Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 39

—Te hace sentir muy pequeño, ¿sabes?

Alcé la vista de los controles del bote hacia donde estaba Chica Reed descansando en la cubierta, llevaba sólo un pequeño bikini rojo y lentes de sol. Se veía endemoniadamente caliente.

—¿Qué te hace sentir así?

—Estar aquí, en el agua. Es tan enorme, y nosotros somos tan pequeños a comparación. No sé… —se fue callando y se encogió de hombros.

—Habla por ti misma, chaparra. Yo soy malditamente enorme.

Eso la hizo reír.

—En tu propia mente, seguro. Pero piénsalo. Debajo de nosotros hay criaturas que son miles de veces más grandes que tú. ¿Eso no te hace sentir pequeño?

Bufé.

—Nada en mí es pequeño, nena. Y te daré un recordatorio visual sobre eso muy pronto. —Dirigí el bote en la dirección que el capitán me había dicho, donde había unas cavernas ocultas. Tenía toda la intención de hacerle el amor a Chica Reed en el agua, y ese sería un buen lugar para hacerlo.

Se levantó los lentes y me sonrió.

—¿Sabías que el tamaño promedio del pene de la ballena azul es de ocho pies de largo y uno de ancho? Eso es más grande que todo tu cuerpo, Campeón. Y eso es sólo el promedio. Apuesto a que el más grande es de unos doce pies o algo así, tal vez trece. Eso serían dos veces tú.

Se carcajeó de la expresión en mi cara. Aunque no podía evitarlo, carajo. Imaginar un pene que fuera el doble del tamaño de mi cuerpo de punta a punta era perturbador. Y un poco castrante, si era honesto.

—No quiero saber por qué sabes eso. —Sí, si quería saber un poco. Pero no iba a preguntar.

Sonrió.

—¿Qué crees que aprendí en todas esas clases de biología marina que tomé? Estaba pensando en especializarme en eso, ¿recuerdas? Estoy llena de divertidos datos marinos.

No pude evitar reírme.

—Estás llena de algo, nena.

Se acercó detrás de mí y deslizó sus brazos alrededor de mi cintura.

—¿Mencioné lo sexy que te ves manejando un bote? ¿Y cómo es que yo no sabía que tú sabías manejar botes?

Me recargué en ella.

—Crecí en Florida, nena. Papá tenía un bote cuando éramos niños. Aunque no puedo manejar un velero. Nunca tuve la paciencia para aprender.

Dejó un beso en mi hombro. Yo no llevaba camisa, sólo estaba usando unos shorts azules. Sus manos subieron por mis abdominales.

—Me gusta. Eres muy habilidoso. —Sus labios se movieron por mi espalda. Jodidamente caliente.

—¿Estás segura de que soy yo quien te calentó tanto, Chica Reed? ¿O es por el pene de la ballena?

Se rio contra mi piel.

—Definitivamente eres tú. —Sus manos acariciaron mis pectorales—. Me parece injusto que mientras que yo me agrando día con día, tú te pones más sexy.

Detuve el bote y la jalé frente a mí.

—Eres muy sexy, nena. —Pasé mis manos por sus caderas—. Eres perfecta.

Resopló.

—¿Viste a esa mujer en el bar cuando estábamos rentando el bote? Parecía una modelo. Estoy bastante segura de que era una modelo.

Me encogí de hombros, no tenía ni idea.

—No tengo ni idea.

—Te veía como si fueras algo que comer.

—¿Puedes culparla? —atrapé su puño antes de que lo estrellara en mi estómago—. En serio, nena, ella estaba ahí con un tipo que se veía lo suficientemente mayor para ser su abuelo. Por supuesto que me estaba viendo, estaba deseando poder tener a alguien como yo en su lugar. —La acerqué más, frotando mi erección contra ella—. Pero no puede, porque soy cien por ciento tuyo.

Chica Reed se derritió contra mí ante esas palabras.

—Lo eres, ¿no?

—Sí. Y aunque puede que esto me meta en problemas, tú tienes un cuerpo muchísimo mejor que el de ella.

Bufó por eso.

—Ahora sé que estás mintiendo.

Al carajo con eso.

—En serio, nena. Tienes unas curvas hermosas. —Agarré su culo—. Ella tenía el cuerpo de un niño de doce años, con las tetas falsas de una estrella del porno. No me resulta sexy eso. —Mis dedos se deslizaron debajo de las bragas de su bikini para poder sentir su sedosa piel—. Tus pechos no son lo único que espero que no desaparezca luego de que nazca la bebé.

—¿Sí? —alzó la cabeza para mirarme.

—Sí. Me gusta poder agarrarme a ti. —Mordí su lóbulo—. Me gusta poder embestir en ti tan duro como quiero sin tener que preocuparme por romperte una costilla o algo así porque estás muy huesuda.

Se rio.

—Estoy bastante segura de que nunca he escuchado que eso suceda.

Le sonreí.

—Nunca se sabe. Tal vez lo veremos en uno de esos shows de Sex Sent Me to the ER.

Sus risas salieron de nuevo.

—Te prohíbo que veas ese programa. Te da ideas locas.

—No puedes prohibírmelo, nena. Sólo puedes distraerme dándome sexo de verdad.

Inhaló profundamente.

—Supongo, si tengo que hacerlo. —Y antes de saber qué estaba pasando, se llevó las manos a la espalda y desabrochó la parte superior de su bikini.

Miré con interés como éste caía.

—No es que me queje, pero ciertamente el programa no está al aire ahorita.

—Probablemente lo están pasando en alguna parte del mundo. —Se terminó de quitar la parte superior y quedó de pie frente a mí en nada más que esas diminutas bragas—. Además, me calentaste al verte navegar.

Metí mis dedos en sus bragas.

—Recuérdame comprar un bote cuando regresemos a casa.

Se rio.

—No creo que tanga el mismo efecto en temperaturas congelantes.

Ese era un punto válido. Ella no estaría casi desnuda entonces, lo cual sería una tragedia.

—Creí que íbamos a buscar esa caverna.

—Lo haremos. Luego. —Desabrochó mis shorts—. Quiero que me folles en el bote, a la luz del sol, con nada alrededor de nosotros más que esa preciosa agua verde azulada. —Bajó mis shorts y me los quité de una patada.

Miré a mi alrededor. No había botes cerca, pero…

—Nos estamos arriesgando.

—Eso es lo que lo hace divertido. —Dejó a un lado sus lentes y lanzó los míos también—. Y entre más esperes, hay más posibilidad de que alguien nos atrape.

Ese era un muy buen punto. ¿Y qué hacía preocupándome por nada cuando mi esposa estaba prácticamente rogándome para que la follara? Bajé sus bragas.

—¿Justo aquí pues?

Me jaló hacia la banca, empujándome para sentarme. Luego se arrodilló frente a mí y me metió a su boca.

—Santa mierda.

Había tenido billones de fantasías sexuales a lo largo de mi vida, y había cumplido bastantes, pero había algo increíblemente caliente en mi sexy esposa desnuda dándome una mamada en medio del océano. Ésta no había estado en mi lista, pero debió estarlo. Tan jodidamente maravilloso.

Cuando ya no pude soportarlo más, me salí de su boca y la empujé hacia abajo. Me puse sobre ella y me deslicé dentro. Estaba caliente, ambos sudábamos, y el sol nos daba directo mientras la follaba. Rodamos por toda la cubierta, finalmente ella se puso sobre mí. Verla echar su cuerpo hacia atrás, con el sol brillando en su sudorosa y sexy piel, fue suficiente para hacer que me corriera. Toqué su clítoris, y sus dedos se unieron a los míos mientras ambos la trabajábamos. Tan jodidamente caliente. Se apretó alrededor de mí, y ambos nos corrimos con fuerza.

Se quedó recostada sobre mí, besándome el cuello.

—Podemos quitar el bote de la lista de lugares donde necesitamos tener sexo.

Me reí entre dientes.

—Ya lo hicimos en un bote, un avión, y en la playa en este viaje. Nada mal, nena.

—Ahora todo lo que necesitamos es un tren.

Tonta Chica Reed.

—Eso no es todo. Hay muchos otros vehículos.

—¿Como cuáles?

—Equipo de granja, algún tipo de tractor. Una podadora. Una motocicleta todoterreno. Un buggy para arena. Un tráiler. Un submarino. El dirigible de Goodyear.

Se reía más fuerte con cada idea que soltaba.

—Me rectifico, señor Cullen. Es usted un experto en vehículos.

—Es un talento, nena. Pero veré qué puedo hacer para cumplirlos todos.

Se rio.

—Lo espero con ansías. Especialmente el dirigible. Ni siquiera sé cómo podríamos hacerlo.

—Cuando hay voluntad, se puede. Y yo tengo una voluntad muy fuerte.

Besó mi nariz.

—Tienes algo muy fuerte, así es, señor Cullen. Ahora, me temo que voy a tener que ponerme de nuevo mi traje o mi trasero va a estar muy rojo.

Le di una ligera nalgada, lo cual la hizo gritar.

—Me gusta que se vea rojo, señora Cullen.

Rodó los ojos.

—Seguro que sí, pero este es el tipo de rojo que hará que sea imposible follarme por uno o dos días.

La levanté de mí y me paré antes de que terminara de hablar, agarré sus bragas y la ayudé a ponérselas. Se rio a carcajadas mientras la acomodaba antes de ponerme mis shorts. Afortunadamente no había botes hasta donde alcanzaba a ver.

—Te gusta jugar con fuego, ¿no, esposa?

Se rio mientras se acurrucaba conmigo.

—En el pasado me ha funcionado bien esto de follarte en lugares atrevidos.

Carajo, sí que había funcionado.

—Eso es cierto, señora Cullen. ¿Deberíamos buscar ya esa caverna?

—Sí. Todavía no termino contigo.

Síp. La mejor luna de miel de todas.

Xoxoxoxox

—¿Qué quieres beber, nena?

Chica Reed frunció el ceño.

—Supongo que agua.

La chica modelo había estado bebiendo una mezcla que había hecho salivar a mi esposa. Chica tonta. Era obvio que quería una de esas bebidas frutales. Le traería una sin alcohol. La dejé descasando junto a la piscina y me dirigí al Tiki Bar.

—Hola. ¿Me puedes dar una botella de agua y una de esas elegantes bebidas que haces, pero sin alcohol?

El barman asintió y se puso a trabajar mientras que alguien se aclaraba la garganta detrás de mí.

Giré la mirada y ahí estaba la chica que se había ganado la ira de mi esposa hace rato. Estaba usando un diminuto bikini negro que apenas cubría sus pezones, sus tetas falsas se desparramaban por los lados. No había estado mintiendo cuando le dije a Chica Reed que esa mierda no me atraía. Se veía ridícula.

—Hola. Soy Senna.

¿Senna? ¿Qué clase de jodido nombre era ese?

—Hola. —No le iba a dar mi nombre. No tenía razón para hacerlo.

—¿Estás disfrutando tus vacaciones?

Rodé los ojos, algo que ella no pudo ver porque tenía puestos mis lentes de sol.

—Es mi luna de miel, y sí. La estoy disfrutando mucho.

¿Qué le estaba tomando tanto al barman? No era como si tuviera que mezclar un montón de alcohol. De hecho, podía sentir los ojos de Chica Reed en mí, así que me aseguré de que supiera que no estaba animando la conversación. Le di la espalda a la tipa de nombre raro.

—También estoy en mi luna de miel.

Luché contra una carcajada.

—¿En serio? Pensé que quizá era tu padre o tu abuelo.

En lugar de gritarme o irse, se rio.

—Sí, bueno, trabaja mucho, así que tengo mucho tiempo para mí. ¿Conoces algo con que podría llenarlo?

Un hombre sordo pudo haber escuchado la invitación en su tono. Ella quería estar llena de algo, como mi polla. Una pena que no fuera una opción.

—Hay karaoke. Tal vez deberías intentarlo.

—Estaba pensando en algo quizá un poco más activo. Me vendría bien algo de ejercicio.

—Estamos en una isla; hay agua por todas partes. ¿Por qué no nadas?

Ambos nos giramos ante el sonido de la voz de mi esposa detrás de mí. Oh, estaba enojada. Y se veía endemoniadamente sexy con sus ojos cafés lanzando fuego. Tan jodidamente caliente. Le ofrecí mi mano y ella la aceptó, pegándose a mi costado.

—Te pedí una de esas bebidas sin alcohol, nena.

El barman, que finalmente terminó con sus mierdas, le mostró que no estaba mintiendo al poner la bebida frente a mí.

—Gracias, Campeón. —Envolvió sus labios alrededor del popote, dándole un largo trago y ahuecando las mejillas.

Puede que yo haya soltado un gemido al verla.

Chica Reed sonrió.

—¿Quieres probar?

—Siempre.

Se paró de puntillas y bajó mi cabeza hacia la suya, besándome profundamente. Su lengua se encontró con la mía, y pude probar un poco de la fruta ácida, junto con un sabor puramente de Bella. Fue maravilloso.

La tipa esa había desaparecido durante la exhibición territorial de mi esposa, aunque no me di cuenta hasta que soltó un pequeño bufido.

—Eso le enseñará a no coquetearle a mi esposo.

—Es muy posesiva, señora Cullen. —Agarré mi botella de agua y entrelacé mi mano con la de ella. En lugar de regresar a la piscina, caminamos hacia la playa, dejándonos caer en una manta vacía.

—Se necesita uno para reconocer a otro, señor Cullen. —Le dio otro trago a su bebida—. Además, uno de nosotros tenía que deshacerse de ella, y tú no lo estabas haciendo.

Me bajé los lentes y le lancé una mirada.

—Claro que sí lo estaba haciendo. Le dije que estaba en mi luna de miel y que me la estaba pasando excelente. Le comenté que su esposo parecía su abuelo. Y estaba a punto de decirle que fuera al gimnasio cuando le sugeriste que fuera a nadar.

Chica Reed sorbió.

—Bueno, estaba claro que necesitaba enfriarse. Y yo estaba esperando que se la comiera un tiburón.

La jalé a mi regazo, situándola para que se sentara a horcajadas en mí sobre la manta.

—Un tiburón se ahogaría con ella porque es puro hueso.

Sabía que mi chica se estaba sintiendo un poco insegura. Su cuerpo estaba cambiando y las hormonas estaban alteradas, pero tenía que saber que no tenía nada de qué preocuparse.

—¿No te mostré en el bote, dos veces, que creo que eres la mujer más sexy del mundo, Chica Reed?

Se metió el labio a la boca, mordiéndoselo, pero asintió.

—¿No sabes que no hay ninguna otra mujer en el planeta que podría alejarme de ti?

Soltó su labio y suspiró.

—Lo sé. Es que… ella es tan perfecta y yo…

—No te atrevas a decir que eres algo menos que perfecta. ¿Sabes lo que veo cuando miro a esa chica?

Chica Reed negó con la cabeza.

—Veo desesperación. Carajo, prácticamente puedes olerlo saliendo de ella, nena. Claramente no está feliz consigo misma ni con su vida. Ella no habría tenido que comprar sus tetas y Dios sabrá qué más si fuera feliz. ¿Sabes lo que veo cuando te miro a ti?

Unos llorosos ojos cafés se encontraron con los míos. Negó con la cabeza.

—Veo todo. Eres todo mi mundo. Eres hermosa; siempre lo has sido, pero ahora eres incluso más, porque estás feliz. Eres feliz, ¿verdad? Eres feliz conmigo y con nuestra vida.

Soltó un sollozo y lanzó sus brazos a mi alrededor.

—Por supuesto que soy feliz. Me has dado más de lo que alguna vez soñé que tendría. A veces no puedo creer que esta sea mi vida. Es casi irreal.

La abracé por unos momentos más antes de apartarme para poder ver su cara.

—Puede que este lugar sea un sueño, pero nosotros somos tan reales como es posible. Y no te culpo por sentirte protectora por eso. Ambos sabemos que yo soy igual.

Ella se rio y asintió.

—Pero tienes que saber que cien modelos podrían formarse para darme una mamada y yo no me sentiría tentado. Tú eres todo lo que quiero. Todo lo que alguna vez querré. Lo sabes, Bella.

—Lo sé. Odio ser cliché y decir que son las hormonas, pero juro que así es. Mi corazón me dice que estoy siendo ridícula, pero el resto de mí reacciona de manera equivocada, a pesar de saber que es tonto.

—Puede aclamarme como suyo siempre que quiera, señora Cullen. Soy tuyo para que hagas conmigo lo que te plazca.

Me besó.

—Me gusta cómo suena eso. —Se puso de pie—. Iré por el bloqueador. No puedo quemarme si planeo aclamarte más tarde.

Sacudí la cabeza y la miré caminar de regreso a la piscina. Su culo llenaba su pequeño bikini en todos los lugares correctos. Cómo es que pensaba que alguien podría igualarse a ella; o, demonios, eclipsarla, era algo que no entendía.

Agarró el bloqueador y se detuvo en el bar. Echó la cabeza atrás y se rio de algo que dijo el barman, sacudiendo la cabeza. Más le valía al hijo de puta no estar coqueteando con mi esposa. Y yo era igual de malo que ella. Lo sabía. Ella también lo sabía.

Alcé una ceja cuando regresó con una cerveza.

—¿No tiene alcohol?

—Sí tiene, pero no es para mí, es para ti. —Se sentó junto a mí y me dio un suave beso—. Eres muy dulce al no beber porque yo no puedo, pero esta es nuestra luna de miel. Deberías consentirte un poco.

Le aparté el cabello del hombro y mordisqueé su cuello.

—Me estoy consintiendo mucho, nena. Y me encanta.

Gritó y se apartó de mí.

—Yo también. Y quiero consentirme más dentro de poco. ¿Puedes ponerme la crema?

Tomé la botella y eché un poco en mi mano, extendiéndola sobre sus hombros, bajando por su espalda y sus brazos, antes de subir por la parte de enfrente.

—Acuéstate, nena. —Lo hizo y me moví a sus pies, aproveché la oportunidad para manosearla mientras protegía su preciosa piel. Para cuando llegué a las bragas de su bikini, ella ya era un desastre que gemía y se removía. Dejé que mis dedos trazaran las líneas de su traje de baño y, sí, los metí un poco, haciéndola jadear y gemir más.

—Sabes, no estamos en nuestra playa privada, Campeón. Quizá quieras bajarle un poco antes de que las hormonas me hagan olvidar que hay gente alrededor y te ataque justo aquí.

Me reí de su advertencia sin aliento. ¿Cómo si me importara una mierda? Bueno, quiero decir, no dejaría que nadie la viera desnuda, pero la manta era grande… podía envolvernos por completo a los dos. Estaría algo caliente, pero sobreviviríamos. Aun así, había un momento y un lugar para todo.

Subí mis manos a su vientre y me agaché.

—Dile a tu mamá que se comporte, Dani. Aquí estoy yo, protegiendo inocentemente su piel del sol, y ella se está excitando y se está portando inapropiadamente. No podemos sacarla a ninguna parte, ¿verdad?

Chica Reed se carcajeó mientras subía hacia sus increíbles pechos.

—Cuida esas manos, Cullen. Después de todo, tú no querrías ser el responsable de que yo me porte mal frente a nuestra hija.

Pasé mis dedos sobre sus pezones y miré sus preciosos ojos oscurecerse.

—Podemos usarte como ejemplo de lo que no debe hacer.

Me apartó la mano de un golpe, como sabía que haría. De todas formas, ella se estaba riendo y se estaba divirtiendo de nuevo, lo cual había sido mi meta. Las hormonas eran un dolor de culo, pero podía contraatacar esa mierda. Así de increíble era.

—Ambos sabemos que tú serás el ejemplo de lo que no debe hacer. Tú eres el que proclama que no la dejará tener citas hasta que cumpla treinta. Que Dios la ayude si sale con tu libido.

—Eso no… ni siquiera juegues con eso, nena. —Era un horrible pensamiento—. No será como yo. No lo permitiré.

Chica Reed se rio y nos rodó para quedar sobre mí.

—Dani tendrá suerte si es como tú. Eres inteligente, más dulce de lo que cualquiera podría pensar, divertido, sarcástico, determinado, lea, y tienes un maravilloso corazón. Quiero todo eso para ella.

Me halagaba.

—Puede tener todo eso, junto con tu talento, tu precioso aspecto, tu paciencia, tu sentido del humor y tu corazón, que es muchísimo mejor que el mío.

Chica Reed se inclinó hacia enfrente y me besó, derritiéndose sobre mí. Luego de unos minutos, se apartó y me sonrió.

—Estoy de acuerdo con todo eso.

—Yo también. Mezcla eso con la libido de un eunuco y estaremos listos.

Eso la hizo soltarse a carcajadas de nuevo.

—Dios, va a ser divertido verte siendo padre. No puedo esperar.

—Bueno, sé que lo joderé de vez en cuando, pero voy a dar todo mi esfuerzo para ser uno bueno.

Sacudió la cabeza y pasó sus dedos por mi cabello.

—Vas a ser un padre maravilloso, Edward. No hay ninguna duda en mi mente de eso.

No estaba seguro de ser maravilloso, pero sabía que trabajaría duro por eso.

—Daré lo mejor de mí, nena.

—Lo mejor de ti es lo mejor que hay, Campeón. Y, aunque puede que lo jodas una o dos veces, yo estaré a tu lado para ayudarte a lidiar con ello. Igual que tú estarás ahí para mí.

Su fe en mí hacía que se desvanecieran los nervios que todavía sentía por ser padre.

—No preferiría estar en ningún otro lugar, Chica Reed.

—Yo tampoco, Edward.