Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: FungysCullen13 y Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Capítulo 44
—Y si el esquinero muestra blitz, marcas al hot read. ¿Entendiste eso, Dani? El hot read.
Las risas de Chica Reed causaban cosquillas en mi cara, donde mi mejilla estaba recostada sobre su vientre.
—¿Qué rayos le estás leyendo a nuestra hija?
Besé su vientre y le lancé una sonrisa.
—Mi libro de jugadas. Sólo repasamos un poco mientras esperamos. —Mientras hablaba, Dani pateó donde estaba recostada mi cabeza sobre su madre—. Le gusta.
Chica Reed metió sus dedos entre mi cabello.
—Le gusta escuchar tu voz, no tu aburrida charla sobre fútbol.
Le sonreí.
—Le gusta más que las mierdas que le estabas leyendo sobre Vlad y su palpitante miembro. De seguro la asustaste. Probablemente no quiere salir por temor a esos lujuriosos rusos.
Mi esposa se rio como loca.
—Su nombre era Vaslov. Y ella va a salir justo a tiempo, en poco más de un mes. Gracias a Dios.
Un mes hasta convertirme oficialmente en padre. La fecha del parto se había corrido un poco, para principios de mayo, ya que el primer doctor de Chica Reed era un estúpido. Sabía que ese tipo era un fraude. Gracias a Dios que Chica Reed ya estaba aquí con una maravillosa doctora que era más inteligente. Mucho mejor.
Le lancé una mirada a Chica Reed.
—Creí que no habías leído más que ese pequeño párrafo, pero es claro que te grabaste bien ese nombre.
—Puede que haya sentido curiosidad y haya leído un poco más.
Sonreí por eso.
—¿Cuánto más? Ese libro tenía como mil páginas. —Mil páginas de lujuria. Justo lo que le gustaba a Renée.
Chica Reed se sonrojó. Jodidamente gracioso.
—Leíste todo el libro, ¿no?
—Bueno, ¡es que me dio curiosidad! Primero necesitaba leer la escena de sexo porque tenía que leer el acto luego de la seducción. Luego quería saber qué pasaba con ella.
Me reí mientras me sentaba para besarla.
—Lee todo el sexo que quieras, Chica Reed. No me molesta. Especialmente si eso te enseña algo nuevo que podamos hacer.
Bufó.
—Como si pudiéramos hacerlo ahora. Soy una vaca.
—No eres una vaca.
Pero tenía razón en cuanto a la experimentación sexual. Esos gloriosos días de hormonas del sexo ya habían pasado. Todavía podíamos hacerlo, pero era más difícil ahora y ciertamente ella ya no estaba tan interesada como antes. El libro decía que era normal, pero no me gustaba.
—Estoy gorda y me siento incómoda, ya estoy lista para que ella salga de mí.
Carajo. En sus ojos se estaban formando lágrimas que no eran de las felices. Hora de arreglarlo.
—Eres hermosa, siempre.
Sollozó por eso.
—Y claro que te sientes incómoda. Pero no llores, nena. Ella llegará pronto. Y no quieres tener la cara hinchada cuando lleguen todos, ¿verdad?
—¿Qué me importa? Estoy embarazada. Tengo permitido llorar si quiero.
Estaba haciendo un puchero muy bonito, pero no quería que se convirtiera en todo un festival de sollozos. Podía pasar en cualquier segundo. Claramente el último mes del embarazo era el más peligroso para los futuros papás.
Jodido infierno.
—Sí, pero si lloras, mamá pensará que yo hice algo para molestarte. Y Rubia me pateará el trasero. ¿En serio quieres que me golpee nuestra familia cuando no he hecho nada malo?
—No. Supongo que no. —Se limpió los ojos mientras yo soltaba una carcajada.
—¿Supones que no? Gracias, Chica Reed. Estoy sintiendo el amor.
Me jaló a ella, lo más cerca que podía pegarme, lo cual no era para nada suficiente en estos días. Nuestra hija estaba creciendo mucho. En los malos momentos, Chica Reed también me culpaba por eso; como si fuera mi culpa que la bebé fuera alta. Demonios, probablemente sí lo era. La niña tenía genes Cullen. Era muy afortunada, algo que le recordaba a Chica Reed cuando comenzaba a ponerse enojona.
—Lo siento. Sabes que te amo. Es que me siento tan malditamente incómoda. —Se movió tanto como podía sobre nuestra cama.
La ayudé a sentarse.
—Lo sé, nena. Pero estás a punto de ser cuidada y consentida más allá de lo imaginable durante los siguientes días. Mi mamá no te dejará levantar ni un dedo durante todo el fin de semana.
—Tal vez. Pero tú no estarás aquí.
Eso era jodidamente cierto. Pensaba que estaba llevando bastante bien toda esta cosa de la paternidad, al menos en comparación a cómo había estado hacía seis meses. Pero la única cosa que no iba a hacer, y que nunca haría, era asistir a un jodido baby shower. Al carajo con eso. Díganme sexista, díganme cabrón, díganme lo que quieran, pero eso era para chicas. Punto. Final de la historia. Esa era mi historia y me iba a apegar a ello.
—Chica Reed, sabes que también te amo. Y sabes que haría cualquier cosa por ti. Cualquier cosa menos asistir a un baby shower. No quiero estar ahí, y si lo piensas bien, dudo que me quieras tener ahí.
Frunció los labios unos segundos antes de soltar una risita.
—Supongo que tienes razón. No quiero que escuches historias de partos y estés asustado durante las últimas semanas que nos quedan.
Exacto. Escuchar historias de horror sobre bebés no le haría nada bien a mi mente, la cual estaba un poco más positiva en estos días.
—Síp. Y en realidad no me quieres abriendo mierdas como sacaleches y contenedores para pañales. —Ella se había registrado para ambas cosas, afortunadamente—. Ni quieres que Emmett y Jasper estén cerca, ¿o sí?
No podía pensar en algo peor que mi hermano en un baby shower. Y Jasper probablemente daría consejos al azar sobre lactancia o algo así. Sólo Dios sabía cuando se trataba de él. Tenía mierdas de las raras en su cabeza.
—Buen punto. Eso no sería bueno. —Mi esposa me sonrió—. Es sólo que te extrañaré.
—También te extrañaré. —La besé gentilmente—. Pero es la última vez que nos separaremos hasta después de que nazca Dani. Y le debo a Jasper el fin de semana de chicos.
—Lo sé. Él y Emmett están muy emocionados. —Sus labios se torcieron—. No puedo esperar para saber cómo les fue.
Me encogí de hombros.
—Es sólo Atlantic City. Apostaremos y quizás tomaremos un poco si ellos quieren.
Chica Reed acunó mi mejilla.
—Sabes que también puedes tomar. No estaré ahí para sentirme excluida y quiero que te diviertas.
Negué con la cabeza.
—Puede que me tome uno o dos tragos, pero no me voy a emborrachar. No tiene sentido si mi esposa no está ahí para divertirnos.
Eso la hizo sonreír.
—¿Sí? ¿Todavía quieres divertirte conmigo aun cuando estoy tan grande como una casa y hormonal? Debe ser amor.
—Sí. —La besé con fuerza—. Lo es. Y te mostraría cuánto quiero divertirme contigo si no fueran a tocar en nuestra puerta en cualquier momento.
Se rio y se acurrucó conmigo.
—Tendremos que agendar la diversión para cuando se vayan.
—Me parece bien, nena. —Tal vez las hormonas de sexo no se habían ido por completo. Gracias por eso—. En el momento en que los veamos irse, voy a saltar sobre ti. Y al carajo con la agenda. Graba eso con tinta permanente.
Chica Reed sonrió.
—Considéralo hecho. —Suspiró y se removió—. Ahora, ¿me ayudas a levantarme? Deberíamos bajar porque tienes razón, estarán aquí pronto.
Me paré y la jalé a sus pies. Estos días estaba teniendo problemas con su balance. En secreto pensaba en ella como uno de esos juguetes que se tambaleaban que tuve de niño. Aunque era lo suficientemente inteligente para no decir esa mierda en voz alta.
—¿Me ayudarías a ponerme los zapatos? —preguntó, mordiéndose el labio.
Me apuré a hacer lo que me pidió. La semana pasada, luego de sus clases de música, rompió en llanto porque usó dos zapatos que no eran par. Al parecer, se rio de ello en la clase, pero cuando llegó a casa esto se convirtió en la ciudad de las lágrimas. Había estado segura de que ya no la amaba porque no había notado sus pies cuando salió de la casa. Desde entonces, me había encargado de asegurarme de que sus zapatos fueran par antes de que ella saliera, a pesar de que se disculpó por estar loca y pensar en algo tan estúpido en primer lugar. La amaba más allá de las palabras, incluso si en estos días estaba un poco loca. Demonios, siendo honesto, la mayoría de las mierdas por las que ella se alteraba eran muy graciosas.
—Ahora mismo, nena. —Agarré unos zapatos y sostuve sus manos mientras se los ponía.
—Gracias. Eres muy dulce al aguantarme.
Me reí y la abracé.
—Tú has aguantado cosas peores de mi parte durante los últimos años. Y tengo parte de la culpa por el estado en el que te encuentras.
Se rio.
—Parte, ¿eh?
—Hacen falta dos para bailar tango, nena. Tú olvidaste las píldoras, así que eso es tuyo. Yo tengo súper esperma, así que eso es mío. Responsabilidad del cincuenta-cincuenta. —Algo así. En realidad, creía que el porcentaje era mayor en su caso, pero no iba a decir mierdas que la fueran a molestar. Las embarazadas eran como bombas listas para explotar a cualquier hora y en cualquier lugar. No gracias. Hoy no.
—Piensas que es más mi culpa, ¿no? —preguntó, sonriendo.
Negué con la cabeza.
—Nop.
—Sí, sí lo piensas. Sólo que no quieres hacerme llorar de nuevo.
No iba a morder el anzuelo. Estaba intentando hacerme decir algo estúpido. Las embarazadas eran así de ingeniosas. Pero yo era demasiado genial para esa mierda.
—No creo que se trate de culpas, nena. Puede que Dani no haya sido planeada, pero ciertamente no es un error o algo por lo que alguno de nosotros deba asumir la culpa. Ella es un regalo.
Síp, lo logré. Y justo así, las lágrimas regresaron. Pero eran de felicidad. Ahora ya podía distinguirlas. La abracé y la dejé llorar.
—Sí que es un regalo. Nuestro milagro.
—Ustedes dos son mis milagros.
Alzó la cabeza y la besé.
—Te amo. Tú eres mi milagro —me dijo cuando nos separamos.
—También te amo. —Limpié las lágrimas de sus mejillas—. Ahora, ya no más llanto hasta que la familia llegue aquí.
Chica Reed se rio.
—Entonces, ¿tengo que mantener la compostura por los siguientes diez minutos? Será pan comido.
—¿Estás segura de ello, nena? —En serio, en estos días eso no era nada seguro.
Eso me hizo ganarme una nalgada, pero al menos se estaba riendo.
—Sí. Eso es lo menos que voy a tardar en bajar las escaleras.
Me reí y la cargué.
—Nop, tendrás que pasar esos diez minutos de otra forma. Te tengo.
Se acurrucó en mí mientras la cargaba fuera de la habitación.
—Sí, así es.
Xoxoxoxox
Abrimos la puerta juntos, aunque sabía que iba a ser invisible en el instante que todos pusieran los ojos en Chica Reed. En efecto, mamá me ignoró totalmente para lanzar sus brazos alrededor de mi esposa.
—¡Bella! ¡Mírate! ¡Estás verdaderamente radiante! ¡Estás tan hermosa! ¿Y cómo está mi maravillosa nieta hoy? Hola, Dani. Soy tu abuela Esme. No puedo esperar hasta que estés aquí. ¡Sólo descansa ahí y prepárate para toda la diversión que vamos a tener juntas!
Sí, mi madre estaba arrullando en el estómago de Chica Reed. Sin embargo, no podía decir mierda. Yo le hablaba a Dani todo el tiempo en estos días. El libro decía que era algo bueno. También había leído algunos estudios que decían que ella ya estaba aprendiendo ahí dentro, así que hablarle era importante. Otra razón por la que mi esposa no necesitaba estar leyéndole libros obscenos. ¿Quién sabía lo que ella podría estar reteniendo? Era una posibilidad que no estaba dispuesto a tomar.
—¡Edward! —Al menos alguien estaba feliz de verme. Por supuesto ese alguien era Jasper, pero a buen hambre no hay pan duro. Le di un medio abrazo, ya que él estaba cargado con maletas y regalos. Mi hermano estaba en el mismo estado.
Claramente, mi madre había estado ocupada. No que eso fuera una novedad. Parecía que día por medio recibíamos paquetes llenos con cosas para bebés. Podíamos tener veinte bebés y probablemente no usaríamos todas las cosas que ya teníamos. Mi mamá estaba loca.
—Edward, hay más cosas en el auto. —Ese fue el reconocimiento de mi madre para mí. Lindo.
—Ya sabes, ella no se embarazó sola. No habría un bebé sin mí. Podrías al menos decirle hola a tu propia carne y sangre —murmuré mientras caminaba hacia el auto alquilado. Ella me había amado una vez. Claramente eso sólo fue por mi potencial para darle un nieto. Ahora que ella tenía una, yo sobraba.
Agarré más bolsas de regalos y otra maleta del baúl. Estaba más que un poco alarmado por la cantidad de mierda que trajeron con ellos. Estaban planeando irse en unos días, ¿verdad? No íbamos a ser invadidos hasta que Dani llegara, ¿verdad?
Me giré y tuve que parar antes de chocarme con mi mamá.
—¿Qué? Lo tengo.
—Ya sabes que te quiero y que estoy feliz de verte. Siempre serás mi bebé. —Mamá me dio un beso en la mejilla ya que no podía defenderme con las manos llenas.
—Sí, sí. Ya veo dónde estoy en tu jerarquía. Es Bella, la bebé, cosas de bebé, bolsas, Edward. —Tenía derecho a darle mierda ya que ella me había ignorado.
Mamá se rio.
—Nunca te gustó compartir, ni siquiera cuando eras niño. Pero lo siento. Admito que me entusiasmé un poco con mi primera nieta.
—¿Un poco? —pregunté, levantando el puñado de bolsas.
—Mucho. Lo tengo permitido. Las abuelas consienten a los nietos. Pero no me olvidaría de mi hijo. Una de esas bolsas contiene mis famosos brownies de doble dulce, junto con mis galletas con chispas de chocolate.
No mierda.
—¿Cuál? —Entonces me golpeó—. ¿Son para mí... o para Bella?
Mamá sacudió la cabeza y tomó la bolsa azul.
—Esta. Y son para los dos. Tus días de ser un egoísta acaparador de dulces han terminado. Sólo espera hasta que Dani te los quite.
Tenía que admitir que estaba ansioso por ese día.
—Compartiré con Bella y la bebé. No con Emmett.
Mamá se rio.
—Entonces sugiero que escondas esa bolsa en algún lado. Él no sabe de eso o no hubieran sobrevivido el vuelo.
Buen punto. Me apresuré adentro, tirando todo menos la bolsa azul en el pasillo. Corrí abajo y escondí esa mierda detrás de los libros, porque estaba bastante seguro que era el último lugar donde Emmett buscaría algo. No hacía falta decir que él no era un gran lector. Por supuesto, me comí un par de brownies antes de volver a saludar a nuestros invitados.
—Edward, ¿dónde estabas? —Chica Reed envolvió sus brazos a mi alrededor.
—Sólo guardando algo, nena. No es gran cosa.
Sus ojos se estrecharon y olfateó.
—¿Por qué hueles com...?
Le di un gran beso antes de que pudiera terminar su pregunta.
—Demonios, hermano. Sabemos cómo terminaste en esta posición. No necesitas hacer una recreación enfrente de tu familia.
Le enseñé el dedo a mi hermano cuando terminé el beso con Chica Reed.
—Mamá nos trajo brownies y galletas. Emmett no sabe. Los escondí detrás de tus libros de Austen —susurré en su oreja, mordiéndole el lóbulo sólo para hacer parecer como que no podía mantener mis manos fuera de ella. Bueno, no podía, así que no era una actuación. Y ella nunca podría cuestionar mi amor por ella de nuevo, en lo que a mí respectaba. Compartir mi chocolate con ella debería ser prueba suficiente.
Chica Reed se rio.
—Lo entiendo —murmuró de vuelta—. Tenemos que almacenar, ya que vamos a estar separados por un par de días.
—¿Todavía no salen de la etapa de luna de miel? —preguntó Rubia. Ella envolvió sus brazos a mi alrededor en un abrazo—. Hola, Edward.
—Hola, Rubia.
También recibí un abrazo y un hola de Pequeña.
—Es lindo finalmente recibir algo de atención.
Todos rieron.
—Claro, has sido tan carenciado toda tu vida. —Rubia puso una mano en el vientre de Chica Reed—. No puedes culparnos por estar un poco más concentrados en la pequeña.
Sonreí.
—Sí, lo entiendo.
—Ahora que todos han dicho hola, ¿qué tal si nos muestran el cuarto de la bebé? —preguntó mamá—. He visto fotografías, pero quiero verlo en persona.
—Sí. Necesito ponerme a trabajar. —Jasper corrió afuera para conseguir algo mientras nosotros conducíamos a todos arriba.
Las exclamaciones que Emily y Kim habían hecho por la habitación se repitieron cinco veces más altas con mi mamá y Pequeña exclamando por todo.
—¡El piano! Es la cosa más linda que he visto. —Mamá me abrazó—. Hiciste un trabajo increíble, Edward.
Era más que eso. Le sonreí.
—Bueno, no es la monstruosidad rosa que probablemente tienes en tu casa, pero creo que es bastante increíble.
—No es toda rosa —resopló mamá—. Usé mucho violeta también. ¡Es justo que ella consiga algo femenino! Esta podría ser la habitación de un niño.
—Con unos osos menos, quizás —dijo Rubia—. Sin embargo, creo que es fantástica.
—¡Lo es! —acordó mamá con rapidez—. Sólo digo que es muy neutral de género excepto por el piano.
—Me encargaré de eso —anunció Jasper, entrando a la habitación con una maleta gigante. La dejó caer, abriéndola, y revelando un montón de elementos de arte—. Tengo planes.
—Uhhh —comencé, pero Chica Reed me apretó la mano.
—Estamos ansiosos por ello, Jasper.
Antes de que pudiera protestar, ella se inclinó hacia mí.
—Alice me envió una fotografía de lo que él estaba diseñando. Es genial. Confía en mí.
Y lo hice. Así que dejamos a Jasper con su trabajo. Siempre podía hacer que pintaran encima si él lo jodía.
Pasamos el rato y hablamos. Abrimos algunos de los regalos que eran "sólo porque sí" más que relacionados con el baby shower. Mi mamá estaba jodidamente loca. Había conseguido un móvil para la cuna que coincidía completamente, junto con más ropa. Mi niña probablemente nunca iba a tener que usar el mismo atuendo dos veces entre toda la mierda que le habíamos comprado y lo que el baby shower le traería.
Jasper trabajó durante el almuerzo, y finalmente nos llamó arriba. La puerta estaba cerrada, y en el frente de ella, había pintado "Los dominios de Dani" en letra cursiva rosa, con unas coloridas mariposas volando alrededor de las palabras.
—¡Oh, Jaspy! ¡Me encanta la puerta! —exclamó Pequeña, plantándole un gran beso.
Tenía que admitirlo, lucía bien.
—Es realmente genial, Jasper.
Chica Reed, por supuesto, lloró y le dio un gran abrazo.
—Es hermosa.
Jasper sonrió.
—Me alegro que te guste. Y ahora, ¡les presento Los dominios de Dani!
Empujó la puerta y todos entramos en fila. Tenía que admitir que era bastante impresionante. Había pintado un oso gigante en la pared, poniéndole un moño rosa y un vestido así no era completamente igual a Bob. El oso estaba jugando con un gato que lucía exactamente como Rainbow, hasta en los ojos dorados. La pared sobre la cuna tenía un arcoíris curvándose sobre la cabeza del oso. Los colores desaparecían en algunas flores.
Y la cosa más genial, al menos ante mis ojos, eran las notas musicales que había pintado en la pared sobre el piano. Eran llevadas por mariposas como las que estaban en la puerta.
—Entonces. Eso es todo. Quiero decir, puedo hacer más, pero pensé en mantenerlo sencillo. Si hay algo que no les gusta... —Se metió las manos en los bolsillos, luciendo nervioso como el infierno.
—Es hermoso —susurró mi esposa, las lágrimas corriendo libremente por su cara otra vez.
—Lágrimas de felicidad —anuncié cuando Pequeña, Rubia y mi mamá comenzaron a preocuparse por ella—. Es increíble, hombre. Gracias. —Comencé a extender una mano hacia él, pero mierda. Sabía lo que Jasper quería. Así que le di un abrazo.
—¿De verdad te gusta? —preguntó, sonriéndome—. ¿No estás diciéndolo por decir?
—Es genial, de verdad. Es definitivamente más femenino, pero de una buena forma. A Dani le va a encantar.
—¡Es fantástico! —Mi mamá tenía esa mirada en sus ojos. Sabía lo que significaba—. Tendremos que reunirnos para hablar sobre la habitación que tengo en casa para ella. ¿Cómo te llevas con los castillos?
Jasper se rio entre dientes.
—Probablemente puedo hacer uno. Trabajaremos en ello.
Chica Reed lo abrazó.
—Me encanta. Muchas gracias. Es aún más perfecto de lo que imaginé. ¡Eres tan talentoso!
Él le devolvió el abrazo.
—Me alegro que te haya gustado.
—Él lo ha estado perfeccionando por meses, lo juro —nos dijo Pequeña, bailando alrededor de la habitación—. ¡Es tan genial, Jaspy!
—Sí, creo que vamos a tenerte haciendo las habitaciones de nuestros niños, cuando suceda —añadió Emmett rápidamente ante las cejas alzadas que estaba consiguiendo.
—Me encantaría —prometió Jasper. Juraba que él tenía el mismo brillo de la maternidad que Chica Reed. Sin embargo, no podía culparlo. Él anotó en grande con esto. Le debía un gran momento por la alegría que vi en la cara de mi esposa.
—Todo va por mi cuenta este fin de semana —le dije—. Gracias por esto. De verdad. Es más que increíble.
Jasper sonrió.
—No le diré que no a eso.
—Hablando de eso, tenemos que ponernos en camino —bramó mi hermano—. Señoras, las veremos en dos días.
—Demonios, Em, danos unos minutos para juntar nuestra mierda.
Mamá me golpeó en la nuca.
—¡No enfrente de la bebé!
Chica Reed se rio.
—Ya me he resignado al hecho de que ella probablemente sabrá todas las malas palabras antes de saber nuestros nombres.
La jalé a mis brazos.
—Las he reducido, nena. ¡Tienes que admitirlo!
—Sí, lo has hecho. —Me besó suavemente—. Ve. Diviértete y dale a Jasper lo que quiera este fin de semana. Se lo merece.
La sonrisa en su cara me puso un poco nervioso.
—Dentro de lo razonable, nena. Algunas cosas, y personas, no están en el menú.
Jasper estalló en carcajadas.
—Tengo lo que quiero. —Puso un brazo alrededor de Pequeña—. Pero no le diré que no a un fin de semana de primera clase.
—Eso puedo proporcionarlo. Pongámonos en marcha.
Xoxoxoxoxox
—¡Qué fin de semana! —Jasper sonrió al dinero que había recibido del cajero antes de meterlo en su billetera. Él definitivamente tenía razones para sonreír. Había ganado dos grandes jugando póquer. No sabía si él era un erudito en secreto o si usaba sus talentos psíquicos para leer a sus oponentes o qué, pero había hecho mucho dinero.
Tampoco me podía quejar. Había ganado un grande. Emmett había perdido unos cientos. Sin embargo, habíamos pasado un buen momento; eso era lo importante.
—¿Entonces crees que podemos dirigirnos a casa ahora o piensas que todavía están perdidas en la tierra de los bebés? —preguntó mi hermano mientras nos conducía a la carretera.
—Creo que mamá va a estar en la tierra de los bebés mientras seamos capaces de procrear —murmuré, haciendo reír a todos.
—Mierda, hermano. No sabes la mitad de eso. Ella ya tiene la casa equipada. Si necesitas una niñera para los próximos años, mamá es tu mujer.
¡Lo sabía!
—Ella va a secuestrar completamente a mi hija, ¿verdad?
Emmett soltó una carcajada.
—No lo descartaría. Sin embargo, no te preocupes. Papá la delatará después de un par de semanas.
Me reí.
—Sólo tomaría un par de segundos descubrir quién lo hizo en ese caso.
—Ella sólo está emocionada. Todos lo estamos. —Jasper sonrió soñadoramente—. ¿Quién no quiere un pequeño y lindo bebé para abrazar?
Cristo. Jasper y sus abrazos. Esa mierda nunca cambiaría, incluso si ya no se drogaba.
—Es difícil creer que sólo estamos a un mes. —Estaba haciendo la cuenta regresiva de los días en este punto. No estaba incómodo como Chica Reed, pero estaba tan listo como ella para traer a nuestra hija al mundo.
—¿Estás listo? —preguntó mi hermano, sacándome de mis pensamientos.
—Por supuesto. Estoy más que listo para tenerla aquí. Y Chica Reed se muere de ganas.
Mi hermano se rio.
—Sin duda. Ella se ve lista para explotar.
—No le digas esa mierda a ella. Lo juro por Dios, si la haces llorar, te patearé el trasero.
—Tranquilízate, hermano. No molestaré a Bella. Rosie lo patearía por ti, de todas formas.
Eso era verdad. Rubia era más mala que yo, también. Bueno saberlo.
—Además, no me refería a eso. Me refería a, ¿tomaste la clase de parto y esa mierda?
Dios. El horror.
—No hagas a mi mente regresar a eso. —El video. Que Dios me ayude.
Emmett se rio.
—¡Deberías ver tu cara!
Jasper se inclinó para mirarme.
—Es natural, ya sabes. Y realmente hermoso, el proceso de nacimiento.
—No es hermoso. Es espeluznante. Nada en un ser humano debería estirarse de esa forma. Y hay sangre y fluidos y... mierda. Ni siquiera quiero pensar en ello. —Cerré los ojos y traté de borrar la imagen mental—. Tenemos la mierda de la respiración lista. Y nuestro plan de parto establecido.
Chica Reed iba a recibir los calmantes. Estaba bastante seguro de que ella habría estado dispuesta a ir sin ellos, pero por mi cordura, había aceptado que ese era el camino a seguir. Los dos sabíamos que no sería capaz de soportar verla con dolor, incluso si era para traer a nuestra hija al mundo. Íbamos a tener una habitación privada y Dani se quedaría ahí con nosotros. No la iba a dejar fuera de mi vista. Había muchas historias de horror sobre bebés cambiados y secuestros.
—Está bien, entonces tienes eso resuelto. Eso es bueno.
Charlamos durante la mayor parte del viaje y comencé a ponerme ansioso por llegar a casa con mi esposa. Así que cuando mi hermano se pasó la salida hacia mi casa, yo no estaba contento.
—¿Qué mierda, Em? Te perdiste la salida.
—No, no lo hice. —Mi idiota hermano me sonrió—. Tenemos una sorpresa para ti.
—¡Va a ser tan genial! —Jasper me golpeó en la espalda desde el asiento trasero—. En realidad es un regalo de todos. No te preocupes. Chica Reed sabe.
¿Chica Reed sabía? ¿Qué mierda estaba pasando?
Mi hermano finalmente salió de la carretera y siguió el GPS a dónde mierda me estaban llevando. Se estacionó afuera de un edificio como los de YMCA.
—¿Qué es esto? —pregunté cuando salimos del auto.
—¡Bienvenido al campamento de papás primerizos! —Jasper lanzó su brazo a mi alrededor—. Todos vamos a aprender qué hacer una vez que de verdad tengas al bebé.
Al carajo con esto.
—Tonterías. ¿Qué es esto en realidad?
Mi hermano sonrió maniáticamente.
—¡De verdad! Vamos a aprender cómo cambiar pañales, darle al bebé un baño, hacerlo eructar, toda esa mierda. No te hicimos una despedida de soltero, así que vamos a hacer esto.
Ni siquiera sabía qué hacer con esta información, pero me estaban arrastrando adentro de todas formas.
—¿Crees que esto compensa no tener despedida de soltero? —De hecho, yo no había querido una, ¿pero pañales versus estríperes? De alguna forma no parecía un cambio comparable.
—¡Va a ser impresionante; ya verás!
Emmett estaba ridículamente emocionado por todo esto. No pude evitar preguntarme si el comentario irónico de Chica Reed sobre tener un fin de semana divertido había sido refiriéndose a este preciso momento. Tenía el presentimiento de que lo era. Astuta chica embarazada.
Entramos al área del gimnasio, donde una mujer inmediatamente nos saludó lanzando unas muñecas en nuestros brazos.
—¡Cullen, fiesta para tres! —gritó mi idiota hermano. Por supuesto, todas las personas en el lugar dejaron lo que estaban haciendo para mirar nuestros traseros.
—Lleven a sus bebés a la primera área, donde están las mesas. Ahí es donde aprenderán a cambiar pañales.
Mierda. A pesar de que sabía mejor, esperaba evitar toda la parte de cambiar pañales de ser padre. Quiero decir, teníamos una niñera lista y ese parecía que debía ser su trabajo. Chica Reed había encontrado a la señora Harris cuando había estado entrevistando profesoras jubiladas para la fundación. Ella recientemente había enviudado y sus hijos se habían graduado hacía poco de la universidad. Le encantaban los niños, sabía de música y no intentaría un movimiento conmigo, que eran los tres requisitos principales en el libro de Chica Reed.
—Esto es increíble —gritó mi hermano, dejando caer a su bebé en el cambiador con un ruido sordo.
—No es así como acuestas a un bebé —corrigió Jasper de mal humor. Y que me condenen si él no puso suavemente su muñeca en la mesa, deslizando la mano desde debajo de la cabeza hasta el final.
—Muy bien —le dijo la instructora más cercana antes de lanzarle a mi hermano una mirada fulminante.
Acosté a la mía de la misma forma que Jasper, porque no quería ser regañado. La instructora hizo una demostración de sacar el pañal, limpiar, poner talco y volver a poner el pañal varias veces antes de liberarnos.
—¡Pan comido! —bramó mi hermano antes de arrancar el pañal de su muñeca. Limpió y después echó medio envase de talco en el niño—. Ups. —Usó el pañal desechado para limpiarlo un poco, lo que incluso yo sabía que no era higiénico, y después quitó el pañal—. Ves, hermano, esto es fácil como el infierno. —Y diciendo eso, despegó la cinta, rompiendo el pañal.
—Sí, muy fácil —murmuré.
—Lo es —acordó Jasper. En efecto, él sacó el pañal, limpió, echó talco y puso uno nuevo sin siquiera sudar.
—Tienes una técnica maravillosa —lo felicitó la instructora.
—¿Qué demonios? ¿Ya tomaste esta clase? —preguntó mi hermano.
Mientras estaban discutiendo, yo saqué el pañal e hice la limpieza.
—Me parece que ya que es una niña, no debería tener que cambiarla. ¿Eso no es raro? —No debería estar tocando sus partes de chica, aunque fueran partes de bebés.
—¿Estás diciendo que si tienen un niño la próxima vez, Bella no lo cambiará y tú harás todo? Ella podría estar de acuerdo si ese fuera el caso, pero creo que te pateará el trasero si lo sugieres. —Mi hermano sonrió—. Me gustaría verte intentarlo.
—No, gracias. —No era tan tonto para decirle eso en voz alta a mi esposa.
Eché un poco de talco y puse el pañal debajo de la muñeca, enderezándolo de la forma que ella había mostrado, lo metí y después pegué las cintas. Mi pañal no se veía tan perfecto como el de Jasper, pero se quedaba en su lugar, así que eso era una victoria en lo que a mí respectaba.
—Bien. —No recibí "la técnica maravillosa" como Jasper. Demonios.
—Por supuesto, cuando se trata de un bebé real, puede ser mucho más difícil. El bebé se mueve y debe ser sostenido y vigilado todo el tiempo en el cambiador.
Mi hermano se ganó otra mirada, ya que su bebé estaba peligrosamente cerca del borde de la mesa.
—Fíjense detrás de su bebé y presionen el interruptor —nos dijo.
Lo próximo que supe, la condenada muñeca estaba llorando y moviéndose. La de Emmett cayó al piso, gran sorpresa.
—¡Emmett! ¡Vas a conseguir que nos echen! Esta fue tu idea. ¡Hazlo mejor! —siseó Jasper. Por supuesto ese hijo de puta ya tenía a su bebé sin pañal y estaba comenzando el proceso de limpieza.
Sostuve mi muñeca lo mejor que pude mientras se movía y lloraba. Saqué el condenado pañal e hice la limpieza y puse el talco bastante decentemente. Quiero decir, no estaba genial, pero al menos no era como el trabajo de mierda que Emmett había hecho. Pero poner el pañal de nuevo con piernas sacudiéndose era un dolor en el trasero. Finalmente conseguí pegar las estúpidas cintas, pero el condenado pañal estaba prácticamente colgando del niño.
—Es por esto que tengo niñera —dije con los dientes apretados mientras trataba de arreglarlo.
El de Jasper estaba perfecto, por supuesto.
—De verdad, ¿cómo sabes hacer esto? —pregunté cuando finalmente tuve al estúpido pañal de alguna forma ubicado.
—Vi videos en línea —me dijo con calma—. Quiero ser un buen tío, y un día, un buen papá.
—Te daré diez dólares por cambiar a esta —dijo Emmett, sosteniendo a su muñeca por el cuello.
La instructora se acercó y se la quitó.
—Si no puede tomar esta clase con seriedad, no tiene que participar.
—¡Lo siento! Seré serio. Quiero ser capaz de cambiar a mi sobrina. —Emmett consiguió su muñeca de nuevo pero con una advertencia de que la próxima vez que la cagara sería la última.
—No vas a tocar a tu sobrina a este ritmo —le advertí.
—Puedo hacer todo menos cambiarle el pañal. Mira. Voy a ser genial con el asiento de seguridad.
Tuve que reírme. ¿Quién habría imaginado unos años atrás que estaríamos aquí? Todos habíamos recorrido un largo camino desde fiestas de cerveza y botineras. Y aunque la muñeca estaba llorando en mis brazos y moviéndose, no cambiaría esto por nada. Paternidad, aquí voy.
Y comenzamos con los nuevos capítulos...
¡Esperamos que lo hayan disfrutado y que nos cuenten sus opiniones en los comentarios!
Les recordamos que las actualizaciones ahora serán los domingos.
¡Hasta el próximo capítulo!
