Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


NOTA IMPORTANTE:

¡Hola!

Este es el último capítulo que fue publicado por Fungys. El 44 ya es un capítulo que no han leído y se publicará hoy, más tarde.

Las actualizaciones a partir de ahora serán cada domingo.

Esperamos que nos acompañen en lo que queda de esta historia.

Ahora sí... ¡que disfruten el capítulo!


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: FungysCullen13

Beta: Isa


Capítulo 43

—¡Hola, Edward! —Chelsea lanzó sus brazos a mi alrededor en el momento en que abrí la puerta.

—Hola, Chels. ¿Cómo estás? —le regresé el abrazo antes de darle un apretón de manos a Steve y Joyce.

—¡Estoy bien! ¿Dónde está la gatita?

Me reí y llamé a Rainbow. Apareció por la esquina. Debió haber estado en la sala, donde tenía ardiendo un fuego en la chimenea.

—Chelsea, esta es Rainbow. Rainbow, ella es Chelsea. —Cargué a Rainbow y se la acerqué—. Deja te que huela la mano por unos segundos. Necesita decidir si le agradas.

Sus ojos se agrandaron, pero extendió la mano.

—¿Y si no le agrado?

Rainbow la olió a modo de prueba y luego le dio un cabezazo.

—Eso significa que le agradas. Rainbow tiene buen gusto. Después de todo, yo soy su persona favorita.

Chelsea se rio y palmeó la cabeza de Rainbow.

—Es tan suave. El gatito de Sari tiene pelo más grueso. Este se siente mejor.

Estaba bastante seguro de que Rainbow se estaba portando como si supiera que le habían hecho un cumplido. Comenzó a ronronear muchísimo. Gracias a Dios. En realidad, nunca había estado cerca de niños y aunque estaba seguro de que eventualmente aceptaría a Dani, seguía un poco preocupado por ello. Ella amaba el cuarto de la bebé, tuve que poner unas mantas en el moisés y la cuna porque le gustaba estar en ambos. No estaba seguro de si deberíamos prohibirle eso o no, pero Chica Reed creía que deberíamos dejarla acostumbrarse a todo antes de que llegara Dani.

—Es suave. —Bajé a Rainbow y se frotó contra las piernas de Chelsea antes de avanzar por el pasillo—. ¿Por qué no la sigues adentro? Bella está en la cocina, y estoy bastante seguro de que necesita alguien que pruebe la comida antes de que todos lleguen aquí.

Chelsea soltó un gritito y entró corriendo. Sus padres le sonrieron.

—¿Estás seguro de que no causará molestias? Sé que van a venir algunos de tus compañeros… —Joyce se fue callando cuando sacudí la cabeza—. Es el Súper Tazón. Estoy segura de que van a querer tomar, maldecir y esas cosas.

Me reí.

—Nuestra fiesta incluye a dos mujeres embarazadas, lo que significa que el alcohol va a estar muy limitado. Le dije a los chicos que podían tomar una o dos cervezas, pero yo no tomaré. Y todos vamos a tener que acostumbrarnos a no maldecir dentro de unos meses, de todas formas. No hay mejor momento que el presente. Quiero a Chelsea aquí. Igual que los chicos.

—Lo apreciamos. Estaba muy emocionada cuando la invitaste. —Steve sonrió—. Gracias por incluirla como lo has hecho. En serio es de mucha ayuda.

Estaba haciendo lo mejor que podía.

—Me gusta tenerla cerca. Es una gran niña.

—Lo es —dijo su madre suavemente—. No ha dejado de hablar de tu visita a su escuela. Estoy bastante segura de que ella ya es una leyenda ahora.

Bien.

—Definitivamente tendré que ir otra vez muy pronto. Fue divertido.

—Bueno, deberíamos irnos. Regresaremos cerca de las ocho para recogerla, ¿te parece bien?

—Seguro, si quieren. O yo puedo llevarla a casa luego del juego. No sé a qué hora es su hora de dormir. O, ya saben, son bienvenidos a quedarse. —Les hice la invitación de nuevo. Me habían rechazado, pero supuse que valía la pena intentarlo.

Joyce sonrió con tristeza.

—Yo sólo… no puedo. El fútbol era muy importante para Danny, y es muy difícil.

Steve pasó un brazo alrededor de ella.

—Vamos a salir a cenar, a intentar… —se calló y se encogió de hombros—. No sé.

—Lo entiendo. —No podía culparlos por intentar olvidar por un rato. Tenía que ser horrible.

Estallaron unas risas desde la sala.

—¡Edward! ¡Rainbow está sobre el piano!

—Dios. No la había escuchado reírse así en meses. —La sonrisa de Joyce se iluminó—. Eres bueno para ella. Esto es bueno para ella. Gracias.

Esta era mi entrada.

—Le gustan mucho los animales. —Me removí en la puerta—. Escuchen, sé que es algo raro preguntar esto, pero, ¿hay alguna razón por la que no tengan mascotas? Quiero decir, ¿son alérgicos, odian a los animales o algo así?

Steve negó con la cabeza.

—No. De hecho, estábamos considerando comprar un perro, pero luego Danny se enfermó la primera vez y fue demasiado para nosotros.

Bien. Lo entendía totalmente.

—Bueno, no estoy intentando presionarlos o algo así; es que, Chelsea se anima de verdad cuando menciono a Rainbow y también cuando esa niña Sari comenzó a hablar sobre su gato.

¿Debería? Bueno, ¿por qué carajos no?

—Esto puede parecer algo raro, pero Rainbow… hablo con ella. O sea, de cosas que me molestan o me preocupan. Ella es como un desahogo para mí o algo así. Y estaba pensando que tal vez Chelsea; demonios, tal vez todos ustedes puedan usar algo así.

Ninguno dijo nada. Carajo.

—Lo siento si me estoy pasando. Sólo era una sugerencia.

Chelsea eligió ese momento para regresar de nuevo hacia la puerta, cargando a Rainbow como bebé en sus brazos.

—¡Mira, Edward! Me deja cargarla. Bella dice que eso es muy raro.

No mierda, sí lo era.

—Así es, peque. Usualmente sólo le gusta que Bella o yo la carguemos. Debe pensar que eres realmente especial.

La niña sonrió enormemente.

—¿Escuchaste eso, mamá? ¡Le agrado!

—Por supuesto que sí, Chels. Eres la más genial.

Chelsea sonrió.

—Podré probar una mantecada cuando estén frías. Acaban de salir del horno. Bella dice que puedo ayudarla a decorarlas.

—Suena genial, cariño. ¿Me guardarás una? —preguntó Steve, sonriéndole.

—Seguro. Decoraré una especial para cada uno.

—Suena muy bien —le dijo Joyce.

—Bella dice que a Rainbow le gusta lamer el betún y que puedo dejarla probar un poquito de mi dedo. ¿No es increíble?

Le despeiné el cabello.

—Sólo quita el dedo en el instante en que se acabe el betún… Rainbow seguirá lamiendo y quizá te muerda para intentar comérselo todo. Así. —Le hice cosquillas en el cuello, haciéndola gritar y retorcerse.

—¡Edward! ¡Me hace cosquillas!

—Igual que la lengua de Rainbow. Ya verás.

Se rio y se fue por el pasillo.

—¡Voy a verlo ahora!

Joyce y Steve intercambiaron una mirada mientras veían a su hija correr.

—Puede que tengas razón sobre el asunto de la mascota —dijo él.

Me encogí de hombros.

—Depende totalmente de ustedes. Rainbow es una terapia para mí, y puedo decirle cosas que no quiero que nadie más sepa. Todos podemos usar un desahogo como ese de vez en cuando.

Joyce asintió.

—Es cierto. Lo pensaremos.

Asentí. Eso era todo lo que podía pedir.

—Bien.

—Deberíamos irnos. Si estás de acuerdo con que ella se quede por todo el juego, puede hacerlo. Podemos venir a recogerla luego de que termine.

—No. Yo la llevaré a casa, si les parece bien. De esa forma no tendrán que intentar averiguar cuando se haya terminado. De todas formas, no quiero ver a otro equipo celebrar, no hasta que sea el mío.

Steve se rio entre dientes.

—Te apoyo. Tal vez el siguiente año.

—Haré mi mejor esfuerzo —les prometí.

Joyce me abrazó y Steve me dio un apretón de manos antes de irse. Los vi alejarse antes de regresar a la cocina, donde Chica Reed y Chelsea se estaban riendo mientras Chelsea le ofrecía un dedo a Rainbow para que lo lamiera.

—¡Mira, Edward! ¡Hace cosquillas!

—Te lo dije, peque. —Le palmeé la espalda antes de acariciar el pelaje de Rainbow. Luego metí mi dedo en el tazón, haciendo reír más a Chelsea.

—¡Eso no es para ti! Es para las mantecadas.

—Como si tú no te hubieras robado un poco. —Vi la mirada que pasó entre ella y mi esposa—. ¡Uh-huh! ¡Lo sabía! ¡Ladrona de betún!

Agarré a Chelsea y la sostuve de cabeza por los tobillos, haciéndola gritar. Rainbow se bajó de la encimera y se frotó en la cara de Chelsea.

—Ruega por piedad, ladrona, o te echaré todo el betún en la cara y dejaré que Rainbow lo lama.

—¡Piedad! ¡Piedad! —gritó, riéndose mientras la enderezaba.

—Tu cara está toda roja, peque.

—¡Es porque me sostuviste de cabeza, tonto! Eso es lo que pasa.

Ladeé la cabeza.

—Huh, ¿estás segura? Nunca he escuchado sobre eso. Supongo que tendremos que intentarlo de nuevo; hacer una prueba, si gustas.

Avancé un paso hacia ella, gritó y comenzó a correr.

—¡Vamos, Rainbow! ¡No lo dejes alcanzarme! —Ambas salieron corriendo del cuarto.

Chica Reed me sonrió.

—Eres muy bueno con ella, ¿lo sabes?

—Esto es lo más relajada que la he visto desde que la dejé hablar con Eli en mi celular. Me hace feliz.

Chica Reed me dio un beso.

—Qué bueno. Es mejor que vayas a encontrarla antes de que lleguen todos. Necesito un probador de mantecadas para asegurarme de que son comestibles.

—Yo me encargo. —La besé de nuevo y me dirigí a encontrar a las niñas.

—Sí, lo sé.

Xoxoxoxox

—Esto apesta a culo.

Le di un codazo a Sammy y miré hacia donde estaba Chelsea sentada en el piso, jugando con Rainbow y con uno de sus juguetes de plumas.

—¿Qué? No es una grosería, ¿o sí?

Me encogí de hombros porque no estaba seguro.

Emily sacudió la cabeza.

—Tontos. Y no apesta. Es un buen juego.

Lo era. La primera mitad había sido un error tras otro por ambos lados, pero los Seahawks y los Pats se habían amarrado en la segunda mitad y los Patriots iban a la delantera.

—Apesta porque no estamos ahí —aclaró Sammy, deslizando su brazo alrededor de Emily.

—No tienes ni que decirlo —añadió Colin. Estaba sentado en el sillón de dos plazas junto a Kim. La había sorprendido con un jersey para su bebe, y había recibido un abrazo y un beso en la mejilla. Joder, él seguía brillando por esa mierda.

Brady y Paul estaban teniendo un concurso de comer alitas picantes en la mesa de la cocina. Estaban añadiendo toda clase de salsas raras y veían quién podía aguantar más sin tomar algo. Idiotas.

Chica Reed estaba acurrucada en mi costado. Tenía mi brazo a su alrededor y mi mano en su vientre, donde Dani estaba pateando sin cesar. Todos se habían tomado un turno para sentirla patear, para mi irritación. No me gustaban todas esas manos en mi esposa, pero había sido lindo cuando Chelsea sintió a la bebé patear y lo había declarado "raro pero genial".

Llegó el cuarto tiempo y el juego estaba endemoniadamente emocionante, pero Chica Reed se quedó dormida en mi hombro. Chelsea se subió a mi regazo y también se durmió. Rainbow se estiró sobre Chelsea y puso su pata en el vientre de Chica Reed. No estaba seguro de si ella podía sentir a la bebé patear o no, pero mantuvo su pata ahí.

Sammy sonrió.

—Por alguna razón tengo la sensación de que esta imagen se repetirá en los años venideros.

Tenía que admitir que lo estaba esperando con ansias.

—Podría acostumbrarme.

—Vas a tener que hacerlo. —Miró a la cocina, donde había ido Emily por otra bebida—. ¿Da miedo?

Miré a la pequeña en mi regazo y apreté mi brazo alrededor de mi esposa durmiente.

—¿Justo ahora? No. Es increíble.

—Así parece.

Había algo en su tono que sonaba anhelante.

—No tienes noticias para mí, ¿o sí?

Sammy se rio en voz baja.

—Mierda, no. Sólo ha pasado un mes. —Pero le sonrió a Emily—. Aunque puedo verlo, ¿sabes? La casa, la esposa, los niños… ya no se siente como si faltaran muchos años.

Tuve que reírme.

—Sé a qué te refieres. Eso era lo último en mi mente cuando Bella apareció. Un mes después, ya estaba listo para que ella se mudara, y luego nos comprometimos poco más de un año después de eso. Se suponía que no me casaría hasta que tuviera treinta o más. Mírame ahora.

—Te ves feliz. Y justo donde se supone que debes estar.

No había ni una sola duda al respecto.

—Lo estoy.

—Siento que yo voy en esa dirección. —Sammy movió la barbilla hacia el sillón de dos plazas—. ¿Y qué hay de ellos? ¿Crees que van a alguna parte?

Seguí su mirada hacia Kim y Colin. Él no le estaba prestando nada de atención al juego. Estaban hablando en voz baja, y los ojos de él nunca se apartaban de la cara de ella.

—No lo sé. Diría que depende totalmente de ella. Tiene que pensar primero que nada en su bebé. Diría que Colin está listo para entrar de lleno, pero quién sabe ella. Los niños complican las cosas.

Dani eligió ese momento para patear mi mano, haciéndome reír.

—Bien, peque, tienes razón. Y hacen que las cosas sean mejores.

Sammy me alzó una ceja.

—Dani me pateó cuando dije que los niños complican las cosas.

Se rio.

—Va a ser todo un reto, Cullen.

—Ya lo sé. —Pero de verdad lo ansiaba, más y más cada día.

Emily regresó y los Pats anotaron para tomar la delantera a menos de un minuto de terminar. Los gritos de, bueno, todos nosotros cuando los Seahawks comenzaron a jugar despertaron a Chica Reed y Chelsea, y todos vimos esa improbable intercepción con una asombrada incredulidad.

—Esa fue una jugada estúpida —anunció Chelsea—. ¿Por qué no corrieron?

—Bueno, con el personal defensivo que tenía en el campo, en realidad fue… —al carajo con eso. Tenían a Marshawn Lynch—. Tienes razón. Fue una jugada tonta.

—Es hora de ir a casa, ¿huh? —acarició a Rainbow, viéndose como si tuviera todas las ganas del mundo de quedarse.

—Sí. Alguien tiene que ir a la escuela mañana.

Me sacó la lengua.

—No te preocupes, peque. Nos juntaremos pronto todos para hablar del campamento de fútbol. Necesito tu ayuda para poner en forma a estos chicos.

Miró a Brady, que seguía comiendo alitas.

—Algunos necesitan ayuda, eso es seguro.

Él le frunció el ceño.

—Estamos fuera de temporada. Tengo permitido tomarme unas semanas libres.

—Bien. Pero no llores cuando te derribe.

Me reí mientras la levantaba y me ponía de pie.

—Díselos, Chels. No necesito lineman que no estén en forma bloqueándome, no si vamos a estar en este juego el siguiente año.

—Sí. Suelta el pollo y come apio.

Él le lanzó un pedazo de apio, que yo atrapé con mi mano libre.

—Nada de lanzar comida en mi casa, idiota.

—Sí, es de mala educación —le dijo Chelsea.

Todos se rieron, y nos despedimos. Rainbow nos siguió a la puerta. Bajé a Chelsea y dejé que acariciara a Rainbow por unos momentos más.

—¿Puedo regresar a visitarla?

—Por supuesto. Necesitamos que se acostumbre a las niñas, ¿no? Eres mi consejera. Ese es tu trabajo.

—Gracias, Edward. —Recibió unos cuantos cabezazos más de Rainbow—. Me divertí.

—Te divertirás más en el futuro, peque. Te lo prometo. —Yo me iba a encargar de eso.

Xoxoxoxox

¡Edward! ¿Adivina qué? ¡Mamá y papá dijeron que podía tener un gatito! Dijeron que fue tu idea. ¿Lo fue? ¡Vamos a ir al albergue el sábado! ¿Quieres venir?

Sonreí al mensaje mientras me estacionaba frente a la casa. Estaba tan contento de que Steve y Joyce decidieran dejarla tener una mascota. Tal vez era poco parcial, pero de verdad creía que eso la ayudaría; y esperaba que también a ellos. Todos necesitaban algo. Hablar con alguien. Jasper me había preguntado si estaban yendo a terapia, pero no conocía la respuesta a eso. Ni sabía si me correspondía preguntar o sugerirlo. Como dijo Chica Reed, todos tenían que vivir su pena a su tiempo y a su manera. Esperaba que el gato los ayudara un poco.

Antes de bajarme del carro, levanté la mirada y sonreí cuando vi a mi esposa sentada en el asiento de ventana. Me saludó antes de regresar a su libro. Nueve de cada diez veces, si estaba en casa, estaba acurrucada leyendo ahí. Era jodidamente increíble.

Entré y me quité mi ropa de invierno. La nieve era endemoniadamente bonita, pero era un jodido dolor de culo. Subí las escaleras y me detuve cuando escuché la voz de mi esposa. Le estaba leyendo a Dani. Era algo que había comenzado a hacer desde que nos mudamos, y era endemoniadamente lindo. A Dani le gustaba su voz, siempre pateaba cuando Chica Reed le leía.

Pero lo necesito. Schmarya lo necesita desesperadamente. Cuando Schmarya esté lo suficientemente bien para ser juzgado… bueno, no debe pasar. Es por eso que estoy haciendo esto, Schmarya. Por ti.

¿Qué jodida clase de nombre era Schmarya? Ahogué una carcajada y escuché a mi esposa seguir leyendo.

Y entonces, curiosamente, la náusea que ella había sentido fue remplazada con una ola de cálida lujuria. Pero ella se quedó ahí parada con resolución, temblando, temerosa de rendirse ante ello. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había estado con un hombre. Casi había olvidado cómo se sentía ser sostenida.

Espera, ¿qué? ¿Qué carajos le estaba leyendo a nuestra hija?

Vaslav bajó una mano hacia su entrepierna. Podía sentir sus suaves dedos deslizándose sobre su montículo…

—¿Qué demonios estás leyendo? —exigí saber mientras me apresuraba en doblar la esquina.

Chica Reed sonrió y me enseñó la portada. ¿Dazzlede Judith Dould? ¿Qué carajos?

—Eso no parece ser Dr. Suess. Ni suena como él.

Mi esposa sólo se rio de mí. Fue entonces cuando noté que Rainbow estaba estirada sobre su vientre. Últimamente había estado haciendo eso cada vez más. Cabía muy bien sobre el bultito.

—Dani todavía no sabe lo que estoy leyendo, Edward. Escucha mi voz y mi tono. Podría estar leyendo el diccionario y no importaría.

Eso dice ella.

—No sabes qué es lo que puede entender. Nadie lo sabe. Podrías estar plantando ideas en su cabeza, ¡sobre tocar entrepiernas y dormir con jodidos rusos! Está mal. Es sólo una bebé. —Fulminé con la mirada a mi esposa, que se estaba riendo de mi rabieta—. De todas formas, ¿por qué estás leyendo esa mierda?

Me sonrió.

—Porque mi esposo no estaba en casa para entretenerme de otras maneras. Tenía que leer sobre Senda teniendo acción ya que yo no la tenía.

Pues bien. Agarré su libro porno y lo lancé sobre mi hombro mientras ella se reía y se recorría en el asiento. Rainbow, molesta por el movimiento, se bajó y se acurrucó en la esquina. Cargué a Chica Reed en mis brazos y la llevé a nuestra habitación.

Se rio y puso sus brazos a mi alrededor.

—Esto es muy galante y romántico. ¿Has estado leyendo mi libro?

Tuve que reírme mientras la dejaba en la cama.

—Yo no voy tras entrepiernas y montículos, Chica Reed. Yo voy directo al coño.

Antes de que pudiera responder, yo ya tenía mis manos en ella, seguidas de mi boca. Y, a menos de que la palabra "sí" fuera la misma en ruso que en inglés, saqué todos los pensamientos sobre ese tonto libro de su cabeza.

—Bueno, en definitiva, esa fue una buena bienvenida a casa —murmuró Chica Reed más tarde, cuando ambos estábamos sudorosos y sin aliento.

—No podía permitir que dudaras de mi hombría luego de leer ese estúpido libro —le dije, besando su cuello y haciéndola reír.

—La única hombría en ese libro es de la palpitante —dijo, riéndose—. Lo agarré cuando llegaste a la entrada. En realidad, estaba leyendo Orgullo y prejuicio.

Me giré para encararla.

—¿Sólo me estabas jodiendo?

Asintió, se veía complacida consigo misma.

—Sí. Fue divertido. —Le picoteé el costado y la hice chillar—. El libro era de mi mamá. En serio, es más viejo que nosotros. Es de 1989. —Arrugó la nariz—. No tengo idea de cómo llegó a mis cosas, pero luego hojearlo, ya no pude resistirme.

Claro que no. Se rio de mi mirada de incredulidad.

—Eres una mujer malvada, señora Cullen. Poniéndome así de exaltado.

Sonrió y acarició con sus dedos entre mi cabello.

—Te exalté y te cansé. Funcionó muy bien.

No podía discutir con sus resultados.

—Sí, terminó muy bien para ambos. —Toqué su mejilla—. Pero, ¿podrías por favor no leerle esa mierda a nuestra hija? ¿Ni siquiera como broma?

Se rio y me besó la nariz.

—Supongo que puedo aceptarlo.

Exhalé aliviado.

—Eres muy fácil, Cullen.

—Sólo para ti, Chica Reed.

Xoxoxoxox

—¡Ven, Edward! ¡Vamos!

Me reí cuando Chelsea se acercó a mí con las manos sobre sus caderas. Estaba más que emocionada.

—¿Puedo sacar primero a mi esposa del carro, niña?

—Supongo. Pero apúrate. —Golpeteó impacientemente con su pie mientras ayudaba a Chica Reed a bajarse del carro.

—Alguien está emocionada —murmuró Chica Reed, sonriéndole a Chelsea—. Gracias por invitarnos para ayudarte a elegir a tu gatito. También nosotros estamos muy emocionados.

—Mamá dijo que fue idea de Edward. ¿Lo fue?

Asentí.

—Claro, peque. Supuse que te vendría bien tu propia Rainbow. Tendrás que cuidarla muy bien y asegurarte de limpiarla, alimentarla y amarla, ¿lo sabes?

Chelsea asintió empáticamente.

—¡Lo sé! Ya hablamos de eso. Podrá dormir conmigo, pero sólo si me aseguro de darle de comer todos los días, y tengo que cepillarle el pelo y ayudar a limpiar su caja de arena. —Arrugó la nariz ante eso—. Creo que es mejor que tener que limpiarle a un perro que esté afuera. Al menos se seca en la caja.

Tuve que reírme, a pesar de que estaba de acuerdo. Había algo en la idea de recoger mierda fresca que me causaba asco. Gracias a Dios que Rainbow también enterraba sus mierdas.

—Estoy de acuerdo. ¿Deberíamos entrar?

—¡Sí! —Chelsea tomó mi mano y prácticamente me arrastró hasta sus padres.

—Se levantó a las cinco esta mañana, lista para venir por su gatito —me dijo Joyce, riéndose de la exuberancia de su hija. Era bueno verla sonreír de verdad.

—Gracias por incluirnos. —Chica Reed abrazó a Joyce y Steve—. El hermano de Edward eligió a Rainbow, así que en realidad nunca hemos venido al refugio a elegir una mascota. —Me lanzó una mirada—. Creo que nos va a resultar muy difícil salir de aquí sin uno para nosotros.

Considerando el hecho de que esos comerciales de animales la hacían llorar incluso antes de que llegaran las hormonas, sabía que era una tarea monumental. Pero sólo tenía que recordarle que Rainbow era un terror suficiente por sí sola, y sabía que evitaría la tentación. Tal vez algún día, cuando Dani fuera mayor, la dejaríamos elegir su propia mascota. Tal vez.

—¡Vamos, Edward! —Chelsea me estaba jalando hacia la puerta.

—Cálmate, peque. Hay suficientes gatitos esperándote ahí. No se van a ir a ninguna parte.

—¡Pero tengo que elegir al mejor! Tienes que ayudarme.

Le sonreí a mi esposa mientras mantenía la puerta abierta para todos.

—Bueno, sí tengo un gusto increíble. No puedes equivocarte si me escuchas.

Chica Reed se rio.

—No te lastimes al palmearte la espalda solo.

—No lo haré. Soy muy flexible —susurré mientras deslizaba mi brazo libre a su alrededor.

Chelsea nos guío hacia los gatitos. Había muchísimos. Me sentía mal por ellos al estar encerrados en sus pequeñas jaulas.

—¿Cómo eliges? —preguntó Chelsea, mirando a su alrededor con sus tristes ojos azules.

—Bueno, creo que los dejas a ellos elegirte. —Estiré una mano, y un gatito anaranjado agarró mi dedo a través de la jaula—. Ve cuáles te responden, y luego los sacas y vas hacia aquella área a jugar. —Señalé la sección donde estaba una familia jugando con un gatito negro—. Para ver con cuál encajas.

Chica Reed le sonrió a Chelsea.

—Debiste haber visto a Rainbow con Edward. En definitiva, ella lo eligió a él. En realidad, su hermano la compró para nuestra amiga Rose, pero Rainbow no se separaba de Edward. Se sentaba en su hombro y se aferraba con todas sus fuerzas si intentabas separarla de él.

Sonreí ante ese recuerdo.

—Es cierto. No tenía intención de tener un gato jamás, pero Rainbow lo cambió todo.

—Rainbow está a cargo. Nosotros sólo vivimos para servirle —dijo Chica Reed con una sonrisa—. Creo que básicamente así piensan los gatos.

—Eh, nos servimos el uno al otro —decidí, jugando con un gatito beige que estaba arañándome a través de la jaula.

Chica Reed soltó un suspiro anhelante.

La abracé.

—Tenemos suficiente en nuestros hombros por ahora, nena. Sé que apesta verlos aquí, necesitando casas.

Chelsea y sus padres avanzaron frente a las jaulas, viendo a los gatos grandes y a los pequeños mientras yo abrazaba a mi esposa.

—Tal vez no podamos tener otro justo ahora, pero podemos ayudar. Les haré un enorme cheque cuando nos vayamos.

—Bien. —Chica Reed sollozó en mi camiseta—. Es que me siento muy mal por ellos.

—Lo sé, nena. —Yo también me sentía así—. Tal vez podemos pedirles que usen algo del dinero para construir una enorme área de juegos, para que los dejen salir de sus jaulas, así podrán estirarse y divertirse un poco.

—Y podemos comprarles algunos muebles, como los que tiene Rainbow, para que escalen. —Sus lágrimas se habían secado y sonrió brillantemente—. Quiero hacerlo.

Tuve que sonreírle a mi esposa. Tenía el corazón más grande del mundo.

—Entonces eso haremos.

—Bien.

—¡Edward! ¡Ven aquí!

Chica Reed y yo nos dirigimos hacia la jaula que estaba señalando Chelsea. Dentro había un par de gatitos anaranjados y blancos con unos brillantes ojos azules. Eran casi idénticos; excepto que uno tenía patas blancas y el otro, naranjas.

—¡Mira! Se están peleando por mí.

Y sí lo hacían. Uno se ponía al frente, y el otro lo empujaba fuera del camino. Chelsea se reía con placer mientras ellos luchaban e intentaban llegar a ella.

—Tal vez deberíamos sacarlos —sugerí.

Joyce abrió la jaula, y Chelsea agarró a ambos gatitos, apurándose hacia el área de juegos.

Nos quedamos de pie juntos y miramos cómo ellos se ponían sobre ella, se le subían al regazo y peleaban entre ellos.

—Es como si estuvieran jugando al Rey de la Montaña o algo así —dije, riéndome con Chelsea cuando el de las patas blancas tumbo al anaranjado.

—Esta fue una buena idea —dijo Steve—. Gracias por pensar en ello.

—Será bueno para ella. Y espero que para todos. Deberían ir ahí y jugar con ellos —sugerí.

Steve y Joyce se unieron a su hija con los gatitos. Todos se reían y sonreían mientras los gatitos se subían encima, peleaban y jugaban.

—Edward, ¿qué son? ¿Niños o niñas? —preguntó Chelsea, riéndose cuando uno de ellos comenzó a tirar de su cierre.

Miré las tarjetas en la jaula.

—El de patas anaranjadas es un niño, el de patas blancas es una niña.

—Bien. Entonces, son como gemelos, ¿verdad?

Miré a sus padres intercambiar miradas de tristeza

—Bueno, no sé si así les dicen a los gatos, pero sí. Son hermano y hermana.

Chelsea frunció los labios y asintió.

—Eso pensé. ¿Puedo llevarme a ambos? —les preguntó a sus padres—. Son hermano y hermana, y no deberían ser separados. No cuando no hay necesidad de hacerlo.

Joyce tenía lágrimas en sus ojos.

—Oh, Chels, no sé. Es mucho trabajo.

—Yo los cuidaré. Se necesitan el uno al otro para jugar cuando yo esté en la escuela y ustedes trabajando. ¿Por favor? Son gemelos, como Danny y yo. No es justo separarlos cuando ambos están sanos.

Jódanme. Estaba listo para ofrecerme a pagar toda su comida y sus visitas al veterinario por el resto de sus vidas si sus papás decían que no. O, carajo, nosotros nos llevaríamos al otro y ella podría visitarlo cuando quisiera. Rainbow podría matarme, pero no iba a dejar que separaran a esos gatitos, no cuando ella se veía a sí misma y a Danny en ellos.

—¿Prometes cuidarlos bien? ¿Asegurarte de que siempre tengan agua fresca, comida, que vayan al veterinario a tiempo y todo lo demás? —preguntó su padre.

Ella asintió con los ojos bien abiertos.

—Sí, papi. Los cuidare, y ellos se cuidarán el uno al otro, igual que Danny y yo. Nos divertiremos mucho.

—Las mascotas son divertidas, pero también son una responsabilidad. Van a ser tuyos si decimos que sí —le recordó Joyce.

—Lo prometo. Por favor, ¿mamá? ¿papá?

Se miraron el uno al otro y asintieron.

—De acuerdo, entonces. Nos llevaremos a los dos.

—¡Edward! ¡Mira! ¡Los dos son míos! —Chelsea abrazó a los inquietos gatitos.

Me aclaré la garganta, quitándome el nudo que se había formado cuando mencionó a su hermano.

—Qué genial, Chels. Es mejor que pienses en nombres muy buenos.

—¿Cuál es el hombre del caballo de los Seminole? —preguntó, acercándose a mí y alzando a sus gatitos.

—Renegade. —Agarré al de patas blancas.

—Bien. Ese será su nombre. La llamaré Renny.

Sonreí.

—Renny, ¿eh? Es original. Me gusta. ¿Y qué hay de este pequeño? —pregunté, frotando la suave cabeza del gatito que ella sostenía.

—Será Eli, por mi antiguo jugador favorito.

¡Ja!

—Ahora que lo pienso, sí se parece un poco a Eli.

Estudió a su gatito.

—Sí, se parece.

—Renny y Eli son buenos nombres —le dijo Chica Reed.

—Gracias. ¿Pueden conocer a Rainbow?

Me reí.

—Algún día, claro. Sin embargo, no debemos traumatizarlos en su primer día en casa. Rainbow es muy dura con otros gatos.

—Le agradarán. Sé que así será. Debería tener un hermano. Podrían llevarse uno hoy.

—Tal vez algún día, peque. Rainbow tiene suficiente con que lidiar justo ahora, con la casa nueva y un bebé en camino. Descubrirás que a los gatos no les gusta mucho el cambio.

—Bien. Pero los míos se tendrán el uno al otro, así que estarán bien, ¿verdad?

Toqué su nariz.

—Se tendrán el uno al otro, y a ti. Estarán genial.

—Así será. —Se metió entre mis brazos, cuidando de no aplastar a sus gatitos—. Gracias, Edward.

—De nada, Chelsea. —Le susurré al oído—. ¿Sabes qué es lo que nadie te cuenta sobre las mascotas?

Negó con la cabeza.

—Son los mejores escuchadores que tienes. Puedes contarles todo cuando estás triste o molesta, y no le pueden decir a nadie más. Sólo estarán ahí para amarte y apoyarte.

—¿En serio? —retrocedió y me miró a los ojos—. ¿Harán eso?

—Oh sí. Rainbow sabe más sobre mí que cualquier otra persona, excepto por Bella. Renny y Eli pueden escucharte, si los dejas.

—¿Le cuentas secretos a Rainbow? ¿Y tus sentimientos?

—Oh sí, por supuesto. No es sólo una mascota. Es una de mis mejores amigas. —Me sentía un poco idiota al decirlo en voz alta, pero era la jodida verdad.

—Rainbow también es mi amiga. Y va ser amiga de Renny y Eli. Y ellos van a ser mis mejores amigos.

—Bueno, creo que ese suena como un muy buen plan, peque. ¿Por qué no nos dirigimos a la entrada para que puedas adoptarlos y hacerlos tus mejores amigos oficialmente?

—Bien, ¡vamos! —estaba de nuevo llena de energía, abrazando a sus gatitos contra sí—. Quiero mostrarles su casa.

Y se fue. Joyce se acercó y me besó la mejilla.

—Gracias por esta idea. Ella, bueno, ninguno de nosotros tiene muchas ganas de estar en casa sin Danny. Esta es la primera vez que la he visto emocionada por ir a casa desde antes de Navidad.

—Me alegra. Fue algo bueno de su parte llevárselos a ambos. Creo que ella lo necesitaba.

—Sí lo necesitaba. —Steve me palmeó la espada—. Es mejor que vayamos allá antes de que ella misma firmé la adopción.

Chica Reed tomó mi mano mientras los seguíamos a la entrada.

—Eso fue algo bueno, Cullen. Muy bueno.

—¿Crees que vamos a poder decir que no cuando Dani quiera adoptar un par de gatitos? —pregunté.

Chica Reed se rio.

—Demonios, no. Tendremos que dejárselo a Rainbow. Ella será más dura que nosotros.

Tan cierto. Probablemente Rainbow debería estar a cargo. Era la más fuerte de nosotros.