Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 41

—Hogar, dulce hogar, al menos por un par de semanas más. —Solté nuestras maletas y bajé a Rainbow, ella corrió para familiarizarse de nuevo con el lugar, o hacer del baño – o lo que sea que sintiera la necesidad de hacer.

—Hay muchas cosas que hacer. —Chica Reed puso la bolsa de mano que se le había asignado subir sobre el equipaje que yo había cargado—. Y no tengo ganas de hacer nada más que subir de nuevo al avión y regresar a nuestra isla.

Me reí entre dientes y la jalé hacia mí, besando su cuello.

—Lo sé. La realidad no es tan atrayente, ¿verdad?

Se giró y pasó los brazos alrededor de mi cuello.

—Nuestra realidad sí lo es. Sólo tengo sueño. Creo que tomaré una siesta antes de llamar a Emily para planear lo de mañana.

Al día siguiente comenzaba con su programa de música, y estaba muy emocionada por ello.

—No puedes esperar para comenzar, ¿verdad?

Su sonrisa fue brillante.

—¡No puedo! Comenzaremos con las grabadoras, ya que es lo más fácil, y Emily dijo que ya habían llegado. Y tienen un piano, así que jalaré a algunos de los estudiantes más prometedores o interesados a él. Ella piensa que algunos de los padres van a querer pagar por lecciones privadas, así que tengo que organizar eso y buscar algunos maestros. Me gustaría hacerlo yo todo, pero…

—Tienes mucho sobre tus hombros, nena, de lo cual cuidar a esta bebé es lo más importante. —Froté su vientre—. Tal vez podamos investigar sobre contratar algunos maestros de música ya jubilados, si hay interés suficiente. Ya veremos cómo avanza.

—Sí. —Se acurrucó en mí—. Vas a pasar mañana, ¿verdad?

Asentí. Mañana iba a tener una sesión con Nike junto con mis propios planes, pero iba a hacer lo posible por ver a mi esposa en acción.

—No puedo esperar para verte en el trabajo, nena.

—Será muy divertido. —Me dio un beso—. ¿Quieres tomar una siesta conmigo?

¿Cómo si pudiera resistirme a eso?

—Por supuesto, Chica Reed. Iré en seguida, ¿bien?

—Bien. —Tomo el neceser de baño y se dirigió a nuestra habitación. Rainbow corrió tras ella.

Saqué mi celular y fui a la sala. Me estaban esperando los mensajes que había recibido hoy.

La escuela sigue siendo rara. Siento que todos me ven. ¿Por qué no me dejan en paz?

Mañana es día de brochetas de pescado. Odio las brochetas de pescado.

No podía culpar a la niña por eso. Las brochetas de pescado eran asquerosas, y se tenía que sentir extraño el estar en la escuela sin su hermano y siendo tratada de manera tan diferente. Había mandado sus mensajes de un número nuevo, así que parecía que ahora tenía su propio celular. Programé su número en el mío antes de hacer una llamada.

—Hola.

—Hola, Joyce. Soy Edward.

—Hola, Edward. ¿Cómo estás?

—Estoy bien. Acabamos de regresar a casa. ¿Cómo han estado?

Soltó un ruidito ahogado.

—Pues creo que nos mantenemos lo mejor que podemos. Todo es… muy difícil por ahora.

Pregunta estúpida, Cullen. Bien hecho.

—Sí. Seguro que sí. Escucha, recibí mensajes de Chelsea y…

—¿Te está molestando? Le compramos su propio celular… —se calló con un suspiro—. Supongo que la estamos compensando de más. Pero si te está mandando demasiados mensajes o algo así, puedo detenerla.

Carajo.

—No. No me está molestando en absoluto. —No sabía qué debía decirle o qué no debía decirle a su madre sobre cómo se sentía Chelsea en la escuela. ¿Era de mi incumbencia? ¿Su madre se encontraba mentalmente capacitada para escucharlo o hacer algo al respecto? No lo creía—. Me mencionó que no le gustaba lo que iban a dar de comer mañana. Voy a estar afuera encargándome de algunas cosas, así que pensé que quizá podría llevarle algo de comer. ¿Quedarme con ella un ratito?

—Le encantará. No sabía que no le gustaba lo que iban a servir. Tal vez debería echarle lonche. Regresé a trabajar por primera vez en mucho tiempo. Supongo que algunas cosas se me están pasando.

No podía culparla por estar desconcentrada.

—Tienes mucho en tus hombros. Déjame ayudar un poco si puedo. Realmente me gustaría verla. ¿Crees que puedas llamar a la escuela para que me den permiso? Dudo que hoy en día pueda llegar así sin más.

—Oh, sí. Por supuesto que puedo hacerlo. Los llamaré en este momento. ¿Seguro que no te causa mucha molestia?

—No es molestia en absoluto. Pensaba que podría ser una sorpresa, así que si pudieras no mencionarlo…

—No lo haré. Estará muy emocionada. Ha estado… bueno, todos hemos estado deprimidos, por supuesto. Creo que se pondrá muy feliz de verte.

—Lo espero con ansías. Cuando llames, ¿puedes averiguar a qué hora sale a comer y luego me avisas? No quiero llegar tarde. —Era mejor que Nike organizara sus mierdas en esa sesión, porque yo me iba a ir a mi hora.

—Claro. Llamaré y te avisaré. De verdad es muy lindo de ti el hacer esto por ella.

—Estoy feliz de hacerlo. ¿Hay algo que pueda hacer por ti y Steve? —Me sentía jodidamente inútil, algo que odiaba. Quería hacer algo por ellos.

—Gracias, pero no. Sólo tenemos que intentar encontrar una nueva normalidad. Supongo que toma su tiempo.

—Así es. Si se te ocurre algo, no dudes en llamarme.

—No lo haré. Déjame hacer la llamada antes de que se me olvide. Te enviaré la información.

—Gracias, Joyce. Cuídate.

—Lo hare. Gracias, Edward.

Me senté luego de colgar y cerré los ojos. Detestaba el no saber qué hacer. Su dolor – el dolor de todos – era tan claro como el cristal, y quería ayudar, pero, ¿cómo? No podía simplemente enviarlos de vacaciones como lo habíamos hecho Chica Reed y yo. Tenían sus trabajos y la escuela y, maldición, podría dolerles más el irse de vacaciones familiares cuando una parte de su familia ya no estaba aquí.

Sentí, más que ver, a Rainbow enterrándose en mi regazo. Le acaricié el pelaje.

—No sé qué hacer por ellos, Rainbow.

—Ya estás haciendo algo.

Unos dedos me peinaron el cabello, así que abrí los ojos y vi a mi esposa sonriéndome.

—Se suponía que estabas dormida.

—Te extrañaba. —Se sentó junto a mí y se recargó en mi costado. Pasé un brazo a su alrededor.

—Lo siento, nena. Sólo que pensé en ir a ver a Chelsea mañana y llevarle lonche ya que no le gusta lo que les sirve la escuela. Es estúpido, supongo, pero es algo.

—No es estúpido. Estás siendo su amigo, y no creas que no sé que pensaste en que, si los niños van a estar viéndola, es mejor que la vean por estar con el mariscal de los Gigantes en lugar de mirarla por ser la niña cuyo hermano murió.

La forma en que esta mujer veía a través de mí era casi aterradora.

—Odia la forma en que la tratan. Y yo también.

—Y es por esa razón, y por muchas más, que te amo, Edward Cullen. —Me besó la mejilla y se puso de pie, ofreciéndome su mano—. Ahora, ¿qué te parece si tomamos esa siesta?

—¿Puede ser una siesta desnudos?

Moví a Rainbow de mi regazo, y le di unos cuantos dulces para que no se quejara.

—¿Cómo si hubiera de otro tipo?

—Me parece bien. —La jalé a mis brazos—. Aunque no estoy tan cansado, así que quizá tenga que quemar un poco de energía antes de dormir.

—¿Energía desnuda? —pregunto, sonriéndome.

—Esa es la mejor.

—Cierto. Vamos a la cama, Campeón. Agótame para poder dormir un poco.

—Será un placer, Chica Reed.

—Para ambos, Cullen.

Siempre.

Xoxoxoxox

Me estacioné frente a la escuela de Chelsea, y agarré la bolsa con nuestra comida antes de dirigirme adentro. Mi sesión con Nike había transcurrido sin percances, aunque me sentía un poco curioso sobre cómo reaccionaría mi esposa a la escena de mí limpiándome el sudor de la frente con mi camiseta, mis abdominales expuestos para que todo el mundo los viera. No podía quejarme ya que era para su tecnología dri-fit, pero quizá a ella no le guste tanto. Aunque, por otro lado, podría saltarme sobre el culo cuando lo viera. Eso sería divertido.

Me registré en la oficina y me mandaron al salón de Chelsea. Ella salía en unos minutos, así que me recargué en la pared y la esperé. La puerta se abrió y tuve que reírme de las reacciones de los pequeños que salían del salón. Con una sola mirada hacia mí se torcían el cuello y luego retrocedían. ¿Tal vez me veía un poco aterrador para los pequeños? Probablemente mi tamaño era intimidante.

Chelsea salió sola con la cabecita agachada. Carajo. Dije su nombre y alzó la cabeza de golpe, abrió la boca en un gesto de sorpresa.

—¿Edward? ¿Qué estás haciendo aquí?

Le sonreí.

—Tenía que rescatarte de las temidas brochetas de pescado, ¿no? ¿Qué clase de amigo sería si no te trajera algo mejor para comer?

Una sonrisa iluminó su cara y se lanzó a mí. La atrapé y le di un abrazo.

—¿Cómo estás, pequeña?

—Muchísimo mejor ahora que no tengo que comer brochetas de pescado. —Se acurrucó en mí y froté su espalda durante unos segundos—. Es realmente lindo ahora que estás aquí.

—Es bueno verte. —La bajé y tomé su mano—. Lamento haber estado fuera de alcance por un tiempo.

—Está bien. Papá dijo que estabas en tu luna de miel. ¿A dónde fuiste?

Le conté sobre la isla mientras caminábamos a la cafetería. Sus ojos se abrían cada vez más mientras hablaba del agua, la piscina, y el cine afuera.

—¡Eso suena tan genial! Nosotros estábamos hablando sobre ir tal vez a Disney este verano, pero… —se calló y se encogió de hombros—. Eso fue antes.

No tenía que decir antes de qué.

—Bueno, si no vas este año, imagino que una vez que nuestra Dani sea un poco mayor, la llevaremos a Disney. Nuestras familias viven en Florida, así que vamos mucho para allá. Tal vez puedas venir con nosotros.

—¿En serio? Me gustaría.

Juro que el nivel de sonido en la cafetería bajo de un rugido ahogado a un silencio puro cuando Chelsea y yo entramos. La vi respirar profundamente y encuadrar los hombros antes de avanzar hacia enfrente. Tomó asiento en una mesa que estaba en la esquina en la parte de atrás, lo más lejana a donde estaban todos los demás.

—¿No te quieres sentar con tus amigos? —le pregunté mientras ocupaba la silla frente a ella. La silla de plástico era bastante pequeña y frágil, y temía un poco el romper la maldita cosa, pero me senté sobre ella lo más cuidadosamente posible.

—No. Ya no saben qué decirme. Es raro.

Saqué el sándwich especial de Jersey Mike que le había comprado, junto con el mío gigante. Sonrió cuando lo abrió.

—¡Me encanta este!

Sonreí por su entusiasmo.

—Sí, tu mamá me dijo que te gustaba. —Le di la botellita de jugo que también le había comprado—. ¿Por qué no le dijiste que no te gustan las brochetas de pescado? Se sorprendió un poco cuando la llamé.

Chelsea se encogió de hombros y jugó con el papel. Estiré el brazo y toqué su mano.

—Ella tiene cosas más importantes en la cabeza que el que a mí no me gusten unas estúpidas brochetas de pescado.

Carajo. ¿Qué respondía a eso?

—No hay nada más importante para tu madre que tú y tu hermano.

Sus ojos azules contenían tanta tristeza. Carajo, eso me mataba.

—Sólo porque Danny no este… la vida sigue, Chelsea. Y necesitas hablar con tu mamá y tu papá sobre cómo te estás sintiendo. Ustedes se necesitan el uno al otro ahora más que nunca, ¿sabes? Sé que es horrible y raro, pero tu hermano no querría que alejaras a todos. Me dijo que te cuidara a ti particularmente porque sabía que sería más difícil para ti.

Las lágrimas se derramaron sobre sus pequeñas mejillas, y me sentí como un enorme cabrón.

—Lo siento. Tal vez no debí haber dicho eso.

Negó con la cabeza y se levantó, acercándose a donde estaba sentado yo. La subí a mi regazo y la dejé llorar en mi camiseta.

—Era mi gemelo, y siempre estuvimos juntos —murmuró, apartándose finalmente para verme a los ojos.

Jasper y yo habíamos hablado un poco más sobre Chelsea antes de que yo regresara a casa.

—Sientes que te falta una enorme parte de ti. Eso es normal, Chelsea.

—No me gusta.

Limpié sus lágrimas.

—A nadie le gustaría. Pero Danny siempre estará contigo, a pesar de que no esté aquí. Te está cuidando, igual que lo haría cualquier buen hermano.

Asintió.

—Mamá dijo algo como eso. —Miró a su alrededor y notó que todos los ojos estaban en nosotros—. Genial. Ahora todos me están viendo porque lloré.

Le di mi mejor sonrisa.

—Qué grande tienes el ego, niña. ¿Crees que eres la única de aquí que ha llorado frente a la demás gente? Apuesto a que pasa todo el tiempo. Pero dime, ¿cuántos apuestos jugadores de fútbol vienen a la escuela? Ambos sabemos que probablemente me están viendo a mí.

Chelsea me miró por unos momentos antes de soltar una risita.

—Missy vomitó en el pasillo la semana pasada. Eso la hizo llorar.

Toqué su barbilla.

—Pues ahí lo tienes. Nada es peor que vomitar frente a toda la escuela. ¿Unas cuantas lágrimas? Eso no es nada.

—¿Sí? ¿De verdad crees que te están viendo a ti?

Sonreí y la moví a la silla que estaba junto a la mía.

—Sí, lo creo. Ve esto.

Mis ojos se encontraron con uno de los niños que jugó fútbol con nosotros en Acción de Gracias. No podía recordar el nombre del niño ni para salvarme la vida, pero asentí y le hice el gesto de "ven aquí". Se puso de pie en un segundo.

—¡Hola, Edward!

—Hola, pequeño. ¿Has estado trabajando en tu ruta en marcha?

Asintió empáticamente.

—¡Sí! Me estoy volviendo muy bueno con ese movimiento doble que Sammy me mostró. ¿Está aquí?

Me reí.

—Hoy no.

Y como si se hubieran abierto las compuertas, un montón de niños nos rodearon de repente, hablando de fútbol. Chelsea no dijo nada, pero tampoco bajó la cabeza ni apartó la vista. Puse una mano en su hombro.

—Escuchen, nos encantaría darles más lecciones. De hecho, voy a comenzar un campamento de fútbol este verano. Se va a llamar Campamento de Fútbol el Sueño de Danny, y muchos de mis compañeros van a estar ahí, enseñándole a niños de todas las edades a jugar fútbol.

La boca de Chelsea se abrió por mis palabras.

—¿En serio? ¿Vas a tener un campamento de fútbol para mi hermano?

Le sonreí.

—Por supuesto. Danny era mi amigo y me inspiró. No sólo tendremos niños como ellos —señalé a los niños—, sino también niños que tal vez no pueden jugar en otro lugar porque están muy enfermos, o son muy pequeños, o cosas así. Va a estar abierto para todos.

A mí alrededor comenzaron a oírse murmullos de emoción, pero era la reacción de Chelsea la que más me interesaba.

—¿Todos? ¿Pueden jugar las niñas?

Le sonreí.

—¿Qué crees? ¿Crees que puedo comenzar un campamento de fútbol sin mi mejor linewoman? Eres la mejor bloqueadora de entre todos.

Sonrió.

—¡Lo soy! Quiero jugar.

Le acaricié el cabello. Estaba creciendo muy rápido.

—Qué bueno. Hablaré con tu mamá, pero ya se lo mencioné antes. —Vi a los otros niños—. Díganle a sus padres lo que se avecina, aunque todavía no tengo fechas establecidas. Chelsea les dirá los detalles cuando los tenga.

—¡Eso es increíble! ¿También estará ahí Pierre-Paul? ¡Quiero aprender cómo golpear al mariscal! ¿Y qué hay de Rashad Jennings? —Las preguntas salían disparadas de todos lados y niños de todas las edades se estaban acercando, uniéndose a nosotros en la mesa, todos hablaban y estaban emocionados. Esto era bueno.

¿Incluso mejor? A dónde iban los niños, eventualmente las niñas los seguirían en sus pequeños grupitos. No tardó mucho antes de que un grupo de niñas se acercara, una pequeña castaña se posicionaba como su líder.

—Hola, Chelsea.

—Hola, Sari.

Ladeó la cabeza y me miró.

—Mi mamá tiene tu foto colgando en nuestra cocina.

Le sonreí.

—Oh, ¿sí?

—Sí, está colgada a pesar de que todavía no es junio.

Me reí. Tenía el calendario del SPCA. Por lo que me habían dicho, se habían vendido un chingo.

—Bueno, junio es el mejor mes. Es mi cumpleaños.

Se enredó el cabello alrededor del dedo.

—También tiene colgada la portada, contigo y ese lindo gatito, en un lado. La cortó de enfrente.

¿Esta niña estaba coqueteándome? Jodidamente gracioso.

—Es mi gata, Rainbow.

—¿Tienes una gata? ¿Puedo conocerla? —preguntó Chelsea, sonaba anhelante.

Huh. Tal vez esa era la respuesta.

—Por supuesto. De hecho, me voy a mudar en un par de semanas a una casa que queda más cerca de aquí, y voy a necesitar tu ayuda.

—¿Mi ayuda? ¿Qué puedo hacer?

Estiré las manos.

—Bueno, ¡pensé que podrías encargarte de cargar las cosas pesadas, Chels! Después de todo, no puedo arriesgarme a lastimarme el brazo. Supuse que podrías cargar el sofá, las televisiones, todas las cajas de libros, ese tipo de cosas.

Todos se rieron.

—¡No puede hacerlo! Es muy pequeña —me dijo un niño.

Sacudí la cabeza.

—Nah, Chelsea es la persona más fuerte que conozco.

Ella negó con la cabeza.

—Tonto. Puedo ayudar a poner las cosas donde deben ir, cosas pequeñas, si quieres.

Puse mi brazo a su alrededor.

—Vamos, pequeña. ¿Crees que te voy a poner a trabajar? No, te encargarás de algo mucho más importante.

—¿Qué hará? —me preguntó una niñita, tirando de mi manga.

—Pues tengo una bebé en camino y tengo que decirles que no sé nada sobre niñas. Yo tuve un hermano al crecer y él era un gran dolor, ¿saben? —Muchos asentimientos y afirmaciones se encontraron con mi declaración—. Chelsea, vas a tener que revisar la casa y asegurarte de que es un buen lugar para que crezca una niñita. Y voy a necesitar que me digas qué les gusta a las niñas. Quiero decir, voy a enseñarle a lanzar el balón y andar en bici, pero necesita hacer otras cosas también, ¿cierto?

Chelsea asintió.

—Puedo hacerlo. Sé lo que les gusta a las niñas.

—Yo sé que sí. No le confiaría un trabajo tan importante a nadie más.

—Puedes comprarle muñecas American Girl —sugirió una pequeña.

Tenía una vaga idea de cuáles eran esas, y si eran las muñecas rameras que había visto en un comercial de televisión, eso no iba a pasar. Pero asentí de todas formas.

—¿Qué más?

Y así siguieron. Las niñas sugerían cosas igual que los niños. Chelsea se estaba riendo y sonriendo, añadiendo sus propias sugerencias, rechazando otras. Firmé unos cuantos autógrafos en el periódico de la escuela, incluyendo uno para la mamá de la niña que tenía mi calendario. A duras penas me comí la mitad de mi lonche para cuando sonó la campana.

—Tenemos que irnos —me dijo Chelsea—. ¿Vas a venir a clases conmigo?

Me reí.

—Eso quisiera, pero tengo que reunirme con algunas personas para el campamento, y luego tengo que ir a otra escuela. Bella les está enseñando música a unos niños, y quiero estar ahí.

—Bien. —No parecía estar muy triste por ello. Agarró su basura y la tiró en el bote.

Tomé su mano y caminé con ella de regreso a su salón. Seguíamos rodeados por muchos de los niños que habían estado en la mesa a la hora de la comida.

—Chelsea, yo también tengo una gatita. ¿Quizá quieras venir y jugar con ella este fin de semana? —preguntó una de las niñas.

Ella me miró y le lancé una sonrisa. No era su papá; dependía de ella.

—Sí, podría ir.

—Genial. ¡Será muy divertido! —Y la niña salió corriendo y saltando.

—¿Ves, Chelsea? No es tan malo ser amistosa, ¿o sí?

—Supongo que no. —Se mordió el labio—. ¿Todavía puedo mandarte mensajes y así?

Me detuve en su puerta.

—Por supuesto, pequeña. Tienes que avisarme cuándo será el siguiente día de brochetas de pescado, ¿no?

—¿Sí? ¿Vendrás de nuevo? —preguntó, sonaba entusiasmada.

—Seguro, cuando pueda. Todavía no empieza la temporada, así que puedo arreglármelas. Cuando empiece la temporada, probablemente no podré rescatarte de las brochetas de pescado, pero tal vez puedas pedirle a tu mamá que te prepare lonche en esos días.

—Supongo.

—Además, no estaba bromeando. Vas a tener que venir a la nueva casa, conocer a Rainbow y ayudarme a decidir si es un buen lugar para una bebé. Y necesito tu ayuda con el campamento de fútbol. Te voy a poner a trabajar, Chels. Eres mi asesora, mi mejor ayudante.

Me sonrió.

—Me gusta. Seré tu asesora. —Lanzó sus brazos alrededor de mis piernas.

Me agaché para darle un abrazo.

—Gracias por comer conmigo. Mantén la cabeza en alto e intenta divertirte. Estos niños no parecen ser malos.

—Supongo que no lo son.

Me reí.

—No lo son. Ahora ve a aprender algo. No puedo permitir que mi asesora flojee en su trabajo escolar.

Me besó la mejilla y me dio otro apretón.

—¡Bien! ¡Hablamos pronto!

—Muy pronto, peque. Cuídate.

La miré correr a su salón y me despedí de varios niños que me veían desde adentro. No fue una primera comida mala, en absoluto. Las cosas habían salido mejor de lo que esperaba. Ella habló con algunos de los niños, hizo planes con una niña, y ansiaba llegar al campamento de fútbol. Danny estaría feliz, eso esperaba. Y también su hermana lo estaría, si de mí dependía.

Xoxoxoxox

Luego de una larga sesión de lluvia de ideas con Alex y algunos de los grandes en los Gigantes, pude dirigirme a la Primaria Miller, donde mi Chica Reed estaba dando su primera lección de música. Encontré el auditorio donde estaban teniendo la clase, ya que tenía un piano.

Incluso antes de abrir la puerta, escuché los chillidos y las notas desafinadas de la música. No entendía cómo alguien podía soportar horas de oír eso. Pero cuando abrí la puerta, no pude evitar que la sonrisa se extendiera. Tenía que haber alrededor de veinticinco pequeños, todos riendo y soplando en sus pequeñas cornetas. Y frente a todos ellos estaba mi Chica Reed, sentada en el piano con una brillante sonrisa en el rostro que estaba sentada junto a una pequeña, le enseñaba una nota en la partitura y luego tocaba la tecla correspondiente.

—Es una buena imagen, ¿no?

Miré a donde estaba Emily sentada unas cuantas filas enfrente, sonriéndome.

—Sí. Es muy increíble. —Me acerqué y me senté junto a ella para ver el show—. Mi chica está en su elemento.

Emily se rio.

—Es seguro que tiene un encanto especial con los pequeños. Estoy bastante segura de que cada uno de mis niños tiene un enamoramiento con ella. Los niños quieren impresionarla, y las niñas quieren ser ella.

¿Qué tal eso?

—¿Quién puede culparlos?

—Yo no. Bella es la mejor.

Sí lo era.

—Sí que lo es. ¿Y cómo le va a mi chico? No he hablado con él en semanas.

No podía asegurarlo, pero parecía como si Emily se estuviera sonrojando.

—Está bien. Muy bien. Fue a visitar unos días a su mamá, pero regresará pronto. —Me sonrió—. Estábamos esperando que quizá pudiéramos cenar una de estas noches.

Sí, nunca pudimos arreglar una salida con todo lo que había pasado.

—Me parece bien.

—Muy bien. Bella dijo que hoy fuiste a visitar a esa pequeña, Chelsea. ¿Cómo está?

—Está manteniéndose, pero es difícil para ella. Hoy hice que algunos niños se acercaran a nuestra mesa en la comida, intenté hacerla socializar un poco. Parece que resultó bien.

—Estoy segura de que le hiciste el día. No puedo decir que alguna vez haya lidiado con un niño que perdiera un hermano, un hecho por el cual estoy muy agradecida, pero, en mi tiempo de enseñanza, he tenido unos cuantos que han perdido un padre o un abuelo. Si necesitas consejos o algo, estaré feliz de ayudarte.

Chica Reed tenía razón; Emily era una buena persona.

—Gracias. Puede que te tome la palabra.

Arriba en el escenario, mi chica llamó la atención de todos.

—Bien, vamos a intentar hacerlo todos juntos ahora. Recuerden esas cuatro notas que les enseñé. Aquí vamos.

Se sentó en el piano, ayudando a la pequeña mientras los estudiantes se lanzaban en una interpretación medio reconocible de "Mary Tenía Un Corderito". Era lindo, si es que algo ruidoso, pero no podía apartar los ojos de mi esposa, sentada en el piano y ayudando pacientemente a la pequeña castaña junto a ella. En unos años, esas mismas podrían ser ella y nuestra pequeña Dani.

—Parece como si estuvieras a punto de reventar de orgullo —comentó Emily.

—Ella es increíble. —Nunca olvidaba, ni por un momento, que mi esposa había renunciado al trabajo de sus sueños para tener a nuestra bebé y llevar esta caridad por mí. La sonrisa en su rostro me hacía sonreír a mí también. Había dicho que no tenía arrepentimientos, pero era un alivio ver con mis propios ojos que era verdad. Chica Reed estaba pasándosela a lo grande.

—¡Eso estuvo muy bien! Ahora, todos pueden llevar a casa sus grabadoras y la partitura que entregué. Practiquen, pero no vuelvan muy locos a sus padres.

Los padres que se habían reunido para llevar a sus hijos a casa, o sólo para mirar, se rieron. Emily y yo nos dirigimos al escenario, saludando a algunos padres y conociendo a sus hijos. No podía empezar a contar cuántos me agradecieron por hacer esto posible. Chica Reed estaba rodeada de padres haciéndole preguntas sobre varios instrumentos, lecciones privadas y todo tipo de mierdas.

Tardó un rato, pero eventualmente todos se fueron y Chica Reed me lanzó sus brazos alrededor.

—¿Viste? ¡Fue genial! Katie, ¿la pequeña en el piano conmigo? Tiene un verdadero oído para la música. Creo que voy a tener que trabajar uno a uno con ella. Su madre está totalmente de acuerdo.

Me reí y la abracé.

—Respira, nena.

Se rio y lo hizo.

—Lo siento, estoy emocionada.

—Me encanta que estés emocionada. Te veías increíble allá arriba. Eres una muy buena maestra, nena.

Me dio un sonoro beso.

—Gracias. Me la pasé muy bien.

—Eres muy natural —estuvo de acuerdo Emily—. Debería odiarte ya que creo que todos te aman más a ti que a mí, pero no puedo culparlos. Estuviste muy genial con cada uno de ellos.

—Por favor, te adoran. Todos querían impresionar a la señorita Emily.

Emily le dio un abrazo.

—Diremos que es un empate. Y ahora tengo algo que usar contra ellos si se portan mal en clase. La amenaza de no ir a la hora musical con la señorita Bella los mantendrá en línea.

Chica Reed se rio.

—Lo que te funcione.

—Tengo que hacer unas cosas para poder irme a casa. Gracias a los dos por este programa. En serio es una bendición.

—Me alegra que vaya tan bien. Tú y Bella pueden trabajar juntas y me avisa cuando quieran ir a cenar.

—Oh, lo haremos. Nos vemos el martes, Bella.

—¡Adiós! ¡Gracias, Emily!

Mi esposa me tomó de la mano, y salimos del auditorio. La sonrisa de felicidad no dejó su rostro mientras me hablaba de los estudiantes. Quedaba bastante claro que ella ya se había encantado con ellos y viceversa.

—Suena como que fue una gran primera lección, nena. Me alegra mucho que te la pasaras bien.

—¿Cómo podría no ser así? ¿Qué hay de ti? ¿Cómo estuvo tu día?

Me reí.

—En realidad, estuvo bastante bien. ¿Qué te parece si te llevo a cenar y así hablamos de todo?

—Me gustaría. —Llegamos a su carro y envolvió sus brazos a mi alrededor—. Pero dime… ¿Cómo estaba Chelsea?

Le di un breve resumen.

—Parece que te fue muy bien con ella.

—Es una buena niña. Sólo quiero hacerla feliz.

—Está pasando por mucho, pero lo logrará, especialmente con un amigo como tú. Tal vez podamos ver si tiene algún interés por la música. Podría enseñarle también. Siempre fue un buen escape para mí cuando mi mamá estaba siendo molesta.

Lo cual era todo el jodido tiempo.

—Tal vez. Le gustan mucho los gatos. Estaba pensando…

Chica Reed negó con la cabeza, riendo.

—Oh no. No vas a comprarle una Rainbow, no sin hablar primero con sus padres. Podría haber una razón de por qué no tienen mascotas. Ustedes tuvieron suerte con nosotras tres, Cullen. Pide permiso, y luego hablaremos sobre ello.

Suspiré, pero ella tenía razón.

—Bien. Sólo pensé, ya sabes, ella necesita alguien con quien hablar, y hablar con Rainbow siempre me ha funcionado a mí.

Me besó.

—Lo sé. Eres muy dulce al querer hacer eso por ella. Y si sus padres están de acuerdo, yo también. Pero no puedes comprarle uno sólo para que no pueda quedárselo. Ya ha perdido suficiente.

Eso era muy cierto.

—Bien, nena. Preguntaré. Y, mientras tanto, la invitaremos a la nueva casa. Ella parece estar muy emocionada por eso.

—Me parece bien. Eres un chico fantástico, señor Cullen.

—Quizá. Aunque tengo que mantenerme al nivel de mi esposa en la escala de genialidad. Luego de hoy, me quedé muy atrás.

Me besó de nuevo.

—Bueno, tal vez luego de la cena te dé una oportunidad para ganarte algunos puntos.

—Me encantan los créditos extra, nena.

Se rio.

—Lame culos.

—Planeo hacerlo más tarde. —Le di una suave palmada a su culo—. Sígueme.

—A cualquier parte, Campeón.

Le abrí la puerta antes de dirigirme a mi propio carro. Tenía una mujer increíblemente maravillosa, y se sentía como si estuviéramos empezando a hacer algo muy genial con nuestra caridad. Y apenas estábamos empezando. Había muchísimas cosas más que podríamos hacer. Que haríamos. No podía esperar.