Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.
Getting Blitzed
Autora: Nolebucgrl
Traductora: Itzel Lightwood
Beta: Yanina Barboza
Outtake 2
Suspiré mientras miraba el reloj otra vez. Rainbow puso su pata en mi pierna, como para decirme que me calmara de una jodida vez, pero no podía evitarlo. Chica Reed tenía toda la culpa de que estuviera enloqueciendo, incluso aunque no hubiera dicho mucho acerca de su reacción a la cita de Dani. No sé qué era, pero ella no confiaba en él, así que ahora yo no confiaba en él.
Aristóteles, "llámeme Aro", Papadakis había estado saliendo con Dani por tres semanas. No podía decir que estuviera feliz por eso, pero ¿cuándo yo estaba feliz por los chicos y mi hija? Chica Reed no había estado las dos veces que él había venido a recoger a Dani, primero con el programa de música y luego con su baby shower. El chico parecía igual que el último novio de Dani, Seth, con quien ella había terminado hacía un par de meses. En ese momento, había estado feliz por eso, pero ahora no estaba tan seguro.
Donde Seth había sido rubio y con ojos azules, Aro tenía el cabello oscuro, ojos y piel olivácea. Él era originario de Grecia e incluso tenía un ligero acento, lo que hacía a mi hija suspirar. Pensé que Chica Reed se sentiría de la misma manera que Dani lo hacía, porque todos sus actores favoritos parecían ser británicos o australianos, pero con una mirada hacia Aro en su boca se formó una delgada línea que significaba problemas.
Él era otro jodido chico de último año, lo que no me gustaba, pero nuevamente, no me gustaba ningún chico que se acercaba a Dani. Aunque estaba un poco feliz de que se fuera en un par de meses, a la universidad o de vuelta a Grecia o a cualquier lado que no estuviera cerca de mi hija. Demonios, esa fue la razón por la que Seth y Dani habían terminado, o eso fue lo que ella nos dijo. Él no quería tener algo serio cuando iba a irse. Mejor para mí. Ella no había estado con el corazón roto, jodidas gracias, y habíamos tenido unos cuantos meses felices sin chicos, hasta que Aro llegó.
—¿Realmente dejarás que salga con él? —preguntó mi esposa mientras el Honda se estacionaba en la entrada.
La miré. En su boca estaba una mueca y sus manos estaban cruzadas encima de su panza, donde nuestra hija estaba pateando sin parar, sin duda alguna. La fecha del parto era alrededor del cumpleaños dieciséis de Dani, y joder no podía esperar. Amaba la idea de que mis dos chicas quizás compartieran la misma fecha de nacimiento.
—¿A qué te refieres? Tú aceptaste cuando ella preguntó si podía ir hace un par de semanas.
—Lo sé. Pero tú lo viste.
¿A qué carajos se refería? Él lucía como un chico normal para mí. Era alrededor de la altura de Dani y delgado, lo que me gustaba porque ella podría patear su trasero con facilidad si es que lo necesitaba. Él necesitaba un corte de cabello, ¿pero qué adolescente no lo hacía? No había ningunas perforaciones extrañas o tatuajes visibles.
—¿Qué significa eso? Luce como cualquier otro chico de su escuela, excepto por todo eso del acento.
Chica Reed sacudió la cabeza.
—Pensé que un mujeriego reconocía a otro al verlo.
¿Qué?
—¿Qué quieres decir? ¿Cómo puedes saberlo?
Mierda. Esto no era bueno.
Chica Reed rodó los ojos. De ahí es de donde Dani lo sacó.
—Una mujer sabe —fue todo lo que dijo, antes de irse a tomar otra siesta. Alex no la estaba dejando descansar bien estos días. Nos estábamos acercando al día del parto.
—Chica Reed no debió decirme que él era un mujeriego —le dije a Rainbow, quien bostezó y se giró, exponiendo su barriga para que la acariciara—. Debí haber sabido que algo andaba mal cuando ella le preguntó a Dani como cinco veces si tenía su teléfono y su gas pimienta antes de que se fueran. Pensé que las hormonas estaban haciendo que imitara a Charlie o algo así.
Quizás era eso. Quizás las hormonas estaban haciendo que Chica Reed imaginara cosas que no estaban ahí. Deseaba que los chicos estuvieran aquí para distraerme, pero AJ estaba en una fiesta de cumpleaños y Ethan estaba en un campamento de música. Mis hijos no deberían abandonarme en momentos de necesidad, maldición. Dani apenas tenía una hora y media de haberse ido y aún faltaban dos horas para su toque de queda. ¿Acaso el tiempo no se movía?
Cambié a ESPN y traté de concentrarme en el jodidamente aburrido juego de béisbol que estaban transmitiendo.
—¿Cómo es que no sentiste que algo estaba mal con ese chico y le pateaste el trasero? —le pregunté a Rainbow.
Juraba que ella solamente se encogió de hombros antes de estirarse en mi pecho.
—No estás actuando bien, Rainbow. Espero que sepas cuando posibles mujeriegos salen con mi hija.
¿Y cómo se suponía que reconociera a un mujeriego? Solamente porque había sido un poco avanzado sexualmente a mi edad no significaba que conocía una mierda de los otros chicos. ¿Los padres honestamente podían ver que lo era después de solamente una cosa cuando me veían? Ni siquiera había hecho la mierda de conocer-a-los-padres hasta que Chica Reed llegó. Aro había lucido cómodo frente a mí. Un poco lambiscón, ¿pero qué chico recogiendo a una chica no lo era?
Dani no había respondido mi mensaje de texto que había enviado hacía un rato, lo que no era sorprendente dado que estaba en el cine. Mierda, las citas apestaban. Lo odiaba. Alex nunca tendría citas, nunca. Iba a convencerla de ese hecho mientras fuera pequeña, meterlo en su cerebro para que instintivamente se alejara de los chicos. Justo como enseñarles que el fuego era malo y que podía herirte. Era lo mismo con los chicos.
Quizás debería empezar ahora, mientras aún estaba en el útero. Quizás si le hubiera prohibido las citas a Dani antes del parto, no estaríamos aquí ahora.
Me puse de pie, listo para subir las escaleras, justo cuando la puerta principal se abrió. Una mirada al reloj me dijo que AJ no llegaría a casa hasta dentro de otra media hora, pero quizás la fiesta terminó antes. Fui hacia el pasillo y me detuve cuando vi el rostro lleno de lágrimas de mi hija. Mi corazón se detuvo.
—¿Nena? ¿Qué pasó?
Ella se limpió el rostro, sus ojos rojos, sus mejillas manchadas. Corrí hacia ella, mirándola para ver si estaba herida. No vi marcas en ella, pero mi sangre se heló ante la idea de heridas que no pudiera ver.
—Nada. Estoy bien. ¿Dónde está mamá?
—No estás bien. Estás llorando. Mamá está dormida. Ven a hablar conmigo.
Era difícil, tan difícil, mantener mi miedo, y la creciente ira que sentía en mis entrañas, al margen. Alguien, o algo, había molestado a mi hija. Solo podía esperar que fuera una tristeza emocional. Si ese chico le había hecho algo a ella, lo que fuera, iba a matarlo. Y disfrutaría demasiado al hacerlo.
—No es nada, de verdad. Solo quiero irme a la cama.
Mierda no. Tomé su brazo, gentilmente, y la mantuve en la sala de estar.
—No son siquiera las ocho de la noche, Dani. Estás en casa dos horas antes, y has estado llorando. No te irás a la cama hasta que me digas por qué.
Tomé un profundo respiro, tratando de controlarme. Mi corazón ahora estaba latiendo tres veces más tras haberse detenido al verla.
—Si no puedes hablar conmigo acerca de eso, si no te sientes cómoda, puedo traer a tu mamá. Pero, nena, por favor. Tengo que saber qué pasó. —Solo dime que estás bien. Por favor, Dios, deja que esté bien.
Ella sollozó.
—¿Por qué los chicos solo quieren una cosa?
Cada miedo que había tenido palideció en comparación del que tenía en este mismo momento.
—¿Te tocó? ¿Se forzó en ti? ¿Él te...? —Mierda, ni siquiera podía completar esa oración.
Sus hermosos ojos verdes se ensancharon.
—¡No! ¡Papi, por supuesto que no!
Joder, gracias. Mis rodillas cedieron, y colapsé en el sofá. Dani se sentó junto a mí, enterrándose en mi pecho. La abracé tan fuerte como podía sin lastimarla.
Cuando me calmé un poco, quité el cabello de su rostro y limpié las lágrimas frescas.
—¿Qué pasó?
Se mordió el labio, luciendo tan idéntica a su madre en ese momento que casi quería sonreír. Pero no lo iba a hacer, no hasta que supiera qué había hecho esa pequeña rata para hacer a mi hija llorar. Aunque estaba agradecido que no la hubiera tocado, o peor, aún quería matarlo por entristecerla.
—Te vas a enojar.
Bueno, por supuesto que lo haría. Algún idiota claramente había querido más de lo que mi hija estaba dispuesta a dar. Pero no iba a estar enojado con ella. No era culpa suya que los chicos fueran idiotas.
—Quizás me enoje, pero no contigo.
Ella bufó y sacudió la cabeza.
—No, también te enojarás conmigo.
Y mi corazón se aceleró otra vez. Iba a tener un jodido infarto a este ritmo. Un atleta profesional de primera, muriendo en la plenitud de su vida, porque su hija adolescente salía con idiotas. Qué vergonzoso.
—Incluso si me enojo contigo, aún te amaré. Y quiero protegerte. Así que necesitas decirme qué pasó.
Parte de mí quería gritarle a Chica Reed que viniera aquí y me ayudara, pero sabía que en el instante en el que lo hiciera, Dani acudiría a ella y yo quedaría completamente fuera. Amaba su relación —eran amigas además de ser madre e hija— pero quería ser a quien ella acudiera justo ahora. Incluso aunque esta conversación me matara.
—¿Prometes no enojarte?
Bueno, eso no empezó bien. Mierda.
—No. Pero prometo escucharte e incluso aunque sí me enoje contigo, eso no me detendrá de amarte con todo lo que tengo.
Eso me ganó una tremenda sonrisa. Limpié otra lágrima. Sus hermosos ojos nunca deberían estar tristes. Me mataba verla así.
—Bien. —Dani tomó un profundo respiro—. No fuimos exactamente al cine esta noche.
Incluso aunque una parte de mí se imaginaba eso, dado que la estúpida película aún no terminaría, me tensé.
—¿En dónde estabas?
Ella se movió un poco ante mi mirada.
—Había esta fiesta…
¿Una fiesta? Apenas tenía quince años. A unas semanas de distancia de los dieciséis, pero aun así.
Abrí la boca, pero Dani alzó una mano.
—Prometiste escucharme.
La jodida niña era justo como su madre. Calmada como el demonio cuando quería enojarme y destrozar la habitación. Pero ella tenía razón. Había prometido escuchar.
—Bien. Continúa.
—Era en la casa de un chico de último año. Sus padres salieron de la ciudad.
Se detuvo, mirándome, pero me las arreglé para no decir nada. Era difícil, pero mantuve mi palabra. Había tanto que quería decir. ¿A cuántas fiestas había ido a su edad? Eso no significaba que no fuera a ser castigada, severamente, por mentirnos.
—Como sea, cuando llegamos ahí, los chicos ya estaban tomando y fumando cosas. —Sus ojos fueron hacia los míos—. No tomé nada, lo juro.
Abrí los puños que inconscientemente había hecho y flexioné los dedos. Quizás había prometido que escucharía, pero no significaba que no fuera a preguntar algo vital.
—¿Aro tomó algo? —Asintió con lentitud—. ¿Viniste en el auto con él después de que había estado tomando? —Si la respuesta era positiva, sería afortunada de ir a otro lado antes de que se graduara de la preparatoria. Y él no manejaría a ningún lado en un futuro cercano porque rompería sus brazos y piernas.
—¡No! —Dani puso su mano en mi brazo—. Lo juro, papi. Shelly estaba ahí. Ella tampoco estaba tomando. Ella me trajo después…
—¿Después de qué? —Lo juraba, mi presión sanguínea probablemente estaba extremadamente alta justo ahora. Quizás terminaba llamándole al doctor del equipo para que viniera a revisarme.
—Quizás solo deba decirle a mamá.
No pude evitar la punzada de dolor que sus palabras me causaron, pero asentí con lentitud.
—Si estarías más cómoda hablando con tu mamá de esto, puedo ir por ella. Pero, nena, estoy imaginándome todo tipo de cosas, así que por favor saca a la mente de tu viejo de la miseria y dime un poco. Tu mamá me dirá de todas formas, y me gustaría escucharlo de ti.
—Es solo que es vergonzoso… hablar contigo de chicos y cosas.
No quería saber exactamente a qué se refería con "y cosas", pero tenía que saber que mi hija estaba bien.
—Lo entiendo. Hay una razón por la que tu mamá tuvo la charla de sexo contigo, y no solamente fue por tu beneficio. —Solté un suspiro—. Admito que el pensamiento de mi bebé creciendo no me gusta del todo, pero sé que lo estás haciendo. Y quizás no lo hayas notado, pero soy un chico.
Ella se rio un poco ante eso.
—Lo he notado.
—Sí, bueno, sé cómo piensan los chicos. Así que si realmente quieres saber la perspectiva de un chico, yo puedo dártela. —Incluso aunque me matara.
Dani me miró por unos momentos antes de asentir.
—Bien. Bueno, nos quedamos en la sala por un rato. Aro tomó unos cuantos vasos de cerveza. Había un barril —añadió después de pensarlo.
Jodidas fiestas con barriles a los quince. Mátenme ahora. Aunque, nuevamente, ¿qué podía decir? Había hecho algunas a esa edad. Bueno, Emmett hacía las fiestas, pero yo había estado ahí.
—Como sea, después de un rato, Aro quería pasar tiempo a solas conmigo, así que me llevó a una de las habitaciones.
Sí, mis puños y mandíbula se tensaron. Asentí para que continuara. No tenía que preocuparse por mí interrumpiendo su historia ahora. Era básicamente incapaz de hablar en este momento.
—No hicimos… no hubo mucho… no hicimos demasiado, papi. Solo nos besamos un poco, de verdad.
Le di otro tenso asentimiento. Mierda, la paternidad era más difícil que ganar el maldito Súper Tazón.
—Él, uh, quería hacer más, pero yo no estaba lista. Solo hemos estado juntos por unas cuantas semanas. —Directos ojos verdes se encontraron con los míos—. Nunca he hecho eso, y es demasiado pronto para pensar acerca de eso con él.
Gracias Cristo. Ella aún era virgen. Chica Reed me había asegurado eso, diciendo que sabría si ella hubiera dormido con Seth, pero escucharlo de los propios labios de mi hija era un regalo del cielo.
—Tienes razón —conseguí decir—. Ni siquiera deberías pensar en el sexo con alguien tan pronto en una relación.
Dani ladeó la cabeza, mirándome cuidadosamente.
—¿Qué edad tenías cuando lo hiciste por primera vez?
Santo infierno. Esta era una conversación que nunca quería tener. Especialmente no con mi hija adolescente.
—¿Qué te parece si primero terminas de decirme que pasó para que te hiciera llorar, y luego hablaremos de mí? —Demonios sí, lo estaba retrasando tanto como pudiera. Con suerte se olvidaría de haber preguntado.
—Bien. Él se enojó, dijo algo acerca de que lo provoqué y que eso es lo que saca por salir con una niña, y me dejó sentada ahí.
Idiota. El jodido idiota cabrón hijo de puta, ¿llamando a mi hija provocadora? Al carajo con eso. Él necesitaba que le patearan el trasero.
—Solo me quedé ahí por un rato. Pensé que quizás se calmaría y que podíamos estar ahí con los demás de nuevo. Pero cuando volví a la sala, él se estaba besando con esta chica Vicky, justo frente a mí y todos los demás.
La furia continuó creciendo en mí ante el pensamiento de cualquier chico teniendo sus labios en mi hija un minuto y en otra chica al siguiente. No había nadie mejor que mi Dani. No había duda de que él se había rebajado demasiado, pero solo podía estar agradecido por eso. El idiota no la merecía.
—Caminé hacia él y le dije que me daba gusto que hubiera encontrado a alguien más a su ritmo pero que quizás podía traerme a casa antes de que... —Se detuvo, sonrojándose un poco.
No sabía qué había dicho, pero estaba malditamente orgulloso de que mi bebé no hubiera salido corriendo. Había confrontado al idiota, justo como su madre o yo lo habríamos hecho.
—Como sea, me dijo que ya me había ofrecido un paseo y que yo no lo tomé, así que si quería uno, buscara en otro lado. —Se encogió de hombros, como si eso no la hubiera herido. Pero yo sabía mejor—. Realmente no quería irme en el auto con él, dado que había tomado. Luego llevó a Vicky de vuelta a la habitación a donde me había llevado y cerró la puerta.
Las lágrimas estaban de vuelta en sus ojos. La atraje a mi regazo y la sostuve contra mí.
—Vi a Shelly y le pregunté si me traería a casa —sollozó contra mi cuello—. No lloré hasta que nos fuimos.
Sonreí ante el ligero orgullo que escuché en su voz.
—Maldición sí, nena. No dejes que ese idiota vea que te lastimó.
—¿Cómo pudo pasar de gustarle yo un minuto y al otro estar con Vicky? Quiero decir, ella es realmente bonita y mayor y eso, pero realmente pensé que le gustaba.
—En primer lugar, eres más que realmente bonita. Eres hermosa. Y no tengo duda de que eres más hermosa de lo que esta Vicky podría desear.
Ella soltó una pequeña risa.
—Estás predispuesto.
—Maldición, sí lo estoy, pero también tengo ojos. Tú, niña, tienes las mejores partes de mí y tu madre. Y ambos somos hermosos, así que haz las matemáticas.
Esta vez la risa fue más fuerte.
—¡Papi!
—Es verdad. —Me recargué un poco más para que pudiera ver su hermoso rostro—. La cosas con los chicos como Aro… con chicos como el que yo solía ser antes de que tu madre llegara, ellos no están buscando más allá de lo exterior. A él no le gustabas por quien eras, nena. Si lo hubiera hecho, nunca habría corrido hacia otra chica en el minuto en el que dijiste que no. Él solo quería un cuerpo cálido, princesa, y odio decirte esto, pero si le hubieras dado lo que él quería, probablemente hubiera ido tras otra chica de inmediato de todas formas. Algunos chicos se interesan solo por las conquistas, especialmente a esa edad.
—¿Tú eras así? —preguntó en voz baja.
Mierda. Yo y mi gran boca.
—Sí y no. No puedo decir que recuerdo llevar a una chica a una fiesta y dejarla por otra cuando dijo que no. —Pero sonaba a algo que hubiera hecho. Si decían que no. Lo que nunca pasaba—. Pero como muchos chicos de mi edad, no estaba exactamente en busca del amor verdadero.
—Querías sexo.
Cristo, escuchar esas palabras de la boca de mi hija hizo que las mías murieran. Sonaba tan mal.
—Sí, supongo. —No había nada que suponer.
—¿Cuándo dejaste de querer eso y quisiste más?
Reí.
—Nunca dejé de hacerlo.
Dani rodó los ojos.
—Obviamente, o no tendría una hermanita en camino. —Mierda, pero amaba a mi hija. Su sarcasmo era puro de mí—. Pero sabes a lo que me refiero.
—Cuando tu mamá llegó. Ella fue la indicada para mí desde el momento en que la vi, aunque no lo sabía en ese entonces. —Había algunas cosas que no le decías a tu hija, incluso cuando fueras más honesto que nunca con ella—. Ella jugó conmigo mejor de lo que toca el piano y me tenía sin saber cuál era el camino hacia arriba o abajo o hacia un lado. E hizo que la conociera y me enamorara de ella antes de que me dejara… ya sabes. —De nuevo. Dani no necesitaba saber acerca de la primera vez, muchas gracias.
—Mamá fue la primera chica que amaste.
—La única, hasta que tú llegaste. Además de tu abuela, por supuesto.
Dani sonrió ante eso.
—Me gusta eso.
Besé su sien.
—A mí también.
—Pero ella no fue la primera chica con la que tuviste sexo.
Mierda.
—No.
—¿Así que cuántos años tenías?
Triple mierda.
—Alrededor de tu edad.
Ladeó la cabeza otra vez.
—¿Quince? ¿O dieciséis?
—Quince. —Nunca antes había deseado viajar tiempo atrás para no perder mi virginidad tan pronto—. Pero ¿sabes qué?
—¿Qué?
—Ni siquiera puedo decirte cuál era el nombre de la chica o siquiera cómo la conocí. Solo era sexo para mí. Y no puedo prohibirte que hagas algo que yo hice a tu edad, incluso aunque odio ese pensamiento. Lo que te puedo decir es que quiero algo mejor que eso para ti. No quiero que, veinte o treinta años después, te sientes con tu propia hija diciéndole que no recuerdas el nombre del primer chico al que te entregaste, que él era así de insignificante para ti.
Sacudí la cabeza.
»Sé que es diferente para las chicas. Tú probablemente recordarás quién fue. Dios lo sabe, tu madre recuerda las cosas más al azar. Pero no quiero que seas solo una chica para el chico con el que compartas eso. Aro no recordará a Vicky en algunas semanas, ni qué decir de algunas décadas. Tú, nena, mereces ser recordada. No tomes ese paso hasta que estés segura de que lo serás.
Dani asintió.
—De acuerdo, papi.
—Ni siquiera yo pude haberlo dicho mejor.
Ambos volteamos, viendo a Chica Reed de pie en el marco de la puerta.
Dani salió de mis brazos, y la dejé ir a los de mi esposa. Bella la abrazó y besó su frente.
—¿Escuchaste?
—Escuché la mayoría. —Chica Reed pasó sus manos a través del largo cabello de Dani—. ¿Estás bien?
—Sí. Solo un poco triste de que Aro resultara ser tan idiota.
—Todas nos encontramos con algunos idiotas antes de encontrar al correcto. —Chica Reed sonrió hacia mí—. Pero una vez que lo encuentras, te olvidas de todos los idiotas en el camino.
—¿Eso te pasó cuando conociste a papi?
Esperé por el chiste de que yo era el mayor idiota de todos, pero Chica Reed asintió.
—Sí. Tu papá hizo que cada mala decisión que tomé antes de él valiera la pena, porque todas me llevaron hacia él.
Le sonreí. Todos estos años después, y ella aún podía destruirme con unas cuantas palabras y esa sexy mirada en su rostro.
—¿Por qué no vas a la bañera y estaré ahí en un rato con un poco de helado?
—Bien. —Dani se separó de Chica Reed pero en lugar de irse hacia las escaleras, ella volvió y besó mi mejilla—. Gracias por escucharme, papi. Me gustó lo que dijiste, acerca de ser recordada.
—Tú siempre deberías ser inolvidable, nena. Eres una Cullen.
—Sí, lo soy. —Me abrazó—. Te quiero.
La sostuve contra mí.
—Te quiero, princesa. Más que a nada.
Ella asintió.
—Lo sé.
—Eso no significa que no estás castigada por mentirnos.
Ella me soltó, suspirando.
—Lo sé. Lo siento.
—Y debiste haber llamado. Me alegra que Shelly estuviera ahí y que no estuviera tomando, pero ¿qué si lo hubiera hecho? Quizás estuviéramos enojados de que nos mintieras acerca de a dónde ibas, pero hubiéramos ido por ti. Tu seguridad es lo más importante para nosotros, siempre. Por favor, no tomes ese riesgo de nuevo.
—Lo sé. No lo haré.
—Bien. Buenas noches, nena.
—Buenas noches, papi.
Chica Reed caminó hacia mí después de que Dani fuera escaleras arriba.
—Estuviste increíble con ella.
Solté un suspiro.
—Esa es la conversación más difícil que he tenido. Es por eso que tú tomaste la charla de sexo. Tortura pura.
Chica Reed soltó una risa.
—Cierto. Pero te luciste, Campeón.
La sostuve contra mí, descansando mi cabeza contra su panza.
—No me sentí así en ese momento, pero me alegra que lo pienses.
—Lo hago. Y solo puedo desear que nuestra hija sea tan afortunada como yo lo soy algún día.
Bufé.
—Solía ser como el idiota de Aro. —¿Qué clase de nombre idiota era Aro de todas maneras?
—Quizás, pero Dani sabe qué buscar de ahora en adelante. Y tiene mucho de mí, y mucho de ti, en ella. Ella transformará a su idiota en un Campeón, justo como yo lo hice.
—Espero.
Una pequeña patada debajo de mi cabeza me hizo sonreír.
—Tú no tendrás citas, Alexandra Cullen. Nunca.
Chica Reed rio.
—Buena suerte con eso, Campeón.
No sería suerte. Sería entrenamiento. Me giré y presioné un beso en su panza.
—Los chicos apestan. No nos gustan.
Mi esposa soltó una risita.
—Quizás la llevarás a ser lesbiana.
Por un segundo, lo consideré, pero no. Las chicas eran aún más complicadas que los chicos. Al menos sabía qué era lo que los chicos querían.
—Las chicas apestan, también. El amor propio es lo mejor.
Chica Reed se rio aún más fuerte.
—Tú sabrás mucho de eso por los siguientes meses.
Sí, lo sabía.
—No me lo recuerdes.
Pero cuando Alex pateó de nuevo, sonreí. Valía totalmente la pena, incluso cuando ellos crecían.
