Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: Yanina Barboza y Flor Carrizo

Beta: Flor Carrizo y Yanina Barboza


Epílogo

Lo primero que noté cuando abrí la puerta de mi casa era que estaba demasiado silenciosa. Mi casa era muchas cosas, pero silenciosa no era una de ellas.

—¿Dónde está todo el mundo? —llamé.

Pronto se escucharon pasitos y sonreí cuando Rainbow llegó por la esquina. Ella era tan confiable como siempre. Teniendo casi dieciocho años de edad, ella no era tan ágil como solía ser, pero todavía hacía cosas geniales a fin de cuentas. En lugar de lanzárseme, se plantó a mis pies así la alzaba. Tan pronto como lo hice, se acurrucó en mi hombro.

—¿Todos te abandonamos, Rainbow? No me culpes. En realidad estoy en casa temprano por una vez.

El entrenador Klein nos había dejado salir de la práctica una hora antes porque había estado muy complacido con nuestro desempeño. Esa mierda nunca hubiera pasado si el entrenador Coughlin no se hubiera jubilado. No había forma, de ninguna manera. Pero el tiempo avanzó, para todos nosotros.

El fútbol era raro este año. Sammy se había retirado hacía dos años y Paul había firmado un gran contrato como jugador independiente con Minnesota hacía años y terminó su carrera ahí. Brady se había desgarrado el ligamento cruzado cuatro años atrás y había optado por retirarse en vez de hacer rehabilitación. Colin había sido mi último compañero original en quedar y se había retirado la pasada temporada baja. Me llevaba bien con mis compañeros más jóvenes, pero nuestras vidas eran completamente diferentes. Era como volver a cuando me había unido a los Gigantes la primera vez hacía dieciséis años. Había vuelto a casa solo para llamar a Chica Reed mientras mis compañeros salían y se iban de fiesta. Al menos ahora venía a casa a Chica Reed. Todavía no había ningún lugar en el que preferiría estar.

—¿Eres tú, papi?

Inmediatamente mi antena parental se encendió. Desde que la adolescencia había llegado, yo solo era "papi" cuando ella estaba en problemas o quería algo. No estaba seguro de qué era peor.

Levanté una ceja mientras Dani bajaba las escaleras. Ella era alta, medía poco más de un metro sesenta, y su largo cabello caoba caía en ondas por su espalda. Estaba usando pantaloncitos cortos que mostraban demasiada pierna y una camiseta sin mangas que mostraba demasiado de otras cosas. Parecía como si solo ayer ella me había estado sonriendo desde su cuna y ahora prácticamente era una mujer. ¿Dónde se había ido el tiempo? No me gustaba esto.

—¿Quién más sería? ¿Dónde están tu mamá y tus hermanos?

Se encogió de hombros.

—Mamá llevó a Ethan con ella a ese show de talento.

Oh, eso era verdad. Algunos de los chicos del programa de música hacían un recital esta noche. Ethan había ido porque era el clon de Chica Reed, física y musicalmente. Mi hijo había tenido oído musical desde el comienzo, tocando en su propio piano pequeño temprano antes de hacer su camino hacia el grande. Chica Reed juraba que él tenía más talento que ella. Ella sabía mejor de lo que yo lo hacía. Todo lo que yo sabía era que mi hijo era talentoso como el infierno, igual que su mamá. Ella ya estaba juntando información de Julliard. Yo no estaba listo para lidiar con eso. Él solo tenía trece años.

—¿Y AJ?

Puso los ojos en blanco.

—En la práctica, por supuesto.

Sonreí ante eso. Si Ethan era el clon de Chica Reed, entonces Adam Joseph Cullen era el mío. A los siete, él ya estaba mostrando destellos del brazo Cullen en el campo de fútbol. Él era una exacta versión en miniatura de mí, aunque juzgando por el resto de mis niños, no sería mini por mucho tiempo. Ethan ya era más alto que Chica Reed y Dani la había pasado hacía un par de años.

—¿Y qué estás tramando? —pregunté, porque ella se veía demasiado inocente para mi gusto, sonriéndome dulcemente.

—Estaba esperando que mi padre favorito en todo el mundo llegara a casa así podíamos pasar un poco de tiempo de calidad juntos.

Sí, claro. Suspiré y bajé a Rainbow.

—¿Qué hiciste ahora?

Me fulminó con la mirada.

—¿Qué te hace pensar que hice algo?

Me tuve que reír de eso.

—¿De verdad? ¿Me preguntas eso después de que tu madre y yo fuimos arrastrados a la oficina del director la semana pasada?

Se puso las manos en las caderas.

—¿Cómo lo que hice estuvo mal? ¡Es inhumano que esperen que cortemos esas pobres ranas! ¿Qué me han hecho ellas? Y no es como si me voy a comer una. Esas ranas murieron en vano. Todo lo que hice fue montar una protesta pacífica.

—Las ranas ya estaban muertas, no es como si hubieras salvado alguna. Y no estoy seguro de cómo ponerlas en el auto de tu profesora equivale a una protesta pacífica. —Pero no pude contener mi sonrisa. A decir verdad, estaba un poco orgulloso de ella por oponerse, incluso si su calificación de biología probablemente sufría. Mi hija tenía sus valores y no podía culparla por ellos. Dani Cullen era una fuerza para tener en cuenta, no era de sorprenderse. Ella era demasiado como yo para mi propio gusto.

—No es como si no fui castigada. —Sus labios formaron un puchero—. Me voy a perder un mes entero de juegos.

Había sido un castigo severo, seguro, tanto para Dani como para su equipo de vóley. Ella era su mejor jugadora por mucho. Las universidades ya estaban husmeando, enviándole información sobre becas. En esa mierda tampoco quería pensar. Ellos la querían alejar de mí. No podía soportar la idea de ella yendo a la universidad en unos pocos años.

—Bueno, supongo que eso te enseñará a participar en desobediencia civil durante la temporada deportiva. —Le sonreí—. Siempre deberías esperar hasta después para meterte en problemas. —Eso era lo que yo hice. Principalmente. Y realmente, era demasiado invaluable para suspenderme.

—¿Me estás dando permiso? —preguntó, imitando mi sonrisa con una propia.

—¡Demonios, no! —Chica Reed tendría mis pelotas.

—Te diré qué. No le diré a mamá que dijiste eso y tú me llevarás al centro comercial. Necesito ropa nueva.

Cristo. ¿Cómo podría necesitar más ropa? ¿Y por qué en el infierno me pediría que la llevara?

—Tienes un clóset lleno de ropa. Y la compra de eso es dominio de tu madre, no mío. —Yo compraba camisetas de deportes y eso era todo.

—¡No puedo usar nada que él ya haya visto! Y mamá no está aquí para llevarme a comprar.

¿Él? ¿Ella dijo él? Mis palmas comenzaron a sudar.

—¿Qué quieres decir con él? —pregunté. Mierda, ¿mi voz subió de tono en esa palabra? Sí, creo que lo hizo.

Y entonces, mi hija me dio la sonrisa más dulce que tenía en su arsenal y me miró con sus grandes ojos verdes, batiendo las pestañas inocentemente. Inmediatamente enderecé la espalda.

—Antes que digas no…

—No —interrumpí. No venían buenas palabras después del comienzo de esas cuatros, especialmente cuando había un "él" involucrado.

—¡Papi! —Alzó las manos—. ¡Ni siquiera me dejaste decirte!

—¿Decirme o preguntarme? —pregunté, entrecerrando los ojos hacia ella. Si ella pensaba que podía salirse con la suya diciéndome cualquier maldita cosa que iba a hacer con un "él", estaba muy equivocada.

Dani controló su temperamento. Ella heredó ese control de su madre. Sin embargo, no iba a admirar eso en este momento.

—Ya le he preguntado a mamá y ella más o menos dijo que sí.

Más o menos mi trasero.

—¿Era más o era menos?

—Ella dijo que hablaría contigo por mí.

Por supuesto que lo hizo. Chica Reed me podía convencer casi de todo. Estaba equivocado sobre lo mandilón que era.

—¿Entonces por qué estás hablando conmigo en su lugar?

—Porque me di cuenta que no tenía nada para usar y mamá no está aquí para llevarme de compras.

Me pellizqué el puente de la nariz, haciéndola suspirar y cruzar los brazos sobre el pecho.

—¿Por qué, exactamente, necesitas ropa nueva en este instante?

Estaba muy, muy asustado de saber la respuesta a esa pregunta, pero como el demonio que iba hacerla decirlo. Sin embargo, tal vez si iba a arriba y me encerraba en mi habitación, podíamos evitar esta conversación y ella podía seguir siendo mi dulce e inocente bebita. Sí, esa era una opción mejor.

Antes de que pudiera representar mi plan de ocultarme, mi hija tomó una profunda respiración y me miró directo a los ojos.

—Porque tengo una cita mañana a la noche.

Aunque sabía que este día llegaría, aunque lo había temido todos los días desde que escuché las palabras "es una niña", aun así no estaba preparado para esto. Sacudí la cabeza en negación automática de las palabras y Dani me agarró la mano.

—¡Por favor, papi! Me ha gustado Seth desde hace siglos, ¡y finalmente conseguí que me invitara a salir! ¡Mamá lo conoce a él y a su familia! Solo vamos a ir al cine, lo que hago todo el tiempo con mis amigos. Solo será con un chico.

¿Qué significaba eso, que finalmente consiguió que la invitara a salir? Demonios, ella era una acosadora astuta, igual que su madre. Y ahora ella tenía una cita. Con un chico. Mi mente regresó catorce años atrás, a la primera vez que había visto a mi hija con un chico. Chica Reed la había llevado a esas clases de "Mami y yo", y yo había ido a verlas durante un descanso de la práctica.

—Hola, Campeón. —Chica Reed me saludó con un beso.

—Hola, nena. —Miré alrededor de la habitación, viendo a todos los niños reunidos y aplaudiendo mientras la maestra cantaba una canción—. ¿Dónde está mi niña?

Chica Reed se rio y tomó mi mano, llevándome a donde Dani estaba sentada. Ella estaba usando un pequeño suéter morado, con su cabello en pequeñas coletas de caballo. Se veía linda como el infierno.

—¡Papi! —Dani me dio su versión de un saludo con la mano cuando me vio, abriendo y cerrando su pequeña mano.

—Hola, princesa. —La alcé y le di un beso mientras ella se reía y chillaba.

—¡Papi, juga!

Sonreí mientras la bajaba, sosteniéndola firme por unos segundos mientras ella ponía sus pies debajo de ella. Había estado caminando por unos meses a esta altura, pero todavía me ponía nervioso cuando la bajaba. Se tambaleó hacia los juguetes y se dejó caer enfrente de los camiones. Esa era mi niña, jugando con camiones y pelotas.

—A ella le encanta aquí —dijo Chica Reed, deslizando un brazo a mi alrededor—. Y es bueno que socialice con otros niños. —Ella puso su otra mano sobre su vientre todavía plano.

Entrelacé nuestros dedos. Recibimos la noticia el otro día que estábamos esperando a nuestro segundo hijo. Más pronto de lo que originalmente planeábamos, por supuesto, pero eso era típico de nosotros. No podía jodidamente esperar. Todavía no le íbamos a decir a nadie, pero sabía que todos estarían contentos.

—Sí, tiene unos siete meses para acostumbrarse —susurré, besando la mejilla de Chica Reed.

Por el rabillo del ojo, vi a un niñito estirar la mano y agarrar el camión con el que Dani había estado jugando.

—¡Oye! —Comencé a caminar hacia el pequeño ladrón, pero Chica Reed me hizo retroceder.

—Solo un minuto —murmuró ella.

Observé mientras Dani miraba al niño fijamente por unos segundos, probablemente entendiendo lo que acababa de pasar. Después ella sonrió y tomó otro camión, con alegría golpeando el que el niño había robado. Ellos comenzaron a golpearlos de ida y vuelta, teniendo diversión con ello.

—¿Qué está haciendo? —demandé. Ella debería haber golpeado al niño con el camión. Yo como que quería hacerlo.

—Está jugando. Ese es Jared. Él es su amigo.

Oh, infiernos no.

—Pero es un niño.

Chica Reed se rio.

—¿Estás diciendo que ella no puede tener ningún amigo hombre?

—Con seguridad lo estoy diciendo. Ella no tiene permitido tener novio hasta que tenga treinta. O yo esté muerto. Lo que ocurra primero. —Podría estar muerto para ese momento si los chicos ya estaban alrededor. Y si moría, volvería y perseguiría a cualquier hijo de puta que pensara que podía tocar a mi hija.

—Son solo bebés, Edward. Se están divirtiendo. —Chica Reed sonrió—. Sin embargo, a Jared le gusta quitarle juguetes. Él está coqueteando completamente.

La fulminé con la mirada.

—Eso no es gracioso. Ellos deberían llamar a la clase "Mami y yo y el pequeño pervertido manoseador".

Chica Reed estalló en carcajadas. En serio. Todo el lugar nos estaba mirando. Una de esas mamás, o papás, probablemente pertenecía a "Jared el pajero". Debería encontrar a quien dio a luz a ese pequeño imbécil y darles una charla.

Como si supiera lo que estaba pensando, Chica Reed apretó su agarre en mí, aunque se estaba riendo con fuerza.

—No. ¿Sabes qué hizo tu hija cuando él tomó su juguete la semana pasada?

—¿Sentarse ahí como acaba de hacer? —pregunté. En serio. Teníamos que trabajar en las habilidades de defensa personal de Dani. Ella podría patear el trasero de ese niño cuando terminara con ella.

—Lo mordió.

Miré boquiabierto a mi esposa.

—¿Ella qué?

—Lo mordió. Nuestra hija no acepta mierda cuando no quiere hacerlo.

Eh. ¿Qué tal eso? Tenía que admitir que estaba un poco orgulloso. Pero todavía iba a mantener un ojo en ese mierdita ladrón de juguetes. Tal vez podría traer a Chelsea e intimidar su trasero. Sería menos horrible que si yo lo hiciera, ya que ella todavía era una niña. ¿Cierto?

—Cualquier cosa que estés pensando, no. Ella lo está haciendo genial.

Dani tomó uno de esos anillos de plástico y lo agitó alrededor, accidentalmente —pero probablemente a propósito, ya que ella era mi hija— golpeando a ese niño Jared en la cabeza. De acuerdo, así que ella podía manejarse bastante bien. Sin embargo, todavía iba a enseñarle algunas cosas.

—¿Hola? ¡La Tierra a papá! ¿Puedo ir o no?

Me concentré en mi hija. Ya no había ningún indicio de bebé en su cara. Ella era jodidamente hermosa, como su madre. No era una sorpresa que los chicos ya estuvieran husmeando a su alrededor. Sin embargo, eso no significaba que yo estaba listo.

—No puedes. Estás castigada, ¿no? —No lo estaba, pero tal vez ella creería que lo estaba, por la cosa de las ranas. Y en realidad, deberíamos haberla castigado, aunque esa mierda fuera divertidísima.

—No, no lo estoy. —Se puso las manos en las caderas—. Decidiste que detención y sentarme en la banca de vóley por un mes era castigo suficiente.

—Bueno, estaba equivocado. Estás castigada. Pregúntame de nuevo la semana que viene. —Tenía un juego afuera y podía decir no desde Philly. Tal vez así sería; podía castigarla en las semanas que estaba en casa y evitarla en los juegos fuera.

—¡No estoy castigada! ¡Dijiste que no debería estarlo y no creas que no te vi sonreír cuando escuchaste lo que hice! Estabas orgulloso de mí.

Demonios. Sí, lo estaba, más o menos. Esta mierda de la paternidad era difícil. Mierda que Edward, el hombre, encontraba divertida, Edward, el padre, no podía. O tal vez no debería. Pero todavía lo hacía. Y ella había pillado mi trasero.

—Te escuché contarle al tío Emmett sobre eso y reírse sobre cosas que ustedes solían hacer.

Bueno, demonios. Eso no era bueno. Pero me dio una salida.

—No deberías escuchar a escondidas. Estás castigada.

Mi hija me lanzó una sonrisa, exactamente igual a la mía.

—Bueno, entonces, supongo que pasaré la noche que debería estar en mi cita contándole a mamá sobre esa vez que tú y la enfermera de la escuela...

Jesús jodido Cristo, ¿había escuchado esa historia? Iba a matar a mi jodido hermano.

—No hay necesidad de eso —me apresuré a interrumpirla.

Increíble. Mi hija me estaba chantajeando. Sería impresionante si no fuera tan jodidamente molesto.

—Así que, iré a prepararme para el centro comercial, entonces. —Se paró en puntas de pie para darme un beso en la mejilla—. Gracias, papi. Te quiero.

Mientras mi hija corrió arriba para cambiarse —gracias a Dios, porque no íbamos a ir al centro comercial con ella vestida en tan poco— traté de descubrir dónde todo se me había ido de las manos. Después saqué mi teléfono.

—Hola, Campeón.

Incluso después de todos estos años, escuchar su voz me hacía sonreír.

—Hola, Chica Reed.

—Debería estar en casa dentro de una hora. Faltan cinco presentaciones más.

—No estaré aquí. Aparentemente voy a llevar a nuestra hija al centro comercial por ropa nueva. —Esperé, pero ella no dijo nada—. Para su cita.

Chica Reed soltó un pequeño suspiro en el otro extremo de la línea.

—Le dije que esperara así podíamos hablar contigo juntas.

Sí, como si las necesitara trabajando en equipo en mi trasero. Ya había tenido que entregarlo por solo una de ellas.

—Bueno, aparentemente ella no tiene nada que usar, así que es una emergencia y tenemos que ir al centro comercial en este momento.

Mi esposa resopló una risa.

—¿Ella te convenció por su cuenta?

—Ella chantajeó mi trasero —admití—. Traté de castigarla por la cosa de las ranas, pero ella lo volvió contra mí. Mi hermano, por cierto, es hombre muerto.

—¿Quiero saber lo que tiene contra ti?

—Probablemente, pero no te voy a decir, y cualquier armadura que le compre en el centro comercial debería mantener a Dani callada por el momento. —¿Dónde podía encontrar una armadura, de todas formas? Quería a Dani completamente cubierta.

Chica Reed se rio.

—Está bien. Emmett me dirá, si es que ya no lo ha hecho.

Ella probablemente ya sabía. Y entonces había sido chantajeado por nada. Maldita sea.

—¿En serio la vamos a dejar hacer esto? —pregunté, esperando que ella dijera que no y fuera el chico malo. Dani había sido inteligente preguntándome solo, porque yo tenía problemas diciéndole que no, incluso cuando quería hacerlo, como ahora.

—Ella tiene que crecer en algún momento, Edward. Y solo es una película. Sin embargo, ella en realidad está esperando que él le pida ir al baile de bienvenida después de esto.

Cristo. ¿También bailes?

—¿Vamos a ir de chaperones?

Chica Reed se rio.

—¿No quieres decir si yo voy a ser chaperona? No lo había planeado.

—¿Qué semana es eso? —Si tenía un juego en casa, iba a ir a ese jodido baile. Los bailes llevaban a... todo tipo de cosas que mi hija no iba a hacer en cualquier momento pronto.

—Hablaremos de eso más tarde, Campeón. Pero sí, creo que deberíamos dejarla ir. Al menos ella nos preguntó. Podría haberlo hecho pasar como que iba a salir con sus amigas y después encontrar al chico ahí, después de todo.

Bueno, mierda. ¿Debería contratar a un investigador privado para seguir a mi hija cada vez que saliera con sus amigos de ahora en adelante, en caso de que ella en realidad estuviera con un chico? Ni siquiera había pensado en esa mierda.

—Chica Reed, si quieres que sobreviva a toda esta cosa de la cita, no pongas ideas de las cosas que ella podría estar haciendo en mi cabeza. Ella ya va a malos lugares sin tu ayuda.

Mi esposa se rio.

—Pobre Campeón. Lo superarás. Te ayudaré.

Eso captó mi interés.

—¿Oh, sí? ¿Y cómo lo harás?

—Hay impresionables oídos jóvenes alrededor, así que te dejaré usar tu imaginación.

Sonreí.

—Resulta que tengo una muy buena imaginación, Chica Reed.

Ella soltó una risa suave.

—Lo sé por experiencia y estoy agradecida por eso todos los días.

Demonios que lo estaba.

—¿Qué tal si acostamos a los niños temprano y tú trabajas en distraerme esta noche?

—¡Iugh! ¡Eso es asqueroso, papá! Deja de coquetear con mamá. Nos tenemos que ir.

Chica Reed se rio.

—¡Atrapado! Ve a conseguirle a Dani algo lindo para que use en su cita. Y te recompensaré generosamente esta noche.

—Bien. Pero mejor que sea bueno.

—Siempre lo es.

Eso era verdad. Gracias a Dios por eso.

—Te veo en un rato. Te amo.

—Sí. Yo también te amo.

Desconecté mi teléfono y le sonreí a mi hija.

—¿Estás lista?

—Estaba lista. Tú eras el único ligando con mamá.

—Lo haré hasta el día que me muera. Vamos, niña. —Lo mejor era acabar con la tortura.

Xoxoxoxoxo

—No.

—¿Qué tiene de malo? La falda llega hasta las rodillas.

En primer lugar, sin duda no lo hacía. Ella estaba sosteniendo esa mierda más abajo así parecía como que pasaba sus rodillas. En segundo lugar, ella no iba a usar nada que le diera a alguien fácil acceso.

—¿Qué hay de esa cosa? —Hice señas hacia algo como un mono—. Totalmente de este año.

Como si yo jodidamente supiera. Estaba hablando por hablar y Dani lo sabía.

—No voy a usar un mono, papá.

—¿Por qué no? Creo que es muy atractivo. Él no podrá quitarte los ojos de encima. —Pero sus manos estarían lejos de ella. Eso era lo importante.

—¡Papá! Debería haber sabido mejor que hacer que me trajeras de compras.

—Sí, deberías. Ahora consigue el mono en tu talle y podemos ir a casa.

—¡No voy a comprar un mono! —Alzó las manos en frustración. Era bastante divertido. Ella me recordaba a su madre cuando se enfurecía—. ¿Qué tal jeans? ¿Puedo usar jeans?

Ahora eso me gustaba más.

—Absolutamente.

Se acercó a ver los jeans mientras yo me apoyaba en la pared. Algunos de estos vestidos aquí eran bastante calientes. Tal vez debería enviar a Chica Reed a elegir algunos. Sí, era un hipócrita, pero no me importaba una mierda. Dani tenía quince, Chica Reed tenía treinta y siete. Ella tenía permitido ser sexy. Y, tres niños después, ella todavía lo era, muchas gracias. Tenía más curvas, pero todas en los lugares correctos. Demonios, no podía esperar hasta más tarde.

Por alguna razón, mi hija tenía toda una pila de jeans en sus manos en lugar de solo uno. Sin embargo, sabía mejor que cuestionar esa mierda. Ella había nacido como una modelo, gracias a los millones de atuendos que mi mamá y Pequeña le habían comprado.

La observé mientras se alejaba de mí, sabiendo que solo era el comienzo. Extrañaba los días cuando ella caminaba hacia mí, como si fuera su persona favorita en el mundo para ver.

—¡Edward! ¡Está de pie!

Corrí hacia la sala, con el teléfono en la mano, listo para capturar el momento. Hasta ahora, Dani no había hecho nada más que burlarse de nosotros con la cosa de caminar. Le encantaba pararse, pero después se caía en su trasero y se reía. Por supuesto, grabé esa mierda también, porque era lindo como el infierno.

No quería perderme sus primeros pasos. Ya me había perdido su primer gateo. Chica Reed me había llamado por FaceTime, girando su teléfono así podía ver a Dani recorrer el suelo. Había estado en Denver, tan lejos. Apestó que me lo perdiera. Pero no me iba a perder esto.

Dani se paró al lado de la mesa de café, donde obviamente ella se podía sostener.

—¡Papi! —Ella lanzó sus pequeñas manos, casi cayendo, pero de alguna forma encontró su equilibrio.

—Así es, bebé. Papi está aquí. ¿Quieres ver a papi? Ven hacia papi, Dani. —Me agaché, con el teléfono listo y grabando, mientras mi niña miraba al suelo y después a mí, como si estuviera diciendo "tú ven aquí".

—Ven con papi, princesa.

—¿Pa? ¿Mamá?

Chica Reed se paró detrás de mí y la alentó a acercarse también.

—Vamos, bebita. Mamá tiene tu Pa-juguete. ¿Quieres tu Pa-juguete?

Me reí. Chica Reed estaba sobornando a Dani para que viniera hacia mí con una versión en miniatura de mí. A ella le encantaba su muñeco de papi y lo llamaba su "Pa".

—¡Pa! —Dani aplaudió, sonriendo su dulce sonrisa de bebé, mostrando sus pequeños dientes. Ella era la niña más linda de la historia y no era solo mi parcialidad hablando.

—¡Ven a buscar a tu Pa, Dani!

Dani comenzó a balancearse un poco en sus pies. Esto era todo.

—¡Pa! ¡Bo!

Sí, incluso Rainbow había venido a ver qué estaba pasando. Ella se sentó a mi lado mientras yo convencía a Dani para que viniera a vernos.

—Todo lo que quieres está justo aquí, bebé. Papi, mami, Bo y tu Pa. Ven con nosotros.

Estaba a punto de decirle a Chica Reed que se sacara la teta, tal vez la tentara con leche materna, aunque ella había comenzado a destetarla un poco, cuando Dani levantó su pie derecho e hizo un movimiento hacia adelante.

—¡Eso es, bebé! ¡Ven con mamá! —dijo Bella, apenas conteniendo su emoción.

El pie izquierdo avanzó, muy lentamente. Pero Dani también dio ese paso. Dio unos más antes de caer en su trasero. Nos miró a nosotros, con los ojos ensanchados, y dijo "Ooh". Ella se deslizó en su trasero un poco, así que Chica Reed se acercó a ella y la puso de nuevo de pie. Dani inmediatamente soltó sus manos y comenzó a caminar de nuevo. Rainbow se acercó a ella y se detuvo, observándola mientras daba pasos, moviéndose con ella cuando pasaba donde Rainbow estaba. Cada pocos pasos, Dani se caía, pero finalmente hizo todo el camino hacia mí.

—¡Papi!

—Lo hiciste, princesa. —Le di un gran beso antes de alzarla y darle vueltas alrededor—. ¡Papi está muy orgulloso de ti, Dani! Eres una chica grande.

Una vez, había querido que ella creciera y comenzara a caminar y hablar. Sin embargo, me arrepentía de eso ahora. De acuerdo, no todo el tiempo, pero en este momento podía lidiar con Dani bebé en lugar de Dani adolescente.

Ella salió del probador y me pasó tres jeans.

—Creía que necesitabas un atuendo, como en uno. ¿Por qué necesitas tres jeans? —¿Y por qué siquiera me estaba molestando en hacer esa pregunta? Sabía mejor.

Como era de esperar, conseguí un rodeo de ojos.

—Porque todavía no he escogido un top, así que no sé cuál usar. Y tía Alice dijo que me veo impresionante en los tres, así que tengo que tenerlos.

Jodida Pequeña. Ella alentaría los hábitos de compra de mi hija. Solo por eso, le iba a conseguir a su hijo, Julian, el cuatriciclo que había estado pidiendo desde que tenía edad suficiente para saber lo que era uno. Él probablemente podría conducir uno a los once, ¿verdad?

—¿Le llamaste a Alice por consejo?

—Por supuesto. Tú no ibas a decirme si mi trasero se veía gordo, ¿verdad?

Jesús jodido Cristo.

—No. Y tú no eres ni remotamente gorda.

Ella era alta y delgada, aunque tenía algunas curvas, para mi molestia. ¿Por qué no pudo quedarse larguirucha? Yo estaba totalmente bien con eso.

—Gracias, papá. —Ella me dio una sonrisa dulce—. Ahora, ¿qué piensas de este top?

Era violeta y tenía tirantes.

—No. —Mostraría demasiada piel.

Dani se rio.

—De alguna forma sabía que ibas a decir eso. Vamos. Vamos a ir a otra tienda.

Y, porque era un debilucho, le compré los tres jeans. Nos dirigimos de nuevo al centro comercial. Retrocedí cuando la vi mirando hacia Victoria's Secret.

—Absolutamente no. Nada que uses debajo de tu ropa va a ser visto por tu cita, así que puedes usar lo que ya tienes.

Dani se rio.

—Por Dios, papá. Ni siquiera estaba pensando en eso para mi cita.

Seguro que no lo estaba. No importaba. A menos que vendieran cinturones de castidad en lugar de ligueros, ella no se acercaría a esa tienda.

—Después de que vamos a Forever 21, ¿podemos detenernos en el patio de comidas por algo de cenar?

No veía por qué no. Hacía mucho tiempo que no pasaba tiempo a solas con mi hija.

—Claro.

Le envié un mensaje de texto a Chica Reed, avisándole que las compras habían tomado más tiempo del previsto, por supuesto, y que íbamos a comer aquí.

Por el rabillo del ojo, vi a un grupo de chicos dirigiéndose en nuestro camino. Chicos grandes. Chicos en la universidad. Deslicé mi brazo alrededor de Dani y la atraje a mi costado cuando se acercaron.

—Papá. ¿Qué estás haciendo? —siseó ella. Claramente ella también los había visto, ya que tenía una sonrisa en su cara incluso mientras trataba de alejarse de mí.

—Solo caminando con mi bebita —respondí en voz alta, justo cuando ellos pasaban.

—¡Papá! ¡Eres tan mortificante! —me dijo cuando se alejaron.

No me importaba. Había visto la forma en que miraban a mi niña. Puede que no hubiera estropeado su primera cita, pero me aseguraría de que ella no saliera con chicos mayores. Al carajo eso. No iba a pasar.

—Tal vez, pero me amas de todos modos.

—A veces.

Alcé una ceja ante eso.

—¿De verdad? ¿Dices eso antes de haber conseguido tu camiseta nueva?

Ella se rio antes de besarme la mejilla.

—De acuerdo. Todo el tiempo. Incluso cuando eres molesto.

Me reí y la abracé.

—Lo mismo digo, niña. Lo mismo digo.

Xoxoxoxoxox

—Debo decir que, cuando entré en esta tienda, a la última persona que esperaba encontrar era a Edward Cullen. Debe ser mi día de suerte. Soy una fan.

Le eché un vistazo a la voz coqueta a mi derecha. Una rubia flaca de veintitantos estaba mirándome como si fuera algo de comer.

—También es uno de los últimos lugares en los que pensé que estaría —le dije. Miré alrededor por algún tipo de escape, pero excepto por agacharme en un estante de diminutos vestidos, realmente no tenía ningún lugar a donde ir—. Solo estoy esperando a mi hija.

—Es cierto. La he visto en la televisión en tus juegos. Es muy bonita.

Sonreí, listo para darle mi línea habitual sobre ella heredándolo de su madre, pero una voz brusca detrás de mí me ganó.

—Gracias. Lo heredé de mi mamá. —Dani deslizó su brazo alrededor de mi cintura desde atrás—. Y realmente necesitamos volver con ella. Me gusta este, papi.

Y era "papi" de nuevo. Jodidamente divertido. Ella estaba fulminando con la mirada a la chica que había estado hablando conmigo. Ella realmente era la mezcla perfecta de su mamá y yo.

Miré la camiseta verde que ella había escogido. Ya que parecía que cubriría todo, la acepté sin protestar. Salimos de la tienda, la rubia detrás de nosotros observándonos durante todo el camino.

—¡Dios, eso es tan molesto! ¿Por qué las mujeres siempre ligan contigo dondequiera que vayas? Obviamente estás casado. —Dani sacudió la cabeza—. Incluso mis amigas... —Ella se calló cuando levanté las cejas—. No importa.

Me reí, deslizando mi brazo alrededor de sus hombros. Esta vez, ella dejó que se quedará ahí.

—En primer lugar, ella no estaba ligando conmigo.

—Todavía —murmuró ella, haciéndome reír más fuerte.

—Todavía. En segundo lugar, tu padre es un atractivo hijo de pu-cha. Ya deberías estar acostumbrada a eso. —Ambos sabíamos que era un DILF*. Yo pensaba que era bastante impresionante.

Por supuesto que recibí un rodeo de ojos combinado con una sacudida de cabeza.

—Eso no significa que tenga que gustarme.

—Haces un buen trabajo espantándolas, justo como tu madre y yo. —No dejaba a nadie ligar conmigo, parando esa mierda en seco en el instante que una conversación comenzaba a ir en esa dirección.

—Sí, bueno, alguien tiene que hacerlo.

Llegamos al patio de comida y agarramos un par de hamburguesas con queso de Charley's. Una vez que estuvimos sentados, decidí hacer un poco de investigación.

—Así que, cuéntame sobre este chico con el que vas a salir mañana a la noche.

Terminó de masticar antes de responderme.

—Su nombre es Seth. Va a mi escuela. Es muy lindo e inteligente.

Eso no me dijo absolutamente nada.

—¿Juega algún deporte? ¿En qué está involucrado? ¿Cuántos años tiene? ¿A qué hora sus padres te recogerán y te traerán? ¿Qué película van a ver? ¿Cuál es su apellido y dirección?

Puede que hubiera preguntado eso último así podía darle la información a Jeff, nuestro chico de seguridad. Él tenía conexiones en la policía y podía investigar al chico para mí antes de que viniera mañana. Le pediría a Charlie que lo hiciera, pero él probablemente tendría un aneurisma ante el pensamiento de Dani saliendo en una cita, igual que yo casi lo hice.

—Juega fútbol soccer.

Marica.

—Toca la guitarra.

Eso explicaba por qué Chica Reed lo apoyaba. Era un milagro que ella hubiera terminado con un deportista cuando ella totalmente tenía una cosa por los músicos.

—Tiene un promedio general de 4.6 y está en línea para ser el primero de la promoción.

Uh-huh. Entonces era inteligente. Eso significaba que él probablemente tenía muchísimas formas de tratar de meterse en los pantalones de mi hija. Y... espera un minuto.

—No nombran a un primero de la promoción hasta último año.

Dani se retorció un poco en su asiento, evitando mis ojos.

—Bueno, él es uno.

Joder y no.

—¿Se saltó varios grados?

—No que yo sepa.

Mi trasero que ella no sabía.

—¿Cuántos años tiene?

—Diecisiete.

Jodido infierno.

—¿Y tu madre lo sabe?

—Sí, claro.

Claro que lo sabía. Ella no vería nada mal con eso, porque ella nunca había sido un chico de diecisiete años.

—Mira, Dani...

—Ya dijiste que sí. ¡Por favor, papi! —Ella me estaba mirando ahora, grandes ojos verdes suplicándome que la dejara tener su cita. Ya podía sentirme cediendo.

—¿Maneja?

—Sí.

Al carajo con eso.

—Puedes encontrarlo en el cine, entonces. Yo te llevaré.

—¡Entonces no es como una cita real! Y me veré como una niñita. Vamos, papá. Iremos directo ahí y vendremos directo a casa. Te daré la información de la película así puedes cronometrarnos.

Cedí, solo porque tenía toda la intención de saber exactamente cuándo la película terminaba, ya que estaría plantado en la parte trasera del cine espiándola. Ella solo me vería si se dirigía a la última fila, lo que no iba a pasar.

—Si te dejo hacer esto, quiero conocerlo cuando venga a recogerte.

Dani se puso de pie y me abrazó.

—¡Hecho!

—Y no te pongas de mal humor o ruedes los ojos cuando lo interrogue. Si él no responde mis preguntas de la forma en que me gusta, puede ir a la película solo.

—Papi —dijo Dani, sacudiendo la cabeza mientras se alejaba de mí—. ¿No confías en mí?

Tomé su linda cara en mi mano.

—En ti, confío. ¿En él? No lo sé. Y tú eres una de las cosas más valiosas en el mundo para mí. Yo protejo mi familia, bebé. Tienes que darme eso.

Sus ojos se aguaron un poco y me abrazó de nuevo.

—Lo sé. Pero tú sabes que sé cómo manejarme si algo se sale de control. Tú y tía Rose se encargaron de eso.

Le besé la sien.

—Lo sé, bebé. Y no tengas miedo de golpearlo si se pone toquetón.

Se rio mientras regresaba a su asiento.

—Es solo una primera cita, papá.

Sí, bueno, había tenido un montón de primeras citas que fueron más que toques. Mierda. Los próximos años iban a matarme.

—Tú no sabes cómo son los adolescentes. Confía en mí, bebé. He estado ahí. —Me debatí en decir más. Dios sabía que no quería poner pensamientos sobre sexo en su cabeza—. Tú claramente has escuchado las historias.

Sus ojos se abrieron de par en par.

—Tenías quince cuando la enfermera...

—¡No! —Pero no era mucho mayor que eso—. Pero él no tiene quince, ¿verdad? —¿Por qué no podía tener quince, ser escuálido y más bajo que ella? Tal vez él todavía era más bajo que ella. Podía soñar. Por otro lado, a los quince, yo todavía estaba haciendo las cosas que no quería que ella hiciera. Maldita sea.

—Está bien, no, pero él es un chico muy lindo, papá. Y no ha tenido muchas citas porque realmente está concentrado en la escuela. Te gustará si le das una oportunidad.

—Él tendrá una. —Y solo una. Si hacía algo para molestar a mi hija, o a mí, estaba acabado.

—Eso es todo lo que él necesitará. Ya lo verás. Es el novio perfecto.

¿Novio?

—¡Es solo tu primera cita! No necesitas adelantarte a la cosa de novio. —Íbamos a atravesar esta cita y veríamos cómo iba. Pero probablemente una era suficiente. Después volveríamos a sin citas. Ese era el plan.

Dani se rio.

—Ya veremos. ¿Por qué eres tan anti novio? Chelsea tiene un novio. Ella incluso vive con él.

¿Tenía que recordármelo?

—En primer lugar, Chelsea tiene veinticinco. En segundo lugar, ella no es mi hija.

—Como si lo fuera —murmuró Dani, atacando de nuevo su comida.

Tal vez. Ella era familia. Todos lo éramos.

—Chelsea también tiene su propio lugar y trabajo.

—Trabaja para ti.

Sí, lo hacía. Se había graduado con un Máster en Administración de Empresas y un título en contabilidad. Ella había estado en la junta de la Fundación Cullen por varios años, y después de su graduación, había tomado el control de El Sueño de Danny. Ella estaba controlando todo el funcionamiento del campamento de su hermano y haciendo un trabajo brillante.

—Lo hace, pero no le puedo decir con quién salir. —Quería hacerlo, pero no podía. El hecho de que ella estuviera viviendo con uno de mis alas cerrada me volvía un poco loco, para ser honesto. Pero él era lo suficientemente inteligente para no entablar ninguna conversación de vestuario cuando yo estaba alrededor. Él sabía que yo le patearía el trasero.

—Ella dijo que tú amenazaste a ese idiota que no la dejaba en paz.

Sonreí ante el recuerdo. Trevor no había querido tomar un no por respuesta y después él había esparcido rumores sobre ella en la escuela. Ella había tenido como dieciséis en ese momento. Sammy y yo habíamos disfrutado hacerle una pequeña visita.

—No le puse una mano encima —apunté hacia ella—. Pero lo haré en este chico Seth si intenta algo que no me gusta.

—Sí, sí. Lo vas a amar. Solo espera y verás.

Sí, claro. Eso no iba a pasar. Pero lo podía dejar vivir, si mantenía sus manos para él.

Xoxoxoxoxox

—Hola, nena. —Besé a Chica Reed cuando llegamos a casa.

—Hola, tú. —Ella pasó sus dedos a través de mi cabello—. ¿Cómo estuvieron las compras?

Esta vez fui yo el que rodó los ojos.

—Una completa pesadilla.

—Pobre bebé. —Ella me besó otra vez mientras Dani bufaba caminando hacia nosotros.

—No fue tan malo. Excepto por la chica que trató de coquetear con él en Forever 21.

Chica Reed alzó una ceja.

—Oh, ¿en serio? ¿Te encargaste de eso?

—Por supuesto —respondió nuestra hija—. Iré arriba y me probaré algunos conjuntos. ¿Quieres verlos?

Ella también se las arregló para hacer que le comprara algunos zapatos antes de dejar el centro comercial. La chica era una explotadora total.

Mi esposa sonrió.

—Estaré ahí.

Dani pasó a nuestro lado y subió las escaleras con todas sus bolsas.

—¿Dónde están los chicos? —pregunté, y la música del piano empezó tan pronto como terminé la última palabra—. Bueno, eso me responde.

—Ethan quería practicar un poco antes de ir a la cama. Y AJ tenía algunos problemas de matemáticas que resolver. Está en la cocina. —Ella puso sus brazos a mi alrededor—. ¿Cómo estás con toda esta cosa de la cita?

Suspiré y la atraje más cerca.

—Lo odio.

—Lo sé. Pero Seth realmente es un buen chico. Creo que te gustaría, en otras circunstancias.

Me reí. Ella me conocía bien. El chico podría ser perfecto y todavía no me gustaría.

—Él maneja.

Chica Reed me sonrió. Ella era tan jodidamente hermosa.

—Lo sé.

—Eso significa que estarán solos en un auto. Que probablemente tiene un asiento trasero. No me gusta.

—Es su primera cita, Edward. Ella no saltará al asiento trasero con un chico en su primera cita. —Ella sacudió la cabeza—. Conoces a tu hija, Campeón. Ella no será persuadida a hacer algo que no quiere hacer.

Sabía que Dani era terca. Dios sabía eso. Pero todavía…

—Ella es mi bebé.

Mi esposa sonrió.

—Ella siempre será tu bebé.

—¡Mamá!

—Y ella siempre será ruidosa como el infierno cuando quiere algo —dijo Chica Reed con una risa después de que el grito de Dani llegó desde las escaleras—. Iré a ver sus conjuntos y a hablar con ella un poco sobre chicos y citas. ¿Está bien?

Dejé escapar un suspiro. Siendo realista, era todo lo que podía pedir. No podía encerrarla en casa. Chica Reed había rechazado mis planes para mi torre hacía mucho.

—Está bien. Chequearé a los chicos.

—Haz eso. Apura a AJ para que vaya a la cama. Y Ethan puede tocar por otra media hora como mucho. Tiene escuela mañana. —Ella me besó otra vez—. Te veré arriba para esa terapia que te prometí.

Demonios sí. Apreté su trasero sexy mientras se alejaba. Entré a la sala, determinado a llevar a los chicos a la cama a tiempo.

AJ estaba inclinado sobre la mesa de la cocina, frunciendo el ceño a su tarea de matemática. Me reí cuando tiró de su cabello, haciendo que se levantara, justo como el mío.

—¿Tienes un problema con los problemas, amigo?

—¿Por qué necesito saber cuánto es noventa y siete menos treinta y ocho? ¿No tenemos calculadoras para eso?

Reprimí una risa. El chico se parecía mucho a mí para su propio bien.

—Bueno, piensa en ello, amigo. Cuando estás en el campo de fútbol y estás en la línea de la yarda treinta y ocho, ¿cómo sabrás cuántas yardas necesitas para anotar un touchdown? No tienes una calculadora en el campo.

Él frunció el ceño por un segundo antes de que sus ojos verdes brillaran y él sonriera hacia mí.

—¡El anunciador lo dirá!

¡Ja! Jodido sabelotodo. Lo amaba.

—Nah, él anunciará la distancia al primer down. Aunque buen intento. —Revolví su cabello—. ¿Por qué no tratas de pensarlo con incrementos de diez?

—¿Qué significa eso? —preguntó.

Bien, era demasiado para él.

—¿Cuántos primeros downs te llevaría llegar de la yarda treinta y ocho a la línea de gol?

—Oh. —Su rostro se despejó y él empezó a contar con sus dedos—. Un poco más de seis.

—Exactamente. Pero tú necesitas llegar al noventa y siete, qué es la línea de la yarda tres.

—Así que un poco menos de seis —dijo después de un momento.

—¿Cuánto es seis veces diez?

Él usó su lápiz y sumó todo.

—Sesenta.

—Bien, pero es uno menos que eso, porque no necesitamos seis primeros downs.

—Cincuenta y nueve —anunció él, luciendo orgulloso de sí mismo. Había visto esa cara muchas veces en el campo. Era como la mía cuando lo miraba, estaba seguro.

—Eso es. Lo hice un poco más complicado de lo necesario, pero quería que entendieras por qué necesitas matemáticas. Todos las usamos, incluso los quarterbacks.

Le mostré la mejor forma de resolver el problema, porque darle a la maestra un párrafo sobre yardas de fútbol probablemente no lo solucionaría. Él hizo el próximo solo.

—Dos más y terminamos. Después una ducha y a la cama, ¿está bien, amigo?

—Está bien, papá. ¡Gracias!

Le revolví el cabello otra vez porque no podía resistirme a su sonrisa torcida. Él también estaba creciendo muy rápido. ¿Por qué mis hijos no podían quedarse pequeños hasta que me cansara de ellos? Por otro lado, probablemente nunca me cansaría de ellos. Aunque había algunos días… Oh, sí, había días.

Me dirigí al piano, donde los dedos de Ethan estaban deslizándose sobre las teclas. Él no tenía ninguna partitura frente a él, estaba tocando todo de memoria.

—¿Cómo estás, maestro?

Ojos oscuros se dirigieron hacia mí mientras me deslizaba en el banco del piano junto a él.

—Estoy bien.

¿Cuántos años había pasado en este lugar, junto a mi esposa o uno de mis hijos? Había asistido a innumerables conciertos. Dani había amado hacer sus propias pequeñas canciones, frecuentemente agregando palabras que no rimaban o no tenían sentido. Tenía muchos videos. Ella era jodidamente linda. Ella todavía tocaba de vez en cuando, pero nunca fue su pasión. No como era la de Ethan.

Él tocaba el piano como si hubiese nacido para eso. Tan pronto como había gateado, lo hacía alrededor de su pequeño piano para bebé, golpeando las teclas. Chica Reed lo había puesto en el piano grande antes de que pudiera alcanzar las teclas estando de pie. Ella le regaló una guitarra cuando tenía la edad de AJ y él había dominado eso también.

AJ podía tocar algunas canciones, pero no tenía la disciplina o el interés para hacer mucho más que eso. Él quería estar afuera con sus amigos, lanzando un balón. Satisfacíamos los intereses de nuestros hijos, siempre que ellos le dieran varias oportunidades a algo.

—¿Cómo estuvo el espectáculo?

Él se encogió de hombros.

—Estuvo bien. Había algunos chicos con algo de talento, supongo. Mamá quiere que trabaje con una chica.

Noté que sus mejillas se sonrojaron un poco.

—Oh, ¿sí? ¿Es linda?

—¡Papá!

Había escuchado ese papá exasperado mucho hoy. Mis hijos eran todos diferentes, pero todos podían sacar ese tono frustrado en un santiamén.

—Tal vez —murmuró, evadiendo mis ojos mientras tocaba.

Huh. ¿Qué sobre eso? Quería decir, él tenía trece. Por supuesto que iba a empezar a notar a las chicas. ¿Estaba feliz por eso? Un poco. Y sabía que eso me hacía un gran hipócrita, ya que Dani teniendo citas me hacía empezar a sudar frío, pero admitía el doble estándar. Ella era mi hija.

—Bueno, me parece que si le darás algunas clases particulares, ustedes probablemente podrán conocerse mejor.

Sus ojos, iguales a los de su madre, me observaron.

—¿Sí?

—Seguro. La música te da una entrada. —Empujé su hombro—. A las chicas les gusta cuando te interesan las mismas cosas que a ellas.

—Pero, ¿sobre qué hablaremos?

No sabía cómo había tenido un chico dulce y tímido. Su madre era dulce, pero no había un hueso tímido en su cuerpo. Jodidas gracias por eso, o probablemente no nos hubiéramos conocido de la forma en que lo hicimos, y eso habría sido una farsa.

—Música, películas, la escuela, televisión. Toda las mier… cosas de la que hablan los chicos. Descubre qué le gusta y habla sobre eso. Y escúchala cuando hable. A las chicas les gusta eso.

Su cabello castaño cayó sobre sus ojos. Lo empujé hacia atrás.

—Y córtate el cabello.

Él se rio.

—Está bien. Le diré a mamá que lo haré.

—Bien. —Me paré, listo para ir hacia arriba con mi esposa.

—¿Oye, papá?

—¿Si?

—¿Podrías, tal vez… podría ejercitarme contigo alguna vez?

De alguna manera logré contener mi sonrisa. Por primera vez él se estaba interesando en su apariencia. Amaba jodidamente eso.

—Sí. Si quieres levantarte temprano, puedo llevarte conmigo el sábado y mostrarte algunas cosas.

Su sonrisa dulce apareció.

—Bueno. Suena bien.

No pude resistirme de revolverle el cabello a él también.

—Sí, lo hace. Sube en quince minutos, ¿está bien? ¿Ya hiciste toda tu tarea?

—Sí.

—Bien. Iremos a decir buenas noches en un momento, ¿está bien?

—Bueno.

Revisé la tarea de matemáticas de AJ y lo mandé a bañarse. Ethan subió justo después. Empecé a seguirlos, cuando mi teléfono vibró.

¿Qué es esa mierda sobre Dani teniendo una cita? ¿Sabes qué tipo de mierda empezará eso? ¡Prohíbeselo!

Idiota ¿Quién se creía mi hermano que era para decirme que le prohibiera a mi hija hacer algo?

Lo que Dani hace o no hace no depende de ti, imbécil. Y tú eres parte de la razón por la que está yendo en primer lugar.

Lo que Dani hace, Emma y Erin quieren hacerlo. Ellas casi tienen catorce. Si Dani tiene citas a los quince, ellas esperarán poder hacerlo. ¡NO ESTOY LISTO!

Me reí. Al menos no estaba solo en el mar de hormonas adolescente y negación.

Yo tampoco, idiota. Pero ella está creciendo, a pesar de mis esfuerzos. Y, de alguna forma, ella sabe la historia de la enfermera de la escuela y usó esa mierda en mi contra cuando traté de decir que no. Me pregunto cómo pasó.

Esperé la respuesta a eso.

Mierda. Ella nos escuchó a Jasper y a mí hablando de eso en la isla durante el verano. Él me contó la historia sobre el profesor de gimnasia y la enfermera que fueron atrapados en el vestuario de su escuela, así que mencioné lo de la enfermera. ¡No sabía que ella estaba escuchando!

Jodido imbécil.

Tal vez deberías mantener las historias aptas para todo público desde ahora. No querrás que se me escape algo frente a tus hijos, ¿no? Y Dios sabe que tus historias son diez veces peores que las mías. Lily baila. Podría contarle sobre tú y la chica del equipo de animadoras.

¡NO TE ATREVAS! Ella solo tiene diez, Edward. Eso no está bien. Lo siento, ¿sí?

Sí. Solo mantén tu boca jodidamente grande cerrada de ahora en adelante.

Bien. Aunque no puedo creer que ha empezado. No son lo suficientemente mayores para tener citas. Solo son bebés.

¿Por qué no me contaba algo que no supiera?

Y tú solo tienes una hija. Yo tengo tres. ¡TRES, Edward!

Me reí. El karma era una perra y Emmett estaba teniendo lo suyo. Sus gemelas eran una versión más joven de Rubia. Algunos de los chicos de la Universidad de Florida vieron fotos y le preguntaron a Emmett si tenían dieciocho. Él se había puesto como loco ante eso. Jodidamente divertido.

Buena suerte, hombre.

Sí. Para ti también. Idiota.

Deslicé mi teléfono en mis jeans. Los miedos de Emmett me hicieron sentir un poco mejor. Al menos no estaba solo. Mañana sería un día difícil. Chica Reed tendría que trabajar duro para mantener mi mente alejada de eso. De alguna forma sabía que ella se encargaría. Mi esposa era genial.

Xoxoxoxoxox

Mi teléfono sonó cuando iba de camino a la práctica por la mañana y me reí cuando vi que era Jasper. Debería haberlo sabido. Todos los demás habían aparecido. Mamá había llamado y había tenido una sesión de Skype con Dani y Chica Reed la noche pasada. Charlie había mandado mensajes, preguntándome si todavía tenía el arma que me había dado y si necesitaba algunas sugerencias. Mi papá solo se había reído y me había deseado suerte. Idiota.

—¿No deberías estar arruinando mentes jóvenes? —pregunté en lugar de decir hola cuando contesté.

Él se rio a través de la línea.

—Tengo un poco de tiempo y creí que debería comprobar tu mente no tan joven.

Hice una mueca ante el recordatorio. Tenía treinta y siete. ¿Cuándo había pasado eso?

—Jódete.

—Habría dicho que sí si lo sugerías más o menos veinte años atrás. —Se echó a reír ante mi silencio por la sorpresa—. Esa mierda nunca pasa de moda. Pero en serio, ¿cómo lo estás llevando?

—¿Cómo crees que lo estoy llevando? Quiero agarrar a toda mi familia y enviarla a alguna cabaña en medio de la nada en Alaska durante la próxima década.

Jasper se rio otra vez.

—Puras estupideces. Todavía no estás acostumbrado a estos inviernos. No hay forma de que soportes Alaska.

Eso era verdad.

—Bien, entonces nos compraré nuestra propia isla.

—No puedo discutir ese plan. Desearía que este no fuese el año que descansamos de ese viaje.

Muy cierto. Cada pocos años, rentamos la casa grande en la isla en la que Chica Reed y yo pasamos nuestra luna de miel, todo el grupo, Chelsea, junto con Sammy, Emily y sus dos hijas; Colin, Kim y sus dos hijos; Brady y Sarah; y Paul y Leah y su hijo y su hija. Muy pronto, tuvimos que rentar más que la casa grande. Los chicos se hacían mayores y no querían compartir, y, en algunos casos, no se les permitía. El hijo de Colin, Christopher, tenía un enamoramiento no correspondido con Dani, gracias Dios. Y Emmett juraba que había visto a Julian mirando a Lily, incluso aunque ellos todavía no se fijaban en eso. Pero no por mucho tiempo.

—Sí, bueno, no es una opción.

—Lo sé. Así que… ¿quieres que vaya a ayudarte a asustar a este chico?

Me reí. Él me conocía bien. Igual que mi esposa. Ella ya había amenazado mis bolas si llamaba a mis amigos para intimidar al chico. No sabía por qué no podíamos tener una noche improvisada de póker con dos antiguos lineman de la NFL y un receiver que todavía estaba jodidamente bien formado, además de mi increíble físico.

—Chica Reed dice que soy suficientemente intimidante por mi cuenta, incluso aunque yo quiero refuerzos.

Él se rio entre dientes.

—Bueno, si cambias de idea, podría solo pasar por ahí. Tal vez Esposa podría echarme.

Bufé.

—Ella nunca se creería eso, ya que Pequeña llamaría y se quejaría sobre ti. —Chica Reed había estado emocionada cuando Jasper consiguió un trabajo en la ciudad después de terminar su maestría. Ellos estaban a solo una hora de distancia y nos veíamos a menudo. Era, sorprendentemente, genial.

Emmett y Rubia permanecieron en Tallahassee, donde él ahora era el coordinador defensivo de los Noles, habiendo ascendido por la cadena en los pasados quince años. Rubia enseñaba y a las chicas les encantaba allí. Mamá y papá tenían un lugar aquí y uno en Tally. Desde que papá se retiró, pasaban la mitad del año aquí y la mitad en Florida, mimando hasta lo imposible a sus nietos en ambos lugares.

—Cierto. Estoy aquí si quieres hablar.

Sabía eso.

—Lo aprecio. Aunque, ¿no estás cansado de escuchar a las personas todo el día?

Jasper era el director de orientación de uno de los distritos escolares, yendo de escuela en escuela. Cómo él hacía esa mierda era demasiado para mí, pero la mayoría de los chicos lo amaban.

—Nunca me canso de escucharte, Cullen.

Bufé ante la voz femenina que usó.

—Idiota. Solo recuerda que ese serás tú en unos años.

—Vete a la mierda. Fiona solo tiene seis. Y Mandy cuatro. Tengo al menos una década.

—Sigue diciéndote eso. Yo estaba muy seguro de que tenía varias décadas solo ayer, pero no. Está aquí y apesta.

—No sé por qué te llamo para animarte. Solo me deprime.

No pude evitar reírme.

—Y, extrañamente, todavía me levantas el ánimo. Gracias, Jas.

—Te odio.

—No, no lo haces. ¿Te veo después del juego el domingo?

—Por supuesto. Llámame si necesitas un oído.

—Lo haré. Adiós.

Cortamos y sacudí la cabeza. ¿Quién habría pensado que Jasper terminaría siendo uno de mis mejores amigos en el mundo? Él había recorrido un largo camino desde la universidad. Los dos lo habíamos hecho.

Xoxoxoxox

—¿Podrías dejar de pasearte? Creerías que tú eres el que saldrá en su primera cita —dijo Chica Reed, riendo mientras yo daba otra vuelta alrededor del comedor. Estaba mirando por la ventana, esperando al chico. Quería ver cómo lucía, cuál era su auto y qué tan grande era el asiento trasero.

—No puedo evitarlo. ¿Qué si él no aparece? —Por mucho que no me gustara la idea de mi bebé yendo a su primera cita, realmente odiaba la idea de que le rompieran el corazón. Estaba bastante seguro de que si la dejaban plantada en su primera cita le haría mal en su autoestima.

—Él no está llegando tarde. Se supone que tiene que llegar en diez minutos.

Lo que sea. Cuando decía que iba a un lugar a las seis, estaba ahí a las cinco y cuarenta y cinco como mínimo. Él chico ya no me estaba impresionando. Strike uno. Bueno, más como strike sesenta, si tenía que ser honesto. Tenía un montón de razones para odiarlo. Él era mayor, manejaba, iría a una cita con mi hija, era mayor… Entienden la idea.

—Hablaste con ella, ¿verdad? ¿Sobre respetarse a ella misma y a su cuerpo, no dejar que él se acerque a las zonas divertidas? —Quería decir estas cosas la noche anterior, pero sabía que no podía pasar por esa conversación sin volverme loco. Esa era la razón por la que Chica Reed se encargó de la charla sobre sexo.

—Eso es divertido viniendo de ti, que eres todo sobre las zonas divertidas —dijo mi esposa con ironía.

Le dirigí una mirada suplicante y ella se acercó y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura.

—Sí, hablé con ella. Te dije que no está lista para eso todavía, Edward. Ella está emocionada por la idea de que él sostenga su mano o ponga su brazo alrededor de ella, y se pregunta si le dará su primer beso de buenas noches. No está pensando en sexo.

—Todo eso lleva al sexo. —Yo debería saberlo.

—Eventualmente. Pero no hoy. —Chica Reed apoyó su cabeza en mi hombro—. Criamos a una joven inteligente que sabe cómo manejarse. No necesitas preocuparte.

Preocuparme era mi trabajo. Era bueno para preocuparme.

—Todavía creo que deberías haberme dejado mandar a Ben, Cayo y Demetri al cine.

No tenía idea de cómo mi esposa había sabido que mandaría a algunos de mis compañeros de equipo a ver la estúpida película de chicas a la que el chico estaba llevando a mi hija. Ella los amenazó y ellos se derrumbaron como pequeños perritos. Sammy se rio hasta cansarse cuando traté de convencerlo, dejándome saber que Bella ya había hecho que sus esposas hicieran sus propias amenazas. Él sería el que viniera por ayuda en un año o dos. Él no se reiría en ese momento. Pero yo lo haría.

—No. Esto es importante para ella, Edward. No lo arruines.

Nada podría haberme desanimado tanto como esas palabras.

—Yo no quiero arruinar nada, Bella. Solo quiero que ella sea mi pequeña niña para siempre.

Ella pasó sus dedos por mi cabello.

—No podemos evitar que crezca. Todo lo que podemos hacer es estar ahí para ella mientras lo hace. —Ella sonrió—. No puedo esperar a que ella llegue a casa esta noche.

—Yo tampoco —le dije. Me gustaría que el momento pasara rápido.

Ella se rio.

—Tonto. Lo que no puedo esperar es ponernos nuestros pijamas, acostarnos en su cama y escuchar todo sobre la cita. Ya tengo listo el helado de mantequilla de maní.

Sonreí a pesar de mí mismo. Eso no había cambiado de cuando Chica Reed estaba embarazada de Dani. Ellas amaban su chocolate y su helado de mantequilla de maní y pasaban muchas noches acurrucadas en la cama, mirando películas y devorando eso. Me hacía extrañar esos años.

—Tal vez debería planear algo especial para nosotros dos pronto. No lo hemos hecho en un tiempo.

Chica Reed asintió.

—Sí, tal vez podrías planear una cita de padre e hija. Mostrarle cómo esperas que la traten los chicos.

Esa no era una mala idea. Tal vez en mi semana libre. Dani amaba arreglarse y salir a cenar conmigo. Tal vez todavía le gustaría, ¿ahora que ella puede salir con otros chicos?

—Ella lo amará —dijo Chica Reed, leyendo mi mente en esa forma rara que ella tenía.

—Yo también.

Sentí como se tensaba mi cuerpo cuando un Mustang rojo estacionaba en la entrada. Él tenía que tener un Mustang, ¿no?

—Él está aquí. —Chica Reed realmente sonaba emocionada—. ¡Dani!

—¡Ya voy*!

—Mejor que ella no lo haga —murmuré nuestras Chica Reed me daba un codazo.

—¡Inapropiado!

Como si los chicos adolescentes no fuesen inapropiados. Suspiré mientras el chico salía del auto. Él era alto, pero no más alto que yo. Y rubio. Demonios sí, tal vez Rainbow podría atacarlo. A ella todavía no le gustaban los rubios. Muchas gracias por eso, Jasper.

—¡Rainbow! —la llamé.

Chica Reed me golpeó otra vez al mismo tiempo que sonó el timbre.

—¿Qué?

—No trates de hacer que Rainbow lo ataque.

—No puedo controlar lo que ella hace —dije mientras ella me empujaba hacia la puerta. Me alegró ver que Rainbow caminaba a nuestro lado.

—Sí, puedes —me recordó. Ella puso su mano en el pomo de la puerta y me miró—. Compórtate. Los dos. Recuerda cuán importante es esto para Dani.

—Bien. —Pero no sonreí mientras Chica Reed abría la puerta. Me aseguraría de que la primera imagen que ese chico tuviera de mi fuera la del frío quarterback Edward.

—Hola, señora Cullen. Señor Cullen.

¿Señor Cullen? Mátenme. Chica Reed me dio una patada sutil, así que me estiré para estrechar la mano del chico. Tal vez pude haber apretado un poco fuerte, pero ella no lo sabría.

—Hola, Seth. ¿Cómo están tus padres? —preguntó mi esposa, toda dulzura y sonrisas, como si esto pasara todos los días. Otra vez, tal vez si el chico pensara que sí, él se sentiría intimidado y no del todo especial. O tal vez él pensaría que Dani era fácil. Esta cita de mierda apestaría.

—Ellos están bien. Mamá dijo que le agradeciera por ayudarla con la venta de pasteles.

Chica Reed sacudió la cabeza.

—No hay necesidad de agradecer. Entra.

¿Por qué tenía que entrar? Quería dejarlo esperando en el porche, preferentemente toda la noche.

Él se paró adentro y Rainbow olió sus pies. Le di una orden silenciosa para que hiciera pis en sus zapatos, pero ella no cumplió. Demonios. Usualmente estábamos en sintonía. Probablemente Chica Reed también le había dado una charla.

—Buen juego la semana pasada, señor.

¿Ahora era señor? ¿Cuántos años creía este idiota que yo tenía?

Capté la mirada de mi esposa, así que asentí.

—Gracias. ¿Alguna vez has ido a algún juego?

—Oh, sí. Vamos algunas veces al año. Papá tiene todos los DVD de sus Súper Tazón.

Tuve que sonreír.

—Solo los que ganó.

Y justo así, mi sonrisa se esfumó. Cuatro veces fui al gran juego y gané tres. ¿Él tenía que hablar del único que perdí? Imbécil.

—Bueno, él comprará otro este año —dijo mi esposa, siempre incondicional, haciéndome sonreír otra vez.

Malditamente cierto. Él último había sido una aberración. Estábamos preparados este año y volveríamos.

—Eso espero. Somos muy fanáticos.

Apostaba que lo era. ¿Estaba usando a mi hija para llegar a mí? Me vería obligado a matarlo si lo hacía. Teníamos muchos refuerzos. Podía enterrarlo sin que nadie lo supiera.

—Escuché que juegas al soccer. —Traté, pero fallé, de mantener el desdén fuera de mi voz, aunque estaba agradecido de que no fuera un gran linebacker o algo. Él era alto y un poco musculoso, pero no tanto. Dani podría derribarlo si lo necesitaba y yo podría hacerlo sudar si me veía forzado a patear su trasero por alguna razón.

—Sí. —Él sonrió—. Me encantan los deportes. Tengo que decir que nuestro equipo de vóleibol no es tan bueno sin Dani.

Me relajé un poco cuando dijo eso, aunque sospechaba que él extrañaría verla en esos estúpidos pantalones cortos que usaba, más que ver sus proezas deportivas. Yo ya extrañaba sus juegos. Ella era una estrella. Era una Cullen de la cabeza a los pies.

—Ella regresará pronto. Lamentablemente, tiene que aprender a mantener sus manos alejadas de lo que no le pertenece.

Sus ojos azules se ampliaron un poco, porque estaba bastante claro que no estaba hablando de las ranas.

—Edward —me advirtió Chica Reed justo cuando Dani aparecía por las escaleras.

—¡Hola, Seth!

Demonios, ella lucía hermosa. Jodidamente hermosa. Su cabello caía en ondas por su espalda, ondas salvajes. Los jeans que estaba usando parecían prácticamente pintados. ¿Por qué había pagado por esa mierda? Y su camisa mostraba que era más una mujer que una chica en este punto. Ella no tenía mucho pecho, ¿no? Mierda.

Seth tragó cuando la vio. Así que el chico no estaba ciego, demonios. Aunque él podría estarlo, si continuaba viendo a mi hija de esa forma.

—Hola, Dani. Esto es para ti. —Él sacó una margarita de Dios sabe dónde y las mejillas de mi hija se sonrojaron.

—Gracias. Es muy bonita. —Ella la tomó y la olió antes de dársela a Chica Reed—. Mamá, ¿podrías ponerla en agua por mí?

—Por supuesto. Esto fue muy dulce de tu parte, Seth.

No entendía por qué ellas actuaban como si él le hubiese traído una docena de rosas. Probablemente él había recogió la cosa por el camino. Maldito tacaño.

—No es ni de cerca tan bonita como tú.

Lo fulminé con la mirada mientras veía a mi hija y a mi esposa derretirse ante sus palabras. ¿No podían ver lo manipulador que era?

Pero él tenía razón en una cosa. Mi hija estaba jodidamente preciosa. Demasiado jodidamente preciosa.

—Hace frío afuera. ¿Por qué no te pones una chaqueta? —Busqué dentro del clóset del recibidor y saqué su abrigo.

—No hace tanto frío, Edward. —Chica Reed le dio un pequeño suéter que no cubría una mierda—. Aquí, cariño.

—¿Así que verán la función de She's the One de las seis y cuarenta, que dura una hora y treinta y siete minutos? —pregunté, dejándole saber que sabía exactamente cuánto tiempo duraba la película—. Les toma trece minutos llegar hasta el cine. ¿Así que volverán a las ocho y media?

—Te olvidaste los avances, papá —me recordó Dani secamente, sus ojos verdes lanzando dagas hacia mí.

—La traeré antes de las nueve, señor.

Ahí estaba el señor otra vez. Odiaba a ese chico. ¿Y para qué necesitaba los treinta y algo de minutos extras, tal vez quince minutos para los avances? Sabía lo que un chico de diecisiete años podía hacer en quince minutos y no era bonito.

—Eso suena bien —dijo Chica Reed—. Diviértanse, chicos.

Estaba por decir "pero no se diviertan mucho", cuando ella me piso un pie en su camino a la puerta. Era demasiado pronto. No había terminado de intimidarlo.

—Lo haremos. Nos vemos más tarde, mamá.

Le arqueé una ceja a Dani y ella suspiró.

—Nos vemos, papá.

—Sí, nos vemos. Conduce con cuidado. Ambas manos en el volante. —Y ninguna en mi hija.

—Sí, señor. Tendré cuidado.

—Lo sabemos. Disfruten la película. —Chica Reed me golpeó con la cadera para sacarme del camino mientras los dirigía hacia la puerta, después me bloqueó con el cuerpo para evitar que los siguiera.

—¿Qué fue eso? —demandé mientras veía que Seth le abría la puerta a mi hija. Él la ayudó a entrar pero no intentó tocarla. Bien. Odiaría tener que matarlo en mi camino de entrada. La sangre podría manchar el suelo.

—Eso fue para evitar que dijeras lo que sea que querías decir. —Chica Reed se puso las manos en las caderas—. ¿Tenías que estar tan en contra?

—¡Estoy en contra! ¡Ella tiene quince! Él necesita saber que no tiene que tratar nada. No lo amenacé.

—No, con palabras no. Pero tu comportamiento lo dijo todo.

Demonios. Odiaba cuando Chica Reed se enojaba conmigo.

—No pude evitarlo. Siento como si recién la hubiésemos tenido y ya la estoy perdiendo.

La mirada de Chica Reed se suavizó un poco.

—No la perderás, Edward. Solo harás eso si actúas como un idiota con cada chico que le gusta. Eso es lo que la alejará.

Mierda. No había pensado en eso.

—¿Por qué tiene que ser tan complicado?

Ella se rio.

—Porque tener citas es complicado, además de ser emocionante y estimulante. Ella solo está empezando, Edward. Seth es un buen chico. Estoy segura de que en algún momento vendrá uno que no será tan bueno y podrás asustarlo todo lo que quieras.

No sabía si debería estar ansioso por eso o no. Probablemente no. Sí. No.

El Mustang se alejó y luché con todo lo que tenía dentro de mí para no saltar en mi auto y seguirlos. Ella estaría de vuelta en tres horas. Podía sobrevivir a eso.

—Vamos, Campeón. Los chicos están durmiendo en la casa de sus amigos. Tenemos la casa para nosotros por un par de horas. ¿Qué te parece si tenemos nuestra propia cita?

Tenía que admitir que como una forma de mantener mi mente lejos de mi hija, nuestra propia cita era una muy buena idea.

—¿Sí? ¿Qué tienes en mente? —Agarré su trasero y ella se rio y golpeó mi mano antes de agarrarla.

Ella me llevó hacia la sala.

—¿Palomitas y una película?

Empecé a discutir que podríamos hacerlo mejor que eso, pero ella se acarició el estómago.

—Tengo hambre.

Bueno, entonces.

—Relájate, nena, y yo conseguiré la comida.

Preparé las palomitas en el microondas y volví, riéndome cuando vi que ella había puesto El Gran Gatsby otra vez. Algunas cosas nunca cambiaban.

Le di el tazón, sentándome al lado de ella y deslizando mi brazo a su alrededor. Ella se acurrucó contra mí, encajando perfectamente como siempre.

—Dime algo… Al contrario que la cita de nuestra hija, en la que será mejor que no pase, ¿la nuestra incluirá una sesión de besos calientes, seguidos por un poco de sexo antes del toque de queda?

Chica Reed se rio entre dientes.

—Por supuesto que sí. ¿No escuchaste? Soy una apuesta segura.

—Jodidas gracias por eso, nena.

Miramos la película por unos minutos, devorando las palomitas. Una vez que terminamos con eso, Chica Reed puso sus piernas en mi regazo, acurrucándose más cerca. Sentí sus ojos en mí en lugar de en la película y la miré.

—¿Qué pasa? —pregunté, sacando su cabello de sus hombros.

—¿Crees que sobreviviremos a los años de adolescencia? —preguntó.

Demonios.

—No será tan malo, ¿no?

Ella sacudió la cabeza.

—No, estuviste bastante bien, considerándolo todo.

—Bueno, si pude manejar su primera cita, puedo superar todo. Solo tenemos doce años más de adolescencia y los chicos serán más fáciles.

Ella se rio.

—Tal vez para ti. Yo odio la idea de que mis chicos crezcan. Y estamosesperando.

—¿Qué dijiste, nena? —No se había entendido nada de lo que había murmurado.

Sus ojos marrones llenos de lágrimas se encontraron con los míos.

—Tal vez sea un poco más de tiempo que eso. —Las manos de ella fueron a su vientre y… ¡mierda!

—¿Un bebé? ¿Tendremos un bebé?

Ella asintió, sus lágrimas cayeron al mismo tiempo que una risa escapó de ella.

¡Santa mierda! La levanté en mis brazos y la balanceé alrededor. Habíamos hablado de otro bebé, y decidimos dejar el control de natalidad un par de años atrás, y cuando nada pasó solo asumimos que no estaba escrito. Sin duda no dejamos de tener sexo. Solo dejamos de tratar y comprar pruebas de embarazo.

—Así que… ¿estas feliz? —preguntó ella, sonriéndome.

—Muy feliz. —La besé con fuerza antes de bajarla gentilmente y arrodillarme frente a ella—. Hola ahí, bebita. Tú nunca crecerás e irás a citas. Tú serás mi pequeña princesa para siempre, ¿sí? Haremos esa promesa justo ahora. Solo pregúntale a tu madre. Las cumplo.

Ella se rio y pasó sus dedos a través de mi cabello. Dejé un beso sobre su vientre plano.

—No sabes si es una niña.

Oh, sí, lo sabía. Mi primera bebé estaba creciendo, así que necesitaba otra que me amaría más que a todos, al menos por los próximos quince años.

—Tengo que llamar a Tiffany's.

Chica Reed se rio.

—Tienes un poco de tiempo, Campeón. Esperemos un poco hasta asegurarnos de que es tu próxima "niña de papá", ¿está bien?

Maldita espera.

—Bien. —Volvimos al sillón y senté a Chica Reed en mi regazo.

—Sabes que Dani nunca se quita el suyo, incluso aunque esté enojada contigo.

Suponía que sabía eso. Nunca había pensado en eso.

—¿La estaba usando esta noche?

—Por supuesto. Ella siempre será la niña de papá.

—Y también lo será esta. —Puse mi mano sobre su vientre—. En serio haremos todo esto otra vez, ¿no?

Su mano se unió a la mía.

—Lo haremos. ¿Estás listo?

Justo ahora, me sentía como si pudiera hacer cualquier cosa.

—Lo estoy.

—Bien. Yo también.

Sonreí.

—Dani se volverá loca cuando se entere.

Chica Reed se rio.

—Siempre quiso una hermana. Aunque también puede ser un niño.

Nope. Tenía a mis hijos. Y los amaba. Pero quería una bebita que me mirara como si yo hubiera colgado la luna, que se acurrucarse contra mí, que me dejara curar sus heridas y a la que enseñarle como golpear niños. Quería al menos otros quince años de ser el amor de su vida.

—Ella dirá papi primero.

Chica Reed se rio.

—¿Crees que no lo sé? Ella te adorará, justo como su hermana mayor y como yo.

La besé.

—Bueno, una de ustedes de todas formas.

Ella sacudió la cabeza.

—Ambas.

—¿Incluso aunque sea sobreprotector?

Chica Reed me besó.

—Especialmente por eso.

Rainbow saltó junto a nosotros, sin dudas preguntándose qué nos tenía tan emocionados.

—Tendremos un bebé, Rainbow. ¿Estás lista para esto? Te necesitaré para pasar por las noches sin dormir y alimentarla con el biberón.

Me dio un golpe antes de acurrucarse a mi lado.

—Ella está lista también. Te amo, Campeón.

—También te amo, Chica Reed. Haremos esto otra vez.

Completaríamos otro círculo. Otro bebé sorpresa, y esta vez no estaba asustado. Estaba muy listo. Hagámoslo.


*DILF (Dad I'd like to fuck): Papá al que me gustaría follar.

*Dani dice: "I'm coming!", que puede ser que se "está viniendo" en un sentido sexual, en español pierde el chiste.