quizá lo llamaré mientras duermo. —Sus ojos brillaron cuando me sonrió sobre su hombro—. Y sé que voy a quererlo una y otra vez antes de irnos de aquí.

Me estaba excitando hasta el infierno. Ambos sabíamos que no estaba hablando de su tarta de queso.

—Toda esa azúcar sería muy mala para ti. Te daré algo mejor que eso.

Llegamos a la arena y nos dirigimos a nuestra cabaña.

—Nada podría ser mejor que la tarta de queso.

—Oh, yo soy mejor, nena, y no consumirás ninguna caloría extra.

Chica Reed se rio entre dientes.

—Cierto. Aunque, como el azúcar, irás directamente a mis caderas.

Me reí con ella.

—Sí. Pero te gusta cuando hago eso.

La cargué cuando llegamos a un terreno más rocoso. Puso sus brazos alrededor de mis hombros y se inclinó hacia mí.

—Siempre me estás cuidando, ¿no?

—Maldición, claro que sí, nena. Ese es mi trabajo número uno.

Se rio y besó mi cuello.

—Tenemos suerte de que tu trabajo número dos es ser un mariscal de campo enorme y fuerte, así puedes cargarme a pesar del peso extra. Ten cuidado de no lastimarte la espalda.

Fingí tropezarme, y la hice gritar y golpearme.

—¡Idiota!

—Sí, pero soy tu idiota. Y no estás pesada para nada. Un bultito perfecto, como siempre.

Por supuesto, eso me hizo ganarme un beso. Llegamos a nuestra cabaña unos minutos más tarde y, en lugar de ir adentro, la cargué de regreso a nuestro muelle, sentándome con ella en una silla que daba directo al mar. No había nada hasta donde el ojo alcanzaba a ver, excepto por las estrellas.

—Esto es hermoso —murmuró Chica Reed, acurrucándose en mi regazo—. Oficialmente tú serás el que planee todas nuestras vacaciones.

Me reí y besé su cabeza.

—Puede que te arrepientas de decir eso, nena, cuando te lleve a practicar senderismo en una selva o algo así.

Sacudió la cabeza y me miró.

—Nunca me arrepentiré de ningún momento contigo.

Bueno, carajos, no tenía palabras para eso, así que la besé. Nos besamos por un largo rato, sólo disfrutando de la noche y el uno del otro. Eventualmente, se separó y se puso de pie.

—¿Bailas conmigo?

Me paré y la jalé hacia mí.

—No hay música.

Se rio y metió la mano en su bolsillo.

—Sí la hay.

Y lo siguiente que supe, fue que la canción de Ed Sheeran de nuestra boda estaba sonando. La acerqué más y me mecí con ella al ritmo de la música.

—Perfecto —susurró, y sí lo era. No podía pensar en otro lugar donde prefiriera estar, y ciertamente nadie más con quien prefiriera estar, que aquí con ella justo ahora.

—Supongo que oficialmente ya tenemos una canción —dije cuando la canción comenzó a sonar de nuevo.

Asintió, pegándose todavía más a mí.

—Ciertamente la tenemos. Mi esposo eligió esta canción para mí el día de nuestra boda. No podría haber ninguna mejor.

—Oh, no estoy seguro de eso. Probablemente mi talentosa esposa podría escribir una, pero de cualquier forma esta queda bien.

Se apartó y alzó la vista hacia mí.

—Edward, ¿me harías el amor en la playa?

Como si tuviera que preguntarme.

—Me parece bien si es lo que quieres, nena, pero sabes que la arena…

—Lo sé y no me importa. Te deseo, justo aquí bajo las estrellas.

Que la arena se vaya al demonio. Tomé su mano y la guíe de regreso por el muelle. Bajamos a la arena, que estaba más fría ahora que el sol se había metido. Le quité el vestido por los hombros y lo tiré al piso. No evitaríamos la arena por completo, pero al menos ella tendría un poco de protección. Nos desvestimos lentamente, besándonos y tocándonos todo el tiempo.

La acosté sobre su vestido, antes de recostarme sobre ella. Bajé besando por su cuerpo, haciéndola gemir y retorcerse más de lo que lo había hecho esa tarta de queso. Mordí sus caderas antes de abrir sus piernas y bajar besando en mi camino hacia su coño.

—Ves, directo a mis muslos.

Me reí y le mordí uno ligeramente, haciéndola chillar.

—La única diferencia es que a mí sí me quieres aquí.

Hizo un sonidito de aceptación cuando sus manos encontraron mi cabello.

—Así es.

Me tomé mi tiempo, provocándola con mis dedos y lengua, llevándola a la orilla antes de alejarme para besar su ombligo, o su cadera, o el lugar donde estaba nuestra bebé.

—Edward, por favor.

Sonreí contra su piel.

—Tienes que admitir que soy mejor que la tarta de queso.

—La tarta de queso no me tortura sin piedad. —Tiró de mi cabello con impaciencia. Carajo, me encantaba.

—Tampoco te da múltiples orgasmos como lo voy a hacer yo. Además, vas a quemar calorías en lugar de consumirlas. Yo seré el que coma. —Prácticamente podía sentirla vibrando debajo de mí mientras gemía por mis palabras. Estaba endemoniadamente ansiosa.

—Bien. Eres mejor que la tarta de queso. Y el chocolate. Y todo lo demás que se te ocurra. Sólo tómame.

—Con gusto. —Así que volví a trabajar con mi lengua, moviendo su clítoris de un lado a otro mientras mis dedos hacían su magia dentro de ella. No tardó mucho antes de despegar como un cohete, se corrió con fuerza y gritó mi nombre. Jodidamente adictivo.

Subí por su cuerpo, haciendo todo lo posible por no echarnos arena a los dos mientras me deslizaba dentro de ella. Envolvió sus brazos y piernas a mi alrededor, moviéndose contra mí. Sentí que teníamos todo el tiempo del mundo, así que lo hicimos lentamente, moviéndonos juntos. Los únicos sonidos eran los que hacíamos nosotros y las olas golpeando la orilla. Se apretó alrededor de mí, y embestí su orgasmo, amando la forma en que ella se sentía, antes de dejarme ir. Colapsé sobre ella, y me sostuvo cerca.

—La mejor luna de miel de todas —murmuró en mi oído.

Sí. Lo era.

—Y apenas estamos empezando. Nos queda toda una semana, nena. —Planeaba disfrutar cada minuto y asegurarme de que ella también lo disfrutara. Otro deber de esposo en el que triunfaría. Complacer a mi esposa era mi especialidad.