Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to Nolebucgrl. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Nolebucgrl, solo nos adjudicamos la traducción.


Getting Blitzed

Autora: Nolebucgrl

Traductora: Itzel Lightwood

Beta: Melina Aragón


Outtake: Las primeras veces

—Bien, Dani está alimentada y dormida. —Chica Reed entró a nuestra habitación, hablando en voz baja incluso aunque Dani estaba en su propia habitación. Lo entendía por completo. Todos susurrábamos cuando la bebé estaba durmiendo. Despertarla por accidente no era divertido.

—Bien. —Sonreí hacia mi esposa, palmeando la cama junto a mí. Había sobornado a Rainbow con algunos regalos para sacarla de la habitación cuando escuché a Chica Reed acostar a Dani.

Ladeó la cabeza y me miró, en mi total gloria de desnudez.

—Alguien está de buen humor.

—Por supuesto que lo estoy. Nuestra bebé es claramente la niña más lista, hermosa y dulce del planeta, contenta en su cama mientras su madre, mi sexy esposa, finalmente tiene unos cuantos minutos libres para dejar que me encargue de ella.

Chica Reed sonrió mientras caminaba alrededor de la cama para mi lado, quedándose frente a mí.

—¿De verdad? ¿Vas a encargarte de mí? Porque luce como si estuvieras dolorosamente listo para que yo me encargue de ti. —Se estiró y acarició mi muy dura, y sí, muy lista polla.

Deslicé mis manos debajo de su camiseta, sacándola de su cuerpo.

—Estaba pensando que quizás podíamos encargarnos del otro.

—Puedo trabajar con eso.

Ese fue todo el permiso que necesitaba. Nos habían dado la libertad de retomar la actividad sexual hacía tres semanas, y estúpidamente pensé que volveríamos a la manera que teníamos pre-bebé. Sí, era un idiota. Chica Reed estaba cansada como nunca, y yo también. La mayoría de las noches nos dormíamos jodidamente temprano porque sabíamos que volveríamos a despertarnos cada par de horas. Nuestra casa llena de personas finalmente se había reducido a nosotros y la niñera, quien todavía no tenía deberes nocturnos. Planeábamos cambiar una vez que Dani tomara el biberón. Pronto. Jodidas gracias.

Saqué la ropa interior de Chica Reed, moviendo mis manos por sus piernas y deslizando mi pulgar contra su clítoris. Sonreí mientras ella soltaba un pequeño gemido y embestía contra mi mano.

—Oh, sí, estás lista para mí, ¿no es cierto, nena?

—Muy lista.

Subió a mi regazo y frotó su coño contra mi polla, empapándola con su humedad. Tomé sus caderas y me deslicé en casa, gimiendo con ella cuando sentí lo caliente que estaba a mi alrededor.

—Oh, Dios. Sí. No tomará mucho —murmuró Chica Reed justo cuando comenzaba a montarme.

—No este round, quizás. —Teníamos tiempo perdido que reponer.

Ella se estremeció y aceleró sus movimientos. Froté su clítoris con mi pulgar, y se movió más rápido. Oh, sí, no pasaría mucho tiempo antes de que estuviera gritando mi nombre y...

—Wahhhhhhhhh. —Un chillido estremecedor llenó la habitación, y no era el sonido de Chica Reed viniéndose.

Solo con eso, Chica Reed detuvo sus movimientos y saltó de mi polla punzante.

—Ella no debería tener hambre. ¿Quizás necesita que la cambiemos otra vez? ¿O quizás no le saqué el gas lo suficiente? Yo... —Ella estaba en pánico, lista para correr de la habitación.

La detuve.

—Nena, yo me encargo. Acabas de terminar de alimentarla, así que revisaré su pañal y haré que se duerma otra vez. Tú relájate, y espera por mí. Tenemos asuntos pendientes que atender.

Me puse el bóxer porque era demasiado raro que mi hija me viera desnudo, con una erección. A la mierda con eso. Eso no pasaría.

—¿Estás seguro? Probablemente debería...

Le di un rápido beso y me dirigí a la puerta.

—Lo tengo. —Dani y yo necesitábamos tener una pequeña discusión de todas formas.

Me apresuré a la habitación, donde mi hija estaba gritando como loca. Rainbow entró después de mí, sin duda queriendo ver de qué iba todo el escándalo.

—¿Qué está mal, nena? ¿Necesitas un pañal limpio?

Saqué a Dani de la cuna, y se calmó mientras la ponía en la mesa de cambiar. Le quité el pijama, después de lidiar con los estúpidos broches. No hacían esas mierdas para las manos de los hombres, déjenme decirles. Su pañal estaba limpio, jodidas gracias, pero puse uno nuevo dado que ya estaba ahí.

—Bueno, eso no era, ¿entonces qué era? ¿Tienes gas? Sé cómo se siente eso. —Tomé una manta y la alcé en mi hombro, y su pequeña cara se presionó contra mi cuello mientras palmeaba y acariciaba su espalda, caminando alrededor de la habitación—. Déjalo salir, princesa.

Pero ningún eructo salió, así que finalmente me senté y me mecí con ella.

—Solamente querías compañía, ¿no es así? Bueno, mientras estoy contento de pasar noventa y cinco por ciento de mi tiempo contigo, podías haberme dado unos cuantos minutos más con tu madre, ¿sabes?

Cambié a Dani hacia mis brazos. Ella me miró, con los ojos muy abiertos, y puso su pequeña mano en mi pecho.

—¿Crees que porque me miras con esos bonitos ojos azules no te castigaré? Podrás ser la más linda bloqueadora de sexo conocida por el hombre, pero aun así eres una bloqueadora de sexo. Y, nena, papi tiene necesidades. Lo entenderás algún día. —Esperen un momento—. No, no lo harás, porque nunca dejarás que un hombre te toque. Pero lo entenderás, por las películas y la televisión y cosas así.

Me había salido del tema. Como siempre. Rainbow se subió al brazo de la mecedora y me golpeó un poco. Cierto. En lo que estaba.

—Como sea, como iba diciendo, papi y mami necesitan tener tiempo a solas por la noche. Es una parte importante de estar casados. Una de las mejores partes. Y no es lindo interrumpir esos pocos y lejanos momentos. No pido mucho, princesa. Solo una hora o algo así de tiempo de adultos ininterrumpido. Te gusta estar conectada a mami, ¿no es cierto?

Dani no contestó, pero sí flexionó su manita contra mí. Tomé eso como un sí.

—Bueno, también a papi. Tenemos un tipo diferente de conexión, aunque admito que me gusta conectarme con la parte de ella que tanto te gusta. Fueron míos primero, solo para que lo sepas.

Y esa era una ruta de pensamiento muy peligrosa, porque saber que mi esposa estaba desnuda en la cama esperando por mí causaría que mi polla se endureciera de nuevo, y apenas se había calmado.

—Ya tuviste tu tiempo de conexión, y ahora es el mío. Así que necesitas irte a dormir y ser una buena niña por una hora o dos. De preferencia más porque, ya sabes, me gustaría dormir toda la noche en algún momento de este siglo. Realmente ya deberías de ser capaz de notar el tiempo a estas alturas. No es tan difícil.

Los ojos de Dani comenzaron a cerrarse, y la mecí un poco más rápido.

—Eso es bebé. Tú ve a dormir, y en unas cuantas horas puedes tener a tu mamá de vuelta. Papi hará que esté linda y relajada, y papi estará de un humor más feliz y paciente la próxima vez que te despiertes. Ten dulces sueños de gatitos y arcoíris.

Recibí un pequeño golpe cuando dije el nombre de Rainbow. Acaricié su cabeza.

—Y tú no regresarás al cuarto conmigo tampoco. Puedes quedarte aquí con Dani o ir a tu torre.

Rainbow me lanzó una mirada de desaprobación.

—Oye, tú sabes cómo son las cosas. Ella solo es una bebé, pero aprenderá también. —Con suerte será pronto.

Dani estaba oficialmente dormida, así que me puse de pie con cuidado y la dejé en su cuna.

—Duerme bien, princesa. Ni un solo ruido por algunas horas, ¿sí? —Acaricié su cabello y salí, con Rainbow siguiéndome.

La cargué, listo para dejarla fuera de la habitación detrás de mí, pero cuando llegué al umbral, pausé. Chica Reed estaba dormida, acurrucada contra el monitor de bebé, con una sonrisa en su rostro, seguramente de haber escuchado mi conversación con Dani.

Suspiré, bajé a Rainbow porque claramente se había terminado la hora de jugar. Ella saltó en la cama, acurrucándose en su lugar en mi almohada. Fui hacia el lado de la cama de Chica Reed y acaricié su cabello justo como lo había hecho con nuestra hija antes de dejar el monitor de nuevo en el buró.

—Espero que tus sueños sean acerca de cosas más sexys que gatitos y arcoíris, Chica Reed.

Fui hacia mi lado y me metí en la cama, apagando la lámpara mientras lo hacía. Rainbow se acurrucó contra mí, ronroneando.

La paternidad. El más grande bloqueador de sexo. Oh, bueno. Ahora ya estaba cansado de todas formas.

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—Vamos, Dani. Puedes hacerlo. Sé que puedes.

Ella balbuceó y sopló una pequeña burbuja de saliva, sonriendo hacia mí en triunfo cuando se reventó.

—No es exactamente a lo que me refería, princesa.

Chica Reed enredó sus brazos a mi alrededor desde atrás.

—Lo dirá cuando esté lista, Campeón. No puedes hacerla hablar.

Puras mierdas. Ella era una Cullen. Había sido bendecida desde el nacimiento, y maldición, podía decir papi. Juro que ya lo había dicho, pero Chica Reed afirmó que el "pa" que había dicho era solo balbuceo de bebé. Pero lo sabía. Ella sabía quién era, y había dicho "papá" primero. Justo como debería ser.

—Si tan solo admitieras que lo dijo ayer, entonces no tendría que hacer que lo diga de nuevo hoy.

Chica Reed rio y mordió la parte de atrás de mi cuello. Jodidamente caliente.

—Si ese fuera el caso, entonces sus "muhs" claramente son ella diciendo mami.

Me giré y le sonreí a mi esposa.

—Ella dice "muh" cuando ve a Rainbow, así que no estoy seguro de cómo se relaciona eso.

Chica Reed arqueó una ceja hacia mí.

—Quizás esa es su manera de decir miau. Quizás Rainbow es en realidad su primera palabra.

Huh. Como si estuviera de acuerdo, Rainbow se subió a la cuna. Dani rio y la agarró. Siempre me asustaba cuando hacía eso, pero Rainbow, siendo el animal más listo del mundo, sabía que la bebé no estaba tratando de lastimarla y soportaba el agarre y los golpes con la paciencia de un santo.

—De ninguna manera —dije, justo cuando Dani soltaba un pequeño "muh".

Chica Reed rio.

—Solo estaba bromeando, pero quizás no estoy tan lejos de la verdad.

Rainbow movió su cola y luego se movió en círculos antes de acomodarse al lado de Dani. Chica Reed, por supuesto, sacó su teléfono y tomó más fotografías. Estaba seguro de que la mayor parte de nuestro tiempo como padres consistía en alimentar, cambiar pañales, lavar ropa, y tomar fotografías. No necesariamente en ese orden.

—Ignora a tu madre, bebé. Solo di papi. Pa y pi. Las sílabas más fáciles en el mundo por decir. Probablemente sabías cómo decirlo en el útero.

Mi esposa se rio.

—Considerando el hecho de que mamá tiene las mismas dos sílabas, creo que yo gano.

Mierda. Ella tenía razón. Pero de ninguna manera le iba a permitir eso.

—Papi sería lo mismo. Dilo, Dani. Papi.

—No estoy segura en qué mundo piensas que puedes hacer que un bebé de ocho meses haga algo, pero aplaudo tu tenacidad, Campeón. —Chica Reed palmeó mi hombro.

Bien, sabía que estaba siendo un poco irracional, pero desde hacía un par de semanas, Dani había estado imitándonos más y más. Juro que la vi mirándome y sus pequeños lindos labios se movieron como si estuviera tratando de decir las palabras también.

—Pa es lo —dijo mi hija antes de hacer una trompetilla.

—¿Ves? Ella me estaba mirando cuando dijo pa. — Estaba convencido.

—Claramente. Y ella no solo dijo papá pero también su primera oración completa.

El rostro de Chica Reed estaba perfectamente serio. Estaba totalmente de acuerdo. ¡Había ganado!

—¿Qué oración?

—Papá está loco. Ella ya te conoce.

La tomé y comencé a hacerle cosquillas mientras ella chillaba y se retorcía.

—¡Oye! ¡Estaba de acuerdo contigo!

—Uh-huh. —La cargué y la puse sobre mi hombro—. Papi se está llevando a mami a la habitación para castigarla por su insolencia. Esa puede ser tu segunda palabra, Dani. Insolencia. Es una grande que te mantendrá ocupada por el tiempo suficiente. Trabaja en eso mientras no estamos.

Golpeé el trasero de Chica Reed mientras la cargaba a la habitación. Ella golpeó el mío de vuelta, dado que tenía la oportunidad perfecta. Cuando llegamos a la habitación, la arrojé en la cama, sonriendo hacia su rojo rostro y cabello revuelto. Lucía como si hubiera acabado de tener fantástico sexo. Bueno, era adecuado, dado que estaba a punto de hacerlo.

—Así que estoy loco, ¿no?

Mi esposa sonrió y movió su dedo hacia mí.

—Loco por mí.

No podía negarlo.

—Sí, lo estoy. Puedes tenerme comprometido con eso.

Ella se estiró y tocó mi anillo de bodas.

—Comprometido de por vida.

—No lo aceptaría de otra forma.

Me puse encima de ella, mis manos inmediatamente encontrando sus perfectas tetas mientras mis labios se encontraban con los suyos. Pasé mis manos por su cuerpo, alcanzando el borde de su camiseta. Comencé a levantarla, para ver la suave, perfecta piel de su estómago, cuando sus manos detuvieron las mías.

—¿Qué? Estoy tratando de trabajar aquí mientras nuestra hija está contenta. —Solo Dios sabía cuándo Dani comenzaría a gritar. Ella ya nos había bloqueado más de una vez.

—Escucha.

Nada era más importante que lo que estábamos a punto de hacer. Siempre y cuando Dani no estuviera gritando o ahogándose o...

—Pa pa. Pa pa. ¡Pa! —se escuchó claramente a través del monitor.

Me levanté en un instante, dejando a mi esposa corriendo tras de mí mientras salía volando de la habitación. Corrí hacia la de Dani, y ella estaba sentada, sus pequeñas manos agarrando los barrotes de la cuna.

—Bebé, ¿me llamaste? ¿Querías a tu papi?

Su pequeña carita se iluminó cuando me vio.

—¡Pa! Pa pa!

—Así es, bebé. ¡Soy papá! —Me estiré hacia la cuna y la cargué, acercándola contra mi pecho—. ¡Lo dijiste!

Chica Reed entró, con el teléfono en mano, grabando el momento para la posteridad.

—¿Puedes decirlo otra vez, bebé? ¿Quién es él? ¿Quién te está cargando?

—¡Pa! ¡Pa pa pa!

Mi hija saltó en mis brazos, sonriéndome, tocando mi rostro.

—¡Pa!

—Eso es, princesa. Papi está aquí. Siempre vendré cuando me llames.

Juro que sentí las lágrimas formándose en mis ojos. Una mirada a Chica Reed me dijo que no estaba solo, aunque las de ella ya se habían derramado. Nuestra hija siguió con felicidad, diciendo '"pa" y tocándome una y otra vez, feliz en nuestra emoción por su primera palabra.

—Parece que ganaste otra vez, Campeón. Papi es su primera palabra.

Como sabía que lo sería. Pero el hecho era que había ganado hacía mucho tiempo.

—Gané el día en el que chocaste conmigo con tu oboe, Chica Reed. —Deslicé mi brazo libre a su alrededor, atrayéndola hacia mí con nuestra hija.

—Yo diría que ambos lo hicimos. —Se acurrucó contra mí mientras Dani balbuceaba y nos tocaba a ambos. Sí, lo habíamos hecho.

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Todo estaba en demasiado silencio. Chica Reed había salido por un asunto de la Fundación Cullen, reuniéndose con potenciales profesores de piano. Dani estaba tomando su siesta desde hacía un par de horas y se levantaría en cualquier momento. Rainbow y yo estábamos viendo los videos de un juego.

—No puedo creer que esté diciendo esto, pero me he acostumbrado a todo el caos de aquí —le dije a Rainbow, acariciando su pelaje mientras veía las jugadas defensivas de los Skins—. Todo está demasiado callado.

Dani, ahora que ya se movía, estaba en todos lados y contra todo cuando estaba despierta. Manteníamos los ojos en ella en todo momento, y habíamos hecho a prueba de bebés cada jodida cosa posible. Teníamos esas molestas puertas en las escaleras, las que eran un dolor en el culo para abrirlas la mitad del tiempo. Usualmente pasaba por encima de las malditas cosas porque me irritaban. Todos nuestros gabinetes y puertas tenían esas molestas agarraderas de plástico en ellas para que ella no pudiera abrirlas. Esas hacían enojar a Rainbow porque algunas veces le gustaba esconderse en esos gabinetes de la cocina, por razones desconocidas.

Justo cuando me estaba adentrando en las jugadas de los Skins, escuché a mi hija a través del monitor. Agudicé el oído, escuchando su balbuceo y risas. Dado que no estaba gritando aún, decidí terminar la cinta. Solamente le faltaban quince minutos.

Después de cinco minutos, las risas de mi hija eran demasiado irresistibles. Pausé el DVD y subí las escaleras.

—¿Estás teniendo un buen rato sin papi, bebé? —pregunté mientras me dirigía hacia su habitación—. ¿Qué te tiene tan...? —Dejé de hablar mientras miraba el horror frente a mí.

Santa jodida mierda. Literalmente. Mi hija estaba sentada en su cuna, sin el pañal, esparciendo su mierda por toda la cuna y riendo con felicidad. La tenía un su rostro, su cabello, todo jodido lugar. Y ahora era un poeta. El Dr. Seuss nunca escribió una rima sobre eso, ¿o sí?

—¿Qué hiciste? —pregunté.

Dani, finalmente notando que tenía una audiencia, se puso de pie, justo en el jodido pañal sucio, muchas gracias, y comenzó a saltar y bailar.

—¡Papá! —Abrió su pequeña mano para saludarme, lo que habría sido lindo si no estuviera cubierta de mierda.

—¿Qué hiciste? —pregunté otra vez.

Rainbow entró, comenzó a dirigirse hacia la cuna e hizo una especie de salto raro en el aire, girándose una vez que notó el aroma, salió corriendo de la habitación. Me habría reído si no fuera por el hecho de que la mano de Dani estaba moviéndose hacia su boca.

—¡NO! —grité, yendo hacia ella, tomándola antes de que pudiera meter su puño en su boca. Solo Dios sabía si lo había hecho antes de que llegara aquí, pero definitivamente no lo haría más bajo mi supervisión.

Me di cuenta de que estaba sosteniendo a mi hija cubierta de popó contra mí, ensuciándome también. Jodido infierno. La miré, luego al desastre en su cuna. La bebé primero. Necesitábamos comprar una nueva cuna de todas formas. No había manera en la que pusiera a mi hija en esa cosa de nuevo, sabiendo lo que había estado en ella.

—Parece que tú y yo necesitamos limpiarnos, niña.

Sonrió y me golpeó con su mano llena de popó.

—Tienes suerte de ser jodidamente adorable.

—Joder —dijo ella, clara y sucintamente.

Jodido infierno.

—No vuelvas a decir eso. No hasta que seas mayor. Tu madre va a matarme. Mi madre va a matarme. Nada de malas palabras.

La cargué hacia el baño, en donde le quité la ropa y limpié sus manos con su mameluco. Lo tiré a la basura porque no había manera de que usara eso de nuevo.

La enjuagué en el lavabo mientras la ducha se calentaba. También me quité mi camiseta y el short. Iba a ducharme en bóxer por primera vez, porque no iba a meterme a la ducha desnudo con mi bebé. Eso era extraño.

—Vamos, bebé. Hora del baño.

Ella rio y chilló mientras el agua la golpeaba, extendiendo sus pequeñas manos hacia la cabeza de la ducha, lo que era bueno. No se permitían restos de popó. Ladeé su cabeza hacia el agua, mojándola, y luego tomé su champú de bebé y puse un poco en mi mano.

—Aquí vamos, princesa. Hora de estar limpia y bonita de nuevo.

No podía estar más agradecido de que Chica Reed trajera a Dani con ella a la ducha con frecuencia. Ella estuvo muy bien al respecto, sin llorar cuando le lavé el cabello, luego al enjuagarlo. La sostuve en el agua tibia, girándola a un lado y al otro, asegurándome de que estuviera totalmente limpia.

—¡Papá! —Dani dejó caer sus manos en mi pecho—. ¡Mamá!

—Mamá aún no está aquí, o ella estaría aquí contigo y yo estaría asegurándome de que tu habitación estuviera siendo profesionalmente fumigada, además estaría encargando una nueva cuna.

Dani solamente rio.

—Crees que es divertido, ¿no es así? Solo porque tu tío Emmett te llama mono no significa que debas actuar como uno. Esos son los que juegan con su popó. Monos. No bebés dulces.

Ella me dio una sonrisa contagiosa.

—¡Popó!

—¡No popó! Popó mala. La popó no es pintura, bebé.

—¡Paté popó!

—No paté con popó. Eso es asqueroso. Tendré pesadillas con esa visión, bebé.

Tomé el jabón para bebés que Chica Reed usaba con ella y le puse por todo el cuerpo.

—Serás la niña más limpia de todas una vez que termine contigo, pequeña.

La puerta de la ducha se abrió, y mi esposa se quedó en el umbral, sonriéndonos, con el teléfono listo. Tomó fotografías mientras Dani y yo terminábamos nuestra ducha.

—Preguntaría qué pasó, pero me detuve en la habitación de Dani antes de venir aquí. ¿Cómo? —Chica Reed sacudió la cabeza.

Gemí y le pasé a Dani para que Chica Reed la secara. Me enjaboné toda la parte de arriba del torso.

—Estuvo despierta máximo cinco minutos antes de que subiera. Estaba riendo y de buen humor, así que pensé que terminaría de ver la cinta del juego, pero me dio curiosidad.

Me enjuagué y salí de la ducha. Dani estaba seca y corriendo desnuda por la habitación.

—Necesitamos destruir su habitación.

Chica Reed rio.

—Difícilmente creo que necesitemos llegar tan lejos. La ropa de cama será cambiada. Limpiaremos la cuna, estará bien.

—Nunca estará bien de nuevo.

—¡Bien! ¡Papi bien!

Sonreí y recogí a mi saltarina hija.

—Sí, papi está muy bien.

—¡Joder! —dijo Dani, haciéndome encoger y mirar a mi esposa.

Chica Reed arqueó una ceja hacia mí.

—¡Viste la habitación! ¡No pude evitarlo! Solo se me salió.

—Uh-huh. Solo por eso, te encargarás de limpiar la cuna.

Dani me miró, sonriendo enormemente.

—Joder. —Parecía que disfrutaba diciendo su nueva palabra. Definitivamente era una Cullen.

—Eso es, bebé. Papi está jodido. —No tenía caso negarlo.

Chica Reed sacudió la cabeza y tomó a nuestra hija de mí.

—La pondré en el corralito y luego iré a ayudarte. —Su voz era placentera pero sus ojos estaban lanzando fuego.

Dani rio y dejó salir otro "joder".

Tendríamos un gran problema aquí, pero una cosa a la vez. Las alegrías de la paternidad. Dani me sopló un pequeño beso, una de sus cosas más nuevas, y me reí. Aun así todo valía la pena, con la popó y todo.

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—No está lista.

Mi esposa se rio.

—Te refieres a que tú no estás listo.

Quizás.

—Ninguno de los dos lo está. Solamente tiene cuatro.

—Y solamente es preescolar. Ella estará ahí por cuatro horas. Ya hablamos sobre eso.

Sí, lo habíamos hecho. Ella pensaba que Dani necesitaba "socializar". Yo pensaba que eso era un montón de mierda. Ella nos tenía. Eso era todo lo que necesitaba.

—No es como si fuera a aprender algo grande en preescolar que nosotros no pudiéramos enseñarle.

Colores, formas, contar, leer… podía enseñarle esa mierda.

—Compartir, amistad, cómo jugar con otros, cómo funcionar sin nosotros —dijo sonriendo con burla hacia mí.

—Sabe cómo compartir, tiene a Ethan para la amistad y jugar con otros, y ciertamente no necesita saber cómo funcionar sin nosotros.

Chica Reed deslizó sus brazos alrededor de mi cintura.

—Sé que no quieres eso, pero ella pronto necesitará ir a la escuela el tiempo completo. Necesitamos acostumbrarnos a eso. Ciertamente no iré a clase con ella, y tampoco tú lo harás.

Comencé a abrir la boca, y ella puso un dedo en mis labios.

—Y no vamos a educar en casa a los niños. Me volvería loca.

Sabía que estaba siendo injusto. Pero maldición, ella era mi bebé.

—No me gusta.

—Lo sé. Pero piénsalo. La escuela significa amigos, que significa citas de juegos, lo que significa que mami y papi pueden tener su propio tiempo de juegos.

Bueno, cuando lo ponía de esa manera… maldición.

—Bueno, pero si lo odia, no haré que se quede.

—Bien, trato. —Chica Reed me dio un beso—. Dani, ¿estás lista?

Y mi bebé entró por la esquina, con una pequeña mochila rosa encima de su camiseta azul. ¡No! Era demasiado pronto.

—Lista, mami. —Me sonrió. Se veía demasiado linda, con su cabello en pequeñas coletas—. ¿También vendrás a la escuela, papi?

—Por supuesto, bebé. No me lo perdería. —Y no lo haría. Mi trasero estaría pegado a la puerta en caso de que ella me necesitara. Los niños eran idiotas. Si alguno de ellos la molestaba, me la llevaría.

—¡Vamos!

Chica Reed tomó una de las manos de Dani, y yo tomé la otra. La subimos al auto y la aseguré. Ethan se quedaría en casa con Dottie. El camino era muy corto para mi gusto. Planeé manejar más allá de la escuela y continuar hasta la carretera, pero dado que Chica Reed me estaba mirando intensamente, deseché el plan.

Nos estacionamos afuera de la escuela. Había un grupo de niños pequeños corriendo alrededor del área de juegos, gritando y pasándola bien.

—¿Ves? A ella le irá genial aquí.

Lo que vi fue que un niño pequeño empujó a una niña pequeña y tomó el columpio. Lo tiraría de los columpios si planeaba hacerle eso a mi hija.

—Es demasiado ruidoso y lleno. Ella necesita un ambiente de aprendizaje más callado.

—Acabas de decir que ella no estaba aquí para aprender algo —me recordó mi esposa, usando mis palabras en mi contra como de costumbre. Era demasiado hábil en esa mierda.

—Bueno, ciertamente no lo hará ahora.

Chica Reed se rio mientras le ayudaba a Dani a salir de su asiento.

—Vamos. Conozcamos a tu maestra. ¿Estás emocionada?

—¡Sí!

Suspiré, sabiendo que luchar era inútil. Mi hija no tenía un solo hueso tímido en su cuerpo y caminó hacia el salón sin tomar nuestras manos o algo así. Había comenzado. Mi bebé estaba alejándose de mí.

—Hola. Mi nombre es señorita Flowers.

La maestra se veía de nuestra edad, lo que me molestó por alguna razón. Era demasiado joven.

—¡Soy Dani Cullen! ¡Tengo cuatro años! —anunció mi hija con orgullo.

Incluso aunque no me gustara que estuviéramos aquí, no pude evitar sonreír ante la confianza de Dani.

—Qué lindo conocerte, Dani. Estamos emocionados de tenerte en clase.

Apuesto que lo estaba. Mi hija era mucho más inteligente que el niño pequeño que estaba chocando un camión de bomberos contra la pared sin parar.

—Señor y señora Cullen. Gracias por traerla. Dani, ¿te gustaría ir a conocer a algunos de tus compañeros?

—Sí —dijo mi hija.

—Diviértete, Dani. Mami y papi volverán por ti pronto.

Me preparé para que Dani se diera cuenta de que no nos quedaríamos con ella y se pusiera a llorar. Sus lágrimas me mataban como nada más en el mundo.

—De acuerdo. Adiós, mami. Adiós, papi. —Y se alejó sin otra mirada hacia nosotros, tomada de la mano de su maestra y saludando a todos con los que la maestra la presentaba.

—Vámonos —murmuró Chica Reed, alejándome de la habitación.

—Pero… ni siquiera notó que nos estamos yendo.

—Eso es porque está emocionada de ir a la escuela y hacer nuevos amigos.

Esas deberían ser cosas buenas, pero no me gustaban en absoluto. Me solté de la mano de Chica Reed y me dirigí hacia la ventana.

—¡Edward! ¿Qué estás haciendo?

—Realmente no pensaste que iba a dejarla aquí sin asegurarme de que estuviera bien, ¿verdad? —demandé, sin dejar de mirar el vidrio.

—Luces como un sucio pervertido ahora —murmuró.

La ignoré. Esta era nuestra hija a la que estaba vigilando. No había nada sucio o pervertido acerca de eso. Dani estaba sentada en un pequeño círculo con los otros niños. La maestra estaba sosteniendo cartas de colores, y los niños le estaban diciendo qué colores eran, asumí. Maldita sea mi inhabilidad de leer los labios.

Dani contestó y aplaudió cuando la maestra sin duda le dijo que estaba bien. Por supuesto que lo estaba. Ella conocía los malditos colores. No necesitaba el preescolar.

—¿Ves? Ella está bien. Vámonos.

—Pero ¿qué si...?

—Si algo pasa, nos llamarán. Pero ella estará bien, Edward. Está divirtiéndose.

Por la sonrisa en el rostro de Dani, eso era verdad. Me aparté con reticencia de la ventana y me dirigí al auto. Cuando entramos, Chica Reed puso su mano en mi brazo.

—Solo porque esté yendo a la escuela no significa que ya no nos necesite.

Bufé.

—¡Ja! Se alejó sin mirar atrás. Ya está lista para dejarnos. Se irá a la universidad en un parpadeo.

Chica Reed se rio a carcajadas de mí.

—Aún no está lista para la vida en los dormitorios, pero nos aseguraremos de que lo esté cuando el momento llegue.

Los dormitorios, mi trasero.

—Ella vivirá en un edifico seguro que yo elija, y ella sola. —Con cámaras de video que asegurarán que se quedará sola en ese edificio.

—Oh, esa sería una experiencia fantástica de la universidad para ella. ¿Cómo hubieras reaccionado si tus padres trataran de hacerte eso?

No de manera favorable, pero era mi hija, no yo. Podía ser hipócrita cuando se trataba de mi hija. Eso estaba permitido. Mis padres se habían equivocado. Yo iba a hacerlo bien.

—Ya veremos —le dije mientras encendía el auto.

Ella sacudió la cabeza.

—Pasos pequeños —murmuró entre dientes.

De alguna forma supe que no se refería a Dani cuando lo dijo. Estaba hablando de mí. No me importaba.

—¿Cómo es que no te mata dejarla ahora? —demandé incapaz de alejarme.

Chica Reed me dio una risa ahogada.

—¿Crees que no lo hace? La única razón por la que no estoy llorando como un bebé justo en este momento es porque alguien necesita mantenerte a raya. Estamos haciendo esto por ella, no por nosotros. Si fuera por mí, ella estaría en casa con Ethan. Pero necesita esto. Necesita niños de su edad, gente enseñándole además de nosotros, y su mundo necesita expandirse más allá de su familia.

Cristo. Sabía que tenía razón.

—¿Realmente quieres llorar? —pregunté.

—Por supuesto. Es nuestra bebé.

Suspiré y la atraje a mis brazos.

—Déjalo salir, nena. —Dame algo más en lo que enfocarme.

Chica Reed rio a través de sus lágrimas.

—No creas que no sé qué estás alentándome a llorar ahora para que podamos quedarnos aquí más tiempo.

Bueno, algo así.

—Sí y no.

—Más sí que no —sollozó y se limpió los ojos—. Vamos. Hay que empapar a Ethan de atención hasta que podamos tener a nuestra niña de vuelta.

Ese era un buen plan.

—Y quizás podamos trabajar en algo de ese tiempo para jugar que mencionaste antes.

Chica Reed rio.

—Quizás. Si me llevas a casa ahora y dejas de actuar como un acosador.

—Lo aprendí de ti.

Eso me trajo otra risa y un golpe en el hombro.

—Idiota.

—Pero soy tu idiota.

—Maldición sí que lo eres. Porque yo soy la mejor acosadora. Ahora vamos a casa.

Tan difícil como fue, la dejé volver a su asiento y abrocharse el cinturón, luego me alejé del lugar. Solo sería por algunas horas. La tendría de vuelta pronto.

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¿Qué estaba tomando tanto tiempo? Era mi turno de recoger de preescolar mientras Chica Reed enseñaba música en una de las escuelas primarias locales. Dani estaba tomándose su tiempo para salir hoy. Aunque amaba la escuela, siempre estaba feliz de venir a casa con nosotros y compartir historias de su día. Gracias a Dios que aún quería estar con nosotros. Mi alivio acerca de eso no se había desvanecido a pesar de los meses.

La maestra salió tomando la mano de Dani. Tomé un paso hacia delante para recogerla cuando noté que su rostro estaba lleno de lágrimas. Mi corazón se detuvo mientras corría hacia ellas.

—¿Qué pasa? ¿Está bien? ¿Estás herida, bebé? —demandé, estirándome hacia ella con gentileza, mirando por todos lados buscando una herida.

—Ella está bien —me aseguró la señorita Flowers. A la mierda con eso. Mi hija estaba llorando. Eso no estaba bien.

—¿Qué está mal, bebé?

Dani me miró, su rostro estaba devastadoramente triste.

—Cindy dijo que ya no quería ser mi amiga.

Jodido infierno. ¿Dónde estaba mi esposa cuando la necesitaba? El drama de chicas no era mi fuerte. Evité esa mierda toda mi maldita vida e incluso me casé con una mujer que estaba malditamente cerca de estar libre de drama. Como debería ser.

La tomé en mis brazos y la dejé llorar en mi hombro.

—¿Por qué alguien no querría ser tu amiga, Princesa? Eres la mejor. —Esta niña Cindy obviamente era idiota.

—Porque yo gané la estrella dorada hoy y ella la quería —sollozó en mi hombro, y me tomó unos momentos entender lo que había dicho.

Por supuesto que ella ganó la estrella dorada. Ella lo merecía.

—Cindy tuvo algunos problemas de escucha hoy y solo obtuvo una estrella verde. Supongo que culpó a Dani —explicó la maestra, sobando la espalda de Dani.

Me retiré y tomé su pequeño rostro en mis manos.

—Bebé, no es tu culpa que Cindy no ganara la estrella dorada. Ella está celosa y se está desquitando contigo. Algunas veces los amigos hacen eso.

—Pero ella dijo que no era mi amiga —sollozó mi hija, sus ojos llenándose de más lágrimas antes de que se derramaran.

Las limpié frenéticamente. Odiaba cuando ella lloraba.

—Bebé, ella probablemente no lo decía en serio. Algunas veces cuando estoy enojado, le digo a mis amigos cosas que no son en serio, y al siguiente día todo está bien de nuevo, después de que me disculpo. —Y más le valía a esta Cindy disculparse con mi bebé por hacerla llorar.

—Y si aún no es tu amiga por algo tan tonto como eso, entonces ella no merece ser tu amiga en absoluto. Porque tú eres una fantástica amiga.

—¿Lo soy? —preguntó, su pequeño labio saliendo en un pequeño puchero, temblando un poco como si luchara por no llorar.

—¡Eres la mejor amiga que una persona podría tener! Eres amable y eres lista, y eres dulce, y compartes todos tus juguetes y cosas. Quien sea que no quiere ser tu amigo se pierde de mucho.

—¿Se pierde de mucho? —preguntó Dani.

—Sí, bebé. Sería su pérdida. Apuesto que tienes muchos amigos en la clase.

—Los tengo. Está Taylor y Missy y Stephanie y Jonathan.

Hice una mueca cuando dijo el nombre de un niño.

—Exactamente. Solo recuerda que tienes muchos amigos, y si Cindy no se disculpa, tú juega con los demás.

—Bien, papi. ¿Podemos ir a comprar chocolate caliente?

Sonreí. La tormenta había pasado.

—Podemos, bebé. Eso suena bien para mí.

La subí al auto y me deslicé en el asiento del conductor.

—Estoy orgulloso de ti y tu estrella dorada, bebé. Nunca te sientas mal por hacer algo bien. —Ningún niño le quitaría sus logros.

Necesitaba preguntarle a Chica Reed quién era esta Cindy. No era merecedora de la amistad de mi Dani.

—De acuerdo. —Me sonrió en el espejo retrovisor. Esa era la sonrisa que amaba.

—¡Aquí vamos! Un chocolate caliente en camino para mi niña de estrella dorada.

Primera crisis de chicas superada. Solo Dios sabía cuántas más faltaban.