Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 42

—¿Estás lista, nena? —cargué a Chica Reed y me preparé para llevarla dentro de la casa.

—Sabes que no es necesario que me cargues para pasar el umbral. Ya tenemos casi tres meses de casados. —Me sonrió.

—Lo sé, pero es nuestra primera vez entrando a nuestra nueva casa desde que la compramos. Siento que deberíamos hacer algo trascendental, y ya que no vamos a beber por ahora y ya no tengo champaña, no podemos bautizarla.

Se rio.

—Es una casa, no un bote, Campeón. Y se supone que debes cargar las cosas que trajimos, no a mí.

La besé y entré.

—Todo a su tiempo, Chica Reed. Hay algo que realmente debemos hacer primero.

Unos hermosos ojos cafés parpadearon hacia mí.

—¿Es la otra forma de bautizar la casa? Porque estoy totalmente de acuerdo.

Qué fantásticas hormonas sexuales. Casi olvido mi sorpresa cuando metió el sexo a la mezcla. Aunque, ¿quién podría culparme? Mi esposa era una cosita sexy. Sus pechos y su culo estaban aún más grandes estos días, aunque sabía que era mejor no señalar eso. Un par de pantalones y un mar de lágrimas después de que le aseguré que me gustaba su culo de embarazada me habían enseñado una lección. Y sin importar cuántas veces ella mencionaba la palabra con g, yo nunca iba ahí. Las hormonas del sexo nos dejarían si lo jodía y le decía gorda. Y eso sería una tragedia.

—Las camas todavía no llegan —le recordé a Chica Reed mientras la depositaba gentilmente sobre sus pies—. Ni ninguna otra cosa, por cierto.

Nos íbamos a mudar oficialmente en un par de días, pero había unas cuantas cosas que Chica Reed no le confiaba a los de la mudanza para que trajeran, cosas que ella no quería arriesgar a que se rompieran. Así que empacamos las copas de nuestra boda y los muñecos del pastel, junto con una vajilla elegante de su abuela, fotos y cosas así. Yo insistí en que trajéramos la enorme foto que ella me había dado para Navidad de nosotros dos compartiendo nuestro primer beso como marido y mujer, con el agua y el atardecer a nuestras espaldas. Era jodidamente fenomenal, y no me iba a arriesgar a que le pasara algo. Y, por supuesto, trajimos…

—¿A dónde se fue Rainbow?

Se metió a la casa en el momento en que abrí la puerta, como si supiera que era su nuevo hogar y tuviera que ir a checarlo. Queríamos que se acostumbrara un poco antes de traerla el día de la mudanza. Elegimos el baño del sótano para dejarla ahí durante el proceso de mudanza para que no estorbara o, que Dios no lo quiera, que se lastimara o se saliera. Estaría enojada, pero era mejor prevenir que lamentar.

—Al demonio, no lo sé. Probablemente está eligiendo sus lugares.

Chica Reed se rio.

—Al menos no puede meterse en muchos problemas si está vacío.

Eso era debatible, pero tenía cosas más grandes en mente.

—A lo mejor está revisando la vista desde la cocina. ¿Por qué no vas a ver, nena? Yo iré por unas cosas del carro.

—Bien. —Me besó antes de avanzar por el pasillo.

No me fui al carro. La seguí para poder ver su cara cuando lo viera.

—¡Edward! Oh Dios mío, ¿qué hiciste? —se giró hacia mí con ojos llorosos y brillando de emoción—. ¿Es mío?

Tuve que reírme por la incredulidad en su voz.

—No, lo compré para mí. Pensé en aprender en tocarlo y tú puedes limpiarlo de vez en cuando.

Me golpeó el brazo antes de lanzar sus brazos a mi alrededor.

—¡No puedo creer que me hayas comprado un piano! ¡Es hermoso! Es un… Oh Dios mío, ¿es un Steinway?

Y luego me olvidó cuando corrió a través de la habitación hacia su piano. Si alguna vez me llegara a poner celoso de un objeto inanimado, sería en este momento mientras ella murmuraba sobre él y lo tocaba con reverencia. Aunque no lo estaba. Me emocionaba que lo amara tanto como lo hacía. Crucé la sala para unirme a ella mientras miraba boquiabierta su nuevo juguete.

—Entonces, ¿lo elegí bien, nena? —No sabía ni mierda de pianos, pero busqué muchísimo sobre ellos en internet, y la mayoría de la gente calificaba este como el primero de las listas. Además, tenían una concesionaría en Nueva York, así que fui y escuché al vendedor tocar básicamente cada piano, excepto los pequeños que no iba a comprar. En privado creía que la idea de una concesionaría de pianos era una jodida locura, pero ya que esta mierda costaba más que mi carro, suponía que tenía sentido.

—Elegiste más que bien. ¡Esto es increíble! —Lanzó sus brazos a mi alrededor—. No puedo creer que hayas hecho esto, Edward. Es demasiado, ¡en serio!

La envolví en mis brazos y besé su cabeza.

—No es demasiado, Bella. Planeé comprarte uno para Navidad, pero ya que decidimos encontrar una casa y con todo lo que pasó… elegí esperar y pedir que lo entregaran aquí. No tiene sentido llevarlo a nuestra casa actual sólo para moverlo un mes después. Así que considéralo un regalo de Navidad atrasado y de bienvenida a casa.

Alzó la cabeza y jaló mis labios hacia los suyos.

—Gracias —murmuró cuando nos separamos—. Es verdaderamente hermoso. —Pasó su mano sobre la brillante superficie negra—. Nunca soñé que tendría un Steinway.

—Fue hecho para ti, nena. —La besé de nuevo—. Cuando te vi tocando en la escuela hace un par de semanas, te imaginé tocando aquí, en nuestra casa, con nuestra hija a tu lado, aprendiendo las notas contigo. Fue una gran imagen, Chica Reed. No puedo esperar a que pase.

—¡Oh! —sus ojos se llenaron de lágrimas y se derramaron—. No puedo esperar a tocar con ella, a enseñarle. Vas a recibir muchos conciertos, papi.

Papi. Carajo, esa palabra tenía tanto significado ahora. Al principio me hacía sentir raro cuando ella lo usaba con Rainbow, ¿pero ahora? Ahora iba a ser un papi de verdad. Y era aterrador, pero asombroso y emocionante. Y en serio no podía esperar.

—Lo espero con ansias, mami. —Pasé mi mano sobre su bultito de bebé—. Consideré poner el piano en el comedor, pero ya que probablemente no lo usaremos mucho, me pareció que encajaba mejor aquí, con la chimenea y la vista del patio trasero. Puedo pedir que lo muevan si lo quieres en otro lugar, pero es aquí donde te imaginé.

Se giró y envolvió sus brazos a mi alrededor.

—Aquí está perfecto. Esto está perfecto. Y no puedo esperar para comenzar nuestras vidas aquí, Edward.

La abracé.

—Vamos a comenzarlas, nena. Aquí y ahora. —La solté y señalé el banquito—. ¿Por qué no tocas algo para mí? Ve si está bien afinado o si tengo que alzar algún infierno.

Chica Reed sacudió la cabeza y me besó de nuevo.

—Estoy segura de que estará perfecto. Aunque sí tocaré para ti.

Se sentó en el banquito y levantó la tapa, soltando un gemidito cuando vio las teclas.

—Tan precioso. —Pasó la punta de sus dedos sobre ellas antes de presionar un par de teclas—. Perfecto.

Y entonces se lanzó en una canción que reconocí inmediatamente. Era nuestra canción, la primera que ella me había escrito. Debió haber sido un sonido de llamada, porque Rainbow apareció corriendo por la esquina, se resbaló sobre el piso y se detuvo junto a mí. Me reí al cargarla. Quizá tendríamos que poner algunas alfombras, o Rainbow se estaría resbalando por todo el maldito lugar.

Chica Reed había comenzado a tocar la canción más nueva que nos había escrito, la que había tocado para su examen final. Me senté junto a ella en el banquito del piano, y se presionó contra mí mientras seguía tocando.

Rainbow miraba fascinada los talentosos dedos de Bella moverse sobre las teclas. Antes de poder detenerla, saltó e hizo su propia música con las patas. Chica Reed se rio y dejó de tocar para ver a Rainbow golpear las teclas y tocar su canción.

—Parece que nuestra hija mayor también quiere aprender a tocar.

—Si alguien pudiera enseñarle, serías tú —le dije mientras las discordantes notas sonaban.

Sacudí la cabeza y levanté a Rainbow de las teclas, poniéndola sobre el piano.

—Veamos qué tal te gusta esto. Toca algo, Chica Reed.

Entonces mi chica se lanzó en otra canción, y Rainbow se sobresaltó sorprendida cuando sintió las vibraciones debajo de ella. Luego se dio la vuelta, quedó con la panza para arriba y cerró los ojos. Estaba bastante seguro de que estaba ronroneando.

—¿Crees que para ella esto es como un masaje? —pregunté.

Chica Reed se rio.

—Tal vez. Está claro que le gusta.

—Supuse que se apoderaría de la chimenea, pero tal vez en lugar de eso tomará el piano.

Mi esposa bufó.

—Por favor, se quedará con los dos. En realidad, estamos muy cerca de la chimenea ahora.

Eso era probablemente cierto.

—No puedo esperar hasta encender nuestro primer fuego, nena. ¿Qué dices si hacemos eso nuestra primera noche aquí?

Sonrió y recargó la cabeza en mi hombro.

—Digo que sí. Tenemos una cita frente a esa chimenea dentro de dos días.

—Muy bien.

—Y, ¿Campeón? —sonrió—. Vas a ser muy afortunado.

La besé.

—Ya lo soy, nena. Pero felizmente aceptaré más.

—Ambos lo haremos.

Xoxoxoxoxox

—Cierra los ojos.

Chica Reed me lanzó una mirada, pero hizo lo que le pedí, y cerró y se tapó los ojos.

—No es como si no lo hubiera visto ya, Edward. Lo elegimos juntos.

Sí, lo habíamos hecho. No había esperado que encontráramos el set de cuna perfecto en la primera salida, especialmente no con los siete billones de correos que mi madre nos envió con diferentes consejos e ideas, la mayoría de los cuales tenían un chingo de rosa, de tela ondulante y mierdas. Pero yo era un hombre afortunado, porque mi esposa no quería una típica habitación rosa para nuestra hija. Ya habíamos pintado las paredes de un suave color amarillo, y acordamos dejar que Jasper nos enseñara algunos diseños que consideraríamos, no es que los fuéramos a necesitar con lo que habíamos elegido.

El tema de las cosas eran los ositos de peluche, lo cual hizo que el corazón de Jasper que amaba a Bob se llenara de alegría. En serio chilló cuando le dijimos. La cuna era de madera blanca con un oso gigante de tela pegado en la parte de atrás. El oso era casi tan alto como Chica Reed. También compramos una cosa que parecía una mesa para cambiar y vestir con un oso pintado en ella, también blanco con colores cafés y dorados mezclados. Había un armario con el mismo oso, y una lámpara y una mesita de noche, y una silla con forma de oso que hizo que Chica Reed se derritiera. También teníamos un librero que colgaba sobre la cómoda. Y sí, habíamos comprado una de esas cunitas que tenían tela cayendo sobre ella. Ni siquiera había sido idea de Chica Reed. Me imaginé a nuestra pequeñita sonriéndome desde el moisés, y eso fue todo.

La habitación fue organizada por completo por el lugar de donde lo ordenamos. Teníamos una alfombra esponjosa blanca que ocupaba la mayor parte del piso. Y en la esquina estaba la sorpresa, la razón por la que hice que Chica Reed se tapara los ojos.

—¿Estás lista?

Estaba prácticamente vibrando bajo mis manos, que estaban en sus hombros.

—Sabes que sí.

—Bien, mira.

Sus ojos se abrieron, y la sonrisa que apareció en su cara iluminó toda la jodida habitación, no es mentira. Hizo "Oh" y "Ah" sobre cada parte donde caían sus ojos, incluyendo las fotos de osos de peluche que el vendedor nos había dado gratis ya que gastamos una pequeña fortuna comprando todas sus mierdas. Esperé pacientemente hasta que su mirada llegó a la esquina.

—¡Oh, Dios mío! Esa es la cosa más linda que he visto jamás. Edward, ¿qué hiciste?

—Ella va a querer ser igual que su mamá, ¿no? Así que necesita tener el suyo. —Deslicé mis brazos alrededor de Chica Reed, acunando a nuestra Dani en mis manos mientras ambos veíamos el pequeño piano para niños. Incluso yo me sorprendí a mí mismo al elegir el rosa en lugar del blanco para que combinara con la habitación o el negro para que combinara con el de su madre. Una pequeñita debería tener algo de rosa, ¿cierto?

Chica Reed lanzó sus brazos a mi alrededor y me besó profundamente como agradecimiento. Cuando nos separamos, limpié las lágrimas que estaban cayendo por su cara.

—Lágrimas de felicidad, ¿cierto?

Se rio.

—De las más felices. ¡Esto es tan adorable! ¿Dónde lo encontraste?

—El de vendedor que me vendió tu piano. Hablamos un poco y le dije que tenía un bebé en camino. Me contó sobre una tienda de bebés cerca de ahí que tenía pianos pequeños, así que fui a verlos.

—Su primer instrumento musical. —Chica Reed se enterró en mí—. Gracias, Edward. Qué hermoso regalo. Y qué hermosa habitación.

Sonreí y besé su cabeza.

—Soy yo quien debe agradecerte a ti. No parece que hubo una explosión de Pepto Bismol aquí. Mi mamá va a estar enojada.

Chica Reed se rio y negó con la cabeza.

—Oh no, no lo estará. Le di carta blanca para que decorara el cuarto de la bebé como ella quisiera en su casa, para cuando vayamos de visita. Se la está pasando en grande.

No había ni una jodida duda al respecto.

—Va a comprar esa cuna de castillo, lo sé. —En serio, mi madre nos había enviado una foto de una jodida cuna en forma de castillo, acompañada de una nota que decía que nuestra princesita necesitaba su castillo. Era aterrador.

—Probablemente. Y hará que la pinten de rosa.

—Sabe que la bebé no vivirá con ella, ¿verdad? —Temía un poco que mi madre fuera a fugarse con mi hija cuando viniera para su nacimiento.

Mi esposa se rio entre dientes.

—Sí, pero sabe que iremos de visita y quiere que su nieta tenga todas las comodidades de una casa y algo más.

—Va a intentar quedarse con ella —murmuré, haciendo que mi esposa se riera con más fuerza.

—No te preocupes, Campeón. Le daré una paliza si lo intenta.

—Más te vale, nena.

Me besó de nuevo y luego se giró de regreso a la habitación.

—No puedo creer que la habitación esté lista para nuestra Dani. Ahora sólo necesitamos que ella llegue aquí.

—Casi tres meses ya. Eso no es tanto. —Deslicé mi mano sobre su vientre—. Todavía tenemos muchas cosas que hacer.

Las clases de parto. No iba a mentir, eso me hacía cagarme del miedo. Había escuchado que había videos. ¿Cómo si quisiera ver eso? No estaba tan seguro de querer verlo en vivo y en directo, mucho menos en televisión.

—Nos lo pondrás fácil a tu mamá y a mí, ¿verdad, peque? Serás una de esos maravillosos bebés que salen luego de cinco minutos de parto. Sin alborotos, ni problemas. —Luego me llegó un pensamiento horroroso—. Pero no en mi carro o algo así. Te esperas hasta que lleguemos al hospital.

Chica Reed comenzó a reírse tan fuerte que temí que fuera a expulsar a nuestra hija sobre nuestra esponjosa alfombra blanca.

—¡Tu cara! ¡Deberías ver tu cara justo ahora! —logró decir entre jadeos por aire.

—Sí, sí. Muy divertido. No importa. Ese día nos vamos a llevar tu carro al hospital. —Y punto final.

Ella siguió riéndose, y me uní a sus risas. Era divertido porque podía sentirlas vibrando a través de su vientre.

De repente abrió mucho los ojos y dejó de reír.

—¿Sentiste eso?

—¿Qué? ¿Ya llegó la camioneta? —Estábamos esperando nuestros muebles, y los chicos iban a llegar en unas horas para ayudarnos a desempacar.

—¡No! ¿Lo sentiste? —movió mi mano sobre su vientre, y fue entonces cuando lo sentí. Debajo de mi mano hubo una pequeña vibración.

—¡Santa mierda! ¿Es ella? ¿Está pateando?

Chica Reed asintió.

—Es ella. Creo que le gusta su nueva habitación.

No pude detener la sonrisa que se extendió sobre mi cara cuando la sentí de nuevo.

—Mierdas. Está aceptando que nos lo pondrá fácil a la hora del parto. Es una patada de aceptación.

Chica Reed se rio y puso su mano sobre la mía.

—Oh, estoy segura de que será una niña muy afable, Cullen. Sigue soñando.

—Siento tu sarcasmo. —De nuevo sentí el movimiento debajo de mí—. Esto es lo más genial del mundo.

—Creo que te está agradeciendo por su piano y su preciosa habitación. —Sus dedos se entrelazaron con los míos cuando Dani pateó de nuevo—. Y creo que nos está diciendo que no puede esperar para unirse a nosotros. —Tenía la sonrisa más hermosa del mundo en su cara. Estaba bastante seguro de que ella nunca antes se había visto más feliz o más preciosa.

—Yo tampoco puedo esperar, Chica Reed. —La besé suavemente.

El ruidoso traqueteo de la camioneta que venía de afuera nos separó.

—Ya llegaron. —Miré la habitación de la bebé una última vez—. ¿Quieres que mueva el moisés a nuestra habitación?

Por supuesto, ya lo sabía sin tener que preguntar, pero aun así creí que debería hacerlo.

Chica Reed asintió.

—Sí, si no te molesta.

—¿Por qué me molestaría? Tendré a mis dos chicas en la misma habitación por un tiempo. ¿Qué podría ser mejor?

Me agaché para dejar un beso donde había sentido a mi pequeñita moverse por primera vez.

—No te pongas muy pesada con tu mamá en las siguientes horas, peque. Tenemos mucho que hacer. Toma una siesta, y jugaremos contigo más tarde.

Chica Reed acarició mi cabello mientras hablaba con Dani. Cuando alcé la vista, vi que había lágrimas en sus ojos de nuevo.

—Lágrimas de felicidad, lo sé. —Me estaba acostumbrando a eso. Me enderecé y la besé de nuevo—. ¿Por qué no bajas y les abres a los de la mudanza? Bajaré en cuanto mueva esto. Siéntate en el alfeizar de la cocina y diles dónde va todo.

Sonrió.

—Puedo permanecer de pie sin problemas, Edward.

—Sí, sí puedes, pero igual que nuestra Dani, necesitas tomártelo con calma. Estarás de pie el tiempo suficiente más tarde cuando estemos guardando las cosas. Relájate, ¿por mí? —le di la mirada a la que nunca podía resistirse, con un pequeño puchero, y luché contra la urgencia de reírme cuando rodó los ojos.

—Bien. Pero más tarde los ayudaré.

—Por supuesto que sí, Chica Reed. Tenemos muchas cosas que hacer. —Por supuesto, planeaba asegurarme de que ella hiciera las mierdas más fáciles, como guardar ropa y esas cosas, pero que de todas formas eran trabajo.

—Uh huh. —Me dio una nalgada—. Entonces pongámonos en movimiento, Campeón.

—Sí, señora. —Le hice un saludo mientras ella salía para dejar entrar a los de la mudanza.

Miré una última vez la habitación de Dani mientras cargaba el moisés, haciendo todo lo posible para no joder la tela. Tenía que admitirlo, era una habitación bastante chingona. Lo hicimos bien.

Xoxoxoxox

—¡La caballería está aquí!

Sacudí la cabeza mientras Sammy lanzaba sus brazos a mi alrededor.

—¡Hola, amigo! Esta casa es jodidamente increíble. La más grande de la calle.

Me reí y lo aparté de mí.

—Por supuesto que sí.

—¿Estás compensando por…? —gruñó cuando le di un codazo.

—Ignóralo. —Emily me entregó un plato y me besó la mejilla—. Estas son mis famosas galletas de chispas de chocolate. Bella no puede tener suficientes.

—Tampoco yo. —Sammy estiró la mano por el plato, pero Chica Reed apareció de la nada y me lo arrebató de las manos—. ¡Oye!

—Te lo dije. —Emily se rio por el puchero en la cara de Sammy—. No te preocupes; tengo más galletas para ti en casa.

Sus ojos brillaron cuando se encontraron con los míos. Negué con la cabeza, pero por supuesto que él no podía dejar pasar esa oportunidad.

—No puedo esperar para comerme tu galleta más tarde.

Emily sólo le alzó una ceja negra.

—Cuidado, o eso es todo lo que harás.

La cara de él cayó cuando ella pasó junto a nosotros para entrar.

—¿No te pasa que constantemente dices algo equivocado y te metes en problemas? —me preguntó mientras seguíamos a las chicas.

Mi esposa ya estaba devorando las galletas como si no hubiera visto comida en días.

Me reí cuando me llegaron los recuerdos de los primeros días cuando Bella y yo empezamos a salir.

—Solía pasarme. Ya casi no, pero todavía tengo mis momentos.

—Sí le pasa —estuvo de acuerdo Chica Reed con un bocado de galleta en la boca—. Más veces de las que le gustaría admitir.

Limpié un poco de chocolate de la esquina de su boca.

—Ese comentario sobre el culo de bebé era un cumplido, Chica Reed.

Me fulminó con la mirada.

—No para alguien con medio cerebro, Cullen.

Le di otra galleta, y su mirada del mal se desvaneció.

—Te perdono.

—No solía ser así de fácil. Gracias a Dios por las hormonas —les dije a los otros, haciéndolos reír a todos.

—¿Dónde está el terror? —preguntó Sammy justo cuando Rainbow entraba en la habitación.

—Ha estado revisando todo. —Me agaché y la agarré cuando me estiró las patas—. No estaba muy contenta por estar encerrada mientras estaban aquí los de la mudanza.

—Hablando de eso, ¿qué quieren que hagamos? —preguntó Emily luego de acariciar a Rainbow.

Rainbow ronroneó y se acurrucó en mí.

Chica Reed me miró.

—Bueno, éste no cree que yo pueda levantar algo que pese poco más de unas cuantas onzas, así que me asignó las habitaciones. ¡Oh! ¡Emily! Tienes que venir a ver la habitación de la bebé. ¡Es preciosa! Y Edward le compró un pequeño piano rosa. ¡Es la cosa más linda del mundo!

Y justo así, las chicas fueron a emocionarse por cada cosita.

Sammy me sonrió.

—Bueno, aquí estoy. ¡Ponme a trabajar! ¿Y dónde están los otros haraganes?

—Vamos. Puedes empezar con la oficina de abajo. Tenemos un chingo de libros y Chica Reed no va a acomodarlos. Cuando las chicas terminen con el tour, te mandaré a Emily para que te ayude a organizarlos.

Sammy se rio.

—¿Qué? ¿No crees que pueda ponerlos en orden? Puedo leer muy bien.

—Sí, eres un Einstein promedio. —Tenía que reírme de su culo—. Sabes que no es por orden alfabético; es por género y mierdas así. No me preguntes. Yo ni siquiera intentaría acomodar esas mierdas sin Chica Reed diciéndome qué hacer. Probablemente Emily sabrá cómo hacerlo.

—Cierto. De acuerdo, hombre, enséñame la casa. Ya amo la sala. La fiesta del Súper Tazón será aquí la siguiente semana, ¿verdad?

Asentí mientras los guiaba a través de los cuartos.

—Sí. La mayoría de nuestras mierdas estará aquí para entonces. Organizamos la entrega de los muebles nuevos para que fuera dentro de la siguiente semana, supusimos que sería más fácil meter todo luego de estar acomodados.

Sonó el timbre justo cuando llegamos al pasillo.

—Sube y ve las habitaciones mientras yo atiendo allá.

Él subió y yo abrí la puerta. Kim estaba ahí parada con un par de bolsas de regalo. La dejé pasar y tomé su abrigo. Cuando estuvo fuera de la pesada chaqueta de invierno, fue fácil ver que todavía no se le notaba. Muy pronto empezaría a notársele, pero con los jeans y el suéter que llevaba, no era aparente que estaba embarazada.

—Hola, Kim. ¿Cómo te sientes?

Sonrió.

—Nada mal. Al parecer ya se fueron las náuseas matutinas. —Miró a su alrededor—. Este lugar es hermoso.

—Gracias. Las chicas están arriba viendo la habitación de Dani. ¿Te gustaría subir?

—¡Sí! No puedo esperar para verla. Bella ha estado hablando de eso sin parar.

Me entregó una de las bolsas de regalo.

—Les compré un pequeño regalo a cada uno, para agradecerles por todo lo que han hecho por mí y, por supuesto, para felicitarlos por la casa y la pequeña Dani. Ábrelo. Todos le dan regalos a la mamá, así que pensé en comprarles algo a cada uno.

Eso era muy genial. Metí la mano en la bolsa y saqué un portarretratos. Era negro con letras plateadas en la parte de abajo que decían La Niña de Papá.

—No sé si tengas un escritorio o algo así en el trabajo, pero pensé que te gustaría tener una foto de Dani contigo.

Tracé las letras antes de sonreírle.

—Me encanta. Voy a ponerlo en mi casillero para que ella sea lo primero que vea cuando lo abra. Gracias.

—Oh, ¡qué bien! También le compré uno a Bella, pero es un poco más femenino.

Me reí.

—Le gustará. Vamos.

Tardó un buen rato sacar a las mujeres, e incluso a Sammy, de la habitación de la bebé. A él le encantó la silla de oso. Bromeé sobre comprarle una, pero quería que se la comprara de verdad, y eso no iba a pasar. Jodido idiota.

Eventualmente puse a Emily y a Sammy a trabajar en la oficina mientras yo me encargaba de las películas y las mierdas de entretenimiento. Dejé que Kim comenzara en la cocina, con la orden de esperarse con las cosas pesadas. Chica Reed estaba arriba organizando la ropa de Dani y la nuestra. De esa manera, no podría excederse.

Colin y Brady finalmente llegaron juntos los cabrones haraganes. Apenas iba a enviarlos a ambos al sótano para acomodar mi área de entrenamiento, pero Colin se detuvo de golpe cuando vio a Kim en la cocina.

—¿Quién es ella? —preguntó, dándome un codazo.

—Es Kim, la amiga de Bella.

—Es hermosa.

Lo miré y vi en sus ojos la misma mirada nublada que tenía Sammy cuando veía a Emily y que tenía yo cuando veía a Chica Reed.

—Sí, supongo. —Él seguía mirándola, así que tiré de su brazo y lo metí al comedor—. Mira, ella no está disponible.

Sacudió la cabeza y se concentró en mí, se veía como si acabara de decirle que había sido trasladado a Oakland o algo así.

—¿Tiene novio?

—No exactamente. —Comenzó a alejarse, así que lo detuve de nuevo. ¿Tenía permitido anunciar que estaba embarazada? Quiero decir, no iba a ser secreto por mucho tiempo más.

—La conocimos en la oficina del doctor. —Suspiré ante su mirada en blanco—. En la sala de espera. En la oficina del doctor de la bebé.

Su cara finalmente se aclaró.

—¡Oh! ¿Pero no tiene novio o esposo? ¿Con qué clase de cabrón estaba?

Me reí, ya que esa había sido mi reacción inmediata.

—Mira, no sé mucho al respecto. Por lo que me ha dicho Bella, ella y el padre salieron por unos meses. No estaban enamorados o algo así, pero se la estaban pasando bien hasta que ella descubrió que estaba embarazada. Él se fue, y ella está sola.

—Imbécil.

—Así es.

—Entonces, ¿puedo conocerla?

Lo miré.

—¿No te importa que esté embarazada?

—¿Por qué debería importarme? Si el papá no está aquí, no es un problema. No estoy pidiendo casarme con ella; sólo quiero conocerla. Es muy bonita.

—Mira, hombre, no está bien que andes jugando con una mujer embarazada. Ella es una gran amiga de Bella, y no creo que…

—No voy a jugar con nadie —me dijo enojado—. Te dije que quería conocer a alguien decente, y supuse que, si es amiga de Bella, entonces es alguien decente. Sé que es bonita y una buena persona. Me gustaría saber más. No significa que vaya a coquetearle. Sólo quiero conocerla.

Alcé las manos en señal de derrota.

—Bien. De todas formas, no quiero que levante cosas pesadas. Puedes ayudarla a guardar las cosas de la cocina.

El enojo se fue de su cara.

—No hay problema. Me encargaré de las cosas pesadas.

Lo guíe de regreso a la cocina.

—Kim, este es mi compañero Colin. Colin, ella es Kim

Ella le sonrió mientras cerraba la puerta de los cubiertos.

—Hola. Soy una fan.

Él le regresó la sonrisa.

—Siempre es bueno conocer a un fan. Edward dice que me indicarás qué hacer.

Ella se vio confundida por un momento, así que me aclaré.

—Él está aquí para ser tus músculos. Ponlo a guardar las cosas pesadas donde te resulte más conveniente.

—Me parece bien. ¿Qué te parece si desempaco todo y tú lo guardas?

—Perfecto. —Entró en la cocina y me indico que me fuera—. ¿Dónde deberíamos comenzar?

¿Qué tal eso? Colin estaba siendo útil de verdad y quizá un poco encantador. Me fui para lidiar con los electrónicos, manteniendo un ojo en ellos de vez en cuanto. Parecían estarse llevando muy bien, platicaban en voz baja. Él la hizo reír una o dos veces. Eventualmente los ignoré y me perdí con el centro de entretenimiento. Rainbow se acurrucó contra mí mientras acomodaba todo.

—Hola, Campeón —dijo Chica Reed en voz baja un rato más tarde.

Alcé la vista hacia ella.

—Hola, nena. ¿Te estás tomando un descanso?

Sonrió.

—Sí, me dio hambre.

Miré mi reloj y me di cuenta que ya era casi hora de alimentar a todos.

—¿Quieres que ordene algunas pizzas?

—Suena bien. —Miró hacia la cocina—. ¿Qué está pasando allá?

Seguí su mirada hacia Colin y Kim. Estaban hablando en voz baja, intercambiando sonrisas de vez en cuando.

—Colin piensa que es bonita, así que lo asigné para ayudarla con la cocina.

Mi esposa frunció el ceño.

—¿Y qué hay de…?

—Le conté sobre el bebé. De todas formas, quería conocerla.

—No sé cómo sentirme respecto a eso.

Me paré y envolví los brazos alrededor de ella.

—Yo tampoco, pero en realidad él no es un tipo malo. Sólo está algo solitario. —Le sonreí—. Dijo que cualquiera que sea tu amiga tenía que ser una chica decente, así que quería conocerla. Supuse que no había nada de malo con eso. Le patearé el trasero si se pasa de la raya.

Se enterró en mí.

—Bien. Sólo no quiero verla herida otra vez. Ya es lo suficientemente difícil pasar por lo que ella está pasando sola.

De la cocina nos llegó su risa, y ambos se estaban sonriendo.

—Tal vez no tendrá que hacerlo.

Chica Reed sonrió.

—¿Ahora quién es el que está jugando al casamentero?

Al carajo con eso.

—Todo lo que hice fue presentarlos, nena. El resto depende de ellos.

—Igual que en mi caso con Emily y Sammy, y ya viste cómo resultó eso.

Bufé.

—Sí, eso me recuerda. Probablemente deberíamos bajar para asegurarnos que no están profanando nuestra oficina antes de que nosotros tengamos oportunidad de hacerlo.

Chica Reed se rio.

—No podemos permitirlo. Nadie tendrá sexo en estas habitaciones hasta que lo hagamos nosotros.

Maldita sea, así era.

—Conseguiremos una de esas fotos que dicen reglas de la casa y haremos de esa la regla número uno.

Mi esposa se rio con más fuerza.

—Seríamos el epítome de la elegancia con una foto como esa.

—¿A quién le importa?

Chica Reed alzó una ceja.

—Ponla antes de que tus padres lleguen aquí. Veremos cómo resulta eso.

Huh. Eso no sería bueno. Mi mamá me patearía el culo.

—Bien, tal vez será una regla silenciosa.

—Las reglas silenciosas funcionan igual de bien que los votos silenciosos —concedió.

—Vamos a separar a los enamorados y pidamos algo de cenar. Nuestra primera comida en nuestra nueva casa. —Lo pensé—. ¿Tal vez deberíamos hacer algo más elegante para nuestra primera comida?

Chica Reed se rio.

—La pizza encaja con nosotros, igual que este lugar. Es perfecto.

Sí, lo era. Al menos era muy cercano a ser perfecto.